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Lágrimas de Sangre por Nami Nkz

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Notas del fanfic:

PERSONAJES PERTENECIENTS A EIICHIRO ODA

Con la mirada perdida en simplemente aquél reloj, miraba a ambos hermanos hablar y quizás también discutir. Ambos eran tan semejantes pero a la vez tan diferentes física y mentalmente que hasta cierto punto llegó a pensar que no eran nada, siquiera parientes.

 

—Hey, Zoro...— Escuchó la voz del más pequeño pronunciar su nombre tan a la lejanía, que muy apenas pudo reaccionar.  No sabía muy bien el por qué, pero tenía un mal presentimiento acerca de lo que pasaría próximamente; desde que veía a ese niño sonreír cerca de los seres a los que amaba, en su vida se había abierto un pequeño vacío, no era doloroso, pero existía punzante y constante. — ¡Shanks! —El pelinegro gritó alegre, mirando al hombre pelirrojo atravesar la puerta. Se veía sonriente, despreocupado. Se acercó a su pequeño amigo, palpando el yeso en su pierna izquierda sobre la blanca almohada.

 

Saludó al hombre pelirrojo que entraba a la habitación con una seña de su mano derecha mientras él atravesaba el marco de la puerta y la cerraba detrás de él. Caminó por los pasillos del hospital guiado por las líneas del suelo, sin embargo su sentido de orientación le jugó una mala pasada; llevándole hacia cuidados intensivos. Frente a él, la chica de cabellos naranjas caminaba en círculos mirando hacia el suelo. Detrás de un muro se escondió, dispuesto a lo que él doctor tuviese que decir. 

 

—¿Cómo está?— Preguntó la chica preocupada al ver al hombre salir de esa sala y después de un largo suspiro el doctor respondió.

 

—No tiene por qué preocuparse, ahora todo está bajo control. Ya le hemos realizado un lavado de estómago, así que solo tendrá que quedarse aquí una vez sus heridas comiencen a cicatrizar. Si no le importa, la policía va a comenzar una investigación. Acompañarme, señorita.

 

Viendo que ahí estaba esa muchacha pelirroja que conocía desde hacía mucho tiempo, no supo la razón, pero la curiosidad por saber de quién hablaban tan alarmantemente había superado sus ganas por llegar a casa a descansar. Cuando finalmente la chica caminó detrás del doctor, se escabulló hasta la ventanilla de la habitación, justo al lado de la puerta. Reconoció la melena rubia y entonces fue que su preocupación creció en demasía. 

 

Decidió entonces no mover ningún pelo de ese edificio, su descanso de invierno tendría que esperar hasta la próxima temporada. Se sentó cerca de allí y no tardó mucho en visualizar a la muchacha regresar impaciente mirando preocupadamente el suelo.

 

—¿Qué haces aquí?—La chica se acercó a él, mirándolo con cierta preocupación en sus ojos. Su típica mirada serena y relajada no se sustituyó. Tardó un par de segundos en responder.

 

—Por la misma razón por la que fuiste detrás de ese doctor— La frase pudo haberse malentendido de haber estado en otra situación y es algo que ambos habían entendido, más sin embargo ninguno de ellos sonrió, el silencio reinó por un par de segundos.

 

—¿Cómo te enteraste?— Al ver su expresión, no quiso hacer más preguntas —Lo único que podemos hacer es esperar—

 

—Has estado toda la noche aquí, ¿Cierto? Vete a casa, si ocurre algo te avisaré.—

 

—Tienes razón.— Hubo un par de segundos antes de que alguno dijera algo, la chica entonces decidió irse, con la esperanza de que alguien se quedaría a atender a su amigo si algo le hacía falta. —Te lo encargo. Cuida bien de él—

 

—Yo me encargo del resto. Largo de aquí.— Cruzó sus brazos acomodándose en una buena posición después de que la chica finalmente se fuera.

   ..........ZS..........      

La fuerte luz proveniente de todos lados en esa habitación blanca cegó su mirada por un par de segundos antes de poder visualizar todo con mayor detalle. Las blancas paredes hacían rebotar la luz que de por sí ya era estresante, a su lado un pequeño sillón rojo, en donde apenas podía sentarse una persona.

 

—Ugh...— De pronto sintió un terrible dolor punzante que reinaba en su cabeza. Cerró los ojos un minuto, llevando sus manos a su sien. Fue cuando se dio cuenta de la aguja que atravesaba la piel de su muñeca; sus manos se veían de un ligero tono morado y las sentía adoloridas.

 

¿Todo había sido un sueño? Recordaba cada decisión que había tomado en ese momento, el dolor punzante de la cuchilla y el somnoliento efecto de esas pastillas fueron reales; si aún podía estar consciente sólo significaba una cosa: había fallado.

 

Quiso volver a dormir y por unos segundos no lo logró, más sin embargo el sonido de las cortinas cerrándose, más la considerada disminución de la luz hicieron que en su mente volviera a reinar la paz. Su mente no quiso realmente verificar quién había sido el que cerró las cortinas, y por el momento no le importaba.

 

Después de horas de sueño, la sensación de haber dormido mucho tiempo finalmente terminó por despertarlo. La luz ahora era menos, se notaba que se había hecho de noche. Parpadeó un par de veces antes de que las figuras frente a él se volvieran cada vez más nítidas. De pronto, su cabeza pareció haber recibido una terrible sensación punzante después de haber reconocido la verde melena recostada sobre el sofá.

 

El peliverde pareció darse cuenta de su consciencia y se movió en el sofá a una posición más cómoda. Sus mirads se cruzaron un momento, ninguno sabía que decir ante una situación como aquella. Sus nervios parecieron superar su autocontrol y sus mejillas se colorearon de un ligero tono carmín. 

 

— ¿Qué tal? ¿Cómo te sientes?— Preguntó gentil desde su posición.

 

—Como una mierda— Se revolvió entre las sábanas, se cubrió con ellas para intentar regresar a dormir. Zoro le sonrió.

 

—¿Qué haces tú aquí?—

 

—Eso es lo que yo debería preguntar. —

 

—Respóndeme a mí primero. —

 

—Verás... yo...— No supo realmente si fue su dura expresión o su terrible tono, pero una fuerte y horrible sensación se apoderó de su cuerpo, especialmente su pecho. Sus ojos se llenaron solos de lágrimas, expresando el dolor que le había hecho llegar hasta ese extremo.

 

Imágenes de lo sucedido profanaron su mente cual flashback. El dolor de ese momento comenzó a ser recién recordado por su cuerpo; el dolor físico de aquella acción tan horrible que había sucedido entre esas cuatro paredes y el dolor de los graves insultos utilizados por la persona que decía amar.

 

Quizá nunca pensó en la gravedad de lo que haría, cegado por el miedo no le importó el dolor de la cuchilla atravesando su piel o la sensación de su cuerpo enfriándose en esa bañera, luego de consumir innumerables patillas de las que ni siquiera se había tomado la molestia de leer el nombre en la etiqueta en el envase de plástico.

 

—Hey...— La voz del contrario pudo sacarlo de ese pequeño trance en el que su mente se había sumergido. Antes de que se diese cuenta, delgados hilos de lágrimas bajaban por sus ojos, a la vez que débiles suspiros salían de su boca. Sus manos inmediatamente fueron por las sábanas en las que su rostro se escondió, temeroso. —Oye...-—

 

Los brazos de Zoro le arroparon entonces. Sintió el peso del cuerpo de Zoro hundir el colchón su lado, dándole un hombro en el que llorar. Sus manos apretaron entonces fuertemente las sábanas, que fueron tomadas entre las contrarias. Las palmas de sus manos yacían rojas, pues sus uñas lastimaban su blanca piel.

 

Zoro tomó uno de sus brazos entre sus manos gentilmente.

 

—¿Estás bien? —

 

—Lo estoy... te lo agradezco— Le regresó por fin la sonrisa, Zoro se alejó y regreso a su lugar original en el sillón rojo. —Desde aquí no parece muy cómodo— Bromeó refiriéndose al sillón. Desde su posición el sofá parecía muy inadecuado para echarse una siesta.

 

—No lo es para nada. — Dijo, acomodándose de nuevo en ese sillón y peinando su cabello hacia atrás —No me gustaría obligarte, así que siéntete libre de hablar cuando lo creas necesario.—

 

—No es como si te viese aquí demasiado seguido— Sonrió nerviosamente, esperando una respuesta afirmativa.

 

—Estaré aquí todos mis días libres, Cook. —

 

 

—N-no te creas obligado a hacerlo... de hecho... no tienes por qué.— Se había sorprendido con la respuesta del otro, así que por unos segundos permanecieron en silencio una vez más. — No estás obligado a venir si no lo deseas.

 

—No digas tonterías. Yo hago lo que me da la gana. Me quedaré aquí—

 

—Eres demasiado amable, idiota. — Sonrió.

 

 
Notas finales:

Hola! ¿Que tal? ¿Que os ha parecido? Ha quedado muy corto lo se, pero traeré el proxim capitulo lo mas rapido que pueda. 


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