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Suspiro

Autor: Lince

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Eras una completa extraña, sé que yo también lo fui para ti.

Nos conocimos de esa forma tan curiosa y pasó tanto luego de eso, ¿te acuerdas?

A veces me gusta hacer memoria, cuando siento que olvidé porqué deseé estar siempre a tu lado.

A pesar de todo, A pesar de todos.

Quise estar contigo hasta mi último suspiro…

 

Suspiro

por: berelince

 

“Ahí estaba yo de nuevo, sentada en uno de esos bancos circulares incómodos que se encontraban cerca de la barra. No tengo idea de qué rayos era lo que le había respondido al cantinero cuando me preguntó lo que quería de beber, solo señalé algo al azar en la tarjeta donde se leían impresos los cocteles del lugar y fijé mi vista hacia el escenario. Compulsivamente lo hacía cada 30 segundos. El joven que me atendía solo giró los ojos cuando se volvió y sacó algunas botellas y un vaso de vidrio en el que mezcló cantidades de alcohol, granadina y naranja con la presunción que caracteriza a los bartender. Para antes de darme cuenta, ya tenía un perfecto Tequila Sunrise de a litro justo frente a la nariz. Dibujé una sonrisa tonta y vacilante al tiempo que extendía un billete salido de mi cartera. No se suponía que entraría a tomar a ese sitio, pero como siempre, las cosas no me salían como las planeaba.

 

Está bien, sé que no es correcto andar metida en uno de los tugurios del Barrio Antiguo cuando tienes 16, pero la verdad, me importa un comino ahora que le veo ahí con su banda, esperando subir a la tarima destinada para los espectáculos de media noche.

Mi amigo Javo me había llevado a una tocada de esas que se hacen en los bares pequeños donde no se cobra el cover, ahí fue donde oí cantar a Dan por primera vez de esa forma que me erizó la piel y que me hizo mirarle todo el acto de manera hipnotizada, meciendo su larga cabellera castaña con el vaivén de esas notas relajadas que desprendía de su guitarra eléctrica y la luz iluminaba su figura de esa forma tan perfecta; ahí fue donde me volví su fan y donde me propuse darle caza hasta saber más aparte de su nombre. ¿obsesivo?, tal vez, pero aún así no tenía mucho a pesar de llevar 3 fines de semana haciendo lo mismo. Ser menor te limita mucho la entrada a ciertos lugares, no tener auto te obliga a retirarte siempre antes de las 12 o traer bastante dinero contigo para tomar un taxi, y además estaba el pequeño detalle de que Dan siempre tiene gente revoloteando a su alrededor como si fuera estrella de rock que llena estadios y no pequeños antros del centro.

Aún así no puedo culparlos, Dan es todo un talento, tiene una gran presencia, un atractivo impresionante y una excelente voz. Ella es una chica increíble...”

  1

La mejor fan

 

Daniela Garza era lo que podía considerarse una estudiante típica que cursaba el octavo semestre de arquitectura en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Iba de aquí para allá saltando de clase en clase cargada de libros, portapliegos, una maleta con algún plano a revisar y hecha todo un caos mental, ya que esperaba obtener el promedio general que la librara de hacer tesis y esa maldita parecía más cercana con cada día que transcurría en el que el profesor de sistemas estructurales le insinuaba que podía irse a segundas si excedía el límite de retardos en su clase; cosa que arruinaría sus planes, la histerizaba y hacía que anduviera por ahí matándose por llegar a tiempo pese a dormir poco y trabajar de una manera poco saludable.

Cualquier arquitecto que se hubiera topado por los pasillos con esa chica alta y delgaducha de anteojos de montura cuadrada podía jurar sin temor a equivocarse que Daniela jamás había hecho otra cosa que estudiar y habría mirado como un completo lunático a cualquiera que jurase haberla visto como la vocalista y guitarra de una banda de rock en el Barrio Antiguo. Era simplemente algo que no cuadraba con ella, esa chica seria y responsable que se la pasaba tomando notas en clase y que presentaba los proyectos más perfectos, ¡Que tontería!

     Claro que si los profesores se dedicaran a observar lo que sus alumnos escriben en sus cuadernos cada vez que ellos piensan que les prestan atención, se darían cuenta que no son el ombligo del universo. En el caso de Daniela, ella sí era la vocalista y guitarra de una banda de rock que se presentaba todos los fines de semana en ciertos bares del Barrio y lo que incansablemente escribía en su libreta eran movimientos de guitarra, versos de alguna canción o acompañamientos nuevos que solía practicar con los muchachos del grupo después de clases, cosa que hacía desde los 14 años sin que nadie tuviera la menor sospecha de ello. Así era como Daniela se manejaba, mientras menos se supiera de ella, mejor.

     Y fue por eso que casi desnucó con su portapliegos a un tipo alto de cabeza rasurada cuando en la puerta del salón este la saludó con un ánimo bastante exagerado justo cuando iba a pronunciar que acababa de ver el flyer sobre la tocada que darían ese sábado en “El Clandestino”

     –No seas tarado, Carlos. –le murmuró Dan inspeccionando su portapliegos, asegurándose que no tuviera ninguna abolladura. –sabes que no me gusta hablar de estas cosas en la facultad.

El chico se frotaba la cabeza y miraba su mano instintivamente cerciorándose que no hubiera rastro alguno de sangre en ella.

 

     –No entiendo por qué, la neta me parece muy chida tu banda y eso de que tu andes en esos rollos. –comentó el chico, acompañando a Daniela al interior del aula. –como que te quita esa imagen de nerd que te cargas...

La castaña le dirigió una mirada glacial antes de elegir un lugar al fondo de la fila.

 

   –Da igual. –soltó ella sacando su cuaderno y comenzando ya a garabatear en él.

 

Carlos puso esa cara de frustración que ponía cada que hablaba con Daniela sobre el tema.

 

     –¿Por qué no entras nunca a un festival? ¡Hubieran ganado hace mucho, son muy buenos!

 

Dan siguió sin prestarle mucha atención a su amigo.

 

     –No me interesan los tontos festivales de la escuela.

 

     –Pues aún así, Dan, te ayudarían a que más raza sepa del grupo, tener apoyo para grabar un disco, ¿no es lo que quieren?

 

     –Sí... –gruñó la chica con fastidio.

 

El chico se sentó una silla delante y apoyó los brazos en el respaldo, insistiendo con su idea.

 

     –Deberías usar esa rola que ensayaste en casa de Rulo... –le dijo mostrando una amplia sonrisa. –¡Está con madre, deberías cantarla en público! ¡Neta!

 

Daniela apretó muy fuerte su lápiz y la punta se partió sobre la hoja de libreta. Miró fijamente a Carlos que pareció sorprenderse ante esa reacción.

 

     –No creo que esté lista para eso. –susurró ella comenzando a rebuscar en su mochila. –Todavía falta afinar un par de cosas. –extrajo un cutter y ajustó la navaja mientras hablaba con lo que ella creía era una total indiferencia. –no he terminado los planos de la casa de campo y me putea tener que estar metiendo esas idioteces del feng shui, me atrasan mucho. –Intentó ignorar la cara de perrito sin dueño que Carlos le dirigía y giró los ojos. –Si ensayáramos hoy podría estar lista; pero tendría que desvelarme para terminar el proyecto porque mis padres me arrastran el domingo a otro de sus eventos sociales en los que muero de aburrimiento. Así que no sé... –La castaña frunció el entrecejo y se dedicó a afilar la punta que recién había trozado con los ojos fijos en la madera. Se mordió el labio y Carlos suspiró, ese era el fin de una de las tantas conversaciones cortas que se podían tener con alguien como Dan. El chico se dio por bien servido cuando vio entrar a los arquitectos al aula y eso dio por iniciada la primera clase del día.

     Daniela, por su parte, durante las tres horas siguientes no dejó de darle vueltas al asunto que Carlos había tocado. Se sentía furiosa consigo misma por ponerse así con la simple mención de una triste canción; y es cierto, recién la había compuesto hacía unas semanas y el arreglo no había tomado mucho tiempo a pesar de haber logrado una canción como pocas se habían escuchado en la banda por años. Iniciaba algo baja, cosa inusual en ella, pero no se le dificultaba cantar y podía hacer el sacrificio solo por alcanzar esos tonos altos y largos que tanto la hacían lucir en los coros; a pesar de todo, esa canción, la rola nueva, le seguía produciendo problemas y eso la frikeaba. La intérprete del grupo no puede permitir que se le quiebre la voz a media rola, ¡no puede mostrar que le mueve cosas!, al menos en alguien como ella. Por momentos no dejaba de maldecir esa canción aunque en otros se muriera por cantarla como había sido compuesta y recordar porqué lo había hecho. Definitivamente necesitaba hacerlo...

 

***

 

     –Dan, Dan, esta es la parte que te decía, ven, güey; ¡pero muévele!

 

Daniela dejó de arpegear en su guitarra y la dejó colgando libremente por su torso al alejarse de su amplificador e inclinarse detrás de un chico de coleta rubia y lentes oscuros que sostenía un I-pod en sus manos y le ofrecía compartir uno de los audífonos.

 

     –Veamos... –Daniela cerró los ojos y escuchó un fragmento que sonaba especialmente retro en esa canción de coldplay que de manera relajada conjuntaba magistralmente los sonidos de los cuatro instrumentos que usaban en el grupo en un coro por demás hipnótico. La joven sonreía más ampliamente con cada nota que escuchaba –Me agrada, regrésale tantito, Rulo; quiero escuchar la parte media.

 

     –Vale, Dan. –soltó el chico mascando con más energía su chicle al esbozar una sonrisa de complicidad al ponerle ambos audífonos a la castaña en los oídos y activar la instrucción de reproducción. –Tu has tu magia.

 

Daniela se acomodó la guitarra sobre el muslo y comenzó a mover los largos dedos blancos, siguiendo la pista que escuchaba casi al mismo tiempo que esta se registraba en su cerebro. Se aclaró la garganta y lo mismo sucedió con la letra.

 

     –Todavía no sé como es que lo hace. –comentó un muchacho moreno de cabello sumamente corto y brazos fuertes que se encontraba tras una batería, mientras que una chica pálida con piercings en ceja y orejas se encogía de hombros sonriendo ante su teclado.

 

     –Esta cabrona tiene el mejor oído musical que he visto en mi vida. –contesto la muchacha, pasándose los dedos por el cabello negro que le caía laciamente hasta el mentón. –Es natural. No tengo idea de que es lo que hace tocando todavía en una cochera.

 

     –Les doy chanza de que mejoren, losers; pero así los quiero. –soltó Daniela sonriendo, poniéndose de pie y caminando hacia el cofre de su auto donde garabateó un par de cosas en ese cuaderno que cargaba para todas partes. –Mira, Ludi, gracias al Rulo y su rolita de coldplay ya se me ocurrió como salir de esta parte en la que tu y yo nos atorábamos. –Le mostró una partitura hecha a mano y llena de anotaciones a la chica del teclado que la miró detenidamente mientras asentía y acomodaba los dedos en las respectivas teclas memorizando los acordes nuevos.

 

     –Me parece que suena mucho mejor. –pronunció Ludi al terminar de tocar el arreglo. –va a ser una salida muy chida de tu solo.

 

     –Eso pensé. –sonrió Daniela, colocándose las manos en la cintura. –Mario, encárgate de acompañar a Ludi, quiero que se acentúe esta parte nueva.

 

     –Ya estás. –asintió el de la batería maniobrando con las baquetas.

 

     –¿Segura que quieres que sea este sábado? –preguntó el de lentes a una castaña pensativa que ajustaba el volumen de su instrumento.

 

     –Sí... me vale madre. –respondió enfurruñada. –necesitamos sacar rolas nuevas de todas formas.

 

     –Pues si... pero... pensé que tu...

 

     –Pues pensaste mal. –lo cortó la castaña mirándolo con fijeza.

 

El chico arqueó las cejas mientras levantaba un bajo, cuya correa pasó por sobre su hombro.

 

     –Como digas...

 

Daniela era perfeccionista, todos lo sabían, y sabían muy bien que ninguna canción se estrenaba en público si no habían sido pulidos todos los detalles imaginables; como con una maqueta. Dan les recordaba muy seguido a sus camaradas que los profesores solían poner de cabeza los modelos a escala para cerciorarse de su buena construcción y aunque también lo hacían muchas veces nada más por mamones, Dan nunca echaba las cosas en saco roto y llevaba esa meticulosidad suya a todo lo que hacía, incluso en el repertorio que debía de tener la banda, cosa que le provocaba muchos disgustos con Raúl la mayor parte del tiempo. Cuando dieron las ocho de la noche, el grupo dio por terminado el ensayo de una manera bastante satisfecha. Todo mundo recogió sus cosas y amplificadores e instrumentos fueron repartidos con sumo cuidado entre el peugeot de Mario y la tracker de Daniela para tenerlos listos e instalarlos en el bar donde tocarían la noche siguiente.

 

     –Mario, te encargo que te lleves a Ludi a su casa, ¿ah? –le susurró Daniela al fortachón cuando lo besó en la mejilla para despedirse. –Sabes que yo lo haría, pero hoy debo terminar unos planos.

 

El chico hizo una mueca de dolor y le devolvió el beso a su amiga.

 

     –Auch... ¿Dos pisos?

 

La castaña asintió.

 

     –¿Con feng shui?

 

Ahora era Daniela la que le copiaba a Carlos la cara de perrito abandonado.

 

     –Mucha suerte, Dan. Tratas de dormir un poco.

 

     –Nos vemos mañana en la noche, chica. –se despidió Ludi. –no te mates mucho.

 

     –Mañana es tu noche. –pronunció Raúl guardándose las manos en los bolsillos. –Recuerda que siempre puedes dormir en las fiestas de estirados.

 

     –¡O en la iglesia! –apuntó Mario asomando la cabeza desde su auto.

 

     –¡Váyanse ya, tontos! –soltó Dan sonriendo, cruzándose de brazos viendo como Mario encendía el motor y se alejaba poco a poco de aquel sector privado de Colinas de San Jerónimo.

 

Daniela suspiró al entrar a su casa, sola como de costumbre. Se dirigió a la cocina para llevarse en un plato las rebanadas de pizza que Mario no había alcanzado a devorar esa tarde, sacó una lata de refresco de cola del refrigerador y se fue escaleras arriba rumbo al estudio que tenía atiborrado de papeles; lectura de todo tipo repartida en dos libreros (desde diseño estructural y dibujo proyectual hasta revistas de arquitectura nacionales y de otros países). Había soportes; materiales reciclados de prototipos pasados; gente, autos, muebles y árboles de tamaño muy reducido colocados en gavetas perfectamente etiquetadas. El espacio de un diseñador de espacios. Maquetas viejas y planos revisados la observaban orgullosos desde una repisa cual si de trofeos se trataran. Residencias, edificios, centros comerciales; cada proyecto mejor detallado que el anterior en los cuales Daniela había inyectado trabajo y alma con una obsesividad poco común que sus profesores adoraban. La chica se descalzó y echó un vistazo al plano extendido y a medio hacer que tenía puesto sobre el restirador que ocupaba el centro del cuarto. Cualquiera que lo viese pensaría que se trataba de un proyecto verdadero.

 

     –No vamos a dormir hoy, Dan. –se dijo la castaña al momento que abría su lata y daba un trago largo como para darse valor. Se sentó frente a la mesa, se puso los anteojos que enmarcaron esa mirada penetrante de color gris y sujetó con firmeza el portaminas dispuesta a comenzar.

 

Por horas, la muchacha trabajó y pulió cada espacio del proyecto que debía presentar el lunes por la mañana. Era una casa de veraneo grande, de dos plantas y había que detallar cada sección desde diferentes ángulos y encima añadir algún toque de diseño original, el plus que siempre garantizaba la mejor nota. La chica se concentró y se ausentó del paso del tiempo, olvidó si tenía hambre o sueño, encendió el televisor que estaba empotrado en una esquina para escuchar ruido y sentirse acompañada. Sus padres llegaron a la casa como a la 1:30 a.m., pero Daniela se limitó a seguir con lo suyo, ya suficiente tenía con tener que acompañarlos a esa reunión que la obligaba a desvelarse, por lo menos que se sintieran culpables.

Como a las 4 de la mañana se vio consultando de nuevo en los libros de feng shui para ver si la idea que tenía para el diseño del jardín no se arruinaba por la condenada intervención de esas reglas chinas desquiciantes y ya para las 7, Daniela apoyaba su satisfecho y cansado cuerpo sobre el ultimo plano del cual acababa de trazar la ultima línea, mientras sonreía liberada y era llevada a su habitación casi a rastras por su madre, quien la metió en la cama y la arropó murmurando cosas como que tenía una hija loca justo cuando el reloj despertador indicaba que eran las 7:25.

Si Daniela tenía su primer clase de los sábados a las 11:00 a.m., bien contaba con 2 fantásticas horas para descansar lo que pudiera. Asistir, desocuparse a las 3:00 p.m., comer algo, correr a su clase intensiva de francés de cuatro horas, conducir a casa de Ludi e intentar dormir un poco más antes de lanzarse con su compañera al Barrio Antiguo, estarse instalando a las 9:00 en El Clandestino para comenzar a tocar a las 10:00, y terminar a mas tardar a las 11:00 si todo iba bien y eran el primer grupo en presentarse, si no, su día podía alargarse hasta la una de la mañana siendo optimista; sin embargo, lo único que pensaba Daniela en esos instantes que dormía plácidamente era en lo suave y cómoda que le parecía su cama y lo perfecta que había quedado su casa de campo.

 

***

 

     –Lauraaaaaaaaaa, ¡Laura! ¡Te buscan!

 

La nombrada chica se envolvió con más fuerza entre las cobijas, hasta que sintió una sacudida.

 

     –¿Qué no oyes, huerca que te hablo? Javier está afuera preguntando por ti.

 

Laura sacó la cabeza despeinada enfocando lo que parecía ser la figura de su hermana mayor que le dirigía esa mirada hosca que solía reservar para ella y el pobre de su novio.

 

     –uh... aaaah... ok... ya voy, ya voy –balbuceó Laura aún adormilada. –dile que pase a la sala, please.

 

     –vale, pero ¡apúrate, y arréglate que estás hecha un desastre!

 

La muchacha malhumorada desapareció de la habitación murmurando cosas y la menor se sentó en la cama bostezando y estirando los brazos, al tiempo que miraba de reojo su reloj despertador.

 

     –Pinche, Javo, son las ocho de la mañana, más le vale que esto sea bueno.

 

Laura saltó de la cama y se miró al espejo. Una chica delgada y adormilada la miraba con fijeza, inspeccionando con los ojos almendrados ese cabello corto que solía alborotarse para su disgusto personal. Se pasó el cepillo rápidamente y lo acomodó como pudo, mientras recogía del piso unos jeans que se puso encima de los boxers negros que llevaba; se quedó con la camiseta sin mangas que había usado para dormir y corrió al baño para cepillarse los dientes.

     Para cuando salió a la estancia muy campante a saludar a su larguirucho amigo de cabello alborotado y barba descuidada, este ya se había comido dos donas y visto tres videos musicales. La chica se aclaró la garganta y se sentó en un sillón al tiempo que abrazaba uno de los almohadones que colocó sobre sus piernas.

 

     –Así que... ¿qué amerita que estemos hablando a las 8 de la madrugada?

 

El muchacho sonreía mientras buscaba algo en el bolsillo izquierdo de sus jeans y sacaba un cuadrito de papel, el cual le extendió como si se tratará de una ofrenda.

 

     –Esto.

 

Laura estiró una mano y tomó la hoja algo desconfiada, desdoblándola lentamente sin quitar la vista de la cara risueña que su amigo le dedicaba. La chica miró el flyer media carta completamente extendido y se mordió la uña del pulgar al tiempo que sonreía como si acabara de leer que se había sacado la lotería.

 

     –Tocada hoy en la noche. –leyó al tiempo que se arrebujaba más en su sillón y cruzaba las piernas de una manera disimuladamente emocionada, releyendo la información unas tres veces antes de acordarse que no se encontraba sola, por lo que levantó la mirada del papel y arqueó las cejas intentando poner una cara impasible –¿de dónde lo sacaste?

 

     –Me lo dio un amigo mío que está en FIME[1] –respondió el muchacho encogiéndose de hombros. –Parece que ahí estudia el baterista de la banda y andaba haciendo promoción; imaginé que te interesaría.

 

Laura lo miró fijamente y abrió la boca como si hubiera querido decir algo ofensivo; pero en lugar de eso solo pudo morderse el labio y desviar la mirada de nuevo al mini poster mientras su amigo se apiadaba de ella y se dedicaba a cambiar los canales de la televisión a manera de zanjar de tema.

 

     –Javo, esto va a ser en El Clandestino. –pronunció la chica después de un rato de forma algo preocupada. –¿No se ponen roñosos ahí por la ID?

 

     –¡Aaah! No te preocupes, no hay problema. –soltó el muchacho sin dejar de cambiar canales. –solo llévate lana extra, o mejor aún...  –sonrió al tiempo que sacaba su billetera y extraía una lámina de plástico que le extendió a la muchacha que la miró estupefacta. –...puedes usar esta pequeñita...

 

     –¡No manches! –Laura miró ese pedazo de plástico desde todos los ángulos posibles y leyó los datos que correspondían en efecto a los suyos con excepción de la edad. –¿Javo, esto es una ID falsa?, ¿de dónde rayos la sacaste?

 

El chico se encogió de hombros.

 

     –Un camarada impresor me hizo el favor, en realidad lo único que hice fue reproducir la mía con el illustrator. Me tomó algo de tiempo, pero valió mucho la pena. ¿Ya viste la tranza que hicimos con la cinta magnética?, si se ve casi como una verdadera, hasta le pusimos las onditas amarillas feas y deformamos la foto como las que te toman ahí todas mal ¿a poco no soy un genio? pensé que podría ayudarte... –Miró la cara de incredulidad de su amiga y se rascó la cabeza. –ooots, Laura, no sé tu, pero yo no fui el que se puso como loco por haberse perdido ya 4 tocadas por no tener los dieciocho.

 

La muchacha se estremeció al recordar la impotencia que había sentido con esos conciertos. Todos en bares donde no la dejaron pasar de la entrada; aún la enojaba pensar en lo humillante que fue. Miró la credencial y se mordió el labio.

 

     –Muchas gracias, Javo. Te pasaste, la verdad.

 

     –Tus principios son tan firmes como plastilina, Laura. –susurró el larguirucho, revolviéndole la cabellera. –¿está bien hacer estas cosas por una chava que ni te fuma?

 

Laura le regresó a Javier una mirada peligrosa.

 

     –Eso no creo que te interese mucho. –gruñó la muchacha. Sentándose de nuevo en el sillón mientras recorría fijamente con la mirada todos los detalles de esa identificación que su amigo se había tomado la molestia de reproducir casi a la perfección como el diseñador traumado que era. –Ah, tenías que usar esta foto, Javier... –Laura hizo una mueca al ver la foto que recordaba de cuando había ayudado a su amigo en su tarea de fotografía digital. Gracias a photoshop había quedado como un ser glorioso e inexistente que fue acomodado en un paisaje épico que ella simplemente adoró y estuvo por enmarcar varias veces cada que su vanidad le decía que era lo correcto. Laura suspiró y meneó la cabeza. Era una lástima que Javo hubiera usado el “antes”, donde se veía completamente ordinaria en ese cuadro en donde salía con expresión aburrida y aletargada; bueno, al menos no parecía exconvicta como en otras menos profesionales donde su cabello oscuro le caía sobre la cara morena dándole ese aspecto malhumorado y temible característico suyo. Eso pensaba cuando su amigo la sacó de su ensimismamiento.

 

     –Todavía le faltan los últimos detalles. –apuntó él al tiempo que sacaba un aparato de su mochila y lo enchufaba a la corriente eléctrica.

 

     –Javo, ¿eso es una maldita enmicadora?

 

     –Sip. –el joven sacó un paquete de placas de plástico y sonrió nerviosamente ante la mirada que le dirigía Laura en ese momento. –Aaaah, bueno, obviamente no es mía, pero; vamos, ¿Quieres ver a la mentada Dan si o no?

 

     –Pues si, pero me estás frikeando,... ¿también falsificas licencias? Mira que he tenido ganas de conducir el auto varias veces.

 

     – Laura, no seas ridícula. Si pudiera hacer eso, no andaría en camión como un pobre estudiambre; solo traigo lo que necesitas para ver a tu rockerilla.

 

     –No es mía. –Laura bajó la mirada y frunció el entrecejo. –solo me gustaría poder hablarle de alguna forma... saber más que el hecho de que le dicen Dan. ¿Nunca te ha picado la curiosidad?

 

     –Pueeeees… la verdad, no. Prefiero conocer gente de la manera normal.

 

     –Conocer gente en foros de videojuegos no creo que sea algo más normal, Javier.

 

     –Pero las chicas gamers son taaaaan tímidas. –se sonrió al esquivar un golpe que Laura le dirigió al hombro sin mucho éxito. Se sentó en el apoya brazos del sofá mientras se sujetaba la barbilla. –Aunque, veamos, casi toda la banda es de la Uni, pero en Ciudad Universitaria no la he podido localizar y nunca la he visto en Mederos, no me he dado la vuelta por el área médica, pero lo veo muy cabrón. No tengo idea de por quién chingados tengo que preguntar, no sé su nombre, que rayos hace, ni siquiera hay un mail o algo en donde se le pueda contactar... –Javier arqueó las cejas y adoptó una pose pensativa. –es como si solo existiera cuando sube a los escenarios.

 

     –Es tan genial... –susurró Laura mirando de repente con ensoñación un raspón en la mesa. –sería fantástico poder conocerla...

 

     –A lo mejor es una ilusión óptica o un holograma como en aquella película de la tipa que era un programa de computadora y ganaba millones de dólares.

 

     –Javo, ves demasiadas películas raras.

 

     –Vamos, Laura, ni siquiera sabes si a la tía le gustan las mujeres. –Le acercó una pluma y le dio un codazo para que le pusiera atención. –Ten, pon tu firma por ahí y píntate el índice para que pongas tu huella en ese espacio.

 

     –Eres un tarado. –gruñó Laura garabateando una firma y comenzando a rayarse un dedo. –ya sé que puede que no me pele jamás, pero aún así quiero conocerla.

 

     –¿No sería más fácil alguien de la prepa? Digo, la Dan esa se ve como de veinte y bueno tu...

Laura le dedicó a su amigo esa mirada asesina que de vez en cuando lograba imitar de su hermana.

 

     –Uh... ok, bueno, ya me callo.

 

Javier agarró la credencial de Laura, ya lista y la colocó entre dos placas antes de ponerla dentro de la enmicadora. Se cruzó de brazos y se recargó en una pared frunciendo el entrecejo mientras la máquina trabajaba.

 

     –¿Y si no resulta ser lo que esperas?

 

La muchacha suspiró.

 

     –Al menos podré sentirme lo bastante tonta como para reírme de mi misma por ingenua; además...

 

Laura se detuvo antes de terminar la idea que le cruzaba por la mente en ese instante y miró hacia la nada de manera absorta. Justo en ese momento caía sobre la mesa la tarjeta que la acreditaba falsamente como una ciudadana más del estado de Nuevo León.

 

***

 

     –Bonjour, petite. êtes-vous prêt pour le concert? il y avait beaucoup trafic dans l'Avenue Université.

      (Hola pequeña. ¿Lista para el concierto? Había mucho tráfico en Avenida Universidad.)

 

Dan le dio un beso en la mejilla a su amiga Ludi y ahogó un quejido en lo que esta la sujetaba de los pómulos y le restregaba los dedos sobre las ojeras.

 

     –Te ves fatal.

 

     –¡Que perra eres! –gimoteó la castaña doliéndose del trato. –de por si me estoy quedando sin cara.

 

Ludi miró la cara escuálida de la guitarrista y arqueó las cejas.

 

     –¿Ya comiste algo?

 

Dan titubeó un poco ante la expresión de su amiga y se guardó las manos en los bolsillos.

 

     –Pues… si… algo.

 

La tecladista gruñó y jaló de la mano a su amiga hasta que la sentó frente a la mesa de madera para luego perderse un rato en la ordenada cocina. Dan parpadeó un poco desconcertada, pero antes de comprender lo que pasaba, Ludi ya le había servido un plato con un filete enorme, patatas y ensalada.

 

     –La sopa instantánea no es comida de verdad, ya te lo he dicho.

 

Dan se sonrojó ligeramente y sujetó los cubiertos, comenzando a partir ese trozo de rib-eye. En lo que Ludi le llenaba un vaso de vidrio con lo que parecía ser agua de limón.

 

     –Ya sé que las odias, Ludi; pero esque me quedé dormida en la mañana y solo tuve receso de 10 minutos en el francés.

 

     –Eso no es excusa. ¿Al menos terminaste los planos?

 

Dan se metió un enorme pedazo a la boca y asintió varias veces mientras masticaba. El semblante de Ludi volvía a parecer amable en lo que veía comer a la castaña.

 

     –Menos mal. –suspiró. –No me gustaría saber que tu… ¡Ah!, ¡Las tortillas!

 

Ludi saltó y se metió a la cocina nuevamente en lo que Dan se estiraba y agarraba la salsera.

 

     –Has estado haciendo muchas cosas últimamente. –comenzó Ludi colocando un plato con tortillas calientes frente a la castaña quién de inmediato tomó una y la partió llevándosela a la boca. –Entiendo tus razones, pero creo que has estado exagerando estos meses.

 

     –¿Tu crees? –inquirió la chica sin soltar los cubiertos. –Bueno, si, sé que he estado algo ocupada, pero terminará en cuanto se acabe este semestre.

 

     –A mi me parece que se pondrá peor, ya sé como te histerizas.

 

     –¡No me histerizo!

 

     –Sí lo haces, ¿No recuerdas esa vez que te saliste en pijama a las 3 de la mañana y luego te peleaste con el tipo de office max?

 

Dan giró los ojos y frunció el ceño.

 

     –¡El imbécil estaba fingiendo que no le servía la engargoladora de metal!

 

     –Dan, era de madrugada.

 

     –Eso debió pensarlo antes de meterse a trabajar en un servicio de 24 horas. –respondió enfurruñada la castaña. Además, bien que se la pasó mirándome las tetas, el cabrón.

 

     –No se te puede ganar en nada, ¿verdad?. –sonrió Ludi en lo que Dan se hacía un taco y le devolvía la sonrisa. –De todas formas, –prosiguió seriamente. –creo que si deberías bajarle. Te vas a enfermar.

 

Dan suspiró y miró perdidamente lo que quedaba en su plato.

 

     –No puedo… sabes que lo prometí…

 

Ludi se mordió el labio.

 

     –Ay Dani…

 

Dan la miró, sonriéndole con tristeza y continuó su comida en silencio. 

 

Veinte minutos más tarde, tras haber terminado y limpiado todo. Dan yacía dormida agotadamente en la cama de Ludi, en lo que esta la arropaba y le quitaba los zapatos para acomodarla bien. Hacía tan solo unos instantes habían estado hablando del asunto, sentadas en el colchón hasta que la cabeza de la castaña cayó sobre la almohada y ya no se movió.

La chica de cabello corto se apartó el fleco de la cara y suspiró, mirando a su compañera y luego a una foto grupal enmarcada que tenía sobre su escritorio.

 

      Ocuparte hasta desfallecer no es la mejor manera de sobrellevarlo, Dan.

      Ojalá encontraras la forma de dejarlo atrás.

 

Ludi corrió las persianas y salió de la habitación, cerrando la puerta tras ella.

    

 

***

 

     –¡Ah! ¡No puedo creer que me quedara dormida!

 

A las 9:45 p.m. Laura salía de la estación Padre Mier del metro subterráneo sintiéndose bastante retrasada. Había estado viendo la tele toda la tarde en un maratón de esposas desesperadas cundo lo cómodo del sillón en el que se encontraba recostada, sumado a la hamburguesa y la papa asada gigante que había comprado con Javo para comer había hecho mella en su sistema, noqueándola a la mitad de esa repetición de la segunda temporada. Mentalmente rogaba porque Dan no fuera la primera en presentarse esa noche mientras subía las escaleras a todo correr antes de darle la cara a la fuente de Neptuno en la macroplaza. Resopló un poco en un intento por recuperar el aliento y miró hacia todas partes con el fin de ubicarse mejor. No tardó en ver el puente que su amigo Javo le había dicho que tendría que cruzar para dar justamente a la calle en la que el Clandestino se encontraba. Sonrió ligeramente y volvió a correr, bajando ese camino empedrado, guiándose por las señales y los letreros que pasaba de manera acelerada. Se detuvo a las dos calles y sacó el flyer del bolsillo de su chamarra cuando se sintió un poco perdida, levantó la mirada para leer la nomenclatura y frunció el entrecejo al ver que se movía en la dirección correcta. Se rascó la cabeza y pensó en sacar su celular para llamar a Javo, aunque lo interrumpiera de esa cosa congreso de diseñadores gráficos que había evitado que le hiciera compañía. Si tan solo el chistecito no le hubiera salido a su amigo en casi mil pesos, lo hubiera convencido, ¡maldita suite creativa! Estaba marcando el número cuando al ver circular velozmente un autobús de la ruta 117 fue que se dio cuenta que el Clandestino lo tenía justo enfrente. Laura cortó la llamada, se dijo tonta a si misma un par de veces y respiró profundamente en un intento por calmarse, tanteando la ID que guardaba en el bolsillo de sus jeans mientras se acercaba a uno de los tipos de playera negra que custodiaban la entrada.

Aquella casona enorme y de arquitectura antigua que era el bar, había sido restaurada y acondicionada como la mayoría de los negocios de la zona, quienes habían sido los responsables de darle a lo colonial otro significado. La fachada de lo que alguna vez fuera la casa de una familia noble, con sus puertas altas de madera y sus ventanales enrejados, lucía pendones con publicidad, iluminados por el aura de farolillos que funcionaban con luz eléctrica. El letrero de neón y la música que se escuchaba del interior, invitaba a la gente curiosa a animarse a entrar y tomar algo a buen precio con la mínima condición de tener la mayoría de edad y pagar los 30 pesos del cover. Ahí fue que Laura tragó saliva y se pasó los dedos por el cabello corto, haciendo como que caminaba de manera confiada hacia el tipo que flanqueaba el lado izquierdo del portón.

 

     –Hola. –le dijo ella sonriendo tímidamente. –¿llevan mucho?

 

El tipo le devolvió la sonrisa y extendió la mano en clara señal de encontrarse exigiendo la credencial de elector y el dinero de la entrada. Laura sacó su billetera y mostró la ID que llevaba en el bolsillo al hombre que la tomó y miró un instante, comparando a la chica de la foto con la que tenía enfrente. La morena contuvo el aliento sintiendo que esos segundos eran la prueba de fuego y que los malditos duraban una eternidad, pero aún así mantuvo esa pose relajada que Javo le había recomendado. Se puso las manos en la cintura he hizo como si se encontrara escuchando la música de la banda que tocaba. El sujeto de negro le dio una última ojeada y le devolvió la tarjeta, cruzándose de brazos casi de inmediato.

     –No, es apenas el primer grupo, llegaron y se instalaron algo tarde. –giró los ojos y meneó la cabeza mientras resoplaba. –Siempre hacen ese tipo de cosas los novatos.

 

Laura se hizo de nuevo el cabello hacia atrás con los dedos y sonrió abusando de la suerte que parecía acompañarla esa noche.

 

     –Sí, que poco profesionales, ¿no? Deberían hacerle como en el Iguanas, que...

 

Pero Laura no pudo terminar de decir lo que quería. En ese preciso instante, una chica alta de larga cabellera castaña salía del interior del Clandestino sosteniendo un teléfono celular junto a su oído. Su brazo lleno de pulseras era tan claro como el resto de su piel, los jeans deslavados y rotos se ceñían a sus caderas de una forma casi perfecta, la blusa negra que lucía sobre el torso dejaba ver su ombligo, y el maquillaje que usaba solo hacía que esa mirada gris resultara todavía más interesante. Las botas que llevaba puestas acompasaron ruidosamente sus pisadas en lo que se dirigió a la esquina del lugar y siguió hablando, colocándose la mano libre en la cintura mientras lo hacía.

 

     –Ya corrí el orden, Mario. Tocamos a las 12:00... ajá... no, tu no te apures, vente despacio y aquí te esperamos, no hay bronca... No, en serio... es más importante saber que tu hermana está bien, no la dejes sola... Sí, que bueno, menos mal, ¿no?... No, no te preocupes, yo estoy bien, dormí en casa de Ludi, así que tengo energía para aguantar un poco más... ajá... Sí ya sé... mmm, si, quedó con madre, luego te la enseño... sí... Bueno, ya no te distraigo, dale saludos de mi parte y le dices que luego le autografío el yeso..., ya sé... sí... te esperamos, bye.

 

Dan terminó la llamada y se guardó el movil, dándose la vuelta y caminando de nuevo hacia el bar, donde Laura seguía ahí mirándola suspensa parada con el tipo de negro de la entrada. La castaña le hizo una seña con la cabeza al tipo fornido de la puerta y miró de reojo a la morena; durante un instante que Laura no pudo comprender muy bien Dan la miró de lleno y en su rostro se dibujó una expresión que recorrió la estupefacción, el desconcierto y la reminiscencia en un lapso que duró unos extraños 10 segundos en los que hasta los porteros se miraron confusamente. La guitarrista abrió la boca, como si hubiera querido preguntarle a la pequeña algo que considerara importante; sin embargo pareció pensárselo mejor y suspiró. Después de todo quizás resultaría todo cosa de su mente adormilada y dispersa. Dan se irguió firme y suficiente. Dos mechones largos le cayeron sobre la cara en lo que ella arqueó una ceja y movió la cabeza en dirección hacia el barullo que se escuchaba del interior.

 

     –¿No vas a entrar? Apenas está empezando el ambiente.

 

Laura se quedó de piedra y se creyó en un sueño demasiado bueno. Dan le estaba dirigiendo la palabra ¡y encima le dedicaba una media sonrisa que resultaba bastante sexy! ¡Y esa mirada! La chica asintió torpemente un par de veces y la acompañó al interior del Clandestino antes de que Dan se girara repentinamente hacia los chicos de la puerta.

 

     –Muchachos, les encargo que si viene Mario le echen una mano, ¿no? –se sacó un billete del bolsillo trasero y se lo extendió al tipo que se veía más fuerte. –por lo que se ofrezca.

 

El nombrado se pasó la mano por la nuca y sonrió apenadamente mientras su compañero se hacía el que no había visto nada en lo que una pareja llegaba. Dan se guardó los pulgares en los bolsillos delanteros y comenzó a caminar en silencio a lado de Laura, quien no pudo evitar mirar de reojo el fajo de dinero que Dan parecía llevar encima oculto debajo de ese cinturón enorme prendido de su cadera. ¿Sería algo seguro eso? La pequeña se sentía bastante acartonada solo con el hecho de pensar que la guitarrista resultara ser alguien de dinero, pues ella no lo tenía tanto y se intimidaba fácilmente. De repente se sintió inaudita al darse cuenta de la situación en la que se encontraba. Ahí estaba junto a la chica que había sido todo un misterio para ella durante semanas y que parecía demasiado genial ahora que la veía fuera de un escenario con ese aire extrañamente contradictorio en su forma de comportarse.

     –¿Vienes a ver algún grupo en especial? –Soltó la guitarrista repentinamente sin dejar de mirar al frente mientras caminaba.

 

Laura se estremeció y desvió la mirada, pasándose la mano por el cabello.

 

     –Ah, me gusta tu banda. Procuro asistir a sus presentaciones cuando me es posible. Son muy buenos.

Dan sonrió tranquilamente mientras el cabello le caía sobre la cara.

 

     –Ya veo. Muchas gracias.

 

Laura levantó la vista para mirarla e intentar descifrar el significado de aquella expresión tan lacónica. La verdad la sentía mucho más alta así de cerca. Aunque no la pasaba por mucho, de alguna forma le parecía que no podían tener la misma altura. Que no podían ser para nada similares. Comparaba ese andar seguro y despreocupado con el suyo desgarbado, esa reserva y esa existencia casi dudosa aunada con su presencia magnéticamente atrayente... una chica así no necesitaba fingir nada, era ridícula la idea. La pequeña sonrió para sí e intentó imaginar qué clase de vida llevaría aquella guitarrista cuando no estaba presentándose en algún lugar siendo admirada por todos. De reojo, la miraba cada que podía porque su rostro le había fascinado desde la primera vez que le había puesto los ojos encima. Sus rasgos la hacían ver como una chica extranjera, aunque no supiera exactamente de donde, y sus labios más de una vez la habían hecho desear averiguar su sabor. Laura no sabría explicar porqué Dan le llamaba tanto la atención si alguien se lo preguntara; pero eso sentía y aunque, si bien la castaña se veía algo cansada por ese rastro de corrector bajo los ojos, que debían estarse encargando de cubrir sendas ojeras, no dejaba por eso de parecerle muy hermosa...

 

    Dan pareció darse cuenta de que era observada y sonrió espontáneamente mientras se encogía de hombros y tomaba a Laura del antebrazo, conduciéndola por el espacio tenuemente iluminado que ya comenzaba a hacerse más bullicioso.

 

     –Ten cuidado. –le susurró la castaña a la morena. –no todos se dan cuenta, pero por aquí hay un desnivel...

 

Habiendo dicho aquello, Laura pisó al aire y se tropezó, tanto por el hecho de que Dan le había susurrado eso al oído, como por el factor de haber caído, como todos, presa de que aquel escalón. Dan la jaló del brazo por reflejo y la sostuvo un momento en el que ambas parecieron observarse, hasta que la castaña sonrió y liberó a la pequeña que no permitió que la chica notara sus mejillas sonrojadas en lo que Dan la conducía por el interior del lugar.

 

     Una vez fuera del pequeño vestíbulo el bar se extendía y revelaba un gran salón en el que pequeñas mesas circulares dividían a los presentes en grupos de 3 o 4 integrantes que se acomodaban en suaves sillas altas. Las filas estaban esparcidas de forma alternada aprovechando casi la totalidad del espacio y asegurando la cabida de un buen número de gente, quedando aún así el camino necesario para moverse con libertad ya fuera a los baños, a la barra o al escenario, que se encontraba ubicado hasta al fondo y ya estaba siendo ocupado por la primer banda que parecía estar haciendo un cover de Moderato o algún otro grupo igual de estridente.

Laura sonreía disimuladamente ante los gestos de desagrado que Dan hacía con cada nota que escuchaba; a pesar que la iluminación del Clandestino era tenue y el ambiente ya estaba algo impregnado a humo de cigarrillo, la pequeña parecía estarse esforzando en captar los detalles que pudiera descubrir de la castaña. Como que tenía una mirada gris muy profunda de aspecto triste, torcía los labios sin sonreír completamente cuando lo hacía, o que pegaba un oído a un hombro cuando alguien tocaba la guitarra de una manera que merecía ser castigada. Laura repasó todo aquello de manera rápida mientras se decía a si misma que debía hacer algo para sacarle plática, cualquier cosa, pedir su nombre, preguntarle algo sobre la banda, ¡hacer como que se tropezaba! ¡Dios, algo! Respiró profundo y abrió la boca justo cuando Dan se detenía y le señalaba con la mano un grupo de asientos vacíos que se encontraban cerca de la barra de las bebidas. Laura se quedó boquiabierta y se desplomó en una de las sillas, mientras se pasaba una mano por el cabello y se repetía mentalmente a si misma que era la chiquilla más idiota del planeta.

 

     –Bueno, te dejo aquí. –pronunció la guitarrista arqueando una ceja y guardándose las manos en los bolsillos traseros. –La barra libre de aquí es excelente, por si se te antoja algo de tomar. –Dan miró a la joven sentada desde la totalidad de su altura y sonrió ligeramente. –ojalá puedas esperar y te quedes hasta el final. Espero no decepcionarte... 

 

Laura procuró no mirarla y asintió un par de veces.

 

     –Nos vemos. –se despidió la joven, dirigiéndose hacia la parte trasera del lugar donde parecían estarla esperando sus compañeros de banda.

 

Laura sonrió cuando vio cómo un grupo de fans rodeaba a la castaña en cuanto fue vista pasar por entre las mesas. La sonrisa de la pequeña se pronunció más cuando Dan hizo un movimiento negativo con una mano y amablemente se retiró al fondo del pasillo, donde recogió su guitarra e intercambió palabras con una muchacha guapísima de cabellera negra a la que reconoció como la tecladista de la banda. Laura ahogó una risita, si los ilusos hubiesen sabido que ella había estado segundos antes con Dan… bueno, de una forma patética, si; pero lo había estado. Tamborileó con sus dedos y se pasó la mano por el cabello nuevamente. Hasta ese momento fue que se preguntó porqué esa guitarrista que siempre se mantenía al margen de todos, le había dirigido la palabra así tan de repente.

 

     –¡Que suerte tengo! –se dijo mientras cerraba un puño. –¡hoy es la noche!

 

     –Disculpe, señorita. –pronunció el muchacho tras la barra. –¿Va a querer algo de tomar?

 

     –¿Uh? –la pequeña se enderezó y miró el desplegado de las bebidas que se servían en el bar. –pues…

 

***

 

Dan se echó el cabello hacia atrás cuando se acercó a Ludi, se colgó la guitarra en la espalda y se guardó los dedos en los bolsillos de los jeans.

 

     –Ya hablé con Mario, parece ser que su hermana está bien, pero si ocupó yeso.

 

Ludi hizo una mueca de dolor

 

     –Pobrecita, a ver si luego le damos la vuelta para animarla. –la muchacha golpeteó un poco el piso con la punta de su zapato y miró a su amiga, que había dirigido la mirada discretamente hacia la barra. –¿Quién es la morrita, la conoces?

 

Dan arqueó una ceja y se encogió de hombros.

 

     –No, entramos juntas hace rato que andaba afuera. –se sacó las manos de los bolsillos y se cruzó de brazos. –Parece una fan de la banda pero… me dio la impresión de que la he visto en alguna parte… o que la conozco… pero no recuerdo de dónde me parece familiar.

 

     –Que loco. –Ludi empujó a Dan con el hombro. –pues, tu nunca le prestas atención a los demás, así que no sería raro que si te conociera de otra parte.  

 

     –Mmmm…

 

Daniela se mordió el labio. Era cierto que siempre tenía esa actitud indiferente con el resto de la gente y que parecía que no veía nunca nada más allá de sus proyectos, su guitarra y su grupo; pero la mayoría de las personas que la rodeaban no la conocían en verdad. A diferencia de lo que muchos pensaban, Daniela era terriblemente observadora y podía recordar sucesos y personas, con una habilidad y detalle que podía causar bastante miedo. Fue entonces que se le vino a la mente…

 

     Todo estará bien…

 

     Pasada una hora con 15 minutos, Dan se sorprendió a si misma bastante aletargada y meditabunda, pese al ruido que percibía ahí sentada junto a las bocinas retumbantes que acompasaban al grupo en turno que tocaba. Se pasó la mano larga por la cabeza. Sentía que tenía la mente en otro lado, en uno que la hacía sentir bastante miserable. No escuchaba lo que Raúl y Ludi Hablaban, y la verdad no entendía porque sonreían. Vio que el bajista le preguntaba algo, pero ella solo negó con la cabeza mientras él se retiraba.

 

     –¿Qué me pasa? –se preguntó sintiendo que la vista se le nublaba por las lágrimas que se acumulaban en la mirada.

 

Fijó su vista en el entorno intentando distraerse. Nadie parecía percatarse de ella y eso la reconfortaba. Recorrió la vista entre las mesas, entre la gente, intentando encontrar algo en lo que pudiera concentrarse. Veía la decoración, las luces, el humo sobre su cabeza, incluso a aquella morena de cabello corto que se reía a carcajada suelta con el impasible barman en la barra de bebidas. De pronto la guitarrista sintió que su estómago se revolvía.

 

     –No manches, necesito algo dulce. –soltó Dan de pronto. –Si me quedo aquí, me va a dar zarpullido, esta banda es malísima.

 

Ludi arqueó las cejas y miró a la castaña de reojo.

 

     –¿Qué?, Voy al seven, ¿No quieres algo?

 

     –Pues… quiero unos cigarros.

 

Dan le lanzó una mirada dura.

 

     –¡Chingado, entonces para que me preguntas, güey!

 

     –Ya, ya, ahorita vengo. –refunfuñó Dan.

 

La castaña se abrió paso entre las mesas y se perdió por un pasillo en lo que Ludi se cruzaba de brazos, y Raúl se acercaba hacia ella sosteniendo un par de bebidas en las manos.

 

     –¿A dónde va Dan?

 

     –Pues al seven. –se encogió de hombros. –No me mires a mí, anda rara.

 

Daniela salió a toda prisa del Clandestino y cruzó la calle, entrando a la tienda de autoservicio que estaba en la esquina. Se dirigió inmediatamente a la sección de los dulces y compró un Milky way y unos Trident maldiciendo su estado de ánimo y el agotamiento que sentía recorriéndole el cuerpo. Una vez pagado todo, salió y se quedó en el estacionamiento un rato. Se sentó en uno de los topes amarillos que delimitaban la calle de la banqueta y suspiró. Si se sentía mal, melancólica, triste. Al principio pensó que había sido por el cansancio, por el enojo que había estado cargando los últimos días, por el hecho de llevar ya un año sola, tal vez por él… Daniela miró la envoltura de la golosina que tenía en la mano, algo le decía que no era nada de eso, pero no estaba muy segura… Volvió a pensar en la morena que se había topado en la entrada y de nuevo se encontró intentando recordarla. Sabía que la había visto antes, pero no se le venía la imagen a la mente. Era raro. Y de todas formas ¿qué importaba? Levantó la vista hacia el cielo nocturno completamente despejado y sonrió. La luna brillaba llena por sobre su cabeza y Dan solo pensó en lo mucho que le habría gustado a él estar ahí con ella.

 

     –Deberías ser más fuerte, Dan… –respiró hondo, se levantó decididamente y volvió sus pasos hasta reunirse con Raúl y Ludi, que ya estaban conversando con Mario. Dan casi dejó caer el chocolate que ya había estado mordisqueando desde la entrada al verlo, pero eso le levantó mucho el humor. Le lanzó el paquete de chicles a la tecladista que lo atrapó y frunció el entrecejo.

 

     –Ah, que mamona eres.

 

     –Agradéceme que te evito el enfisema pulmonar.

 

     –¿Qué? No manches, si nos hace más daño ser fumadores pasivos, si me va a dar el cáncer, al menos me gustaría pensar que me lo causé yo…

 

     –Bueno ya, deja de lloriquear. –La castaña mordió su chocolate de nuevo una vez que les hubo ofrecido a sus compañeros. –¿Como está Andrea?

 

El grandulón se secó el sudor que le brillaba en la frente.

 

     –Pues mejor, ya pasó el susto y de hecho la torpe anda emocionada con aprender a usar muletas.

 

     –Te digo, Mario. –soltó Raul palmeándole la espalda. –Tu carnalilla quedó medio chisqueada desde que la tiraste de su sillita alta cuando tenía 4 años.

 

El grupo de amigos se sonrió y continuaron conversando hasta que les llegó la hora de ocupar el escenario. Subieron para ajustar sonido y probar amplificadores. Ludi preparó su teclado y Mario hizo algunas pruebas de percusión en lo que Raúl calibraba el volumen de su bajo y Dan se terminaba su chocolate tras bambalinas antes de entrar a escena. La gente que se había quedado esperando ya había comenzado a gritar y silbar animadamente. Sabían que valía la pena tener paciencia con aquella banda. La castaña se pasó por la garganta lo último que le quedaba del dulce y luego le dio un trago a la bebida de Ludi para limpiarla. Tequila, el sabor en su boca se hizo mucho más dulce, pero no le molestaba. Sujetó su guitarra con fuerza y salió rumbo al escenario. Pisó sobre la tarima y se colgó la guitarra al hombro, al tiempo que los gritos se hacían más potentes. Así recibía el público a aquella vocalista, que con una leve inclinación de cabeza y una media sonrisa hizo la conexión de su instrumento al amplificador y comenzó a arpegear algunas notas bajo la luz azulada que caía sobre su cabeza. Miró hacia el público que tenía delante y tomó aire.

 

     –Nosotros somos “Regal Paradise”. –Dan tuvo que hacer una pausa, pues los asistentes habían comenzado a aplaudir. Dan inclinó la cabeza y levantó la mano. –Gracias. –señaló a su izquierda. –Raúl es el galán del bajo. –el chico hizo un movimiento de cuerdas rápido a manera de presentación. –Mario en percusiones. –el fortachón levantó ambas manos en señal de saludo. –Ludi en el teclado. –la chica movió la cabeza en lo que sus piercings brillaron bajo la iluminación. –y yo soy Dan. –La castaña hizo una seña de agradecimiento en lo que los asistentes aplaudieron más fuerte. La chica se aferró al micrófono y se aclaró la garganta. –De verdad apreciamos que se hubieran quedado a esperarnos, veo a muchos que nos han seguido de otras tocadas y eso nos emociona bastante. No saben cuánto significa para nosotros. –dirigió fugazmente la mirada hacia el fondo del establecimiento y sonrió. Vamos a compartir con ustedes esta canción, es la primera vez que la tocamos y espero les guste, la titulamos: Suspiro

Dan se alejó un poco del micrófono y Mario levantó las baquetas en el aire.

 

     –Uno, dos, tres, cuatro…

 

 

***

 

 

Laura se sentía algo mareada después de casi terminarse su segundo litro; no era muy buena con el tequila y creía que ya se le estaba subiendo. Estaba algo caliente y ya le constaba esa pesadez de sueño etílico, sonrió ligeramente sin ninguna razón en especial y luego comenzó a reírse para sí misma; se encontraba tan simple que hasta le parecía divertido como el barman pedía las órdenes. Pareció salir de su sopor cuando escuchó la voz de Dan hablar con aquella acústica:

 

     –Vamosa compartir con ustedes esta canción, es la primera vez que la tocamos y espero les guste, la titulamos: “Suspiro”.

 

Ludi inició la melodía con un sonido de piano, Dan marcó notas largas con su guitarra y las repitió mientras el bajo comenzaba a acompañarla. Ambos instrumentos se fusionaron en una introducción que sonaba melancólica y al repetirse el compás Dan se acercó al micrófono.

 

Ya no sé si me acompañas al andar

Tu presencia es difusa e irreal

La sombra de tu alma pesa en tu mirar

En tus labios hay promesas de cristal

 

La voz de Dan hacía que la piel de Laura se erizara, sonaba tan bella. Era muy raro escuchar en Regal Paradise una balada así, pero se escuchaba tan bien… La batería hizo su entrada y la canción cobró aun más fuerza recordando su naturaleza de banda de rock alternativo.

 

Nunca creí que iba a ser así,

Yo te suspiro aquí

Y me ahoga la nostalgia de extrañar

Jamás voy a olvidar esta intranquilidad

En la que me  he decidido a continuar

 

Buscando en la soledad el disfraz

Marchando sin norte ni identidad

Huyendo de espectros sin voz

Oooh oooh oooh

 

Laura miró a Dan, boquiabierta. Le dolía escucharla por alguna razón que no comprendía a la perfección. Algo en su voz la hacía sentir muy triste. Miraba la luz de aquellos ojos preguntándose el origen de aquella canción. El ímpetu de la balada disminuyó en aquel punto y pareció volver a la tranquilidad y nostalgia del inicio.

 

Recuerdo soñar  que caíste al tropezar

Y que estuve ahí, aferrándote, inconsciente

El daño ya fue, debo creer que te fuiste bien

Y que fuimos un reflejo diferente

 

Nunca creí que iba a ser así,

Yo te suspiro aquí

Y no puedo ni siquiera ya llorar

Este sentir era para ti y hoy te dejo ir

 

Buscando en la soledad el disfraz

Marchando sin norte ni identidad

Huyendo de espectros sin voz

Oooh oooh oooh

 

 

Dan sujetó con fuerza su instrumento de cuerda e inició un solo de guitarra mientras los asistentes aullaban completamente inmersos en la música. Los dedos blancos de esa muchacha se movían velozmente y el ambiente era sobrecogedor, el sonido era por demás uno que te hacía sentir algo desconocido, una mezcla de emoción y tristeza que te llenaba. Todos los que estuvieron ahí en el estreno de esa rola, fueron testigos de lo que se convertiría en el primer gran éxito de la banda. Ahí en ese pequeño bar del Barrio Antiguo comenzaría todo. Mario y Ludi efectuaron el arreglo que habían acordado la noche anterior y se prepararon para terminar. Dan se limpió el sudor de la frente y miró fijamente hacia el público, sus ojos se perdieron al fondo. En ella.

 

Nunca creí que iba a ser así,

Yo te suspiro aquí

Y no puedo ni siquiera ya llorar

Este sentir era para ti y hoy te dejo ir

 

Huyendo de espectros sin voz

Oooh oooh oooh

 

 

La voz de Dan quedó en silencio. La guitarrista se alejó dos pasos de su micrófono y bajó la cabeza, permitiendo que la música fuera la que marcara el final de la canción valiéndose de la tonada triste del inicio. Sus manos, aunque temblaban, aferraban el instrumento con fuerza y seguían tocando la guitarra, hasta que la castaña dio un último rasgueo y las luces se apagaron, dejando solo un rastro de humo y a ella un momento preciso para secarse los ojos y continuar el espectáculo luego como si nada de aquello hubiera acontecido.

     Los asistentes y fans de la banda prorrumpieron en aplausos, gritos y silbidos. Algunos otros gritaban el nombre de la castaña, quién solo levantó una mano y agradeció desde donde estaba atrapada en los brazos de Ludi quién había saltado a abrazarla para revolverle la cabellera luego de terminada su interpretación. La castaña la sostenía de la cintura y acercó sus labios al oído lleno de arillos de la tecladista para susurrarle algo a lo que la muchacha no dejaba de asentir. Se miraron un momento sabiendo el triunfo que representaba haber hecho todo bien con solo aquellas anotaciones de la tarde anterior. Dan le besó una mano a Ludi antes de soltarla y tomar su lugar en el centro del escenario, cosa que ocasionó que los asistentes gritaran aún más, ya que en su mayoría, el Clandestino estaba lleno de hombres.

 

     –¿Qué rayos? –Laura miró a Dan desconcertada, ¿Qué significaba esa mirada? La pequeña de cabello corto se levantó de su asiento y se tambaleó camino al baño. Sentía mucho calor y le dolía el pecho. Creía tener la sensación de estar recordando algo doloroso. ¿Habría sido efecto de la música, del tequila, de Dan?

     Se enjuagó la cara y salió como pudo a recostarse en un silloncito situado en un pasillo poco iluminado. Ahí Laura escuchaba ya lejana la voz de su guitarrista, quién estaba interpretando otra canción del repertorio. A la pequeña la cabeza le daba vueltas y los párpados los sentía ya muy pesados. Fue entonces que cerró los ojos y se durmió.

 

Cuando recuperó la conciencia, Laura se percató de que un tipo le hablaba, olía mucho a cigarrillo y estaba sentado junto a ella apretándola del hombro. Ella se quejó y la voz masculina solo le susurró que se tranquilizara y fuera buena niña. La pequeña intentó alejarse, pero el tipo la abrazó y le dijo algo que ella entendió como salir a tomar el fresco.

Laura se dejó llevar por el desconocido que no la soltaba, mientras ella se preguntaba cuánto tiempo había pasado. Ya no veía a Dan sobre el escenario aunque el bar todavía parecía estar activo. Se preguntó también en dónde estaba la chica de los piercings y se moría por saber qué tipo de relación era la que tenía con la cantante. Sabía que era una gran posibilidad que ella y Dan nunca llegaran a tener nada, pero aún así dolía… Caminó a trompicones hasta lo que parecía una salida trasera, Laura no estaba segura de donde estaba, solo veía el empedrado de la calle y esas casas antiguas en sombras, el tipo seguía sin soltarla. Todo estaba tan oscuro. El la empujó hasta que su espalda chocó con un auto estacionado y entonces comenzó a restregarse contra su cuerpo. Laura se estremeció en un espasmo de asco al percatarse de lo que pasaba, pero no podía defenderse. Intentó quitárselo de encima; pero eso solo lo puso más insistente. Veía esa lengua asquerosa tan cerca suyo, ese jadear de animal taladrándole los oídos. Ese tacto horripilante… Deseaba con el alma no encontrarse en esa situación. Ser completamente capaz de patear al fulano en las bolas hasta que el dolor lo matara. No estar ahí sola.

 

     –¿Qué chingados haces, cabrón?

 

Laura miró por el rabillo del ojo que Dan estaba ahí de pie frente a ellos, cargaba un amplificador con una mano y su guitarra le colgaba del hombro. Miraba con furia la tracker contra la que estaban recargados y con una rabia asesina al tipo que la pequeña tenía encima.

 

     –Pssss si la chavita y yo solo íbamos a divertirnos un ratito, estrellita, no hay por qué erizarse...

 

Dan miró la cara del tipo que estaba junto a Laura, parecía no solo traer cerveza encima. Miró a la pequeña también, que a duras penas podía mantenerse en pie.

 

     –Noooo... yo... no quiero... Dan…

 

La castaña dejó el amplificador en el suelo y no le quitó la vista al sujeto mientras se acercaba despacio. No sabía que tan peligroso podía resultar para ambas si hacía algo sin pensar.

 

     –Más te vale que la dejes... no ando sola. Si no quieres problemas, mejor vele parando…

 

El tipo se enderezó repentinamente y pareció adoptar un aire de petulancia que en su estado se veía por demás extraño.

 

     –¿Problemas con quién?, ¿eh?... chist… ¿con quién crees que hablas?

 

     –Mira Junior, a mi no me asustan los de tu tipo… –Cerró los puños y lo miró decidida. –Deja a la chavita.

 

     –Jajaja, no mames, ¿que te crees? ¿Me vas a pegar? Ven aquí estrellita… –levantó la cabeza y se apuntó a la quijada sonriendo de forma idiota. –inténtalo.

 

Si el sujeto hubiera sabido que Dan era cinta negra en wu shu, habría pensado un poco antes de seguirla provocarlo. Dicen por ahí que no existe enemigo pequeño y tal vez era bueno que alguien se lo enseñara aquella noche. Dan sentía la adrenalina agolpándosele en la cabeza y ver la expresión suplicante de Laura no ayudaba mucho a que lograra mantenerse calmada.

 

     –No quiero lastimarte, deja a la morrita.

 

     –Pero si la morrita se quiere venir conmigo. –soltó el tipo abrazando a la pequeña, ignorando la cara de asco que ella le dirigia. –¿verdad que te vienes conmigo?

 

Laura forcejeo e intentó soltarse nuevamente.

 

     –Noooo... déjame… ¡Dan!

 

Daniela no supo como, pero se lanzó sobre el sujeto y lo embistió. Parecía que el tipo si estaba mal, así que derribarlo no resultó ningún problema. Lo que ella temía era que eso lo pusiera agresivo. Extendió instintivamente su brazo detrás suyo para mantener a Laura a su espalda, en lo que el fulano maldecía y se levantaba completamente alterado.

 

     –¿Qué tienes, pinche perra?

 

     –¡Quiero que te largues, cabrón!

 

     –¡Oblígame pendeja!

 

Dan cerró el puño con toda su fuerza y estuvo a un pelo de lanzarse contra el tipo a romperle la nariz; pero una voz conocida la hizo detenerse.

    

     –¿Qué pasa aquí?

 

Los tres voltearon para darse cuenta que Mario, el baterista grandulón de RP, dejaba las cosas que cargaba en el suelo y se colocaba junto a Dan, mirando con desprecio desde su metro noventa al fulano que titubeó un poco al verlo tronarse los dedos y el enorme cuello.

 

     –Nada, compa… las señoritas y yo solo estábamos platicando. Ya acabamos, de hecho… 

 

Mario miró de reojo la expresión furiosa de Dan y a la chica asustada que esta abrazaba. No necesitó hacer ninguna pregunta para imaginar lo que pasaba.

 

     –¿Ah, si? Mira nomás, si aquí en lo oscurito siempre se platica muy bien. Te doy 3 para que te vayas, cabrón o te parto la madre.

 

     –Ya, ya grandote… no pasa nada…

 

El sujeto se escurrió cual lagartija hasta perderse al doblar en una esquina. Mario, que se lanzó detrás de él, lo alcanzó en pocas zancadas y se lo llevó arrastrando a lo que Dan imaginó, sería la seguridad del bar. No importaba que soltando unos billetes pudiera librarse, al menos eso lo alejaría esa noche de cualquier chica que corriera la misma suerte que la morena. Dan la miró y le apartó el cabello de la cara.

 

     –¿Estás bien? –le susurró amablemente.

 

La pequeña asintió levemente como respuesta. Intentaba no mirar a la castaña, se moría de la pena.

 

     –¿Hay alguien con quien pueda dejarte? ¿o te viniste sola?

 

Laura se mordió el labio intentando que las palabras le salieran de la boca.

 

     –me… me vine... sola.

 

Dan frunció el entrecejo.

 

     –No, niña, eso no se hace, menos en estos bares. –miró los alrededores y suspiró. –mmm... ¿te puedo llevar? Dime para donde vives y veo si puedo dejarte lo más cerca que se pueda, no es molestia, en serio.

 

Laura se echó el cabello hacia atrás, pero prefirió seguir mirando el piso.

    

     –Pues... vivo por Las Puentes…

 

La guitarrista sonrió un poco aliviada.

     –Ah, eso está bien, Ludi vive por esos rumbos, me quedas de paso, ¿ya ves? No hay problema.

 

     –Mmm... –la pequeña bajó la vista ante la mención de aquello.

 

    –Tranquila, todo estará bien…

 

En ese momento Dan la sostuvo de la cintura y ambas se miraron, los ojos de la castaña eran amables y sinceros, y los de la pequeña estaban llenos de gratitud por alguna razón que no tenía muy clara. No podía ser. Esas palabras. Esos ojos… Sus cuerpos juntos, los rostros tan cercanos… La guitarrista sintió de pronto algo que creyó haber olvidado tiempo atrás. De nuevo esa idea que le flotaba en el pensamiento… No, no era posible.

Dan sonrió a manera de disculpa y rebuscó en el bolsillo de sus jeans. Sacó un juego de llaves que tintinearon en el aire, presionó un pequeño botón que quitó los seguros de las puertas de su auto y abrió la portezuela.

 

     –No te preocupes, solo hay que esperar que Ludi recoja sus cosas y nos vamos. No debe tardar.

 

Reclinó un poco el asiento para que la morena se recostara mientras ella se encargaba de subir las cosas. La noche ya estaba refrescando y el viento le tocaba suavemente la cara caliente. Laura se adormecía de nuevo, por lo que solo recordó vagamente haber visto que Mario volvía y hablaba algo con Dan, que Raúl se les unía cargando el teclado de Ludi y que la chica de piercings la miraba de forma preocupada mientras le acariciaba la cabeza y preguntaba si ya le habían dado algo, ante la negativa de la castaña. Se recordó a sí misma ahí sentada junto a Dan, en lo que Ludi hablaba con ella, intentando sacarle su dirección. Laura la repitió muchas veces entre balbuceos y dio señales diversas entre sueños hasta que la tecladista le sacó a la pequeña la ID del bolsillo. Ambas músicas suspiraron al asegurarse de tener la información correcta y dejaron que la morena durmiera el resto del camino en el que conversaron entre ellas.

Cuando Laura creyó salir de su ensueño, se vio siendo llevada hacia el interior de su casa por Dan y por una mujer a la que reconoció como su propia madre. La escuchó decir palabras amables para la castaña y otras amenazantes para ella. Sabía que le esperaría la reprimenda del siglo cuando estuviera más sobria; pero por alguna razón no le importó mucho. Se sintió siendo colocada en el sofá de la sala y a una Dan titubeante, siendo invitada a que se sentara justo a su lado. No pudo evitar sonreír antes de permitir que el sueño la venciera.

 

“Estando ahí sentada en ese sillón viejo de esa casa desconocida, me limpiaba las manos sudorosas en las rodillas de mi jeans mientras esperaba que tu madre volviera de la cocina y te aplicara algún remedio de esos que se saben tan bien las madres para curarnos de todo lo que nos aqueja. Miraba hacia todas partes admirando decoración, viendo fotografías, me distraía de la extrañeza de esa situación que no esperaba. Tamborileé los dedos y te miré de reojo descansando a mi lado presa de ese sueño de agave, con tus mejillas sonrosadas y la cabellera revuelta, no pude evitar pensar que te veías originalmente hermosa. Me di cuenta que desde que te vi desamparada en el bar hasta ese momento, no me había percatado de la dulzura de tu figura, de esa fragilidad casi infantil que parecías poseer y me obligaba a contemplarte con mayor detenimiento. De lo familiar que me parecías aunque no te conocía. Fue esa aura enternecedora lo que evitó que me diera cuenta que acariciabas mi mano con tus dedos; y fue ese miedo desconcertante lo que me obligó a levantarme cuando te oí susurrarme palabras que yo atribuí al alcohol en tu sangre. Agradecí al cielo el retorno de tu madre y me despedí de ella y de tu casa cuál buena samaritana. Negué rotundamente a toda amabilidad y agradecimiento que la mujer intentó prodigarme y ni siquiera quise pensar en lo que a ti iba a depararte en cuanto despertaras. Abordé mi auto, abroché el cinturón, me puse en marcha; suspiré sintiendo cómo mi corazón desaceleraba conforme me alejaba y circulaba las calles vacías. Miré el reloj al tomar Avenida Universidad, casi las tres de la mañana. Nada mal contando con el retraso suscitado. Seguí manejando. Bostezaba. Moría de sueño. Parpadeé un millar de veces hasta llegar a la puerta de mi casa y agradecí enormemente haberlo hecho con bien. Crucé corredores y subí escaleras vacías envueltas en oscuridad hasta llegar al lecho en el que me dejé caer muerta de agotamiento. Ahí me asaltó ese pensamiento nuevamente, presentando posibilidades que ya antes me había planteado, que aún no lograba admitir y que tal vez jamás admitiría...”

 

 

 

Continuará…

 


[1] Siglas de la Facultad de Ingeniería Mecánica Eléctrica de la UANL

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