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Café Sakura por Miraku

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Notas del capitulo:

Por fin me dio tiempo para actualizar!!!! Seeee!!!!! Ocai me calmo UnU

Holaaa!!!!! Espero que disfruten del capítulo, Sin más a leer:

Pero, por su lado Yuuki se emocionó plenamente cuando Kotaru llegó, se sentía tan feliz, tan seguro, ¿debería contarle todo sobre la situación actual? No estaba seguro, no quería arruinar el día de hoy, no quería ponerle peso en la espalda de Kotaru por sus propios pesares, Yuuki lo único que quería era ver a su novio sonreír para él, no sentir lástima o algo por el estilo:
            —Bien, ¿y qué quieres hacer? —Kotaru abrazó por la espalda al menor, una vez que estaban en la sala de la casa.
            —Lo que tú quieras, Kotaru —sonrió el chico mientras volteaba a ver de frente a Kotaru.
            —¿Lo que sea?, ¿Estás seguro, Yuuki? —usó un tono sugerente el peli negro.
            Yuuki comprendió la broma de su pareja y ante ello, se sonrojó a más no poder; su novio tiende a hacerle ese tipo de bromas, pero a veces pensaba que posiblemente realmente quería aquello y sentía demasiados nervios, no sabía que responder. Kotaru se dio cuenta del debate interno de su pareja y se sintió mal, no debió hacer ese tipo de comentarios, ponía nervioso a Yuuki, sonrió y después de haberle revuelto sus cabellos, besó su frente y habló con un tono dulce:
             —Yuuki, es una broma, no te pongas nervioso, sabes que yo nunca te obligaría a hacer algo que tú no quieras.
            Yuuki sonrió, su pareja siempre sabía componer las situaciones:
            —Ven, vamos a mi cuarto a jugar.
            —Vamos pues…
            Yuuki tomó la mano de Kotaru para llevarlo hasta su habitación, entraron y Kotaru se sentó en el suelo -como ya de costumbre de él- mientras el castañito iba hasta su closet y de él sacaba un juego de mesa y volvía con su pareja. Kotaru sonrió y sin nada que esperar, comenzaron a jugar. Pasaba el rato, Yuuki iba ganando y decidió apostar con su novio:
            —Tengo una idea, si yo gano me compras un helado. —habló feliz el chico.
            —¿Qué pasaría si yo ganara? —respondió el mayor interesado.
            —Bueno, si eso llegara a pasar yo te compro el helado.
            —Me parece justo.
            Aunque en la mente de Kotaru tenía otra idea.
            El siguiente turno era de Yuuki, y para su suerte cayó en la casilla donde tenía que retroceder el número de casillas equivalente al número que salió en el dado al momento de lanar, el cual fue cinco. Ahora ambos estaban en empate, Kotaru lanzó y el dado dio seis, el número de casillas que faltaban para llegar a la meta, por lo que él era el ganador.
            —Me debes un helado, pequeño. —sonrió.
            —Tengo el presentimiento de que haces trampa, pero bueno un trato es un trato. —hizo un puchero Yuuki mientras comenzaba a guardar el juego en la caja. Kotaru le ayudó.
            Una vez que Yuuki guardó la caja, puso sus manos en la cintura (estaba en frente de la cama, donde estaba sentado Kotaru) dando la espalda al mayor. Kotaru sonrió tomó del brazo al chico y lo jaló hacia su cuerpo, provocando que este cayera sobre él, acostados en la cama, entrelazó su mano con Yuuki y con su otra mano la posó en la nuca del chico para acercar su rostro con el de él y juntarlo en un dulce beso, el cual fue correspondido sin chistar, movían sus labios al compás contrario del otro, Kotaru sonrió, adoraba estos momentos que tenía con su pequeño, poco a poco el beso se volvió un poco más rudo y pasional, las lenguas de ambos se entrelazaban, la de kotaru daba vueltas sobre la de Yuuki, tomando la rienda del beso, recorriendo con ella la boca de Yuuki, provocando una especie de gemido en el chico al sentir tal caricia por parte de su novio, se separaron para coger aire. Yuuki estaba muy rojo, tenía calor y cerró los ojos al sentir como Kotaru le daba besitos en su cuello, unos muy fugaces, por toda piel que se encontraba:
            —Kotaru… a-ahora n-no… —dijo con algo de dificultad el chico.
            El peli negro paró su labor para ver a los ojos de Yuuki, una imagen muy exquisita, lo admitía: Yuuki sonrojado, con su respiración agitada y sus ojos medio cerrados, algo que solo Kotaru podía ver y eso le encantaba.
            —¿Sabes qué? Mejor yo invito los helados. —dijo Kotaru mientras se sentaba y acomodaba a Yuuki entre sus piernas y este lo abrazaba por el cuello.
            —Sí, eso está mucho mejor, ¿vamos? Aún hay muchas que hacer y el día es joven. —sonrió ampliamente Yuuki.
            Kotaru cargó al chico como si una princesa fuera y sonrió en forma de asentimiento, cuando iban a bajar las escaleras, Kotaru lo dejó en el suelo, muy poca gente sabía su relación y si de algo tenía preocupación Yuuki, era que sus padres se dieran cuenta de ella y volvieran a hacer lo que pasó con Mauro, aunque claro, Kotaru no lo abandonaría como él lo hizo, lo había engañado, solo jugó con sus sentimientos, tenía fe de que Kotaru no haría eso, lo sentía, sentía como lo amaba con tal fuerza como Yuuki lo amaba a él.

En Italia, en la mansión Abadinchi, estaba atareada, pronto comenzaría el gran evento que esta familia ofrecía cada año como forma de agradecimiento a las familias asociadas con ella (siendo el día 2 de su estadía allá) y para celebrar el aniversario de la fundación de las pastelerías. Augustina estaba a cargo de que la decoración saliera a pedir de boca, no por nada era la señora de Abadinchi. Con un porte serio veía que todo fuera en orden, detestaba que algo saliera mal y detestaba más que la servidumbre preguntaran por Yuuki, el cual solo venía de vez en cuando a la mansión por vacaciones, pero jamás lo veían cuando eran reuniones sobre el trabajo o fiestas de este estilo, eso tenía cansada a Augustina, ¡si no fuera por culpa de la “enfermedad” de Yuuki, no tendría estos conflictos! Pero estaba mejor así a que ese chico echara a perder la imagen de la prestigiosa familia, también le daba coraje que por culpa de que él era el único primer varón que ella tuvo, por ley él era el heredero de toda la fortuna, Augustina quería que Nagisa -su consentida- fuera la que se quedara con todo, pero sí de algo ya se dio por vencida, era insistir sobre aquello con su esposo, el cual que por más que quisiera que fuera así, no podía, las palabras del padre de Carlo -el fundador de las pastelerías- eran clara y concretas: “únicamente se podrá tomar total posesión de las herencias en cuanto se trata de tener las pastelerías, los terrenos, casas y fortuna dejada por el anterior Abadinchi jefe, si el sucesor es varón, no importa si fue el primero o último de los hijos nacidos, con que sea el primer varón nacido automáticamente pasara toda, absolutamente toda la herencia de la familia.” Le daba coraje, al recordar aquel mensaje, apretó con suma fuerza unos papeles que estaba sosteniendo. Mary presenció aquello, y solo negó levemente con la cabeza en forma de desaprobación en cuanto al comportamiento de su hermana; como le gustaría que su adorado sobrino estuviera aquí, probablemente, sentiría el ambiente menos pesado y olería a los deliciosos postres que Yuuki hacía. Augustina volteó viendo cómo su hermana se acercaba a donde ella se encontraba.
            —Hermana, necesito que vayas a ver si en el jardín ya está todo montado, no quiero ningún fallo, mientras yo iré a ver cómo van los cocineros, ¿entendido o repito?
            —No, no lo necesitas hacer hermana, enseguida voy hermana. —sin nada más que decir, Mary se fue de ahí.
            La puerta principal se abrió, dando paso a Nagisa y Mauro, que fueron de compras y paseo por los alrededores de la cuidad, Mary volteó de reojo y sus ojos se abrieron como platos ¡detestaba ver a ese tipo! Por culpa de él, Yuuki no pudo llevar su vida normal y sus padres lo trataban peor que nunca, no en cuanto a abuso físico pero de la forma emocional sí que lo lograban, lo atacaban fuertemente. Mary apretó sus puños con tal fuerza que la sangre dejó de fluir dejando sus nudillos blancos, temblaban y sin decir nada salió al jardín, no quería ver a ese tal Mauro.
            Por su lado, Augustina sonrió ampliamente al ver al atractivo Mauro, el cual se acercó a ella con Nagisa, planeaban poner ya de una vez su plan en acción.
            —Muy buenas tardes, Augustina, que bella se ve hoy, como siempre señorita.
            —¡Ay Mauro! Qué lindo y caballeroso como siempre, ¿qué te trae unas horas antes del baile?, ¿Le hacía compañía a mi hija?
            —Además de ello, señorita, que por cierto su hija es ya una mujer, que rápido pasó el tiempo, el año pasado no era nada a lo que es ahora, lo mismo con usted, ambas son ahora dos dulces rosas exquisitas y hermosas.
            Ante el piropo, Augustina y Nagisa se sonrojaron un poco, sin duda este joven era todo un galán, uno muy encantador por cierto.
            —Ven, vamos a la sala para hablar más tranquilos.
            El plan estaba saliendo a pedir de boca, y lo mejor Augustina era cegada por el encanto de Mauro, por el inmenso favoritismo que le tiene a Nagisa y le repugnancia que sentía por su hijo, Yuuki. Sería fácil convencerla.

Ya era la noche, la mansión se veía espectacular, elegante y brillosa, los candelabros de cristal que decoraban el lugar, se encontraban prendidos y dando luz al salón principal que tenía la casa, una pista de baile que era rodeada por mesas que eran decoradas con manteles blancos y azules oscuros y de centro de mesa un jarrón que se veía caro de flores exóticas y de agradable aroma, había un escenario, donde pronto la cabeza de la familia Abadinchi daría su clásico discurso en forma de agradecimiento por haber venido y apoyado a los negocios que han dado un gran avance con el paso de tiempo. Y por el lado del jardín, estaba decorado para jóvenes de entre la edad de Yuuki y Nagisa, escenario con luces, una mesa con bebidas y botanas, sillas, un DJ, todo debajo de una enorme carpa con luces enrolladas en los postes y candelabros dando nítida luz, ahí eran para los hijos de las familias, pues los invitados eran demasiados. Nagisa traía el vestido que ella hizo, se le veía hermoso, debajo de él, traía unos tacones altos de color plateado, su cabello lo enchinó y le dio volumen, haciéndose un peinado de lado (o sea el cabello por un lado, sostenido por unos pasadores del lado contrario) y su fleco lacio, maquillada ligeramente con solo un brillo labial rosado, delineador negro y rímel del mismo tono, sin duda se veía muy hermosa. Mauro se acercó a ella, traía una camisa a rayas muy finas de color azul oscuro y negro, arremangada en tres cuartos, fajada en un pantalón un poco ajustado y largo de salir color negro y unos mocasines azul con algunos toques cafés claros, se veía bastante guapo.
            —¿Ya está todo listo, adorable Nagisa? —habló Mauro mientras se cruzaba de brazos y sonreía.
            —Así es, solo hay que esperar el discurso de mi padre, que mi madre dé el anuncio y listo, la segunda fase de nuestro plan entrará en acción.
            —¿Habrá algo de qué preocuparse?
            —No lo creo, todo saldrá bien, después solo habrá que esperar dos días más y volver a Japón, está saliendo perfecto.
            Mauro sonrió y ambos fueron a saludar a los jóvenes que llegaban a la fiesta, con el fin de parecer gentes buenas y no arruinar al ameno ambiente que había.
            Mary estaba en su habitación, sentada en frente del espejo, sentía que algo malo iba a pasar, no la dejaba esa sensación. Se encontraba arreglando su peinado que era una trenza francesa que nada más agarraba media parte de su cabello, la superior, su vestido era un largo color aguamarina claro que nada más la parte del corpiño era ajustada, de dos tirantes gruesos, tenía un juego de joyería completo, collar, aretes, pulsera y anillo color plateado con una esmeralda real en el centro y suspiró; escuchó que tocaron a puerta y respondió con simple “Adelante” dando paso a Carlo, quién la estaba buscando:
            —Mary, ¿por qué no has bajado? Mi mujer te está buscando. —habló el hombre serio.
            —Lo siento, Carlo, voy para allá, ¿ya vas a dar tu discurso?
            —Sí, y sabes que siempre me gusta que tú y Augustina me acompañen en el escenario, ¿vamos?
            —Vamos. —sonrió ligeramente Mary, se paró de donde estaba sentada y aceptó el brazo que Carlo le ofreció en muestra de caballerosidad.

Ya todos los invitados habían llegado, había un buen ambiente, pero eso sí, como cada año, todos se preguntaban por el paradero de Yuuki, nunca han visto al hijo varón, heredero de la familia Abadinchi, lo cual preocupaba, tenían el presentimiento de que algo escondían, y la familia Canetti (familia de Mauro) estaban dispuestos a saber la razón del por qué no han visto al chico en el baile. Augustina sabía aquello, y mejor fingía que no pasaba nada y daba la excusa que su hijo le dio, la cual todos se la tragaban bastante bien y comprendía el porqué de su falta. Lo cual era de gran ayuda para evitarse de más problemas, pronto, Carlo daría su discurso, Augustina se encargaba de que todo estuviera en orden y no hubiera problemas con el sonido, ¿dónde estaba su incompetente hermana cuándo la necesitaba? La mujer ya quería que todo acabara y volver a Japón. Su esposo llegó con Mary, quién por su lado comenzó a saludar a todos los presentes y alegrando mucho más el ambiente, aunque cuando le preguntaban por su sobrino sentía fuertes punzadas en su pecho y estómago, pero para no arruinar la imagen de su hermana y cuñado, decía la misma mentira que Augustina, quién la veía de forma grosera en forma de amenaza si se atrevía a decir algo que no debería. Era hora del brindis y discurso, Mauro y Nagisa se miraron entre sí y fueron al salón principal, era hora actuar. Carlo subió son su esposa y Mary atrás de ellos, y entonces una vez después de llamar la atención de todos, Carlo habló:
            —Primero que nada, un enorme agradecimiento a todo los que han venido, como saben aquí siempre son recibidos, esta es su casa. Bueno, un año más se ha cumplido desde que la franquicia de repostería “Café Sakura” se inauguró y desde entonces ha crecido con creces a tal punto de hacerse un negocio que ha dado grandes y bastos frutos. Ahora los negocios como siempre han ido por muy buen camino, han aumentado las ventas, la fábrica que hay aquí en Italia ha superado las expectativas deseadas y todo esto, es gracias a su apoyo, sin ustedes probablemente el negocio no sería el que es ahora, nuestras familias aliadas, tenemos fe de que el próximo año cuando nuevamente celebremos este evento, nuestras metas serán mucho mejores más ambiciosas y superadas, sin nada más que decirles, disfruten de la fiesta y un brindis por todas las familias de aquí y para que la franquicia “Café Sakura” siga creciendo.
            Al momento en que Carlo levantó su copa, todos le siguieron y se escuchó un “Por el negocio” y tomaron, después Augustina tomó el micrófono era su turno de dar agradecimientos y algún anuncio, era ley como señora Abadinchi, Mary sintió peligro cuando su hermana sonrió de una forma que solo hacía cuando haría algo que afectarán a terceros. Augustina golpeó el micrófono levemente para llamar la atención de todos, que al momento de escuchar rápidamente voltearon a ver al escenario y ver a la mujer que esperaba el silencio para que la escucharan.
            —Bien, bien, me alegra que todos se estén divirtiendo. —comenzó la mujer con una voz tan encantadora.— Y bueno, como sabrán nuestros negocios crecen cada día y de forma muy rápida, y por ello es necesario que una familia sea nuestra mano derecha, nuestro confidente, ¿y qué mejor que la familia Canetti? Pues ella fue la primera que se nos unió al negocio y el padre de mi esposo, fundador de la franquicia era gran amigo del señor Canetti, por ello nos llevaremos a Japón al hijo mayor de esta familia, Mauro Canetti con el propósito de que aprenda todo sobre el negocio y cuando grande, sea de gran ayuda para el heredero de nuestra familia, que lamentablemente no pudo venir nuevamente al baile debido a un accidente que sufrió. Muchas gracias a todos por venir, lo agradezco de todo corazón su presencia y sin más disfruten de la velada.
            A Mary el alma se le cayó al suelo al escuchar ese tipo de palabras salidas de la boca de su hermana, ¿cómo era capaz de hacer algo cómo eso? ¡Yuuki está en peligro!, ¡Tenía que avisarle! Sin decir palabra alguna salió de forma brusca del escenario, Carlo la vio y se preocupó, Mary no es así a menos de que sea por un problema, pero no fue por ella debido a que su esposa lo tomó de la mano y sonrió, tenían que ir a hablar con la familia Canetti sobre este anuncio, que por su lado, la familia les tomó por sorpresa la noticia, pero al menos podrían saber algo sobre Yuuki.

Mary salió al jardín, alejada de todos los invitados, tenía un bella vista de la cuidad iluminada, sacó su móvil, se sentó en el pasto, hacía un poco de frío, buscó el número de su sobrino y sin dudar marcó, puso la bocina en su oído y esperó… ¡No contestaba! Le avisaban que el celular se encontraba fuera de servicio o apagado, Maru se preocupó, tenía que decirle a Yuuki cuanto antes sobre la ida a Japón de Mauro, el muy maldito si se atrevía a tocar a su sobrino, el cual amaba como su hijo, no respondería a sus actos, Mauro ya hizo suficiente daño a Yuuki ya no tenía por qué hacer más, Yuuki por fin estaba siendo feliz. Se quedó ahí mismo pensando, ¿su sobrino estará con su pareja? Esperaba que sí, debería ser doloroso que esté en cuatro enormes paredes solo, sin nadie con quién hablar, no era justo lo que le sucedía, ¡cómo le gustaría tenerlo aquí para poder platicar! Que el chico conociera a las familias, saludara y regalaras su bellísimas sonrisas, si tan solo sus padres no respondieran tan negativamente ante sus preferencias, si tan solo no estuviera ese detalle, ¿cuán diferente sería la vida de todos? Mary suspiró pesadamente y sintió que alguien ponía su mano en su hombro descubierto, hacía frío, volteó la mirada era su cuñado Carlo:
            —Si no traes un abrigo o estás bailando como los jóvenes, morirás de frío. —habló el hombre mientras se sentaba junto a la mujer, quién sonrió por la broma, mientras dejaba que su cuñado le pusiera su chaqueta sobre sus hombros.
            —Está bien, solo trataba de hacer una llamada…
            —¿A Yuuki?
            —Sí… Carlo tú sabes mejor que nadie que odio venir a Italia sin mi sobrino, que no pueda ver como se ve decorada la mansión, me aterra que esté solo…
            —Mary, tú sabes que es por cuestión de imagen, la verdad a mí tampoco me gusta dejar a ese chico solo, pero solo cuando se le quite aquello de la “homosexualidad” podremos traerlo aquí.
            Mary se paró enojada y miró al hombre que una vez amó:
            —¡Eso! ¡Eso es lo que me molesta! Siempre piensan que Yuuki está enfermo o algo por el estilo, el que a Yuuki le gusten las personas de su mismo género no le afecta en su vida para nada, y te debes dar cuenta de ello, hace su trabajo perfectamente, actúa como todo un jefe cuando es necesario, sabe cómo ser jefe y sus gustos jamás entran dentro de ello, Carlo cuando entiendas que tu hijo no está enfermo, podrás hablar conmigo a como lo hacías antes.
            Mary se fue de ahí, no sin antes de regresarle la chamarra a Carlo, estaba echa un demonio.

Yuuki y Kotaru iban saliendo del cinema, era ya de noche en Japón (esto del día siguiente), ambos reían contando escenas del largometraje, habían tenido un hermoso día, justo como el de ayer: dos citas seguidas han caído muy bien, pues Kotaru le cumplía todo deseo a su pareja con tal de verlo feliz, ese era uno de los principales objetivos, que Yuuki siempre sonriera, y vaya que lo estaba logrando, Yuuki había olvidado por completo que sus padres, hermana y tía estaban en Italia y tendría que estar otra noche solo, pues Kotaru no sabía que sucedía pero ya comenzaba a dudar y quería que su novio le dijera, por ello son pareja ¿no? Están en confianza. Kotaru cargó a Yuuki en forma de caballito por la cuidad, ambos reían, se estaban dirigiendo al parque de sakuras, Yuuki le abrazaba al cuello de su pareja y aspiraba el embriagante aroma que él despedía, le encantaba, le encantaba todo de Kotaru, absolutamente todo. Se fueron a un pequeño jardín atrás del establecimiento del café, y se acostaron en el pasto para ver el cielo estrellado, se veía hermoso, las flores de cerezo caían y volaban con la leve brisa, no hacía frío, las estrellas brillaban con fuerza a igual de la luna, las luces de los postes daban buen ambiente, los chicos reían y Yuuki se acostó el pecho de Kotaru para que este le acariciara los cabellos:
            —Pequeño… —llamó la atención Kotaru a Yuuki.
            —¿Qué sucede? —respondió, tenía sus ojos cerrados.
            —¿Tus padres no se molestaran si llegas tarde? —dijo Kotaru como excusa para entrar en el tema.
            Yuuki abrió los ojos lentamente, tenía que decirle la situación, Kotaru estaba preocupado por él.
            —Mis padres, Nagisa y mi tía están en Italia, fueron a un evento que mi familia realiza con el fin de celebrar el aniversario de los negocios, yo no fui debido a que… a que mis padres les doy vergüenza.
            —¿Vergüenza?, ¿Por qué?
            —Digamos, porque te amo…
            Kotaru entendió a lo que se refería Yuuki, era debido a sus preferencias, aquello hirvió la sangre del mayor, quería golpear a los padres de su pequeño, Yuuki está solo en la enorme cabaña.
            —¿Y cuándo vuelven?
            —En 2 días, ¿por qué?
            >>Porque ese mismo día verán<< pensó enojado Kotaru.— ¿Por qué no mejor te vienes a mi casa durante dos días?
            —¿H-hablas enserio?, ¿No te molesta?
            —Al contario, me encantaría pasar más tiempo contigo… Ven vamos por ropa a tu casa y nos vamos directo a la mía, ¿te parece?
            —Me parece perfecto. —Yuuki se sentó sobre sus rodillas y tomó entre su dos manos el rostro de Kotaru para darle un beso, siempre lograba hacerlo sentir feliz.
            Sin más ambos chicos fueron al café, Yuuki hizo una pequeña maleta y se fue con su novio, no sin antes de despedirse de los empleados y desearles suerte. Al llegar al departamento, Mizuki sonrió al ver a Yuuki, y mucho más al saber que se quedaría a dormir, gran suerte tenían debido a que no habían clases hasta el próximo miércoles:
            —Lo mejor es que te quedes con Kotaru, el sofá aún es muy nuevo y te sentirás incómodo, eso sí, no hagan mucho ruido en la noche, que estoy en el cuarto de enfrente y soy de sueño ligero.
            Yuuki se sonrojó a más no poder, Mizuki hizo una broma bastante incómoda.
            —Mizuki…
            —Lo siento, amigo y no te preocupes Yuuki, ya sabes lo bromista pesada que soy, igual, que descansen, mañana vamos a salir con Wataru y Shin que quiero ver ese nuevo lugar de boliche que está en el centro comercial.
            Kotaru llevó de forma caballerosa la maleta de Yuuki hasta su habitación y le dio el baño para que su pequeño se fuera a cambiar mientras él hacía lo mismo, Mizuki usó de excusa el sofá incómodo para que ambos durmieran en la misma cama, su amiga era astuta. Yuuki llegó, y al entrar la vista que Kotaru tuvo provocó que sonriera, su niño tenía puesto unos pequeños shorts azules oscuros y una playera manga corta blanca, se veía muy adorable, Yuuki fue a donde su pareja y se sentó junto a él en la cama y se abrazó, se sentía tan feliz, Kotaru besó su frente, ya era tarde, por lo que el mayor apagó las luces y se metió entre las sábanas, se abrazó a Yuuki por la cintura y quedaron dormidos.

Al día siguiente, Mizuki aprovechó que los dos chicos dormían para tomarles fotos, se veían muy adorables: Yuuki abrazando el cuello de su pareja quien lo tenía apresado en sus brazos como si se fuera a escapar, pero por las risitas y gritillos ahogados que producía Mizuki, Kotaru despertó de golpe y vio de mala forma a su amiga y Yuuki al sentir movimiento y ver a la chica se sonrojó, hoy sería un buen día. Ya después de una alocada mañana, los tres se reunieron con Shin y Wataru quien estaban muy abrazados, ya todos sabían su relación y siempre que había momento, Wataru demostraba lo mucho que amaba a su niño besándolo en donde quisiera, vaya que la pena para él no existía. Pasaron el día en el boliche, Shin y Yuuki hablaban muy entretenidos, se habían hecho buenos amigos.
            Ya mañana volvería la familia de Yuuki en la tarde, por lo que hoy sería su última noche con Kotaru y momentos en que se podrían divertir como una pareja normal sin que Nagisa o sus padres se interpusieran. Kotaru notó el cambio de ánimo del chico, una vez que iban de regreso al departamento, habían ido a cenar y también Yuuki a veces se quedaba pensando y preocupaba a su novio, tendría de nuevo que hablar con él. Una vez que Yuuki se acostó en la cama con Kotaru este habló:
            —¿Qué te preocupa?
            —Me conoces muy bien… —Yuuki se dejó abrazar por su pareja, mientras él recargaba su cabeza en su pecho.— Mi padres, tengo miedo de que se den cuenta de nuestra relación y hagan una locura, además mi tía, vi que tenía varias llamadas pérdidas de ella y cuando intento devolver las llamadas se cortan, varias cosas me aturden la cabeza.
            Kotaru besó el cabello de Yuuki:
            —No tienes por qué preocuparte, estoy aquí contigo y primero loco antes de dejarte ¿eh? No te preocupes y por ahora disfruta de tu presente, no le hagas caso al pasado y no pienses en el futuro.
            —Los artistas aparte de locos muy realistas, gracias, te amo.
            —Igual yo, Yuuki.
            Kotaru le regaló un besó en los labios al chico y después se durmieron.

Al día siguiente, Yuuki dijo que volvería a su casa para recibir a su familia, agradeció a Mizuki y Kotaru su hospitalidad el mayor se ofreció en acompañarlo pero Yuuki dijo que no era necesario y que mejor lo cuera a visitar más tarde, a regañadientes Kotaru aceptó, gran sorpresa se llevaría el chico.
            Llegó a su casa y saludó a todos como siempre lo hacía, Yuuki subió a la casa e hizo un poco de limpieza para después hacer unos dulces como muestra de bienvenida a su familia, además de ayudar en lo que fuera necesario en el lugar, haciendo de mesero, preparando pasteles, ayudando a algunos empleados, siempre con una bella sonrisa. Su familia llegaría pronto, por lo que subió a bañarse y cambiarse, cepilló su cabello y se fue a esperar en una mesa de afuera, ya quería ver a su tía y contarle todo lo que hizo con Kotaru. Cuando vio una enorme camioneta color negra y ver que un hombre del lado del piloto bajaba, era el chofer de la familia, Yuuki sonrió y se paró emocionado para ayudar bajar las cosas y saludar a su familia, pues a pesar de que sus padres lo trataban de forma despectiva, Yuuki siempre actuaba bien con ellos. De la puerta del copiloto salió su padre, le sonrió y Carlo hizo un asentimiento en forma de saludo, Augustina bajó y no le hizo caso a su hijo, Nagisa igualmente, Mary bajó rápidamente y abrazó a su sobrino y le susurró:
            —Hijo perdóname, no logré avisarte a tiempo.
            —¿Eh? ¿Por qué?
            Su respuesta fue respondida cuando vio que alguien más bajaba del auto y sonreía, el alma se le cayó al suelo al ver de quien se trataba, Mauro se acercó a él, Yuuki quería correr fuera de ahí, de todas las personas era la que menos quería ver.
            —Qué bueno es verte, Yuuki.
            Yuuki no dijo nada y simplemente salió de allí corriendo, quería llorar, Mauro rompió su corazón y ahora volvía, regalándole esa misma sonrisa con la que cayó bajo sus redes, Mary vio a Mauro enojada:
            —Por lo que más quieras, no te acerques a mi hijo, no respondo a mis acciones, cara linda.
            —¡Ay Mary tan dulce como siempre! ¿Pero, qué crees? Esto no es de tu incumbencia.
            Sin más que decir, Mauro se fue de ahí.

El día siguió como siempre, Yuuki siguió como mesero, pero se sentía incómodo y asustado, Mauro lo veía de una forma que jamás vio, pero le desagradaba y asustaba, ¿por qué lo veía a él? Si el mismo Mauro dijo que nunca más lo quería ver, ¿por qué volvió a aparecerse en su vida? Quería correr, no estar ahí. Varias chicas coqueteaban con Mauro y como siempre él muy encantador pero siempre viendo a Yuuki, quien limpiaba las mesas, ya acabó su turno. Por lo que el mayor aprovechó para hablar con el castaño.
            —Yuuki, por favor, ¿podemos hablar?
            —¿P-para qué?
            —Es importante, por favor, ¿sí?
            —E-está bien, pero solo un momento.
            Yuuki y Mauro fueron afuera del café y el mayor arrinconó a Yuuki a la pared y con una mano tomó ambas del chico y las posó sobre su cabeza y con la otra acarició la cintura del chico, Yuuki estaba asustado y no podía soltarse:
            —Cuanto has crecido, Yuuki, mira nada más en lo que te has convertido.
            —M-mauro, por favor aléjate, déjame… —le costaba hablar a Yuuki.
            —¿Por qué? Si eso no es lo que quiero… lo que quiero es a ti…
            Los ojos de Yuuki se abrieron como platos, quería huir, forcejeó pero no tenía tanta fuerza cómo Mauro:
            —M-mauro, déjame, déjame, enserio… Por favor no me toques…
            Mauro estaba a punto de unir su labios con los de Yuuki, pero una voz lo detuvo:
            —¿ Qué no escuchaste lo que dijo? Suelta a mi Yuuki.
            Era Kotaru y se veía enojado, Yuuki lo veía, sus ojos estaban llorosos.

CONTINUARA
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Perdón por las faltas de Ortografía.

Notas finales:

Ya mero llegamos a 750 leídas *-* me siento tan emocionada, y todo es gracias a ustedes!!!!!! Enserio que muchas gracias lo agradezco de todo corazón... :')

Espero con ansias sus rews!!!! *¬*

Nos vemos la próxima semana, como siempre y sin falta, un gran saludo,

Los Quere Musho Miraku SAYO~


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