Categoría: JMUSIC
Clasificación: No menores de 18 años

Aclaraciones del capitulo:

Muchas gracias por volvernos a leer X3

realmente me emociona estar subiendo esto, y creo que uds deben estar igual que nosotras, aquellas que lo sospechaban, estaban en lo cierto.

Aquellas que no lo esperaban, se habrán caido de espaldas pensando "como es posible! o_O" y en realidad me gustaría ver sus caras en este momento X3

Y si sigo así, quedará muy largo.

disfruten esta obra de dos de Las Tres Mosqueteras! X3

                                                       Kyokawiichan.

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Hemos resurgido de las cenizas cual ave fénix!! 8D
Waaa! Que momento emotivo! No tengo ni la menor idea de qué decir XD
Tal vez podría decirles ‘gracias’, porque en parte son responsables de que hayamos decidido seguir adelante con esta pareja, darles una nueva oportunidad.
Un ‘gracias’ y un ‘las quiero’ X3
Que nadie me infló más el ego que ustedes y es gracias a mis lectoras que decido escribir siempre antes que darme por vencida! Y pienso seguir escribiendo hasta que Amor Yaoi me diga ‘me tenés podrida con tus dramas XO’ XDDD
Y bueno, no sé, improvisación pura, de verdad espero que disfruten este fic y lo amen tanto como yo lo hago
Gracias Mayu por elegirme de nuevo X3
Las quieroooo~!

~Kayita [Rookie]

Vacío. Todo era vacío. Cada rincón del departamento, cada parte de su alma. Se dejó caer de rodillas, en medio de esa desierta sala. Intentando encontrar en ella rastro alguno del que antes vivió allí. De su amor. De Kyo. Comenzó a llorar desesperado, golpeando el suelo con los puños, gritando de dolor. Llamando un nombre. Llamándolo. Levantó su cabeza, mirando al techo como intentando encontrar en ese cielo raso una respuesta, un consuelo a su dolor.
Lanzó un suspiro ahogado al aire y se levantó, cansado, rendido. Recorrió una última vez ese departamento. Ahora la habitación en la que había convivido con él, en la que lo había amado, le parecía horrible. Desierta y siniestra. Asechándolo con todos los horrorosos recuerdos de las terribles cosas que en ella pasaron. Pero a la vez llenándolo de la interminable melancolía de los viejos tiempos. De la dulzura del amor que en ella sintió. Volvió a suspirar y siguió avanzando, atravesando aquella sala una última vez. Recordando en cada paso el sensual encuentro que involucraba al desastroso chocolate. Se rió suavemente al recordar la suciedad en la que se habían sumergido mutuamente. Como había ensuciado a Kyo. Volvió a reír, pero su risa se convirtió en un llanto atroz que se atoró en su garganta. Decidió continuar. Saliendo de la sala. Saliendo del departamento. Saliendo de su vida. Lanzó una última esperanzada mirada antes de cerrar la puerta, como esperando que él apareciera, saliendo de la vacía habitación. Sonriéndole. Diciéndole que todo era mentira. Que todo era una broma. Y que luego lo abrazara, lo besara, lo amara de nuevo…. Soltó un último suspiro y cerró la puerta con la llave que nunca más usaría.
Aquella no era una buena mañana... lo único que rompía el silencio en aquel departamento, suyo desde hace no mucho, era el sonido provocado por la cuchara al chocar con los lados del tazón de cereal con leche, lo que él durante esos días llamaba desayuno. Vagaba por la televisión, sin verla realmente, solo quería ruido... algo que lo distrajera. Suspiró y terminó de comer, levantándose... aquel movimiento hizo que los colgantes del collar chocaran contra su pecho. Kyo dejó las cosas a un lado del fregadero y luego bajó la mirada. De su cuello colgaban dos collares, idénticos. Tomó uno con delicadeza... sonriendo de lado, sin poder evitar sentir sus ojos humedecer, como siempre que lo recordaba, algo bastante frecuente debido a que no había pasado mucho tiempo. Pero... pese a entristecerse tanto... se alegraba. Jamás podría agradecerle lo suficiente a su... a Ruki. Gracias a él había conocido el lado bello del amor, no solo sexo. Gracias a Ruki, había conseguido saborear la felicidad, aún en tan pocas ocasiones, aún en tan poco tiempo, realmente pudo ser feliz... cerró sus ojos. Pero ahora debía dejarlo tranquilo, mientras supiera que el otro era feliz, él, quizás, también podría serlo.
Otro suspiro escapó de sus carnosos labios, mientras intentaba terminar su té, con la vista absolutamente perdida dentro del pequeño vaso descartable. Sintiendo el movimiento a su alrededor, las risas, la alegría, sin querer formar parte de ella. Viéndose reflejado en la oscura y líquida superficie, volviendo a suspirar y tomando otro ruidoso sorbo. Sintió calor en sus hombros a la vez que en su garganta. Confundido, estiró su mano hasta tocar unos fuertes dedos que lo mantenían aferrado. Sólo acarició la mano, sintiendo la textura de los nudillos, reconociendo esa masculina y fuerte mano que lo cuidaba. Sin siquiera mirarlo ni decir nada, acariciando delicadamente la piel de su guardián y volviendo a suspirar. Pudo percibir la respiración de Reita entre su cabello, sintiendo luego el cálido y dulce beso que el bajista le depositó con ternura. Finalmente sintió el peso del mentón de Reita sobre toda su cabeza y un nuevo suspiro que, esta vez, escapó de los labios del bajista.
No era ni muy temprano, ni muy tarde. Aún en su ropa de dormir, Kyo caminó por la sala de su departamento sin hacer mucho ruido. Entró a su cuarto, la cama estaba desordenada puesto que aún había alguien entre sus sábanas… no se molestó en acercarse a esa persona, ingresó al baño donde se quitó la ropa sin observarse al espejo. Su cuerpo aún dolía, nuevamente había vuelto a equivocarse de nombre y nuevamente había pagado por su tremendo error. Pero aún no podía olvidarlo y jamás podría hacerlo, debía comenzar a acostumbrarse al hecho de que siempre sería castigado por lo mismo, que por más que lo intentara siempre llamaría a la misma persona, a la única a la que quería ver al despertar. Al salir del cuarto un castaño estaba sentado en la orilla de su cama, observándole tranquilamente. Esperando por un beso de buenos días, el cual obtuvo por la fuerza de aquellos adoloridos labios.
Ni siquiera era de noche, pero la banda se sentía con los suficientes ánimos debido al progreso del nuevo disco, así que decidieron salir. Sus brazos se balanceaban forzada y constantemente por dos alegres manos que le tironeaban a cada lado. Aoi canturreaba feliz mientras arrastraba –junto con Reita- a Ruki al bar de turno. Estaban hartos de verlo tan deprimido y la breve estadía del vocalista en el psiquiatra los había asustado a todos. Ruki se había negado a tomar cualquier tipo de tranquilizante y aceptó a regañadientes asistir a una terapia. Odiaba tener que hablar de sus sentimientos con un total desconocido, pero parecía necesitarlo, la banda lo necesitaba. Lanzó un suspiro de frustración y plantó los pies fuertemente en el suelo, haciendo que los otros dos pararan al sentir resistencia. Aoi lo soltó y siguió su camino, la expresión de Ruki lo decía todo y él no quería entrometerse. Por su parte, Reita lo rodeó con el brazo y lo empujó hasta la pared, ocultándolo de los transeúntes. Dejando que Ruki se desahogara entre sus brazos. Hacía tiempo que el bajista no hacía nada más que abrazarlo y dejarlo llorar, se había cansado de intentar detenerlo, de intentar consolarlo, Ruki estaba ciego y sordo a cualquiera, como si quisiera atesorar los últimos momentos con Kyo por siempre. El bajista suspiró algo molesto al ver que Ruki no se detenía, pero no hizo nada. Lo rodeó con más fuerza y lo llevó lentamente al bar. Las cicatrices en las muñecas del pequeño le decían que no debía dejarlo solo nunca más. Y no planeaba hacerlo. Lo sentó al lado de Aoi y este rápidamente volvió a depositar su atención en el vocalista, abrazándolo y haciéndolo sonreír después de un rato.
Su relación con el grupo pudo recuperarse, se forzó a olvidar la desconfianza que sentía hacia el líder de la banda, así como se obligaba a perdonarlo cada mañana al despertar con grandes dolores en todo su cuerpo. Así como se exigía cantar cada día mejor que el anterior, todo sea por mantener vivo lo único que lo mantenía vivo a él ahora que había perdido lo más importante. Kaoru, sin embargo, no era el único que se aprovechaba de su repentina y fuerte necesidad de cariño, de distracción. La segunda guitarra del grupo no perdía oportunidad. Kyo había olvidado el significado de voluntad y ya no hacía algo por evitar aquella penosa situación, lo único que lo animaba a sobrevivir todos los días era la imborrable idea a la cual que se aferraba de que su único amor era feliz. Ni siquiera estaba seguro de si así era, pero le gustaba creer que esa era la verdad.
Era realmente tarde cuando Ruki y Reita caminaban de la mano a través del parque que se encontraba cerca de la casa del menor. Al bajista le habían confiscado la moto por creerlo demasiado ebrio. Pero era sólo una excusa de Aoi para usarla un rato. Reita no le dio importancia, el único que había quedado ebrio había sido Uruha y él confiaba en que Aoi cuidaría de su segundo amor. Detuvo un momento su andar, por ende, el de Ruki, y lo miró con una sonrisa.
- Tengo una idea… - comentó mientras se sentaba en el césped, quitándose los zapatos y las medias y acariciando el húmedo verde con los pies
Ruki lo miró incrédulo y sonrió dulcemente ante su infantilismo, pero en seguida se sentó a su lado y se quitó él también los zapatos.
- Podemos hacer como antes y mirar el amanecer… sabes que nadie nos molesta… anoser que ya estés viejo para estas cosas…
El castaño lo maldijo y lo empujó bruscamente hasta tirarlo en el pasto. Pero Reita fue más rápido y lo sujetó de los brazos, tirándolo sobre él. Ruki se asustó un poco por el repentino contacto con el cuerpo del bajista, sobretodo porque lo había rechazado desde que Kyo se había ido. Pero la mirada de profundo amor que le profería el bajista logró debilitarlo y dejó que sus labios se juntaran tímidamente. Reita se levantó y cargó a Ruki en sus brazos, alejándose del centro del parque y acercándose a los árboles, para así poder estar protegidos de cualquier molestia. Se acostó con la espalda contra el árbol y sentó a Ruki a su lado, abrazándolo y acurrucándolo en su pecho. El castaño sólo se abrigó con el calor de Reita, cerrando los ojos e intentando no volver a llorar. Sin prestar la mínima atención al sol que no tardó en asomarse.
Una noche más, otra humillación. Su mirada vacía vagaba por su cuarto, sus ratas estaban ocultas en sus pequeñas casitas, su cuerpo era aprisionado contra otro, que lo abrazaba por la cintura fuertemente, casi dañándolo, pero eso casi nunca le importó a quien con él dormía. Al único al que de verdad le importó su felicidad, su estado, fue a Ruki, y nadie más haría lo mismo. De sus ojos ya no podían caer más lágrimas y de sus labios ya no podían escapar más sollozos. Aquel día, afortunadamente, no tenían práctica. Al fin podría escaparse de los brazos de quien quisiera poseerlo por la noche y estar tranquilo…, pero lo que más necesitaba era estar solo y dejar que los recuerdos lo atormentaran. Necesitaba aquello, pensar una vez más en él. Tratar de recordar cada pequeño momento en el cual fueron felices.
Ruki amaneció demasiado cálido y abrigado como para estar en el parque. Se sentó confundido y descubrió que lo que se encontraba debajo de él no era el césped húmedo por el rocío, sino su cómoda cama. Restregó sus ojos débilmente y miró al durmiente rubio a su lado. No pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa, a pesar de no ser quien su corazón deseaba en ese momento. Lanzó un suspiro ahogado y se levantó. Había pasado el mediodía y él había estado durmiendo. No tenía hambre, pero sí muchos deseos de salir. Se dirigió hasta el baño con pasos pesados y se dio su clásica ducha, sin reparar en que sus ropas no eran las mismas con las que se había acostado en el césped la noche anterior.
Volvió al cuarto sigilosamente, su cabello mojado goteaba por su pecho desnudo mientras él rebuscaba entre sus ropas. Se vistió lo más simple posible, sólo quería sacar a pasear a Sabu-chan. Terminó de secarse el cabello y fue hasta la sala, tomando la correa del pequeño perro. El cachorro corrió hasta él entusiasmado, pero pronto volvió a la habitación. Reita había despertado.
Se permitió tardarse en el proceso. Tomó sus llaves, dejando al pelirrojo guitarrista dormir cómodamente en aquella cama en la cual terminaba todas las noches con alguien no deseado sin poder evadirlo, sin tener entre sus almohadas recuerdos en los cuales refugiarse. Salió caminando, sin tener un rumbo fijo, simplemente quería tomar aire fresco y divagar en sus recuerdos, sumiéndose en ellos apartándose de aquella realidad. Revivió cada momento, desde el más antiguo, cuando se conocieron, hasta el último. No evitó sonreír un par de veces, eran tan dichosos esos momentos… los amaba. Lo amaba… suspiró, levantando su vista por primera vez en su caminata. Reconoció aquellas calles, aquel parque en el que no había mucha actividad a esas horas… Supuso que no corría riesgo en dar un pequeño paseo por el ambiente en el cual vivió tantas cosas bonitas. Volvió a bajar la mirada y continúo con su pesaroso andar. Llegó hasta un punto tan conocido… miró con nostalgia el árbol en el que se habían recostado… se dirigió a sus raíces, donde se sentó a observar el paisaje que se tendía frente a él, perdiéndose en la melancólica belleza del lugar.
Un sonido comenzó a distraerlo, al principio se presentó vago y difuso, pero a medida que se despabilaba, podía oírlo con mayor claridad. Era constante y exaltado, pudo reconocerlo apenas como el olfateo de un perro. Pero en cuanto pudo deducir con exactitud el origen del sonido, un pequeño perro blanco con manchas marrones le ladraba alegremente mientras movía la cola y trotaba a su alrededor. Aún estaba demasiado perdido en la tristeza y la desolación como para reconocer al animal. Pero fue la figura del dueño lo que lo hizo despabilarse. Allí mismo, en el parque dónde había sido perdonado, dónde había sido amado. Justo allí, frente a él. Su cabello castaño ahora estaba considerablemente más corto que la vez que se habían despedido, su ropa tan extravagante como siempre, esos zapatos blancos relucientes en sus pies. Su piel tan suave y delicada como siempre, con una belleza aún mayor que la que él le había conocido. Y un brillante par de lentes de sol adornando su rostro, cubriendo su mirada. Pero no hacía falta quitárselos para saber la expresión detrás de ellos se ocultaba.
Ruki se quedó frente a él, sus gruesos labios entreabiertos, la desesperación lo embargaba, no sabía qué hacer. Verlo frente a él parecía un sueño, una ilusión, una pesadilla. Toda la fachada de felicidad que se había creado a su alrededor para proteger su frágil corazón se desmoronaba. La realidad le mostraba su cruel rostro. Le mostraba cuanto lo amaba, cuanto lo necesitaba. Estiró su mano suavemente, como intentando tocarlo a pesar de la distancia ser demasiada como para siquiera rozarlo con la yema de sus dedos.
- K-kyo…? – susurró vagamente y dio un paso al frente, intentando reducir la dolorosa distancia
Pero un grito lejano lo distrajo. La voz de Reita llamando su nombre y el del cachorro resonaba en el parque, haciendo que el castaño se diera vuelta.
Kyo se levantó inmediatamente, y sin pensarlo dos veces echó a correr. Sentía como si su corazón se hubiese quedado allí atrás, en la mano extendida de Ruki… se maldecía por lo bajo, ¿cómo pudo haber sido tan estúpido? El menor vivía cerca de ese parque, debió haberlo pensado mejor antes de entrar a él… Se alejó lo más que pudo de aquellas calles, sabiendo que no lo seguía nadie, sabiendo que el otro no lo había visto al voltear nuevamente para verlo… Llegó hasta una esquina, donde se apoyó en el poste de luz a un lado de la banca de madera de la parada del autobús. Se sentó en la orilla del alargado asiento, reprimiendo los fuertes sollozos que luchaban por ser libres… Un segundo. Un segundo había bastado para arruinar la felicidad del pequeño. Se llevó las manos al rostro. Al sentir los ladridos del cachorro y levantar la mirada, lo había visto tan fresco, tan vivo, tan radiante… pero al momento en que lo vio tendido a los pies del árbol… su mirada… cambió tanto. Definitivamente había hecho mal… mal…
Ruki aún estaba de pie ante el –ahora vacío- árbol. Reita había llegado hasta él y lo miraba preocupado. La mano del castaño aún estaba extendida, tratando de alcanzar al Kyo de sus sueños que por un segundo creyó recuperar. Sintiendo el frío peso del dolor sobre su corazón. Quiso romper a llorar ahí mismo, pero ¿de qué servía? Llorando lo había conocido y llorando lo había perdido. Ahora, cada una de sus lágrimas se había secado, la noche anterior había sido su último llanto. Había jurado frente al amanecer, frente a Reita, que no derramaría una sola lágrima más en su nombre. Kyo se había ido para hacerlo feliz, ¿de qué servía llorar su pérdida? Si Kyo quería verlo feliz, se aseguraría de que la fachada dejara de ser una fachada, de que la sonrisa dejara de ser un disfraz y adornara por fin su rostro desde el alma. Lanzó un suspiro. Y sin embargo… a pesar de haberse ido de su lado para darle la felicidad que juntos no existía, volvía ahora…. Ruki negó con la cabeza, confundido y adolorido y se dejó guiar de la mano de Reita de nuevo a su casa.
Fue un impulso que debía evitar… no podía volver a caminar por los lados que sabía que Ruki frecuentaba. Debía alejarse de él, desaparecer de una vez por todas de su vida, de su cabeza… se odió a si mismo por atreverse a entrar a ese parque. Por sentarse bajo el mismo árbol nuevamente… por no huir apenas escuchó los ladridos de aquel conocido perro. Sintió una vibración en su pantalón, lo cual lo hizo sobresaltarse. Vio el número y colgó. Sabía que al del otro lado no le importaba su estado, no le importaba si estaba mal o si estaba ocupado, solo lo llamaba para exigirle su presencia en el departamento al haber despertado solo..., sin embargo, pasado unos minutos se levantó de su puesto y decidió volver a hundirse en aquel deprimente abismo. Desgraciadamente, ahora, al haberlo visto, le sería más difícil no confundirse de nombre…
Reita le llamó la atención por cuarta vez consecutiva mientras el castaño comía sin ver su tardío almuerzo.
- ¿Estás bien? Estás ido desde que te fui a buscar al parque… ¿pasó algo?... – preguntó preocupado, inclinándose sobre la mesa del restaurante para acercarse al rostro del castaño y tomarlo del mentón, levantando su encorvada cabeza
¿Cómo decirle? De verdad quería, de verdad sentía que debía decirle todo y más a Reita, era lo menos que podía ofrecerle a cambio por tanto cuidado y amor. Suspiró y cerró los ojos. Un nudo en su garganta no tardó en obstruirla y la aclaró pesadamente, una y otra vez. Finalmente abrió los ojos y miró al bajista con brillantes pupilas, sin que los lentes lo protegieran más. Mostrándose a punto de llorar y pasando un mal rato por intentarlo. Reita se levantó rápidamente y corrió la silla hasta ponerla junto a Ruki. Volvió a sentarse, haciendo que la posición ocultara a la perfección el cuerpo del castaño.
- Dime qué pasa… no te guardes las cosas… te hará mal… - susurró dulcemente mientras le tomaba el rostro con amas manos y le acariciaba las mejillas
Ruki cerró los ojos, sólo permitió escapar algunas lágrimas para aliviar la presión en su cabeza.
- Lo vi… - susurró lastimeramente y se aferró de golpe al cuello de Reita, dejándose abrazar y llorando con suavidad en su hombro
Entró en su departamento y dejó las llaves sobre la mesa cerca de la entrada. Una voz le saludó desde su pieza a medida que caminaba hacia ella. Iba a mitad de camino cuando una persona casi desnuda salió de su cuarto y lo abrazó efusiva y posesivamente. El vocalista se sorprendió un poco, por un momento recordando el enfado del guitarrista la noche anterior lo cual lo mantuvo muy quieto entre esos brazos. La mayoría del día, solía ser el pelirrojo una persona muy cariñosa, y se notaba que en la noche también trataba de serlo, pero cuando de los labios de Kyo escapaba el nombre de Ruki no podía soportarlo más. Siguió su camino paseándose hasta la cocina, sin siquiera notar el pésimo estado de ánimo del más bajo. Este simplemente continúo su camino encerrándose en su cuarto luego de dejar en el pasillo la ropa de Die cerca de la puerta, cuando este comiera algo se vestiría y se iría sin decir más, así era siempre.
Reita se había marchado unos momentos a su casa para revisar que todo estuviera en orden. Se había instalado a vivir con Ruki desde que lo había encontrado en el baño. Si bien el castaño iba de vez en cuando a su casa, el bajista prefería quedarse en la de Ruki, dónde él se sintiera cómodo. Pero ahora, y a pesar de estar en su tranquilo hogar, rodeado del humo del incienso, Ruki no estaba cómodo y mucho menos seguro. Haber visto a Kyo de nuevo le había dolido en lo más profundo de su corazón. Ahora ya no sabía qué pensar. Lo había visto tan triste, tan demacrado. Kyo no era feliz… y a Ruki le costaba serlo si esa idea lo acechaba… ¿por qué no podían –al menos- dejar que la relación se volviera de amistad? ¿Por qué no podía Kyo permitir que él lo alegrara, que lo hiciera feliz? El amor que se tenían no se había desvanecido en lo absoluto. Kyo nunca debió terminar la relación de esa manera, Ruki estaba acostumbrado a transformar el antiguo amor en una amistad sincera. Lo creía el final perfecto, así no habría rencores ni llantos… así Kyo no sería tan desdichado…
El rubio estaba boca abajo en su cama aún un poco desordenada. Sus pequeñas ratitas jugaban sobre las mantas dentro del límite que su amo les imponía. Miraba con gran cariño a aquellos pequeños animales, tan despreocupados y tan felices. Kyo tenía la mejilla apoyada sobre la cama, observando a la más grande de las criaturas se mantenía cerca de su rostro que le devolvía la atenta mirada con sus grandes y oscuros ojos.
- Buchi... – susurró entonces recordando la comparación que Ruki hacía mucho tiempo había hecho entre ellos y las ratitas.
Suspiró y se incorporó tomándolas y devolviéndolas a su jaula, mirando la puerta del cuarto mientras oía la puerta del departamento cerrarse. Bajó la mirada, odiaba como estaban las cosas, jamás se había sentido tan mal en su vida. Pero él lo había decidido así, al dejar a Ruki, ya tenía bastante claro como serían los siguientes meses de su vida, hasta que consiguiera resignarse a vivir de esa manera. Se abrazó a si mismo acariciándose los brazos, quizás no sufriría tanto si pudiera verlo todos los días.
- No – frunció el ceño mientras caminaba hacia el baño – No podría soportar la idea de solo ser su amigo... –
Ruki daba vueltas y vueltas por su habitación, bajo la confundida mirada de Sabu-chan. Lo había revisado todo, cambiado todo de lugar, hasta había pensado en mover la cama pero era demasiado pesada. Nada. No había rastro alguno de Kyo en ese lugar. Sólo su corazón y su mente recordaban la estadía del rubio en su casa, pero no había indicios físicos de ella. Era como si Kyo hubiese sido sólo un mal sueño. Sacudió la cabeza. Como deseaba ahora no haber arrojado su collar de calavera, el no tenerlo era la expresión simbólica de no tener a Kyo, una parte de él faltaba. Se sentó en los pies de la cama y se dejó caer pesadamente hacia atrás, suspirando. Odiaba como se había desarrollado la situación. Odiaba haber perdido todo contacto con él. Había estado una semana entera llamando a un teléfono ahora inexistente y hasta se había atrevido a ir a una casa ahora vacía. Nada. En ninguna parte había rastro alguno de su gran amor. Y sin embargo ahora volvía, como si nada, al parque que tantas veces los había visto juntos, al árbol cuya sombra los protegió en momentos difíciles. Apretó los puños.
- ¿Porqué te fuiste?... – preguntó entre dientes a pesar de saber la respuesta
Cerró los ojos con fuerza y no pudo reprimir unas vagas lágrimas que rodaron por sus mejillas suavemente.
Las gotas acariciaban cada rincón de su cuerpo, tratando de borrar las rojizas marcas que cubrían su torso. Las vagas lágrimas se camuflaban con la tibieza del agua... suspiró una vez más. Había hecho tantas cosas para evitar volver a verlo, para evadir un posible llamado, una posible visita... y él mismo había ido a buscarlo, inconscientemente. Lo necesitaba, su corazón llamaba a Ruki a gritos, le dolía la distancia. Le dolía no tenerlo entre sus brazos, le dolía latir por algo que no tenía y que no volvería a tener. Por algo que quizás nunca debió haber tenido. Cerró la llave y salió de la ducha, rodeando sus caderas con la toalla, tomando un par de cadenas sobre el mueble del baño, rodeando su cuello con ellas, mirando luego las calaveras idénticas con una pequeña sonrisa. Eso era lo único que podría haberlos unido aun después del adiós, pero no se lo había devuelto a Ruki...
- Es mejor así, si no lo ve no se acordará de mi y es así como todo debe ser – se dijo a si mismo, decidido, saliendo del cuarto.
Los días pasaban lentos y tristes para Ruki. Carcomiéndose la cabeza con la reciente aparición de Kyo, poca atención podía realmente prestarle al amoroso Reita que lo cuidaba cada día. Le había costado horrores aceptar la partida del rubio y finalmente darle otra oportunidad al bajista. Su corazón no quería volver a herir a Reita con su estupidez, pero Kyo se había ido para hacerlo feliz, era una falta a su antigua relación si Ruki no cumplía. Y lentamente el amor de Reita fue sanando sus heridas, las cicatrices en sus muñecas extrañamente seguían ahí, pero Ruki ya no sentía odio hacía sí mismo. La constante terapia lo había debilitado, ya no tenía fuerzas para odiarse. Ahora Reita le enseñaba a quererse.
El incondicional cariño de sus amigos lo sacó adelante, no era sólo el bajista quién lo cuidaba, Kai y Aoi también estaban pendiente de él. Sólo Uruha se mantenía al margen, pero la relación entre el guitarrista y él siempre había sido sencilla, no necesitaba tenerlo pegado a él para saber que se preocupaba. Aunque comenzaba a volverse fastidioso ser siempre el centro de atención, Ruki no tuvo otra opción que acostumbrarse, cuando el resto estaba pendiente de cada uno de sus movimientos y palabras. Ahora que había pasado bastante tiempo desde el fatídico accidente, Ruki se daba el gusto de estar solo en su apartamento, viendo a Reita menos seguido que los primeros días. Ya no era tanto el vacío en su alma, pero su cabeza aún dolía en las noches cuando, a pesar de anochecer con el bajista, no podía dejar de pensar en la repentina aparición de Kyo.
Pasada una semana y unos pocos días ya del encuentro, la necesidad de volver a verlo estaba acosándolo cada vez que tenía la cabeza desocupada. Por eso siempre trataba de mantenerse haciendo algo, no importaba lo que fuera. Pero era por las noches, cuando se desvelaba sin quererlo –la capacidad para dormir donde y cuando fuera le estaba fallando-, cuando su mente se perdía y lo dañaba, haciéndolo pensar en él. Pero se resistía al constante deseo de ir a esas conocidas calles, quedándose así siempre muy cerca de su grupo, y de lo que, en una manera masoquista y retorcida, podría llamarse su pareja.
Un nuevo día libre se acercaba y eso lo atormentaba. La idea de no tener que ensayar lo asustaba, le daría tiempo de escaparse a cualquier lado... y sabía que terminaría cerca de él si lo hacía. Sabía que era capaz de llegar más lejos, y eso lo llevó a pensar en otras cosas... si llegaba más lejos, ¿cuánto daño podría hacerle su llegada? Ya lo había visto desmoronarse con solo verle un pequeño segundo. Si volvía a aparecer, el menor inevitablemente quedaría mal por segunda vez...
- Eso – golpeó con su puño suavemente la palma de la otra mano. Debía aferrarse a esa idea, era la única manera en la que podría negarse a su propia cabeza. No le quería hacer mal, y sería posible solo manteniéndose alejado.
Ruki suspiró suavemente entre los brazos de Reita, se sentía tan cálido y protegido al igual que siempre que dormía a su lado. Pero, tal y como hiciese a la inversa cuando salía con Kyo, no podía dejar de pensar en el rubio. Parecía como si estuviera destinado a pensar en otra persona cada vez que estuviera con alguna pareja. Cuando tuvo a Kyo, pensaba en Reita, y ahora que Reita volvía a estar en su corazón, no dejaba de pensar en Kyo y cuan descuidado se había visto en el parque. La imagen de su rostro, nunca había visto tal expresión de tristeza y desamparo. A su lado, a pesar de todas las terribles situaciones, Kyo había sido muy feliz. Ruki había visto escasas veces una expresión tan lastimera. Ni siquiera había llegado a apreciarla con tanta intensidad como esa tarde. …l podía ser feliz, lo estaba siendo junto a Reita, pero la simple idea de que Kyo no lo era, le destrozaba el alma. Quería acercarse a él de nuevo, volver a darle amor, ni siquiera necesitaban estar siempre juntos, sólo con poder alegrarlo cuando el rubio lo necesitara… eso le bastaba a Ruki. Pero era una ilusión pensar en eso, era imposible que Kyo volviera en plan de amigos. Había sido su elección separarse del castaño, sin importar cuanto sufriese en el proceso.
El día siguiente lo encontró harto, harto y cansado. Cansado de la situación. Odiando su cabeza que le hacía pensar en su adorado Kyo cada vez que al fin podía concentrarse en Reita. Aplicó su rutina diaria, pero esa tarde sería diferente. Decidido, tomó la correa de Sabu-chan sin decirle nada a Reita. El pequeño cachorro los había unido aquella vez, tenía que volver a hacerlo, Ruki necesitaba verlo de nuevo, asegurarse de que su estado no era su imaginación. Asegurarse de que Kyo había cometido un error al alejarse de él. Salió del ascensor con el cachorro en brazos y le puso la correa antes de encaminarse a la salida.
Cerró la puerta del departamento, ese día no tenía nada que hacer y tampoco tenía porque quedarse en su sitio, esa noche la había pasado solo, cosa que le había hecho sonreír un poco al despertar. Por primera vez abrir los ojos sin estar rodeado por brazos posesivos y dañinos era un alivio..., sin embargo, ahora tenía libertad de hacer lo que quisiera y era exactamente eso lo que quería evitar. Bajó por el ascensor y luego salió del edificio... quizás tomar aire fresco le ayudaría a despejar su cabeza, al menos a poner en orden todos sus enredados pensamientos. Deseaba con todas sus fuerzas poder sentarse y fumar algo, pero semanas atrás notó como su garganta se quejaba ya de todo el daño y lo había dejado... cosa de lo que se arrepentía debido a que ahora necesitaba un cigarrillo con urgencia. Con las gafas oscuras cubriendo su oscura mirada y una chaqueta protegiendo de la vista de los demás sus marcados brazos, comenzó a alejarse de su edificio... a caminar sin un rumbo fijo en su cabeza. Mirando el piso mientras, nuevamente, se dirigía al sitio en el cual, conciente e inconscientemente, quería estar...
Notas finales del capítulo:

Espero que lo disfruten, es solo el comienzo!

Desde ya agradezco todos los reviews.

Bai bai~ (L) 


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