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Destinados

Autor: Sabichii

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Notas del fanfic:

Hola, Sabichii ha vuelto, después de meses. He reescrito el fic, aunque no he cabiado nada de la historia, solo el resumen, que era diferente. 

En fin, espero que disfruten. 

 

Si no te gusta este género por favor no leas. 

Entre los omegas existía un rumor muy poco creíble, algunos decían que era cierto, otros con muy buenas razones decían que no. No existe tal cosa como el ‘’destinado’’, es solo una cruel mentira para poder evadir aquella realidad.

 

Todos aplauden, algunos lloran emocionados, otros sonríen por mera cortesía y otros miran desilusionados al afortunado que ha podido casarse con el rey Ijuuin. Misaki está desconcertado, aprieta sus ojos mientras el alfa reclama sus labios ante la vista de todos, se encoge en su sitio y una lágrima traicionera resbala por su rostro. Le echa la culpa a la emoción del momento, nadie dice nada, los omegas son así de sentimentales.

 

Maldijo en su cabeza ¡No lo había logrado! No pudo escapar, no pudo salir y ahora solo le quedaba resignarse a la desgracia de ser el omega del rey. Saludaba aquí y allá, hacía alguna reverencia a los otros alfas amigos de su ahora esposo, sonreía falsamente. Decía estar alegre, decía estar agradecido por tener la oportunidad de ser elegido por el rey.

 

Porque entre todos los hermosos omegas del reino había sido él elegido. Sus padres estaban felices, sus amigos lo miraban con envidia y él se preguntaba, ¿Por qué entre todos, tenía que ser él?

 

¡Pero eso no era lo peor! Lo peor no era ser el esposo o la boda, lo peor de todo eran sus deberes como nuevo esposo.

 

Sus besos sobre su cuello, su pecho y otros lugares, aquellas manos recorriendo su cuerpo, las caricias, los húmedos besos que le obligaban a abrir la boca y que se se obligaba a corresponder a pesar del asco que sentí, porque tenía que hacerlo. Los falsos gemidos. Aquel bastardo encima suyo haciendole algo que no quería ¡Lo detestaba!

 

Chilló y quiso patalear cuando el otro, sin ninguna delicadeza arremetió en su virginal entrada jadeando y moviéndose como que si él también lo estuviera disfrutando. Miró hacia el techo evitando encontrarse con la mirada de aquel que decía llamarse su esposo, su respiración se hizo pesada. Desesperado  agarró las sábanas con sus manos y las apretó tan fuerte que sus nudillos se tornaron blancos. Lágrimas rodaron por sus rostro, era víctima de un crimen que no podía ser juzgado.

 

No se dio cuenta cuando terminó o en qué momento se quedó en una especie de shock, en posición fetal mirando hacia la pared, solo daba cuenta de su dolor emocional y físico. Cerró los ojos no queriendo saber absolutamente nada, al parecer desde ese momento solo los sueños serían su lugar favorito.

 

-Misaki...-Gimió por lo bajo, seguía aun en sueño oscuro, donde estaba atrapado sin posibilidad de escapar. Sintió una mano en su hombro y dio un respingo -Misaki…-De nuevo esa mano moviéndolo, que solo hizo que se girara un poco -¡MISAKI! -Aquel grito hizo que se levantara de golpe, arrepintiéndose al momento al sentir aquel dolor agudo que lo hizo recostarse nuevamente en la cama.

 

Ver a Ijuuin frente de él, con el ceño fruncido fue como que si la realidad lo golpeara de pronto. Se pasó una mano por la cara aun desorientado. Los recuerdos del día anterior empezaron a llegar a su cabeza como flashback de una película de terror.

 

-¿Qué crees que haces? -Ijuuin lo miraba fijamente y Misaki lo miró extrañado sin entender nada.

 

-¿Qué…? -Quiso preguntar a qué se refería pero el otro lo calló de golpe.

 

-Deberías estar despierto hace rato cumpliendo con tus deberes ¡Los omegas sirven a sus esposos! o ¿Es que no te lo han enseñado? -Misaki miró sin entender ¡Estaban en un jodido palacio! ¡Él era el rey!

 

-Y…¿El servicio? -Preguntó tímidamente ¿Era lógico, no? Que el servicio se encargara de ese tipo de cosas.

 

-¡Me casé contigo, no con el servicio! -El rey, su esposo, lo miró de mala manera - ¡Levántate! Tienes que hacerme el desayuno.



Hiroki miraba por la ventana. Pasó su vista por todo el lugar y luego miró a Akihiko, su prometido, pagando en el mostrador. Suspiró y luego vio como el otro ponía frente a él un cuenco con varias bolas de helado de colores, lo miró alzando una ceja y miró la pequeña tarrina de helado de fresa que el otro había comprado para sí.

 

-¿De verdad? -Preguntó Hiroki con algo de sarcasmo y Akihiko se encogió de hombros restándole importancia.

 

-Creí que esto le gustaba a los omegas… -Dijo metiendo la pequeña cucharita en la tarrina.

 

-Por si no te has dado cuenta...No soy un omega normal…-Le dijo el otro frunciendo el ceño, aunque en el fondo sonrió. Sí, sí que le gustaba ese tipo de cosas cursis.

 

-Lo sé -Dijo para luego mirar por la ventana.

 

No tenía que decirlo, era consciente de eso. Hiroki no era un omega normal. No era ni cariñoso, ni sumiso ni nada que se le pareciera. Sin embargo,todo eso era lo que le gustaba de él, alguien que no se dejara dominar, que no dejara que pasaran por encima de él, eso le gustaba de Hiroki. No creía en cuentos, ni ninguna de esas tonterías, pero si todos esos cuentos de ‘’destinados’’ eran ciertos a él le hubiera encantado que Hiroki hubiera sido el suyo.

 

No lo amaba de una manera de pareja, lo quería sí, pero era como su mejor amigo, con la persona que podía ser como él quería sin temor a ser juzgado, sin temor a mostrar su debilidad -que también tenían los alfas aunque no lo admitieran-, al mismo tiempo él le permitía al otro ser como quería sin que tuviera miedo de ser reprendido o mal visto, era una buena amistad, una amistad que los había hecho comprometerse por el simple hecho de evitarse una tortura: Hiroki con un alfa clasista y Akihiko con un omega con el cerebro muy lavado.

 

-Me despidieron…-Soltó de repente Akihiko sin querer ver a su prometido.

 

-¿Es una broma, no? - El omega dejó la cuchara a un lado y miró fijamente a Akihiko -Mi padre no dejará que nos casemos si no tienes un trabajo…-Lo miró serio, haciendo evidente el problema de la situación.

 

-Lo sé…-Dijo algo sarcástico ¡Como que si no lo supiera!

 

-Pues muévete a conseguir uno…-Dijo el castaño evitando gritar ante la frustración que había sentido.

 

Si hubiera sido otra persona, otro omega Akihiko no habría dudado en levantarse y darle una cachetada ¡Ningún omega debía atreverse a gritar a un alfa! y mucho menos decirle lo que se supone tenía que hacer, pero era Hiroki, que él se lo dijera no le parecía tan malo.

 

-Estúpida editorial ¡Justo ahora tenía que quebrar! -Dijo molesto mientras clavaba de nuevo la cuchara en el helado.

 

-Pues soluciónalo, es tu problema -Le dijo el otro volviendo a comer de su helado, evitando tener que mirar al alfa. La verdad le molestaba, no quería perder a Akihiko.



Para Misaki todo aquello era excesivo e ilógico. No entendía porque dentro del palacio había una especie de departamento donde estaba recluido, era estúpido a su parecer. Su madre le había enseñado rigurosamente a ser un buen omega, así que de ahora en adelante tenía que poner todo en práctica y hacerlo lo más perfecto posible, no podía dejar en vergüenza a su familia ni a su ahora esposo. Era, obligatoriamente, el modelo de omega que todos iban a querer ser y seguir. Se maldijo otra vez, nunca había pedido ser un rey ni un príncipe ni nada que se le parezca, pero el destino lo había premiado con aquel cruel castigo. .

 

Sus padres estaban felices de ahora pertenecer a la nobleza mientras él estaba ahí, haciendo un amargo desayuno para un bastardo que empezaba a odiar.

 

-¡Muévete! Tengo cosas que hacer -Al escuchar aquella voz se tensó y despertó de su letargo.

 

Sirvió el desayuno algo depresivo y luego se sentó junto a su esposo que no le dirigió la palabra ni una sola vez. Ambos terminaron y Misaki fue a lavar los platos. Vio salir a Ijuuin por la puerta a hacer quién sabe qué cosas de rey que se supone hacía. Miró la puerta con tristeza, ni siquiera podía salir por ahí porque él se lo había prohibido ‘’eres mi omega, no tienes nada qué hacer por ahí’’ era lo que le había dicho y no podía refutar aquella orden. Estaba perdido y condenado a vivir en una jaula de oro.



-¡Tengo una idea! -Hiroki se levantó de golpe de aquel banco del parque y Akihiko lo miró confundido sin entender.

 

No entendía a los omegas y aquellos arrebatos emocionales, a pesar de que Hiroki era diferente siempre estaba esa parte omega de él que no lograba entender del todo.

 

-¿Qué cosa? -Preguntó desganado.

 

-Escuché a mi padre hablar acerca de que el rey necesitaba un guardaespaldas personal o algo parecido, al parecer para su nuevo esposo …-Volvió a sentarse a su lado.

 

Era increíble que pudiera salir en ‘’citas’’ con Akihiko, no sabía como el alfa había logrado persuadir a su padre para hacerlo, teniendo en cuenta como era su padre y lo riguroso que se mostraba en esos asuntos. Aquel parque le gustaba, casi siempre iban allí, todo rodeado de familias y niños, rozaba lo cursi, lo cursi que a su lado omega le encantaba.

 

-Y de qué me estás viendo cara ¿De niñero real? -Dijo con algo de molestia en su voz, Hiroki había perdido la cabeza.

 

-Solo intento ayudarte…-El omega frunció el ceño.

 

-No lo hagas, es mi problema…



El sonido del vino al caer en la copa era lo único que se escuchaba en aquella habitación. Ujuuin había llegado hace rato y esperaba sentado a que Misaki le sirviera, como había dicho, debidamente por ser su esposo. Miraba a Misaki de arriba abajo, delineando con su vista la perfecta silueta del omega, definitivamente había hecho una buena elección escogiendo a ese chico. No le parecía el más bonito del reino pero a su parecer el chico tenía cosas que harían dar envidia a cualquiera.

 

Paro de verter el dulce líquido cuando la copa ya se había llenado. Ijuuin se llevó la copa con elegancia hacia sus labios mientras que Misaki se quedó allí parado con la botella sin saber qué más hacer. Se sentía más un sirviente que un esposo en aquel momento.

 

-¿Cuándo es tu próximo celo? - Preguntó mientras alzaba la copa pidiendo que le echara más silenciosamente.

 

La pregunta trastornó a Misaki, que solo atinó a servir más vino.

 

-Yo…-Dijo con algo de titubeo e Ijuuin lo interrumpió.

 

-¿No llevas un calendario o algo así? - el alfa se llevó la copa de nuevo a la boca para beber.

 

-No estoy seguro…-La verdad era que su ultimo celo fue dos días antes de su boda. Se sintió algo aliviado, al menos tendría tres meses de delantera para prepararse mentalmente.

 

-Quiero hijos pronto. Entre más pronto los tengamos, será mucho mejor. Yo tendré un heredero y tú podrás cumplir con todos tus deberes como omega...

 

Misaki asintió en silencio, la idea no le agradaba en lo absoluto.

 

-Ven, siéntate -Ijuuin palmeó a su lado y le sonrió mientras sostenía la copa de vino -Bebe un poco -Y diciendo aquello le ofreció la copa que tenía entre las manos. Al principio el pequeño omega lo rechazó, nunca había probado alcohol, su padre nunca lo había dejado, pero ante la insistencia de su ahora esposo no le quedó otra opción que probar.



Akihiko manejaba concentrándose en la oscura carretera. Mientras tanto Hiroki miraba distraído por la ventana. Cuando llegó a la casa del omega aparcó un momento al frente mientras este se bajaba.

 

-Conseguiré algo -Dijo el alfa mirando a Hiroki quien estaba a punto de darse la vuelta para entrar a su casa.

 

-Eso espero -Y sin decir más se dio la vuelta hacia su casa mientras que el otro lo observa. Akihiko se mordió el labio, si tenía que ser la niñera de un rey por estar con Hiroki, lo haría.



Ahora entendía por qué los omegas no podían beber, al menos que sus alfas les dieran permiso. Y es que, esa sensación de que todo a tu alrededor se moviera no era para nada agradable. Se sentía impotente y molesto saber que su cuerpo no le respondía como debía y que ahora aquel bastardo estaba encima suyo haciéndolo de nuevo y él no podía ni siquiera pensar correctamente por culpa de la embriaguez.

 

Tras una segunda noche de tortura, lloró amargamente su destino hasta quedarse dormido.

 

Había pasado cerca de una semana desde la boda. Misaki ya se estaba acostumbrado a su nueva vida de casado, a parte de tener que hacerlo con ‘el bastardo’ -como había empezado a llamar a Ijuuin en su cabeza- lo demás no era del todo malo, era en resumidas cuentas lo que solía hacer con su madre pero esta vez sin ayuda.

 

Aquella mañana Misaki preparaba el desayuno. En silencio sirvió todo y le sirvió a Ijuuin para después sentarse él y ponerse a desayunar sin hacer contacto visual con el otro.

 

-Hoy vendrá un guardaespaldas…-Dijo el alfa rompiendo de repente el ambiente que había formado. Misaki lo miró por un momento y asintió sin decir nada.

 

¿Un guardia? ¿Para qué? Si ya había bastantes en el palacio…

 

Le restó importancia y siguió desayunando, no tenía caso decir nada del asunto.

 

Era media mañana cuando el timbre sonó. Misaki se levantó para abrir la puerta. Puso su mano sobre el pomo y lentamente lo abrió. Se quedó estupefacto. Miró primero los zapatos de aquella persona y lentamente fue subiendo su mirada para mirar aquellos ojos que lo dejaron helado. Jamás había sentido un olor tan delicioso, jamás había sentido tales cosquillas en su estómago, jamás había tenido un sentimiento tan raro al ver a alguien.

 

Se quedó mirando aquellos ojos violetas que lo miraban igualmente sorprendidos.

 

Aquel alfa, ese era su destinado...







Notas finales:

Espero que les haya gustado. 

Si quieren decirme algo, charlar o estar oendientes de las actualizaciones pueden buscarme en facebook como Dinah Hortbock. 

Besos, abrazos y mattane!

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