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Razones

Autor: Maos

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Notas del fanfic:

¡¡LEE ESTO PRIMERO!!

Hola, gracias por no ignorar. Bueno, a lo que iba; soy estupida y no tengo idea de como poner advertencias jaja, así que te las dejo aquí.

CHAN

VIOLACIÓN

INTENTO DE SUICIDIO

VIOLENCIA

ESCENAS EXPLICITAS

Basicamente son las mas importantes; ahora, si quieres seguir leyendo, adelante, disfruta y dejame un comentario para saber si te gusto. La criticas y consejos tambien son bienvenidos.

Notas del capitulo:

Pues no hay mucho que decir, sólo te aviso que la historia se desarrolla muy rapido al inicio, ya veras porque, gracias por leer.

 

 

Después del divorcio, el juez de lo familiar determinó que Jörg solo podría ver a sus niños durante dos fines de semana al mes, y no fue que le molestara mucho, no lo hizo en realidad, no hasta que Bill cumplió los doce.

 

Con los cambios de la pubertad, los gemelos habían seguido caminos opuestos. Tom se volvió más como un hombre, se llenó la cabeza de rastas y se compró un montón de ropa holgada en rebaja, Bill por su parte, parecía esperar a que le crecieran senos y le llegara la menstruación. O al menos esa era la impresión de todo el que se cruzaba con él cada que le miraban el delineado en los ojos y la ropa ajustada.

 

Su padre no había sentido especial afecto hacia ninguno de los dos, pero si tenía que elegir a un favorito, ese era Tom, porque el chico nunca se quejaba y siempre parecía ser el más fuerte en todo. Bill solo lo exasperaba y lo dejaba con ganas de darle una bofetada por su comportamiento tan estúpido y llorón.

 

Todo cambio cuando la tarde de un sábado de octubre, el menor de sus hijos apareció frente a su puerta con los ojos delineados y los labios humectados. Ese día la mente de Jörg sufrió un colapso.

 

No dijo nada, simplemente se limitó a observarlo, a observarlo muy detenidamente. Ese fin de semana ambos fueron llevados al lago, y Bill, ante la sorpresa de ambos hermanos, recibió un abrazo afectuoso, además de una bola extra en su cono de helado. Cosa que hizo rabiar a Tom un poco, no tanto porque al final Bill le regaló la mitad del postre después de determinar que su estómago no aceptaría más.

 

Así fueron las cosas durante los siguientes tres meses, Bill recibía demasiadas atenciones por parte de su padre, mientras que Tom se quedaba de lado, maldiciendo a su hermano, sin desearle mal realmente.

 

Una de esas tardes mientras comían, Jörg se sintió lo suficientemente confiado consigo mismo y tomo asiento a lado de Bill, y mientras le preguntaba a cerca de la escuela comenzó a acariciar su pierna muy lento y suave, por encima de la rodilla, sin atreverse a llegar al muslo.

 

Al pelinegro le tomó por sorpresa la acción de su papá, pero no dijo nada, porque lo olvido cuando comenzó a contarle la divertida historia de cómo él y Andreas terminaron en la sala del orientador.

 

Tom se molestó nuevamente con Bill por ello, porque a él no le preguntó cómo le iba y porque a él no le regaló un dulce de leche de esos que Bill aborrecía, pero él amaba.

 

Esa noche de domingo mientras Tom se bañaba para irse a la cama, Jörg invitó a Bill a ver una película con él.

 

El menor aceptó con la condición de invitar a Tom, quien se negó rotundamente al estar lo bastante herido. Bill no le rogó demasiado, porque cuando Tom se enojaba era mejor dejar las cosas así, hasta la mañana siguiente, para poder hablar más tranquilos.

 

Esa noche fue el inicio de la peor pesadilla de Bill. A la mitad del filme, Jörg lo convenció de sentarse en sus piernas. Esa vez Bill no entendió muy bien lo que había pasado, porque su cerebro no asimilaba ni comprendía porque todo se había sentido tan mal.

 

Quiso contarle a Tom, pero prefirió no hacerlo, porque probablemente había exagerado. Porque quizás solo había sido el cansancio. Su papá solo le había hecho un masaje en la espalda.

 

Pero ¿Realmente había sido solo eso? O quizás sus manos habían sido demasiado lentas al acariciarlo. ¿Era normal que bajará tanto sus manos? ¿Que jugara con la cinturilla de su pantalón? ¿Por qué Bill se había sentido tan raro con aquel beso en el cuello?

 

Se convenció de que había sido solo su imaginación, que había estado tan triste por el enojo de Tom que había confundido las cosas. Porque claro, probablemente era solo eso.

 

Sin embargo, la imaginación de Bill no fue el problema y de eso se dio cuenta mucho más tarde. Porque al pasar de los meses esos masajes iban siendo más íntimos y el doble de incómodos, aunque claro, Bill había recibido muchos más regalos que antes. Y de eso no podía quejarse.

 

Aunque esos favoritismos habían logrado que Tom no le hablará por días enteros, lo culpaba por acaparar toda la atención y no podía evitar odiarlo y envidiarlo por no agradarle a su padre tanto come él.

 

Pero los regalos habían dejado de ser suficientes cuando Jörg comenzó a llevarlo a su habitación para mirar series. Cuando ahí dentro lo menos que hacían era eso.

 

Ahí dentro pasaban cosas que a Bill no le gustaban en lo absoluto. Cosas que lo hacían querer llorar, pero al final no lo hacía porque eso molestaba mucho a Jörg. La cosa que más odiaba de estar allí dentro eran las caricias en las piernas. Lo hacían sentir sucio y nervioso.

 

Otras de las cosas que lo hacían sentir mal eran cuando Jörg le besaba muy cerca de los labios y lo obligaba a sentarse con las piernas abiertas en su regazo. O cuando accidentalmente su padre jalaba su delgada mano y la frotaba por encima del bulto entre sus piernas. Si, probablemente esa era una de las peores.

 

Bill había empezado a odiar los filmes y todo lo que tuviera que ver con ellos o la TV. Y Tom ya no intentaba unirse a sus planes, porque estaba harto de siempre ser corrido por su padre. En realidad, estaba harto de Bill. Pero eso solo lo sentía en esa casa, el resto del tiempo Bill parecía convertirse en su más grande adoración.

 

Las cosas con el pelinegro comenzaron a ir mal después de siete meses de recibir masajes y besos inesperados en lugares incómodos. Había recibido varias pláticas en la escuela sobre las acciones que un adulto podía hacer para ponerte incómodo. Pero Bill pensó que eso solo le pasaba a las niñas. Además, no sabía si esas reglas aplicaban con su padre, ni siquiera sabía si en realidad estaba pasando algo malo. Porque era su padre, y el solo quería darle cariño porque era su hijo ¿No?

 

Su desempeño empezó a verse comprometido, aunque sus notas no se redujeron de forma alarmante, las ganas de Bill para poner atención se habían esfumado. O mejor dicho, su mente comenzó a ser inundada por otro tipo de pensamientos totalmente ajenos a la escuela, que al final lo dejaban más confundido y con un sentimiento de culpa en el pecho. Por pensar tan mal de su padre después de que le había dado tantas cosas bonitas.

 

No había podido hablar de ello con Tom a pesar de querer hacerlo con toda el alma. Pero el tema de su padre era sensible para el rubio, siempre que hablaban de él terminaban discutiendo. Y con justa razón, Bill le estaba quitando toda la atención de su padre.

 

Esa semana había querido fingirse enfermo para no ir, pues hacia un mes que Jörg había convencido a Simone de que le cediera sus fines de semana. Pues ella en realidad no los aprovechaba debido a su trabajo.

 

Sus ideas las mando al demonio cuando Tom le confesó en secreto que le tenía un regalo a su progenitor. Y por más que quisiera, no podría arruinarle eso a su gemelo, no después de todas las peleas.

 

Esa tarde Jörg paso por ellos a la escuela y Bill simplemente le cedió el asiento de adelante a Tom, ese que tanto se esmeraban por ganar y que había sido otro de las atenciones de su padre, pues ese se volvió exclusivo para Bill desde que Jörg comenzó a tratarlo distinto. Al menor ya no le daban ganas de estar ahí, en realidad no quería estar cerca de su padre esa semana, o incluso el mes entero.

 

A pesar de todo ese había resultado ser en buen día, puesto que Jörg había aceptado el regalo de Tom con demasiado entusiasmo y había pasado un momento agradable con el rastudo, cosa que animó a Bill un poco.

 

Lamentablemente esa paz se perdió la madrugada del domingo, cuando por la noche su padre se coló a la habitación que compartía con su hermano.

 

Se había metido bajo su cobija sin hacer ruido y lo despertó con caricias en el brazo y un beso en la mejilla.

 

— Shh... —silenció cuando el menor abrió los ojos alarmado—. No queremos despertar a Tom ¿O sí Billy? —susurró cubriendo sus labios con una mano mientras aspiraba el olor de su cabello.

 

El menor no pudo reaccionar, se quedó paralizado sin saber qué hacer. Porque no quería que Tom los viera así, pero tampoco quería eso, no quería otro de esos masajes. En realidad, no quería que lo volviera a tocar nunca.

 

Se quedó quieto, como había aprendido a hacerlo mientras sentía las manos recorrerle la cintura y el abdomen. Su cuerpo dio un bote al sentir la mano de su padre recorrer más abajo de lo habitual, pasando por debajo del elástico de su pijama.

 

La garganta se le cerró y los ojos se le aguaron, se removió con fuerza cuando los dedos le rozaron la zona del pubis.

 

— Shh... Relájate Billy... Relájate....

 

Un gemidito de susto se le escapó de los labios cuando el mayor le desabotono la camisa de dinosaurios. Sin pensarlo sus manos se movieron inquietas al tratar de evitar quedar desnudo de la cintura para arriba.

 

El moreno pasó su brazo izquierdo por debajo del costado de Bill, quien no dejaba de manotear. Le tomo las muñecas con ambas manos aplicando demasiada fuerza. Lo tenía aprisionado mientras lo abrazaba por atrás.

 

Con las muñecas inmóviles contra su pecho Bill no pudo evitar llorar, porque tenía mucho miedo. Su papá jamás había hecho eso, nunca le quitaba la camisa, nunca lo agarraba tan fuerte. Jamás le besaba la espalda con tanta insistencia.

 

Jörg lo tenía sujeto mientras besaba cada parte de la tersa piel con necesidad, oliéndola y de vez en cuando lamiéndola sin poder resistirse. Su conciencia pudo con él al escuchar al menor sollozar.

 

Le dio un último par de besos en el cuello y después lo soltó. Le acarició los cabellos y lo vistió de nuevo. Bill no se movió en ningún momento.

 

— Será nuestro secreto Bebé. —anunció mientras le daba un besito en la comisura de los labios—. Tom no se debe enterar... Si lo sabes ¿No? —susurró contra su oído y el menor asintió.

 

A Bill se le escapó un sollozo cuando Jörg le dio otro beso, pero ahora en los labios—. Silencio Billy, silencio. —ordenó al levantarse de la cama.

 

Y se fue. Y Bill se quebró en un llanto desesperado que ahogó contra la almohada.

 

¿Qué demonios acababa de pasar?

Notas finales:

Este cap ha quedado un poco corto, los demas se extienden un poco más. Gracias por leer y no olvides comentar si te gustó.

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