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¡CAMBIARÉ EL DESTINO DEL VILLANO! por ami4alice

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Notas del capitulo:

Bueno al final decidí extender el one shot que hice. 

Antes de leer esta historia, tienen que leer el one: 

¡Tengo que salvar al tirano de la muerte! 

Sin más que decir, disfruten del capítulo.

Hikari despertó a las horas y supo que pasó un tiempo desmayado debido a que el cielo estrellado se encontraba en lo alto, aunque tristemente no lo podía apreciar bien porque aún seguía tirado en el suelo y las fuerzas para moverse eran realmente pocas. Tenía que decir que odiaba el hecho de encontrarse tan débil, porque le recordaba a esos momentos donde su padre desaparecía y le tocaba prácticamente comer cosas de la basura para tratar de calmar el dolor en su estómago por la falta de comida.

A pesar de que ya estaba despierto, su cuerpo carecía de fuerza, no solo eso, solo movía un poco su mano y esta temblaba horriblemente. Se quedó allí un rato, viendo como la sucia y rota cortina se movía debido a la brisa de la noche, ya ni el frío podía sentir de lo débil que se encontraba allí tirado. Luego de un rato solo observando la cortina, decidió que era momento de moverse del suelo. Se removió un poco tratando de levantarse, pero volvía al suelo a los segundos, sus brazos no poseían la fuerza suficiente para sostener su peso. Al final tomó la decisión que lo mejor era arrastrarse.

Lo que pudo llevarle solo escasos segundos, le llevo prácticamente más de una hora. Aun cuando se estaba arrastrando, tenía que tomar descansos para no desfallecer y desmayarse de nuevo, porque su respiración se volvió un completo desastre y sentía dolor por todos lados. Cuando logro estar cerca de la cama suspiro, ya que le tocaba la tarea más difícil de todas… Subirse a la cama.

Al estar allí tirado mirando la cama, comprendió un poco lo difícil que era para las personas pequeñas subirse a lugares muy altos. Respiro hondo, proponiéndose el iniciar su tarea de subir a la cama, lo cual lo sintió como el infierno mismo. Sus brazos perdieron fuerza, haciéndolo regresar al suelo, en varias ocasiones terminó golpeándose el mentón contra el suelo. Vaya suerte la que estaba teniendo, tener que pasar por segunda vez por una situación como esa.

Luego de tanto, logro subirse a la cama, quedándose allí tendido, seguramente había gastado todas las energías de ese débil cuerpo de todo un año. Se sentía agotado, como si hubiese corrido por toda una ciudad completa sin detenerse, cerro por un momento los ojos, aunque había tenido una resolución antes de desmayarse, no tenía cabeza ni fuerzas para poder llevarla a cabo.

“¿Ahora qué hare? Tengo que pensar en una forma de obtener fuerza… Además de averiguar en qué momento de la novela me encuentro… Con este débil cuerpo no puedo saber exactamente la edad que tengo…”

Pensaba para sí mismo mientras tenía los ojos cerrados.

“A parte… ¿No sé supone que Hikari muere? ¿No debería estar muerto?”

-Eso es cierto… ¿Cómo sigues vivo?

“Es una buena pregunta… Obviamente se debe a que no soy el dueño original de este cuerpo…”

-¿No lo eres? Entonces… ¿Quién eres?

“Soy Hikari, pero no el Hikari de este mundo…”

-Así que vienes de otro mundo… Con razón se siente diferente…

“Sí, yo… “

Hikari se interrumpió de pronto cuando se percató que llevaba teniendo una conversación.  Abriendo los ojos de golpe y girándose al lado que supuso provenía la voz.

Al darse cuenta que si había alguien allí, su reflejo fue moverse, pero al encontrarse tan débil y agregado, encontrarse cerca de la orilla, fue a dar al suelo fuera de la cama. Tanto que le costó subirse y se cayó de una manera tan estúpida. Suspiro al darse cuenta de aquello que había sucedido.

“En serio… ¿Cómo volveré a subirme a la cama?”

Pensó mientras estaba allí tirado sobre la cobija, ya que la trajo consigo cuando se cayó.

-¿Te encuentras bien?

Hikari se giró un poco en dirección de la cama, notando como se asomaba de ella una linda y bonita niña de cabello negro.

“¿Desde cuándo está aquí?”

-Desde que trataste de subirte a la cama…

“Espera… ¿¡Estás leyendo mis pensamientos!?”

-Claro que sí… ¡Después de todo soy una reina de los espíritu!

La niña soltaba con orgullo, pero la verdad es que Hikari era un poco escéptico sobre eso, aunque pensar en que se encontraba en otro mundo le hacía doler la cabeza. Le daba un punto, ya que estaba contestándole cuando pensaba algo, porque no había dicho una palabra desde que se dio cuenta que no podía hablar.

“¿De verdad eres un espíritu? Yo solo te puedo ver como una niña…”

Pudo ver a la niña inflar sus mejillas.

-¡Claro que sí! Y te lo voy a probar.

La pequeña niña de cabello negro levanto su dedo índice y le hizo girar un poco.

-¿En serio has hecho algo? Yo no siento…

Hikari se interrumpió al darse cuenta que podía hablar, no solo eso, pudo sentarse sin dificultad.

-Fu, fu. Te dije que era una reina de los espíritus… Te he dado algo de energía, ahora podrás moverte sin problema alguno.

No podía creer lo que estaba pasando, igualmente agradecía poder moverse a placer, no quería seguir sufriendo por la debilidad de ese cuerpo. Llevo su mirada a la niña, ahora que lo notaba al haberse sentado que la niña se encontraba flotando.

-Si eres un espíritu… ¿Por qué estás aquí?

La niña abrazo sus piernas mientras daba vueltas en el aire, parecía como si estuviera haciendo un puchero.

-Porque ya nadie cree en mí…

-¿Nadie cree en ti? –obtuvo una asentida de cabeza como respuesta -. ¿Qué espíritu eres?

Pareció dudar un poco, aunque al final se acercó a Hikari.

-¡Yo soy Natyh, el espíritu de la oscuridad!

Al oír ese nombre Hikari pudo recordar aquel detalle. En ese mundo se regían por los espíritus, siendo los principales los de los elementos, agregados el de la luz y la oscuridad, pero este último era considerado como uno ligado a la desgracia. A la edad de cinco años se iba al templo para hacer un contrato con alguno de esos espíritus.

-Yo… ¿Mi contrato fue contigo?

Natyh asintió con la cabeza, podía comprender con eso la razón por la cual lo despreciaba la familia Akari.

-Antes las personas me alababan como espíritu, siendo uno igual que el de la luz… pero ahora todos tienen miedo de mí, además de despreciarme… Todos los niños que bendigo, han sufrido por mi culpa…

Hikari se quedó un momento pensativo sobre lo que acaba de decir.

-¿Estás hablando de Mahiru?

La pequeña abrió los ojos sorprendida, antes de acercarse a Hikari, había estado flotando abrazada a sus piernas como si fuese un globo.

-¿Tú conoces a Mahiru? –soltó con un toque de emoción -. Antes de que cumpliera la edad… Mahiru hablaba mucho conmigo, pero…

-Lo despreciaron cuando descubrieron que le diste tu bendición…

Natyh asintió con la cabeza.

-Ahora ya ni siquiera le llega mi voz… -soltó mientras sus ojos se cristalizaban -. Me he sentido sola desde que él ya no habla conmigo…

Hikari podía entender la soledad que tenía Natyh, nadie la reconocía, por ello es que no podía hablar con nadie y al no tener personas que creyeran en ella, por eso su apariencia era la de una niña pequeña. Los espíritus se fortalecían por la creencia de los humanos y sus contratos con ellos, así que no era extraña su forma tan pequeña. Sin poder evitarlo, Hikari llevo una mano a Natyh, acariciando su cabeza.

-Debe haber sido solitario…

Él entendía esa soledad de no ser reconocido, gran parte de su infancia fue de esa forma. Natyh se estremeció, antes de sin poder evitarlo, lanzarse hacia Hikari, ocultando su rostro en su pecho mientras sollozaba. No hay peor castigo que ser completamente ignorado.

-Pero… -dijo Natyh cuando estuvo más calmada -. Es extraño… tu nunca has llegado a verme u oírme… ¿Por qué ahora puedes?

Entendía la duda de la pequeña, aunque el Hikari de la novela fue bendecido por esa pequeña espíritu, nunca llego realmente a verla o tratarla y es que el Hikari de la novela carecía de habilidad mágica, o sea, por muy triste que sonara, él había nacido como un fracaso.

La familia Akari era bien reconocida por sus habilidades mágicas, su control era excepcional y el espíritu que llevaba bendiciendo por generaciones a la familia era el del fuego. Todos controlaban con gracia el fuego, pero Hikari no tenía nada de eso, es más, había nacido con el cabello negro, algo poco característicos en las personas de ese mundo. Nacer con el cabello negro solo significaba mal augurio, así que la familia lo despreció aun cuando se trataba de un hijo dentro del matrimonio.

-Eso es…

Hikari dudo un poco si contarle la verdad, aunque luego de pensarlo, estaba dirigiéndose a un espíritu, se suponía que no había problema con decirle la verdad.

» Yo no soy el Hikari de la historia… Vengo de otro mundo.

Natyh se quedó un momento en silencio, solo mirando a Hikari. De pronto llevo sus pequeñas manos al otro chico, sin quitarle la vista de encima.

-Hikari es Hikari.

Al final decidió simplemente dejar las cosas así, no tenía sentido sentarse a debatir sobre aquel asunto, ahora que tenía la fuerza, tenía que buscar una forma de lograr su objetivo.

-Yo he venido para salvar a Mahiru.

-Tu… ¿Salvaras a Mahiru?

Hikari asintió con una sonrisa.

-Claro, después de todo… Ser bendecido por ti no es algo malo.

Natyh nuevamente se estremeció, un poco más y volvería a llorar, aun así se contuvo, asintiendo con su cabeza. Se separó de Hikari, volviendo a flotar en el aire.

-Entiendo… Entonces yo te ayudaré a salvar a Mahiru.

-¡Bien! –dijo Hikari -. Seamos amigos a partir de ahora…

Hikari estiro su mano en dirección de Natyh, quien se sorprendió de eso, aun así, le regalo una sonrisa, sosteniendo la mano ajena con sus dos pequeñas manos.

-¡Sí!

.

.

.

Gracias a la ayuda de Natyh, Hikari se podía mover con comodidad.

Con la energía que ahora tenía su cuerpo, lo demacrado había desaparecido y podía moverse sin problema alguno, realmente que lo que sea que hizo Natyh lo ayudo bastante ya que no sabía cómo iba a lograr recuperarse de tantos años de abusos. Luego de discutirlo con Natyh, Hikari se dio cuenta del tiempo en el que se encontraba, actualmente tenía doce años, con eso entendió el motivo por el que tomó ese cuerpo.

En la novela, Hikari moría al cumplir los doce años.

Lo triste no fue que murió, lo que realmente le hizo llorar por dos días seguidos es que nadie se enteró de su muerte sino un mes después de que sucedió y llegaron a descubrirlo debido al hedor nauseabundo que comenzó a llenar ese pequeño palacio donde residía. Así de poco le importaba a su propia familia que no se enteró sino un mes después de su muerte y ni siquiera llegaron a velarlo correctamente, solo lo tiraron como basura.

Recordar esa descripción de la novela le hizo estremecerse. El Hikari original había muerto en ese momento en que él despertó, ahora entendía el motivo de encontrarse en el suelo, allí fue donde logro llegar antes de dar su último aliento. Él no era mucho de ese tipo de cosas, pero decidió en secreto hacerle una pequeña tumba al Hikari original, rezando porque pudiera hallar la paz que merecía.

-Tu… Realmente eres raro.

Natyh le dijo al momento en que lo vio rezar a un piedra sobre un montón de tierra. Hikari se giró hacia Natyh un momento.

-Estoy pidiendo porque logre llegar a un mejor lugar… ¿Acaso aquí no hacen lo mismo?

-Aquí se incinera el cuerpo para que sus cenizas regresen al mundo natural, pero creo que solo el templo puede realizar el rezo antes de quemarlo.

Hikari suspiro un poco, ahora comprendía el motivo de que no entendiera su acción. Decidió levantarse del suelo, ya que estaba arrodillado, sacudiendo aquella ropa remendada, no había conseguido nada bueno en todo aquel palacio donde vivía.

El estado de la fachada era horrible, es más, Hikari se percató que usaban ese palacio como depósito, porque logro conseguir varias cosas tiradas y guardadas en caja. La familia Akari ni siquiera tuvo la decencia de darle un lugar digno para vivir o morir. Un deposito que ni siquiera se molestaban en limpiar, porque estaba lleno de polvo y telarañas, además, Hikari había logrado encontrarse con diferentes insectos y roedores. Esa parecía más la casa de esos animales que la de una persona.

» ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Iras a ver a Mahiru?

Hikari pudo sentir la emoción en la voz de Natyh, suponía que estaba ansiosa por poder volver a hablar con su protegido.

Habría contestado a la pregunta de Natyh, pero no alcanzó a hacerlo, cuando saltó de la ventana por la que estaba pasando, tiró un par de cosas produciendo un ruido, para cuando se vino a dar cuenta, la misma odiosa sirvienta de antes y un hombre mayor hacían acto de presencia. Evidentemente los dos se alteraron y su expresión de despreció no se hizo esperar.

-¿¡QUÉ SE SUPONE QUE HACES!?

No pudo evitar sobresaltarse por el grito del hombre mayor.

-¡Se lo dije mayordomo superior! ¡Esa basura ha estado moviéndose por ahí como una rata!

Hikari entendía el motivo del por qué no había visto a esa tonta sirvienta desde que se convirtió en ese Hikari. Su paz había llegado a su fin.

-¿Quieres que les haga algo?

Natyh de inmediato se puso en guardia, pero Hikari agitó su cabeza de forma disimulada.

-No solo andas fuera de tu habitación, sino que andas destruyendo la valiosa propiedad.

¿Valiosa? Hikari miró la caja que tiró, viéndose como eran solo utensilios de plata viejos, se notaba por el desgaste que tenían. ¿A eso llamaban valioso? ¿Más que un ser humano?

-Ustedes realmente tienen basura en sus ojos.

Esas dos personas lo miraron con desconcierto, estaban acostumbrados a pagar sus frustraciones con un inocente y ese mismo chico les estaba contestando, algo que jamás había pasado.

-¡¿Qué acabas de decir?!

Hikari podía ver la vena sobresaliente en la frente del mayordomo, estaba disfrutando de ver la cara roja por la ira en el hombre mayor. La tonta sirvienta tampoco se quedaba atrás.

-¿Además de ciegos, sordos? Vaya basura de servicio que prestan.

No pudo evitar el hecho que sobre sus labios se posara una sonrisa. Hikari no lo admitiría, pero sentía un cierto placer de ver sufrir a esos desgraciados.

El mayordomo de inmediato caminó con furia hasta donde él se encontraba parado y sin siquiera pensarlo demasiado, elevó su mano dispuesto a golpear la mejilla del más joven. Hikari no se movió de su lugar, recibiendo la fuerte cachetada que lo tiro al piso, no solo eso, el mayordomo lo tomó del cuello de la camisa y lo golpeó un par de veces más. La sirvienta solo reía de manera satisfactoria a unos pasos de ellos.

El mayordomo solo se detuvo de golpear a Hikari hasta que pareció quedar inconsciente. Realmente que ahora entendía muchas cosas sobre el Hikari de la novela, lo mejor que pudo hacer fue morirse. El mayor soltó su ropa y lo dejó allí tirado en el suelo, mientras acomodaba su ropa como si nada hubiese pasado.

-¡Eso te pondrá en tu lugar!

La sirvienta dijo antes de acercarse y sin más patear el cuerpo que parecía no moverse. ¿Quién podría moverse luego de recibir semejantes golpes? Por supuesto que nadie.

-Es hora de regresar al trabajo.

El mayordomo, un hombre mayor, con su cabello canoso y lentes cuadrados, soltó aquello para comenzar a caminar hacia la entrada de aquella habitación donde se encontraban. Iba con ese aire orgulloso y pretencioso, el mismo que mostraban los que miraban por debajo del hombro a los demás.

-¡Señor!

La sirvienta gritó, pero no lo hizo a tiempo. Repentinamente el camino del mayordomo se vio interrumpido cuando una montaña de cajas cayó sobre él. La sirvienta de inmediato fue a auxiliarlo, ya que esas cajas tenían cosas pesadas, pudo observar el hecho de que un poco de sangre corría por el suelo.

-Tranquila, algo como eso no lo matara.

Sus hombros se tensaron al reconocer esa voz, girándose con brusquedad hacia atrás, mirando como el niño que habían golpeado se encontraba parado como si nada.

Tristemente para esas personas, él no era el Hikari que intimidaron, que les tenía el suficiente miedo para no hacer nada, por eso mismo es que no le iba a doler el destruirlos por completo. Hikari estaba acostumbrado a recibir golpes, su padre siempre lo hacía cuando estaba borracho y aun con todo y el dolor, tenía que levantarse para curarse. Es más, Hikari sintió que su padre pegaba más duro que lo que lo hizo el mayordomo.

El terror en la cara de la sirvienta fue placentero, se lo gozo hasta el último segundo. Sin dudar intento huir, corriendo a la salida, pero la puerta se cerró de golpe, aunque Hikari sabía que quien la cerró fue Natyh. La mujer forzó el posa mano intentando abrir la puerta, tratando inútilmente porque no lograba su objetivo. Hikari caminó hacia donde se encontraba tirado el mayordomo, quien comenzaba a despertar.

La sirvienta veía desde lejos todo, aun intentando abrir la puerta. Sus hombros se tensaron cuando pudo ver como Hikari se agachaba y tomaba un cuchillo de plata, pero no fue lo único que hizo, Hikari llevo la mano libre al cabello del mayordomo, tirando de este con poca delicadeza, es más, lo hizo dos veces, la primera para arrancar mechones de su blanco cabello y la segunda para que lo mirara. Cuando el mayordomo abrió los ojos, sintió como el cuchillo hacia presión en su cuello.

-¿Han disfrutado el torturarme durante tantos años?

El tono en que hizo la pregunta no fue nada amable.

» Espero que hayan sido conscientes de que todo se les podía regresar…

Hikari deslizo un poco el cuchillo por el cuello del hombre mayor, viendo como algo de sangre goteaba.

-¡Tú…!

Aquello lo dejó escapar el mayordomo con ira, pero antes de que pudiera hacer algo, Hikari actuó con rapidez, sin dudar en sus acciones redirigió el cuchillo y lo clavo con fuerza en la mano del otro hombre. Al estar cerca pudo oír con perfecta claridad sus gritos de agonía. La sirvienta miraba todo con terror.

Hikari era consciente que debido al golpe que recibió y la sangre que perdió por el golpe, el mayordomo se encontraba débil y tomó ventaja de eso. Mantuvo el cuchillo en su lugar, pisando la otra mano para que no pudiera quitarse el cuchillo que él sostenía con fuerza. Pisó la mano hasta varias veces con fuerza, hasta que pudo oír el crujido de esta, seguramente le había roto un par de dedos. Estaba completamente seguro que estarían sorprendidos de que el pequeño niño les estuviera regresando el sufrimiento de tantos años.

Ahora mismo, el mayordomo seguramente no iba a poder hacer bien su trabajo, ya que le arruino sus dos manos. Con la avanzada edad que tenía, estaba seguro que le costaría conseguir otro trabajo, agregado a que la familia Akari era en extremo perfeccionista, si no se podía hacer el trabajo, no servía. Ese hombre tenía las horas contadas en la familia Akari. Ver como chillaba como un niño pequeño solo acentuó la sonrisa sobre sus labios, así que se agacho para poder ver su expresión.

-Espero disfrutes de tu nueva vida –comento con una pausa -. Si te atreves a decir algo de lo que acaba de suceder… Te seguiré y acabaré con toda tu familia.

No bromeaba con respecto a lo que dijo y por la expresión del mayordomo, se dio cuenta que capto sus palabras. Hikari llevó su mirada a la sirvienta que cuando se dio cuenta que la miraba, trato de nuevo de abrir la puerta, esforzándose inútilmente.

Aprovechando que estaba distraía, Hikari camino en su dirección, pero en esta ocasión tomó una bandeja de metal, a pesar de lo desgastado, seguía teniendo algo de brillo. Dejó escapar una risa para que la chica fuese consciente que ya estaba cerca, al momento en que se giró para verlo, Hikari le asentó un golpe con la bandeja. Sin necesidad de ver la expresión de la chica, podía imaginársela, más aun cuando vio sangre caer al piso.

» Debo decir que tenían razón… Las cosas de aquí todavía son valiosas, después de todo siguen sirviendo.

Hikari pensaba darle otro golpe, pero se detuvo cuando algo llamo su atención. Dejó caer la bandeja cuando tuvo una mejor idea, se agacho tomando aquello que había visto minutos antes. La expresión en su rostro cambio por completo, mostrándose una más compasiva. La sirvienta al girarse, sintió un cierto alivio cuando vio otra clase de expresión en el más joven.

» Tú… Seguramente has sido una víctima también de aquel hombre…

Estaba equivocado, pero la sirvienta haría lo que fuese para sobrevivir.

-¡Sí! Yo solo soy una víctima de ese horrible ser…

Su papel de la víctima era pésimo, aun así, Hikari llevó una mano a la otra joven, precisamente a la espalda de esta. Le dio leves palmadas a la chica, antes de levantarse y llevar su mano al posa manos, abriendo la puerta al poco tiempo.

-Puedes irte… -comento en tono tranquilo -. Eres libre…

Ni siquiera lo pensó demasiado cuando se levantó y se fue corriendo de allí.

-¿Estás seguro de dejarla ir?

Hikari escuchó a Natyh decirle aquello, entendía su confusión de haber dejado ir a aquella tonta sirvienta que fue parte de su desgracia. Por su parte, él solo sonreía, se giró a ver al mayordomo que seguía aun en el suelo lamentándose.

-Espero que disfrute del resto de su vida y que nada de lo que sucedió salga de esta habitación.

Al cabo de decir aquellas palabras con una sonrisa, salió de la habitación cerrando la puerta, dejando allí adentro al mayordomo, ya no era su asunto lo que sucediera con ese hombre. Camino por los pasillos con dirección a su habitación, se sentía un poco más ligero por haber hecho todo aquello, Hikari no fue consciente de su propio rencor hasta que hizo pagar a sus acosadores. Aunque no iba a lograr hacer pagar al origen de su rencor.

-¿De verdad estas bien con que la chica se fuera? –volvió a preguntar Natyh.

-Natyh, este palacio es el más alejado del principal de la familia Akari y… -dijo con una pausa -. Es el más cercano al bosque prohibido.

Ahí mismo Natyh cayó en cuenta a lo que se estaba refiriendo Hikari al decir aquello. Lo que Hikari había visto que hizo que cambiara de estrategia, era una poción que había en aquel almacén, se utilizaba principalmente en la cocina, aunque prohibieron su uso debido a que también se podía volver un afrodisiaco para las bestias salvajes que vivían en el bosque. Para su suerte, allí había un poco de esa esencia, la cual le vertió encima a la sirvienta sin que se percatara. No importaba a donde huyera, con esa esencia sobre ella, iba a ser presa de las bestias del bosque prohibido, quienes la cazarían.

Hikari no se equivocó con su pensamiento.

Días después encontraron un cuerpo de una mujer despellejado cerca de la entrada del bosque prohibido.

.

.

.

Desde que la tonta sirvienta había dejado de venir, sus días eran bastante tranquilos, aunque eso solo trajo consigo que tuviera problemas para conseguir alimento.

Ya habían pasado un par de semanas desde su llegada a ese nuevo mundo y había resuelto un problema de todos los que tenía. No deseaba ir a la casa principal por comida, por eso mismo es que tomó la decisión de adentrarse en el bosque en busca de comida, para su suerte, Natyh le ayudó con eso, logrando obtener bayas sin cruzarse con alguna bestia salvaje, pero no podía vivir de eso el resto de su vida, no iba a recuperar su fuerza solo alimentándose con fruta. Tenía que resolver ese problema si quería lograr salir de allí.

-¿Qué sucede?

Natyh realmente era una excelente compañía, a pesar de su pequeño tamaño, sabía muchas cosas que le ayudaron en esos días. Además de la comida, también tenía que resolver lo de su ropa, pero para ambas cosas necesitaba de un factor importante… Dinero.

Tristemente al ser un espíritu, Natyh no podía aparecer mágicamente el dinero y aunque lo pudiese hacer, no lo iba a complacer con semejante petición. Hikari suspiro, tenía que solucionar ese problema del dinero, pero eso significaba tener que ir al pueblo… ¿Estaba listo para hacer tal movimiento?

Desde que llego a ese sitio no había dejado ese palacio, de vez en cuando iba al bosque prohibido, pero no llegaba a entrar realmente profundo en ese lugar, también recorrió todo ese pequeño palacio, consiguiéndose con un par de cosas. Tal vez podría vender algo de lo que había en ese palacio, pero sentía que podrían descubrir que venían de ese lugar y creer que era un ladrón, no deseaba ir preso. Sin poder evitarlo dejó escapar un suspiro.

» En serio… ¿Qué sucede? Solo has estado allí suspirando.

-Bueno, tengo que conseguir dinero para poder sobrevivir.

-¿Dinero? ¡¿Cuándo iremos con Mahiru?!

Entendía la desesperación de Natyh.

Si tenía doce años, significaba que un evento importante en la vida de Mahiru se había llevado a cabo. De lo que recordaba de la segunda edición de la novela, iniciaban con la infancia de Mahiru, mostrando como sus padres lo encerraron cuando se supo que el espíritu de la oscuridad le dio su bendición. Fue encerrado y maltratado por sus propios padres, no solo eso, un pariente suyo lo convenció de acabar con la vida de sus padres.

Mahiru subió al trono con la caída de sus padres a la edad de diez años. Más bien, con el asesinato de sus padres, siendo Mahiru quien terminó con sus vidas. Ahora mismo Mahiru confiaba en ese familiar, el cual Hikari sabía lo iba a traicionar, causando el segundo evento que lo convertiría en villano. Hikari tenía que acercarse a Mahiru para evitar que se cerrara a otras personas y su odio creciera cada vez más, pero en ese instante, no tenía nada para ofrecer.

Si no tenía la fuerza para protegerse a él mismo… ¿Cómo iba a lograr salvar al otro hombre?

La información que poseía de la novela le ayudaría, pero para eso primero tenía que lograr tener la fuerza suficiente para sostenerse. Nada hacía solo siendo un inútil que se podría convertir en la debilidad del otro hombre, además, en el proceso, Hikari quería destruir a la familia Akari. No es que precisamente le importara la familia, pero sentía que ese resentimiento que tenía muy dentro de él, era avivado por el que poseía el Hikari original.

-Aun no es momento… -dijo con un suspiro -. Primero tenemos que planificar todo para el momento en que nos encontremos.

Tristemente Hikari no tenía tanta libertad, sabía que si dejaba las tierras de la familia Akari, esta se daría cuenta, así que Hikari no podía ir muy lejos de allí, por eso ir a donde Mahiru estaba era una mala idea, tenía que esperar a que fuese este quien viniera a él. Si él mal no recordada, dentro de cuatro años se celebraría un festival allí en los territorios de la familia Akari, el cual Mahiru asistiría, ese iba a ser su límite, tenía que prepararse para cuando se encontrara con Mahiru dentro de cuatro años.

Hikari pudo ver a Natyh inflar sus mejillas.

-Yo quiero ver a Mahiru…

-Lo sé, pero sé paciente… para ti el tiempo humano pasa rápido, así que verás que no tendrás que esperar mucho.

Natyh le daba un punto a Hikari, ciertamente su tiempo era completamente diferente. Hikari volvió a dejar escapar otro suspiro.

» Por ahora… Vayamos al pueblo.

-¿Al pueblo? ¿Estás seguro?

Entendía perfectamente su preocupación, con ese cabello negro que tenía, todos lo señalarían.

-Estaré bien… entre las tantas cosas que guardan aquí, he conseguido una pócima que hace que cualquier cosa donde la vierta cambie de color. La usaré para cambiar mi cabello y no habrá ningún problema.

-¿Y qué harás en el pueblo?

-Quiero ver qué tal es…

Hikari tenía que chequear por su propia cuenta con lo que contaba y no en cuanto el pueblo que residía en las tierras de la familia Akari.

» Además… Quisiera encontrar algunas armas para cazar.

-¿Cazar? No me digas… ¡¿Quieres cazar en el bosque prohibido?!

Hikari suspiro.

-Natyh, ahora mismo estoy en desventaja, necesito obtener experiencia y fuerza. El único sitio al que puedo ir sin que mi familia lo descubra es el bosque prohibido.

-Lo sé, pero…

-Me ayudaras… ¿Cierto?

Aunque Natyh hizo un puchero sabía que lo ayudaría.

» Esforcémonos para poder salvar a Mahiru.

-¡Claro que sí!

La conversación llego hasta allí, ya tenía pautado lo que tenía que hacer.

Por ahora decidió que se concentraría en obtener fuerza y experiencia, por eso iría al pueblo a ver si lograba comprar alguna arma que pudiera usar para cazar, tal vez un arco o una espada, además, tenía que certificar si su experiencia en magia sería tan nula como la del Hikari original.

A penas estaba comenzando, así que no se desanimaría.

Por ahora, subiría los niveles en los que se encontraba.

Notas finales:

Seré honesta... Esta no será una linda historia, aun así, espero que la disfruten.

Nos veremos en el siguiente capítulo.

 


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