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Almas Silenciosas

Autor: Serenity_Moon001

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Notas del fanfic:

Antes que nada, debo dar las gracias a aquellos que han entrado a leer esta historia, me he esforzado tanto en crear el borrador de ella, espero que sea de su agrado por supuesto.

 

Los capitulos, conforme los cree semanalmente, los iré subiendo entre viernes y domingo, es decir, en fin de semana, aunque si me llegara a retardar les prometo que no será mucho, de verdad.

 

Por cierto, si quieren leer el resumen largo de esta historia, entren al blogger especial que hice. También muestro a los personajes y por supuesto, al igual que aquí, hiré subiendo los capitulos al mismo paso.

 

http://serenitymoon01-almasperdidas.blogspot.com/

 

 Nueva pagina para que me sigan ahora en facebook

 

http://www.facebook.com/pages/Serenity-Moon-01/148936901929161

 

Serenity

Notas del capitulo:

Bienvenidos de Nueva cuenta a esta historia. he tenido que subir en esta cuenta, ALMAS SILENCIOSAS por la unica razón de que mi contraseña se perdió y no pude rescatar nada, no me ha llegado la nueva contraseña que he pedido.


Almas Silenciosas tendrá la publicación de algunas cosas más en el blog y la noticia para los que gustan de esta historia, la diré conforme vaya avanzando los capitulos y su gusto por ella.

ALMAS SILENCIOSAS

ESSENCES

 

Capitulo 01. Una niñez hecha tormento

 

‹‹ Si me hubieran dicho en otra vida, que mi destino sería sufrir los desprecios de las personas que creería importante para mí, no les hubiera hecho caso, sin embargo, el destino puede ser así de cruel con nosotros. ››

 

1989 Osaka, Japón

Era el seno de la familia Inao, una de las más respetadas en Japón, la alegría era inmensa, los sentimientos de amor y ternura, pero también el nerviosismo, desesperación y angustia por lo que pasaba en esos instantes que eran cada vez más grandes. Por la cabeza del señor Inao, Katsuo Inao, al saberse padre, comenzó a pensar en que nombre le podría a su hijo o hija en cualquier caso, solo decidió un nombre, Hiroshi Inao, era el único esperado por la familia.

Las luces de la sala de operaciones se apagaron unos minutos después, el parto había terminado, no se había atrevido a entrar porque no soportaba las operaciones. Fue en el momento en que vio al doctor acercándose cuando se enteró de la noticia.

-Felicidades, es padre de unos preciosos gemelos- mencionó con una enorme sonrisa.

Entonces sintió como si cayera sobre su cuerpo un balde de agua fría. Era cierto que pertenecer a una familia de mucho dinero les beneficiaba, que no tendrían problemas en cuidar a ninguno de los dos, el problema era que solo quería a uno.

-Gracias Doctor. ¿Puedo ver a mi esposa?- mencionó con sonrisa y alegría algo fingida.

-Claro. Venga por favor- mencionó.

Siguió los pasos del doctor, entró a la sala de operaciones, lugar donde Mitsuki Inao, cariñosa y cansada, acariciaba la cabecita de sus hijos. La mujer alzó su cabeza para observar a su esposo, con una enorme sonrisa.

-Siempre fueron dos. Los dos son lindos- dijo sin saber lo que pasaría en un futuro.

-Sí, son preciosos- mencionó por compromiso - ¿Quién es Hiroshi? - preguntó con alegría verdadera.

Mitsuki señaló al que estaba pegado a su pecho, el hombre acercó su mano y acarició tiernamente su cabecita calva. Miró al otro bebé, tendrían que ponerle nombre al niño, él no lo quería, no lo deseaba, lo despreciaba tan solo por haber nacido. Y con estos pensamientos, acababa de marcar la vida de aquel preciado tesoro, que nació solo para sufrir de soledad.

- ¿Cómo se llamará? - preguntó señalando al babé más alejado de la madre.

-Tatsuya, no lo habíamos imaginado, tener dos niños, menos gemelos, pero así es, ese nombre lo había pensado hace una semana-

Entonces empezó a reír de alegría, Tatsuya Inao, un precioso niño de piel blanca, igual a su hermano pero tan diferentes al mismo tiempo. Hiroshi y Tatsuya Inao, uno menor que el otro por diferencia de minutos, pero que ese preciado momento para uno había marcado al otro, como el marginado de la familia.

 

1993

La casa era enorme y elegante al ser una familia de gran poder económico. En la habitación junto a sus padres, un niño se divertía en compañía de ambos, los tres reían de las ocurrencias del pequeño. Juguetes amontonados por doquier, una habitación llena de vida como la de cualquier niño querido y mimado por sus padres.

Sin embargo esta felicidad no era compartida por alguien más, que junto a la puerta, arrodillado y con la cabeza hundida entre sus piernas, un pequeño niño de melena castaña oscura, piel blanca y cuerpo delgado, se encontraba con sus preciosos ojos castaños llenos de lágrimas, sus labios lastimados por tanto morderlos para evitar cualquier ruido que pudiera salir de aquella boca tan fina.

No lo entendía puesto que era tan solo un niño pequeño, tenía cuatro años de edad pero la amargura que sentía en su pecho era demasiado grande. Era claro, lo sabía, sus padres no lo querían.

Desde el principio, Katsuo Inao no lo había querido y lo demostraba con sus malos tratos hacia Tatsuya, lo trataba como el arrimado, aquel al que únicamente se le tenía que dar de comer, inculcar estudios y brindar un hogar, nada más.

Su madre, Mitsuki Inao, había estado con él, no obstante, con el pasar del tiempo se fue alejando, esto provocado por los constantes pleitos con Katsuo, el acercamiento constante con Hiroshi y las salidas con sus amigas que consiguieron alejar por completo a una madre de un hijo necesitado de amor y protección a tan solo dos años de edad. Tan inesperado, tan abruptamente abandonado. Y Tatsuya Inao tuvo que ser cuidado por otra persona, nada más y nada menos que la ama de llaves, una mujer de edad avanzada que le trataba de brindar todo el amor que no le daban sus padres.

De esta forma había pasado el tiempo, el mismo ritmo de vida durante dos años, el mismo sufrimiento para aquel niño que no había pedido nacer ni había querido ser traído a este mundo solo para recibir maltratos y odio puro de sus progenitores.

Ahora, a sus cuatro años de edad, se daba cuenta de la diferencia entre Hiroshi y él, le costaba aceptarlo. Era solo un niño, por lo cual, la única manera de demostrarlo era llorando pero tampoco podía hacerlo, su padre lo castigaría si lo veía llorar, si lo veía estando cerca de ellos.

- ¿Por qué? - se preguntaba a diario, hipando y con la voz rota, todo en un simple susurro para evitar ser oído.

Se levantó, sus pasos lo llevaron a la habitación del fondo, alejada de todos ellos, la más solitaria y al mismo tiempo con la vista más hermosa. Un gran ventanal se hacía presente detrás de su cama.

Subió a ella, se recostó para poder llorar con todo el sentimiento y tormento que sentía dentro de su alma. Tatsuya, siendo apenas un ángel que debería ser cuidado con amor y protección, sentía una soledad preocupante para alguien de su edad.

En el otro cuarto, seguía la alegría, pero dentro del corazón de aquel niño feliz, Hiroshi Inao, una angustia se acrecentaba con el paso del tiempo, lo desconocía, así sería por muchos años, pero aquel sentimiento lo llevaría, en un futuro, a realizar cosas que después lo llevarían a un arrepentimiento tardío.

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

Aquella anciana de edad avanzada que se acercaba a la habitación del niño con una charola en mano, volvió a escuchar ese llanto que tanto le rompía el corazón. Apresuró sus pasos con angustia y abrió la puerta. Ese pequeño ángel se encontraba nuevamente llorando, cada día era lo mismo.

La anciana entristeció, sus ojos humedecidos se cerraron un momento con fuerza para después dejar la charola en la mesita del cuarto. Llegó a su lado y se sentó en un costado, junto a él. Inmediatamente, Tatsuya se pegó a su cuerpo, destrozado y con un llanto mayor, pero siempre demostrado en un susurro, siempre silencioso.

- ¿Por qué? ¿Por qué nani? - mencionó a su nana, a su querida nani, a la persona que consideraba su mamá.

Sin embargo, nunca recibía algo con sentido, tan solo un escueto pero amargo -No lo sé- en respuesta, siempre acompañado de un sollozo de su parte y un gran abrazo de aquella tierna anciana.

 

1997

Los años pasan, no obstante, los malos tratos y el mismo estilo de vida se mantienen. Todo este maltrato familiar, fueron provocando en Tatsuya un cambio drástico en su persona. Se volvió un chico solitario y reprimido, era por este motivo que se le dificultaba tener amigos.

Otro punto en su contra fue sencillo de encontrar, todos los que se acercaban a él, era solo para diferenciarlo con su hermano, con Hiroshi, el cual era todo lo contrario a él. Hiroshi Inao era alegre, divertido, bromista y presumido al momento de tener algo nuevo, esa era su facilidad para hacer amigos.

Era su tercer año en la escuela básica, Tatsuya acababa de cumplir ocho años un mes antes. Ahora le tocaba el turno de cumplir un año más en la escuela. Preparó sus útiles que consistían en lápiz, pluma, cuadernos y libros. Se puso su uniforme y se acercó al tocador. Se observó detenidamente, esa noche se la había pasado llorando lo cual provocó que sus ojos estuvieran rojos y con ojeras.

Abrió su cajón sacando un pequeño estuche, se colocó un poco de polvo translucido en los ojos, solo para tapar sus ojeras y volvió a meter todo en su lugar, no sin antes introducir en su mochila el objeto utilizado.

Del mismo cajón, dentro de una cajita, tomó unas gotas para limpiar y blanquear los ojos rojos. Se puso dos gotitas en cada uno de ellos y también lo guardo en su mochila, para entonces tirar el botecito que se encontraba vacío. Terminó y bajo con todo y sus cosas al comedor, lugar donde toda la familia se encontraba.

Los integrantes de esa mesa, al observarlo llegar, se levantaron de inmediato, sin esperar a que Tatsuya ingiriera alimento alguno.

-Es hora de irnos- mencionó el señor Inao a Hiroshi y Tatsuya.

-Tengo que ir con mis amigas. Nos vemos en la noche- habló.

Se despidió de su esposo y de su hijo Hiroshi. Se fue sin dudar en dejar a su también hijo Tatsuya, esperando que le diera un beso, un abrazo o tan siquiera le dijera adiós. En cambio, solo recibió un total desprecio de la mujer.

Se mordió la lengua, era mejor no hacer ningún tipo de escándalo que acabara por molestar a su padre. Se dirigió junto con su hermano y el señor Inao a la limosina que los llevaría cada quien a su destino.

Al llegar a la escuela de los gemelos, Hiroshi se acercó a su padre, lo abrazó y le beso la mejilla. El mayor, sonriente y con ternura despidió a su querido hijo. El turno de despedirse llegó para Tatsuya, entonces el tormento de cada día llegó. Se acercó intentando abrazar a su padre, como siempre, como cada momento, el señor Inao lo despreció de nueva cuenta.

-Te dije que no te acerques a mí, ¿cuándo lo vas a entender?-  dijo con odio puro en su voz.

Recibió el empujón y sus ojos se llenaron de lágrimas, su reacción, simplemente agachó la cabeza y en un susurro se tuvo que disculpar

-Lo siento, no lo volveré a hacer- mencionó con tristeza.

El llanto rompió al momento de entrar al colegio y dirigirse al baño, donde en uno de los cubículos se encerró. Se encogió y ocultó su cabeza entre sus piernas.

El destino era cruel, dolía saberse odiado y no deseado por su propia familia, al mismo tiempo, era incomprensible que la propia madre, después de haberlo querido con toda el alma hasta sus dos años de edad, de un momento a otro lo despreciara. Al menos un niño de ocho años no era capaz aún de entender las razones, ni siquiera la servidumbre de la familia Inao.

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

Entró al baño puesto que tenía las manos manchadas de lodo después de haber tomado una pelota en el patio con sus compañeros. Ian Kotetsu, era un niño de once años, cursaba el sexto año de primaria. Sus cabellos negros hacían contraste con aquellos ojos azules y sus labios delgados mostraban una sonrisa llena de vitalidad y felicidad.

Sin embargo, un ruido lo sacó de su diversión anterior. Lo detectó enseguida, era el llanto de un niño más chico. Con el seño arrugado, se acercó a aquel cubículo cerrado, se arrodilló para poder mirar debajo de la puerta y lo vio.

Tatsuya estaba encogido, abrazado sobre sus piernas y sus lágrimas bañaban su hermosa mirada castaña. A Ian se le encogió el corazón al verlo. Se decidió a pasar por debajo de la puerta con el riesgo de ensuciarse todavía más. Tatsuya alzó la cabeza al verlo y entonces su entrecejo se arrugó.

- ¿Quién eres? - preguntó entrecortado y molesto por la presencia del otro

Al terminar de cruzar la puerta, Ian se quedó sentado en el suelo y con una sonrisa tierna respondió -Ian. Ian Kotetsu.

-Un niño tan lindo no tiene porque estar llorando- mencionó cariñoso, acariciando la mejilla de Tatsuya.

El menor sonrió un poco forzado al sentir aquel gesto de cariño. Una sonrisa que después de seis años de ausencia, volvió a aparecer al sentir ese pequeño gesto de cariño sobre él.

- ¿Cómo te llamas? - preguntó enseguida de ver aquel gesto tan agradable.

-Tatsuya Inao- mencionó calmando su llanto

Interrumpiendo ese momento, el estomago del pequeño rugió fuertemente mostrando el hambre que tenía. Ambos comenzaron a reír.

-Si tienes hambre puedo darte algo de mi almuerzo- menciono Ian entre risas. Esa reacción de Tatsuya lo había enternecido pues el castaño se había sonrojado después de la interrupción propia de su hambre.

-Pero te voy a dejar sin comer- habló Tatsuya un preocupado y con la mirada triste.

-No te preocupes, tengo mucha comida- avisó con gesto reconciliador y despreocupado.

-Bueno pero te dije... gracias- terminó por agradecer.

El mayor se levantó del suelo para después dirigir su mano hacia Tatsuya, invitándolo a levantarse. El menor se quedó mirando a Ian, haciendo un puchero decidió levantarse solo.

-me ensuciaste la cara- repeló tiernamente.

Ian, al darse cuenta de que no había lavado sus manos, las miró sorprendido unos instantes, entonces empezó a reír nuevamente. Salió del cubículo y fue al lavamanos para limpiarse también los brazos.

Tatsuya, quien salió detrás de él, se colocó a un lado. Se limpio manos y cara para después sacar su polvo y sus gotitas. Este movimiento sorprendió de verdad a Ian puesto que nunca había visto a un niño pintarse ni nada.

-Ese polvo... ¿Es para...- no terminó de decirlo puesto que había sido interrumpido de inmediato.

-Para taparme las ojeras y las gotas para los ojos rojos- explicó sencillo, tranquilo, siendo normal su acto para él, no en cambio para Ian, que era nuevo en ver esa acción en un hombre... o niño mejor dicho.

- ¿Lloras muy seguido? - pregunto temeroso e indeciso pero tratando de sonar tranquilo.

El silencio del menor solo evidenció más su situación personal. Ian no sabía que se trataba pero la actitud del chico lo hacía pensar en un problema muy importante.

-" ¿En qué estoy pensando? Es solo un niño "- pensó irónico consigo mismo. Claro, era imposible que un niño como ellos tuviera un problema grande -" A lo mejor lo regaño su papá por alguna travesura "- si, esa era una opción mejor, más de un niño de ocho años.

-Vamos- menciono simple, amable y sonriente.

Tatsuya sonrió un poco para después seguirlo. Caminaron por los pasillos del colegio y subieron al tercer piso, sitio donde se encontraban los salones de quinto y sexto grado.

Ian saludaba a la gran mayoría de los alumnos que se encontraba, era uno de los chicos más populares en el colegio por su simpatía y su sonrisa. Al llegar a su salón, Tatsuya decidió esperar afuera. El mayor recogió un paquete de comida y se dirigió con el castaño.

-Aquí esta, tómalo por favor- habló el pelinegro.

Al tomarlo Tatsuya, volvió a hablar -Te acompaño a tu salón- mencionó Ian.

-Gracias- agradeció con una sonrisa, mostrando sus blancos dientes. A Ian le pareció hermoso ese gesto, entonces se decidió, Tatsuya merecía ser protegido, no quería que llorara, aunque apenas lo haya conocido hace unos minutos. Tatsuya se gano la confianza, el cariño y la protección incondicional de Ian Kotetsu.

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

El tiempo fue pasando, como todo en la vida, Ian y Tatsuya se volvieron inseparables, amigos incondicionales y es donde Ian se dio cuenta. Tatsuya no la pasaba bien en casa, era día a día verlo llegar con los ojos llorosos y sus mejillas manchadas por aquella agua salada.

Se le rompió el corazón, ante un problema familiar, Ian no podía hacer nada para arreglar este asunto. Lo único que pudo hacer, fue simplemente abrazarlo, consolarlo y regalarle su mejor sonrisa.

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

El tiempo que pasaban Ian y Tatsuya no había pasado desapercibido por Hiroshi, quien había visto las innumerables ocasiones en que habían sido cariñosos el uno con el otro, tal vez sin darse cuenta, pero esa era la realidad.

-Te vas a enterar de quién manda en casa... arrimado- susurró con odio.

Un odio inculcado por su padre. Un sentimiento que pesaba tanto en la mente de aquel que lo tenía todo. Amor, alegría, amigos, el niño de Katsuo Inao.

Se marchó, le haría pagar a Tatsuya el robarle la atención de la ama de llaves, su querida nana, la persona que Tatsuya no merecía que estuviera cuidando de él. Su nani era única y exclusivamente de él, no de Tatsuya Inao, ni siquiera el apellido de la familia se merecía.

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

Tatsuya por su parte, estaba con la cabeza hecha un lío. Entre los problemas familiares, se le atravesaba uno más a su cuenta. Pensaba día y noche en Ian, no lo podía sacar de su cabeza.

-"Que problema, no sé porqué pienso tanto en él..."- pensaba el castaño acostado.

Era la noche de un viernes y no había querido comer en todo el día, la cabeza la sentía estallar y había dormido una parte de la tarde, pero había tenido que despertar por un sueño que tuvo con Ian. El sueño había traído serios problemas a la parte emocional del castaño.

Ian era hombre, lo sabía, era niño igual que él, pero los tratos, la protección desmedida, la ternura, la alegría; todo junto provocó fuertes contrastes en la forma de apreciarlo de Tatsuya.

- ¿Qué es lo que siento por  él? ¿Qué es esto cálido que siente mi corazón? - se preguntó quedito tocando su pecho en un gesto gratificante, pero a la vez inseguro y tierno.

Aunque no tuvo mucho tiempo de pensar, la puerta de su habitación sonó quedito. Al abrirse la puerta, una cabeza se mostró por la pequeña rendija abierta. Era Ian.

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

- ¡Yo no me quiero ir! - Gritó desesperado y angustiado. Su corazón era una bomba de tiempo. Sentimientos encontrados por aquello tan cálidos que sentía por Tatsuya.

-Mi amor, tenemos que irnos- mencionó tranquila pero a la vez triste una mujer de cabellos negros, largos y lacios. Su madre -Han cambiado a tu papá de país en su trabajo, no podemos quedarnos mi niño- trató de calmar y hacer entender a su hijo con esas palabras.

-Pero no me puedo ir... por favor- siguió protestando, ahora con lagrimas en sus ojos.

- ¡Ya basta! - gritó el señor Kotetsu. Fastidiado por lidiar con aquella situación -Nos tienes que seguir, eres menor de edad y tienes que estar a nuestro lado- mencionó determinado, seguro y con molestia.

-Papá...- susurró con tristeza. No quería dejar solo a Tatsuya, menos ahora que sentía un inmenso amor y cariño por aquel niño. Sabía que tenía once años, pero eso no quería decir que no supiera que era amar a una persona.

-Me quiero despedir de Tatsuya- mencionó rendido. Cansado de tratar de convencer a sus padres de algo que ya no tenía sentido.

-De acuerdo, después de eso, nos vamos al aeropuerto- terminó por decir el su padre, dando por terminada aquella platica, discusión, o lo que fuera.

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

- ¡Ian! ¿Pero qué haces aquí? - susurró sorprendido mirando a un sonriente pero serio pelinegro.

Ian se acercó, suspiró al momento de tenerlo de frente, ambos sentados en la cama. Que doloroso era cuando tenías que decir ese tipo de noticias a una persona que quieres con todo el corazón, a un amigo, a una persona especial para ti.

-Tengo algo importante que decirte- mencionó con seriedad.

Esta reacción preocupó a Tatsuya. Un presentimiento, un agudo dolor que le era molesto en su corazón. Se tomó el pecho con su mano derecha, a la altura del corazón, sentado frente a él - ¿Qué pasa? - preguntó en un susurro, quedito, bajo, casi sin voz.

-Lo siento- comenzó con la cabeza agachada -A mi padre lo mandaron a otro lugar en su trabajo- apretó los ojos, le escocían y el corazón también -me tengo que ir del país- terminó en un sollozo, lágrimas y dolor.

No podía ser, no quería creerlo. La voz se le fue, el alma también. Dolor, en su cabeza, en su corazón y en su alma, solo eso habitaba. Lágrimas fueron las siguientes compañeras y un susurro incrédulo -No es cierto...- fueron sus palabras.

- ¡No te puedes ir... no me puedes dejar! - gritó sin importarle que le escucharan. No importaban las lágrimas, los ojos rojos, su maquillaje corrido. Lo único que importaba era que Ian lo abandonaba.

-Escúchame- menciono firme el pelinegro. Tomó sus hombros y enseguida le tomó de la cara con ambas manos -escúchame por favor- volvió a susurrar.

El silencio inundó la habitación, solo se escuchaban los sollozos de Tatsuya y de Ian -regresaré por ti- pronunció al tener toda su atención -regresaré y te sacaré de aquí, solo tienes que aguantar hasta ese momento- terminó diciendo.

Tatsuya asintió, triste, destrozado, sintiendo el abandono más profundo que nunca. Entonces se aventuró a los brazos de su amigo, de su querido amigo. Ambos se quedaron llorando un tiempo más, solo hasta que Tatsuya se quedó dormido.

Lo recostó y lo arropó tiernamente. Limpió un poco esas lágrimas, no lo quería hacer sentir de esa manera pero por ahora no lo podía evitar.

-Regresaré y te llevaré conmigo, solo no me olvides por favor, se fuerte...- se inclinó para depositar un beso en los labios de aquel preciado tesoro que era Tatsuya.

 -Te quiero- mencionó.

Se levantó y se dirigió a la puerta, volteó una vez más y lo observó. Sus ojos se cerraron con fuerza y finalmente salió, de la habitación, de la casa. Se dirigió al automóvil que aguardaba por él.

- ¿Todo arreglado hijo? - mencionó su madre preocupada por su estado.

-Si, todo arreglado mamá- terminó en sollozo.

El automóvil se alejo. Se perdió en aquella oscuridad de la noche.

Lo único que no sabía Ian, era que ese día empezaba un infierno más cruel todavía. No sólo para Tatsuya, sino para los que rodearían en un futuro a este niño.

Mientras tanto, la cabeza del castaño era un lío, aún no lo entendía pero el sentimiento que le profesaba a Ian, le traería a un mundo completamente distinto al que vivía.

 

Notas finales:

Subiré poco a poco de nuevo los capitulos, pero aquí está el primer capitulo de nueva cuenta, bye bye.


Serenity

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