Capitulo 01: Pesadilla de verano
Hacia meses que él no venía, todo este tiempo me había ahorrado el disgusto de verle la cara a ese idiota, incluso llegué a pensar que por fin me libraba de él, pero la noticia de su llegada mañana fue como un balde de agua fría.
- ¿Puedo viajar a ver a los abuelos? – es mi petición inmediata ante la novedad de que él llegará.
- No seas así, tu primo tiene muchas ganas de verte, sabes como te quiere – mi madre siempre tan comprensiva y cariñosa, ni se imaginaba los suplicios que me hace pasar ese idiota.
- Maldición – murmuro entre dientes, mientras me marcho a mi habitación, cerrando la puerta con fuerza.
En realidad, sé que aunque mis ruegos duraran horas no conseguiría nada con mamá, y no es mi intención hacerla pasar disgustos; después de vivir esa temporada hospitalizada, se presenta ante mí como una frágil flor que en cualquier momento puede marchitarse.
Me tiendo sobre la cama, cerrando los ojos con pesadez, intentando idear el plan perfecto que me permita desaparecer de la casa la mayor parte del día, pero cada vez que encuentro la respuesta a mi dilema, ésta se desvanece en seguida; todos los factores están en mi contra. Ahora que estoy en periodo de vacaciones no puedo usar como excusa la necesidad de ir a la casa de un compañero para realizar algún trabajo, ni siquiera el simple hecho de ir a clases, lo que seguramente me salvaría.
La mayoría de mis amigos están fuera de la ciudad en algún viaje de placer, mientras yo me he quedado aquí varado, sin siquiera una novia con la cual tener una cita. Todo por su culpa, por ese maldito miedo que me invade cada vez que intento besar a una chica. Es que parece paranoia o alguna clase de alucinación patológica, pero cada vez que estoy a escasos centímetros de los labios de una mujer, un impulso indescifrable me obliga a abrir mis ojos, encontrándome con la imagen demoniaca de mi primo dibujada sobre sus delicados rostros. El miedo que experimento en esos instantes sólo me permite salir huyendo despavorido del lugar, causando momentos embarazosos y ser el hazme reír de todas ellas, ya que son reconocidas por hacer correr los rumores como el agua.
- Demonios – gruño, para luego levantarme de la cama, caminar al baño, sacarme la ropa a tirones y meterme bajo la ducha.
El líquido recorre cada rincón de mi cuerpo, en un vano intento por aliviar todo el rencor y la ira que se posan de forma punitiva en mi cabeza, causándome un dolor por demás molesto.
Miro el techo del baño, tratando de recordar como ha comenzado todo. Casi puedo ver con claridad, en ese fatídico recuerdo, la primera vez que lo vi. Yo tenía 10 años cuando me lo presentaron, él era un chico alto, que a sus 16 ya era el capitán del equipo de básquetbol de su colegio, deporte que a mí me fascinaba, pero que por mi baja estatura no me privilegiaba en lo absoluto.
…l fue quien me enseño todo lo que sé de aquel deporte; pasábamos horas y horas en la cancha del barrio. Gracias a él, y a esas largas prácticas, entré al equipo del colegio como centro, destacando por mis habilidades, especialmente por mi rapidez para escabullirme con facilidad entre los enormes jugadores, haciendo pases espectaculares.
Todo fue genial hasta que cumplí los 12, por esa época todo entre nosotros se volvió turbio y extraño.
Aun intento borrar las imágenes de aquella tarde, en que mis padres nos dejaron completamente solos en casa, a causa de una cena de negocios de papá. He intentado ocultar ese recuerdo en lo más profundo de mi mente, olvidarlo por completo, pero mis esfuerzos han sido en vano, ya que aquella escena se ha vuelto a repetir incontables veces, siempre sin mi consentimiento, grabándose a fuego en mi memoria, que es tan masoquista que le da por recordarlo en los momentos más inoportunos.
- ¡¡KIYOSHI, ESTÁ LISTA LA CENA!! – grita mi madre desde el primer piso.
- ¡¡YA VOY!! – contesto sin ánimos. Todas estas rumiaciones mentales me han quitado el apetito.
Mientras deambulo por la habitación semidesnudo, buscando qué ponerme, me topo con mi reflejo en el espejo. Imágenes de su última visita inundan mi cabeza, de cómo ese mismo espejo me devolviera un cuadro desconcertante aquella noche de verano; de sólo recordarlo, un escalofrío me recorre de pies a cabeza.
Me cubro rápidamente con esa camisa azul que tanto me gusta, acompañándola con el pantalón gris que me regaló mi padre la última vez que nos vimos, específicamente el día de mi cumpleaños, hace ya varios meses.
Quizás pueda utilizar una visita a mi progenitor como excusa para escapar a la abominación que pronto llegará… aunque ni ganas tengo de asomar la punta de mi nariz por su oficina, sería el pretexto perfecto para abandonar el lugar y dar una larga e interminable caminata por cualquier lugar donde no se encuentre mi pesadilla denominada “primo”. Aunque no creo que mi madre se trague el cuento, ni se quede tan tranquila, ya que es demasiado extraño insistir, justo ahora, por visitar a quien ha sido el principal receptor de mis improperios y rencores mal disimulados. Aun así debo encontrar la forma de desaparecer, de escabullirme fuera de casa el mayor tiempo posible.
El sonido del timbre resuena, mientras camino por el pasillo del segundo piso. No me imagino quien será a estas horas de la noche, y la verdad es que no me interesa en lo absoluto, sólo quiero cenar rápido y luego irme a dormir.
Pero es en ese preciso momento, cuando voy por la mitad de los peldaños de la escalera, cuando me doy cuenta que mi infierno de verano está a punto de dar comienzo. Escucho su voz, un par de peldaños más y puedo verlo perfectamente, ahí parado bajo el marco de la puerta, saludando animadamente a mamá.
En el instante en que mis ojos se cruzan con los suyos, mi cuerpo deja de responder, no puedo mover ni un solo musculo. ¿Cómo es que puede causar esto en mí?, me maldigo por ser tan inútil y dejar que me afecte, pero de moverme nada.
- Mira quien llegó antes de tiempo Kiyoshi - mi madre le da el paso para que ingrese sus maletas – pero ¿qué pasa hijo?, ven a saludar a tu primo –
- Eh… – no hay palabras para expresar el hastío que siento.
- Vaya, llego antes para darte una grata sorpresa y ¿así es como me recibes? – se acerca con ese andar felino que lo caracteriza.
- NO, ¡¡NO TE ME ACERQUES!! – mi mente grita, pero mis labios no emiten ningún sonido.
Me abraza fuerte y no puedo oponer resistencia.
- No sabes lo mucho que te he echado de menos… primo… - me susurra al oído, provocándome escalofríos – ha sido un largo año, no sabes cuanto te he necesitado – me aprieta contra su cuerpo, a la altura de la cintura, juntando su entrepierna con la mía. Puede llegar a ser muy descarado cuando quiere, pero mi madre nunca se entera de nada, sólo sonríe.
- Voy a servir de inmediato la cena, así que lávense bien las manos – mamá se va… ¿por qué me deja así, desvalido en las garras de este lobo con piel de oveja? Intento pedirle ayuda con la mirada, llamándola a gritos en mi mente, pero sé que no logrará entender mi mensaje.
De súbito soy sacado de mis exclamaciones mentales, al sentir su lengua recorrer mi oreja. Sus manos se cuelan bajo mi camisa, atrayéndome aun más hacia a él, si es que eso es posible.
- Veo que no has dejado de hacer ejercicio, Kiyo-chan – desliza sus dedos por mi espalda, bajando lentamente, hasta que sus manos llegan a mis glúteos, apretándolos con fuerza – las prácticas de básquetbol rinden sus frutos –
- Suéltame… - espeto casi inaudible, no puedo aguantarlo más.
- ¿Qué? – se acerca a mis labios – no te escucho –
- Que… me… sueltes – siento su respiración, su perfume embriagador, su aliento huele a menta.
- Nop – sonríe satisfecho al ver lo que causa en mí.
- ¡QUE ME SUELTES! – lo empujo, provocando que casi tropiece, pero por desgracia logra mantener el equilibrio. Lo miro desafiante, ya no aguanto más – no permitiré que me hagas lo mismo este verano –
- Vaya, tan pronto soltando tu discursito anual. Ya te quedan demasiado grande esas palabras, ¿no crees? Estoy seguro de que conozco mejor que tú ese cuerpecito que ostentas – sonríe con satisfacción – bueno… creo que mejor me apresuro para cenar o tu madre me regañará – me guiña un ojo.
Reúno todo mi coraje y bajo los escasos peldaños que me separan del primer piso. Trato de aguantar la ira que me invade, pero no lo logro, dándole un pisotón al pasar por su lado.
- AUCH… ¡qué rudo! – me toma del brazo con brusquedad y me atrae hacia él, pegando sus labios a mi oído – así de rudo seré yo en la cama esta noche –
Cierro los ojos tratando de no pensar y me voy director al comedor. Debo calmarme para no preocupar a mi madre.
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- ¿Cómo te ha ido en la universidad Arata? – pregunta animadamente mi madre, llevándose a la boca un trozo del flan que preparó como postre.
- Muy bien, aunque algunos ramos se me han hecho difíciles, pero puse todo mi esfuerzo y los he pasado con buenas calificaciones – orgulloso de su intelecto, pero en realidad es un animal.
- Siempre le dije a mi hermano que tenía un hijo muy inteligente – mi madre siempre alabándolo; no lo soporto, sólo engullo en silencio, ni siquiera le tomo mucho asunto al sabor.
- Y tu Kiyoshi, ¿qué me dices?, ¿cómo te ha ido en el colegio? – con una de sus manos me despeina, como cuando era pequeño, lo que me fastidia sobre manera.
- Bien, bien – aparto su mano, tratando de no ser tan rudo como quisiera.
- Mi hijito es el mejor de su clase, siempre saca buenas notas – mi madre me mira con orgullo y yo sólo puedo responderle con una sonrisa – me encanta ir a verlo jugar al básquetbol – suspira – es tan bueno como su padre – se detiene un momento, se ruboriza y cambia de tema – y tu Arata ¿aun juegas básquetbol? –
- No, lo dejé hace algún tiempo, ahora practico judo – esa maldita sonrisa cínica se posa en su rostro.
- Ahora el condenado es judoca – pienso, recargándome en el respaldar de la silla – de seguro se hizo aun más fuerte… demonios… –
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Una hora después aun me encuentro atrapado en esta situación, llena mis monosílabos dichos a medias, preguntas interesadas de mamá y tonterías sin mucho asunto por parte de Arata…
- ¡¡¡AAAAHHHH!!!.... – no puedo reprimir un bostezo, la tensión de tenerlo cerca me desgasta.
- ¿Ya tienes sueño Kiyoshi? – Arata me mira de soslayo.
- Siiii… ya me quiero ir a dormir – quizás esta sea la oportunidad de escapar.
- Pues tomemos té y luego te vas a la cama – mamá se levanta para poner el agua a hervir.
- Está bien, está bien… - me percato del cambio repentino en la mirada de Arata.
Está sentado frente a mí, al otro lado de la mesa. En sus ojos sólo puedo ver deseo y lo que se desencadenará en mi habitación si no escapo a tiempo.
Siento que algo me roza la pierna. No debo analizar demasiado la situación para adivinar que es su pie, acariciándome lascivamente. Su mirada me lo dice todo, moja sus labios con su lengua y me guiña un ojo, mientras mi madre está de espaldas. He soportado esto durante toda la cena y ya no aguanto más.
- Mamá… no quiero té, ¿puedo irme ya a la cama? – ella se da vuelta y me mira reprobatoriamente.
- Ahhh, hijo… - le pongo ojitos de perrito asustado – está bien, descansa para que mañana salgas a pasear con tu primo – esa última frase fue una petición, a la que de seguro no me podré negarme.
- De acuerdo… hasta mañana – digo desde el marco de la puerta, para luego mirar de soslayo a Arata, en cuyos labios puedo leer: ya voy, espérame, yosólo le respondo de la misma manera: muérete, y el estúpido esboza una sonrisa.
Demonios, como quisiera que se largara ya. De sólo pensar que tendré que aguantarlo todo un mes, hasta que se vaya a pasar el resto de las vacaciones con sus padres, me da migraña.
Debo asegurarme de atascar bien la puerta de mi habitación; ese bastardo aprendió a abrir puertas como todo un ladrón el verano pasado.
Después de poner todo en orden, logrando que mi habitación parezca una pequeña fortaleza, me tiro en la cama. Ni siquiera tengo energías para ponerme el pijama, creo que dormiré así. El calor es sofocante y a pesar de que acaba de comenzar el verano, ya es insoportable.
Me levanto y camino hacia la ventana, abriéndola de par en par. Lo bueno de las calurosas noches de verano es que puedo dormir con las ventanas abiertas, sin preocuparme por las brisas que puedan llegar a colarse por las rendijas y disfrutar del aroma del pino que crece junto a mi ventana es uno de los mayores placeres; me recuerda cuando mi padre aun vivía con nosotros, antes de que todo se fuera por el caño.
Estoy muy cansado, me revuelvo sobre la cama despreocupadamente. En el velador veo aquella fotografía de mis padres cuando yo aun era un bebe, la que sólo me trae un insoportable sentimiento de nostalgia, así que me doy media vuelta y me dispongo a dormir.
| Categoría: | ORIGINALES |
| Clasificación: | No menores de 18 años |
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Aclaraciones del capitulo:
CAPÍTULO REEDITADO Comentarios anteriores:
Este es el primer fic que publico (no el primero que escribo), no estaba segura de subirlo, espero que les guste… eso si, es el primero que escribo en primera persona, que se me hacia difícil y tenia resistencias… ojala lo haya hecho bien ^_^ |
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Notas finales del capítulo:
espero les haya gustado, es mi debut en la pagina y el primer Fic que escribo de tematica yaoi lemon... dejen comentarios... nus vemos ^_^v |
--------- SIGUIENTE