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Dreaming in the Stars

Autor: Maya

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Notas del fanfic:

Esto No me beneficia monetariamente, lo hago por gusto y por sana entretención; así mismo Alice Nine la banda pertenece al sello discográfico PSCompany.

Notas del capitulo:

Este un One-shot, nunca había hecho uno... Así que espero que les guste. 

 

Advertencias: Contenido en extremo meloso y cursi, diabéticos absténganse de leerlo.

 

-Dreaming in the Stars-

 

 

 

 

               El sueño de las estrellas se repite constantemente en mi subconsciente, me hace reflexionar en si todo aquello tiene una razón de ser, si es un hecho casual o lo que bien llaman destino. La mayoría de las veces creo que debería dejar de pensar en cosas tan lejanas de mi realidad y devolver mis pies a la tierra, al mundo donde vivimos, eso es lo que dice Shou.

                -No estamos en condiciones de anhelar cosas que no podemos alcanzar, date cuenta.

                -Lo sé, pero...

                -Hiroto, estoy hablando en serio.

                La situación es difícil, todo nos ha estado saliendo mal, sin poder conseguir un trabajo que nos dé el sustento para vivir es imposible que paguemos el alquiler de nuestro departamento, pese a que es un pequeño lugar en medio de esta gran ciudad..., de esta fría ciudad.

 

 

Antes de viajar a Tokio teníamos tantos sueños, no esperábamos venir a crear una fortuna, para nada, sólo queríamos conseguir unos empleos de medio tiempo, algo que nos diera lo justo y un poco más para vivir, porque de alguna forma todo lo que necesitábamos era estar juntos.

                -Sólo estoy completo si estoy contigo -dijo sosteniendo mi mano, hace ya dos meses atrás.

                -Yo también -respondí silencioso, inclinando mi cabeza bajo su cuello-, por eso iré a donde tú estés.

                Hicimos nuestras maletas y vinimos a Tokio desde nuestro pequeño pueblo junto al océano. Nos despedimos cordialmente de ese lugar que nos había visto crecer; el sol en su retirada iluminaba tenuemente las orillas de la playa, corrimos metros, sintiendo la arena humedecida por las olas bajo nuestros pies descalzos. Mi regalo de despedida fue ese, volver a esa playa que nos había hecho coincidir en tiempo y espacio.

                -Ya no me va a gustar tanto este lugar -dije recogiendo una concha desde la arena y deteniéndome a ver los cambios de color en su interior, en su particular violeta tornasolado.

                -Siempre hemos vivido aquí, es nuestro hogar.

                -No -respondí, tomando la pieza de nácar y arrojándola lejos en el mar-; ahora este es el lugar donde nacimos, nuestro hogar es Tokio.

                -No puedo creer que te hayas olvidado tan pronto de esto... -murmuró cabizbajo.

                -Probablemente no me entiendas ahora... -dije tomándole de las muñecas-. No es algo que pueda explicar con palabras, sólo... lo siento -apoyé la mano sobre mi pecho-, aquí.

Esa tarde Shou sonrió para mí como siempre, yo sabía que no era capaz de entender mis sentimientos con respecto a nuestro origen, sin embargo, aceptaba mis puntos de vista y confiaba en que lo que yo sintiese, no en vano me había permitido tocar su corazón...

 

 

 

Dicen que las personas que han vivido en lugares rurales y pequeños tienen lo que se llama calor humano, algo muy distinto de quienes han vivido siempre en la fría ciudad. Sólo con conocer a Shou pude darme cuenta que el dicho de los pueblerinos no era una broma, pese a ser un poblado pequeño nunca habíamos coincidido, probablemente porque no había sido la hora. Tuve que acercarme mucho a él para alcanzar el maravilloso obsequio que entregaban esos labios al sonreír.

 

 

Toda mi vida la había pasado jugando tardes y días enteros junto a la orilla de las aguas, confiando en que si volvía tarde, nada me sucedería en el camino. Me quedaba en ocasiones, noches enteras, admirando la infinidad de estrellas en el cielo azul, tan azul que durante las noches podía parecer que el mundo se invertía y que el cielo ahora se volvía océano y el océano cielo. Las millones de estrellas en esa inmensidad eran tantas y tan claras que si estirabas los brazos hacia el firmamento podrías coger algunas de ellas con tus manos y guardarlas en tus bolsillos. En una noche de aquellas pude ver a alguien que como yo gustaba de recostarse en la arena a ver el cielo antes de volver a casa.

Entonces lo vi.

Nunca me detuve a pensar si había sido un homosexual desde siempre o si sólo lo había sido ahora que lo conocía, tampoco importaban las razones del por qué, el cuándo, ni el dónde, quería siempre estar con esa persona. Mi mente era tan libre que no veía maldad en hacer lo que el corazón dictaba, continua siendo de esa forma hasta el día de hoy.

Sigo soñando con las estrellas que dejé atrás, nuestro mundo de ensueño, nuestro paraíso providencial cambiado por las cientos de luces artificiales de la ciudad, su ruido molesto, su aire nauseabundo y el cielo infecundo de estrellas.

No hay hora del día en que no piense en regresar al sitio que abandonamos, dejar este espantoso lugar y vivir tranquilamente como sólo se hace fuera de la ciudad. Llevarme a Shou lejos de estas insensibles paredes que sólo le han hecho perder su perfecta sonrisa.

                -Te amo... -susurro en sus oídos mientras deslizo mis dedos sobre su pecho desnudo, dibujando en él la particular forma de su collar.

                -Yo también -dice jugando con sus dedos en mi cadena idéntica a la suya.

                -No estés triste, se trata sólo de una mala racha que ya pasará.

                -¿Cuándo, Hiroto?

                -No seas impaciente, todo a su debido tiempo.

                -Pero...

                -Shou, no dejes de sonreír para mí, ¿sí? -besé su frente con ternura y lo abracé atrayéndolo hacia mí-. Yo siempre voy a protegerte así que no tienes que temer.

                Lo estreché entre mis brazos y mientras caímos en el sueño volvía a recordar ese cielo estrellado, imponente  ante mí. La millones de estrellas que rodean a la persona que amo, todas ellas hablando de eventos futuros. "Las cosas mejorarán", eso es lo que dicen todas y cada una de ellas circundantes unas a otras.

 

 

                No es mucho el tiempo que llevamos saliendo Shou y yo, pero fue lo suficiente como para tomar mis cosas y sin pensarlo venirme a vivir con él a Tokio. No pase por muchas experiencias, nunca me gustó nadie antes, no sentí atracción por alguien, estaba muy ocupado dejando volar mi imaginación y simplemente viviendo según la orden del día, las personas que conocía, si bien eran importantes también, no me hicieron sentir nada. Terminé la escuela sin mayores sobresaltos y durante una noche mientras paseaba como siempre lo vi, me enamoré enseguida.

                -No sé decir si estoy enamorado o no, pero desde que te vi no dejo de pensar en ti. Todas las mañanas lo primero que hago al despertar es musitar tu nombre, veo tu sonrisa y todo tú como una película en mi cabeza; al momento de irme a dormir pido a los mil seres, arriba en las estrellas, que te protejan y cuiden tu camino, que seas feliz allá a dónde vayas, con o sin mí, y que la tristeza no te alcance, para que tu sonrisa no se vea empañada por la oscuridad de este mundo... Aunque también podría estar loco, no conozco a nadie que se haya sentido de esta manera.

                El viento sopló suavemente a orillas de aquel océano profundamente azul, mientras la luna vanidosa se veía a sí misma reflejada en el agua, adornada de cerca por el brillo de las estrellas y una pareja de amantes que se besaban en la arena.

                -No sé lo que es esto... -dijo asustado, tomando distancia.

                -No tengas miedo de mí, porque nunca voy a hacerte daño -dije tranquilamente.

                -¿Cómo voy a saberlo?

                -El día que te haga daño el cielo se caerá a pedazos y yo definitivamente no estaré más aquí, porque habré cometido el pecado máximo de hacer derramar sus lágrimas a un ángel.

Desde que lo conocí noté su miedo e inseguridad, su desconfianza hacia las demás personas y el mundo que le rodeaba, yo en cambio era abierto a hablar con todos. Shou y yo tenemos una diferencia de cuatro años, él es mayor que yo, sin embargo soy yo quien lo cuida.

                -Eres menor que yo -dijo besándome el hombro.

                -Sólo en edad, pero soy más maduro que tú, puedo enfrentarme a la vida solo, en cambio tú no -respondí cruzando mis brazos tras su espalda.

                -¿Vas a cuidarme?

                -Siempre.

 

 

                Los días grises continúan pasando frente a la ventana. Shou regresa a casa sin novedades, hoy tampoco ha encontrado un empleo y está triste por ello, el dinero que traíamos se está agotando. Yo lo sé, no es que Shou sea inútil, es sólo mala suerte.

                -¿Nada?

                -Nada.

                -Mañana será otro día -le digo tranquilamente, él sólo me dirige una mirada, afligido.

                Me bajo del marco de la ventana y dejo escapar un soplo de aire caliente en el vidrio, lo veo de reojo y escribo sobre el vaho: "Tú y yo". Enarca una ceja sin entenderme; sonrío, hago un círculo alrededor de lo escrito y sus facciones de suavizan.

                -Lo sé -dice sereno.

 

 

                Los días tristes siguieron transcurriendo uno tras otro, los vi pasar horas enteras desde su gris claro a su profunda oscuridad, implacable y sólo abatida por las cientos de luces de neón en los edificios. El resto de la vida allá abajo se ve lleno de magia y brillos de distintos colores, no es feo a la vista, pero no me atraen esas cosas plásticas, para un chico pueblerino como yo es suficiente con un paisaje limpio donde poder caminar... Simplemente eso, caminar.

                -¡Hiroto! -aparece de pronto Shou dejando sus cosas sobre la mesa-. Lo conseguí.

                -Sabía que lo harías -respondo contento y lo abrazo-. ¿Cuándo comienzas a trabajar?

                -Mañana, ¿no es increíble?

                -¡Sí!, deberíamos celebrar.

                -¡Vamos a comer lo que a ti te guste!

                -¡Tonkotsu!

                -Etto, no tenemos suficiente dinero para eso... -respondió algo apenado.

                -Entonces vamos a una máquina expendedora de bebidas -respondí tomando sus manos-. Cualquier cosa está bien para mí, lo que interesa es que mañana te vaya bien.

                -Soy tan patético, Hiroto, lo lamento.

                -No digas eso, para mí eres perfecto no tienes derecho a encontrarte patético. Shou, ¿me amas?

                -Mucho.

                -Yo también te amo, así que no me menosprecies hablando así de ti mismo, cada vez que lo haces sólo consigues ofenderme, ¿de acuerdo? -le revuelvo los cabellos antes de ir por mi chaqueta-. Vamos por esas bebidas, no todos los días comenzamos una vida nueva.

                -Las cosas mejorarán -beso sus labios con los ojos cerrados y apoyo mi frente en la suya.

                -Así será.

Salimos del departamento con un aire distinto, más suave y liviano. Encontramos un apartado con máquinas y con unas monedas en las manos nos dispusimos a elegir nuestro banquete de celebración.

                -¿Qué vas a pedir, Shou?

                -Café caliente, tengo frío -respondió apretando el botón-; ¿tú?

                -Humm... Sake caliente -indiqué, caminando hacía otra de las máquinas.

Caminamos por la calle, eran cerca de las nueve por lo que se podía ver a mucha gente saliendo de sus trabajos.

                -Mañana serás como ellos -le dije.

                -はい

                -Vamos a casa, sino mi Sake se enfriará.

                -Tienes razón.

Antes las cosas eran un poco distintas, pensé mientras veía entre mis manos la lata; Shou y yo siempre comíamos afuera, porque cuando lo conocí él ya tenía un trabajo estable, ganaba bien y me daba muchas cosas, es por eso que ahora se siente miserable de poder ofrecerme nada más que la lata que ahora mismo sostenía.

                -Shou... -lo llamé.

                -¿Qué...?

                -Gracias por esto -dije, enseñándole la lata-. Soy muy feliz.

Sólo sonrió, pero podía estar seguro de que pensaba que aquello que me había dado era insuficiente. Llegamos a casa y nos sentamos en el suelo junto a la mesa, abrimos cada quien su bebida al mismo tiempo.

                -Espera, tengo una idea -acoté antes de que tomara su café. Crucé mi brazo que sostenía el Sake con el suyo-. He visto en unas películas que brindan así.

                -Ja, ja, ja, ja, ja, esto es complicado, ¿cómo se supone que bebamos?

                -Tienes que acercarte un poco más y después hay que hacerlo al mismo tiempo.

Nos acercamos sin parar de reír por la ocurrencia que estábamos intentando hacer, estrechamos más nuestros brazos hasta dejar cada quien su bebestible cerca de los labios.

                -乾杯 [Kanpai] -dijo.

                -乾杯-le imité y procedimos a beber de esa extraña forma.

El primer trago se nos desbordó de la boca y dejamos de lado esa forma de beber en un ambiente cargado de risas, había sido todo un fracaso.

Más tarde seguimos hablando como solíamos hacer antes de dormir.

                -Hiroto, vi algo extraño cuando fuimos a las máquinas.

                -¿uhn? -pregunté bebiendo Sake, viéndolo por sobre mi mano.

                -Junto a la máquina de bebidas energéticas había una de preservativos, imaginé que eso era extraño.

                -¿Por qué?

                -Porque si es bebida energética debería ir junto a las otras máquinas de bebidas corrientes.

                -Shou, ven -repuse sonriente, me acerqué a su oreja y le susurré contándole la realidad como si fuera un secreto.

                -Eso es...

                -Sí, por eso ponen las máquinas así -se sonrojó como un tomate y siguió bebiendo su café ahora en silencio.

 

Cerca de la una de la madrugada fuimos a dormir, pero se sentía extraño. Miré el cielo sobre nuestras cabezas con los ojos muy abiertos, no tenía deseos de dormir, miré a Shou a mi lado, quién dormía de costado.

                -¿Puedes dormir? -me preguntó.

                -No...

                -Yo tampoco -dijo volteándose sobre sí mismo, dejando su espalda apoyada sobre la cama, al igual que yo.

                -Debió ser el café...

                -Era descafeinado...

                -Entonces, olvídalo.

                Guardamos silencio por unos minutos.

                -¿Y si me va mal?

                -Todo estará bien, trabajarás, ganarás dinero y arreglaremos este departamento -respondí sentándome en la cama-, compraremos una nevera grande, la pondremos en esa esquina de allá, junto a los muebles que vi en esa revista para el hogar. -Comenzó a reír a y se sentó conmigo en la cama-. Yo haré las compras para la cena y comeremos juntos en casa...

                -Quiero un televisor.

                -Yo quiero una radio.

                -Una laptop...

                -Saldremos de vez en cuando a divertirnos en tus días libres, podemos comprar todo lo que queramos en esas salidas. Veremos la siguiente navidad con los árboles llenos de luces azules, la nieve caerá intensamente y cuando nadie nos vea voy a besarte, diciéndote que soy muy feliz, que me alegro de haber pasado todo este tiempo contigo y que seguirte nunca fue un error, que confío en ti... ahora y siempre -murmuré cerca de sus labios antes de besarnos-. Y si todo eso no funciona, haremos las maletas y probaremos suerte en otro sitio, ¿te gusta?

                -Me gusta.

                -Mañana será un día como cualquier otro, irás a tu trabajo y luego regresarás a casa.

                -Soy como una damisela en apuros -rió.

                -Entonces yo seré tu caballero de blanca armadura y daré mi vida por ti.

Nos besamos mientras acariciaba su rostro suavemente.

 

 

 

                Los meses siguientes se sucedieron unos a otros con rapidez. Comenzamos a ahorrar para luego comprar todo aquello que, en la noche antes de comenzar a trabajar, habíamos imaginado. La nevera, los muebles... La ciudad no me parecía tan mala, porque ahora no hacía sufrir a Shou, siempre llegaba animado a casa después del trabajo, cansado, pero feliz de saber que su esfuerzo daba frutos y que nuestra vida era tan buena como solía ser. Después de todo un año de residir en Tokio llegó la navidad que tanto habíamos soñado pasar.

                -Las luces se ven bonitas -dijo.

                -Sí, cuando llegamos aquí a pesar de que estaban puestas no se veían así.

                -Es que ahora tenemos una vida mejor.

                -¿Soñaste con venir a Tokio? -pregunté y nos detuvimos frente a un restaurante.

                -Supongo que es el sueño de de cualquier pueblerino llegar a la ciudad capital -respondió antes de entrar. Colgamos nuestros abrigos y una vez nos indicaron nuestra mesa fuimos hasta ella en silencio.

                -¿Tú soñabas con lugares a los cuáles viajar, Shou?

                -Siempre, ¿tú no? -preguntó buscando en el menú su orden.

                -En realidad nunca soñé con irme de nuestro pueblo -me miró impactado, pero me antecedí a sus pensamientos-. Tampoco estoy aquí por obligación.

                -Perdón, pensé que te había forzado a hacer algo que no querías.

                -No, yo escogí venir.

Después de la comida fuimos a dar un paseo cerca de uno de los parques y tras un árbol cumplí mi promesa de hace unos meses atrás, lo besé y nos quedamos mirando unos momentos.

                -Terminó nuestra vida en Tokio -susurró muy cerca de mis labios.

                -¿Eh?

                -Quiero mudarme...

                -¿A dónde?

                -Shiura.

                -¿Dónde está eso? -pregunté despacio, manteniendo la misma distancia entre nosotros y nuestros labios, con la vista fija.

                -En la prefectura de Aomori, es un poblado de Goshogawara.

                -Aomori...

                -Pero hay un problema.

                -¿Cuál?

                -Hace frío todo el año -reí.

                -Tú no soportas el frío, Shou.

                -Pero hay algo bueno también.

                -¿El qué?

                -Está junto al mar, es una localidad pequeña comparada con Tokio, se dedican a la agricultura y a la pesca.

                -Ja, ja, ja, ja, ja.

                -¿Qué dices?

                -Que tengo que buscar un camión de mudanzas para llevar nuestras cosas a Shiura -respondí abrazándome a su cuello-. Voy contigo a donde quieras, si quieres irte a Shiura, nos vamos; si después quieres volver a Tokio, volvemos. Te seguiré, incluso si luego quieres irte a vivir a Tokushima -continué hablando sin parar de reír.

Esa noche nos quedamos jugando con bolas de nieve, aunque la gente que pasaba nos mirara como unos completos y perfectos dementes, nada de lo que pensaran los demás en ese instante importaba, sólo nosotros y nuestros futuros planes. Seguía siendo feliz con cada decisión que Shou tomara.

 

 

 

                Hoy, finalmente después de cinco meses de arduo trabajo, donde Shou mantuvo su empleo y yo conseguí uno, ahorramos todo este tiempo y ahora nos vamos a Shiura. Encontré una pequeña casa a la venta y un camión de mudanzas, que llegará una vez estemos allá.

Finalmente no nos quedamos mucho tiempo en Tokio, no lo siento como una pérdida de tiempo, porque aunque fue difícil al comienzo todo se fue arreglando para nosotros. Probablemente sea difícil comenzar nuevamente en Shiura, quizás pasemos hambre otra vez, frío y no tengamos muchas de las comodidades a las que estamos acostumbrados, pero sé que saldremos adelante.

                -Hiroto, tenemos que tomar el tren de las 6:15.

                -Sí, ya estoy listo.

                -Vamos -dice extendiendo su mano hacia mí, la tomo despacio y sonrío, recibiendo otra sonrisa en respuesta.

                -Adiós, Tokio.

 

                Así de simple, así de sencillo. La playa donde comenzamos nuestra aventura se ve más distante ahora, opacada en parte por los recuerdos más lúcidos de lo que fue Tokio en nuestro recorrido, ahora viene Shiura y si conozco a Shou tanto como creo, pasaremos mucho tiempo viajando de ciudad en ciudad hasta que él considere que ese es su hogar; por mi parte yo ya encontré el mío hace muchos meses atrás, mi hogar se llama Shou y donde quiera que él esté... será mi hogar.

 

 

 

 

Notas finales:

¿Qué les pareció? Bueno, quedó así porque estoy pasando por una época más bien de damisela en problemas, además que me gustan esas historias de amor un poco imposibles, cuando das con tu media naranja, cuando el amor real aparece y donde nada importa. Sí, soy una maldita romántica ♥

 

Datos culturales:

♥Es cierto, las máquinas expendedoras de preservativos están normalmente junto a las de bebidas energizantes. 

♥Tonkotsu es una sopa Ramen hecha en base a cerdo, tiene mucho material graso, tanto es así que la sopa se ve blanca.

♥乾杯 [Kanpai] es lo que dicen normalmente cuando se celebra algo, es equivalente a decir "¡Salud!"

♥Tokushima es una ciudad capital en la prefectura que lleva el mismo nombre. La razón de poner Tokushima después de Shiura es para demostrar que lo seguiría a cualquier sitio, incluso si es ir desde Aomori que está en el norte, la primera isla de Japón, a Tokushima que está casi al final. Bueno, si ven un mapa de Japón se darán cuenta de la distancia (:

 

Espero que haya sido de su agrado, muchos saludos ♥

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