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Donde nace el sol por girlutena

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Notas del fanfic:

 

 

Bueno que puedo decir....me gusta esta pareja y no pude evitar mis ansias de escribir uno de tantos escritor sobre esta pareja.

Notas del capitulo:

 

*-*

<3

El amor se encuentra en el aire, la cuestión es no dejarlo escapar 

(:

 


En el reino de los hombres, donde el sol se esconde, la paz reinaba entre ellos, se podía oír el sonido tranquilizador de las aguas, provenientes de la Bahía de Belfalas, donde su agua baña a toda esta región, rodeada de las cadenas montañosas de Ered Nimrais.


Una gran pared dividía al gran reino de Gondor, dando frontera con el Bosque Negro, un lugar donde ninguno tenía órdenes de traspasar aquella barrera que se extendía hasta el Mar de Rhun.


En aquel nuevo mundo donde muchos cuentan sus leyendas, donde muy pocas personas los conocen y casi nadie los ha visto. Aquellas viejas leyendas sobre los elfos fueron contadas de generación en generación, pasando desde los mas grandes hasta los mas pequeños, creando una ilusión, un sueño para los nuevos hombres.


 


-Se cree que en el tiempo de la comunidad del anillo, cuando los mas fieles guerreros se reunieron para luchar contra Sauron, por la destrucción del anillo, se cuenta que entre ellos caminaban un enano que a pesar de su altura, su valentía no tenía medida, 4 hobbit’s, entre ellos el portador del anillo, dos valientes hombres pero el que mas destacaba por su habilidad con el arco, por su valentía y mas aun por su belleza fue un joven elfo, cual belleza era inimaginable, el color de sus cabellos un rubio tal cual degradaba al mismo sol, unos ojos de un azul tan profundo capaz de poder leer todos tus pensamientos.


Lamentablemente este joven elfo callo en el pecado de enamorarse de un hombre, que luchaba por la liberación de su reino, este elfo sacrifico su vida por la liberación del hombre que amaba, después de haber sido exiliado de su reino.


 


-¿Y qué paso con aquel hombre? ¿Se volvió a enamorar?


-No mi pequeño príncipe, aquel hombre se convirtió en un rey, en honor al amor que un día le profeso a aquel hermoso elfo.


-Yo también quiero ser como tú, papá


-Y lo serás Aragorn, pero ahora tienes que descansar.


-¿Podre jugar mañana en el gran bosque?


-Claro que si mi niño. –El mayor le dio un tierno beso sobre la frente del pequeño, desarreglándole los cabellos negros que caían desordenados sobre sus almohadas, sus pequeños ojos brunos brillaban ante el tintineo de la luz de las velas.


 


 


Detrás de las inmensas  cadenas de montañas nubladas donde se extiende desde los pies de las montañas grises, detrás de estas donde  nace el sol, donde la naturaleza florece sin resentimiento alguno, rodeado del gran rio Andurin.  En aquel viejo mundo donde los humanos no pueden conocer y aquel que lo conoce llega a tener y conocer una nueva vida.


En aquel reino donde tan solo se podía respirar una tranquilidad inmensa, en aquel lugar donde los elfos eran los únicos aldeanos, donde el odio no existía, llenando de paz todo el bosque Negro.


 


Un pequeño niño corría por todo el bosque, escuchando el susurrar de los grandes árboles, sus pies descalzos le hacía sentir y conocer todo el lugar sin siquiera conocerlo.


Sus cabellos rubios caían sueltos por su espalda como si de una cascada se tratase, sus ojos azules como el gran cielo, brillaban con emoción al sentir las pulsaciones de la naturaleza.


Sin darse cuenta había llegado hasta la muralla que dividía a ese hermoso bosque, miro hacia lo más alto divisando que el astro solar yacía sobre su cabeza, obligándolo a cerrar sus ojos.


Apenas estuvo a dar unos pasos para marcharse de ahí pudo sentir una presencia extraña, no se sentía como la de un elfo, pero tampoco se sentía amenazante, dudo por un segundo si ir detrás de aquella presencia o volver junto con su hermano.


Se extrañó cuando aquella presencia se desvaneció, estuvo por marcharse de ahí si no hubiese sido por unos pasos acercándose.


-¿Quién eres? –El pequeño elfo se estremeció al escuchar una voz tan aguda pero a la vez melodiosa, sus ojos se cruzaron por un temible segundo, dio unos pasos hacia atrás, cuando el otro quiso acercarse.


-No te hare daño.


-Tú…tú no debes estar acá. –Se dio cuenta que el otro quiso decir algo mas y esto le hizo ponerse mas nervioso cuando escucho a lo lejos los pasos de su hermano mayor.


-Deberías marcharte. –Y sin mas el pequeño elfo empezó a correr, rogando  que aquel niño no le siguiera o sino estaría en graves problemas.


 


-¡Legolas! –Fue lo único que el otro niño pudo escuchar, el pelinegro sin darse cuenta empezó a seguirlo, quería volver a escuchar aquella fina voz, quería ver esos hermosos zafiros, pero se detuvo cuando escucho unos pasos mas acercándose.


- ¡Amroth!  -El pequeño elfo se trepo en los brazos de su hermano que también tenía el cabello rubio pero este lo llevaba amarrado en una coleta baja, sus ropas al contrario del mas pequeño eran anchas y se podía notar que la tela era de una calidad muy fina, para el menor le era reconfortante ser abrazado por Amroth, apoyo su rostro en el pecho del mayor donde pudo esconder su leve sonrojo en el pecho del mayor.


-Ada te ha dicho que no quiere que vengas por esta parte del bosque, pequeño.


-Lo sé hermano, pero todavía no entiendo ¿Por qué el muro? –El mayor acaricio con ternura los cabellos del pequeño elfo, haciendo que descansara un poco.


Cuando llegaron al castillo el pequeño se bajó de los brazos de su hermano, empezando a correr en busca de sus padres, pero se detuvo en mitad de la sala cuando notó la ausencia de su presencia.


-Hojita, ¿cuantas veces te he dicho que te pongas zapatos cuando salgas al bosque?


-Pero Ada, así no puedo sentir las vibraciones bosque.


El elfito se sentó en las piernas de su padre Amdír, físicamente joven, sus ojos mostraban un verde lleno de sabiduría, sus cabellos igual de rubios que los otros dos elfos menores.


El mayor acaricio los desordenados cabellos del menor, haciéndole una pequeña trenza entre ellos, riendo ante el tierno puchero del menor.


-¡trenza, no! –El menor bajo de las piernas de su Ada, para correr a la dirección de la otra presencia que se acercaba a ellos lentamente.


-¡Papá! – Thranduil  un elfo alto y joven, sus cabellos azabaches amarrados en una cola, sus ojos de un color zafiro al igual que los ojos del mas pequeño.


El mayor lo cargo en brazos, caminando hasta donde se encontraba su familia, beso los cabellos de su hijo mayor, acercándose a los labios de su esposo.


-¿Y adonde fueron hoy?


-¡Al bosque! Amroth me llevo al bosque.


-Ya veo que te divertiste mucho, mi hojita. Pero ya es hora de que vayas a practicar con tu arco.


El menor bajo de las piernas de su padre para correr y perderse por las grandes puertas que daban hacia el gran jardín, seguido de los pasos cansados de su hermano mayor.


-Thranduil, ¿No crees que aún es pequeño para recibir ese tipo de clases?


-Claro que No, Amdír. Legolas es un elfo muy valiente y lleno de sabiduría. Él va a estar bien, amor.


El pelinegro sentó al rubio en sus piernas pasando sus brazos por aquella fina cintura, sintiendo como el rubio cruzaba sus brazos por el cuello de su esposo, profundizando el beso.


 


 


El pelinegro saltó con gran agilidad la alta muralla que dividía a los dos reinos, miro por última vez la muralla y como el sol empezaba a ocultarse por el castillo de su padre.


Camino con pasos cortos pero seguros, escuchando como los animales empezaban a ocultarse en el bosque. En su mente tan solo estaba aquellos ojos tan azules, aquel rostro tan sutil del pequeño elfo.


Abrió la gran puerta del castillo escuchando como los sirvientes empezaban a arreglar todo para la llegada de la noche, escucho por detrás unos pasos fuertes, llamando la atención de todos en el castillo.


-Aragorn ¿Dónde estuviste todo el día?


-Padre…yo…estuve jugando en el bosque. –Los ojos brunos del mayor recorrieron las prendas sucias del menor de sus hijos, suspirando cansado y sin darle importancia siguió caminando.


-Ve a limpiarte que la cena ya va a estar servida. –El mayor siguió con la mirada los pasos de su hijo, viendo cómo se perdía por la escalera del segundo piso.


-Elrond. Pero si es idéntico a ti.


-¿Padre? ¿Estás bien? –El mayor volteo a ver a sus dos hijos, los gemelos Elladan y Elrohir. –Los dos jóvenes mantenían sus cabellos azabaches amarrados en una coleta, vestían trajes de lino rodeados de exuberantes joyas, aunque ellos lo odiaran, sus ojos de un color cobrizo brillaban ante cualquier luz.


-¿Aun extrañas a Ada?


Los dos jóvenes se sentaron en sus respectivos asientos, uno al costado de su padre, tomándole sus manos en un cariñoso apretón de manos.


-Nosotros también lo extrañamos, Aragorn siempre pregunta por él.


Escucharon como los pasos  del segundo pisos se hacían cada vez más rápidos, y los tres en la mesa sonrieron al ver como el pequeño pelinegro se sentaba de golpe en la silla, no sin antes hacer una sutil reverencia a su padre.


-¿Hiciste algo nuevo hoy, Aragorn?


-…No…creo que no…


-¿Crees? ¿Cómo que crees?


-Pues… ví a alguien hermoso…sus ojos eran grandes y azules y sus cabellos eran rubios, es muy hermoso.


-No creo conocer alguien así en todo el reino. ¿Tú si padre?


El mayor negó lentamente, tenía la impresión de adonde había ido su hijo pero decidió no pensar en eso y pasar una cena más en calma con su familia.


-Padre, ¿Cómo es el habitad de los elfos?


-Sus tierras son las más hermosas que puedes tú ver, cuando el sol nace por detrás de sus cordilleras, muestra un magnifico esplendor.


-Los elfos son extremadamente bondadosos, pero cuando necesitan poner leyes, también son conocidos como los mas justos.


-Aparte de eso su belleza es inimaginable, tú crees conocer todo de ellos, pero siempre, siempre te sorprenderán.


El mas pequeño escuchaba con atención todo lo que decían sus hermanos, asintiendo a cada palabra interesante.


Arathorn, había cerrado sus ojos, escuchando aquella canción que tanto escucho de su primer y único amor, recordando todos los años que pasaron juntos, los días en que nacieron todos sus hijos, incluso Aragorn que no era físicamente parecido  a su padre-elfo- pero aun así mantenía su sangre junto con todas las virtudes que intento enseñarle.


-¿Entonces mi Ada era así de hermoso?


-Nuestro Ada era sumamente hermoso.


-Padre. –El pequeño niño se puso de pie en un solo salto, llamando la atención de los tres presentes, llegando en grandes zancadas plantándose al frente de su padre.


-Yo también quiero casarme con un hermoso elfo, como mi Ada.


-Claro que sí mi pequeño príncipe. Pero cada cosa a su tiempo.


-Primero tienes que convertirte en un hombre justo y valiente al igual que ellos.


-Pero yo ya soy valiente y justo.


-Lo eres, pero aun eres un niño. –El pelinegro hizo un gracioso mohín cuando Elrohir le dio un golpecito en la nariz.


 


 


 


Cuando la luna empezaba a levantarse en el manto negro junto con las pequeñas pero abundantes estrellas, el pequeño Legolas subía lentamente por las escaleras que daban a la azotea del castillo. Ahí, corrió hasta llegar al muro para ver como los copos de los árboles creaban un hermoso juego de luces y sonidos, llenando todo el palacio con el dulce aroma de las flores.


-Papá, ¿Cuándo podré cruzar el gran muro?


-Aquel muro no se puede cruzar, Legolas.


-¿Y por qué no?


-En aquella parte se encuentra un mundo en el que puede traer graves consecuencias al nuestro. En aquella parte se encuentra un pasado que muchos no quieren recordar.


Thranduil había seguido silencioso los pasos de su pequeño, llevándolo hasta la azotea, lentamente lo alejo del borde del muro, para sentarlo sobre sus piernas, admirando la belleza del gran bosque negro.


Legolas apoyo su cabecita en el pecho de su padre, mientras este le abrazaba por su delgada cintura.


-Hoy Ada no quiso que practique con mi arco.


-Lo sé, tú Ada se preocupa mucho por ti, hojita.


-Pero yo no soy débil, padre.


-Tú eres un guerrero, pero debes entender que a pesar de eso, sigues siendo delicado y tu Ada, tu hermano y yo, no queremos que llegues a lastimarte. ¿Entiendes? 


El menor no dijo nada, tan solo se relajó apoyando todo su peso en el cuerpo de su padre, sintiendo como lo levantaba entre sus brazos para llevarlo hasta su habitación, quedándose con él hasta que pudiera conciliar el sueño. A veces cantándole una canción u otras contándole las historias sobre el anillo.


 


Esa misma noche el pequeño Aragorn se encontraba viendo la luna brillar, iluminando cada rincón con su luz plateada, la llama de la pequeña vela se encontraba tintineando y de un momento a otro aquella flama se consumió dejando la habitación llena de penumbra.


El niño salió caminando de su habitación, los grandes pasillos se encontraban oscuros, pero él sabía a que dirección tenía que ir. Abrió delicadamente la puerta de cedro, ingresando rápidamente siendo invadido por un aroma a nueces, se acercó a la gran cama, subiéndose a ella para abrazar a su padre.


-¿No puedes dormir?


-Padre, el otro día ví a un pequeño elfo.


-…Me lo imaginaba, Aragorn. Tienes que saber que no debes cruzar ese muro.


-Lo sé, pero padre.


-No se puede, hijo. Al menos no por ahora. ¿Entiendes?


-Si padre, entiendo. –El mayor abrazo a su hijo, dándole un poco de su calor, mientras que el pequeño se acurrucaba entre los fuertes brazos de su padre y las suaves mantas, en todo momento, tan solo tenía la imagen del hermoso elfo.

Notas finales:

 


Bueno aquí esta!! >.<!!!!!


 


Espero que les haya gustado el primer capítulo *-* como a mi me gustó escribirlo.


Me encanta esta pareja y pues....creo que deven hecharle la culpa a las pastillas que tomo para dormir...me quitan el sueño >.<


Bueno nos leemos en el siguiente capítulo


(:


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