La suave brisa de primavera acariciaba mi rostro, al igual que las hojas del enorme y frondoso árbol que me daba sombra en ese bello día de sol… el cielo estaba repleto de blancas y esponjosas nubes que parecían algodones de azúcar; el simple echo de estar ahí me hacia sonreír.
Voltee mi rostro para encontrar un blanco carrito que llevaba un vaso de cristal lleno con jugo de frambuesa y a su lado un suculento pedazo de pastel de limón. ¿Podía ser aun más perfecta la vida?...
- ¡Hijo!- unas voces me sacaron del ensimismamiento de aquella rica comida, mis padres… juntos y felices me saludaban desde el lago que a unos quince metros se extendía. Mamá llevaba un bello vestido blanco que se meneaba con la exquisita brisa; sobre su oscuro cabello tenia un elegante sombrero, se veía tan bonita vestida así… Y ¿para que hablar de papa?... tenia puestos unos pantalones negros y una elegante, pero de apariencia deportiva, camisa blanca con bordados azules de extraños tribales.
Mis padres se besaron con cariño y papá ayudo a mi madre a atravesar un pequeño charco. Me hizo tanta gracia ver cuanta dedicación le puedes dar a la persona que amas…
Y hablando de amar, a unos metros de mis padres estaba mi hermosa hermana, esbelta con graciosa sonrisa sin perder la elegancia, tenia puesta una playera verde tejida con hilo, y unos jeans a la cadera, la cual era abrazada por su novio, un tipo alto y de presencia (que de todos los novios que mi hermana ha tenido, es el que mejor me ha caído) el, al igual que mi hermana, ya estaban en la universidad, pero mientras mi hermana, iba en el primer curso el tipo ya cursaba el cuarto de arquitectura; saber eso izo feliz a toda la familia… por ningún motivo alguien que compartiese mi apellido podría mezclarse con alguna bajeza sin titulo ni apellido.
Cerré mis ojos sonriéndole a la vida… hace tanto tiempo no me sentía así de tranquilo y en paz…
- Oye…- oí una voz que me llamaba desde lejos, abrí nuevamente los ojos para saber quien había osado de interrumpir mis pensamientos, me llamo la atención la cosa que vi…
Allí a mi lado derecho había una mujer obesa, vestida con un horrible traje rojo de puntos blancos acompañado “armónicamente” por un bolso de mano enorme y verde limón, tocándome el hombro, mientras a mi lado izquierdo un hombre de unos cuarenta años, que vestía un formal pero envejecido traje, revisaba unos papeles desesperado… mire al frente y vi un rechoncho y sonrosado hombre… su cara denotaba furia causada por su impaciencia, el sudor le corría frió y llegaba hasta su horrible sweater gris acompañado por unos ajustados pantalones de cotelé verde musgo, haciéndole parecer a sus rechonchas piernas una especie de salchichas embutidas en esos pantalones.
¡RAYOS!
Me había dormido en el trasporte publico… ¿como no lo había notado?... es decir… mis padres… juntos y felices… jajajaja… que buena broma me había jugado el subconsciente.
Y mi queridísima hermana… con un novio estable y no con sus amantes de turno en la mano derecha y su frasco de drogas en la izquierda
Tomé mi mochila con lentitud, y mire a todos los de ese sucio auto (el transporte publico) como las basuras que eran… baje y mire a mí alrededor…
¿Donde mierda estaba?...
Hace solo dos semanas había llegado a esa ciudad por los negocios de mi padre... ósea mis padres estaban ahí hace dos años… me habían abandonado como ya era su costumbre… pero dos años después, al enterarse de los problemas que cause, me llamaron y exigieron volver con ellos. Cabe decir que no me hizo gracia… pero tampoco hice berrinches ¿porque?... por que donde yo vivía (con mi hermana y mis abuelos) la pasaba realmente mal… esos ancianos se desvivían por tenerla bien… ¿y donde quedaba yo?... je, yo estaba solo en cualquier parte.
Al llegar donde mis padres, descubrí que me habían matriculado en un colegio “experimental”, es decir, su educación, además de la común como historia, matemáticas, gramática…, estaba enfocada 100% a la música; cada alumno debía tocar un instrumento y pertenecer a alguna orquesta. También el programa escolar era diferente, después del almuerzo no nos tocaban más clases… sino que solo asignaturas musicales… “lectura musical”, “poliritmias”, “instrumento”, “conjunto musical”, “etnografía musical”, etc.… Además de la constante amenaza de que si reprobabas uno de los ramos musicales reprobarías todo el año.
Yo no entendía porque me habían puesto en esa escuela, a decir verdad… la escuelita esta no era como los caros colegios a los que yo estaba acostumbrado… mas bien estaba enfocado a la gente de clase media. Bueno… si sabia porque estaba en esa escuela, había echo una serie de cosas malas que pusieron en riesgo la reputación de mi familia… así que como castigo tenia que ir a ese antro de mala muerte llamado colegio.
Camine por unas calles muy extrañas pensando en la injusticia de la vida…
Hasta que tuve la genial idea de mirar el reloj… 8:45…
Las clases comenzaban a las ocho… mi padre me había dejado mas que claro que cualquier reclamo de parte del colegio me lo haría pagar caro…
¡Y yo iba a llegar tarde el primer día!
Eche a correr sin saber muy bien a donde demonios me dirigía, el corazón me latía fuerte y mis piernas me pedía un descanso, baje la cabeza cerrando los ojos con fuerza sin bajar la velocidad, estaba a merced de mi instinto…
Y adivinen que…
Este fallo.
A los cinco segundos choque con algo y caí escandalosamente al suelo, levanté la mirada con miles de maldiciones e insultos saliendo de mi boca… pero se quedaron ahí guardaditas al ver lo que vi.…
Allí, ofreciéndome la mano con la mayor expresión de amabilidad que en mi vida habré visto (y no es que en mi familia la vea todos los días), un chico alto… delgado y de tez blanca, no como la mía pero si era muy pálido, llevaba pantalones negros como los míos, parte del uniforme de la “escuelita”, pero tenia una playera negra, llevaba el cabello castaño con un extraño corte… lo que me llamaba la atención era que sus cabellos brillaban sin la necesidad de la luz del sol- no se si ya mencioné que el clima de la maldita cuidad era muy extraño… seguramente porque era una cuidad costera… por ello, en las mañanas, como aquella, la bruma inundaba todo a su paso y al medio día salía el sol…
Volviendo al chico… tenia los ojos en un tono pardo, que hacia perfecto juego de luces con el brillo de su cabello.
- Discúlpame… iba un poco distraído- el chico me comenzaba a pedir disculpas mientras yo me apoyaba en su mano para poder levantarme.
- Si… lo note…- si había algo que me sobraba… eso definitivamente era mi orgullo. Siempre me habían enseñado que si cometías un error y dejabas algún herido o alguna consecuencia… siempre abría alguien para recibir el castigo por ti. ¿Que podía hacer yo, un joven de 16 años, ante las estrictas y aberrantes enseñanzas de mi familia?
- ¿Estas bien...?- Poso su mano… de dedos delgados y largos en mi hombro, haciendo estremecer ante el contacto.
- ¡¿Quien te haz creído tu para tocarme?!...- asumí que ese escalofrió provenía definitivamente de la repulsión que sentía a la gente… a toda la gente… no solo a los vulgares como aquel sujeto- Suéltame…- sus ojos se encolerizaron después de unos segundos de pensar en lo que yo le había dicho, me tomo por el cuello de la camisa… se acerco a mi rostro y pronuncio con mucha rabia.
- Hey chiquito… vuelves a repetir algo como eso y yo te dejo como aquel…- apunto con la cabeza la calle, su mirabas bien podías distinguir el rayado de tiza… trazando una figura humana en el suelo… victima de algún accidente automovilístico supuse.
- Ya suéltame… tengo prisa…- ciertamente el contacto me estaba desesperando, odiaba al chico que me tenia inmovilizado, una parte de mi cabeza agradecía que nunca mas lo tuviese que ver.
Me empujo a unos arbustos junto a las bolsas de basura de una casa muy pequeña y miserable, sentí tanto asco de estar ahí.
- Niñato estupido…- se volteo con una última mirada y burlona sonrisa.
¡¡Mierda!! Menos de dos minutos duro nuestro encuentro y aun así le odiaba con muchos motivos…
Pero ya no me quedaba tiempo para pensar en lo que había sucedido… entre al negocio que estaba en frente y una enorme… quiero recalcar… enorme mujer, que apenas y cabía en su pequeño negocio, lleno de golosinas y revistas. La mujer, que llevaba una playera pequeña para soportar su grasa, que hacia ver lo que sobraba de su estomago y unos pantalones que se notaban habían sido parchados y cosidos innumerables veces.
A decir verdad la gente como ella me daba asco… sentía una enorme repulsión a los kilos de mas, los olores que la gente obesa producía… una mezcla ente grasa y sudor…
¿Asqueroso no es cierto?
Podía aceptar cualquier cosa… incluso que raparan mi cabeza, pero nunca podría aceptar verme a mi mismo como uno de esos obesos, me mataría ahí mismo si llegase a pasar.
- ¿Sabe usted donde esta el “instituto J.C W. Amadeus Mozart” ( N/A: no, queridos lectores, no es que su autora no se haya dado el trabajo de buscar famosos compositores y solo se hubiese quedado con el archi-reconocido Mozart… todo lo contrario… me considero una persona culta respecto a la música orquestada…, es mas… toco violín y tengo conocimientos sobre algunos instrumentos de sinfónicas … aunque lo que yo sepa no importa, solo quería dejar en claro que Mozart es mi compositor preferido y he querido hacer un pequeño he insignificante homenaje a el…)
- OH… aquí en la calle de arriba- extendió su corto y regordete brazo apuntando hacia el oeste, mire en esa dirección y efectivamente ahí estaba el dichoso edificio.
Salí de aquella pocilga sin dar las gracias o dirigir alguna mirada, ese cerdo no lo merecía… bueno… hace mas de tres años que yo daba las gracias a nadie por nada, ¿porqué debería de hacerlo?, yo era mejor que cualquiera de ellos, así que ser amable para que luego sean amables conmigo no corría.
Camine hasta llegar a un edificio de color crema, tomaba toda una manzana… su arquitectura demostraba el auge del país, cuando el gobierno se esforzó por modificar nuestra cultura milenaria para transformar el país en una potencia como los países de Europa, para eso fue necesario hacer edificios al estilo occidental; finas terminaciones en las ventanas, llenas de ángeles y borlas de yeso; de fuertes barrotes blancos, que como era obvio, dejaban una linda vista al mar que ahora era escondido recelosamente por la niebla. Tenia también una enorme puerta de roble, camine hasta allí, y vi un pequeño grabado que decía: “J.C W. Amadeus Mozart Institute”.
Suspire… ese seria el lugar donde pasaría los siguientes diez meses de ocho a cinco de la tarde… no me hacia ninguna gracia pero nada podía hacer para cambiarlo.
Subí las grandes escaleras, que eran de cemento y no de mármol como yo estaba acostumbrado, y ahí frente a mis ojos había un hermoso salón con un pequeño escenario, en el… un chico de cabello castaño, delgada contextura y que llevaba el uniforme estaba tocando un negro y glamoroso piano de cola, estaba interpretando una angustiante pero bella melodía… me había dejado llevar por aquellos compases, por todas esas notas que juntas hacían un hermoso sonido…
Avance algunos pasos acercándome al pórtico… el chico desvió la mirada del piano y poso sus ojos en los míos… esbozo una sonrisa… una sin interés… sin intenciones codiciosas ocultas… una que, de alguna manera, lleno una parte del vació que sentía en mi interior.
Mi corazón latió con rapidez… se sentía como en mis sueños, esos en los que tengo amigos de verdad, no unos envidiosos y crueles hijos de papá que solo piensan en el provecho que podían sacar por cada gota de saliva que gastaban. Esos sueños donde el cielo es azul y nubes pomposas recorren el cielo, sueños donde mis padres están juntos y felices, donde mi hermana no es una puta drogadicta…
Ya no quería recordar todo eso, me dolía tanto saber que todo el dinero que tenia no bastaba para hacerme ni un minuto sonreír de verdad… que no había en el mundo algo que yo pudiese comprar, sin importar su precio, para sentir algo de calor… a veces quisiera incluso exprimir el sol… solo para sentir tan solo un poco de ese añorado calor.
En ese instante sentí unas malditas ganas de terminar con ese dolor temporal… ya sabia como, lo hacia todos los días… solo que en ese instante no sabia el lugar exacto.
Me encamine entonces…, voltee con elegancia sin mirar una vez mas al chico pianista… su música me daba ganas de tener amigos, familia…
“cordura… ¿tal vez?...”
Eso de nuevo, no soportaba las voces que me hablaban… las escuchaba siempre… me recordaban lo patético que yo podía llegar a ser.
Cada vez que me hablaban yo miraba a todas partes… giraba en mi sobre mi propio eje buscando al culpable de mis pesadillas pero nada… simplemente se perdía entre la multitud.
Se que lo encontrare algún día y le golpeare por hacerme tanto daño… lo secaré en la cárcel, aplicándole nuevas y crueles torturas… ¿corrupción?... yo diría… “influencia…”
Continué mi camino por el pasillo, el piso era de cerámica marrón y las paredes del mismo color crema de afuera; solo que estas estaban adornadas con miles de dibujos… de niños pequeños o verdaderas obras de arte… todas con un tema en común: la música.
A menos de diez pasos se veía un pequeño cartel blanco que en sus grandes letras negras decía “recepción”, me dirigí hasta allá, aun no sabia cual era mi clase… además tenia pensado hacer una visita al lugar que escuchaba en silencio mis sollozos.
Dentro de la “recepción” habían dos personas… una mujer de baja altura, con unos pantalones de vestir de color violeta que se ajustaban a sus delgadas y cortas piernas que la hacían ver graciosa, ya que un prominente barriga colgaba bajo una blusa barata de color blanca con un pequeño escote… la mujer de cabello rubio, muy mal teñido si me lo preguntan, parecía una hormiga.
A su lado un viejo de por lo menos setenta años, con sus incontables arrugas y su escaso cabello blanco, al igual que el delantal que llevaba, le hacían parecer aun mas viejo.
Observe el lugar… un lugar de no mas de 5 por 10 metros, una camilla al fondo, con tapas azules, seguramente además de ser la recepción era la secretaria, la inspectora y la enfermería, no pensé que mi padre quisiera que yo cállese tan bajo.
- Buenos días… ¿te puedo ayudar en algo?- la mujer me hablaba con amabilidad pero con un deje de cinismo, no modulaba y su tono de voz era muy vulgar en realidad. Me sentí un poco intimidado cuando ambas personas, la mujer y el viejo me miraron con tanto detenimiento, pero aun así seguí con mi expresión de autosuficiencia.
- Soy nuevo… me llamo Matsumoto Takanori… vengo a el segundo grado- La mujer abrió los ojos desmesuradamente al escuchar mi nombre… ladee mi sonrisa al notar la influencia que tenia mi padre…
- Oh… claro… por favor, firme aquí joven Matsumoto, hace unos días vino aquí su padre- me mostró una especie de papel y apunto con el dedo una línea… firme allí sin protestar.
- ¿Dónde esta mi clase?...- no quería pasar mas tiempo ahí
- Subiendo las escaleras… el aula 207- dijo el viejo con su voz chillona, apuntando las escaleras a mi costado.
- Y… ¿Dónde esta el baño?...
Camine hasta el lugar indicado. No era glamoroso, pero al menos estaba limpio.
Era pequeño e inmaculadamente blanco, un gran espejo se posaba sobre los tres lavamanos, una cadena de gotas, una tras otra, caía desde una llave haciendo un monótono y constante sonido.
Gire la mirada, cuatro puertas correspondientes a los cuatro cubiculos, uno de ellos tenia la puerta abierta, dejándome ver el retrete y el basurero a su lado
Nuevamente me volteo para ver un chico de baja estatura, su cabello… con un castaño flequillo desordenado que caía sobre su rostro, sus oscuros ojos me recorrían con detenimiento, ambos llevábamos el uniforme: una camisa blanca y una negra corbata al igual que una bonita chaqueta y pantalón. Me acerque al chico y levante una mano… el izo exactamente lo mismo y nuestras manos se juntaron a un costado de nuestras cabezas.
El chico no era guapo, era tan bajo y gordo… su figura casi esférica me izo sentir ganas de esculpirle… y creanme que lo ise… allí plantada en su gordo y asqueroso rostro estaba mi saliva… aun así el joven sonrió conmigo… una maldita sonrisa de suficiencia, levanto su mano… igual que yo… amenazándonos… pero algo paso… yo era tan débil… tan patético… juntamos nuevamente nuestras manos , su mano era fría como el hielo…, es decir… la mano de mi reflejo en el espejo… ese frió espejo…
“¿Cuándo llegaste a ser esta mierda…?”
“Levantas la cabeza, con un conocido nudo en la garganta, quieres llorar… vamos… hazlo… tan solo te falta eso para ser de la soberanía…
… en el reino de los patéticos obesos, claro…”
Esa voz, por mucho que la odie siempre me decía la verdad… no dudaba ni un minuto en hacer lo que el me pedía… siempre me pedía lo mismo… no era difícil, además me hacia sentir bien…
“Rotas sobre tu eje para mirar de frente hasta el retrete, sin vacilar caminas hasta allí…”
Y tal como el lo había presagiado caminé hasta el retrete, miré su interior… mucho agua en total calma… solo había olor a desinfectante, no era tan terrible… en unos minutos todo ese malestar pasaría.
“Cierras la puerta… nadie te podría molestar… ¿así te gusta verdad?...”
- Si, así es como me gusta…- contesto… no estoy seguro si el puede saber mis pensamientos, así que contesto a sus respuestas directas en voz alta.
Y así… cerré la puerta, puse la cerradura… nadie me molestaría.
“Ya sabes lo que tienes que hacer… levanta el índice y el anular… ves las llagas que allí están, productos de las incontables veces que haz hecho esto…”
Asentí con seguridad, mire mi dedos… tenían llagas, era verdad… pero poco me importaba, a nadie le interesaba en realidad.
“Levantaste tu brazo e inclinaste tu cabeza al retrete, llevaste ambos dedos hasta tu boca, algo se revolvió en tu interior… al fin esa molestia se iría… por fin esos intrusos abandonarían tu cuerpo…”
Y así fue, mis lagrimas, mezcladas con lo que quedaba de mi bilis se fue al tirar de la cadena… mis lagrimas también se iban allí al igual que mi felicidad, mis sueños y mi sonrisa…
Continuara…