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Pastel de chocolate por Sherezade Rosevo

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Recuerdo…


Recuerdo cuando soñaba con escribir historias de amor. Novelas que reflejasen los sentimientos y un hermoso romance entre dos personas… entre dos mujeres que no tuviesen miedo a nada…


Deseaba convertirme en una buena escritora y hacer feliz a las personas con aquellas novelas…


Y entre aquellas palabras tiernas, suaves, cariñosas, poder escribir mi propia historia de amor…


Una novela, en dónde relatase cómo encontré a la mujer de mis sueños, en un mundo dónde el amor entre dos mujeres no fuese criticado ni despreciado…


Recuerdo…


Recuerdo muchas cosas en aquella época, en dónde era una joven llena de sueños y esperanzas, quién veía todo a su alrededor de una manera mágica e inocente…


Pero, la realidad fue más cruel de lo que esperaba…


Y después de quince años, logré convertirme en una escritora popular y llena de admiradoras, pero, aquella jovencita soñadora e inocente, había desaparecido por completo…


 


 **********


 


Eran las dos de la madrugada, y esa era la tercera noche que Hotaru Ashida se amanecía trabajando y actualizando los últimos capítulos de su nueva novela que pronto saldría en las librerías del país. Amaba su trabajo, cada palabra que escribía, y se esforzaba mucho en ello, pero, no podía negar que a veces le gustaría mandar todo al diablo y abrir las ventanas para que el viento fresco de la noche la envolviese y la llevase a otro mundo, o simplemente, sentarse a escribir frente a su laptop sin presiones de su editora, quién solía llamarla a cualquier hora del día, o tal vez, tirarse sobre su confortable cama y olvidarse de todo por algunas horas. Hotaru ignoró estos pensamientos y siguió con su escrito, revisando las páginas, automáticamente como si fuese un robot, mientras sus manos se movían pesadamente y solo se escuchaba el sonido del teclado o del mouse haciendo “click click” cada vez que guardaba algún cambio en el archivo. Hotaru esperó algunos minutos, mientras tomaba su tercera taza con café, para seguir escribiendo lo más rápido posible al darse cuenta que debía entregar el escrito completo a su editora lo más pronto posible.


Después de haber publicado una trilogía de novelas de terror y suspenso, en dónde una relación lésbica se mostraba libremente, su fama y popularidad habían incrementado. Hotaru no decía nada al respecto, sabía que era una buena escritora y eso era lo único que le importaba, pero, sus novelas tocaban temas de asesinatos, suspenso, terror, drama, misterio y cosas así, a veces, escribía algo relacionado al amor entre mujeres, una chispa de los sueños que tuvo antes, pero, con la muerte de algún personaje principal al final. Hotaru había hecho todo lo posible para eliminar de su mente y de sus novelas todo relacionado al amor de pareja, y si lo llegaba a mencionar, solo quedaba en letras, en papel que se vendía en las librerías, simples palabras que olvidaba rápidamente.


La escritora soltó un largo bostezo e inmediatamente se llevó ambas manos al cuello para darse un pequeño masaje, se sentía estresada y cansada. Hotaru tenía el cabello castaño, ojos verdes que cautivaban a sus lectoras, y una sonrisa fingida que solía utilizar cuando daba una sesión de autógrafos. En esos instantes, se alejó de su laptop y miró aquellas palabras con un gesto aburrido, le faltaba muy poco para terminar, pero sentía que necesitaba tomar aire fresco. Hotaru se quedó en silencio por algunos minutos, esperaba que su nueva novela llamada “El último suspiro de la Luna” fuese un éxito como sus anteriores trabajos. De repente, reaccionó y sintió como si acabase de salir de un extraño trance, en dónde casi golpea el teclado por el fastidio que tenía. No, no podía dejarse llevar así, no podía permitir que simples emociones del pasado la molestasen. Hotaru miró a su alrededor, toda la habitación, y aquel silencio la empezó a asfixiar.


- Si tan solo… hubiera encontrado a alguien que pudiese cumplir con todas mis expectativas, con todos mis sueños y deseos… - susurró, mientras sentía como sus manos le temblaban ligeramente.


Todas sus relaciones habían terminado con lágrimas silenciosas, bofetadas, malos entendidos, y en el caso de su última relación, aquella mujer solo se había acercado a ella por su fama y dinero, y no solo ella, si bien al principio las demás jóvenes se mostraron amables y cariñosas, todas fueron detrás de su popularidad, queriendo aprovechar su fama para promocionarse ellas mismas, la mayoría eran escritoras que recién empezaban, o quienes trabajaban en editoriales y querían ascender gracias a sus contactos. Ellas solo la habían querido utilizar, pero, al final, era Hotaru quién las ignoraba por completo después de una noche, por todo eso, la escritora había cerrado por completo su corazón, prefiriendo estar sola a tener más problemas en los cuales pensar.


- Lo que sucede es que todos están locos, todo el mundo es interesado y el amor real, el de cuentos de hadas no existe… solo las personas idiotas creen en eso, pero la realidad es… cruel – dijo sonriendo burlonamente.


Hotaru terminó de masajearse el cuello y decidió regresar a su trabajo, quería dejar todas esas estúpidas ideas en sus escritos y arrancarlas de su mente. Pero, había algo en su mirada, en esos ojos verdes y profundos, que escondía muchas cosas, las cuales no estaba dispuesta a sacar a flote.


- Tengo las cosas que quiero, tengo todo lo que he anhelado; una vida cómoda, un lujoso departamento, un auto de ultimo modelo y todo el silencio que deseo… - Hotaru dijo lo ultimo con voz ahogada, pero al darse cuenta de ello, se palmoteó las mejillas un par de veces para reaccionar de una vez - ¡Mierda! ¿¡Cuántas personas pueden decir que tienen todas estas cosas!? ¡Todo lo he logrado yo sola! Y si quiero una compañía fiel y sincera, debería adoptar un animal… no, definitivamente estoy bien así… ¿¡Me escuchas!? ¡Soy Hotaru Ashida! ¡La mejor escritora que hay! ¡Muchas quieren ser como yo, pero nadie logrará superarme y menos aprovechándose de mi fama! – gritó la joven en aquella habitación vacía, terminando su monólogo y volviendo la vista a aquella pantalla, decidida a terminar esa novela aún se tuviese que amanecer como solía hacerlo.


 


Continuará…


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