Categoría: SLASH
Clasificación: No menores de 10 años

Aclaraciones del capitulo:

·Disclaimer: Don't own 'em.

·Pairing: Uh... ¿Joker x Batman? (Que no Joker/Batman; es diferente, lol). One-side.

·Warnings: Muerte de personaje, leve necrofília. PWP (Plot? What plot?) {¿Argumento? ¿Qué argumento?}.

·AN: Well hello pple! Mi segundo fic de ellos. Esta vez más ¿macabro? Báh, báh. Mejor digo lo que tenga que decir abajo, no quiero estropear la sorpresa~.

Enjoy y blablabla.

Ha.

Ha, ha, ha.

Ha.

Te ríes porque es su olor el que lo hace. Es como una explosión de enredaderas -y, oh, tú amas las explosiones- que reptan por tu nariz y le hacen cosquillas a tu cerebro. Es un olor muy viejo, que te recuerda a noches en vela y manos ásperas dando bocados contra tu tierna piel de infante.

Enseñas los dientes en una mueca que debería parecerse a una sonrisa y que irónicamente no lo hace. ¿Serán acaso las cicatrices? ¿Te molestan?

Aprietas con fuerza el cuchillo contra su garganta.

-Bien, bien, bien, pequeño murcielaguito--shh, shh -mueves la mano que maneja el arma para sellar sus labios-. ¿Sabes? El punto de esto es que me escuches. ¡Quiero hablar! -sin querer ni poder evitarlo, dejas caer una pequeña risa sobre su rostro-. Para comunicarse hace falta que el emisor, o sea, yo, pueda comunicar un mensaje a ti, el receptor. ¿Lo captas? -esperas. ¿Nada? Ni un gruñido. Te lames nerviosamente los labios y alzas una ceja-. ¿No?  

Casi puedes oír las patitas de las cucharachas. ¡A eso se le llama comunicación!

-Oye, tío, ¿sabes? -te apartas el pelo de la cara con el gesto ofuscado. Si hay algo que odias es que te ignoren-. De verdad, y te lo digo como amigo, creo que tienes un serio problema de autismo -dices, y te dedicas, con el cuchillo, a hacer patrones que solo tú ves sobre la piel expuesta-. ¡No, en serio! Mira -te separas de él, lo justo para quedar cómodamente sentado sobre su regazo-: llevas esa... cosa; no hablas, y si lo haces es para gritarme con tu... extraño y especial tono de voz -pones los ojos en blanco, claramente intentando sacarle de sus casillas-. ¡Te dedicas a reventarme a palos cada vez que me ves! Dime tú si no es grave.

No dejas que te responda cuando ya estás casi llorando de la risa.

-¡Ay! Si es que yo tendría que haberme hecho humorista -susurras por lo bajo, con el tono aún tembloroso de las risillas que quedan pendientes-. Pero, por el amor de Dios, no vengas nunca a un espectáculo mío. ¡Me joderías el chiringuito! ¿Verdad, Batsy? ¡Claro que sí! Sabía que me darías la razón -vuelves a estirar tu boca para sonreír y el aire fluye de tu garganta para estallar contra las paredes de ladrillos sonando a carcajada maniática.

Y aún no ha dicho ninguna palabra.


Estás comenzando a ponerte nervioso. No sabes qué decir, porque no te gusta hablar solo; siempre acabas discutiendo y deseando estrangular esa voz que oyes cuando estás en tu celda.

-Bueno, y... ¿no vas a intentar patearme el culo hasta llegar a Arkham? -chasqueas la lengua y seguidamente la utilizas para humedecer las cicatrices-. Aburrido. Estoy por ir por mi propio pie, en serio, Bats. Tú siempre fuiste tan divertido... -te inclinas y muerdes con suavidad su barbilla-.

No se aparta.

Te haces mejor hueco entre sus piernas y te frotas contra él. Ríes -o gimes- y muerdes sus labios hasta hacerlos sangrar, porque no encuentras mejor forma de demostrarle cuánto lo necesitas. Tus manos -sorprendentemente sin guantes- reposan a cada lado de su cuello y tu corazón late con una rapidez diferente.

Cuelas la lengua allí dentro sin oposición alguna y buscas y buscas y buscas y te pierdes sin querer encontrar la salida. No hay respuesta; ni buena, ni mala.

Una rabia sorda corretea por tu cuerpo hasta quedarse en tu garganta y es por eso que te separas y le asestes un fuerte puñetazo. Resoplas como un animal enfurecido, agarrándolo del cuello con fiereza.

-¡Vamos, Batman! -ladras, hasta que tu garganta se resiente y tus manos vuelan arañando lo que se encuentran-.

Es entonces cuando tus ojos, en busca del cuchillo que probablemente se te haya caído, se topan con un charco de sangre. Curioso, extienes el brazo para rozarlo y recorres todo el camino que sigue.

Oops.

Se encienden tus ojos con jolgorio y la risa lucha por salir.

-¡Vaya! -entornas los párpados y tus facciones se suavizan-. Lo siento, no me di cuenta -palmeas con cariño su cabeza encapuchada-.

Te levantas. Te arreglas alguna arruga invisible de tus pantalones. Lo miras detenidamente. Él no te devuelve esa mirada. Le das una patada en el costado y se dobla. Mucho mejor.

-Hasta que nos veamos, Batman.

Se te deforma la cara en una mueca alegre y, mientras te vas bajo las luces amarillentas de las farolas, canturreas por lo bajo la canción más de moda que hasta tú te has aprendido.

Vuelves la vista hacia atrás y piensas que no hay mejor placer que destruir lo que es tuyo.

Y ha.

Ha.

Ha, ha, ha.

Notas finales del capítulo:

D'awww, poor little bat.

Sinceramente, no creo que Joker pudiera llegar a matar a Batman; ya sabeis, toda esa cosa de 'tú me completas'. Por eso el título.

Autodestrucción. Séh. Creo que, matando a Batman, lo único que conseguiría sería destruirse a sí mismo. ¿Qué es Joker sin Batman? Un perseguido asesino sociópata, sí, pero todo su polo negativo necesita su polo positivo. Necesita a Batsy para saber que es el malo y disfrutar aún más del caos.

O eso pienso yo.

Así que, querido Joker, te acabas de suicidar.

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