Categoría: DEATH NOTE
Clasificación: No menores de 18 años

Notas del fanfic:

 

...Los personajes no me pertenecen (por mala suerte)... pero la idea del fic es completamente de mi autoría...

 

Aclaraciones del capitulo:

Waaa... que mal me sentí el viernes!!... una confusión muy feaaa... TT lo siento, Yamiii!!... pero aquí está tu compensación... ^^

Escribí el fic en un fin de semana, increíble, no?..

Advertencia: el fic contiene un lemon algo fuerte... ¬///¬ uno muy fuerte teniendo en cuenta que hacía meses que no escribía nada así... u//u

Espero les agrade... ^^

...el fic va dedicado a Yami, quien estuvo esperando y rogando que lo colgara de una buena vez ^^UUU

 


 

 

 

 

 

 

Fui yo quien te provocó...

 

By: Aome...

 

 

 

"Sal a fumar afuera, idiota" le había dicho Mello hacía un rato. El rubio andaba de buen humor esos días... si, eso era buen humor. Y Matt, con tal de probarlo, se recostó  por la ventana de la habitación, sin necesidad de salir. Era un masoquista. Había notado la mirada que el menor le había dirigido, aunque también se había dado cuenta de lo ¿lujurioso? que andaba Mello en los últimos días, y aprovechando que el enojo de hace unas semanas ya se le había pasado, esperaba provocarlo, que reemplazara aquella tableta de chocolate por su boca.

 

De sólo pensarlo empezaba a excitarse.

 

Le dio otra calada a su cigarrillo, exhaló el humo con parcimonia y dejó lo que le quedaba entre sus labios, sintiendo sobre sí una penetrante mirada de ojos verdes y en el aire un embriagante aroma a chocolate. Como deseaba poder tenerlo sobre sí ahora. Era un masoquista.

 

Empezó a mover las caderas a la vez que tarareaba una canción, haciendo de cuenta que no se había percatado de la imponente presencia que se afirmaba en el marco de la puerta que empezaba a ponerse impaciente.

 

Mello veía cómo era que el pelirrojo mecía su bien formado trasero al ritmo de la tonta melodía de su último juego para DS, provocándolo, excitándolo, haciendo que quisiera abalanzarse sobre él. Mordió su labio inferior, se metió a la boca el último trozo de chocolate que le quedaba y tomó la cadena para perros que tenía colgada en la perilla de la puerta a la vez que avanzaba hacia ese que no dejaba de moverse.

 

-Insinúate... ya verás, Matt -pensaba el rubio, caminando a sigilosos pasos hasta llegar a esas caderas zigzagueantes. Apoyó su pelvis contra las nalgas del mayor y se movió un poco, fregándose contra ellas, apretándolas con fuerza con las manos, obligándolo a mantenerse allí. Lo único que los separaba eran sus pantalones. Aquel franeleo estaba sacándolo de sus casillas. No sabía qué era lo que le ocurría, pero aquella sensación de empezar a salirse de sí empezaba a gustarle.

 

-MmmMello -soltó el de los ojos azules, soltando el cigarrillo, estremeciéndose en un escalofrío al sentir tal roce. Ahora si estaba excitado... y como le gustaba que Mello hiciera aquello. Pero no se esperó que de la nada éste lo volteara y le arrancara la camiseta a rayas de un solo tirón, para luego tirarlo sobre la cama más cercana y le atara las manos con la cadena que jamás usaba. Matt estaba descolocado, el rubio siempre era duro y algo masoca, pero jamás lo había tratado de esa forma. Nunca lo había atado ni azotado con nada. No era lo que se dice suave en la cama, pero de ningún modo lo habría dañado-. ¿Qué haces?, ah, me duele -se quejó, frunciendo el ceño.

 

-Cierra el hocico, animal.

 

-Tú no seas animal, ¿qué no te das cuenta de que me dañas?

 

-A ver, Jeevas... sigue quejándote como niña y pobres de ti y tu culo -le respondió de forma asquerosa. Lo volteó en la cama, obligándolo a no verlo a los ojos, su expresión lastimera le daba remordimientos, que aunque subconscientes, igualmente trataban de frenar lo que estaba haciendo.

 

Mello no era Mello. Era alguien completamente distinto.

 

Empezó por morderle de forma brusca el cuello, los hombros, descendió por toda la extensión de la espalda dando molestos y dolorosos chupones a la vez en que se desnudaba y lo desnudaba a él. De los ojos de Matt empezaban a escurrir involuntarias lágrimas, pero cerró los ojos y se aplastó contra la almohada, mordiéndola. Aunque no le dolía tanto aquello, lo asustaba, lo aterraba la actitud ausente y violenta del menor. No entendía qué demonios le ocurría para que actuara de esa forma.

 

-Mellooooo... por... por favor... ah, bastaaaa -empezaba a decir el pelirrojo, amortiguando su voz contra el cojín-. Aaahhh... me duele... Mello...

 

-¡Cállate! -le gritó, a la vez que le daba una nalgada con bastante fuerza. Lo tomó de las caderas y las elevó un poco, se colocó de rodillas detrás de él y, afirmándolo con ambas manos, lo penetró de una sola vez, lastimándose a sí mismo y al mayor en el acto, pero sin importarle cuanto dolor haya de por medio, empezó a moverse, entrando y saliendo en un desacompasado ritmo que escocía internamente a cada movimiento.

 

El rubio jadeaba, consumido por el placer de la tortura, de saberse temido. Sus uñas rasguñaban y resquebrajaban de manera cruel la pálida piel del poseedor de esos ojos azules que ahora ausentes observaban la nada mientras su cuerpo se movía, inerte, impulsado por el menor que no dejaba de lastimarlo, entrando y saliendo de él. Sentía cómo sus nalgas golpeaban contra los muslos del otro y el miembro del mismo se abría paso dentro de sí, mientras de vez en cuando recibía una que otra mordida en el cuello y las largas heridas de los arañazos quemaban de dolor. Sus manos aún estaban atadas con esa cadena que le lastimaba de forma cruenta.

 

Un grito ahogado por parte de Mello hizo volver en sí al pelirrojo, que con un fuerte y doloroso quejido, tomó aire, dejó escapar una lágrima, y sollozó:

 

-Mello, ¡me duele!

 

En ese momento el ruido de la cama y los movimientos cesaron. El de los ojos verdes salió del cuerpo del mayor y cayó sentado sobre el colchón, con los ojos abiertos, incrédulo de lo que acababa de hacer. Había abusado de Matt, de una persona, de alguien que sin chistar se había convertido en su perro... un perro al que, aunque trataba cruelmente con las palabras y con quien no era suave, al menos jamás había maltratado de esa forma. Le quitó la cadena y la dejó caer a un lado, aún con expresión ausente.

 

Matt, que no sabía qué hacer, se quedó quieto un momento. No iba a reprocharle nada, tampoco iba a llorar o hacer que se disculpara, ni mucho menos le haría lo mismo que acababa de hacerle. Conocía a Mello y sabía que éste no era de esos que pedían disculpas, y él no era vengativo. Le dolía, si, jamás lo lastimaron de esa forma, pero se lo guardaría todo y haría de cuenta que eso jamás ocurrió... siempre lo hacía y esta vez no sería la excepción... Aparte de que esta vez él lo había empezado todo... ¿no?.. Enfrentaría las consecuencias.

 

Se puso de pie, tambaleándose un poco debido al punzante dolor que tenía en sus adentros. La mano del rubio se aferró a su muñeca y lo jaló del brazo. Él sintió como si cayera en un abismo, todo a su alrededor se oscureció, pero de pronto se encontró recostado nuevamente sobre el colchón. Al abrir los ojos vio sobre sí una arrepentida mirada de ojos color verde, mientras que por sobre su rostro caía una lluvia de cabellos rubios.

 

-Mello... -susurró con la voz entrecortada.

 

-¿Te lastimé? -preguntó indiferente, aunque sus ojos mostraban que de veras estaba preocupado.

 

Pero no respondió y trató de alejar al menor para levantarse, pero éste lo mantuvo quieto allí, agarrándolo de los hombros.

 

-No, Matt... ¿Te lastimé, verdad? ¡Di algo! -lo sacudió levemente-. ¡Te escuché gritar que te dolía!

 

-¿Entonces para qué preguntas? -dijo con voz alta y clara, sonando frío. Luego desvió la mirada, avergonzado. No iba a reclamarle nada ni mucho menos.

 

Mello no supo cómo actuar. Las palabras no eran su vocación y el pedir disculpas no era precisamente algo que hiciera bien o que le gustara. Decidió sólo agacharse lentamente y besar los labios del mayor, suavemente, esperando a que éste responda. Colocó ambas manos en el pecho del mismo y esperó.

 

El pelirrojo se sorprendió, pero se dejó llevar por ese sabor a chocolate tan particular de la boca del menor y le dio permiso a que ingresara y explorara la suya sin cohibiciones, mientras dejaba que sus manos se infiltraran entre todos esos cabellos dorados, enredándolos entre sus dedos. Luego dejó que bajaran por su nuca, haciendo un poco de presión, sabía que eso le encantaba, para después seguir bajando, palpando la espalda, acariciándola con las yemas de los dedos, causándole escalofríos, que se revolviera entre sus brazos. Le rodeó la espalda con fuerza, apretándolo aún más contra sí.

 

El de los ojos verdes no encontraba respuesta al porqué de la reacción del mayor, pero tampoco es que quisiera obtenerla. En ese instante su mente empezaba a nublarse, dejándose guiar... Sus manos, desde el pecho del otro, empezaron a descender en un recorrido sinuoso por toda la piel de su torso, apenas pellizcando los pezones, jugueteando con el ombligo. Dejó de besar sus labios y se dirigió hacia su cuello, el cual Matt estiró inconscientemente ladeando la cabeza, soltando un leve gemido.

 

Cerró sus ojos azules, dejando que las sensaciones que empezaban a embriagarlo le hicieran olvidar lo vivido hace algunos instantes... Sentía cómo los labios del rubio rehacían el recorrido que habían hecho las manos del mismo por su pecho, logrando que elevara las caderas al sentirlo masajear con la legua sus pezones, logrando arrancarle jadeos.

 

-Mello... Mello -empezaba a gemir el pelirrojo, revolviéndose de placer bajo el cuerpo del menor, rozando ya la locura, esa a la que Mello lo invitaba, a la que lo conducía ciegamente. En ese instante no existía nada más que ellos dos.

 

Y aunque eso no fuera amor, siquiera aprecio, y fuese sólo una sesión más de sexo, a ambos les encantaba. Los desconectaba de la realidad, era como andar drogándose, viciándose con ello.

 

Mello descendió aún más, jugueteando con su lengua en el ombligo del mayor, bajando por su vientre, encontrándose de lleno con su miembro ya despierto, empezando a probarlo con lentitud, oyendo a la lejanía los gemidos del otro. Bajó un poco la mirada, observando una pequeña mancha de sangre proveniente de la entrada del poseedor de los ojos azules. Esta vez si lo había lastimado enserio. Se pateó mentalmente por eso, porque aunque Matt fuese su perro y él un ser despiadado, no tenía el más mínimo derecho de herirlo así. Algo de culpa sentía. Volvió a lo que estaba, saboreando con deleite la ardiente erección.

 

-Ah... más, Mello -gimió el de los ojos azules, pidiendo más, algo que al otro le encantaba que hiciera, razón por la cual aumentó la velocidad y la fuerza que ejercía sobre la excitación del mayor, causándole espasmos, que se retorciera de placer, que le pidiera más y más. Pero no dejaría que se corriera.

 

Mello dejó de lado el miembro del pelirrojo y subió hasta su boca, devorándola, quitándole el aire a la vez que fregaba su pelvis contra la de quien estaba bajo su cuerpo, excitándose cada vez más.

 

Casi por inercia, se colocó entre las piernas de Matt y lo tomó de las caderas, dispuesto a ingresar en su cuerpo, pero al clavar sus ojos en los del mayor, vio en éstos una mirada aterrada, inundada de miedo... y se dio cuenta de que le había hecho daño, y que, por más de que no se quejara, no quería que se lo volviese a hacer.

 

-Te duele... -afirmó el rubio con frialdad. El otro no estaba dispuesto a asentir y a ponerse a dar pena por algo que él había causado. Sólo se mordió el labio inferior y trató de negar con la cabeza. Mello sabía que podría lastimar más al mayor, pero correría el riesgo, con tal de que admitiera que le dolía lo que le había hecho. Ya muchas veces lo hizo rogar y dejar de lado el poco orgullo que tenía... porque sí, Matt tenía orgullo.

 

Ingresó levemente en su cuerpo, observando cada una de las reacciones del pelirrojo, el cual echó hacia atrás la cabeza y se aferró a las sábanas con fuerza, seguramente tragándose los insultos y los gemidos de dolor.

 

-"Un perro no se queja ni se revela ante su amo" -recordaba las palabras de Mello hace algunos años, cuando aún eran pupilos en Wammy's House. No iría a decirle que se detuviera, que le dolía, a mirarlo suplicante ni menos a llorar frente a él, aún tenía algo de orgullo, aparte de que un perro sólo acata órdenes...-. ¡Ah! -soltó casi inconscientemente, puesto que de verdad le dolía.

 

-¿Ves que si te duele?.. Idiota -murmuró el menor, soltando a Matt con algo de brusquedad.

 

-N-No... No te vayas... Mello -susurró el pelirrojo, tratando de sonar desinteresado, pero la voz se le quebró.

 

Mello lo miró extrañado, ¿de dónde había sacado que se iría?.. Se acomodó a horcajadas sobre las caderas del mayor, observándolo entre frío y compasivo. Ese que sus ojos veían era quien se había callado todos los lamentos de dolor cuando él venía cabreado y sólo se dignaba a maltratarlo. Jamás lo había herido gravemente, pero había veces en que necesitaba descargarse y qué mejor que un perro en casa...

 

Se inclinó hacia él y lo besó de forma demandante. Matt respondió al instante, dejándose acariciar nuevamente por las manos que antes lo habían arañado y golpeado. El aire poco a poco los iba abandonando hasta lograr separarlos. El rubio se irguió y se llevó tres dedos a la boca, ensalivándolos. La visión que estaba ofreciendo era realmente tentadora, en ese momento si que parecía el más chico de los dos y eso no ocurría todos los días. El mayor se inclinó hacia delante y se apoyó en los antebrazos, clavando sus ojos azules en los verdes del otro. Las mejillas de ambos se encendieron en furiosos sonrojos.

 

Mello llevó sus dedos hacia su propia entrada y los adentró lentamente, sintiendo cómo en sí se mezclaban el dolor y el placer. Su cara se desfiguró en una mueca de disfrute: sus ojos se cerraron, llevó hacia atrás su cabeza, usando su mano para correr el flequillo húmedo, dejando esa mano allí, entreabrió los labios, permitiendo escapasen leves jadeos.

 

-¿Qué demonios hace? -se preguntó el mayor. Él sabía que el rubio era virgen de atrás, puesto que su primera vez para ambos había sido juntos y Mello jamás dejó que el pelirrojo lo penetrase.

 

Lo tomó de la nuca con ambas manos y lo atrajo hacia sí en un beso fogoso, aunque dejando que el rubio lo dominase. Éste no le permitiría dominarlo.

 

El menor se separó de los labios del otro, sacó sus dedos de su entrada y, apoyándose en la cama con una mano, elevó las caderas, mientras que con la otra tomó el miembro del pelirrojo, penetrándose a sí mismo al descender. Soltó un gemido algo dolorido, ya que jamás había hecho eso, pero era tarde para arrepentirse.

 

Matt sintió cómo era que la estrechez del menor lo envolvía de forma asfixiante mientras oía sus jadeos cada vez más subidos de todo.

 

Mello tomó ambas manos del pelirrojo y las colocó en sus caderas, observándolo fijo a los ojos con una mirada lujuriosa, en la cual se leía perfectamente: "Muéveme... Matt". Y el pelirrojo obedeció, lo tomó con fuerza de las caderas y empezó a moverlo de arriba abajo lentamente, tratando de que se acostumbrara a la sensación. No era fácil hacerlo y pretendía ayudarlo a habituarse, como el mismo rubio lo había hecho en su primera vez.

 

El mayor vio la cara de satisfacción que ahora tenía Mello y quería más de ello, razón por la cual, moviéndose él, atrajo al rubio abrazándolo por la espalda y se acercó a su oído, empezando a gemir de manera febril, notando como la respiración del menor se hacía más pesada.

 

-Ah... Mello... así, si... aaahhh... más, Mello, más...

 

-Mmm... ¿Así?, ah -preguntó Mello, moviendo sus caderas al mismo ritmo que el pelirrojo, logrando un toque más profundo que causaba que oleadas de placer recorrieran todo su cuerpo, y soltando gemidos descontrolados al sentir sobre su miembro las manos del otro en un candente roce-. Ah, ah... si, Matt... sigue así... ah...

 

-Más fuerte... más fuerte... ah, Mello...

 

El pelirrojo se atrevió a mordisquear suavemente el cuello del menor, acariciando su pecho, pellizcando con una de sus manos uno de los botones rosados, causando que el cuerpo sobre sí se retorciera de placer.

 

Volvieron a besarse de manera ardiente y hambrienta, tratando de calmar el fuego que los consumía con rapidez, callando a la vez esos gemidos que se salían de entre sus labios.

 

Sus cuerpos fundidos en uno solo, moviéndose en un único compás, oyéndose en la habitación solamente sus gemidos y jadeos. Ambos tenían el placer quemándoles la piel inundada de sudor, mientras sus mejillas ardían en sonrojo. Se observaron a los ojos unos segundos y soltaron a la vez un sonoro gemido, anunciando las últimas estocadas antes del orgasmo.

 

Creyeron subir al cielo y volver a bajar en una montaña rusa de goce y placer que los ahogaba, que los embriagaba, que los hizo gritar hasta el cansancio.

 

Mello se vio lleno del mayor en una sensación enloquecedora a la vez que él se derramaba entre las manos del pelirrojo que, con un evidente sonrojo avergonzado subiéndole por las mejillas, se llevó las manos a la boca, empezando a lamer dedo a dedo en una visión tentadora. El de ojos verdes lo tomó de la nuca y lo atrajo hacia sí, haciendo que se sentara aún con él mismo encima y lo besó, rodeándole el cuello con ambos brazos mientras sentía las manos de Matt aferrarse con fuerza a su espalda.

 

Pronto se quedaron sin aire y se separaron, observándose con cansancio a los ojos.

 

El mayor, al saber que estaba en la cama del rubio, dijo:

 

-Tu cama, ya sé... -Y se levantó, pero no dio ni un paso y Mello lo había jalado de la muñeca para que quedase nuevamente sentado.

 

-No -le dijo fríamente y, haciendo fuerza con el dedo índice en su clavícula, lo acostó en el colchón para luego acostarse sobre su pecho, pero Matt se volteó, dándole la espalda, tal vez queriéndole enseñar que las cicatrices de los rasguños todavía estaban ahí, tal vez tratando de decirle que si le guardaba rencor, un poco al menos.

 

Pero el rubio no iba a rendirse. No soportaba que el mayor se comportara así de distante, aparte de que siempre era éste quien le reprochaba el ser tan frío. Se levantó un poco y tomó una de las manos del pelirrojo, tironeándola y logrando voltear al chico, que muy a su pesar se quedó en aquella posición: con en pecho pegado a la espalda de Mello, quien lo obligaba a mantener aquel brazo del que había tirado, en su cintura, rodeándola.

 

-Te enojaste... -afirmó el menor, pateándose por ser tan flexible ante Matt, aunque no lo demostrase.

 

-No, no me enojé... -respondió el de los ojos azules, soltando un largo suspiro. Mello jamás cambiaría-. Duérmete ya -le ordenó suavemente.

 

-Lo siento -pensó, sin atreverse a decirlo, aunque era orgulloso, también recordaba que un amo no se inclina ante su perro. Matt se ladeó un poco hacia delante, besando la oreja del rubio en un corto y suave beso, antes de susurrarle en el oído, como si hubiese leído sus pensamientos:

 

-No importa... después de todo, fui yo quien te provocó...

 

 

Notas finales del capítulo:

Gracias por llegar hasta acá!! ^^

...Me dejan un review?.. ^^

Aome...


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