Cap.2: “Si murmuro algo, solo en mi oscura habitación…”
Aun con ese amargo sabor en la boca, me puse de pie y baje la cremallera del pantalón, el sonido del líquido que caía al retrete desde la punta de mi miembro resonaba en toda la habitación. Sin limpiarme ni nada subí una vez más la cremallera y salí de aquella cabina no sin antes haber tirado nuevamente de la cadena.
Tome mi mochila, negra como la mayoría de mis prendas… una vez había escuchado a mamá decir que todas las prendas negras, de una u otra manera, por una ilusión óptica te hace parecer mas delgado… por ello toda mi ropa era de ese color.
Saque del bolsillo exterior lo que siempre me acompañaba, un cepillo de dientes y el dentífrico, no soportaba el sabor amargo del vomito en mi boca… así que como siempre con cuidado lave mis dientes, tal como decían los dentistas… y al terminar lavé y guarde todo.
Nuevamente miré mi horrible reflejo en el espejo… Lavé mis ojos hinchados y respire profundo… Debía llegar a mi clase.
La escalera estaba muy iluminada ya que tenia una bonita ventana que daba vista al mar, que ya se podía ver con mas claridad gracias a que la niebla se había comenzado a disipar, seguí mi camino hasta el fondo del pasillo… allí estaba la dichosa aula 207…
Odiaba ser nuevo, todos te miraban como si fueses una novedad, todos te preguntaban sobre tu vida pasada, todos preguntaban de todo… sinceramente esperaba que esta fuese la excepción.
Me llene de valor y di tres golpes secos a la puerta… todos en el interior del aula callaron y unos pasos se acercaron hasta donde yo estaba… la manilla giró y la puerta se abrió, dejándome ver un hombre moreno, de unos treinta años, su cabeza dejaba ver un poco de calvicie, sus facciones duras me miraran con enojo, llevaba una camisa negra como su pantalones y un chaleco rojo sin mangas.
- ¿Son estas horas de llegar?- su voz me recordaba a la de los militares.
- …- no me interesaba contestar algo tan estúpido como ello, si pensaba que me daría miedo estaba muy equivocado.
- ¿y bien?... ¿Quién eres tu?- una vena se comenzó a hinchar en su frente y con sus gritos el flequillo en mis ojos se comenzaba a menear.
- Soy Matsumoto Takanori soy un alumno nuevo- pronuncié con voz fría y descortés lo suficientemente alto como para que se escuchase en toda el aula, era un poco incontrolable cuando me molestaba algo. El hombre levanto una ceja con tanta frialdad como yo y se hizo a un lado para que yo pasara.
Al poner un pie en el aula me di cuenta de que era muy diferente a lo que yo estaba acostumbrado, el piso era de madera y las paredes iguales a todo el colegio, habían por lo menos cuarenta y cinco mesas repartidas por el aula con filas de a dos personas, no estaban todas ocupadas.
Muchachos y muchachas me miraban con curiosidad, me sentí tan mal… ¿Por qué toda esa gente me miraba con atención si yo no merecía siquiera que lo hicieran de reojo?...
Las chicas no eran feas, la mayoría tenia el cabello claro y la piel bronceada, a causa del verano supuse, los hombres eran parecidos todos entre si con sus peinados cortos y sus caras curiosas, tratando de estudiar mi enorme humanidad supongo.
- Siéntate tras el chico con problemas de identidad… -apunto a un chico con el cabello rubio, sus ojos eran oscuros y demostraban un profundo odio hacia el profesor, de alguna manera entendí que el hombre se estaba riendo del chico y que al menos la mitad del aula había comprendido el chiste… y se reían de buena gana, lo cual agradecí ya que al fin había dejado de ser el centro de atención.
Caminé hasta el puesto vacío detrás del chico rubio, me causaba gran curiosidad el por qué de la broma… ya me enteraría del motivo de todas formas, pasaría allí todo un año.
Un largo año en verdad…
* * *
Cuarenta y cinco minutos después sonó la campana que anunciaba el término del primer bloque de clases, para dar paso al magnífico receso, el cual yo odiaba, ya que eso significaba estar aún más notoriamente solo en un patio repleto de gente.
No sabia bien donde ir, no quería que nadie me mirara… no deseaba que nadie tuviese la tragedia de mirarme.
Camine por los pasillos antiguos, todos adornados con los cuadros que tenían como tema la música. Vi que todos se saludaban o abrazaban después de un largo verano… comencé a recordar mi antigua vida… algo totalmente distinto, donde al llegar de vacaciones, mis compañeros preguntaban cosas como “¿sabías que la compañía de mi padre aumentó en un 10% sus ventas?”.¡JO!...estúpidos mil veces
Llegué a un lugar detrás de la biblioteca, di una especie de vuelta rodeando el edificio para ver, escondida tras un frondoso árbol, una escalera llena de tierra y hojas, casi no se notaba… pero no dude un instante de subir al asegurarme de que estaba completamente solo.
Subí y realmente me sorprendió lo que había allí arriba, un balcón… uno con vista hacia el mar… mejor aún… completamente vació y sin gente intrusa viéndome.
Sin pensarlo dos veces me senté en el suelo apoyado en la pared… mirando ese océano completamente azul… completamente libre… tan amado y admirado por toda la gente… tan útil y necesario, completamente diferente al inútil y despreciable Takanori…
El sol ya había salido, unas nubes me hicieron sentir a gusto, deseé quedarme allí por siempre, quise perderme en aquel lugar sin escuchar nunca mas a mis padres pelear, a mi hermana drogada dando tristes espectáculos, a mis “amigos” gritándome lo inútil que yo podía llegar a ser.
NO… nunca más quería pasar por eso…
¿Pero que importaba?
Yo me lo merecía ¿verdad?
“Si, es verdad, tu lo merecías… tu lo mereces… ¿sabes porque?... “
¿Por que?
“ Porque eres un asqueroso gordo sin inteligencia bueno para nada… es por eso que mereces todo lo que te pasa, es por eso que te pasa todo esto… porque eres la peor escoria de este lugar.”
Ya lo se…, no me lo tenia porque decir ¿verdad?
Sentí un nudo en la garganta, quería lanzar un reproche… una maldición… un gemido… ¡lo que fuera!... pero nada… nada salía de mi boca porque mi garganta estaba trancada. Mis ojos se habían humedecido y sentía una gran necesidad… no tenia idea de que, pero desde hacia tiempo que mi corazón no estaba en paz con nada, que mi alma y mente confabulaban para decirme que algo faltaba… algo importante.
“Y así te pones a llorar como una niñita pensando cuanta falta te hace tu príncipe azul… Porque es eso lo que necesitas alguien a quien amar…”
¿Amar?... alguien a quien amar… que estúpidas palabras me había dicho mi fiel compañero.
“Pero no lo aceptas porque de todas formas sabes el resultado… nadie va a querer estar con un cerdo como tu, nadie se rebajaría a tanto, lo sabes y ya lo haz aceptado…”
A pesar del dolor… el tenia razón… ni siquiera un leproso aceptaría estar con “algo” como yo.
* * *
Todo el día continúo igual… en la soledad con mi constante compañero de pensamientos.
En el aula todos me miraban y cuchicheaban entre si… yo solo bajaba un poco la vista al saber que solo se burlaban de mi, que miraban mi rostro redondo y grasoso y solo sentían asco de el.
Luego de una interminable hora y media de escuchar hablar a una horrible mujer… baja y regordeta, tenía un diente totalmente amarillento y se suponía que enseñaba ingles…
El joven delante mío se volteo algunas veces a mirarme, sin disimulación alguna… lo cual me agrado… odiaba a la gente que se reía a espaldas de los demás… si lo iban a hacer… al menos que fuera a la cara.
Cuando sonó la campana todos con un gran estruendo tomaron sus mochilas y se retiraron del salón, lo mismo hice yo pero con algo más de silencio y calma
Fui hasta ese hermoso lugar que había descubierto aquella mañana…
Seguía igual como yo lo había dejado… así tan solo y pacifico como me había cautivado. Deje la mochila a mi lado y saqué un cuaderno junto a un lápiz… también de mi chaqueta tome los cigarrillos y el encendedor.
Aspire el humo sintiendo como atravesaba mis pulmones dándome una especie de calma temporal…
Abrí el cuadernillo en cualquier parte y tome el lápiz… comencé a trazar una figura delgada… con proporciones perfectas según la composición Áurea… el número de oro descubierto por un griego ase miles de años…
Toda mi vida se había basado en lo que plasmaba con lápices en el papel… mi primer recuerdo no era mas que mis pequeñas y regordetas piernas de bebe atrapando una hoja de papel llena de rayas de todas las formas y distintos colores, mis manitos pequeñas y redondas casi como empanadas sosteniendo un lápiz que había manchado todo a su paso…
A pesar de lo bizarro…. Era casi el único recuerdo feliz que yo tenia, estaba, al menos, haciendo lo que más me gustaba.
Ahora me debía conformar con plasmar en el papel lo que más deseaba… ser delgado, ser perfecto o para no sonar tan pretencioso… ser agradable a la vista.
Al notar que ya no me quedaban cigarros decidí partir… no quería llegar a mi casa… pero si lograba llegar temprano, tal vez, no tendría que escuchar aquello de nuevo.
* * *
Miró al su alrededor dándose cuenta de algo… alguien había estado en su adorado escondite.
Siempre estaba allí, era increíble que la gente del colegio no recordaran que contaban con un sitio de esa belleza.
¿Pero que más se le puede pedir a una manada de incompetentes arrastrados a la autoridad?
Nunca había logrado entender porque la gente podía llegar a ser tan estúpida en su momento…
Es decir, el país y el mundo estaba en una crisis gracias a los incompetentes de sus gobernantes y ellos simplemente se dedicaban a mirar el desastre en el que perecían sus familias.
Por eso el creía en la anarquía, en el poder del pueblo y en la libertad de pensamientos de cada una de las personas
Muchos le habían dicho que eso no valía la pena… que gastaba su tiempo entregando folletos y enseñando a la gente de que los animales no eran comida, que tenían tanto derecho como los seres humanos de sobrevivir.
Pero siempre le decían lo mismo… “haciendo estas mierdas no te salvas ni a ti ni a tu familia en la que están…”
Lo cual no era mentira… le frustraba tanto no poder hacer nada para sacar a su madre y su abuela de la pobreza, ver como su hermana tenia que trabajar donde y como fuese para llevar un poco de pan a la mesa… tanto que incluso se tenia que prostituir para comprar la medicina de su abuela.
Tal vez por eso el chico de la mañana le había dado tanta cólera… ¿Qué daría él por recibir la ayuda de alguien en lo que fuese...?
Pero no…
Ese tonto y raquítico joven solo le había echo el peor desaire de su existencia… le había encolerizado tanto.
¡¿Que tipo de persona que recibe una ayuda después de caerse en medio de la calle la rechaza y desprecia de ese modo?!
No le cabía la menor duda de que era un hijo de papá, es decir, un chico rico que nunca había tenido preocupación alguna… que tenia la vida asegurada y que nunca se bajaría de su burbuja.
Se sentía tan enojado y desconforme con la vida… ladeo su rostro hasta que algo en el suelo, donde el solía ver la puesta de sol, había un papel arrugado hecho una especie de bolita… y a su alrededor un sin fin de colillas de cigarrillos.
Seguramente eso pertenecía a la persona que había ido a invadir su lugar favorito.
Tomo la bola de papel e intento ver que había en su interior…
Se sorprendió un poco ante tal imagen… demasiado macabro desde su punto de vista.
Allí en el papel había una muchacha… en su cara se podía apreciar profunda tristeza, pero lo que mas llamo su atención fue el cuerpo… era un costal de huesos, un cuerpo perfecto de delgadez extrema, le recordaba a las anoréxicas que había visto en un periódico, allí existía un reportaje sobre los desordenes alimenticios… los mas conocidos “ anorexia” y “bulimia”… que eran un trastorno psicológico que se transformaba en un mal fisiológico, ya que el paciente, al verse en su propio reflejo como un gordo tiende a dejar de comer o, al contrario comer en forma enfermiza y luego vomitar todo. Aquellas escalofriantes enfermedades ya habían cobrado cientos de vidas de jóvenes y gente mayor… los especialista culpaban a los medios de comunicación por la sobre exposición de los ahora llamados “cuerpos perfectos”…
Al recordar todo eso siguió viendo el dibujo, a un lado de la chica estaba un muchacho obeso junto a una mujer mayor, obesa también…
De alguna manera comprendió que el autor de aquel dibujo no estaba muy bien… nadie con la mente sana crea tantos contrastes en la misma hoja… en la misma escena…
Pero también llego a la conclusión de que el que lo había hecho era muy talentoso, la proporción exagerada… el trazo, la expresión… todo demostraba el enorme talento de quien había realizado esa obra de arte.
-¡Maldito Akira!- una voz conocida le sacó de su trance en el papel, se volteó para ver a su mejor amigo mirándole con enojo pero no rabia… simplemente disgusto- ¿tienes idea de hace cuanto tiempo te estoy buscando?- sus cabellos castaños se mecían con el viento y sus alegres ojos castaño no le daban mucho miedo que digamos…
- Cálmate… ya me encontraste…- odiaba pelear con el… él siempre me terminaba ganado, demasiado astuto para establecer una discusión...- ¿nos vamos ya?...
- ¿…Nos vamos ya?- repitió imitando al otro con un deje de estupidez, ante lo cual el otro simplemente sonrió y guardo el papel que tenia recelosamente en al bolsillo de su chaqueta.
- jajajajjaja… - se sentía de buen humor ese día, algo había cambiado… para bien o para mal… era difícil para el perder mas cosas… simplemente porque ya no tenia nada.- no entiendo tu mal humor Uke…
* * *
Llegué a mi casa que como era de esperar, estaba complemente sola… a excepción de las mucamas por supuesto…
Al entrar no salude ni preste atención a nadie… nadie de allí me interesaba realmente… así que simplemente no les tomaba en cuenta.
Subí hasta mi habitación, un cama grande y un escritorio ciertamente enorme… allí dibujaba… mi única formo sana de relajación sin “el”…
Me senté en mi negra silla, puse mis manos entre mis cabellos y suspiré con resignación.
Odiaba esa vida… Pero ¿que otra cosa se merece un chico así de feo y un tanto estúpido?
Continuará…