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Rebelión Souharu por LaBandida

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EL REMPLAZO DE RIN

 

Dicen que cada vez que un ser humano prepara una maleta sus pensamientos lo llevan directamente a sus sueños, de tal suerte que cada vez que alguien hace su maleta antes de un viaje, antes de su destino, empaca sus sueños doblados, junto a las camisas, debajo de los pantalones y alejados lo más posible de los calcetines y los calzones.

La maleta que Sousuke preparaba no tenía sus sueños, sus sueños estaban rotos. Sin embargo sus anhelos intentaban colarse para acompañarlo en su destino. La maleta fue empacada por completo, sin embargo uno de los anhelos decidió ser escurridizo y se ocultó en el bolsillo de su camisa, junto al corazón, ese anhelo travieso comenzó a susurrar, su meta era llevar a Sousuke a los pensamientos correctos. “Ese anhelo lo logro”.

Si existía una forma de explicar esa extraña relación en la que se termino inmiscuyendo cuando era un niño, está bien podría definirse en una simple y dolorosa frase: “El sustituto de Rin”.

Al principio el pequeño Sousuke se engaño así mismo fingiendo, negándose a todos los supuestos, repitiéndose mentalmente que si cuidaba a Haruka Nanase era solo y simplemente para evitarle preocupaciones a Rin. Pero el corazón es ciego, tonto y un órgano que bombea sangre a un cerebro aún más tonto.

Agarrarle cariño a un iceberg es sentirse tan grande como el cambio climático y Sousuke apenas era un simple día lluvioso. Tiempo junto a Nanase le hizo encariñarse con este “demasiado” podíamos culpar a la bendita soledad como el punto de intersección entre ambos. Sousuke solo desde que Rin se transfirió a Iwatobi, soledad que se incrementó cuando este partió a Australia. Haruka solo con padres ocupados, sin ese amigo le hacía sentirse un poco vivo. Sentimiento compartido, dos seres solitarios llenando mutuamente sus vacios.

Los encuentros comenzaron con un simple hagamos la tarea juntos, a pesar de que ni siquiera iban en la misma escuela Nanase no se negó. Los días compartiendo soledad los acercaron al grado de leer libros juntos, incluso como un milagro divino las calificaciones de Sousuke lo hicieron tomar el primer puesto de la clase gracias a que estudiaba con Nanase.

Sousuke tuvo que aprender a cocinar bajo pretexto de no morir de hambre cuando iba de visita a casa de Nanase, esa fue la mentira que se conto, la misma que conto a su madre cuando le rogó le enseñase a cocinar. Pero la verdad era otra, sus deseos de cocinar nacieron de ver a un Nanase demasiado flacucho.

Los días juntos se fueron más rápido que los días en solitario. Un buen día Sousuke trajo otra carta de Rin, según el contenido las leían juntos o a veces solo uno de ellos las leía, esta vez la carta exigía que fuera solo y únicamente para Haru.

Haru sonrió, sus ojos se iluminaron. Sousuke frunció el seño “sustituto” le grito su mente. El monstro de ojos verdes lo obligó a romper la paz que llevaban por meses. Meses sin discusión alguna terminaron.

-Oi. ¡Quita esa cara de estúpido!-

El mar tranquilo que habitaba el corazón de Haru se alebrestó. —Lo dices como si tú no tuvieras cara de estúpido-

-¿A quién llamas estúpido? ¡Estúpido!-

-¿Ves a alguien más Yamazaki? Es obvio que eres tú-

Sousuke frunció el seño, se dijo así mismo que la razón de su molestia eran las palabras de Nanase y atendiendo a su fuerte carácter tomó a Haru del cuello de la camiseta para después empujarlo.

El delfín cayó de sentón pero se levantó y en revancha empujó a Yamazaki, la carta fue olvidada entre una de sus manos mientras el papel se arrugaba.

La misma escena se repitió unos 10 minutos, hasta que uno de los pies se Sousuke se atoró con el kotatsu y al empujar a Nanase el también cayó, justo sobre Nanase, terrible cercanía, los rostros a centímetros, en un duelo de miradas. Las hormonas locas de Yamazaki gritaron con fuerza y besó los finos labios.

“Un beso tibio, puro, solo de labios”

Sousuke se levanto crispado al darse cuenta de su acción, dio una mano a Nanase para ayudarlo a levantarse. Cuando Haruka estuvo de pie Sousuke salió corriendo.

 

-¡Quiero estudiar en Tokio!— Exigió a sus padres apenas a un paso de haber entrado a su casa. —¡Seré un mejor nadador que Rin!— Con esa frase los convenció.

No, Sousuke Yamzaki no estaba huyendo, al contrarió su corazón de niño orgulloso lo incitó a “tomar la responsabilidad”. Si él quería que Nanase fuera para é,l debía derrotar a Rin. “Tenía que convertirse en el mejor”, el mejor nadador, el mejor hombre, “para otro hombre”. Tenía que brillar ante Nanase con un brillo superior al de Rin, solo así la sonrisa de Nanase también sería para él.

Su viaje fue duro, en un intento por ser el mejor se quedo a medio camino. “No nadar más” significaba perder todo, dejar que el futuro se le escapara entre los dedos, pero lo más importante era “perderlo”.

Sin embargo el corazón es necio y no se rinde. Si no podía tenerle su única alternativa era alejarlo de Rin y eso trato. Acorralar a Haru, hablarle una y otra vez en palabras tocas, intimidarle en miradas amenazantes, esa fue la única opción que le quedo al estar derrotado.

-¡No te acerques a Rin!— Dijeron las palabras hostiles. “Por favor”, rogó su mente.

Y así es como volvemos al presente. El año más turbulento en la vida de Sousuke culminó con su último día en Samekuza, despedirse de todos fue lo que más le dolió, acto duro y cruel, pero eso es lo que queda para alguien débil. Le dijo adiós a todos, incluso a Rin, quién salvaje como un tiburón suele ser le obligó a prometer que le alcanzaría algún día.

Maleta en mano salió de Samekuza en dirección a su casa, pero ese anhelo bobo seguía hablando, consiente o no el joven de ojos turquesa termino tocando a media tarde el portón de la casa de Haru.

-¿Qué tal Nanase?-

Nanase no respondió, Sousuke dejo caer su maleta junto a la puerta y obedeciendo ese febril anhelo, estrechó a Nanase en un cálido abrazo.

Como  en un dejavu aquel umbral presenciaba la misma escena. Un poco diferente pero al final de cuentas era la misma. Un Sousuke sin avisar en plena mañana y con maleta en mano. Un pequeño abrazo a otro pequeño y la cabeza de este ultimo descanso sobre su hombro.

El abrazó fue cortado pues el tiempo no espera. —¡Hasta pronto Nanase! ¡Me convertiré en un gran nadador!-

-¿A dónde vas?—Esas fueron las únicas palabras que Haru pudo articular.

-A Tokio, mes esforzaré, mucho, mucho, ya lo verás— El corazón delirante le hizo rozar la mejilla de Haru con la palma de su mano, pero se detuvo cuando su pulgar travieso quiso acercarse a los preciados labios. —Seré mejor que Rin— Agregó para darle un segundo abrazo.

¿Quién les diría que la misma escena se repetiría? Pero… ¿Era la misma? Sousuke había crecido mucho más y al abrazar a Haru este quedo incrustado en su pecho.

-¿Qué haces Yamazaki?— Preguntó Haru entre los fuertes brazos, sin separarse de ellos.

-Me despido de ti-

La media tarde no tenía prisa como aquella mañana. Este abrazo tuvo la suerte de durar un largo tiempo. El anhelo no estaba conforme, no aún, por eso Sousuke terminó apretando más el cuerpo de Nanase contra el suyo. Inconscientemente Sousuke deseo que el abrazo durara para siempre, solo así podría tener a Nanase como suyo.

-Adiós Haru, te deseo mucha suerte— Apartarlo de su cuerpo se sintió como si le desprendieran el alma, pero Yamzaki había aceptado con honor la “derrota”.

-¿A dónde iras?— preguntó Nanase al verlo tomar su maleta.

-Volveré a casa y trabajaré con mi padre en la tienda-

-Yo iré a Tokio— Nanase daba información de más como si quisiera prolongar el momento.

-Me alegro que al fin te decidieras  a enfrentar el futuro— Sousuke dio la vuelta y comenzó su marcha.

Así termino el anhelo, ahora Sousuke no era nada, convertirse en nada después de ser el sustituto de Rin. La vida es cruel y seguramente nunca más volvería a ver al muchacho de los ojos tristes. Fallo como hombre, perdió el hombro y a su hombre.

Una mano tibia lo jalo para que se diera la vuelta, los zafiros llorosos pedían piedad a las turquesas, las turquesas parecían no entender y entonces la boca no dijo palabras prefirió robar un beso.

“Un beso dulce entre lagrimas amargas”

“Un beso de una boca húmeda”

“Un beso de esos labios que cuando niño se juró proteger”

-¡Alcánzame en Tokio!— La boca húmeda rogó en medio de un respiro y volvió a robar aquéllos labios gruesos. —No voy a perderte de nuevo— Suplicó la boca temblorosa pero decidida “Esta vez no lo dejaría escapar”.

-Sabes que no puedo— Los labios gruesos se aferraron a la boca húmeda entre lagrimas.

Nanase separó el beso. —Si me alcanzas en Tokio seré “tuyo”-

Solo hasta ese momento Sousuke comprendió que no era un sustituto. Sin saberlo él se había hecho un lugar propio en el corazón de Haru, “El lugar de Sousuke”.

Probó esa boca de nuevo y se llenó de valor. —¡Te lo juro!— El anhelo aplaudió.

La llama que Sousuke quiso apagar “ARDIÓ”.

 

 

 

Notas finales:

Nos vemos la proxima. 


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