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Duelo de pasiones por Alexis Shindou von Bielefeld

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Notas del fanfic:

los personajes pertenecen a: 

Tomo Takabayashi y Temari Matsumoto.

Notas del capitulo:

Espero sea de su agrado. :)

Como es un one shot quizás queden muchas dudas sin resolver y se quedaran así.

PD:es mucho tema para un one shot tan sencillo. -_-

 

 

Capitulo único.

 

Duelo de pasiones.

 

 

Un día como cualquier otro en Pacto de Sangre desde hacía ya un poco más de diez años (en ese mundo). Las mismas personas hacían lo mismo de siempre; los soldados entrenaban en el patio de armas, las muchachas del servicio hacían el quehacer, Anissina inventaba algo nuevo en su laboratorio (los que como de costumbre salían mal), Gunter revisaba cada detalle para que las cosas marcharan normalmente, Conrad patrullaba la ciudad, Gwendal revisaba el papeleo y Yuuri…bueno, Yuuri miraba el cielo azul del mediodía desde la ventana de su oficina.

El Maou había terminado temprano con su trabajo y ahora tenía la tarde libre. Un verdadero milagro desde la perspectiva de su regente y cuñado gruñón, Gwendal. Si, así era, “cuñado”. Yuuri Shibuya, aquel chiquillo enclenque que renegaba, protestaba, lloriqueaba, y negaba por aquello que no lograba comprender sobre las costumbres de ese mundo, terminó aceptando su destino: Contraer matrimonio con su prometido, que era un hombre, Wolfram von Bielefeld.

En un principio consideró aquello como un gran error. Para él, era ilógico considerar una propuesta de matrimonio el golpear la mejilla de la persona amada, eso solo era un acto de rabia momentánea. Sin embargo, con el pasar del tiempo, más que aceptar ese hecho, el amor lo atrapó. Ni siquiera supo en qué momento aquel demonio de espectacular belleza se llegó a calar tan profundo en su corazón, y ese lazo fue haciéndose más fuerte en cada nueva aventura que afrontaban. Ahora que lo recordaba, aún si fue el destino, bendecía ese destino que lo puso en su camino y bendecía también la rabia de aquel momento que le hizo reaccionar de manera violenta por la ofensa hacia su madre.

Sencillamente, había llegado a la conclusión de que Wolfram era su persona predestinada. El amor es así. Te atrapa y no da explicaciones. A veces ni siquiera tiene sentido, pero lo importante es que te hace feliz. Y uno viene al mundo a ser feliz.

Ahora bien, una incógnita surge de todo esto: si Yuuri y Wolfram sostenían un compromiso sólido e inquebrantable ¿Por qué casarse a tan temprana edad? ¿No hubiese sido mejor esperar?

Yuuri en la tierra poseía la edad de dieciocho años. En su mundo ya no era muy común que las parejas contrajeran matrimonio a tan temprana edad como en los viejos tiempos, los tiempos de los abuelos. A lo mucho las parejas llegaban a vivir juntos, sin boda civil ni mucho menos por la iglesia, cegados por aquella etapa de enamoramiento que los hacía pensar que no podían vivir ni respirar sin el otro, y eso era válido, y también dependía de la perspectiva de cada quien.

En el caso de Yuuri y Wolfram, fue un hermano furioso y cegado por la rabia el que los hizo dar ese gran paso. No era una situación que al gran Maou, respetado y reconocido como el precursor de la paz entre las naciones, le gustara recordar. Fue una mañana en la que no fue Conrad quien llegó en la mañana a la habitación real para desearles buenos días, sino Gwendal. Todo en orden hasta ahí, sino fuese por el hecho de que los encontró a ambos desnudos debajo de las sabanas haciendo…bueno, ya tendrán una idea. Nunca antes les había sucedido. Esa mañana, los tomó desprevenidos la persona equivocada. Y eso fue suficiente para que el indignado hermano mayor, respaldado por aquellos buenos principios y valores de la monarquía Mazoku, exigiera una boda.

No. No estaba en los planes de Yuuri casarse tan pronto. Lo iba a hacer por supuesto, pero deseaba planearlo con más tiempo y no que fuese una especie de boda exprés, ¡por favor! Como si Wolfram pudiese quedar embarazado. Sin embargo, sus pensamientos negativos sobre el asunto se esfumaron pronto cuando, en medio de un gran sermón (por parte de Gwendal obviamente), observó la expresión en el rostro de su prometido. Wolfram estaba sonrojado, pero más que por el bochorno, estaba sonrojado ante el anhelo y las ansias de dar el sí frente al altar. Se lo decían sus ojos, brillantes como esmeraldas con el reflejo de la luz del sol. Y eso bastó para que Yuuri sonriera placenteramente ante ese hecho, satisfecho con la idea.

 

***

 

 

Esa misma mañana, con total confianza, abrieron la puerta de la oficina del Maou.

Yuuri se dio la media vuelta y esbozó una sonrisa al percatarse de quien se trataba. Esa persona no se molestó en anunciarse. Se sentó en una de las sillas frente a su escritorio, prendido en un libro que tenía en sus manos, cruzó una pierna, y siguió leyendo.

Manteniendo la misma sonrisa, Yuuri tomó asiento frente a esa persona y se le quedó mirando ensimismado. ¿Podría saber su “consorte” lo mucho que deseaba besar sus labios cuando lo observaba tan atraído en alguna actividad? Eran esos rasgos finos y elegantes en su entrecejo, la manera en la que se movían sus bonitos ojos crespos de un lado a otro, y la manera en la que inconscientemente se mordía el labio, lo que lo atraía. Con un suspiro, se contuvo. Porque también sabía que cuando estaba ocupado en alguna actividad, sea lectura o pintura, no debía interrumpirlo.

Mas pronto de lo que imaginó, una risilla maliciosa escapó de los labios de su consorte, al parecer por algo que había leído, y Yuuri no pudo desaprovechar esa oportunidad.

—Dicen que los que se ríen solos de sus travesuras se acuerdan.

La voz de su esposo captó su atención, Wolfram bajó el libro y desvió la mirada hacia él.

—No me hagas caso, es algo que acabo de leer de este libro —explicó señalando —. Lo tomé de la biblioteca al azar. Al principio pensaba devolverlo y tomar otro, pero extrañamente pasé de la primera página a la segunda y así sucesivamente, hasta esta parte.

Yuuri se levantó de su asiento con lentitud para situarse detrás de la silla de Wolfram y abrazarlo por la espalda, curvándose un poco para tener un acceso más íntimo a su cuello.

Wolfram sintió el roce ligero y tibio de su aliento en su cuello. Ladeó la cabeza y esperó. Acto seguido, los labios de Yuuri rozaron los suyos. Aunque fue una simple caricia, experimentó un sinfín de emociones. Jamás dejaría de sentir esos escalofríos por él.

—¿Puedo saber de qué se trata? —le preguntó su esposo, suavemente.

Tras un leve sobresalto, Wolfram reaccionó y logró procesar la pregunta en su cerebro sintiéndose al instante un poco cohibido.

—No importa —apretó el libro con fuerza contra su pecho —. No es la gran cosa.

Yuuri curvó sus cejas con renuencia —Umm…Lo que sea, si se trata de ti, es importante para mí. Por algo soy tu esposo —recalcó, muy a gusto con la idea.

Wolfram se mordió el labio, nervioso.

—No te preo--…

No supo en qué momento había dejado de sostener aquel libro ni cuando se lo había arrebatado, ya que lo siguiente que vio fue a un Yuuri sorprendido y sonrojado leyendo el titulo del bendito libro.

—¡¿Ka- kamasutra demoniaca?! —exclamó en voz alta, sin terminar de creérselo.

Wolfram se levantó de un salto.

—Ves, sabía que reaccionarias así —se apresuró a aclarar, muerto de la vergüenza.

Intentó arrebatarle el libro de las manos, sin embargo, Yuuri era más alto que él, por lo que fue suficiente que alzara el brazo para impedirlo.

Más que disgustado, Yuuri estaba anonadado.

—No, bueno…. Solo que no pensé que a estas alturas te interesaría estas cosas mi amor… con las experiencias que tenemos diario pues…

—¡Serás enclenque! ¡No es por eso! —le ladró, esta vez enfadado—. Ya te lo dije… —su rostro volvió a enrojecer —, ci-ciertas cosas me resultaron…interesantes...

—¿Cómo cuales? 

Wolfram resopló fastidiado con la repentina curiosidad de ese enclenque. Pues bueno, si quería la verdad, pues la sabría, aunque sabía que no le causaría la menor gracia. Lo siguiente que hizo fue señalar con el dedo índice una página en específico y su esposo comenzó rápidamente a leerla.

“Durante todo acto sexual, siempre hay alguien dominante y alguien pasivo. Los roles pueden variar según la química de la pareja. Lo que nunca cambia ni puede cambiar es quien lleva la PASIÓN. Ese individuo es quien doblega al otro a sucumbir a sus deseos, a entregarse, a delirar, a fantasear. En resumen, es quien tiene el control en la cama”

Al finalizar con la cita, Yuuri levantó la cabeza y lo miró confundido.

—¿Esto fue lo que te hizo reír?

Los labios de Wolfram se curvaron en una sonrisa sagaz.

—Respondía a la pregunta en mi mente —explicó con naturalidad. Su sonrisa se ensanchó cuando añadió: —¿Quién de los dos lleva la pasión en nuestro matrimonio?

Yuuri infló el pecho con orgullo, creyéndose el dominante.

—Obviamente yo —continuó su consorte.

Yuuri casi se va de bruces. Fue como si le tirasen encima un jarro de agua bien fría. ¿Cómo que “Obviamente yo”? ¿Acaso sabía lo que acababa de declarar? De pronto comenzó a reír con arrogancia ante un Wolfram que no se esperaba esa reacción.

—Es una broma ¿Cierto Wolf? Porque está claro que el dominante, soy yo —contradijo al volver a retomar el aire, como si le hubieran contado el mejor chiste de su vida.

—¿Disculpa?—fue el turno de Wolfram en alzar una ceja.

Yuuri no se dejó intimidar. Nadie podía poner en tela de juicio su masculinidad, mucho menos su hermoso esposo.

—¿Quieres que te recuerde quién es el que está la mayoría de veces debajo pidiendo por mas?

Wolfram abrió la boca exageradamente ante esa osada pregunta, la cerró rápidamente y suspiró antes de responderle a la defensiva.

—Tal vez sea la mayoría de veces quien está debajo, pero es porque así me gusta más. Así lo deseo. Así disfruto más de ti. —llevó las manos a la cintura, seguro de sí mismo, y añadió, venenosamente: —. Pero si no fuese por mi pasión, tú no te excitarías, mucho menos acabarías…demasiado pronto en algunas ocasiones.

Eso fue la gota que derramo el vaso. Yuuri se acercó a Wolfram y tomó posesión de su cintura de manera violenta mirándolo fijamente.

—Así que eso piensas de mí. ¿Eh? —se atrevió a decir, pasados unos insoportables segundos repletos de tensión. —Quizás deberías hacer memoria, mi amor —siseó acercando su rostro al de él, sin llegar a posar sus labios en los suyos —Andando. Vamos a la cama, ahí sabremos quién domina a quién.

Wolfram extendió sus brazos para tomar distancia de él con un empujón, y tras mirarlo de arriba abajo, se dio la media vuelta y caminó hacia la salida.

—Si eso quieres….

Y sin perder ni un maldito segundo más de lo que podía soportar, Yuuri le siguió.

 

 

 

*****

 

 

Caminaban como dos furias en el largo pasillo. Sus pisadas fuertes y constantes, una tras otra, manteniendo una postura recta e imponente. Los sirvientes y soldados los miraban con incógnita, pero a ellos no parecía importarles.

Nunca el camino a su habitación les había parecido tan largo. Caminaban y caminaban, y parecía que nunca llegaban a su destino: su habitación.

Durante el trayecto, se encontraron con Gunter, quien al ver a los reyes de esa manera tan atemorizante, no pudo evitar seguirlos a paso apresurado (pues no habían tenido la delicadeza de detenerse) y preguntarles si algo malo sucedía. Lo que Yuuri le dio por respuesta fue lo siguiente:

—“Terminé con el papeleo, tengo la tarde libre. Sea cual sea la razón, no quiero que me busquen durante el resto del día” —y con una sonrisa socarrona añadió: —“Ordena que nadie de acerque a los aposentos reales a unos veinte metros o más, quiero absoluta privacidad” —en un susurró inaudible, se dijo —“Los gemidos de mi esposo son míos y de nadie más”

Y así, en el pasillo quedó un consejero con más preguntas que respuestas.

 

 

***************

 

 

 

La puerta de la habitación se cerró con llave. Acto seguido, sin decirse nada, cada uno comenzó a despojarse de sus prendas de manera desesperada, lanzando la ropa al suelo como si les fuesen estorbosas, y la verdad si lo eran.

En cuestión de segundos, Yuuri se despojó de las prendas que cubrían la parte superior de su cuerpo, quedando desnudo de los hombros a la cadera. Sostuvo la mirada un momento en la chaqueta que cayó con elegancia, evitando a propósito mirar cómo su consorte se abría los primeros botones de la camisa. No había tiempo para el romanticismo, era claro que esta era una lucha de poder. Sin embargo, al notar la intensa mirada de Wolfram sobre él, tuvo que levantar la vista indolentemente para encontrarse con su expresión satisfecha y ese atractivo cuerpo semi-desnudo.

Yuuri avanzó a grandes zancadas hacia él, levantó una mano y le acarició el pelo rubio con violencia antes de acercar sus rostros y atrapar sus labios. Ebrio por su sabor, le acarició la lengua con una urgencia febril, suplicándole de esa forma que le devolviera el beso.

Y Wolfram lo hizo.

De buena gana.

La manera en que Yuuri lo besaba era nueva, cargada de deseo, de erotismo. Wolfram se estremeció al sentir esa explosión de sensualidad sorpresiva; se disolvió en una tormenta de sensaciones que recorrió cada poro de su piel. Supo que Yuuri estaba dispuesto a hacer de todo con él en esos instantes, no pensaba detenerse, no pensaba ser gentil. Sonrió satisfecho, gimiendo altamente, viéndose a si mismo demasiado excitado con la idea.

Yuuri se apartó de sus labios para mordisquearle el cuello. La caricia hizo que Wolfram se estremeciera, momento que él aprovechó para inclinar la cabeza y soltar un murmullo satisfecho. Era tan claro como el agua, era él quien tenía el control. Su mano se encontró diestramente con su parte media, justamente sobre su erección cubierta por una diminuta tanga. Lo contorneó con los dedos, masturbándolo sobre la tela ligeramente húmeda. El calor del pene de Wolfram sobrepasaba la prenda y se notaba que necesitaba respirar al igual que sus testículos.

Wolfram gimió profundamente, estremeciéndose por el toque. Estaba dolorosamente duro y caliente ahí abajo. Pero él necesitaba tocar, sentir, acariciar. Deseaba darle el mismo placer que estaba experimentando a su esposo en esos momentos, por ello comenzó a desabrocharle el botón del pantalón, bajando inmediatamente el cierre.

Hubo un pequeño lapso de espera entre el momento en que Yuuri cargó a Wolfram en brazos para depositarlo en el lecho matrimonial, y se levantó para deshacerse de los pantalones y los interiores, dejando a la vista su deleitoso y bien dispuesto pene erguido, la punta del mismo brillaba por el liquido seminal que escurría desde la hendidura hasta la base, su bonito miembro era adornado por dos sobresalientes y palpitantes venas y daba la impresión de que no podía crecer más.

Yuuri se acostó encima de Wolfram tras lo cual se dispuso a darse un festín con sus pezones. Lamió uno de ellos con suavidad y lo mordisqueó, logrando que él se retorciera, atrapado entre su cuerpo y el colchón, y le pidiera más. Animado por su reacción sumisa, separó los labios, se metió el pezón rosado en la boca y lo succionó con fuerza al tiempo que deslizaba las manos por la espalda y le apretaba las nalgas. Lo tenía tan duro que le palpitaba, suplicándole que lo poseyera en ese mismo momento.

O eso creyó.

De manera sorpresiva, habían cambiado los papeles.

Wolfram logró colocarse arriba, sujetando con fuerza las manos de Yuuri para inmovilizarlo. Una sonrisa victoriosa se formó en la comisura de sus labios. Yuuri había caído redondito en su trampa. ¿Quién le daría placer a quien? La respuesta, era sencilla.

Lentamente, fue bajando hasta encontrarse con la masculinidad de su esposo. Tan grande y grueso como le gustaba, visiblemente llamativo y lubricado. Se sintió de pronto drogado, borracho, intoxicado por la pasión. Se lo llevó a la boca y comenzó a chuparlo desde la base hasta la punta. Lamiéndolo como si de una paleta se tratara.

Yuuri respiraba fuertemente, intentaba recuperar la cordura con el cuello echado hacia atrás. Perdió el hilo de sus pensamientos, gruñó de placer, y clavó los dedos en las sabanas a medida sentía el ritmo devastador de la lengua de Wolfram sobre su pene. De pronto, la sensación de placer se convirtió en dolor. Sorprendido, abrió los ojos. Sabía perfectamente de que se trataba. Wolfram estaba metiendo los dedos dentro de su ano, preparándolo para una próxima penetración. Eso no le gustó. Se había dejado llevar por un momento pero se dio cuenta que había caído momentáneamente en su trampa. Porque quien gritaría extasiado por el placer de las embestidas no sería él. ¡No señor!

Con decisión, intentó revertir posiciones, pero le resultó imposible. Wolfram antes de ser el consorte del rey fue un soldado. Asistió a la academia militar que no era nada diferente a las de la tierra por lo cual detrás de esa apariencia fina se escondía un guerrero fuerte e invencible en la lucha cuerpo a cuerpo. Maldijo en sus adentros.

Wolfram paró con su labor un momento, luego volvió a encontrarse con el rostro de su esposo. Deslizó sus labios por la curva de su cuello y llegó hasta su oreja plantándole un dulce beso.

—Te tengo —le susurró seductor al oído.

—¿A si? —Yuuri levantó la vista y sus cuerpos volvieron a enardecerse con sólo mirarse.

Fue suficiente para su grado de paciencia.

Con un certero movimiento, Yuuri cambió de posiciones sorprendiendo a Wolfram con la potente fuerza que utilizó para lograrlo.

—¿Tú crees? —musitó recorriendo sus muslos con las manos llevandose consigo la ultima prenda que le quedaba. Pasó los antebrazos por debajo de sus rodillas, separándolas, y colocó las manos bajo sus nalgas. Aquella posición lo alzaba y colocaba su cuerpo en una mejor inclinación para una penetración. Y así lo hizo. De una sola embestida se introdujo dentro de Wolfram que no esperaba esa acción. —Yo no lo creo —añadió victorioso.

La sensación fue una mescla entre el asombro, el dolor y el placer. Wolfram arañó la espalda de Yuuri con las uñas recorriendo con ellas un camino de sangre, él gruñó por el ardor, pero no era comparado con el dolor del otro. No había sido previamente preparado y como era natural, al ser penetrado tan abruptamente se sintió desfallecer.

Yuuri se quedó muy quieto en su interior.

—Shhhh… tranquilo —murmuró sobre su boca.

Se quedó unos largos minutos por completo dentro de Wolfram, invadiendo cada suave pared de su interior, pero sin moverse, sólo besándolo, jugando con su lengua, mordiendo sus labios, ocupando su territorio sin explorar los alrededores…amándolo…

Se tomó varios minutos para que Wolfram se ajustara, pero cuando lo hizo, quiso rogarle a Yuuri para que se moviera.

Entonces –finalmente- Yuuri empezó a moverse y complacido sentía cómo Wolfram se cerraba en torno a él y respondía con descaro a sus penetraciones.

—Te tengo. —declaró Yuuri esta vez, con la misma frase de su consorte.

Para Wolfram, ya nada importaba. El vaivén del miembro de Yuuri dentro de él era la mejor de las sensaciones, más ahora que había acelerado el ritmo. El calor abrumador que sentía dentro de sí era exquisitamente delirante. Ese golpeteo constante de sus testículos contra su trasero lo llevaba lentamente a la gloria. Enredó los dedos en su pelo y lo besó.

—Sí... me tienes... —gimió, deslizando los labios por su mejilla y llegando a su cuello. —Y yo te tengo a ti.

Y con esas palabras, Wolfram invirtió las posturas, manteniendo la unión. Los únicos ojos que le importaban eran los de Yuuri. Cabalgó sobre él con tanta ferocidad como cuando montaba a caballo. Y, cegado por la lujuria, Yuuri le clavó las uñas en las piernas. Su piel, tan blanca como la porcelana, enseguida quedó marcada por los arañazos.

—¡Wol-Wolfram! —su voz sonaba enronquecida por el placer. La cama rechinaba por el movimiento frenético. Ambos gemían a la par, estaban a punto de sucumbir.

—Acaríciame —rogó el consorte real sin ninguna vergüenza —. Acaríciame aquí —llevó la mano de su esposo hasta su entrepierna y apretó sus dedos en torno a su miembro palpitante que exigía atención.

Yuuri comenzó una masturbación casi violenta, excitante, energética. De arriba abajo, firmemente, haciendo que Wolfram inhalara profundamente y se arqueara hacia atrás.

El viento de la tarde entró a través de las ventanas y los refrescó, pero no había nada que pudiera detenerlos, nada que pudiera apagar el fuego de sus cuerpos acoplándose.

Wolfram se sentía cerca del éxtasis, Yuuri igual. El fuerte cosquilleo placentero rondó por sus cuerpos, advirtiéndoles. Y por fin, gimieron y gritaron el nombre del otro al llegar al orgasmo. Los músculos de Wolfram palpitaron con tanta fuerza que provocó que Yuuri eyaculara violentamente dentro de él.

A medida se recuperaban de la reciente explosión de placer, Wolfram permanecía sobre Yuuri, sudoroso, agitado, pero feliz y satisfecho. Su esposo continuaba dentro de él como una estaca y respiraba agitadamente con los brazos extendidos en la cama.

La respuesta a la incógnita del libro no había sido resuelta. Ninguno había sido realmente el dominante. Ambos disfrutaron por igual. Los libros se pueden equivocar. La teoría está muchas veces lejos de los hechos. No hay nada definitivo con el amor. La pasión es algo que se comparte, no algo con lo que se compite.

—Un empate…

Wolfram escuchó la voz susurrante de Yuuri y se inclinó hacia él para robarle un beso. Lo beso larga y lentamente, y para Yuuri fue como un banquete de sensaciones dulces y sensuales. Wolfram sabía a qué se refería, y opinaba lo mismo.

—Dejémoslo en un empate… —musitó cerca de sus labios.

Wolfram asintió ligeramente con la cabeza antes de volver a tomar posesión de sus labios. Volverían a hacer el amor de seguro, pero ésta vez, sin ser tan bestiales.

—Es mi turno, Yuuri…—advirtió. Sus ojos ardientes recorrieron su rostro con obvia satisfacción masculina.

Aceptando sin decir nada, Yuuri le abrió las piernas para dejar que se acomodara en medio de ellas.

La lengua de Wolfram recorrió desde el cuello hasta el pecho de Yuuri, donde chupó y lamió sus pezones. Lenta y torturantemente.

Yuuri cerró los ojos dejándose hacer mientras Wolfram se deleitaba de nuevo con su cuello. Irresistiblemente, jugó con su lengua sobre la oreja del otro y la mordió, apretándolo contra él, tirándole del pelo, como alguien que exige por más. Luego, posó sus morenas manos sobre sus firmes glúteos y lo apretó contra él simulando unas embestidas contra sus miembros nuevamente excitados. Dejó escapar un gemido cuando Wolfram lo besó salvajemente en los labios. Se sentía como si un fuego ardiera en cada una de sus células, y cada caricia de su lengua, acrecentaba las llamas. Un demonio de fuego, eso era su consorte.

Pausando por un momento, Wolfram lo miró de arriba abajo. Tenía los pezones húmedos y erguidos por sus lametones. Se estremecía por entero. Había separado los labios, que estaban hinchados por sus besos, y jadeaba como si le costara trabajo respirar. El oscuro de sus ojos estaba ensombrecido por el deseo y lo miraba de forma penetrante. Una mirada que le decía que estaba preparado.

Se sujetaron de las manos y Wolfram se abrió camino, sin apartar los ojos de los Yuuri y con los dedos entrelazados, comenzó a introducirse lentamente.

—Wolf —gimió Yuuri dejándose invadir y mordiéndose el labio mientras se estremecía —Con cuidado...

—Ya casi estoy…relájate —le dijo, arrastrando dulzura con sus palabras.

Yuuri quedó inmóvil al notar el calor y la presión que, centímetro a centímetro, lo penetraba. Todavía le asombraba lo placentera que le resultaba esa invasión, años atrás, y jamás lo hubiese creído de sí mismo, pero ese pasado oscuro no valía la pena ser recordado. Por un instante, sintió una punzada de dolor y dejó escapar un gemido ahogado, Wolfram se introdujo profundamente en él de una sola vez y la excitación volvió a dominarlo, como una descarga eléctrica. Esperó unos segundos, y comenzó a mover las caderas a un ritmo placentero y moderado.

La danza erótica que Wolfram ejecutaba iba en aumento, imponiendo un ritmo que a Yuuri le causaba un gran placer, acelerándole el corazón y estremeciendo cada fibra de su ser.

Cada vez que salía y entraba en él, reclamaba algo más que su cuerpo. Reclamaba el derecho que tras años de lucha había ganado sin dejarse vencer por un tonto prejuicio de la tierra. Porque el amor es un sentimiento. Y un sentimiento no conoce de razas o de género.

Para el amor, no existen fronteras.

Cuando Yuuri rodeó su cadera con las piernas, Wolfram sonrió. Parecía contento allí debajo mientras lo penetraba, sus intensos movimientos estimulaban algún sitio dentro de él y lo hacían gemir roncamente.

Sujetó sus manos bajo sus caderas y todos sus músculos se contrajeron cerrándose, estremeciéndose. Explotó dentro de él y cuando se corrió lo hizo también Yuuri. Fue tan increíblemente intenso, que un grito profundo salió de su garganta.

 

Tiempo fuera.

 

Ambos se arrastraron por la amplia cama, que era un revoltijo de sabanas con olor a semen, respirando agitados, agotados, llenos del otro. Cuando miraron por la ventana al exterior, se dieron cuenta que ya había anochecido. Restándole importancia a ese detalle, Wolfram se tumbó sobre el pecho de su esposo y ahí permaneció recuperando las fuerzas.

—Nos saltamos la cena —murmuró Yuuri de pronto, masajeándole la espalda

—Iremos a asaltar la cocina más tarde —respondió Wolfram acariciando su piel sudorosa con los labios y alzando sus cejas para mirarlo. Una sonrisa de esas que le gustaban se formó en el atractivo rostro de su enclenque, conocía esa sonrisa.

—Sí, más tarde. Por ahora déjame saciarme de nuevo con tu “Pasión”

Su esposo deslizó una mano de nuevo hasta su parte más íntima y volvió a frotar su entrepierna. Lo sabía.

—Eres insaciable.

—Mira quién lo dice.

Yuuri se metió de nuevo en su interior, sin pedirle permiso, simplemente tomando de él cuánto quería. Wolfram lo miró con ojos implorantes, pidiendo más. Volvieron a sucumbir al placer y llegaron juntos de nuevo al éxtasis. Besándose, aferrándose el uno al otro, dejándose llevar por su pasión…

La pasión es la emoción más intensa que existe.

La pasión en una relación amorosa, está representada por la atracción y el deseo que se siente por la otra persona

La pasión es el resultado del erotismo y tiene connotaciones emocionales muy diversas. La pasión no es más que una respuesta a estímulos como olores, sabores, sonidos caricias…

La pasión es el volcán de las emociones, el motor de la vida y, sobre todo, del amor. Cuidar de esa llama, y mantener el fuego, es la fórmula infalible para evitar la rutina en una relación.

La pasión fortalece la unión de la pareja por un periodo de tiempo determinado. Sin embargo, para que una relación de pareja se consolide en el tiempo o dure toda la vida, es necesario encontrar el verdadero amor, lo cual necesita de constancia, esfuerzo, confianza, comprensión y, compromiso.

 

—Wolf…

—¿Umm? ahh…

—Te-Te amo, mi cielo.

—Yo también… te amo. 

 

Fin.

 

 

 

Notas finales:

Si llegaste hasta aquí significa que llegaste hasta el final y no saliste huyendo de este one shot xD

Bueno, muchísimas gracias por leer. Tenía esta espina clavada en la mente. Como cuando no puedes avanzar en algo más si no lo haces.

Yo quería hacer unos one shot de las pasadas fiestas: Navidad y año nuevo, pero no pude por falta de tiempo. Pero con San Valentín no quería que fuese así. Espero que se haya entendió, y que no sea tan malo. :p si lo fue, lo siento T.T

Fue mi primera vez en hacer un Yuuri Suke. Uke… lo que sea. Sentí raro. T.T…

El capítulo del otro fic va en un 75% lo juro :`D prometo avanzar pronto.

Nos leemos.

Gracias de nuevo.

Bendiciones.

 

 

 


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