Categoría: NARUTO
Clasificación: No menores de 18 años

Notas del fanfic:
Se suponía que iba a ser un drabble romántico, algo cortito que escribir en el descanso de un proyecto más grande, pero la cosa mutó y acabó convirtiendose en más de tres mil palabras de PWP. Eso sí, PWP romántico :P
Aclaraciones del capitulo:
Disclaimer: Naruto y compañía no me pertenecen. No soy más que una humilde fan. Por favor, no me denuncies.
Iruka despertó, arqueó una ceja y olfateó el aire. Sí, no había duda, algo se estaba quemando.

Algo dulce, con mucho chocolate, por el olor que desprendía. El sensei podría entender que Kakashi hubiera prendido fuego por accidente unos huevos fritos, o un filete, pero quemar algo que contenía chocolate era sencillamente cruel.

Se levantó, furioso, y se puso la ropa interior y una camiseta desgastada. Entro en la habitación que servía a la vez de salón, comedor, cocina y trastero.

En la zona de la cocina estaba Kakashi. El hombre estaba totalmente desnudo a excepción de un delantal que, tal y como Iruka notó, no llegaba a cubrirle su firme y duro trasero. Sintió un cosquilleo en el bajo vientre, e imágenes de la noche anterior lo asaltaron.

¡Maldito fuera Kakashi y su cuerpo perfecto de jounin! El sensei se concentró en el olor a quemado y se obligó a sí mismo a ignorar el efecto que la anatomía del otro hombre había tenido en él.

- ¡Kakashi! – gritó.

El susodicho se dio la vuelta. En su mano derecha tenia la única sartén de Iruka, y en la izquierda tenía un kunai con el que estaba intentado despegar algo de la superficie de metal de esta.

Oh, Hatake, ¡estás *muerto*!, pensó el chuunin. Le quitó al otro de las manos la sartén y la colocó bajo el grifo del fregadero. Abrió el grifo y puso un poco de lavavajillas en un trozo de estropajo que había visto tiempos mejores. Comenzó a frotar la sartén con este, pero no pareció tener mucho resultado. ¡Mierda!¡Esto no se va!

- Kakashi, ¿Se puede saber por qué te has cargado mi sartén? – rugió, mirando con fiereza al mayor.
- Bueno, verás… - el jounin se rascó la nuca con un gesto nervioso.
- Estoy esperando, Kakashi – Iruka apoyó sus manos en sus caderas y le dedicó al otro hombre su mejor expresión de sensei furioso.
- Es que es una tontería – el más alto se sonrojó.
- ¡Kakashi…!

El Hatake suspiró y, esquivando la mirada de su amante, comenzó a hablar:

- ¿Recuerdas lo que me dijiste el otro día? ¿Sobre que tu madre te solía hacer tortitas para desayunar los sábados por la mañana? – Iruka trató de responder, pero la voz le falló. Asintió con la cabeza – Me dijiste que eso te hacía sentir feliz, que te hacía sentirte… querido. Así que… - hizo un gesto vago en dirección al desastre en que había convertido la encimera de la cocina.
- Así que trataste de hacerme tortitas.

Esta vez fue Kakashi el que asintió con la cabeza. Luego se encogió de hombros con una expresión de falso aburrimiento en la cara y dijo:

- Soy un idiota.
- Oh, sí que lo eres – confirmó el moreno. Tomó entre sus brazos al otro hombre y susurró junto a su oído – Pero eres un idiota del cual estoy locamente enamorado…

Una sonrisa tonta apareció en el rostro del más alto, y ambos hombres se besaron tierna, dulcemente. Tras varios segundos, sus labios se separaron. Iruka apoyó su frente en la zona en la que el cuello y el hombro de Kakashi se unían, disfrutando del calor que emanaba de la piel de su amante.

Entonces recordó la razón por la que estaba enfadado.

- ¿Y el chocolate? – preguntó, antes de lamer juguetonamente la clavícula del más alto.
- ¿Mmh?
- El chocolate. Lo has quemado…

El chuunin sintió como Kakashi se tensaba.

- ¡El chocolate! – exclamó, y apartó apresuradamente una taza de metal del fuego.

Iruka miró el recipiente con curiosidad. Estaba lleno hasta la mitad con una crema oscura cuyo olor reconoció de inmediato.

- No se ha quemado – indicó. El olor ha quemado debe haberse mezclado con el olor a chocolate, haciéndome creer que era el chocolate lo que se había chamuscado.
- Alarmista – insultó a modo de broma el jounin. Iruka le sacó la lengua, y el jounin gimió antes de besarlo.
- Era para las tortitas, ¿no? – preguntó cuando se hubieron separado.
- Ajá.
- Lástima que les hayas prendido fuego…
- Oye, que tampoco es como si lo hubiera hecho a posta… - se quejó el del cabello plateado con una mueca infantil que pasó totalmente desapercibida para su amante, ya que este estaba mirando ensimismado el contenido de la taza.
- ¿Sabes? Sería una pena desperdiciar esto – dijo el chuunin, y una sonrisa torcida comenzó aparecer en su ruborizado rostro.

Kakashi, que conocía bien a su amante, le devolvió la sonrisa.

- ¿Tiene alguna idea, Iruka-sensei? – preguntó.

Iruka se sonrojó todavía más, pero aún así dijo:

- Bueno… ya que no tenemos tortitas, podríamos buscar otras cosas a las que… untar… de chocolate.
- ¿Por ejemplo? – trató de hacerlo continuar el más alto.
- Kakashi, no te hagas el tonto…
- Maa, Iruka-sensei, pero es que me gusta que me expliques las cosas… - rió con una expresión maliciosa en el rostro.

El moreno tragó saliva y, armándose de valor, hundió uno de sus dedos en la espesa sustancia. Estaba templada. Esparció un poco del dulce sobre su labio inferior y luego lo lamió lenta, muy lentamente.

- Dios, Iruka-sensei, eres tan sexy… - jadeó el jounin, los dos ojos abiertos para no perderse ni un detalle de lo que estaba ocurriendo.

El chuunin bajó avergonzado la cabeza por unos segundos. Su cara se había vuelto de un bonito color escarlata. Mmh, el rojo del que Iruka-koi se vuelve es mi color preferido…, pensó el más alto.

Mientras, el sensei había vuelto a meter sus dedos dentro de la taza de metal para sacarlos luego llenos de chocolate. Comenzó a aproximar sus dedos a los labios del otro hombre. Kakashi trató de atrapar dentro de su boca los dedos, pero su amante lo detuvo poniéndole una mano en el pecho.

- Hey, no tan deprisa… - los dedos se deslizaron por el labio inferior de su amante, acariciándolo suavemente.

El mayor imitó lo que Iruka había hecho antes, lamiéndose el labio inferior de una manera deliberadamente erótica. Cuando no quedó ni el más mínimo rastro de chocolate en su labio, el moreno untó un poco más. El mayor sacó la lengua una vez más, y el moreno aprovechó ese momento para comenzar a lamer el labio del otro. Sus lenguas se entrelazaron mientras el chocolate fluía entre estas. Se separaron tras un tiempo que a ambos les pareció demasiado corto, sin aire.

El jounin besó el cuello del otro hombre. Contra sus labios, hipersensibles por llevarlos cubiertos siempre, latía el acelerado pulso de Iruka. Se separó unos centímetros del chuunin y le quitó la camiseta. Rozó con sus dientes la piel morena sin llegar a morderla, y al mismo tiempo cubrió sus dedos de chocolate.

El chuunin asió suavemente a Kakashi por el cabello y lo besó apasionadamente. El mayor eligió ese momento para comenzar a pellizcar los pezones del otro hombre entre sus dedos manchados de chocolate. Luego, el del cabello plateado separó sus labios de los del otro hombre y descendió para tomar en su boca su pezón derecho. El chuunin hizo un ruido ahogado. Sus pezones eran una de las partes más sensibles de su cuerpo, y siempre le había encantado que Kakashi jugara con ellos.

El jounin acarició el vientre del otro hombre con su mano libre, bajando luego para adentrarse bajo sus calzoncillos. Tomó el miembro del más joven, que ya había comenzado a endurecerse, y los masajeó suavemente. Iruka arqueó la espalda y apoyó los codos en la encimera de la cocina para no caerse.

- Oh, Kakashi… - susurró. Las manos del otro hombre eran suaves a la vez que callosas, serviciales a la par que fuertes. Igual que él, pensó Iruka. El sensei iba a desarrollar esa idea un poco más, pero entonces Kakashi pasó su pulgar sobre su glande y luego presionó en cierto punto de su erección y el chuunin se olvidó de lo que había estado pensando.

El jounin se arrodilló sin dejar de masturbar con maestría a Iruka. Le bajó la ropa interior, y luego le dio un golpecito al otro hombre en el muslo. El mas joven lo miró con unos ojos desenfocados por el placer, luego a miró sus bóxer entorno a sus tobillos y levantó primero una pierna y luego la otra para que Kakashi pudiera terminar de quitárselos.

- Gracias – susurró el mayor, burlón. Su aliento rozó el miembro de Iruka, haciéndolo temblar de placer.

La erección del chuunin se había manchado un poco de chocolate cuando Kakashi había masturbado a su amante. El mayor tomó la taza de metal y vertió un poco más del dulce sobre este. Luego comenzó a tocar con su lengua la erección del más joven. Alternó lamidas largas y lentas con otras cortas y rápidas, succionando puntos estratégicos del miembro del más joven.

- Kakashi, por favor… - rogó el moreno, empujando suavemente su cabeza en una súplica por que se lo introdujera en la boca. Aquello se sentía genial, pero se moría de ganas de sentirse dentro de la garganta del otro hombre. El del cabello plateado se rió, y la vibración de su lengua hizo gemir al chuunin.
- Que impaciente. Me gusta… - dijo, pero en vez de complacerle embadurnó sus manos con chocolate y luego comenzó a acariciar sus testículos. Luego los chupó con glotonería.
- ¡Ah! ¡Sí! – gimió el sensei – ¡No…! ¡No pares! – pidió cuando el otro se detuvo.
- Siéntate sobre la mesa – dijo.

El más joven así lo hizo. Kakashi tomó sus piernas y apoyó el dorso de las rodillas del moreno sobre sus codos, de tal forma que las piernas del chuunin quedaron abiertas y su abertura totalmente expuesta. Luego prosiguió con lo que había estado haciendo.

Kakashi introdujo su dedo índice en la abertura del chuunin. Éste entró con facilidad. El jounin palpó las paredes internas hasta que encontró la próstata del más joven. La frotó suavemente, provocándole al otro un estremecimiento de placer.

Iruka era endiabladamente estrecho, y tan cálido que los restos medio secos de chocolate que había en los dedos de Kakashi comenzaron a derretirse. Esto provocó que una idea lo asaltara. Dudó por unos instantes. A él no le daba asco, sabía que Iruka era un tanto maniático con la higiene personal, pero no estaba seguro de como reaccionaría el sensei ante aquello.

Sin embargo, por lo que Jiraiya decía en Icha Icha, lo que estaba pensando en hacer sería muy placentera para el chuunin… Al fin, decidió que valía la pena arriesgarse. Sacó el dedo de dentro de su amante.

- No… Kakashi, vuélvemelo a meter… - protestó el más joven, pero el otro hombre lo ignoró.

Bajó con su lengua por los testículos del más joven, más allá de la sensible piel entre estos y su ano, y luego comenzó a rodear la entrada de su amado. Iruka se tensó un poco, y su respiración se detuvo por unos segundos. Sin embargo, puesto que el chuunin no hizo ningún gesto para apartar al otro de sí, Kakashi juzgó que podía continuar. Poco a poco, el chuunin comenzó a dar muestras de estar disfrutando aquello. ¡Sí! ¡Buen trabajo, Hatake!, se felicitó a sí mismo.

Lo cierto era que Iruka se había quedado paralizado de sorpresa al sentir la lengua del otro tan cerca de su abertura. Pensó en hacer que el jounin se detuviera, en gritarle. En aprovechar su posición para pegarle una patada en la cara, incluso. Pero lo cierto era la sensación era bastante agradable, especialmente cuando Kakashi asió su miembro y comenzó a frotarlo. Para cuando se dio cuenta, lo único en que el sensei podía pensar era en como hacer que Kakashi continuara.

Los gemidos de placer del moreno animaron al jounin a seguir adelante. Comenzó a tocar la entrada del más joven, ejerciendo una suave presión sobre esta para luego retirarse una y otra vez.

Iruka gimió. Mmm, Dios, sí… Un poderoso deseo de sentir algo dentro de sí mismo lo embargó, y como adivinándolo, Kakashi escogió ese momento para introducir su lengua en él.

Mmm. Chocolate…, pensó el mayor.

Por su parte, Iruka pensó que las manos del jounin acariciando su erección y su lengua dentro de él le iban a hacer enloquecer de placer. Un calor infernal se apoderó de su vientre, escalofríos de placer le hicieron arquear la espalda…

- ¡Paraparapara! – gritó.

Kakashi se detuvo de inmediato, un tanto confuso.

- ¿Qué pasa? ¿No te gusta? – preguntó con genuina preocupación. Habría jurado que esto le estaba gustando… , pensó.
- No es eso – se apresuró a despejar sus dudas Iruka. El jounin suspiró aliviado – Es que… era demasiado. Iba a… - comenzó a explicar, y luego se sonrojó, esquivando la mirada del otro hombre.

Kakashi tardó unos segundos en comprender lo que Iruka decía, pero cuando lo hizo una sonrisa predatoria apareció en su rostro.

- Saa, entonces menos mal que me has detenido – dijo, y luego susurró en su oído – quiero estar dentro de ti cuando te corras…

Iruka hizo un ruidito apagado y su miembro pulsó visiblemente. El jounin se acercó lentamente al otro hombre para besarlo, dándole tiempo para apartarse por si al más joven le daba asco. Sin embargo, Iruka no rechazó su beso.

- ¿Crees que puedes aguantar sin venirte? Quiero terminar de prepararte – explicó el mayor cuando se separaron.
¬- Dame unos segundos – pidió Iruka. Su cuerpo aún se sentía demasiado sensible, demasiado febril. El jounin asintió.
- Por supuesto – dijo. Él mismo también estaba bastante cerca de su límite, cosa que encontraba bastante avergonzante, sobre todo considerando que su erección no había recibido ningún contacto directo aún. Aprovechó aquel tiempo para relajarse y recuperar el control, así como para quitarse el delantal que aún tenía puesto.

Tras un par de minutos, Iruka hizo un gesto.

- Vale. Ya.

El jounin lo besó suavemente en la nariz, justo sobre aquella adorable cicatriz. Luego se introdujo los dedos en la boca, los embadurnó en saliva y volvió a poner su índice dentro de Iruka.

La abertura estaba increíblemente relajada, flexible y dócil por lo que habían estado haciendo. Introdujo un segundo dedo con facilidad y comenzó a torcerlos, dilatando aún más la entrada de Iruka. Pronto la sensación dejó de ser suficiente para el chuunin, que empezó a moverse en un intento de introducirse más hondo aquellos dedos, así que Kakashi puso un tercer dedo dentro de él. Esta vez la sensación fue vagamente dolorosa para el chuunin, pero el dolor no tardó en convertirse en una simple molestia y de ahí en algo agradable. Cuando su amante dobló los dedos para tocar su próstata, Iruka se dio cuenta de que no podía esperar más.

- Ya estoy listo – informó – métemela ya…

A Kakashi le habría gustado atormentar un poco al chuunin haciéndole esperar, pero ya no podía aguantar más. Se escupió en la mano y lubricó su erección con la saliva. Luego, se situó frente a la encimera de la cocina. El sensei abrió las piernas y las entrelazó alrededor de la espalda del otro.

- Voy a entrar, ¿de acuerdo? – dijo, situando la cabeza de su miembro contra la entrada de su amado. Iruka asintió con la cabeza, y el jounin comenzó a empujar hacia delante – Uh… Ah…

El del cabello plateado continuó empujando hasta que estuvo totalmente dentro del chuunin. Se detuvo, dando tiempo al moreno a ajustarse a la invasión.

Dios, la sensación increíble. No importaba cuantas veces penetrara a Iruka, los primeros momentos siempre lo dejaban sin respiración, totalmente extasiado. A lo meramente físico se unía lo emocional, el saber que Iruka lo quería y cuanto significaba para él aquel acto, así como la anticipación por ver al chuunin perdiendo el control.

Kakashi sabía que no importaba cuantos años más pasaran juntos, nunca iba a cansarse de aquello.

Iruka comenzó a agitarse bajo él.

- Uh… muévete, por favor – dijo, y pese al “por favor” sonó como una orden.
- Sí, sensei – se burló el del cabello plateado.

El chuunin iba a regañar a Kakashi, pero el mayor escogió ese momento para comenzar de salir de él hasta que sólo la cabeza de su miembro estuvo dentro y la sensación lo distrajo. Espero a que el hombre volviera entrar, pero en lugar de eso el más alto mantuvo la misma postura. La tensión y el deseo hicieron temblar al moreno.

- Veng… ¡ah! – Iruka arqueó la espalda cuando el jounin entró con fuerza - ¡Ah! – otra vez, cuando salió - ¡AH!

Kakashi continuó entrando y saliendo del cuerpo de su amado con rapidez. Se deleitó en los gemidos de placer que el chuunin soltaba con cada embestida. Sus manos se entrelazaron en el oscuro cabello de Iruka, sus labios se encontraron en un apasionado beso. Cambió ligeramente el ángulo de la embestida y el chuunin gritó de placer cuando esto hizo que su próstata fuera golpeada de lleno. El mayor continuó embistiendo en aquel mismo ángulo.

Manos trazando caminos sobre un cuerpo conocido. Lenguas luchando por dominar a la otra. Promesas obscenas susurradas contra piel morena.

Pronto, la necesidad de alcanzar el orgasmo cuanto antes fue demasiado para Iruka.

- Kakashi… Kakashi… por favor… - suplicó si ni tan siquiera saberlo, perdido en el remolino de placer que lo tenía atrapado. Sus caderas se movían inconscientemente en un intento por acelerar el ritmo.
¬- Sí – susurró el del cabello plateado, voz grave y ronca – tócate, Iruka. Déjame ver como te tocas…

El chuunin se sonrojó y cerró los ojos con fuerza. Envolvió su miembro con una mano y comenzó a acariciarlo, más y más rápido. Sobre él, el otro hombre lo contempló con los ojos entornados y la lujuria pintada en la cara.

Tan, tan sexy. Dios, Iruka, te deseo, te deseo tanto… pensó Kakashi. Y te tengo. Eres mío, mi amante, mi amado, ah…

- Tuyo – contestó el chuunin con voz jadeante, y el mayor se dio cuenta de que había estado hablando en voz alta – todo tuyo…

Oír estas palabras lo excitó al tiempo que le provocó una oleada de ternura. El jounin acarició la mejilla de Iruka, y ambos hombres se miraron a los ojos hasta que el placer comenzó a hacer difícil mantener la mirada fija.

La mano en torno al miembro del chuunin comenzó a moverse de manera arrítmica conforme su dueño empezó a perder el control. El moreno comenzó a arquear la espalda, a temblar de placer.

- Kakashi… yo… voy a… voy a… – la mano del mayor se unió a la suya en su miembro.
- Sí. Córrete.

El cuerpo de Iruka se tensó. Un gritó de placer fue arrancado de su garganta cuando un intenso orgasmo lo golpeó, haciéndole ver las estrellas.

Frente a él, Kakashi se encontraba al borde del clímax. Ver al chuunin sacudiéndose en su placer, unido a la contracción de los músculos en torno suyo, lo llevó el límite. Oleadas de placer lo recorrieron de la cabeza a los pies, y con un ronco gemido dejó su cabeza caer sobre el pecho del más joven.

Iruka estaba aún jadeando, tratando de recuperar el aliento, cuando el otro lo llamó:

- Hey Iruka…
- ¿Mm?
- ¿Significa esto que me perdonas por quemar las tortitas?
FIN

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