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Envidia.

Autor: rennokissu

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Notas del capitulo:

Me imagino la cara de todos al leer "Hyunjoong x Yunho" e_______e Sí, el líder SS501 (?) Tengo gustos raros, cojones 8D

 

Espero que os guste. Adoro escribir como Changmin~

 

¿Envidia? ¿Por qué debería sentirla? Ese tipo de sentimientos solo los experimentan los seres débiles y poco racionales que no pueden conformarse con su propia vida.

Sí, es importante tener metas, pero no querer más porque una persona tenga algo que tú no tienes.

 

Así he pensado toda mi vida, pero debo confesaros algo, en este momento, en este preciso instante, me está comiendo de dentro a fuera ese ser verde denominado “celos, tirria, resentimiento…”  en otras palabras, me muero de la envidia.

 

Y podría envidiar al premio Nobel en medicina, pero no. Podría envidiar a un atleta olímpico, pero tampoco. Envidio a la última persona por la que pensaría sentir esto.

 

Yunho Jung, mi amigo desde que puedo recordar. Es el tipo de persona torpe, descuidada, que se cree graciosa y en realidad no lo es en lo más mínimo, idiota, creído, y una larga lista de defectos que me harían odiarle con solo sentir su presencia, pero creo que me he hecho a su personalidad despreocupada, tanto que sería extraño no tenerlo a mi alrededor. El caso que se nos presenta es que no sé cómo he acabado sintiendo esta envidia insana hacia él, o quizá sí lo sepa. Pero debemos volver unos meses atrás, al principio de todo.

 

 

 

 

 

-Changminnie~ - Como cada día, aquel respetable alumno de tercer año en la universidad de artes plásticas, Jung Yunho, interrumpía en mi salón, pero esta vez venía extrañamente acompañado. -¡Te quería presentar a mi novio, pero no le digas a nadie!- Gritó absolutamente a todo pulmón, provocando en su supuesta “pareja” un sonrojo que merecía ser grabado.

 

-¡Yunho, deja de gritar esas cosas en medio de todos!- Dijo el chico, antes de pegarle una colleja, no precisamente floja, al estúpido de Jung en la cabeza.

 

Me acerqué a ambos, analizando cada detalle de aquel nuevo ser en mi galaxia personal. Alto, castaño, bastante guapo y con cara de chica. Definitivamente no era para nada el tipo de Yunho.

 

-Hola, dongsaeng.- Se acercó a mí, le temblaba el pulso, solo pude pensar en lo divertido que sería fastidiarle.- Me llamo Hyun Joong Kim, y soy el… el… novio de eso.- Había ganado puntos con esa fiel descripción de Yunho. Reí, luego pediría explicaciones de todo esto, debía burlarme de ellos, era necesario conocer su historia.

 

 

-Entiendo, ambos sois fans de ViViD.- Remarqué entre risas. La historia de ellos dos era algo divertida, simplemente se conocieron al intentar comprar el último disco de un grupo japonés que quedaba en la tienda. Nada especial, sinceramente, no pensé que eso fuese a durar.

 

Yunho era el tipo de chico que cambiaba de mujer cada dos semanas, no es como si se acostase con todas, en realidad a veces dudaba de su hombría, pero ese no es el tema. Todas esas mujeres eran pequeñas, con el pelo largo y morenas. No quería, y simplemente no podía creer, que acabase con una persona alta, castaña y además, hombre, esa era una combinación imposible a mis ojos.

 

 

 

 

 

Y aquí estamos, en el presente, seis meses después de aquello… Ellos dos siguen juntos, es más, ahora mismo los tengo al lado metiéndose mano descaradamente en el cine. Me han traído con la estúpida escusa de que no me sienta tan solo, cuando sé perfectamente que es para que no les miren raro por ser dos hombres solos viendo una película romántica.

 

Cada día soporto esta historia, cada noche soporto a Yunho contándome lo maravilloso que es estar enamorado, cada día, en clase de interpretación, tengo que interpretar a la princesa enamorada del príncipe (no me siento orgulloso de ese papel, la verdad) y cada día mis celos aumentan. ¿Qué se siente al estar enamorado?

 

-Maldita sea, prefería cuando mi única preocupación era estar bien alimentado.-

 

 

 

 

 

Podía leer todo lo que quisiera, ver todos los doramas y películas románticas que me permitiera mi mente antes de explotar en forma de bomba rosa con purpurina incorporada, pero nunca encontraba el porqué de estar enamorado.

 

-Eso es porque el amor es algo que debes sentir para comprenderlo… Como yo por Joongie~-

 

-Yunho, deja de decir esas cosas si no quieres que vomite arcoiris fluorescentes con hadas y unicornios rosas, por favor.- Si el amor es así de empalagoso, en verdad prefería no sentirlo jamás.

 

 

 

 

 

El tiempo pasa rápido, mi debut como princesa de cuento con una peluca más falsa que mi sonrisa de actor, no estuvo nada mal. Mis queridos idiotas favoritos iban a hacer un año y pensaban celebrarlo por todo lo alto, irían a Japón de “mini luna de miel” según me confesó Yunho, yo me limité a mirar a Hyun Joong, preguntándole con la mirada si había conseguido descubrir el misterio que se escondía tras la idiotez de Yunho Jung.

 

Todo eso, más la suma de unas vacaciones anticipadas por parte de mi facultad, me llevaron a estar cruelmente encerrado en mi habitación durante dos días. Acostando en mi cama sin hacer nada en especial, tampoco tenía ganas de leer, estaba de vacaciones. No sabía que hacer, pensaba hibernar o algo así, pero a los dos días no pude más y tuve que salir de mi casa.

 

Caminé sin rumbo, hacía frío.

 

-Maldito invierno.-

 

Pensé. Me dolían los dedos, se me había congelado la nariz y no sentía los pies, pero no quería volver a mi casa. No dejaba de darle vueltas a lo mismo.

 

“¿Esos dos estarán felices ahora?” “¿Estarán haciendo el amor?”

 

Quería saber que se sentía en esa situación. ¿Cómo es querer estar con alguien a todas horas, querer abrazarlo y besarlo? Quizá jamás me enamoraría, siempre me han dicho que soy demasiado racional.

 

-Me rindo, muero de frío.-

 

Opté por hacer lo primero que se me ocurrió, entrar a una cafetería. Bonita, pequeña, no había demasiada gente. Seguramente nadie era tan idiota como yo de salir con el frío que hacía a pasear.

 

-Bienvenido, hoy hace un frío horrible, aquí le serviremos un café caliente y una cálida sonrisa~-

 

Vaya, creo que en mi vida había escuchado una voz tan aguda en un hombre.

 

Aquel ser humano o mamífero delfín me condujo hasta mi mesa. No estaba mal, me puso al lado del calefactor. Era verdad eso de que me daría calor.

 

-¿Entonces un capuccino con extra de vainilla? Apuntado, ahora se lo trae mi compañero.-

 

También tenía una cálida sonrisa. ¿Me podría enamorar de él? ¿O tenía que buscar a una mujer?

 

-Uff…-

 

-Oye, ¿estás bien?-

 

Me giré dispuesto a quitar las preocupaciones sobre mí de ese ser anónimo, pero no tuve tiempo ni de abrir la boca cuando note algo mojarme entero. Dios, menos mal que era un vaso de agua y no el de café.

 

-¡Jae, ya la has cagado otra vez!-

 

-¡P-erdone! ¡Yoochun, ha sido sin querer, deja de chillarme!-

 

-¡Pero es que siempre haces lo mismo, si no supiera que eres torpe por naturaleza, ya te habría despedido!-

 

Estaba enfadado, confundido, el frío volvía a invadirme, pero fue todo tan absolutamente cómico que no pude evitar comenzar a reír, sin poder parar, observando las caras de sorpresa de los tres camareros que luchaban por intentar secarme.

 

-Eish… No pasa nada, en serio.-

 

En cualquier otra ocasión hubiese buscado venganza, pero estaba cansado de pensar. El tal Jaejoong que me acababa de tirar el agua me condujo a la parte trasera del local, no me había dado cuenta, es bastante guapo. Parece que la hermosura abundaba en aquel local.

 

-Aquí tengo unas mudas limpias, espero que no te vengan pequeñas, eres muy alto.-

 

Parecía muy arrepentido, quizá sería divertido fastidiarle un poco.

 

-Bueno, ¿y ahora como me pagarás? Puedo cambiarme la ropa, pero el pelo seguirá mojado y la sensación de frío permanecerá. Me resfriaré, no podré asistir a clase y suspenderé este curso, entonces… Oye, no llores, que era broma…-

 

Sí, me había pasado, el chico delante de mí no dejaba de llorar y yo solo movía patéticamente mis manos sin saber si abrazarle, darle un pañuelo o salir corriendo alegando locura pasajera.

 

-No, s-si es verdad… Soy m-muy torpe…-

 

Tampoco tuve que elegir, a los cinco segundos de decir eso ya estaba llenándome de mocos la camiseta, restregando su cara por ella mientras me abrazaba. Suspiré, al fin y al cabo era mi culpa, no estaría de más consolarle. ¿Lo malo? La única persona a la que había consolado en toda mi vida era a Yunho, y a este ser, con darle un par de bombones y un abrazo, se le pasaba todo. Seguí mis instintos (o sea, lo que había visto y leído en las historias de amor y amistad) y le pegué unos suaves golpes en la espalda, le acaricié el pelo y recé porque fuera suficiente.

 

Mientras mi mente calibraba todo aquello, no se pudo dar cuenta, pero ahora que lo analizo, el calor de Jaejoong siempre me gustó.

 

Cuando se hubo calmado por fin, se sentó en la mesa que había allí, obligándome a hablar con él. Sonreía como un verdadero idiota.

 

-Te lo tengo que pagar de alguna manera. ¿Quieres que te pague la camiseta?-

 

-No, en serio, no hace falta.-

 

-Pero… Puedo limpiar tu casa, se me da bien.-

 

-No, yo sé limpiar solito.- Reí al ver su esperanzada mirada.

 

-Y sí… ¿Te preparo la comida durante un par de semanas? Se me da bien cocinar y…-

 

-¡ACEPTO!-

 

 

Y así fue como quedé durante estas dos semanas en las que estaría solo, para que este ser torpe y descuidado me preparara la comida.

 

 

 

 

 

 

-¿Te gusta?-

 

Asentí, de verdad estaba riquísimo, aunque tampoco tenía muchas expectativas, esperaba que confundiera el azúcar con la sal o quemase algo, pero no.

 

Mientras comía siempre me contaba algo de su vida. No era tan poco interesante como hubiera pensado. Era adoptado, había tenido unos cuantos líos con su padre biológico. Tenía cincuentamil hermanas, según me dijo, pero que todas eran un amor y que ya me las presentaría. Me dijo que conocía a los otros dos camareros, Junsu y Yoochun desde pequeños. También descubrí que siempre había sido así de torpe y había tenido diversos accidentes por culpa de aquello.

 

-Siempre hablo yo, también quiero saber cosas de ti, Changminie~-

 

No comprendía cuando habíamos cogido la suficiente confianza para que me llamase así, pero yo tampoco lo llamaba “hyung” así que estaba bien.

 

-Estudio arte e interpretación, vivo con mi madre, mi padre, mis hermanas y mi perra. Me gusta comer y ahora mismo estoy más solo que la una porque mi único amigo y su novio se han ido de “mini luna de miel” a Japón.-

 

-¿Amigo y… novio? Querrás decir “amiga” o “novia” ¿No?-

 

-No, mi amigO Yunho Jung y su noviO Hyunjoong Kim. ¿Eres de ese tipo? O sea, ¿homofóbico?- Alcé una ceja, me caía bien pero no soportaba a ese tipo de persona.

 

-No… en realidad soy… soy… soy… como ellos…-

 

Tardé unos segundos en analizar sus palabras, no porque estuviera sorprendido, sino porque lo había dicho tan bajito que no lo había escuchado bien.

 

-¿Eres gay?-

 

Asintió nervioso, sabía que esa manera de cocinar no podía venir de un heterosexual. Reí por mi propia ocurrencia.

 

-Tranquilo, soy el tipo de persona que piensa que te enamoras de la persona, de su forma de ser, y no de su cuerpo o su sexo. Así que respira en paz, no te tiraré a una hoguera o te delataré por ahí.-

 

Su cara brilló de felicidad al escuchar esto. ¿De verdad pensaba que lo odiaría o… había algo más detrás de su confesión? No me paré a pensarlo en dicho momento, simplemente me dediqué a terminar de saborear su exquisita comida.

 

 

 

 

 

 

Solo quedaban dos días de las prometidas dos semanas, y ese día justamente tendría que salir pronto del restaurante para ir a buscar a Yunho y Hyunjoong al aeropuerto.

 

-Tsk, una hora menos sin Jaejoong.-

 

Me dije a mi mismo, girando en la cama para patear la pared con fuerza, tanto que me hice daño en el dedo del pie.

 

-Un momento… ¿Desde cuándo es más importante ir a visitarle a él que ir simplemente a comer?-

 

Aquella era una buena pregunta, tan digna de mí que esa noche no pude dormir absolutamente nada analizando desde cuándo su sonrisa se me había quedado tan clavada en la cabeza.

 

 

 

 

 

El penúltimo día de verle. Sí, podía ir cuando quisiera a la cafetería, pero no sería lo mismo. Tendría que atender a más gente, así solo me atendía a mí.

 

-Uff…-

 

-Oye, ¿estás bien?-

 

Me quedé un momento callado, recordando cuando lo conocí. Reí sinceramente.

 

-¿Ahora es cuando me tiras un vaso de agua a la cabeza, no?-

 

Sonrió y luego me pegó un golpe en el pecho. Tan tierno. Quiero abrazarlo, quiero que me prepare la comida siempre y solo a mí.

 

-Changminie, mañana acaba nuestro trato, ¿eh?-

 

-Ya tienes ganas, debe de ser muy cansado prepararme todos los días la comida.-

 

Sin querer miré al suelo, dolido. No quería que se acabara. Disfrutaba de su forma de ser, de su voz, de su perfume… de todo él. Pensé y pensé y la imagen de Yunho gritándome en medio de la universidad que tenía novio vino a mi mente, pensé en la envidia que llevaba sintiendo todos esos meses. Ya no la sentía, se había esfumado por completo.

 

-No tanto, me gusta cocinar para ti, agradeces todo lo que hago.-

 

Claro que no sentía envidia, no se puede envidiar algo que ya tienes. Mi alarma sonó, era la hora de ir a recoger a esos dos al aeropuerto. Levanté la vista y cogí a Jaejoong de la mano, lo arrastré contra su voluntad hasta mi coche y conduje sin escuchar nada de sus quejas sobre que esa tarde tenía que trabajar y que estaba loco.

 

Llegamos al aeropuerto. Los aviones provenientes de Japón acababan de aterrizar. Busqué y busqué hasta dar con Yunho, que, por supuesto, estaba cogido de la mano de su novio.

 

Sonreí desesperadamente al verlos, cogí fuerte la mano de Jaejoong que no dejaba de preguntar qué pasaba. Corrí hacia donde estaban. Cogí aire y…

 

-Yunho, ¡por fin me he enamorado!-

 

Grité a todo pulmón en medio del barullo de gente. Porque lo tenía claro, no cabía duda dentro de mi racional cabeza. La única opción que veía a preferir su presencia en vez de un buen plato de comida era estar enamorado. Enamorado del torpe, tonto, divertido y perfecto Kim Jaejoong.

 

 

 

 

 

 

-De verdad, Changmin, no nos vuelvas a asustar así. Tu madre casi se desmaya en medio del aeropuerto.- Hyunjoong golpeó ligeramente la cabeza de su novio, Yunho siempre se había creído mi padre, y parece que ahora Hyunjoong era mi madre.

 

He aquí una extraña situación. Los cuatro sentados en la cafetería de Jaejoong. Yunho intentando parecer maduro, Hyunjoong siendo maduro, Jaejoong muerto de la vergüenza y yo sonriendo como un tonto.

 

-Changmin, sabes que me alegro de que por fin sepas lo que se siente, pero tu amigo no ha hablado desde que gritaste eso en medio de toda la gente y puede que le haya dado un infarto cerebral.-

 

-Tranquilo Hyunjoong, dentro de un rato podrá hablar de nuevo.-

 

Dije seguro de mi mismo. No podía pensar en negativo, por fin me había enamorado. Acababa de demostrar que no era una máquina sin sentimientos. Estaba tremendamente orgulloso de mi logro, tanto que no pensé en el pobre Jaejoong.

 

-Adasdasakajdksd… Changminie… ¿P-podemos hablar en… pripripripripri…-

 

-¿Privado?- Interrumpió Yunho.

 

Asentí. Él cogió mi mano y recordé cuando me llevó por primera vez a esa sala, estaba mojado y él arrepentido.

 

 

 

 

 

-Todo esto me ha pillado de sorpresa…-

 

-Lo siento, no quería incomodarte, solo que no sé bien como actuar en estos casos.-

 

-¿Nunca te había gustado nadie?-

 

Negué sin pestañear, él se tapó la cara aún más avergonzado si cabe. Me acerqué a él y le aparté las manos de la cara.

 

-No, soy el tipo de persona que repele a la raza humana. ¿No te gusto?-

 

-N-no es eso, es que ha sido todo demasiado rápido. ¿Me dejarías pensarlo? Necesito tiempo.-

 

-¿Cuánto tiempo? No soy demasiado paciente.-

 

No contestó. Así que me marché con Yunho y Hyunjoong que no dejaban de hablar de lo bonito que es Japón y no sé que de que el sexo se disfrutaba más.

 

 

 

 

 

-Arhg… Eish… Tsk… Yuuuuuuuuuuuuuuuuhno, ya hace dos semanas que me declaré. ¿Cuánto se supone que debo esperar?-

 

Como dije, no soy del tipo paciente. Me gustan los cálculos rápidos, las personas decididas, no sabía como tomármelo con tranquilidad.

 

-Según me has dicho, ese chico del que estás tan enamorado es un poco lento, así que espera un poco más. ¿Le diste tu dirección y tu número de teléfono?-

 

-No…-

 

-Changmin, dime que al menos le diste tu dirección de correo.-

 

-Tampoco…-

 

-Pues estamos apañados.-

 

Cierto, yo sabía donde encontrarle, así que no me importaba que él no lo supiera. Soy extremadamente estúpido, no, perdón, el amor me ha convertido en un estúpido, yo no puedo serlo.

 

Salí de mi casa, tenía que verle, aunque todavía no hubiese decidido nada, por lo menos debía darle mi número de casa. No sé por qué, pero mis pies me obligaron a correr. Yo nunca corría, odio sudar, pero no podía estar tranquilo.

 

-¡Jaejoong!-

 

Abrí la puerta del local de un portazo, toda la clientela se giró a mirarme, aunque no duró mucho ya que el mencionado en cuestión había llamado la atención de todos al tirar un plato de comida y una taza de té al suelo.

 

-Changminie… No te pude llamar…-

 

-Lo sé, lo siento, se me olvidó darte mi número.-

 

Corrió hacia mí y me abrazó, en ese momento éramos solo nosotros, no había nadie más.

 

-¡Jae, dile de una puta vez que también te gusta!-

 

-¡Yoochun, déjalos disfrutar del momento!-

 

-¡Pero Junsu, están molestando a la clientela!-

 

Eso era lo que yo llamaba aguafiestas, pero tenían razón. Miré a Jaejoong, el me devolvió la mirada sonriente. Posé mis manos en sus mejillas y, después de observarlo durante varios segundos, junté mis labios con los suyos, despacio. No sé ni cómo ni por qué, toda la cafetería empezó a aplaudirnos, nos separamos y reímos. Entonces cogí su mano y lo llevé a un lugar lejano, donde nadie pudiera ver su sonrojo, su mirada perdida, su sonrisa de enamorado. Un lugar donde solo yo pudiera disfrutar de esos exquisitos placeres.

 

 

 

 

 

 

-¿Me quieres?-

 

-Te quiero~ ¿Y tú a mí?-

 

-Yo te quiero el doble que tú a mí.-

 

-Mentira, yo te quiero el doble más infinito~-

 

-¡OH DIOS MÍO, ¿QUERÉIS CALLAROS DE UNA VEZ?!- Gritó Yoochun.

 

-Voto a favor.- Dijo Hyunjoong, levantando la mano.

 

-Y yo.- Susurró Junsu.

 

 

De verdad, no podía creer que mis amigos estuvieran celosos de mí, me decepcionaban, yo que no he sentido celos en mi vida por nada ni nadie… Bueno, ahora no me hace falta.

 

-Pues a mi me parecen muy monos.-

 

-¡YUNHO, CALLA!-

Notas finales:

-Huye-

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