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Número Desconocido

Autor: MiyuChan

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Notas del fanfic:

Es un oneshot extremadamente corto. Es Slash. Probablemente, si gusta de fanfics sexuales y con mucha acción, le parezca aburrido, pero la historia nació y tuve que escribirla, pues de lo contraro mi cerebro explotaría. Espero que sea de su agrado como lo fue del mío.

Notas del capitulo:

Hace tiempo que no escribía un Oneshot tan rápido (demoré como 3 días en hacerlo), pero esta historia nació de un drabble escrito inspirado en una canción, bastante tiempo atrás. Hace poco reencontré el drabble y decidí convertirlo en Oneshot. Como ya mencioné, es muy corto y muy simple. Sólo espero que sea de su agrado. Creo que en mi mente se veía más bonito que como quedó e_e

Su celular sonaba. Sonaba y lo obligaba a despertarse. No quería, se sentía tan cansado, que pensó en ignorar la llamada. Esa noche había soñado tanto que sentía no haber dormido nada. Su celular sonaba más fuerte de lo normal, y soltando un leve gruñido estiró su mano a su mesita de noche, tanteando, con la intención de encontrar su teléfono sin abrir sus ojos.

 

Feel, I can feel you - the bliss, your kiss. I can’t believe it - could this be fate?

 

La canción de su ringtone no paraba de sonar. Era un número desconocido. Frotó sus ojos con el dorso de su mano, bostezó y presionó la pantalla con su dedo.

 

-          ¿Hola? - contestó con voz algo somnolienta. Aclaró su garganta cuando no hubo respuesta - ¿Hay alguien ahí? - insistió, sintiéndose algo molesto. No se oía nada. Suspiró dispuesto a colgar, cuando oyó al fin una voz del otro lado de la línea.

-          Uh... - balbuceó una suave voz masculina - Lo siento, creo que... Lo siento, me equivoqué de número.

 

Changmin se quedó callado. Sus ojos se abrieron de par en par. Sus labios delgados temblaron suavemente y sintió al instante su rostro calentarse con fuerza. Tragó saliva y tras tartamudear de la forma más inútil de su vida respondió - No importa.

 

-          De verdad lo siento - volvió a disculparse la voz y la llamada se cortó, dejándolo de pie como un tonto, con el celular en su oreja y su mirada perdida.

 

Se sentó sobre la cama. Su corazón no paraba de latir, latía tan fuerte que temió comenzar a sufrir un paro cardiaco o algo.

 

¿Qué había sido eso? No tenía ni idea de quién se trataba. Jamás había oído esa voz en su vida ni mucho menos había visto ese número. En su vida había recibido llamadas equivocadas muchas veces. Pues ¿Quién no? Pero ahora... Ahora se sentía extraño. Se sentía agitado. Esa suave voz aún sonaba en sus oídos. Agitó su cabeza intentando alejar esa tontería de su mente. Era sólo una llamada, nada más.

 

Esa tarde, cuando fue a hacer las compras, su celular comenzó a sonar otra vez, haciendo su corazón saltar. Changmin no era una persona con muchos amigos, y los pocos que tenía no solían llamarlo mucho. Miró la pantalla comprobando lo que creía. El mismo número. Contestó nervioso, apoyando con suavidad el celular en su oreja.

 

-          ¿Si? - dijo suavecito. Del otro lado de la línea no se oyó respuesta, y la llamada se cortó.

 

Debía admitirlo. Se sentía decepcionado. Guardó su celular en el bolsillo y continuó con lo suyo, metiendo sopas instantáneas al canasto de las compras y otras cosas que servirían para saciar su hambre (no era demasiado bueno para cocinar que digamos). Y el día pasó, y su celular no volvió a sonar.

 

Fue difícil dormir esa noche. No comprendía, realmente no lo hacía. Se durmió finalmente, con su celular en la mano deseando oír esa voz una vez más.

 

--

 

Cuando dieron las siete de la tarde del día siguiente Changmin se sintió un poco decepcionado al mirar una vez más la pantalla, comprobando lo que temía. Ninguna llamada. Se sintió torpe por ese deseo infantil. ¿Acaso era una quinceañera enamorada que esperaba las llamadas de su novio? ¡No! ¡Ni siquiera lo conocía! Pero su voz... era sin duda...

 

Dio un salto al oír el vibrador de su celular, seguido de esa suave melodía que lo relajaba por completo cada vez que recibía una llamada...

 

Feel, I can feel you - the bliss, your kiss. I can’t believe it - could this be fate?

 

Se levantó de un salto y cogió su celular, contestando al instante - ¿Diga? - respondió, pero como era de esperarse la llamada se cortó de inmediato.

 

Suspiró y dejó su celular en la mesa, con decepción. Esto se repitió unas cuantas veces más durante el día, y siempre que contestaba la llamada se cortaba. Guardó finalmente el número para reconocerlo si volvía a pasar. Número Desconocido escribió, y suspiró una vez más antes de volver a lo suyo.

 

Changmin solía ser una persona muy solitaria. Honestamente tenía la inteligencia social de una almeja. Con dos estrictos padres profesores y una vida como "hermano mayor y hombre de la casa cuando estemos ausentes", había sido difícil poder desenvolverse entre las masas. Le gustaba cantar, pero jamás había podido hacerlo en público, pues siempre se consideró tímido. Solía ensayar sus expresiones frente al espejo para no asustar a la gente al hablarles. Se preocupaba mucho de su higiene personal y de sus ropas, pero nada funcionaba. Al final volvía solo como siempre a su departamento con su único acompañante, un pequeño y revoltoso perrito blanco llamado Mangdong-ie, pues jamás lograba nada con nadie.

 

Pero entonces había llegado esa llamada, y honestamente, por un momento,  le había hecho olvidad esa miserable soledad que se apoderaba día a día de su vida.

 

Y cuando su teléfono volvió a sonar melodiosamente una vez más (Llamada entrante de Número desconocido) suspiró con fuerza, y decidido, contestó la llamada.

 

- ¿Sabes? - fue lo primero que dijo apenas contestó. Creyó que la llamada se cortaría, pero no fue así, así que continuó - No importa cuántas veces llames, siempre seré yo quien conteste.

 

Hubo un corto lapsus de silencio, unos leves segundos, y la misma linda voz de esa primera (y mística) llamada se oyó en su oído.

 

- De verdad lo siento - comenzó - me dieron mal el número y... Realmente necesitaba contactarme con esa persona. Creía que marcaba mal, así que...

 

Changmin tuvo que cerrar sus ojos y suspirar, en un vano intento por calmar los latidos de su corazón.

 

No funcionó.

 

-          No te preocupes, a cualquiera le pasa - le quitó importancia. Asintieron del otro lado de la línea.

-          Hmm hmm - pronunció - Me disculpo nuevamente, debí ser molesto...

 

"Para nada. No pienses siquiera en dejar de hablar."

 

-          Nah, no te preocupes.

-          Ok. Lo siento otra vez, que tengas un buen día - pronunció suavemente. Changmin suspiró cuando la llamada se cortó una vez más.

-          Tú también... - susurró a la nada y dejó el celular en la mesa.

 

Se echó sobre la cama y miró a la nada., dejando salir un largo suspiro. Su corazón latía y latía y latía, a mil por hora. Sus orejas quemaban y sus labios se mantenían apretados, preguntándose qué era eso que sentía en este instante, pues nunca antes lo había sentido.

 

Una nariz húmeda se rozó contra su mejilla, la rápida respiración canina chocando contra su pómulo derecho. Se enderezó y le acarició la blanca cabeza a Mangdong-ie.

 

Su corazón disminuyó sus latidos pasado un largo rato sin moverse, pero cada vez que pensaba en esa bonita voz, cada vez que la recordaba, ocupando cada rincón de su mente, su pecho volvía a quemar con intensidad, y su estómago se revolvía completamente. Y no era un revuelco de los malos, de esos que te hacen sentir enfermo y querer devolver toda tu comida. Oh no. Era más bien uno de esos revuelcos estomacales de cuando ves al hombre (o mujer) de tu vida y tu subconciente grita "¡Hey, Changmin! ¿Cómo estás para enamorarte el día de hoy? ¿Qué dices? ¿No estás preparado? ¡Da igual, te enamorarás de todos modos!" y BAM, ahí quedaba él, como una adolescente enamoradiza y hormonal. Pero el problema era otro. El problema era que ¡Oh, cierto! ¡No tenía ni idea de quién estaba detrás del teléfono!

 

"Quizás es un viejo gordo, Changmin" se regañaba mentalmente "Quizás es un viejo gordo de 40 años lleno de acné que aún vive con su madre y habla con adolescentes enamoradizas por internet y..."

 

Pero al parecer, y muy a su pesar, el único "adolescente enamoradizo" era él.

 

-          ¡Es sólo una voz, Shim Changmin ! - gritó de pronto, haciendo que su perrito saltara de su regazo, asustado - Oh, oh, lo siento - se disculpó con su mascota, pero fue ignorado olímpicamente. Miró a la puerta hasta que el sonido de patitas desapareció por completo.

 

"Eres un miserable, Shim Changmin"

 

--

 

Cuando dos días pasaron después del incidente de la llamada, comenzó a distraerse con otras cosas, olvidando casi por completo el asunto. Fue un buen momento de descanso mental, pues realmente no podía dejar de pensar en esa bonita voz, y en las posibilidades de que la persona tras el teléfono fuera igual de linda que el sonido de sus palabras. No fue hasta una tarde en que, revisando su lista de contactos, dio con aquel titulado Número Desconocido otra vez. Sintió sus mejillas enrojecer cuando recordó la voz, y una vez más esas mariposas se hicieron presentes en sus tripas, revoloteando con fuerza. Apretó sus labios, y en un impulso que no pudo controlar, presionó llamar. Acercó tembloroso el teléfono a su oreja, sintiendo cómo los latidos de su corazón retumbaban en su cabeza. Cuando el pitido molesto de espera se detuvo y sonó cómo contestaban, su respiración se detuvo.

 

-          ¿Hola? - respondió con suavidad esa preciosa voz. Y quiso responder, de verdad quiso, pero en lugar de eso entró en pánico y cortó la llamada.

 

Sintió en ese momento como si le vaciaran un balde de agua fría encima. ¿Podía alguien ser TAN tonto? Se sintió por completo el ser más estúpido sobre la faz de la tierra. Nunca se había sentido tan avergonzado en su vida. Se tiró sobre la cama, rostro contra la almohada, sintiendo su propia respiración caliente que salía de su boca humedecer levemente la tela blanca.

 

Pero debía dejarlo pasar. De todos modos no llegaría a ninguna parte fantaseando con la voz de un desconocido.

 

Y fue una semana que pasó, lenta, normal, como si esas llamadas repentinas jamás hubieran ocurrido. Changmin consiguió un trabajo de medio tiempo en un restaurant de comida rápida. Aquello le mantenía la mente ocupada y le ayudaba a distraerse de todos aquellos inmaduros sentimientos que experimentaba desde hace días.

 

-          Hey, Changmin-ah - lo llamó un compañero de trabajo dándole palmaditas en el hombro. Este salió de su trance - ¿Tienes aún el número del jefe? Lo necesito.

-          Uh, sí... - murmuró y comenzó a revisar sus contactos en la agenda del celular. Mientras bajaba leyó Número Desconocido y su corazón dio un salto. Le dio el número que necesitaba y miró su pantalla. - Iré a buscar más servilletas - avisó a sus compañeros entrando a la bodega. Cerró la puerta y suspiró.

 

"Debo deshacerme de este número" pensó frunciendo los labios, decidido a borrarlo y así dejar de sentir esas tonterías de niñita sin vida que pasa sus tardes completas llorando por personajes de ficción de dramas con tramas baratas.

 

Y como si fuera el destino quien lo mantenía patéticamente unido a un extraño de rostro desconocido y voz atrayente, su dedo resbaló (como si hubiese sido a propósito) desde la frase Eliminar contacto a Llamar. Y cuando se dio cuenta, el sonido de marcado sonaba en la pequeña bodega repleta de cajas y paquetes cuyo contenido ignoraba. Su rostro se calentó y sus manos comenzaron a sudar. Llevó el teléfono a su oreja y tomó una gran bocanada de aire.

 

-          ¿Hola? - respondieron del otro lado de la línea. Changmin sintió sus palabras atorarse una vez más en su garganta - ¿Hola? - repitió, y Changmin estuvo tentado a cortar la llamada como esa vez en su casa. Pero no, no quería parecer un psicópata llamando a una persona sólo para deleitarse oyendo su voz, dejando oír sólo su respiración. No quería parecer un maldito stalker o algo así.

-          Uh... - pronunció con la voz temblorosa, sudando más que nunca. Se agachó en una esquina como si estuviese haciendo algo malo, pensando a toda velocidad qué diablos decir para poder mantener una conversación y no dejar de hablarle jamás - Yo... Me preguntaba si... Uh, ¿C-Conseguiste el número que necesitabas? Digo... Era urgente y...

 

Se quedó callado, con la respiración agitada. Se sintió torpe de nuevo. ¿Por qué habría de responderle, si no lo conocía? Esperó que la llamada se cortara, pero en lugar de eso un hermoso sonido llenó sus oídos. Una risa tímida, la más hermosa risa que haya oído. ¡Buda! ¡Si su voz era la más hermosa, su risa era un coro de ángeles! (Totalmente cursi, pero cierto).

 

-          Sí, pude conseguirlo, gracias por preguntar - habló con suavidad y una lentitud que hacía cada palabra más exquisita que la anterior. Changmin cerró sus ojos y sin notarlo, una sonrisa se formó en sus labios.

-          Que bueno... - respondió acariciando su nuca con la mano libre.

-          Sí... - respondió el chico. Hubo un silencio un rato. Changmin sentía su pecho cálido. Apretó su mano contra este, intentando calmar su respiración. Cuando oyó que le llamaba un compañero de trabajo, se sintió algo triste.

-          Bueno, uhm... Debo cortar. Me alegra que hayas encontrado el número - el chico volvió a reír y sintió una vez más que se derretía.

-          Ok. Gracias por preocuparte...

-          Uhm, eso... Nos vemos - dijo, y se golpeó la frente al darse cuenta de lo estúpido que sonaba eso. ¿Nos vemos? ¡Ni siquiera se conocían! Sintió que comenzaba a hacer mucho calor en la bodega.

-          Nos vemos - respondió el chico, con una tierna voz, y cortó la llamada.

 

Changmin se quedó estático en su lugar, su corazón aún latiendo con fuerza. Se sentía peligrosamente enamorado de esa voz. Y no sabía qué hacer. Changmin jamás fue una persona de piel. Es más, realmente se consideraba asexuado. No era bueno con el contacto físico ni mucho menos con las palabras, y por ende, jamás veía en las personas una posible relación. Al saberse una persona fría, sabía que sólo lograría una mala experiencia para cualquiera que fuera su pareja. Y ya lo había comprobado unas cuantas veces. "Estoy cansada de esta relación. No sé qué es lo que estás pensando ni  lo que de verdad sientes por mí" decían siempre, y él sólo podía sonreír, porque sabía desde el comienzo de esas relaciones que así terminarían, porque normalmente no salía con gente porque le gustaran. Lo hacía porque se lo pedían. Él sólo accedia, pues, de todos modos, no tenía nada que perder. Entonces ahora, luego de años (y realmente eran años desde su última relación) comenzaba a sentirse vivo otra vez. Podría decir incluso que era la primera vez. Comenzaba a sentir su corazón latir como no lo hacía hace mucho. Se sentía nuevamente como un adolescente cuyas manos sudan al hablar con la chica que le gusta.

 

Pero dolía. Dolía sentirse así por alguien a quien jamás había visto, y que tampoco sabía si vería alguna vez.

 

Probablemente... Esa llamada le había arruinado la vida.

 

Una semana más pasó. Ahí estaba, entre un montón de gente, esperando la llegada del metro para poder ir a su trabajo. Hacía algo de frío. Frotaba sus manos insistentemente para darse un poco de calor. El invierno comenzaba a hacerse notar, y aún ni siquiera terminaba el otoño. El tren al fin llegó y toda la gente se amontonó para poder entrar, empujándose con aquellas que intentaban salir. Changmin caminó entre ellos, sintiéndose estresado, intentando respirar con fuerza para calmar su pavor al encontrarse entre ese enorme gentío. Cuando cruzó la puerta, logrando subir al vagón, alguien lo empujó con fuerza, chocándole el hombro. Se quejó levemente por el fuerte golpe, y al instante una suave voz le pidió disculpas entre la gente.

 

Todo dejó de oírse para Changmin. Sus ojos se abrieron y el tiempo se detuvo. Quedó en shock unos instantes. Era la voz. La voz del número desconocido. Cuando reaccionó tras su momento de idiotez se giró rápidamente. La puerta se cerró en su rostro. Intentó buscar a alguien, cualquier persona, pero fue inútil. Sólo personas caminando unas junto a otras, caminando en diferentes direcciones.

 

Apoyó su frente en la puerta, sintiéndose el ser más... ¡Ni siquiera existía una palabra para describir cómo se sentía! Acababa de pasar junto al chico de las llamadas. Había estado a centímetros de él, ¿Y qué había hecho? ¡Nada! No podía creerlo.

 

Sintió ganas de llorar, porque había perdido una enorme oportunidad. Quizás la única que tendría durante el resto de su vida. ¿Y si era su destino? ¿Y si lo había perdido?

 

Pero podía llamarlo. Llamarlo y decirle "¡Hey, pasaste por mi lado hace unos instantes! ¿Por qué no nos vemos para conocernos?". Pero no. Changmin no haría eso. Changmin era demasiado tímido como para hacer algo así.

 

Esa tarde su trabajo fue totalmente ineficiente. Tuvo que disculparse repetidas veces con los clientes enojados por su demora, y con sus compañeros de trabajo por no reaccionar cuando se lo pedían. Se disculpó una y otra vez, con la excusa de que se sentía levemente enfermo y no podía concentrarse. Finalmente lo enviaron temprano a casa, pidiéndole que descansara para trabajar mejor cuando se mejorase.

 

Caminó como ido por las calles heladas, casi vacías, de la ciudad. Estaban casi desiertas. Decidió sacar el gorro que guardaba en su bolso. Un viejo gorro de lana, gastado y desteñido, que le había tejido su abuela para uno de sus cumpleaños. Lo atesoraba con su vida. Comenzaba a oscurecer. Eran sólo las cinco de la tarde, pero comenzaba a oscurecer más temprano, pues estaban en otoño. Miró las hojas café regadas por el suelo. Se acercó más a los árboles para pisarlas, sintiéndose como un niño otra vez, disfrutando ese exquisito crujir.

 

Una fuerte ráfaga de viento sopló, llegando incluso a empujarlo. Sin remedio, la gastada lana de su gorro no se sujetó a su cabeza lo suficiente y voló alto, para luego caer y ser arrastrado por el suelo lleno de hojas.

 

-          ¡Oh, no! - gritó al girarse y verlo alejarse.

 

Comenzó a correr tras él, intentando no perderlo de vista. El viento no paraba de soplar. Su gorro avanzaba y avanzaba, pero Changmin le tenía demasiado cariño como para dejarlo ir así sin más, rindiéndose. ¡Esa Madre Naturaleza no le ganaría! ¡No hoy!

 

Y aún corriendo sin mirar hacia adelante, con la mirada en el suelo logró alcanzar el bendito gorro. Suspiró algo cansado cuando al fin se detuvo y estiró su mano para recogerlo. Entonces otra mano se apoyó en el gorro, junto a la suya, rozándose. Ambos se enderezaron, sin soltar el gorro.

 

-          Creo que se te cayó - rió la persona que había recogido la prenda tejida, sin soltarla. Changmin sintió su corazón detenerse. Y cuando se enderezó, sus mejillas se sonrojaron a más no poder. Abrió la boca, pero sus labios temblaron. El chico frente a él se sonrojó también. Changmin no podía creerlo.

-          Eres tú - susurró, sintiendo su corazón derretirse, y el chico, al oír su voz, abrió sus ojos (esos bonitos, bonitos ojos) de par en par. Su rostro se puso rojo por completo.

 

Era él. El chico del número desconocido. Jamás confundiría esa voz. Esa hermosa voz. Se miraron fijamente. Changmin observó con cuidado cada detalle. Sus labios, sus ojos, su flequillo, su cabello, ese pequeño lunar bajo su ojo, en su pómulo izquierdo. Todo, cada centímetro, era lo más bello que haya podido ver. Y cuando lo notó, el chico también lo observaba fijamente, como escaneando. Ambos sabían quién era el otro.

 

Y el tiempo se detuvo en ese momento. El viento había dejado de soplar. El sonido de las hojas rodando por la calle se oía a lo lejos. Ambos sostenían aún el gorro. Los dedos de Changmin se apretaban temblorosos, y cuando lo notó, los finos dedos del chico frente a él también temblaban.

 

Esto debía ser obra del destino. Sólo eso podía ser. Una llamada por error. Una pequeña conversación. Un encuentro fortuito fuera del tren. Un gorro volando por causa del viento. Un reencuentro. Todo había estado predestinado.

 

Changmin dejó escapar un suave suspiro, y aún con el rubor cubriendo sus mejillas, abrió su boca - Te dije que nos veríamos...

 

El chico lo miró con una profundidad increíble, y en sus labios se formó una sonrisa, la cual se convirtió en una risita tímida, la cual cubrió con su mano, delicadamente. Se encogió de hombros y bajó la mirada, avergonzado, tímido. Sus dedos aún sostenían el gorro de lana, como no queriendo dejarlo ir. Volvió a mirarlo, con un brillo en sus ojos, y tímidamente preguntó - ¿Quieres... ir a tomar algo?

 

Y sin siquiera pensarlo Changmin asintió, quizás demasiado eufórico, pues al verlo, el chico dejó escapar una risita. Porque no dejaría pasar esa oportunidad. Porque aquello había sido predestinado, y aunque Changmin no creía en el destino, mucho menos en la suerte, creía que esto definitivamente era un poco de ambas, mezclado con algo de magia y un toque de fantasía, porque realmente un chico tan hermoso sólo podía haber salido de uno de los más hermosos cuentos de hadas que pudiera haber sido escrito.

 

Se sentaron uno frente a otro en una cafetería cualquiera que encontraron, dándose miradas nerviosas, sonriendo levemente y ruborizándose con cada contacto que sus manos lograban. Y rieron como nunca lo habían hecho con nadie. Hablaron de tonterías que jamás creyeron poder disfrutar, bebieron café y comieron pastel, y aunque honestamente Changmin no traía mucho dinero consigo, no le importaba, pues no dejaría que ese encuentro terminara por algo tan pequeño como el dinero.

 

Sus corazones latían con fuerza casi desenfrenada. Changmin creía incluso poder oír el corazón del chico frente suyo, y el chico también parecía oírlo, porque la sonrisa no se borraba de su rostro. Porque el chico sabía quién era Changmin. Porque aquel chico había sentido lo mismo con cada llamada. Porque ambos se habían enamorado de la voz del otro, y habían buscado excusas para llamarse y oírse de cualquier forma. Las manos de Changmin sudaban, al igual que su frente, y a cada momento debía pedirle disculpas por las palabras que se le enredaban en la lengua. Y el chico sólo reía tímidamente, enternecido por los enredos en las palabras. Quizás era algo en el café, o algo en el aire, o algo en la mirada del otro que les hacía sentir de esa forma, pero se sentían livianos, como si flotaran.

 

Y finalmente, cuando notaron que no quedaba ya nadie en la cafetería, y que ya estaba completamente oscuro, decidieron levantarse. Ambos insistieron en pagar la cuenta del otro, así que finalmente terminaron dividiéndose los gastos y tras una reverencia a la chica que los atendió salieron del lugar, con los estómagos y los corazones llenos.

 

Caminaron hasta la parada de autobús en silencio, uno junto al otro, oyendo sólo sus pasos y sus respiraciones agitadas. Se miraban de vez en cuando y sus ojos brillaban en cada encuentro que lograban, bajo las luces que iluminaban las calles.

 

-          Uhm, ese es mi autobús - suspiró al ver el transporte acercarse a lo lejos, sintiéndose triste.

-          Está bien, El mío debe llegar en unos instantes - le sonrió enormemente, y la tristeza se esfumó de su ser, pues había logrado obtener esa sonrisa, la cual podría incluso curar el hipo.

 

Cuando el autobús llegó a su lado y se detuvo, Changmin se acercó a la puerta, no sin antes girarse algo desesperado, dándose cuenta de que no sabía el nombre del chico. Lo miró algo nervioso, y abrió la boca para preguntar. El chico se le adelantó y respondió:

 

-          Jaejoong. Me llamo Jaejoong.

 

Changmin lo miró unos segundos, acongojado, y sonrió enormemente, sintiéndose avergonzado, pues cada vez que sonreía ampliamente su ojo izquierdo se cerraba de forma desigual a su ojo derecho, y quizás el chico (ahora sabía su nombre. Jaejoong) lo encontraría raro por eso.

 

-          Shim Changmin. - susurró y el chico sonrió cálidamente.

 

Se subió cuando el chofer del autobús le preguntó si subiría o no, y pidiéndole disculpas por la demora, terminó de subirse. Se sentó rápidamente en el último asiento y miró hacia atrás por la ventana, viendo cómo el chico permanecía de pie mirando hacia el autobús. Changmin agitó su mano en señal de despedida, y el chico, con una sonrisa plasmada en su rostro, respondió el gesto, moviendo su mano eufóricamente, para luego subirse al siguiente autobús, el cual dobló hacia el lado contrario.

 

Suspiró con una fuerza increíble, sintiéndose como renovado. Sacó el celular de su bolsillo y entró a la lista de contactos, buscando aquel tan importante ahora. Número Desconocido leyó, para soltar una risita al cambiar el nombre del contacto, reemplazándolo por su nombre: Jaejoong.

 

Le costó demasiado conciliar el sueño esa noche. Sentía su rostro arder cuando recordaba esa tarde. Jamás había tenido una tarde tan hermosa como esa. Suspiró una vez más, perdiendo la cuenta de cuántas veces lo había hecho a lo largo del día, y hundido en sus recuerdos del día, disfrutando al recordar cada detalle en el rostro del chico, se durmió, con una sonrisa plasmada en sus labios.

 

--

 

Una melodía lo sacó de sus sueños. Los rayos de sol se colaban por entre las cortinas, la cual había olvidado cerrar la noche anterior, por la emoción del día.

 

Feel, I can feel you - the bliss, your kiss

 

Se removió entre las sábanas, estirando el brazo para tomar su celular que seguía sonando. Frotó sus ojos con el dorso de sus manos. Sintiéndose aún cansado.

 

I can’t believe it - could this be fate?

 

Abrió sus ojos y miró la pantalla, leyendo el nombre de la persona que llamaba. Sonrió enormemente y sus mejillas se sonrojaron. Su pecho se sintió cálido, y con su mano temblorosa contestó la llamada, respondiendo tras oír esa hermosa voz que lo había cautivado desde el primer segundo que lo oyó.

 

-          Buenos días, Changmin-ah.

 

Y sonrió, porque ya no era un número desconocido a quien le hablaba. Ya no era la voz hermosa sin rostro, ni la llamada equivocada, ni el chico anónimo que le hacía sentir en las nubes quien lo llamaba. No. Ahora era Jaejoong. No era nadie más que él, Jaejoong, quien lo llamaba. Y pues no podía dejar de sonreír, porque aún en contra de todas sus creencias, y sin importar lo que la gente pudiera decir o pensar, esto definitivamente había sido obra del destino.

Notas finales:

Estuve idiotamente mucho tiempo qué canción poner para el ringtone de Changmin, y finalmente me decidí por esa. I can feel de HYDE (por siempre una de mis canciones favoritas de HYDE). No sé, escuché ese fragmento y me pareció justo para la situación en que se encontraba Changmin. "No puedo creerlo. ¿Podrìa ser el destino?". Porque fue así como se sintió Changmin durante todo el fic. Confundido. Completamente confundido.

 

Pues bueno, eso fue todo. ¿Qué dicen? ¿Les gustó? Yo disfruté escribiéndolo, so... Espero que ustedes hayan disfrutado leyéndolo UwU

 

Las amo, y pronto traeré más fics <3

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