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Solo eran 24/4 por Nasky

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Notas del fanfic:

Historia nueva, a ver que trae XD después de andar desaparecida, ¬¬ tantas cosas que pasan, pero bueno, espero les guste, saludos

Subiré cap cada viernes, espero no se trabe nada ¬¬

A empezar!

Hoy en específico es un día muy aburrido en el trabajo, simplemente no hay nada que hacer y hace calor, de ese calor que te hace sudar pegajoso insoportable, con esas ganas de irse a pasear a un lugar fresco o que tengan aire acondicionado o directo al departamento a relajarse y disfrutar de su frescura, pero no puedo simplemente colarme ya que mañana tengo que ir a que me saquen los análisis y por eso llegaré tarde al trabajo (bostezo), agregando que pasado mañana tengo la cita médica para mi revisión.

-           Que animosa- Santi sarcástico habla con las mismas ganas que tengo yo recargándose en el mostrador y tratando de alar la silla con su pie

-           Como si recepción fuera lo más divertido del mundo así- me quejo en lo que él se ríe y lo veo caer en la silla

-           Ah, pero bien que ayer querías 5 minutos de descanso entre cliente y cliente- me recuerda el ajetreo de ayer, soban donde las pompas

-           ¡Ay! es que ayer no dieron respiro, entre que unos llegaban a hospedarse y otros a entrega de llaves y liquidar lo que tenían pendiente- gruño, este hombre se ríe de mis cosas, pero bien que andaba como loco ayer y cuando se pone así, ufff, el genio que tiene es terrible e insoportable, mínimo no olvida que con los clientes debe ser amable.

-           ¿A qué hora se supone regresas mañana? - me pregunta observando a todos lados, creo que tiene esquizofrenia o delirio de persecución o algo así

-           Se supone que a las 7 comienzan, así que como a las 9 supongo- lo bueno es que los resultados los envían a los consultorios de mi doctor

-           Espero sea una mañana relajada y el día de tu consulta sea igual que hoy ¡si no me muero!- hace drama

-           Pero Andrea estará cubriéndome según sé- giro los ojos al cielo, es un dramático de lo peor

-           Andrea me cae bien, sí, pero no es como tú, tu eres amable, hablas solo conmigo y eres sigilosa, aquella es ¡una guacamaya andando! ¿Cómo voy a aguantarla si no estás para turnarnos? - nos reímos, bien que le tiene aprecio y en nuestras salidas siempre la invita

-           Sabes que solo es un día cada 6 meses, no te quejes- le doy palmaditas en el brazo

-           Si, aún recuerdo cuando te checabas más seguido, me tenías muy preocupado- hace puchero y me abraza

-           Esperemos esos días no vuelvan- me dejo consentir por él.

A decir verdad, Santi se ha ganado mi cariño y confianza, son pocas las personas ajenas a mi familia que dejo que me abracen, pero con él me siento segura

-           Santi, ya te dije que no te debes de aprovechar de ella, es demasiado buena para ti, una señorita tan noble y amable no es para ti- Santi voltea molesto a ver a nuestro gerente tragándose las palabras, olvídenlo, ya abrió la boca

-           ¡Ni para ti! ¡por eso la protejo de tipos como tú!- gruñe mi amigo con pose de caballero de la edad media al ataque, o mínimo así me los imagino

-           Eso y que mi esposa me mataría si intentara algo con alguien- reímos, eso no lo podemos negar, su esposa es una celópata de lo peor

-           Las relaciones tóxicas no son buenas- le hace burla mi amigo, diciendo exactamente lo que tengo en mente y haciendo que me gane el asomárseme una sonrisa en mi boca

-           ¡Vaya! - se sorprende el gerente- tu sonrisa te delata- me dice risueño- sin duda él es el único que te hace hablar mucho y sonreír tanto- me ve tiernamente- me alegra, pero no dejen lo importante- nos le quedamos viendo- el trabajo señores, así que a trabajar- se va digno mientras nosotros volteamos a ver ¿de qué trabajo habla si ni las moscas se han parado acá?

El tiempo pasa con cierta lentitud, pero no tanta gracias a Santi y sus mil y una historias o anécdotas de diferentes temas, desde esas que te matan de risa o que te dejan picada por el drama; la verdad es que el tenerlo de compañero hace que disfrute un poco más mi trabajo, aparte, no puedo negar que cuando llega algún extranjero y se traba… me causa risa como hace de todo para decirles que si esperan 5 minutos en lo que corre por mí para que le haga de traductor.

¿Por qué? bueno, comencé la carrera de turismo, pero por complicaciones de salud, tuve que abandonar, así que opté por estudiar un idioma y luego otro y otro, y ahora estoy con mi 6to idioma, cosa que me ha ayudado muchísimo para la recepción de este hotel y es la razón más importante por la cual Santi corre a mí de traductora.

Me han ofrecido subir o cambiar de puesto, pero la verdad es que estoy muy cómoda con mis horarios, la paga no es para vivir como millonaria, pero me deja vivir cómodamente, en el trabajo tengo prestaciones (las mejores para mí son las de salud, ya que cubren buena parte de mi padecimiento).

No es que no tenga aspiraciones, por algo sigo estudiando más idiomas, solo que tengo la comodidad de poder rentar un departamento a mi gusto (espero en algún momento sacar el mío), cerca de mi casa hay un parque en el que puedo pasear tranquilamente, mi trabajo me gusta y me la paso muy bien, varios están al pendiente de mi (sobre todo Santi), aún no ha llegado a la puerta el amor (cosa que si quiero pero no es como para vivir en la depresión sin él), mi familia se comunica seguido conmigo o viene a visitarme constantemente (efectivamente, estamos en la misma ciudad).

 

Por fin la salida, tomo el transporte público que me lleva directo a casa, hoy no me voy a otro lado, menos con este calor pegajoso sudoroso incómodo (que extrañamente hace el día de hoy tan fuera de temporada), al tomar asiento solo puedo pensar que pronto ya podré sacar mi buen carrito Hyundai Grand i10 creo yo, aunque dijeron algo de si sedán o no y ¡yo no sé de qué rayos me hablan! a mí me gustó el modelo en color como verde azulado o como sea que se llame ese color.

Entro a mi pequeño pero confortable departamento, me encanta la tranquilidad que emana (¿o entorna?) de él y en la que puedo relajarme por completo, dejo mi bolso en el perchero y cocino algo, tengo que tener todo listo para los análisis, realmente odio sacármelos, pero la enfermera que siempre me atiende en el consultorio (desde que tengo memoria de mi padecimiento) es la que me saca la sangre para ello, así que, con una buena plática con ella, me relajo y pocas veces son las que me doy cuenta que ella ya me picó.

Espero esté muy bien esa mujer, en este tiempo le he tomado mucho aprecio, la verdad es que es todo un encanto; ella es de piel oscura, una trenza que usa siempre con su cabello oscuro y que le llega más abajo de media espalda, me pregunto ¿Qué tan largo será su cabello sin la trenza?, recuerdo que una vez de adolescente le pregunté y con su risa dulce y jocosa me respondió que “muy muy largo mi niña”, luego me guiñó el ojo y agregó “listo, ni sentiste que te piché y ya tengo lo que necesitamos” ese día la amé por no sentir nada y todavía una sonrisa que me alegró el día a pesar de mi miedo y estrés.

 

El despertador suena, debo ser honesta, lo pongo en el volumen más bajo que puedo, es un tono tranquilo, odio que me despierte algo ruidoso o chocoso, de esos que sientes que te pasó la sirena de guerra, policía o que se yo, así que el mío es una cancioncita dulce que me despierta plácidamente sin irrumpir fatalmente mi sueño; veo todo oscuro, quiero llorar porque estas no son mis horas de levantarme, pero no hay más, es la hora más temprano que tienen para que pueda ir al trabajo sin problemas.

Me levanto con toda la pesadez que mi cuerpo grita por irrumpir su tiempo de descanso, me pongo las pantuflas, doy dos pasos y una sale volando, gruño, doy el paso para ponérmela donde quedó, sigo mi camino y ahora la del otro pie.

-           Solo porque debo cuidarme de todo no las mando al carajo y me voy descalza- me quejo regañando a mis pantuflas de pato azul.

Sin más, espero hayan entendido que no deben salirse de mis pies y sigo mi recorrido con pequeñas salidas de las chanclas de los pies, pero ya no tan drásticas, creo que hasta ellas se quejan de que es muy temprano, pero bueno, creo que en verdad me falta alguien en el mismo departamento o más contacto con gente para dejar de hablar y regañar objetos.

Entro a la regadera (obviamente ya sin ropa), el agua está calientita, así toda rica, me pongo el shampoo y al enjugar muevo la llave para agregar agua caliente, garrafal error, ¡moví la fría!

-           ¡Waaaaaa! - grito quejándome y tiritando, nada más falta que por eso se me bajen las defensas y entonces si

A como puedo me quito la espuma de los ojos y entonces si agrego la caliente

-           ¡ouch! - ¡ahora es muy caliente! - ¡ay! - se me mete jabón al ojo- ¡odio las madrugadas! - lloro en lo que me enjuago el ojo y el cabello

Después de pelearme con la barra de jabón por que se me cayó una vez ¡en el pie!, afortunadamente no tuve más percances y pude salir con tiempo de mi casa para llegar a el laboratorio.

 

-           Señorita Ambar Hernández- me llama una de las enfermeras del lugar

-           Aquí- me levanto del frío y duro asiento

-           Por aquí por favor- me señala el camino que ya me sé de memoria

-           La enfermera Caro ¿ya me espera? - normalmente solo me señala el camino y ellos regresan a donde están o va directo por mi mí enfermera

-           La enfermera tiene un mes que se retiró- me responde sonriente y yo siento que se me baja la presión

-           ¿co co cómo? - me detengo de la pared, ella voltea extrañada y rápidamente va en mi auxilio

-           Venga, ya estamos a poco- damos unos pasos más y entramos a un cuartito, para posteriormente ayudarme a sentar

-           La enfermera- la mujer que ahorita a mis ojos se ve borrosa me sonríe o por lo menos eso creo y asumo

-           Ella ya se jubiló, pero me dejó encargado que cuando usted viniera a hacerse el chequeo de plaquetas y cualquier otro análisis estuviera en sus horarios y le atendiera como es debido- su voz es suave, tersa y templada- fui entrenada por ella, así que no tiene de que preocuparse- me entrega un pañuelo con el cual me limpio los ojos.

-           Gra gracias- ahora si noto su sonrisa amable

-           Acomódese de favor, el doctor me indicó que análisis son los que deben realizarle así que sacaré lo necesario para no repetir el procedimiento- trago sintiendo que la saliva se atora en mi seca y ahora irritada garganta

-           Bien- pues al mal paso darle prisa pienso un poquito, solo poquitititito nerviosa

Pone la liga, me da instrucciones con una amabilidad difícil de no obedecer, giro mi cara a otro lado para no ver lo que va a hacer o el momento en el que lo va a realizar y…

-           Tienes muy bonitos ojos- me dice en un suspiro, giro tan rápido la cabeza a verla para corroborar que no escuché mal, está ¡demasiado cerca de mí! Sus ojos me ven fijos, unos ojos cafés oscuro que me hacen sentir vulnerable, como si pudiera leerme

-           ¿Cómo? - pregunto extrañada, ella sonríe juguetona achicando sus ojitos con sus largas y gruesas pestañas

-           Acabe, ni lo sentiste- me guiña el ojo

-           ¡Oh! De verdad que no- ¿lo hizo a propósito?

-           ¿Ves cómo me entrenó muy bien la enfermera Caro? Y aquí siempre estaré para cuando tengan que sacarte un nuevo análisis- su expresión y voz suenan feliz, mientras que mi corazón aún bombea rápido, esto fue tan… extraño

-           Ya veo, gracias- trato de levantarme y sin querer boto una charola que… afortunadamente, no tenía nada, ella hace risitas- perdona, ya ayudo- me detiene

-           No, descansa, tienes que recuperarte- su voz serena pero firme me detiene, la veo levantar las cosas sin pesadez, se levanta- espérame aquí unos minutos, ya entrego esto- eso me parece extraño aun, ni la enfermera Caro me hacía eso, normalmente me dejaba salir para seguir con mis pendientes

-           Solo espero no me hayan cambiado también a mi doctor- me digo a mi misma, me pongo a la orilla del asiento y su mirada regresa a mis ojos causándome un calosfrió- creo que mucho por hoy, el estrés de los análisis me están afectando

-           Listo,- me dice entrando- vamos, enfrente venden un jugo de naranja, zanahoria y betabel que te ayudará mucho- me jala feliz

-           No sé si tengo mucho tiempo- veo la hora

-           ¿Trabajo? - pregunta viendo para ambos lados ¿a qué hora salimos del laboratorio?

-           Si- frunzo el ceño extrañada

-           Con razón tan elegante- pide dos jugos- ¿godínez? - me pregunta con burla, la acompaño en la risa en lo que tomo del jugo, espero no tener accidentes con él, creo que esto no saldría de la ropa ni en un millón de años y no tengo tiempo para irme a cambiar a la casa

-           No, recepcionista del hotel del centro- debo aceptar que sabe bien el jugo

-           ¿el carisisisisimo que solo los extranjeros pueden pagar? - me río, porque mentira no es

-           Algo así si, ese mismo- asiento, veo la hora, ella no me quita la vista de encima

-           Bueno, tú tienes que ir a trabajar y yo también, nos vemos mañana en tu consulta Ambar- su tono es amable con unas modulaciones algo extrañas y un guiño de ojo- no olvides desayunar bien- acepto con la cabeza, tomo mis cosas que… siento que en el laboratorio tuve lapsus de no saber qué pasó, no recuerdo haber agarrado mis cosas o siquiera salir del lugar, ¿a qué hora atravesé la calle o entré al local? ¿Ya pagamos los jugos?

-           ¿Ya pagamos estos? - le pregunto al del local que me ve como si estuviera loca

-           Su amiga los pagó al principio- me responde extrañado- usted me pasó el dinero- ¡muero de la vergüenza!

-           Ah, gracias, muy rico- el asiente feliz y sigue con los suyo mientras yo me pongo de camino al hotel, a ver con que me sale Santi y, sobre todo, espero no desviarme ya que ando tan distraída hoy.

 

-           ¡Ya sentía que moría sin ti! - me dice llorando (actuando por supuesto) en susurro Santi- ellos hablan chino

-           Es mandarín- me río en lo que él hace puchero, los escuché a lo lejos en cuanto llegué

-           Aquí nadie sabe nada de eso- gruñe, gruño y nos quedamos viendo en una guerra de miradas

-           Ya, déjame ver si puedo ayudarles- me dirijo hacia los nuevos clientes con los que platico cordialmente, les hago la reservación, cobro y entrego llaves de su habitación

-           La empresa te ofrece pagarte el nuevo curso de idiomas o el que estás cursando- me dice el gerente, tomándome por completa sorpresa

-           ¿eh? - ¿así de la nada?

-           Es que estuvimos sufriendo mucho e intentando más idiomas, pero nada- me susurra Santi

-           Y tu Santiago, deberías seguir su ejemplo- reclama mi jefe

-           Yo hablo francés- en su mente está diciendo “porque es el idioma del amor”, lo sé, lo conozco y siempre sale con eso- y el inglés, mi español que no es el mejor, pero funciona- es mexicano, pero es bien mal hablado- y eso ya es mucho para mí- se ufana

-           No tienes remedio- el gerente se da por vencido- ¿Cómo te fue? - me pregunta ya viéndome

-           Solo sacaron sangre, hasta mañana en la consulta sabré- me pongo nerviosa, no es que me haya sentido particularmente mal, solo que… con esta enfermedad nunca se sabe

-           Mmmm, tu medicamento es caro ¿verdad? - asiento

-           La empresa me ayuda con el servicio médico y eso siempre se agradece- le recuerdo

-           Claro, porque si tu faltas tendrían que contratar a dos mínimo y que sean bilingües- aclara en tono sarcástico Santi en lo que le doy un pellizquito en la barriga (que fue lo primero que agarré) por bocón

-           Eso es cierto, ve que te sale más caro, si el curso o las medicinas, no, es más, dame el precio de tu tratamiento y deja veo que se puede hacer- se retira

-           Llevaban como media hora aquí los clientes, de verdad que hicimos de todo y nada- comienza a quejarse lloriqueando- hasta el pésimo portugués que hablo intente y ni madres- me río- me hiciste falta y luego apareció una francesa y por andar ocupado con ellos no pude intercambiar oraciones- chilla todo frustrado y haciendo mohines de niño pequeño

-           Ya decía yo que tanto amor no era sincero- refunfuño en lo que reímos

-           Claro que sí, pero la hubieras visto, todo un bombón grrrrr, seguro es tigresa- pone esa cara haciéndome reír- pero venía acompañada de otro

-           ¿Guapo? - reviso la documentación sin dejarle de poner atención, pero de por sí llego tarde como para descuidar detalles, se me cae el bolígrafo

-           Sí, no lo puedo negar, no se veían como pareja, pero están en la misma habitación- se encoje en hombros y él recoge el bolígrafo

-           ¿Y quién te gustó más? ¿él o ella? - si no dice mucho de él es porque también le interesó

-           Ufff difícil, tendré que hablar con los dos para ver cuál tono en francés me gusta más- su cara es toda libidinosa y sus ojos ya volando por imágenes inexistentes

-           Deja de fantasear aquí- le doy un codazo en la panza

-           Auch, lo siento- se soba- me controlaré lo prometo- sé que lo va a intentar, pero me tocará estarlo distrayendo- bueno, y ¿cómo está la enfermera linda y viejita que tiene conquistado tu corazoncito lindo que no es para mí? - me pregunta entre risas contagiándome

-           Se retiró- digo con congoja de solo recordarlo, me abraza leyendo mi estado de ánimo por eso

-           ¿Te picó un salvaje entonces? - me pregunta con ese tono preocupado con el que les hablan a los niños chiquitos mientras me separo de sus brazos y niego con la cabeza dejándome mimar de esa forma solo por el

-           Caro entrenó a una enfermera nueva, ni cuenta me di de cuando picó- me sonrojo de recordar

-           ¿Guapa? - me pregunta con ese tonito travieso

-           No, no la vi bien- claro sus ojos me… ¿me qué? ¿hipnotizaron? - me distrajo raro

-           Define raro- me pide con interés divertido en lo que gruño, tomo el bonche de papeles, los paro y comienzo a darles golpecitos en el mueble de la recepción para que se acomoden, entonces… se caen todos

-           ¡Ah! ¡hoy es el día de mi torpeza!- me quejo

-           ¿Solo hoy? - se burla de mí en lo que me ayuda a ordenar entre risas

-           Shhh, eso nadie tiene que saberlo- gimoteo- cuando ya me iba a picar juro que me dijo que mis ojos eran lindos- el me mira fijamente

-           Pero no estás segura- niego con la cabeza

-           Es que cuando giré a ver si realmente escuché lo que escuché- el asiente entregándome los papeles- su cara estaba demasiado cerca de la mía- me sonrojo- tiene unos ojos muy penetrantes- frunzo el ceño

-           ¿Te penetró con la mirada? - me pregunta con tono de espanto, poniéndose la mano derecha en el pecho y la izquierda en la boca- sin anestesia- le doy golpecitos de reproche en el pecho en lo que él se ríe y a mí me contagia a regañadientes por su doble sentido el muy maldeto

-           ¡Serás! - los demás nos ven extrañados, no por él, sino por mí, por lo regular no soy de hacer escenas en frente de nadie

-           ¡Aguas! - me jala hacia el cuándo me estaba separando- tienes que ser más cuidadosa- mueve la silla con la que me iba a pegar- no quiero ni raspaduras ni golpes en ti- frunce el ceño enojado, bueno, más bien preocupado- creo que desacomodé mucho el espacio ahorita que no estuviste, quédate aquí, deja ordeno- se mueve rápido arreglando el lugar

-           Gracias- me sonrojo

-           No hay de que linda- me besa la frente y sigue con lo que estaba

El día al lado de Santi es lo mejor, me la paso genial con sus ocurrencias y aunque a veces me alburea, por lo regular conmigo se contiene, trata de no tratarme con tanta fragilidad como los demás, sabe que odio que me traten como si me fuera a romper por cualquier cosa, solo necesito ciertos cuidados y ya, todo lo demás es llevable.

-           Adiós querida, mañana te irá bien con tu doctor- se despide de mi Santi- solo cuídate de cuando te penetre la enfermera- me toma el pelo en lo que sale rápido

-           ¡Serás! - me quejo entre risas y negando con la cabeza, si lo tuviera enfrente ya le habría dado uno que otro pellizquillo por pasado.

Me despido de los demás, me dirijo a mi casa, llegando llamo a mi madre para hacerle saber que mañana tengo la consulta de rutina y listo, me dispongo a ver una película en netflix para relajarme y no estar pensando en mañana ¿Qué haré en todo el día de mañana? Seguro las clases en línea de alemán, sí, eso haré.

 

Despierto con molestia corporal y me quejo, después de todo hace tiempo no las sentía, veo la hora tomando mi celular y bueno, media hora más tarde de lo normal debe decir mucho; me levanto al baño para darme la limpieza con la esperanza de hoy no ser tan torpe o que mínimo no me entre shampo a los ojos o que el jabón no se caiga y afortunadamente no sucede nada fuera de lo normal

Al ponerme crema veo en mis piernas los puntos rojos y el moretón en el pie que me dejó ayer el jabón, mala señal para mí, solo espero que mis análisis digan lo contrario a lo que veo o mínimo como me siento hoy, creo que la desmañanada de ayer me está cobrando una grande factura.

Voy por mis jeans que al descolgarlos de mi closet se me caen, ya me había tardado, saco una blusa (también colgada) y sin querer la rasgo, lo bueno no es de las favoritas, tendré que ver más tarde si tiene arreglo o no, veo cual otra será buena, me decido por una negra; me arreglo lo suficiente pero no tanto (después de todo solo es mi doctor que no está viejo pero joven no es y Caro… mmm, ya no está Caro), como sea, voy a desayunar fruta y huevo que me obligo a comer porque hoy no tengo mucho apetito pero como estoy segura de que si no desayuno el doctor se dará cuenta y me saldrá con una de sus lecciones o castigos por no ser buena paciente, así que mejor me las ahorro y desayuno.

 

-           Buenos días Ambar- me saluda mi doctor con una sonrisa de oreja a oreja, creo que el pasó una mejor noche que la mía- ¿Cómo has estado? - me pregunta tomando los resultados de mis análisis que supongo le dieron antes de que yo entrara

-           Bien, he estado bien- le respondo sentándome

-           Es bueno escucharlo- suspira- La Sra Caro te mandó muchos saludos, estaba tan acongojada por no poder despedirse de su querida paciente- me comenta dulcemente- ¿Cómo te has sentido? - me pregunta profesionalmente

-           Me he sentido bien- asiente

-           ¿Alimentos? - siempre me pregunta lo mismo- ¿vitaminas?

-           Sigo comiendo como me manda el nutriólogo con el que me mandó- gruño, el asiente todo contento- y me tomo las vitaminas como me las recetó- le aclaro, la verdad es que la relación que tengo con él es como de un tío con su sobrina, es bien molestoso a veces, pero juega conmigo o jugaba, por lo menos en la adolescencia- sin rodeos ¿Qué dice? – cuestiono

-           Hay muchas cosas buenas- asiente complacido- pero hay otras que no- se pone serio dejando el documento en el escritorio y viéndome directo a los ojos- ¿Qué has tenido esta semana? - no me dejará evadir nada

-           Cansancio, los lunares rojos

-           No son lunares y bien lo sabes- me interrumpe regañándome

-           Debilidad, he estado algo torpe- lo ignoro y a la vez confieso

-           ¿Más? - me toma el pelo, inflo los cachetes como respuesta y él se ríe- tienes que seguir las indicaciones como te las doy Ambar- aquí va la misma cantaleta de siempre- sabes que el púrpura es así y lo que queremos es ganarle y que de plano no te regrese- se pone firme

-           Sabes que si las sigo ¿Por qué no se queda guardadito y ya? - me cruzo de brazos

-           ¡Ania trae gasas! - exige el medico viniendo a mí rápido- ¿es el primer sangrado? - me pregunta, lo veo extrañada hasta que siento el moco suelto- ¡no te toques la sangre! ¡vas a manchar la ropa! - y solo puedo pensar un gran ¡mierda!

La enfermera entra volada viéndome con sorpresa mientras sigue las instrucciones del doctor hasta que por fin logran contenerla

-           ¿Aun tienes Romiplostim? - me pregunta el médico

-           Una o dos dosis- le respondo

-           Qué bueno que no te deshiciste de ellas- lo veo horrible, ¡son carísimas como para deshacerme de ellas!

-           Como si costaran tres pesos- le respondo sarcástica en lo que él y la enfermera se ríen

-           Bien, las vitaminas las tomarás así- empieza a escribir su ilegible letra- el romip una vez a la semana- levanta la vista girando la mirada entre la enfermera y yo, saca esa sonrisita que ya le conozco donde no me anuncia nada bueno- es jueves

-           Que genio- me ve feo

-           De sabio, de tres deseos y de mal carácter, pero la cosa aquí es que tu como estás no puedes ir a trabajar, los análisis no salieron tan mal, pero supongo hoy es uno de tus peores días

-           Sí, no me había sentido tan así- acepto soltando un gran suspiro, digamos que no es como mis peores días, pero es como el inicio de ellos, ya he pasado por esto.

-           Tendrás que avisar en tu trabajo que no vas a trabajar- ¡Santi me va a matar! - o que llevarás enfermera particular al lugar- señala con la pluma a la enfermera

-           Oye, yo no tengo para apagar enfermera y no estoy tan mal- me opongo- aparte hoy no voy- hago puchero

-           Eso lo voy a corroborar haciendo que ella te cuide 24/4, estará revisando que tus comidas sean adecuadas, la ingesta de medicamento como se debe y te pondrá la primera dosis del romip- ella anota todo como loca en una libretita con una pluma rosa ¿tendrá bonita letra o será igual de ilegible que su jefe?

-           ¿24/4? ¿Qué demonios significa esto? ¿de dónde crees que voy a sacar el dinero para eso? Sabes bien que la medicina de por sí ya es súper cara- me pongo loca, ella se ríe y me descoloca

-           No le vas a pagar, solo le darás donde dormir, donde comer, que comer, baño y compañía- con mi dedo medio sobo mi nariz de la raíz al dorso

-           Lo tomaría como una ofensa, pero sé que es un tic- se lo toma a la ligera

-           Yo que tú me lo tomaba de ambas formas- gruño en lo que él se ataca de la risa contagiando a la enfermera de nuevo

-           Que agresiva andas hoy- lo disfruta, disfruta darme lata como estas

-           Que se te desangre la nariz a ti a ver cómo te pones- le respondo

-           Ya ya y, por cierto, déjate esa nariz, no queremos que vuelva a pasar- quito la mano- Ania, ve con ella, yo hago llegar tus cosas a su casa- lo veo con reproche- se llevarán muy bien, ya verán- me pongo de pie dispuesta a salir- oye, olvidas tu receta y quiero análisis dentro de 15 días- me ordena de nuevo en su papel de doctor serio, suspiro con pesadez y asiento- al fin Ania te acompañara, eso o llamo a tu madre para que te cuide esos días- giro a verlo helada y con reproche

-           Usted si sabe jugar sucio- le recrimino, la enfermera se tapa la cara con la mini libretita en la que anotaba, supongo que está a nada de atacarse de la risa- así lo único que logrará es echar a perder todo lo que le dijo aquella vez donde por fin conseguí más libertades con ella y mi familia- ruedo los ojos, él sonríe ladino

-           Fue una plática muy interesante aquella vez- asiente satisfecho recargando toda su espalda en la (que debo decir) comodísima silla de oficina que tiene- después de eso también reaccionaste muy bien al tratamiento, espero esto te funcione de igual forma para que por fin dejemos esto en el pasado de forma definitiva- vuelve a su seriedad y me ve agudamente.

-           Lo que digas- respondo sin ánimos y me giro para irme

-           Que les vaya muy bien- empieza a decir juguetón fregón- espero la pasen muy agradable- grita para que lo escuche a pesar de ya haber salido de su consultorio

-           Como es molesto- gruño saliendo del lugar hasta que me doy cuenta que ni firmé ni nada para que los gastos corran por el hotel.

 

Ania me alcanza y toma la iniciativa de pedir las cosas en la farmacia (las que me hacen falta) con una actitud brillante, vivaz, como si fuera a descubrir un mundo nuevo que tanto ha esperado, mientras yo pienso en las mil y una formas de asesinar a un doctor por sus “sensacionales” ideas y  en que ha esta mujer cuando vea mi departamento la alegría se le esfumará, es que… yo no vivo en un penhouse, más bien es algo muy modesto.

Pago las medicinas (porque obvio no voy a dejar que ella pague por mis medicamentos y estos no van incluidos en mi seguro), suspiro viendo la bolsita de medicamentos (más porque ahí van las jeringas) que entra en mi bolso, tomo aire, giro a verla, ahí está muy atenta a lo que voy a decir, que, ahora que lo pienso, también estoy molesta con ella ¿Cómo que aceptó demasiado fácil que no?

-           Vamos- le hago seña para que me siga y en total silencio nos dirigimos hacia mi departamento tomando el transporte público que nos lleva directo en lo que me sumerjo en mis pensamientos.

 

-           No tengo cuarto de invitados- miento en lo que vamos entrando al departamento, que se quede en el sillón por reírse tanto de mí en la consulta

-           Bueno, dormiremos juntas, sirve así te cuido mejor- la veo estupefacta, ¡le valió madres! - deberías sentarte-comenta con una sonrisa de oreja a oreja- ¿en dónde tienes el medicamento? - me pregunta sin dejar de observar el lugar

-           Ese es tu cuarto- le señalo el cuarto de invitados, ella se ríe- ya voy por la medicina

Sin más, me encamino a mi cuarto, tomo de mi closet la medicina, salgo y se la entrego.

-           Entonces si tenías donde dormir para mí- me dice con reproche en lo que me señala el sillón para que me acomode

-           Yo se ponérmela sola- lo odio, pero tuve que aprender

-           No lo dudo, pero debo atender lo que me ordena mi jefe- no sé si darle el brazo o la pierna, pero como odio que se me marquen los piquetes en los brazos- uy que coqueta- dice al ver que me bajo el pantalón

-           No molestes- suspiro agotada, ni ganas de reñir tengo- tengo que avisar en el trabajo

-           ¿Si ayer te sentías tan mal porque no me dijiste? - me pregunta dulcemente cambiándome de tema

-           Ayer no me sentía tan mal, solo hoy- siento como el medicamento va entrando a mí, esa sensación me es tan molesta

-           Tienes bastantes hemorragias- suspira mientras yo me concentro en “¡no sentir!”

-           Son lunares rojos- se ríe

-           Son seeexyyys- hace el tono cantadito- listo- veo la jeringa ya muy lejos de mi

-           Eres como rara- digo al fin mientras bostezo y me acomodo la ropa, que aclaro, no me bajé todos los pantalones por si andaban de mal pensad@s

-           Un poco si- acepta- duerme- me pasa una cobijita que tenía en el otro sillón

-           Hace frío, no voy a dormir- me quejo en lo que me recuesto

-           Ya- dice como si nada, mientras me quita la cobija y me arropa- si te pegas al respaldo te calientas más- mi inconsciente le hace caso con la esperanza de que sea cierto- y yo de este lado termino de subirte la temperatura- se recuesta a mi lado abrazándome

-           Hay una cosa que se llama espacio personal- gruño molesta ¿Qué le pasa a esta mujer?

-           Si si, solo me aseguro que no te vayas a enfriar- me responde risueña, presiento que lo que yo le diga le vale madres- tienes un lindo cabello claro- comienza a agarrarlo- me dan ganas de trenzarlo, ¿puedo? – pregunta cual niña encantada con muñeca nueva, ni sé para qué pregunta si

-           Ya lo estás haciendo- se ríe entre risitas- ni con eso me vas a dormir- le aclaro

-           Bueno- acepta como si nada sin dejar de hacer lo que se encuentra haciendo

-           Dejaste a tu jefe sin enfermera- le reprocho, a ver si así se regresa con él, total, ya me puso la inyección, que, por cierto, debo aceptar que tiene buena mano, ¡casi no lo sentí!

-           ¡Ah! no, somos dos enfermeras en el consultorio, dijeron que nadie le daría el ancho a la Sra Caro en poco tiempo, así que por eso me mandó contigo, sabía que no se quedaría solo- ese tipo me…

-           Me las va a pagar- se ríe y sigue con lo suyo.


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