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Maniquí

Autor: MiyuChan

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Notas del fanfic:

 

IMPORTANTE: Debido a los años que pasaron el fic quedará simplemente como two shot porque de todos modos a quién le va a importar lo que siga (?) Los quiero 

Notas del capitulo:

Primera parte! *-* Actualizaré la segunda a la brevedad.

Changmin despertó una mañana de invierno preguntándose por qué su vida era tan miserable y por qué tenía tan mala suerte.

 

Mientras se vestía analizó su vida con detalle, y mientras lavaba sus dientes separó cada cosa buena de lo malo en su vida. Mientras desayunaba se dio cuenta de que más de la mitad de su vida estaba compuesta por cosas malas, y mientras caminaba al trabajo cayó en lo poca cosa que era.

 

Tenía un trabajo agotador en el que no le pagaban un buen salario. Un departamento pequeño y viejo en donde apenas cabían sus cosas. No se consideraba nada atractivo, labios secos y orejas más grandes de lo normal era lo único que resaltaba en su rostro. Sus padres estaban creídos de que su hijito mayor, el hombre de la casa, estaba viviendo una vida de famoso.

 

Cómo se equivocaban.

 

Mientras viajaba en el autobús miró su celular, un modelo totalmente pasado de moda. Sus zapatillas estaban algo rotas y su bolso también estaba muy viejo. La mayoría de sus cosas eran así, viejas y gastadas, pues no le alcanzaba el dinero para costearse cosas caras.

 

Acomodó el gorro de lana negra sobre su cabeza, tapando sus grandes orejas congeladas. Era una fría, fría mañana.

 

Llegó al trabajo, y como cada mañana ahí estaba su jefe para regañarlo y gritarle como siempre lo hacía. Que había llegado tarde, que su trabajo había sido deficiente el día anterior, que estaba gordo y era su culpa (y honestamente no sabía qué relación tenía él con la gordura de su jefe)… En fin. Gritos iban y venían cada mañana. Pero aquella fría mañana de invierno fue peor. Por primera vez recibió una amenaza de despido.

 

Si volvía a hacer algo mal… adiós al trabajo.

 

Realmente no entendía a qué se refería con llegar tarde, pues siempre llegaba con 30 minutos de anticipación. Pero a su jefe no le gustaba nada de lo que hacía, así que aunque durmiera esa noche en el trabajo y estuviera antes de que él llegara, encontraría de todas formas algo malo para regañarlo.

 

Y ahora su trabajo. Desde hacía tres meses trabajaba en una de las boutiques de más alta clase en la ciudad. Era un trabajo realmente envidiable para muchos, pero definitivamente no para Changmin. No le pagaban el mejor salario, era muy cansador y su jefe era realmente un monstruo.

 

Pero debía sobrevivir.

 

Y ahí estaba, ordenando todo como cada mañana, cansado de su vida, de la rutina y de todo lo que lo rodeaba. Deseando que algo emocionante pasara alguna vez en su vida.

 

Pero no. Changmin tenía muy mala suerte.

 

- Otro día más – susurró mirando a los maniquíes de la tienda. Aquel maniquí en especial. Aquel de cabello rojo y brillante y un rostro tan... TAN real, que a veces lo perturbaba.

- ¿¡Qué haces ahí parado sin hacer nada?! ¡Ya es hora de abrir!

– gritó el jefe. Changmin corrió a la puerta.

- ¡Lo siento!

 

Desde que había llegado a trabajar a esa tienda hace tres meses, aquel maniquí le había llamado la atención por completo. Se veía tan real, tan humano. Su rostro, su cabello, su cuerpo perfecto. Era como un chico congelado, de pie día y noche, esperando que alguien lo despertara… Con la mirada perdida en la nada, su piel pálida y reluciente, con un leve rubor en las mejillas. Sentía una extraña fascinación por él… Se preguntaba quién lo habría hecho, porque debía ser realmente un artista.

 

Aquella atracción le había hecho comenzar a hablarle. Cada vez que estaba solo, cada vez que se sentía triste o algo aquejaba a su corazón, esperaba a quedar solo en la tienda y le contaba todos sus problemas, ¡Incluso le había puesto nombre!

 

- Será un largo día, Jaejoong – le susurró al muñeco de plástico, ordenándole la ropa.

 

Y efectivamente, el día fue tediosamente largo. Fue exactamente igual a cualquier otro, largo y aburrido. Un montón de señoras gordas y gruñonas pidiendo ropas que "se les viera bien" (¡Por Dios! ¡Changmin no hacía milagros!), gente que se probaba ropas y las dejaba en donde no iban (Camisetas metidas entre los pantalones) y su jefe gritándole una y otra y otra vez por todo lo que hacía.

 

A veces le daban ganas de golpearle el rostro con fuerza... Pero no podía. Era su proveedor de dinero. El único que había logrado obtener.

 

Resulta que había intentado de todo. Repartidor, mozo, reponedor en un millón de tiendas, pero nada. Jamás obtenía un maldito trabajo, ¿Y por qué? Pues siempre la misma respuesta: Necesitamos a alguien con más experiencia. ¡¿Cómo demonios querían que tuviera experiencia si no le daban ni un trabajo?! Finalmente, cuando ya estaba por rendirse, intentó con aquella boutique. Lógicamente daba por hecho que no lo contratarían. Se veía un lugar de alta clase, y un pobretón como él no merecería un trabajo en esa prestigiosa tienda. Pero el jefe había estado desesperado, TAN desesperado, que le había dado el trabajo sin siquiera oír su experiencia laboral o qué se yo. Había sido un golpe de suerte. Claro, no por completo, pues Changmin no tenía nada de suerte, y aquel golpe de suerte místico sólo podía traer más desgracias a su vida.

 

Un jefe horrible.

 

Esa noche, cuando preparaba sus cosas para irse, su jefe lo detuvo con cara de "¿Dónde diablos crees que vas?". Changmin lo miró con cara de circunstancia, pensando que la respuesta era más que obvia. "A mi casa, ¿dónde más? ¿Acaso quiere que también lo lleve a la suya?" pensó algo estresado, pero esperó tranquilo a que el hombre le dijera por sí mismo.

 

- No puedes irte aún, debes cambiar a los maniquíes por las  ropas de la nueva temporada. – Le hizo un gesto indicándole las cajas con las prendas y luego a los muñecos de figuras humanas de pie en sus respectivos sitios – Es tu última oportunidad. Un error más y te vas, ¿Entendiste?

 

- Sí, señor – respondió cabreado, haciendo una reverencia para que no viera el enojo en su rostro. Esperó tranquilamente hasta que el hombre saliera del lugar y se alejara lo suficiente para dejar salir de su boca un enorme arsenal de coloridos insultos hacia su persona, quejándose con toda la rabia acumulada en el día y en todos los días que llevaba ahí.

 

Miró los maniquíes y simuló un llanto. Eran muchos, muchos maniquíes. ¡Tardaría horas! "Si te quedas aquí llorando demorarás más, imbécil. O lo haces o pierdes el último autobús a casa"

 

Miró la hora y suspiró con pesar, tomando la primera caja y comenzando a abrirla para sacar su contenido.

 

Demoró segundos en cambiar al primer maniquí. Luego el segundo y el tercero, con pereza. Llegó al cuarto maniquí y se quedó embobado mirándolo, como siempre le pasaba cuando llegaba a él. Jamás dejaba de asombrarse cada vez que lo miraba. Y es que cada detalle era tan exquisito. Ese rubor en sus mejillas, ese cabello casi real, sus pestañas y el color de sus labios. Todo, casa centímetro era increíblemente humano. Increíblemente perfecto. Suspiró y comenzó a desvestirlo con lentitud.

 

- Si supieras lo desgraciado que es el imbécil de mi jefe - comenzó a decir, quitándole la chaqueta. Siguió con la camiseta - grita y grita y siempre me echa la culpa de todo - comenzó a quitar sus pantalones, intentando no mirarlo cuando lo hizo. Siempre se avergonzaba - ¿Qué clase de persona le hace genitales a un maniquí? - se quejó algo sonrojado. Era tonto, sí, pero era tan real que a veces sentía como si estuviese desvistiendo a un chico real - Oye, no me mires así, yo no soy gay - se sonrojó y luego se quedó callado, cuando terminó de quitarle la ropa. Suspiró con fuerza y sonrió, cayendo en lo ridículo que debía verse - Qué me pasa. Hablando con un maniquí - se rió y suspiró algo triste. Lo miró directo a los ojos. Aquellos ojos grises vidriosos, tan reales, mirando a la nada - Ojalá fueras real...

 

Se alejó para tomar las ropas más bonitas, como solía hacerlo, para ponérselas a Jaejoong. Cuando iba a regresar al maniquí su teléfono comenzó a sonar. Suspiró algo cansado y se giró para tomar el celular de su bolso.

 

- ¿Hola? - contestó, sintiendo en seguida la voz de su madre haciéndole miles de preguntas seguidas. Que cómo estaba, que hace días no sabía nada de él, que no la había llamado, que estaba preocupada y muchas cosas más.

 

Changmin tuvo que mentir a cada una de las cosas. Siempre le decía que estaba bien, que estaba feliz, que ganaba buen dinero y que no debían preocuparse, de lo contrario su madre haría un escándalo e insistiría con ir a verlo. Era un largo camino desde su ciudad natal, y su madre, siendo una mujer tan ocupada como lo era, no debía estresarse por cosas extra. Prefería mentirle de buena forma y así no preocuparla.

 

Estaba contestando las preguntas de su madre cuando oyó un leve ruido, como un golpe. Dio un leve salto y miró hacia atrás, viendo sólo maniquíes y ropa. Nada del otro mundo. Se encogió de hombros y volvió la vista al frente, dándoles la espalda a los maniquíes. Rió suavemente por las palabras de sus hermanas quienes ahora se habían apoderado del teléfono.

 

- Oigan, tranquilícense o harán que mamá se enoje - reía por los gritos y palabras cariñosas de sus hermanas - Está bien, está bien, les llevaré algo cuando vaya de visita - sonrió, sintiéndose nostálgico. Realmente extrañaba a su familia - No, no he conocido a ningún famoso... aún... - se quedó callado al sentir un golpe aún más fuerte que el anterior, el cual le erizó la piel por completo. Sintió su cuerpo temblar y su rostro palidecer, pues sintió que no estaba solo en la tienda - Oigan, ya debo colgar, debo volver a casa y no es seguro ir hablando por teléfono. Las quiero - sonrió y tras unas cuantas palabras más cortó la llamada.

 

El ruido que había oído había sido realmente fuerte, como un cuerpo cayendo. Sin siquiera girarse, le sacó el brazo a un maniquí que permanecía a su lado. Se giró con rapidez. El lugar estaba levemente oscuro, pues además de la luz principal estaba todo el resto apagado. Se aferró al brazo plástico, levemente asustado.

 

- ¿Q-Quién anda ahí? - preguntó intentando sonar rudo, pero no pudo hacer más que tartamudear como cobarde. Apretó con sus dedos el miembro de plástico, mirando a todos lados. Sería el colmo de su mala suerte si justo ese día que se había quedado hasta tarde entraran a robar. De ser así jamás saldría con vida.

 

Caminó lento, en guardia, refugiándose tras el delgado brazo del maniquí. Sus rodillas temblaban. Quien lo viera ahora mismo no pararía jamás de reírse. ¡Debía verse ridículamente cobarde! - D-Dije ¡Quién anda ahí! - repitió, hasta que sus pies chocaron con algo, haciéndole casi caer.

 

Casi con el corazón saliéndosele por la boca miró lo que sus pies habían tocado, y su cuerpo sintió total alivio de inmediato - Ah... Sólo te caíste - sonrió al ver el maniquí de Jaejoong tirado en el suelo. Puso su mano en su pecho, sintiendo su corazón latiendo ridículamente rápido - Y yo imaginando cosas... - se agachó riendo, tomando por los hombros al maniquí, cuando una mano se movió agarrando con fuerza su muñeca.

 

Su rostro palideció de inmediato y sus ojos se abrieron.

 

- Ugh... - el maniquí frente a él se removió en su sitio, temblando suavemente - Qué dolor.

 

Cuando se enderezó, Changmin ya no supo qué pensar. El  chico lo miró fijamente. Sus labios rojos, casi tan rojos como su cabello brillante y suave. Su piel blanca y aterciopelada. Esos ojos grises y grandes, tan grandes y expresivos y brillantes y... Oh Dios, eran los ojos más hermosos que haya visto en su vida.

 

Sus labios temblaron cuando cayó en que, en lugar de pensar lo bonito que era, debería estar asustado, MUY asustado, porque pues... Claro, el maniquí que minutos atrás se encontraba de pie como cada día, estaba ahora frente a él, mirándolo fijamente, moviéndose y respirando y...

 

- Al fin - susurró con una suave voz, una reluciente sonrisa formándose en su rostro, formando dos tiernos hoyuelos a los lados de sus mejillas. Sus ojos se abrieron un poco por la emoción y movió su mano para correr algo de cabello de su rostro - Al fin, al fin - celebró, acercándose más a Changmin - ¡Al fin! - gritó finalmente, mirándose las manos y el cuerpo.

 

Changmin asintió con los ojos bien abiertos y comenzó a reír nervioso. El chico lo miró emocionado, riendo con él. Rieron un rato, hasta que Changmin se puso de pie - Sí, eres tú - rió una vez más, incrédulo, nervioso, y antes de que el chico en el suelo pudiera decir algo, Changmin cayó al suelo, desmayado.

 

--

 

- Oh, demonios - se quejó frunciendo el ceño, llevando una mano a su cabeza para acariciar la parte que le dolía. Se enderezó un poco, sentándose, abriendo de a poco sus ojos. Cuando terminó de abrirlos y movió su cabeza a ambos lados, miró hacia adelante encontrándose con esos mismos ojos brillantes y expresivos a centímetros de su rostro. El maniquí. - ¡AHHH! - gritó a todo pulmón, echándose para atrás, arrastrándose miserablemente por el suelo. El chico lo miraba alegremente, sin borrar su sonrisa

- Hola - saludó el chico, moviendo su mano enérgicamente.

- ¿Q-quién eres? ¿De dónde saliste? ¡¿QUÉ ERES?! - gritó nervioso y confundido y asustado. El chico alzó una ceja, como confundido.

- Soy yo, Jaejoong - se encogió de hombros.

 

Changmin se quedó incómodamente callado, tratando de asimilar todo. Jaejoong. Ese era el maniquí. Al que le hablaba a cada momento. El maniquí que ya no se encontraba en su  lugar.

 

- Esto es una broma. Cielos, debo haberme dormido. O quizás estoy muerto - se apegó contra uno de los muebles de ropa cuando el chico intentó acercarse. La mirada que este le dio le hizo sentir mal.

- En serio, te juro que es cierto.

 

"Alguien máteme" pensó "¿Por qué mierda siento la necesidad de creerle a este chico bonito y desnudo?"

 

- ¿Bonito? - rió el chico desnudo - ¿Te parezco bonito?

- ¿Bonito? - repitió Changmin, sintiendo su rostro calentarse por la sangre que comenzó a hervirle por la vergüenza - ¿Bonito? ¿Qué? ¿Quién dijo eso?

- ¡Tú lo dijiste! - rió el chico. Changmin negó con la cabeza repetidas veces.

- No, yo no dije nada.

 

"Cálmate, Changmin. Ya comienzas a pensar en voz alta. Debes hacer algo, pero este no es el mejor lugar para pensarlo. Y debe haber una explicación. Deberías irte a casa. Si alguien te ve pensará que estás robando la tienda. Y si entran y te ven con un chico desnudo pensarán peor. Y..."

 

- Espera - dijo de pronto, observando cómo el chico comenzaba a levantarse con dificultad. Sus piernas temblaban y apenas podía mantenerse en pie. Se sujetó de una de las mesas con ropa, respirando profundamente. Su rostro iluminándose cada vez más y más. Changmin se sonrojó - Espera. Estás desnudo - susurró, cayendo recién en que el chico estaba desnudo y de pie frente a él, como si fuera lo más normal del mundo.

 

- Claro. Tú me desvestiste - habló con naturalidad, comenzando a observar su cuerpo desnudo con asombro, descubriéndolo.

- ¡Claro que no hice eso! ¡Ni siquiera sé quién eres!

- ¡Soy Jaejoong! - le gritó poniéndose serio.

Changmin se levantó, pues hasta ese momento había permanecido en el suelo como un tonto. Comenzó a masajear sus sienes con sus dedos, frunciendo el ceño por el fuerte dolor de cabeza que se le hacía presente. Suspiró con fuerza.

 

- Ok, lo primero que hay que hacer es salir de aquí. Pero estás desnudo - presionó con su dedo índice y su dedo pulgar el tabique de su nariz, entre sus ojos - Necesitas ropa. Creo que... hay un uniforme extra en la bodega. Espera.

 

Se giró algo estresado, yendo a buscar dicho uniforme. Una vez de vuelta se lo extendió al chico de cabello rojo, sin mirarlo, indicándole que se lo pusiera. "Hazlo rápido, no miraré" le dijo, dándole la espalda. Le daba mucha vergüenza mirarlo. El chico era muy bonito, y su cuerpo era casi escultural. Su piel era blanca y tersa y se veía tan suave y perfecta. Se sonrojó por esos pensamientos poco heterosexuales que comenzaba a tener y agitó su cabeza a ambos lados, intentando que esos pensamientos se esfumaran.

 

- ¿Ya terminaste? - miró por sobre su hombro, encontrándose con el chico pelirrojo de pie, mirándolo confundido, aún con la ropa doblada en sus manos. Seguía desnudo. - ¿Aún no te...?

- No sé cómo hacerlo - admitió avergonzado, haciendo un leve puchero. Oh Dios, sus labios. - Tú siempre fuiste quien me vestía y...

- Oh, Buda - cubrió su rostro, a punto de volverse loco. Se giró nuevamente para quedar frente a él - ¿Cómo es posible?

- Lo siento...

 

Changmin lo miró fijo, captando la tristeza en la mirada del pelirrojo. Este, encogido de hombros, miraba al suelo, levemente sonrojado. - ¿En serio no sabes? - preguntó cuando notó que el chico realmente no se movía. Este negó con la cabeza.

 

Suspiró con fuerza, resignado, y le quitó la ropa de las manos. Desdobló la camiseta y la estiró. - Levanta los brazos - le indicó, y el chico pelirrojo obedeció. Era más bajo que él, así que la tarea se hizo más fácil. En cuestión de segundos le puso la camiseta. Tomó los pantalones y se los extendió - Esta parte va hacia adelante - le indicó - metes una pierna en cada agujero y lo subes, ¿Entendiste?

 

El chico asintió y obedeció, metiendo una pierna en cada uno y subiéndolo de a poco. Se quedó quieto, confundido, y miró a Changmin a los ojos.

 

- ¿Me ayudas con esto? - le pidió, señalando el cierre y el botón. Changmin se sonrojó.

- ¡¿Estás loco?! -  le gritó frunciendo el ceño. El chico lo miró fijo, sin entender el por qué del escándalo.

 

Se miraron fijamente largo rato. Finalmente Changmin suspiró, rodando sus ojos, y se le acercó un poco para ayudarlo. Estiró sus manos con lentitud y con la punta de sus dedos temblorosos le subió el cierre, nervioso, intentando tocar lo menos posible. Siguió con el botón, el cual se le resbaló varias veces. Sintió sus orejas calentarse al sentir los ojos grises del chico clavarse en él. Y cuando notó la comprometedora posición en la que estaba, con la cabeza casi enterrada en su entrepierna, se alejó de él, bufando.

 

- ¡No puedo! ¡Hazlo tú! - llevó sus manos a su cabello, jalando suavemente, intentando disimular el rojo de sus mejillas.

 

El chico lo miró tranquilo, y sin decir nada abrochó el botón y sonrió - no era tan difícil - rió, y Changmin lo miró con odio.

 

Caminó hacia su bolso intentando calmarse y tomó su celular, estresado. Miró la hora en la pantalla y abrió sus ojos.

 

- ¡El último autobús! - gritó llevando una mano a su cabeza - ¡Lo perdí! Tendré que irme a pie... - golpeó su cabeza contra la pared y gruñó, estresado. Se giró y le dijo al chico que caminara - Debo cerrar, shu, shu - le hizo un gesto con la mano para que se fuera y comenzó a apagar las luces. Tomó su mochila y caminó hacia la puerta. Se giró para mirar al chico, quien aún no se movía - ¿Acaso quieres que te cargue? ¡Camina! - le gritó y el chico obedeció tras una reverencia y un suave "Lo siento", comenzando a caminar dificultosamente.

 

Una vez afuera Changmin terminó de cerrar todo y comenzó a caminar, sin darle la menor importancia. No fue hasta que oyó pasos tras él que se giró, encontrándose con el chico pelirrojo. Rodó los ojos y frunció los labios.

 

- ¿A dónde crees que vas? Vuelve por donde viniste, chico raro.

- No tengo dónde ir - contestó el pelirrojo algo triste. Changmin no cambió su expresión en ningún momento.

- No me sigas. - fue lo único que dijo y comenzó a caminar.

 

Pasaron minutos. El chico aún lo seguía. "¡Dije que no me sigas!" le repitió varias veces, pero en ningún momento el chico se detuvo. Caminó en silencio, exasperado. El chico era insoportable y no paraba de seguirlo. Se sentía muy molesto. Estaba cansado, hambriento, estresado y sin muchas ganas de que un chico desconocido lo siguiera a casa. Luego de unas cuadras y con la paciencia al límite, se giró de una vez, haciendo que el chico parara en seco.

 

- ¡Ya deja de seguirme! - le gritó - Realmente...

- Pero...

- ¡Aish! ¡Voy a llamar a la policía si vuelves a seguirme! - soltó al fin, haciendo que la expresión del chico cambiara de una de preocupación a una de infinita tristeza.

 

Sin decir más se giró, comenzando a caminar nuevamente, y al comprobar que el sonido de pasos cesaba una sonrisa de satisfacción se dibujó en sus labios, sin no antes soltar un suspiro aliviado.

 

Caminó unas cuantas cuadras solo, cuando terminó de sentirse tranquilo. Alguien lo estaba siguiendo otra vez, pero no se sentía como antes. Se sentía como... Miedo.

 

Miró de reojo hacia atrás, ladeando disimuladamente su cabeza para mirar por sobre su hombro. No era el chico pelirrojo de la tienda. Era un hombre más alto, más corpulento y, notoriamente, más peligroso. Aceleró el paso considerablemente, sintiendo su corazón latir con fuerza. Los pasos tras él también se aceleraron. El golpeteo de sus zapatos sonaba fuertemente, poniéndolo aún más nervioso. Apretó con  fuerza las correas de su mochila, apretando sus labios.

 

Giró en variad calles intentando perderlo, pero el hombre aún lo seguía. Demonios, le iba a robar lo poco que tenía, y quién sabe, ¡quizás hasta estaba armado!

 

Al pasar ese pensamiento por su cabeza el pánico creció, y como último recurso comenzó a correr. Ya tenía muy mala suerte como para que un estúpido antisocial delincuente lo apuñalara y le robara todo.

 

Al girar en una calle corriendo, perdió por unos segundos al hombre. Siguió corriendo, cuando desde un callejón lo jalaron con fuerza de la sudadera, haciéndole caer.

 

Le taparon la boca unas manos suaves, probablemente para no gritara. Cerró sus ojos con fuerza, esperando que lo mataran pronto, sintiéndose miserable por no haber logrado hacer nunca nada en su maldita vida.

 

"Es mi fin" pensó y dejó salir un último suspiro. Definitivamente la mala suerte siempre lo había seguido, incluso hasta en su muerte.

 

Pero algo captó su atención. No se estaba desangrando. No se estaba muriendo. Se atrevió al fin a abrir los ojos, encontrándose con unos lindos y grandes ojos grises que lo miraban fijamente. Era el chico de la tienda.

 

De un momento a otro todo aquel miedo que se había acumulado en su interior desapareció, convirtiéndose en alegría y tranquilidad al instante.

 

- El hombre pasó de largo, estás a salvo - sonrió el chico, destapándole la boca. Changmin pestañeó repetidas veces, sin cerrar su boca.

- Uhm... Gracias - susurró, un poco abrumado.

 

El pelirrojo se puso de pie para tenderle la mano y ayudarlo a levantarse.

 

- Deberías apresurarte si no quieres que te sigan nuevamente.

 

Caminaron las pocas cuadras que quedaban hasta llegar a su hogar: un barato y mal cuidado departamento en un barrio pequeño. Al llegar a la puerta Changmin sacó sus llaves, y antes de abrir la puerta se giró con lentitud, mirando una vez más al chico.

 

- Oye, ¿En serio no tienes a dónde ir? - le preguntó, recibiendo al instante una respuesta negativa.

- Ya te lo dije. Estaba en la tienda contigo y...

- Sí, sí, por favor - lo interrumpió - No repitas eso. Es difícil de comprender - se masajeó la sien derecha con los dedos - Mira, uhm... Es un problema. No puedes quedarte aquí, ¿Sabes? Apenas hay espacio para mí y mis cosas, no te conozco y me siento muy cansado, y... bueno, tú sabes. Realmente lo siento.

- Oh - respondió apenas el chico, bajando la mirada. Changmin mordió su labio, sintiendo su corazón agitarse.

- Lo siento. Te llamaré un taxi - abrió la puerta de su departamento y la cerró levemente tras él, despidiéndose con la mano.

 

Se quedó parado, sin moverse, con la espalda contra la puerta ya cerrada. Su corazón latía. Frunció los labios y suspiró con pesadez, resignado.

 

- No puedo hacer eso... - se desordenó el cabello con las manos y volvió a abrir la puerta, encontrándose con el chico aún de pie frente al departamento - Pasa.

- ¿Eh?

- Sólo pasa, antes de que me arrepienta.

- ¡Muchas gracias! - se acercó con los brazos abiertos, para abrazarlo. Changmin lo detuvo con sus manos en su pecho.

- ¡Hey! ¡Espacio personal! ¡Respétalo! - gruñó. El chico se encogió de hombros.

- Lo siento.

 

--

 

Se encontraban sentados uno frente al otro en la mesa estilo asiática que tenía en su sala (si a eso se le podía llamar sala). Estaban callados. Sólo se miraban fijamente. Changmin masajeaba una y otra y otra vez, intentando calmar el palpitante dolor de cabeza que le causaba la confusión.

 

- Entonces... - se decidió a hablar finalmente, luego de largos e infinitos minutos sin decir nada - Dices que eres el maniquí que estaba en la tienda.

- Sí - asintió con naturalidad.

- Y se supone que crea eso.

- Sería lo ideal.

 

Changmin no respondió. Simplemente aclaró su garganta, para disimular su incomodidad.

 

- Mira. Sé que es poco creíble y que debes creer que soy un loco - se adelantó a hablar el chico de rojos cabellos - ¡Pero debes creerme! Honestamente ni yo entiendo qué es esto ni mucho menos cómo pasó. ¡Pero tú lo deseaste! ¡Y pasó! Y no sabes cuánto tiempo deseé esto - lo miró fijamente, sus ojos abriéndose, brillando bajo la luz de la ampolleta que colgaba del techo. Changmin lo miró con cara de "estás loco", pero simplemente volvió a aclarar su garganta, curvando los labios.

- Creo que lo mejor será no hablar de esto ahora. Es más. Creo que no deberíamos hablarlo nunca. Mi día fue horrible y si no hago las cosas bien mañana me van a...

Se quedó callado de pronto y abrió sus ojos de par en par. Entonces soltó un grito agudo que de seguro despertaría a todos los vecinos, pues era tarde y de seguro ya todos dormirían. Llevó sus manos a su cabeza, con desesperación.

 

- ¡Estoy perdido! ¡Me van a despedir! - desordenó su cabello y lo jaló, entrando en pánico. Dejó caer su cabeza contra la mesa, golpeando su frente, haciendo un ruido sordo. No volvió a moverse.

 

Hubo un largo silencio. El chico miraba a todos lados, nerviosos, sin saber qué hacer. Finalmente se atrevió y preguntó por qué.

 

- Dejé todo desordenado. No cambié todos los maniquíes y rompí uno para defenderme, con su brazo - simuló un llanto, aún con el rostro contra la madera de la mesa - Es mi fin.

 

Durante un tiempo interminable Changmin se quedó quieto, sin hacer ni decir nada. El chico de cabello rojo lo miraba fijamente con detalle, observando el color castaño de su cabello desordenado, con leves ondas. Sus orejas eran grandes, pero se veían bien en él. Su cuello era tan delgado y largo, de un color suavemente tostado, como canela.

 

Tragó saliva. Lentamente, sin poder controlarse, estiró su mano con suavidad, como si flotara por el aire. Estuvo a punto de acariciar su nuca, sus dedos rozaron su cabello, pudo sentirlo, pero Changmin levantó la cabeza.

 

Alejó su mano con rapidez y se sonrojó al instante. Changmin lo miró alzando una ceja, y en seguida giró los ojos, levantándose.

 

- Iré a dormir. Debo descansar bien antes de la mala noticia.

- Está bien.

 

El chico se quedó sentado, sin moverse. Changmin se giró dispuesto a entrar en su pequeña habitación para ir a dormir. Se detuvo en seco y volvió a mirar al pelirrojo.

 

- No tengo otra cama para que duermas. Puedes dormir esta noche en ese sofá - le indicó un sofá viejo en una esquina - Te traeré unas mantas.

- Muchísimas gracias - hizo una leve reverencia, sonriendo ampliamente. Changmin rodó los ojos.

- No hay de qué - suspiró resignado, y tras darle unas cuantas mantas y una almohada para que estuviera cómodo, se fue a su habitación, dispuesto a dormir.

 

--

 

Lo primero que hizo al despertar fue gritar como desquiciado, repitiendo una y otra vez "¡Me quedé dormido!". Corrió por el departamento (no había mucho por dónde correr en todo caso), buscando  sus cosas, revolviendo todo. Sin decir nada se puso las zapatillas y corrió fuera de departamento, cerrando con un portazo.

 

El chico de cabello rojo se quedó quieto en silencio, sentado en el sofá, aún cubierto con la manta. Miró a su alrededor con detalle. El lugar estaba bastante ordenado a pesar del poco espacio que tenía para ubicar todo. Miró sobre una mesita junto al sofá, en el cual había un marco de fotografía con una foto de la que debía ser su madre y él.

 

Sonrió al ver a Changmin en la foto. Estaba tan feliz. Siempre veía al chico en su trabajo. Lo sabía, sonaba raro y loco. Y ni él lo entendía. Hasta hace una noche él era un maniquí, sin vida, sin esencia. Y realmente no sabía cómo, ni por qué, pero estaba vivo. Era extraño. Siempre pudo oírlo. Cada cosa que él le contaba, cada cosa que él le confiaba. Podía verlo, podía sentirlo, y siempre había deseado estar con él, para él. Poder responderle, sonreírle y decirle lo que sentía.

 

Entonces Changmin había pedido aquello. "Ojalá fueras real" había dicho. Sus palabras resonaban aún en sus oídos, frescas. Changmin había deseado eso, y se había cumplido. Cuando se había dado cuenta estaba en el suelo. Podía respirar, podía moverse, podía hablar. Había despertado y había visto sus ojos. Al fin podría estar con él como deseaba.

 

Un ruido lo sacó de sus pensamientos. Al mirar adelante pudo ver a Changmin parado en la puerta. Su mochila estaba en el suelo.

 

- Ah, sigues aquí - dijo al ver al chico de pelo rojo aún en el sofá. Se sacó los zapatos y se metió a su habitación.

 

--

 

No dio señales de vida en un largo rato. Pasaron las horas. No había ningún ruido en el departamento. Cuando ya el tiempo había pasado la puerta de su habitación se abrió, saliendo de ella. Se había cambiado la ropa a un pantalón holgado y una camiseta algo gastada. Alzó una ceja al ver al chico.

 

- Oye - se paró frente al chico, cruzando los brazos - Quizás no entendiste bien. Te permití quedarte por esta noche, porque era tarde. Debes irte.

- No tengo dónde ir - habló bajito.

- Y no me importa. Me acaban de despedir y no estoy de ánimos.

- Te pagaré. Buscaré trabajo y te pagaré - se apresuró a responder el pelirrojo. Changmin alzó una ceja.

- ¡Ni siquiera te conozco! ¡¿Por qué permitiría que un desconocido se quede en mi casa?!

- ¡Soy Jaejoong! ¡El de la tienda! ¡Siempre me hablabas y contabas todo! ¿Y ahora dices que soy un desconocido?

- ¡Ese era UN MANIQUÍ, demonios! - llevó sus manos a su cabeza - ¿Quieres que crea que un maniquí cobró vida y que ahora habla, camina, respira y hace todo lo que un humano hace? Eres sólo un loco desconocido que entró a la tienda y...

- Cuando rompiste con tu novia. Cuando tu jefe te trató mal injustamente por pedir un día libre. Cuando casi te atropellaron esa vez por llegar temprano. Cuando te asustaba no sentirte atraído hacia ninguna mujer, pues eso daba señales de que quizás te gustaban los hombres y no podías aceptarlo. Eso y mucho más fue lo que me contaste, a mí, el maniquí. Todo eso y más sé de ti. ¿Cómo puedes decir que soy un desconocido? ¡Y para variar loco!

 

Las mejillas de Changmin se tornaron de un color rojo intenso. Sabía su más grande secreto. Sus ojos se abrieron escandalosamente, y tras abrir y cerrar su boca unas cuantas veces sin saber qué decir, aclaró su garganta, nervioso, curvando sus labios.

 

- Está bien, me iré.

 

Alzó la vista, algo asombrado. El chico pelirrojo se había levantado y comenzó a doblar las frazadas que  Changmin le había dado. - ¿En serio? – preguntó Changmin sin creerlo, sintiendo que algo se revolvía en su interior. El chico no dijo nada y pasó por su lado. Al ver esa mirada llena de dolor en sus ojos grises, Changmin se sintió un ser repugnante y cruel, muy cruel.

- Gracias por todo – susurró con una pequeña sonrisa torcida, y sin volver a mirarlo abrió la puerta dispuesto a salir.

 

"Oh no. No, no, no Shim Changmin. No lo hagas" se dijo, intentando controlar el impulso. Sin lograrlo habló rápido, gritando - ¡Espera!

El chico se giró con rapidez, ambas miradas encontrándose. Changmin se sonrojó. Apretó sus labios, y pensando que se arrepentiría de eso quizás por mucho tiempo lo llamó, captando su atención. - No tengo otro lugar para que duermas. Si no te molesta dormir en el sofá… Puedes...

Jaejoong se giró para mirarlo, una enorme sonrisa dibujándose en sus labios de forma automática. Se le acercó rápidamente, y antes de que Changmin pudiera siquiera negarse Jaejoong lo envolvió con sus brazos, apretando su rostro contra su pecho en un fuerte abrazo (Posición algo extraña tomando en cuenta que Changmin era mucho más alto)- ¡Hey! ¡Aléjate!– le gritó Changmin removiéndose entre sus brazos, intentando alejarse. Jaejoong, aún con una sonrisa, susurró cerca de su oído:

- De verdad gracias…

 

Y Changmin no volvió a moverse ni a intentar romper el abrazo. Simplemente le dio unas palmaditas en la espalda, más calmado (y algo tembloroso), intentando no ser muy cálido. Pero Jaejoong no podía evitar sonreír, pues aún cuando sabía que Changmin intentaba no ser cálido, podía sentir su rostro quemando contra su pecho.

 

Y Changmin, en el fondo de su ser, y aunque no lo aceptara jamás, sentía que realmente no se arrepentiría de esta decisión jamás.

 

---

 

Una vez más se encontraban sentados uno frente al otro, mirándose fijo. Changmin analizaba con completo detalle cada facción y cada centímetro de Jaejoong, como comprobando lo que aún no quería aceptar. No decía nada, hasta que llevó sus manos a su cabeza y con sus dedos comenzó a masajear sus sienes, confundido.

 

- Realmente eres idéntico – habló cerrando sus ojos, como intentando calmar una fuerte jaqueca. Jaejoong no respondió – No lo entiendo. Cómo demonios…

-  Yo tampoco – rió algo tímido Jaejoong, encogiéndose de hombros. Changmin curvó sus labios y suspiró - Oye… - susurró el pelirrojo de pronto, haciendo que Changmin levantara la vista para mirarlo. Jaejoong suspiró – Te despidieron por mi culpa ¿No? Por mi culpa no cambiaste los maniquíes y yo… Lo siento.

 

Changmin bufó con fuerza y frunció los labios

 

– "Lo siento", "Gracias" ¿No puedes acaso dejar de repetir eso a cada momento? Me da dolor de cabeza.

- Lo sien… - iba a decir Jaejoong, pero se calló a tiempo, tapando su boca. Changmin lo miró fijo y rió suavecito, rodando los ojos. Y aquella risa hizo que todos los sentidos de Changmin se volvieran locos.

- Muero de hambre. Todo esto del maniquí viviente y el despido y mi ex jefe me tienen cansado

– se levantó de pronto, apretando con su mano su estómago - ¿Quieres comer algo?

- Bueno

– se encogió de hombros, tímido.

- No tengo mucho, ¿Unos fideos instantáneos estarán bien?

 

"Lo que sea mientras venga de ti" pensó Jaejoong, pero simplemente respondió con un sí.

 

--

 

Changmin debía admitir que, a pesar de todo el drama que hizo para dejar que Jaejoong se quedara con él, no era tan malo después de todo. El chico era agradable, y muy, MUY cariñoso. Aunque lo negara lo hacía reír mucho, y su compañía era más que gratificante.

 

Desde que había dejado su hogar en busca de "una vida de adulto" que vivía solo. No tenía novias, pues nunca se sentía atraído a ninguna chica. Y eso Jaejoong lo sabía, pues Changmin se lo había comentado un día en el trabajo.

 

¿Pero quién demonios iba a pensar que el maniquí despertaría un día?

 

Nadie. Y en todo caso, prefería no pensar en eso.

 

- Encontré esto afuera – dijo Jaejoong entrando por la puerta con una bolsa y una revista de trabajos. Le extendió unos sobres a Changmin y fue a dejar todo a la cocina.

 

Changmin lo miró sin perder detalle hasta que se perdió de vista. Cuando  se dio cuenta de esto, se dio un golpe en la frente y se regañó mentalmente, sonrojado por esas acciones poco heterosexuales que de vez en cuando tenía. Siempre se sorprendía a sí mismo observando el rostro de Jaejoong, o tentado a tocar su cabello, o tentado a apoyarse en su hombro cuando estaban sentados juntos viendo alguna película en su pequeña televisión. Changmin no quería admitirlo aún, cuando en lo más profundo de su ser sabía que era un hecho. Realmente nunca se había fijado en ninguna chica.

 

Recordaba que, cuando vivía en su casa con sus padres, había ido con unos compañeros a un bar que, según ellos, era un lugar muy divertido. Él no lo sabía, pero era un prostíbulo. En ese entonces todos sus compañeros de clase ya tenían una vida sexual activa, menos él.

 

"Eres el único sin novia, Changmin" le había dicho uno "Es hora de que te hagas hombre".

 

Changmin se sintió cohibido apenas entró. Se había negado, alegando que no tenía dinero para esas cosas y que no estaba en edad de hacerlo. Sus compañeros rieron, y entre todos pagaron para conseguirle una chica joven a Changmin.

 

Y de un momento a otro se encontraba en una pequeña habitación con sólo una cama y una lámpara, con una chica entre sus piernas haciéndole sexo oral. Changmin quería huir. Realmente no se sentía cómodo estando ahí, y por mucho que la chica insistiera en estimularlo, no lo lograba.

 

Changmin se asustó al notar que no se le había levantado ni siquiera un poquito cuando la chica se separó de él, cabreada. "¿Acaso eres impotente?"  Le había preguntado la mujer, algo divertida. Changmin había negado escandalosamente con la cabeza, asegurando que sí se le paraba. Pero la chica simplemente lo dejó, decepcionada, diciéndole que no le devolvería el dinero y que sólo le había hecho perder el tiempo.

 

Le habría encantado mantener aquella mala experiencia en secreto, pero no. La chica había salido quejándose con sus compañeras "¡Nunca faltan los imbéciles que me hacen perder el tiempo! ¡Si ni con una chupada se les levanta!". Y Changmin había querido morirse en ese mismo momento, en ese mismo lugar.

 

Al salir sólo pudo encontrarse con las sonrisas burlonas de sus compañeros, y las carcajadas se hicieron presentes al instante cuando Changmin salió apurado del lugar, intentando dejar atrás a ese montón de imbéciles.

 

- ¡No puedo creerlo!– reía uno de ellos, apretando su estómago con sus manos - ¡¿Qué no se te paró?! ¡Eres increíble, Changmin!

- ¡Yo les dije que no quería venir!– les gritó Changmin, sus mejillas sonrojadas a más no poder. Los chicos habían reído aún más con esa respuesta, y Changmin decidió que lo mejor sería ignorarlos – Váyanse al diablo.

 

Desde ese entonces, sus compañeros se habían dedicado a reírse de él repetidas veces, llevándole revistas porno y mostrándole videos en sus teléfonos cada vez que podían. Changmin los ignoraba, haciéndose el que no sabía de qué hablaban, cuando en el fondo aquello le avergonzaba más que cualquier otra cosa que le haya pasado en su vida.

 

No fue hasta una tarde en que, por obligación, tuvo que ir a la casa de uno de ellos para hacer un informe para la escuela. Tomó una gran bocanada de aire y entró a la casa cuando llegó. En su habitación no estaba sólo él, sino varios de los compañeros con los que habían ido esa noche al prostíbulo. Changmin quiso irse, pero los chicos lo acercaron a la computadora con ellos, diciendo que ya olvidara ese suceso y que se divirtiera. Habían cerrado la puerta con seguro, y cuando Changmin vio lo que veían en la pantalla quiso irse una vez más.

 

- ¡Vamos! ¿Me dirás acaso que no está buena? – dijo uno al ver el rostro de Changmin.

 

Todos los chicos susurraban cosas al ver a esa chica siendo embestida por un hombre musculoso, quejándose escandalosamente. Changmin había decidido no decir nada y sólo observar, por muy incómodo que se sintiera.

 

Siguieron cambiando los videos, viajando de página en página, hasta que uno riendo gritó "¡Hey! ¡Miren esto!"

 

Cuando el video comenzó el rostro de Changmin no pudo ponerse más rojo. Dos chicos, delgados (y debía admitirlo, bastante lindos) se tocaban y gemían cosas obscenas. Changmin sintió un revuelco en el estómago, uno de esos malos. Sus compañeros reían, burlándose de "los maricas" del video. Se empujaban entre ellos intentando todos mirar la pantalla. Subieron el volumen riendo, pues los padres del chico no estaban en casa. Changmin se sintió algo acalorado, y aún más incómodo que antes, cuando uno de los personajes del video se encontró embistiendo al otro que, en cuatro, gemía y se tocaba. El compañero frente a él se quejó por algo, pero Changmin no le entendió. De pronto este se giró y gritó a todo pulmón "¡A CHANGMIN SE LE PARÓ!".

 

- ¿Qué? – dijo Changmin, confundido, y miró lo que todos sus compañeros miraban. Quiso morirse en ese instante. Su pantalón de colegio parecía tienda de campaña. Se tapó con ambas manos y todos comenzaron a reír a carcajadas.

 

Cuando se dio cuenta estaba corriendo escaleras abajo, arrastrando la mochila, desesperado, queriendo huir lo más rápido posible de ahí. Oyó a uno de los chicos gritándole "¡Oye, sólo estábamos bromeando! ¡No te lo tomes tan a pecho!", pero él no lo había tomado en cuenta, y poniéndose sus zapatos había corrido fuera de la casa, queriendo morirse. Queriendo desaparecer y jamás volver. 

 

Entonces, de la peor forma posible, había descubierto que no era las mujeres lo que le atraía sexualmente. Pero no podía, así que sin admitirlo jamás, intentó olvidar ese suceso, viviendo más adelante como un chico normal, teniendo novias y todo eso. Lamentablemente jamás había llegado a nada íntimo con alguna de ellas, pues jamás logró sentirse excitado con alguna.

 

Decidió que lo mejor sería no tener pareja y vivir solo.

 

- ¡Changmin! – gritó el chico pelirrojo frente a él, sacándolo de su trance. Changmin dio un salto por el susto y miró confundido – Te he llamado millones de veces, Changmin.

- ¿Qué? Ah… Lo siento.– se encogió de hombros. Jaejoong se le acercó para mirarlo.

- Estás rojo, ¿Estás enfermo? – puso su mano en su frente, intentando tomar su temperatura. Changmin sintió sus mejillas enrojecer y le alejó el brazo con un golpe leve.

- ¡Déjame! Estoy bien – se alejó y Jaejoong se encogió de hombros, dejando la revista sobre la mesita y sentándose frente a él - ¿Encontraste algo? – preguntó. Jaejoong negó con la cabeza.

- Nada.

- Lo sabía – suspiró, sabiendo que conseguir trabajo en ese lugar sería lo más difícil del mundo.

 

Últimamente sus días se basaban en eso: buscar trabajo cada día. Pero jamás tenían suerte, y nunca lograban conseguir algo que durara más de un día. El dinero estaba escaseando, y para Changmin, una persona que adoraba comer, aquello era el fin del mundo.

Por otro lado, Changmin últimamente se estaba sintiendo... ¿Cómo decirlo? Extraño. Y todo era culpa de Jaejoong. Por alguna razón que no cabía en su raciocinio, cuando estaba con él sentía que sus neuronas morían y su coeficiente intelectual disminuía considerablemente. Y no, no estaba diciendo que Jaejoong fuera un retardado (aunque no es como si fuera un genio en todo caso), era sólo que Changmin, cuando estaba con él, se sentía tonto. Realmente tonto. Completamente tonto. Y es que sentía que cada uno de sus sentidos se retardaba, su mente se bloqueaba, las palabras se trababan en su lengua y su cerebro terminaba poseyendo la inteligencia de una almeja. Y Changmin realmente odiaba sentirse tonto.

 

Recordaba alguna vez haber leído por ahí que cuando las personas inteligentes se enamoran actúan como unos verdaderos imbéciles.

 

...Changmin realmente temía que ese fuera su caso.

 

Lógicamente Changmin negaría aquello hasta el fin de sus días. El problema eran aquellos momentos en que Jaejoong, como si fuera lo más natural del mundo, lo abrazaba, le besaba las mejillas, le acariciaba el cabello y luego reía con esa risa que le ponía todos los pelos en punta. Eran esos momentos en los que Changmin deseaba con todas sus fuerzas mandar al demonio esa falsa heterosexualidad que poseía (y que él intentaba hacer real con todas sus fuerzas). Pero entonces ese maldito trauma de infancia aparecía frente a él, frente a sus ojos, y no podía aceptarlo.

 

- ¿Por qué demonios no actúas como un hombre? – le preguntaba alejándolo, cada vez que Jaejoong intentaba abrazarlo – Los hombres no se abrazan ni se dan besos.

- ¿Ni siquiera cuando se caen bien? – preguntaba con una sonrisa inocente la cual  realmente exasperaba a Changmin.

- ¡Ni siquiera cuando se caen bien! - repitió frunciendo el ceño. Jaejoong sólo se encogía de hombros, curvando los labios.

- Lo siento. Sólo me gusta abrazarte.

 

Siempre decía eso. Jaejoong podía decir cosas de ese tipo con tanta facilidad que le molestaba. Le molestaba que fuera tan abierto, cuando a Changmin toda la vida se le había hecho difícil decir lo que sentía.

 

Tenía un sentimiento de odio-simpatía con él.

 

---

 

Cuando miró el calendario una tarde y notó que ya un mes y medio había pasado desde que Jaejoong apareció como por arte de magia, no pudo sino reír al pensar lo mucho que había cambiado su vida sólo por vivir con alguien. Sus días habían cobrado vida, se habían llenado de color. Ya no sentía la monotonía del día a día. Jaejoong tenía el poder de hacer cada segundo interesante. Cada segundo maravilloso.

 

Como ninguno de los dos había podido conseguir trabajo en ese último tiempo, Jaejoong se había ofrecido para limpiar y ordenar su departamento cada día, mientras Changmin salía a buscar trabajo. Changmin no podía evitar sentirse como una pareja de recién casados, y eso lo avergonzaba de sobremanera. En el fondo a Changmin no le molestara del todo, muy en el fondo. El problema era que... Aquello le hacía sentir más atraído hacia el pelirrojo.

 

Y Changmin podía ser muchas cosas, pero NO homosexual.

 

- Te odio - solía decirle de pronto, tras largos minutos mirándolo a escondidas. Jaejoong lo miraba alzando una ceja, confundido.

- ¿Por qué?

- Porque sí.

 

Y ahí terminaba la discusión. Por alguna razón que no comprendía le gustaba molestarlo. Incluso habían tomado la costumbre de golpearse cuando pasaban por el lado del otro. Realmente hacía sus tardes divertidas.

 

Changmin había llegado del trabajo que había tenido por la tarde. Era el único tipo de trabajos que lograba conseguir, pues no llegaba a nada más serio. No lo contrataban para ese tipo de cosas. Jaejoong estaba limpiando por aquí y por allá, dejando todo completamente reluciente. Aquello era un alivio para Changmin, pues le gustaba mucho tener la casa limpia pero le daba pereza limpiar. Jaejoong ahora se encargaba de eso y era muy gratificante. Changmin salía de la ducha cuando oyó un quejido fuerte desde la cocina. Apuró el paso (sin notarlo) para ver qué había pasado. Cuando llegó se puso pálido al ver a Jaejoong sujetando su muñeca, una expresión extraña en su rostro y su mano sangrando.

 

- ¡¿Qué diablos te pasó?! - gritó Changmin acercándose para ayudarlo. Jaejoong pestañeó repetidas veces.

- Estaba limpiando esos cuchillos y... - se quedó callado largo rato - ... estoy sangrando.

- ¡Claro que estás sangrando! - lo tomó del brazo y lo arrastró hasta la sala. Corrió a buscar un botiquín para curarlo - Dame tu mano - le indicó. Jaejoong obedeció y Changmin comenzó a limpiar la herida. Jaejoong seguía mirando fijamente.

- Estoy sangrando - repitió. Changmin lo miró con cara de "estás loco", pero antes de poder preguntar Jaejoong sonrió ampliamente y comenzó a reír - ¡Realmente estoy sangrando! - alejó su mano para mirarla. Changmin alzó una ceja.

- Hey, espera - lo tomó de su muñeca y la sujetó fuerte para poder curarle la herida. Jaejoong siguió sonriendo ampliamente, como emocionado. Changmin no podía entender qué podía haber de emocionante en un corte en la palma de la mano.

 

Tras unos instantes Changmin ya había limpiado y vendado por completo la herida, envolviendo la mano de Jaejoong con una suave venda blanca. Finalmente miró a Jaejoong, intentando entenderlo - No comprendo qué tiene de emocionante cortarse.

 

Jaejoong lo miró con una sonrisa. Changmin sintió su pecho vibrar - ¿No lo ves? - susurró, aún con esa sonrisa de oro dibujada en su rostro. Al no recibir respuesta continuó - Estoy sangrando. Eso indica que realmente estoy vivo - sonrió más - Estoy vivo Changmin. ¡Vivo!

 

- Sí, y si no dejas de gritar te morirás desangrado.

- Changmin – habló serio. El corazón de Changmin dio un salto. Alzó la mirada, encontrándose con sus bonitos ojos grises – Changmin, es más que eso.

- No te entiendo – confesó, molesto por no entender algo. A Changmin le molestaba no entender las cosas.

- Yo… - susurró acercándose lentamente. Changmin abrió sus ojos, pero intentó serenar su expresión lo más posible – porque estoy vivo puedo estar aquí, contigo, ahora – lamió sus labios y Changmin maldijo a los cuatro vientos aquella maldita mala costumbre que tenía el pelirrojo. Sus rostros estaban a escasos centímetros – Changmin-ah… Yo – abrió su boca para hablar, pero el teléfono del más alto comenzó a sonar.

 

Se alejó de inmediato con el corazón a mil por hora, y sin decir más corrió a su celular, su rostro incómodamente caliente. Contestó la llamada, la voz le salió temblorosa, y aunque su hermanita le preguntó varias veces qué le pasaba Changmin no dijo nada. Al girarse Jaejoong se había levantado y se encontraba de nuevo en la cocina.

 

Changmin suspiró pesadamente. ¿Qué estaba haciendo con su vida?

 

--

 

Comenzaba Diciembre y con él la navidad, y Jaejoong no podía mostrarse más emocionado cada vez que salían del departamento. Sus ojos brillaban con cada adorno y cada luz, y Changmin no podía evitar reír enternecido por las exageradas reacciones que tenía.

 

- Había visto estas cosas desde mi lugar en la tienda, pero no creí que fueran tan hermosas de cerca – dijo apoyado en la baranda del puente, mirando desde la altura los árboles llenos de luces y las tiendas brillantes con músicas alegres. Changmin lo miró también apoyado, terminando de comer las últimas galletas que había comprado antes de hacer esa parada. Jaejoong no había tocado las suyas ni una sola vez.

- No lo sé, no me parece tan maravilloso – frunció los labios, intentando buscar qué cosa tan maravillosa veía Jaejoong. Para él eran sólo luces cegadoras y contaminación acústica. Navidad sólo era una fecha comercial y nada más.

- Creo que es hermoso… - sonrió con la mirada perdida. Era de noche, y hacía frío. Probablemente nevaría uno de esos días.

– Y más aún con… -  susurró, pero se quedó callado. Changmin lo miró.

- ¿Con qué?

 

Miró en silencio al pelirrojo. Este apretó sus labios, más rojos de lo normal por el frío. Con la bufanda negra que traía su cabello rojo y su piel blanca resaltaban aún más. Sus mejillas estaban sonrojadas. Suponía que era por el frío.

 

- Changmin-ah.

 

Jaejoong se alejó de la baranda y se paró frente a él. Changmin alzó una ceja - ¿Hmm?

 

Hubo otro silencio. Jaejoong miraba de un lado a otro, intentando buscar las palabras correctas. Se veía nervioso. Changmin se enderezó, quedando también frente a él.

 

- Changmin, yo…

- ¡Hey! ¡Está nevando! – exclamó Changmin al ver unos cuantos copos de nieve comenzar a caer lentamente sobre la cabeza de Jaejoong.

- Changmin – volvió a repetir tras aquella interrupción. Se veía desesperado. Changmin no le prestó atención.

- No pensé que nevaría. Hará frío esta noche – susurró mirando a su alrededor, acomodando la bufanda que cubría su cuello.

- ¡Oye! – repitió frunciendo el ceño. Changmin siguió balbuceando cosas sobre el frío que haría y algo sobre conseguir una estufa. Jaejoong sintió que la desesperación se apoderaba de él. Con fuerza lo tomó de los hombros, haciéndole prestar al fin atención - ¡Por favor, Changmin!

 

Changmin lo miró con los ojos abiertos, confundido. Sus labios se apretaron

 

– Hey, tranquilo. ¿Qué pasa?

 

La respiración de Jaejoong se agitó. Changmin pudo notarlo. Alzó una ceja sin saber qué diablos le pasaba. Las manos de Jaejoong, hasta ahora en sus hombros, descendieron lentamente. Cuando sus manos frías tomaron las propias, Changmin sintió recién su corazón dar un salto. Volvió a encontrarse con la mirada de Jaejoong. Este lo miraba fijo. Sus pupilas temblaban.

 

- Changmin, yo, tú… Uh… – balbuceó, nervioso. Changmin comenzó a sentirse incómodo. Jaejoong le tomó una mano. Sus dedos estaban fríos.

- Oye, no entiendo qué quieres decir. Deberíamos volver al departamento, creo que… - respondió el más alto, pero Jaejoong negó eufórico, apretando sus labios abultados. Changmin se sorprendió a sí mismo una vez más mirándolos.

- No, espera, debo decirte algo importante.

- ¿No puede esperar? De verdad tengo…

- ¡No! – lo interrumpió Jaejoong – Debo decírtelo ahora. – se quedó callado largo rato, y tras una gran bocanada de aire apretó las manos del más alto con las propias, tembloroso, y sin más dijo aquellas palabras.

 

Changmin se quedó mudo. De pronto dejó de oír las melodías ruidosas de las tiendas y dejó de ver las luces brillantes de los árboles. Ahora toda su atención estaba enfocada en el chico pelirrojo frente a él quien, con las mejillas sonrojadas a más no poder, respiraba agitado esperando una respuesta. Changmin no podía dársela. De pronto las palabras se habían quedado trabadas en su garganta.

 

- Di algo, Changmin – susurró Jaejoong, y aquello pudo escucharlo con total claridad – Por favor.

 

Abrió su boca, pero lo único que pudo hacer fue murmurar un ruido inentendible cuando comenzó recién a analizar y comprender lo que había oído:

 

Me gustas.

 

Su rostro comenzó a arder con más fuerza que nunca entonces, y el frío que causaba la nieve que caía desapareció de su cuerpo por completo. ¿Era correcto lo que había oído? ¿No estaba oyendo cosas? Sintió miedo. El miedo comenzó a apoderarse de él

.

"Tú también me gustas, Jaejoong. Me gustas mucho" pensaba una y otra vez, pero entonces ¿Por qué no podía decirlo en voz alta? Sus rodillas temblaron, y aunque para él el tiempo parecía haberse detenido por completo, para Jaejoong era lo contrario. Cada segundo que pasaba parecía hacerle sentir más dolor. Acababa de declararse y Changmin no estaba reaccionando como él quería.

 

- Uh, Jaejoong, yo… - murmuró. Jaejoong lo miró ansioso.

 

"Me gustas. Me gustas demasiado" sonaba en su mente, pero aquellas palabras no podían cruzar su garganta para llegar a los oídos del chico frente a él. Sus ojos se veían acuosos, pero no parecía querer llorar. Quizás siempre se veían así y sólo recién lo había notado.

 

- Creo que… Creo que te estás precipitando, Jaejoong – pudo decir al fin. Jaejoong pareció incrédulo.

- No lo estoy – respondió al instante. Changmin negó con la cabeza. Su corazón latía tan fuerte que dolía. Sentía que vomitaría en cualquier momento.

- Jaejoong, no creo que…

- Me gustas. Me gustas Changmin, por favor – volvió a apretarle los hombros, desesperado – Por favor, dime que sientes lo mismo… No sabes lo mucho que me costó decirte esto y ¡Por favor, Changmin!

 

"Me gustas desde que te vi en esa tienda, Jaejoong. Me gusta todo de ti"

 

- N-no – susurró de pronto y se alejó. Sintió que algo en su interior se rompía, pero algo se rompía con más intensidad en el interior de Jaejoong. Este lo miró incrédulo.

- ¿Qué?

 

La nieve no paraba de caer. Changmin miraba al suelo. No quería mirar a Jaejoong a los ojos. No podía. Su corazón latía con fuerza, pero ahora diferente. El dolor que antes se apoderaba de su corazón era levemente agradable. Ahora el que sentía le dificultaba la respiración.

 

"Tu sonrisa, tus labios, tu risa, tus ojos, tu cabello, tu aroma… Me gusta todo de ti".

 

- Tú no me gustas, Jaejoong.

 

Apretó sus labios, y finalmente tuvo el valor de alzar la mirada para mirarlo a los ojos.

 

Jamás debió hacerlo.

 

- L-Lo siento, yo… Creo que estás confundido. Deberías pensarlo mejor. Yo… - comenzó a balbucear, buscando una excusa. De pronto Jaejoong rió.

- ¿Confundido? ¿Crees que no lo he pensado? – dijo con la sonrisa más dolorosa dibujada en sus bonitos labios. Sus ojos seguían acuosos, pero aún no se veía con deseos de llorar. Era como si estuviera bloqueado… El dolor era mucho. Changmin sabía que le estaba causando dolor.

- Lo siento, Jaejoong, yo... – dijo con voz temblorosa. El pelirrojo negó con la cabeza.

- ¿Lo sientes? ¡Por favor! ¿Actúas como si sintieras lo mismo y luego me dices que no? Sólo fui yo el imbécil que se hizo ilusiones... - rió con dolor. Changmin suspiró pesadamente.

- Deberíamos… volver al departamento – susurró apenas, y sin siquiera esperar respuesta comenzó a caminar.

 

No hablaron en todo el resto del camino. La nieve esa noche fue, por primera vez en su vida, lo más doloroso que podía haber visto.

 

Changmin realmente no se entendía a sí mismo, y en momentos así se odiaba con todo su ser.

 

--

 

El despertador sonó a la mañana siguiente, y Changmin pestañeó repetidas veces con fuerza, intentando calmar el ardor que se había formado en sus párpados. No había dormido nada, absolutamente nada. Llevó sus manos a su cabeza, intentando calmar la jaqueca que se había apoderado de él desde hacía unas tres horas, pero no logró nada. Cerró sus ojos con fuerza y una vez más el rostro adolorido de Jaejoong apareció frente a sus ojos.

Por eso no había podido dormir ni un solo segundo. Eso, y el hecho de haber estado pensando toda la noche en aquello…

Debía decírselo.

Al salir de la habitación tras abrir el seguro (solía cerrar todas las noches su habitación con seguro.

 

No sabía por qué, pero desde que había llegado al departamento tenía esa costumbre) se encontró con Jaejoong quien, con la mirada perdida, permanecía sentado frente al pequeño balcón, suspirando.

- Buenos días - murmuró. El pelirrojo dio un salto y lo miró.
- Hola.
- Hmm, ¿Quiéres comer algo?

Jaejoong no respondió, simplemente se encogió de hombros, y Changmin supuso que aquello era un sí. No quería preguntar de todos modos.

 

No hablaron en todo el desayuno, y por primera vez Changmin no sintió apetito. Fue un momento incómodo, ¿Pero qué más podía pedir? De ser él no sería capaz de mirarlo siquiera a la cara. No podría vivir bajo el mismo techo con la persona que lo había rechazado la noche anterior. Realmente Jaejoong era alguien fuerte (o masoquista).

 

Debía decírselo ahora.

 

- Jaejoong - susurró sin haber tocado siquiera su comida. Jaejoong demoró en reaccionar. Finalmente alzó la mirada - Debo decirte algo, y... - se quedó callado al ver la expresión de Jaejoong. No había visto antes esa expresión en él, no podía describirla bien. No sabía qué estaba pensando - Lo siento... - susurró - pero ha pasado mucho tiempo ya y... es tiempo de que busques un lugar para vivir por tu cuenta.

 

Lo que esperaba. Silencio. Sabía que estaba siendo el peor. Le estaba rompiendo el corazón más de lo que ya se lo había roto.

 

"No me gustas, Jaejoong. Sólo fue una confusión. No puede gustarme un chico" repetía una y otra vez en su mente, intentando negarse. A Changmin no podía gustarle un hombre. Sus padres lo odiarían de ser así.

 

- Ya no puedo seguir manteniéndote conmigo - continuó, tomando un tono más frío - perdí mi trabajo y el dinero es poco. El departamento es pequeño y apenas me alcanza para pagar la renta. Te ayudaré a buscar un lugar, conozco un buen sitio.

- Ok - susurró con una sonrisa. Se veía auténtica, natural, pero sabía que no era así por sus ojos... Estaban apagados. Cada segundo que pasaba sentía que miles de alfileres se le clavaban en el pecho.

 

Una vez más le costaba respirar.

 

Esa misma tarde partieron en búsqueda de un departamento que no fuera difícil de pagar, y a diferencia de la búsqueda de trabajos, aquello había sido extremadamente rápido y fácil. Habían hecho todo rápido. Jaejoong se había mantenido callado a cada momento. Toda la culpa la tenía Changmin. Tras un largo día, Changmin se miró una última vez con Jaejoong. El departamento estaba amueblado y bastante barato, aquello era bueno pues tendría dónde dormir. Se miraron a los ojos.

 

- Vendré a visitarte si quieres - susurró Changmin. Jaejoong sonrió.

- Sería divertido.

 

Se despidieron y Changmin se fue lo más rápido que pudo. Sin darse cuenta había comenzado a correr, sintiénndose horrible. ¿Lo que sentía ahoran ganas de llorar? Su respiración estaba tan agitada que dolía hacerlo.

 

"Soy el peor. Soy el peor."

 

Al entrar a su departamento y cerrar la puerta de un portazo recién cayó en lo que había hecho, y la desesperación se apoderó de él. Se dejó caer al suelo, con la espalda contra la puerta. Rió con suavidad, llevando su mano a su cabeza.

 

Todo esto se estaba saliendo de su control.

 

 

Notas finales:

That's all. Espero les guste. Pronto subiré la parte dos. Estamos trabajando para usted 8D (?)

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