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Cuando Solo Falta Uno por DanyNeko

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Notas del fanfic:

Continuación de:

-Misterios de la Vieja Casa

y

-Un Deseo en Halloween

Notas del capitulo:

Yugi-oh! Y sus personajes no me pertenecen. Si fuera así Yami no se hubiera ido y terminaría estando con Yugi, igual que Ryou con Bakura y Malik con Marik.
Además Tea se iría al tártaro por p*rr* xD.
Denle like a mi página de face, se los agradecería un montón, allí se entraran sobre los fics que subo y cuando actualizo, también subo imágenes de Yugioh =3
https://www.facebook.com/pages/DanyNeko/786629491430778?ref=hl

Me estremecí.

Ese lugar, la energía, el asfixiante frío desolador. Había visitado este lugar demasiadas veces, lo había recorrido en tétrica soledad.

El Reino de las Sombras.

La respiración se me aceleró dolorosamente cuando noté las cadenas de energía movilizándose lenta y sutilmente cerca de mí, admito que me congelé por unos instantes, pero suspiré de alivio al ver que me ignoraban deliberadamente.

Mi mano tembló, necesitaba sentir a Ryou a mi lado ahora… ¿Dónde estaba mi pequeño?


Me decidí por avanzar en la misma dirección que las cadenas color morado brillante. Las nebulosos negras, carmín y violeta empezaron a arremolinarse más densamente, creando bizarras figuras, como ‘arte abstracto’ o algo así.

Luego de caminar un poco me encontré con lo que ya me esperaba, había alguien encadenado.

La piel, a pesar de ser notablemente bronceada, estaba pálida, quizás un tanto amarillenta; como fuese, un aspecto poco saludable. Los brazos estaban encadenados hacia arriba y las manos caían como si sus muñecas estuviesen dislocadas o algo por el estilo. Me daba un cosquilleo desagradable en mis brazos de solo ver la postura.

Los pies estaban encadenados con bandas gruesas de acero que tenían una gran pesa esférica cada una, la típica bola de los presos, vaya.
La piel que estaba a la vista -que era casi toda, pues vestía un simple faldón un tanto deshilachado- portaba cicatrices y laceraciones que parecían, podrían sangran en cualquier momento.
La cabeza caía gacha, por lo que me permitía ver su ingrávida cabellera rubio-cenizo, parecía la melena de un león, y era firma inconfundible de la presencia que se hallaba frente a mí.

— ¡Ja! Marik, hasta me das lastima, te vez tan patético —exclamé con diversión mientras me hincaba en una rodilla con intensión de verle la cara, pero no fue suficiente, así que le tomé del pelo para levantarle la cabeza.

Incluso a mí me costó guardar la compostura al ver sus ojos, entre lavanda y rojizo, empequeñecidos, enmarcados por notables ojeras y perdidos, sin brillo alguno.

Sin voluntad.

Sin vida.

 

Agité la cabeza cuando una sensación de empatía quiso instalarse en mí pecho.
Lo sabía, aquel hubiese sido el destino que me esperaba si mí hikari, si mí Ryou hubiese perdido la fe en mí, si me hubiese odiado, si no hubiera deseado volver a tenerme a su lado.

¿Acaso Malik...?

No había escuchado del hikari egipcio desde que había vuelto a Domino, hace ya más de un mes. Bueno, no directamente al menos. Sabía que se trataba con mi yadonushi y con el enano del faraón, que eran buenos amigos, que charlaban mucho -tanto como lo permitiera la diferencia de horarios y las responsabilidades escolares de las dos luces de menor estatura-
Pero Ryou nunca me había hablado directamente de él.

Solté sin cuidado alguno la cabeza del moreno, provocando que esta cayera de nuevo sin fuerzas, en un movimiento que me provocó la necesidad de tronarme mí propio cuello.

Noté que la imagen de Marik empezó a tornarse un tanto ensombrecida mientras yo estaba deseando hallar una forma de salir de ese lugar.
Al percatarme de eso, me miré a mí mismo involuntariamente; parecía que todo allí se estaba oscureciendo pero yo me mantenía igual, como si emitiera luz propia.

—Hi...

— ¿Eh? —dudoso de haberlo imaginado, me incliné un poco más de vuelta a Marik.

—Hi... —No. No me lo había inventado, Marik estaba tratando de decir algo.

Justo cuando iba a tomarle de nuevo del pelo para tratar de escuchar bien lo que fuera que balbuceaba, el propio egipcio levantó la cabeza de golpe con el ojo de Horus brillando en su frente, una expresión lunática y más cadenas se levantaron brillantes de energía hacia mí.

 

No grité.

Yo era Bakura. El famoso Rey de los Ladrones que alguna vez fue temido en todo Egipto. He visto y enfrentado cosas peores.

 

Pero...

No puedo negar que sentí miedo...

No la clase de miedo que un mortal experimenta al ver una película de terror, o al ver a alguien más ser asesinado.
No la clase de miedo que tiene un estudiante cuando se aproxima la entrega de notas y sabe que le fue mal en los exámenes o el de ser pillado al escaparse de clase.

No.

Era el temor a volver a ese espantoso sitio.

El miedo de perder todo lo que ahora tenía, y todo cuanto ahora era.

Era el terror de volver a estar sin mi luz. De ser alejado nuevamente de Ryou.

...Ryou.

 

Retrocedí con el corazón latiendo a un ritmo insano, sentía mi cuerpo enfriarse a una temperatura mortal y el sudor frío recorriéndome la espalda.

Miré a las cadenas frente a mí con precaución y también a Marik, sin saber que esperar.

Todo era tenso.

Todo era frío.

Sentí que todo se detuvo por unos instantes.

 

— ¡Bakura! —abrí los ojos de golpe mientras me erguía.

Me sentí desorientado.

Me tomé un momento para aclararme mientras me llevaba una mano al pecho, agitado y empapado de sudor por debajo del pijama otoñal, apenas abrigador.

Estaba en la cama, las sabanas botadas en el suelo y una mano pequeña y tibia apresaba la mía libre, mientras que la otra se enterraba ahora en mis cabellos desordenados.

Era Ryou. Estaba tomando mi mano y mirándome con precaución y preocupación.

—Bakura ¿te encuentras bien? —me habló de la misma forma.

Seguí callado mientras trataba de procesar todo. Miré el reloj-despertador a un lado de la cama que marcaba las 3 de la mañana. La habitación estaba a oscuras pero mis ojos ya se habían adaptado a la escasa luz y podía detectar con facilidad las cosas a mí alrededor.

En especial el rostro de Ryou, que se acercaba a mí lentamente.

— ¿Qué pasó? —atiné a preguntar.

Ryou infló un poco las mejillas, seguramente por haber ignorado su pregunta.

—Empezaste a temblar y a removerte —me explicó —estaba recostado en tu pecho, por eso me di cuenta en seguida. Pensé que tendrías frío porque las mantas están en el piso pero cuando miré mejor empezaste a sudar y tu piel estaba perdiendo color y temperatura —él bajó la mirada a su celular, que seguramente había usado para iluminar —me preocupé, por eso te desperté.

—Ya veo... Arigatou*, Ryou —murmuré cerrando los ojos.

— ¿Estás bien? —repitió, inclinándose más hacia mí.

Daijōbu* yadonushi —aun sin abrir los ojos coloqué una mano en lo alto de su cabello para atraerlo de vuelta a mi pecho. Sólo entonces fui consciente de lo acelerado que estaba mi corazón y de la ligera incomodidad que mi playera sudada representaba.

—Bakura... Acaso tuviste ¿una pesadilla? —sentí su mano apretando la base de mi playera y como trataba de separarse, seguramente para mirarme a la cara.

—Sí...

— ¿Quieres... contarme al respecto?

Sonreí de lado. Él era tan tierno.

—En el... Reino de las sombras —sabía que bastarían esas palabras.

Lo miré con un solo ojo entreabierto. Ryou me miraba afligido. Volví a cerrar los ojos.

—Deja de mirarme así. Odio que sientan pena por mí, no necesit~

Mis palabras fueron interrumpidas por una gentiles manos acunando mis mejillas —Bakura —me llamó con suavidad y yo no pude evitar mirarlo — ¿cuándo aprenderás a diferenciar la pena y compasión de la preocupación sincera? —me dijo con una pequeña sonrisa —dime... ¿te sentiste mal? ... ¿Solo? —mientras me decía eso, Ryou deslizó una mano lentamente por mi brazo, el toque superficial de sus dedos me erizó la piel, finalmente entrelazó su mano con la mía, justo como yo había necesitado en ese... ¿sueño?

—Ryou — ¿Esa era mi voz? ¿Por qué había sonado tan quebrada?

—Aquí estoy —me dijo de vuelta, acomodándose de forma que nuestras frentes se tocaran —no te angusties. No volverás a estar preso en ese espantoso sitio, yo no lo permitiré... Porque te quiero y te necesito a mi lado.

Me picaron los ojos. No. No es posible. Yo no lloro. Solo es la sorpresa. Sí, eso.

Ryou es... Demasiado lindo.

Yo no lo merezco.

Pero no me importa ser egoísta y quererlo solo para mí, si él se siente de la misma forma.

—Tu amor es lo único que necesito... para permanecer aquí —eso salió sin siquiera pensarlo.

Él me sonrió —Entonces te amaré siempre. Mi corazón es tuyo.

No soporté más. Lo tomé de las muñecas y lo coloqué contra la cama, plantándole un beso desbordante y apasionado. Solo Ryou podía manipular mis emociones de esta manera, sólo él podía hacerme sentir vulnerable y que eso no me importara.

Solo lo necesitaba a él en mi vida.

—Bakura ¿qué pasa? —me preguntó extrañado, mientras respiraba a bocanadas para recuperar el aire, cuando yo me levanté de pronto de la cama.

—Tomaré una ducha, no puedo volver a dormir así —le expliqué mientras me sacaba la playera por la cabeza —duérmete, no tardo.

—Okay —me dijo suavemente.

Pero yo sabía que cuando saliera del baño, él estaría despierto, esperándome para volver a acurrucarse sobre mi pecho y que conciliáramos el sueño, juntos.

—Te adoro, yadonushi —susurré, sin saber si él me oía o no.

Continuará...

Notas finales:

Arigatou: gracias.
Daijōbu: estoy bien.


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