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Rock you like a hurricane por Athena Selas

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Notas del capitulo:

Quisiera hacer una importante aclaración para el lector de esta historia. Existen (por el momento) dos líneas temporales en la narración de este fanfic, la cuales serán introducidas con un pequeño encabezado en cursivas en el margen derecho con el tiempo en el que debe situarse la lectura. Quise hacer simultáneas las historias de la vida como pareja de Kanon y Radamanthys, así como la narración de cómo fue el complicado camino para volverse amantes. Espero disfruten mi experimento narrativo.

 

 

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Julio 2012

Radamanthys se hallaba en su oficina inspeccionando detenidamente la contrademanda que el despacho bajo su mando debía entregar a un importante cliente aquella misma tarde. El documento final estaba listo y el rubio fruncía el ceño de manera severa pues había encontrado errores en la elaboración de aquel trabajo.

 

Wyvern era un hombre joven quien apenas había alcanzado los veintiséis años de edad; sin embargo el aura de severidad y pulcritud que lo rodeaba le hacía parecer mucho mayor. Además poseía una gran altura, aproximadamente un metro noventa, lo que aumentaba la sensación de rigidez a su alrededor.

 

Radamanthys gustaba vestirse siempre adecuadamente acorde su profesión, pues había sido educado para fungir como abogado defensor desde que tenía memoria. Ataviado con trajes elegantes de gran calidad y de colores sobrios con las combinaciones más adecuadas de camisas y corbatas. Su cabello era color rubio y lo mantenía corto; rasuraba su barba diariamente con suma delicadeza. Sus ojos era color ámbar y desafortunadamente eran bastante expresivos, por lo que le era difícil mentir si no se encontraba en una situación relacionada con el trabajo. Otra de sus señas particulares eran sus muy pobladas cejas rubias, las cuales se juntaban por encima del tabique de su nariz; nadie que tuvieran un rango menor al rubio le gustaría mencionar su ceja si quería conservar su estilo de vida.

 

— Señor Radamanthys — la puerta de roble fue tocada un par de veces por Valentine, el asistente personal del rubio, antes de entrar.

 

— Valentine ¿Quién es el responsable del caso McLane?— habló con acritud a su subordinado.

 

— ¿Señor? Estoy seguro de que se trata de Niobe ¿Hay algún problema con la contrademanda?

 

— Es un desastre, llama a Niobe de inmediato. Ni él, ni su equipo de trabajo ni yo saldremos de este edificio hasta asegurar que este juicio será nuestro.

 

— Eso está por verse —intervino una tercera voz masculina.

 

Valentine frunció los labios indiscretamente aprovechando que daba la espalda al recién llegado.

 

— Kanon ¿Qué haces aquí tan temprano? — parpadeó Radamanthys aún turbado por el trabajo.

 

— ¿Qué es lo que dices? Son las dos de la tarde — Kanon se recargó con desgarbo sobre el marco de la puerta abierta de la oficina mirando pendencieramente al rubio con los brazos cruzados. El recién llegado vestía de manera informal, en total contraste con la oficina jurídica en la que se encontraba.

 

— Me temo que el señor Radamanthys va a tener que cancelar la hora de la comida contigo por el día de hoy, él está resolviendo algo muy importante ahora — Valentine encaró a Kanon de mala manera mordiéndose el labio inferior y reflejando el desprecio que sentía por la pareja de su idolatrado jefe desde el primer día que lo conoció.

 

La respuesta del hombre de larga cabellera azul fue arquear la ceja izquierda y lanzar una mirada de disgusto hacia el asistente como si tuviera en frente al bicho más repugnante de toda la Gran Bretaña.

 

— Valentine, regresaré a las tres en punto. Puedes retirarte.

 

— Pero señor…

 

— ¿Por qué no a las seis de la tarde? Quisiera aprovechar la hora del té también —añadió el peliazul malicioso consiguiendo poner rojo a Valentine.

 

— Kanon, basta ya. Vámonos de una buena vez.

 

Radamanthys y Kanon abandonaron juntos la oficina principal, misma que se encontraba en el onceavo piso del edificio. Este se encontraba en el distrito londinense de Southwark, bastante cerca de Tooley Street y por lo tanto del Río Támesis.

 

Ambos pasaron frente a varios cubículos de la oficina al dirigirse hacia el ascensor. A su paso, los abogados y colaboradores del despacho levantaban la vista o asomaban las narices desde sus oficinas para apreciar a la pareja de su jefe, sorprenderse con Kanon y hasta deleitarse por unos minutos con su figura si les apetecía.

 

Radamanthys era uno de los más importantes ejecutivos de la firma Elysium. Este buffet jurídico gozaba de un prestigio indiscutible alrededor del mundo, pues había sido fundado hacía más de 400 años por la familia alemana Heinstein. Actualmente tenía sedes en las principales ciudades del mundo por los cinco continentes; constantemente este gran consorcio entraba en los rankings anuales de mayores facturaciones por servicios jurídicos y tenía el respeto de otras firmas colosales como Clifford Chance o Hengeler Müller.

 

El carácter de Radamanthys era severo y escrupuloso. Su única meta en la vida era nunca fallarle al señor Hades, el presidente de la firma, por lo que los niveles de disciplina que practicaba consigo mismo y hacia sus subordinados era de proporciones exorbitantes. Todas las personas que conocían a Radamanthys aseguraban que estaba casado con su trabajo, la rectitud y su lealtad hacia Hades.

 

Cuando el rubio hizo oficial su relación con un personaje como Kanon suscitó por completo una sorpresa y ocho meses después aún la gente se preguntaba si no sería una mentira o un malentendido.

 

Kanon presionó el botón del ascensor y miró de solsayo a todos los ojos curiosos que había levantado a su paso. Luego, soltó una risita de satisfacción.

 

El timbre del ascensor antecedió la apertura de puertas frente a la pareja. Ambos entraron al mismo tiempo y Kanon simplemente esperó a que las puertas se cerraran lentamente detrás de ellos para abalanzarse sobre el rubio.

 

— Kanon… —gruñó Radamanthys antes de que su boca fuera atrapada por la del peliazul con arrobo.

 

Sin importarle si el ascensor se abría antes de alcanzar la planta baja, el griego acorraló a su pareja contra la pared mientras lo besaba hambrientamente, además tomó la mano de Radamanthys para introducírsela por debajo de la camisa y guiarla por todo su torso hasta alcanzar su tetilla derecha, justo donde Kanon tenía un piercing en forma de una pequeña argolla. Casi como reflejo, el rubio tiró suavemente del piercing y el peliazul ronroneó deliciosamente encendiendo en un segundo al serio abogado.

 

Al abrirse las puertas en la planta baja del edificio, tres oficinistas que esperaban el ascensor saludaron respetuosamente a su jefe quien estaba de pie a un lado de su pareja con normalidad. Los ojos verdes de Kanon brillaban con malicia mientras lamía su labio inferior, el cual había sido mordido sádicamente por el rubio para poder despegarse de él justo a tiempo.

 

— Buena tarde, señor Wyvern.

 

— Buenas tardes, caballeros.

 

Radamanthys se dirigió a la salida principal, pero Kanon pareció contrariado y lo detuvo por el hombro.

 

— ¿No irás por el automóvil?

 

— No pienso manejar hacia el restaurante, el tráfico es insoportable y podemos llegar caminando. Además tengo que regresar a tiempo, todavía tengo mucho trabajo por hacer.

 

— No estaba pensando en ir al restaurante. Quiero ir al departamento.

 

— ¿Al departamento?

 

— Quiero terminar lo que empezaste en el ascensor —habló Kanon con suma naturalidad.

 

— ¿¡Lo que yo comencé?!

 

— De todos modos vas a llegar a dormir muy tarde esta noche.

 

Y el peliazul dio media vuelta y caminó hacia el estacionamiento. Radamanthys luchó unos segundos consigo mismo mientras apretaba los puños, pero terminó cediendo como la mayoría de las veces y alcanzó a su pareja.

 

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Noviembre 2009

 

La sede de la firma jurídica multinacional Elysium en Londres no había dormido por días. La causa era un caso sumamente complicado que su cliente, una casa discográfica muy famosa, litigaba contra el multimillonario Julian Solo; mismo personaje era representado por Keker & Van Nest, el consorcio de abogados más feroz con el que Elysium tenía que verse la cara en frecuentes ocasiones. Para colmo, no sólo uno sino dos juicios relacionados con Solo iban a ser presentados frente a la corte el mismo día.

 

El primero y el más importante estaba relacionado con los derechos de las canciones de un grupo de súper estrellas de rock que habían sido acogidos bajo el manto de Julian Solo como su representante desde sus inicios.

 

En segundo lugar, un miembro de esa misma agrupación de rock, Kanon Dídymoi, presentaba una demanda civil en contra de una empresa inglesa de cintas pornográficas para la cual había trabajador como actor.

 

Cinco noches de duro trabajo con escasas horas de descanso habían concluido con todos los preparativos pertinentes para llevar a cabo una defensa culminante y perfecta para la audiencia final del primer caso, el cual ya había tenido previamente largas y cansadas sesiones de apelación e interlocutorias. Para el segundo sólo hubo un abogado a cargo debido a la importancia menor que la firma había puesto al caso, mismo que sería resuelto únicamente en una sola sesión judicial.


 

Radamnthys debía aprender una valiosa lección como jefe: no todos sus subordinados podían soportar la tremenda carga de trabajo que les imponía a sus empleados diariamente, pues ellos no se veía recargados de energía mágicamente con solo pensar en la mirada de aprobación del señor Hades.

 

Papillon, el encargado de defender a la empresa de cintas para adultos de la demanda de Kanon Dídymoi, había caído gravemente enfermo de cansancio y su médico de cabecera había telefoneado personalmente a Radamanthys para prohibirle hacer trabajar a Papillon por al menos los siguientes tres días.

 

Frustrado y lleno de estrés, Wyvern comenzó mal el día al decidir que defendería ambos casos personalmente únicamente con la asistencia de un barrister (1) de su entera confianza en cada caso.


 

El equipo de abogados de Elysium llegó puntual a la audiencia que se llevaría a cabo en la Corte de Southampton, al sur de Hampshire. El procedimiento jurídico daba inicio a las diez de la mañana en una sala de audiencias dentro de aquel espacioso centro de justicia inglés. El acceso al edificio público era sumamente difícil desde hacía un par de horas debido a la multitud que se había reunido en las calles que rodeaban la Corte. Muchos de ellos eran admiradores de Kanon Dídymoi una personalidad de fama mundial que se presentaría ante un tribunal como litigante de un caso laboral de excepcional rareza. También entre el gentío se encontraban varios periodistas y sus equipos de trabajo: desde cadenas importantes de entretenimiento hasta escritores libres de blogs por internet.

 

Para contener a la masa y hacerla regresar a sus casas, varios agentes de policía se hacían cargo pues el tribunal demandaba calma y paz pública a sus afueras; sin embargo el rumor de que el solista de una de las bandas de rock más populares del momento llegaría a aquel recinto de justicia comenzaba a hacer incontenible a la multitud para poder ser manejada únicamente por una decena de hombres de la fuerza pública.

 

Justo quince minutos antes de las diez de la mañana, Kanon llegó al recinto acompañado por su grupo de representación legal y tres guardaespaldas que le ayudaron a abrirse paso por la multitud exaltada con su llegada. El sonido ensordeció al lugar, irritando de sobremanera a muchas personas ajenas al alboroto que se estaba armando a causa de un solo hombre.

 

Radamanthys esperaba junto con su equipo fuera de la sala de audiencia que les habían asignado; no daba crédito a lo que sucedía fuera de la corte y tenía el ceño fruncido con severidad. Aquella mañana el rubio abogado vestía adecuadamente para su labor. Su cuerpo alto y atlético estaba enfundado en un clásico traje cruzado de color azul marino a juego con una camisa de un tono mucho más claro pulcramente planchada a juego con una sobria corbata dorada.

 

Wyvern miraba su reloj cada treinta segundos impaciente por la llegada de sus contrapartes de Keker & Van Nest quienes defenderían el caso de su representado, el famoso actor de películas pornográficas.

 

Cuando el rubio se ponía a pensar demasiado no daba crédito al caso en el que litigaría aquella mañana, sabía que si reflexionaba de más se sentiría vulgar defendiendo a una empresa cinematográfica que se dedicaba al contenido para adultos. Por lo tanto, esperaba ganar el caso rápidamente y dar carpetazo al asunto; de esa manera esperaba que aquello nunca llegara a los oídos de su señor Hades ni por casualidad.

 

— ¡Señor Kanon, aguarde un minuto por favor! —se escuchó una voz masculina al fondo del corredor

 

— ¡Vaya, vaya! Así que decidieron dar la cara después de todo — habló otra voz varonil y profunda recién llegada a un lado de la puerta de la sala de audiencias. —Van a perder más de lo imaginan, debieron aceptar que comprara los derechos de mis películas sin tanto jaleo — añadió con desdén.

 

— Señor, no debería hablar con ninguno de ellos hasta que termine el juicio — intervino un tercer hombre de edad madura y cabello blanco. Seguramente era uno de los abogados del recién llegado Kanon.

 

Enseguida todas las miradas de quienes se encontraban aguardando volcaron su atención sobre el famoso personaje. Radamanthys no daba crédito a lo que veía e incluso frunció la nariz con desagrado. Kanon vestía con total desgarbo y Wyvern lo consideró una falta de respeto inconcebible. El actor de películas pornográficas estaba ataviado como la estrella de rock que era y portaba su atuendo con total orgullo. Dídymoi era un hombre a punto de alcanzar los treinta años de edad y la madurez le sentaba terriblemente bien. Kanon era griego de nacimiento y su cuerpo seguramente era un tributo a las perfectas esculturas que sus ancestros de la época clásica habían realizado con tanta proeza. Su piel era de suave color oliva y sus ojos grandes eran de un maravilloso color esmeralda delineados por tupidas pestañas negras. Su largo, le caía rebeldemente sobre la espalda a las caderas y su espléndida melena era de color azul añil.

 

— Miren lo que tenemos aquí —el griego se acercó a Radamanthys y lo miró de arriba hacia abajo con total descaro.

— ¿Eres el abogado de esos papanatas? — bufó burlonamente Kanon refiriéndose a los clientes de Wyvern.

 

—Soy el representante legal de la empresa Strawberry Films ¿Y usted es?

 

— Para ti soy lo que tú quieras — contestó el griego con suma travesura. Kanon vestía pantalones de cuero, botas negras altas con llamativas cintas que ajustaban debajo de la rodilla. Llevaba una chamarra de cuero llena de detalles en color plateado. Además tenía una perforación en la ceja izquierda, un brillante en la oreja derecha y si mirabas con atención, también llevaba un piercing en la lengua. Radamanthys no podía soportar tal nivel de desfachatez y su rostro no reparó en demostrar su desagrado.

 

El momento de tensión terminó cuando la sala de audiencias abrió sus puertas de par en par y las asistentes del juzgado comenzaron a dar diligentes órdenes a todos los presentes acerca de cómo debían proceder para acomodarse. Antes de tomar asiento en su lugar Kanon escapó de sus abogados y fue directo hacia Wyvern para susúrrale algo.

 

— Va a ser una lástima que vayas a perder este caso, pero si necesitas consuelo búscame al final de este asunto.

 

Radamnthys no tuvo tiempo de nada, pues el peliazul le dio la espalda enseguida y se dirigió hacia el frente del estrado del juez.

 

— Recibamos de pie al honorable juez Williams — anunció marcialmente la trabajadora del juzgado encargada de la sala.

 

La audiencia duró aproximadamente dos horas, mucho más de lo que ambas representaciones legales habían esperado; sin embargo los abogados de ambos lados eran los mejores profesionales en la materia por lo que los alegatos significaron una reñida competencia. Incluso el juez palideció por la intensidad de un caso que consideraba de importancia menor.

 

Y durante todo el proceso, Kanon no despegó sus ojos de Radamanthys quien era consciente de esa mirada ardiente que no lo dejaba en paz y en ocasiones comenzaba a ponerle tenso.


 

El juicio en la Corte de Southampton había terminado una hora atrás. Wyvern se encontraba manejando su automóvil, un Mazda 3 del año color plomo, hacia la capital de Inglaterra. La siguiente audiencia se llevaría a cabo en la Corte Central de Londres a las 14.00 p.m.

 

Aún estaba atónito por el dictamen del juez en el caso Dídymoi en el cual su cliente y él habían sido derrotados.

 

Para colmo, no podía sacar a Kanon de su cabeza, ese patán e impertinente individuo que le desagradaba en demasía y que no había dejado de molestarlo durante toda la audiencia. El descaro de aquel griego fue demasiado la última vez que se acercó a él, antes de que Wyvern saliera del recinto por el apuro que tenía para llegar a la siguiente audiencia.

 

"— Me han comentado que ahora vas a defender a Estudios IME contra Julian Solo.

 

Kanon parecía divertirse con las miradas fulminantes que le dedicaba el rubio cada vez con más ímpetu.

 

— Hoy no es tu día, me temo que también perderás el caso. Julian se ha tomado muy personal el asunto y te garantizo que ganará el juicio. Así es esa persona.

 

Radamanthys dio la espalda al peliazul.

 

— En fin, mi oferta sigue en pie. Si al final del día necesitas relajarte, llámame — Kanon depositó sin nada de discreción una servilleta doblada en el bolsillo lateral del saco del rubio y le guiñó un ojo antes de irse."

 

Wyvern no podía creer el grado de desfachatez de aquel individuo al que no quería volver a encontrarse en toda su vida.

 

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Notas finales:

Sobre el capítulo:

(1) Barrister: En el derecho inglés, los abogados se dividen en barristers y solicitors. Los barrister son abogados especialistas en una materia muy específica. Por otra parte, los solicitors son los abogados defensores. Es muy común que el solicitor pida asesoría permanentemente a un barrister.

- Respecto a los apellidos de los personajes: En esta historia los personajes que son espectros en la serie original toman como apellido los nombres de sus sapuris. Por otra lado, para el caso de Kanon no decidí usar Géminis directamente, sino la traducción literal del griego moderno de la palabra Géminis: Δίδυμοι o Dídymoi en el alfabeto y fonética que nosotros conocemos.

- Algunas edades originales de los personajes serán modificadas para mayor comodidad del desarrollo de la historia. Las edades se aclararán cuando sea necesario durante la descripción.

Por último:

Agradezco a los lectores que se hayan animado a entrar al primer capítulo de mi primer fanfic en el inmenso fandom de Saint Seiya. A decir verdad, me siento muy nerviosa por ser tan primeriza al manejar a los personajes del universo de Athena y sus caballeros. Si desean hacer cualquier retroalimentación, comentario o sugerencia a esta historia, por favor no duden en hacérmelo llegar.


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