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[]+[]+ El camino de un destino. +[]+[] por darkness la reyna siniestra

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Notas del fanfic:

         Hola que tal mis bellos lectores. ¿Qué les digo? Tenía rondando esta idea en mi cabeza. Originalmente era un songfic pero la trama fue cambiando mientras me ponía a escuchar música de piano para ganar más inspiración y sentimiento. Y me quedo así… 

         Acá pongo a Deathmask como Damien. Yo siento que en este fic, él es una representación mía y… Milo es esa persona que hubiera deseado tener en ese tiempo que pasé el cual Death vivió en este fic. Como cuando destruye los recuerdos. Cuando lean entenderán a que me refiero.

Notas del capitulo:

           Bueno como saben Saint Seiya no me pertenece. La verdad que entre la música, y el escribir todo mi sentimiento acá, pues como que he quedado en estado emo… solo espero que les guste. La pareja no es muy común pero si les gusta pueden dejarme su opinión, para mí es muy importante.

           Es AU y pues… solo puedo decir que va de corazón y que si alguien pasa por algo similar pues que siga adelante pero lo que no mata nos hace más fuertes… un abrazo.  

                                                                                                                                                                                                                 Capítulo I.

 

—Debo irme, hermano. ¡Te veré en la noche!

El alegre joven salía corriendo feliz hacia el autobús que le había ido a recoger para llevarlo al instituto. Estaba cursando el segundo año de bachillerato y a sus felices 15 años ya tenía un amor en su corazón, dándole felicidad y llenándolo de ilusiones... dañinas ilusiones.

Su hermano mayor —y el encargado de educarlo y mantenerlo, pues sus padres se encontraban en Italia y ellos habían querido ser independientes yéndose a vivir a Grecia por trabajo—, había salido hasta la puerta para ver al más joven alejarse sonriente y entusiasmado.

Manigoldo sabía lo que ocurría: el novio de su hermanito estaba de cumpleaños ese día, y Damien como buen novio le había preparado al chico un hermoso pastel pequeño para festejar.

De alguna manera al mayor le preocupaba que Damien fuera tan entregado y detallista. No quería que nadie lo lastimara abusando de su bondad y su cariño.

Alzó su mano y la sacudió a modo de despedida cuando el vehículo partía al centro educativo donde estudiaba el más bajo.

 

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Aún era muy temprano en el Instituto Nacional de Grecia, pero ya se miraban grupos de estudiantes por doquier. Él acababa de llegar junto con su hermano mayor; vivían cerca no les tomaba más de diez minutos llegar caminando. Y al entrar lo primero que hizo fue alejarse de su hermano que ya iba a tercer año en una especialidad diferente y buscó con la mirada al que sabía era novio de su mejor amigo.

La búsqueda no duró mucho, pues para su suerte, el mayor ya había llegado y se encontraba rodeado de algunos que también eran sus compañeros de curso. Se encaminó hasta el pequeño y animado grupo con la intención de hablar con el apuesto chico.

—¡Hey, Aioria! —le saludaba el líder del equipo de baloncesto del instituto: Shaka de Virgo.

El nombrado caminó más aprisa al lugar. Y quien era su objetivo volteó rápidamente la mirada para verle de una manera tan intensa que no supo identificar.

—Buenos días amigos —saludó al llegar.

—Es un milagro que llegues más temprano de lo usual —ahora el que hablaba era el líder del equipo de fútbol: Mu de Aries.

—Es culpa de Aioros —reprochó con un puchero—. Siempre se encierra en el baño y nunca sale.

—Claro… —le respondió con burla el carnero— Oye. ¿No vas a felicitar a Kanon por su cumpleaños?

El susodicho le miró con un extraño brillo en los ojos y después, sus tentadores labios le sonrieron coqueto, sugestivo… Peligroso.

—De hecho… quisiera hablar contigo en privado, Kanon.

Los presentes soltaron un ¡Ohh! general que hizo al rubio cenizo enrojecer.

—¡Cállense! —gritó muerto de pena ante el gemelo. Para él no era fácil aquello.

—Claro minino.  Ahora si gustas —sonrió sensual. Se puso de pie y junto a Aioria se alejó del grupo que aún abucheaban divertidos.

Caminaron los dos hasta llegar al salón 2º “B” T. Que era el de su curso. El aula estaba vacía y ya sin llave por lo que aprovecharon que aún era temprano para que alguien llegara al sitio; Aioria pasó primero, al último Kanon que cerró la puerta sin pasador tras de sí al ingresar.

—Y... ¿Para qué soy bueno, gatito? —pronunció por demás incitante.

El peli-azul sabía bien que ese bello joven frente a él aparentemente nervioso, era el mejor amigo de su pequeño novio. Pero lo cierto era que Kanon siempre tuvo unas pérdidas ganas de tener a ese león sólo para él. Y al ser el otro tan cercano al griego peli-corto, no se le ocurrió mejor idea que conquistar al amigo para que Aioria llegara sólito, y al parecer había funcionado.  

 

 

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El autobús llegó al fin al frente de la edificación del Instituto. Lo primero que hizo al bajar fue correr al interior con la felicidad en su brillante mirada, pensando en lo mucho que a su novio le gustaría el lindo pastelito que le había hecho. Se había enamorado de aquel. Lo amaba con la inocencia de los 15…

Al entrar, dejó su maratón al ver a sus compañeros y amigos sentados en las escalinatas que llevaban al segundo piso del edificio. Se acercó a ellos jadeante por su carrera y una sonrisa en los labios, los demás al verlo le saludaron alegres.

—Buenos días, Damien —le saludó Mu.

—¡Amigo! ¿Quién te perseguía? Mira como vienes —le dijo Aldebarán, el estudiante de intercambio venido de Brasil.

—Nadie, amigo —sonrió—. Es que ya quiero ver a Kanon. ¿Lo han visto?

—Sí —el rubio respondió—, estaba aquí con nosotros pero Aioria vino y dijo que necesitaba hablar con él.

—¡Oh! Está con Aioria. Bien, mataré dos pájaros de un tiro entonces. ¡Nos vemos en clase amigos!

Se despidió con la mano y una gran sonrisa en el rostro. Se fue por el pasillo a la derecha, justo por donde se habían ido su amigo y su novio.

—Damien es un chico muy alegre. ¿No lo creen? —comentó el peli-lila al grupo. Todos asintieron.

—Es por el amor, Mu. Está así de feliz porque está enamorado… Yo quisiera conocer a alguien así de dulce —suspiró melancólico Afrodita.

—No desesperes amigo. Ya lo encontrarás —le apoyó el rubio y el peli-celeste sonrió agradecido.

—Eso espero, Shaka…

 

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Mientras Damien caminaba con la alegría pintada en su lindo rostro en busca de sus dos personas favoritas, una mirada turquesa lo miraba pasar desde la lejanía del otro lado del pasillo. Muy cerca de un salón vacío que sería testigo de emociones dormidas y otras desconocidas pero igual de dolorosas…

 

 

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—P-Pues… quería desearte feliz cumpleaños, pero con todos alrededor no podía hacerlo sin que me sintiera nervioso...

Kanon estaba fascinado por el atractivo del joven Aioria. Cuanto había deseado que el chico se acercara.

Aioria de Leo siempre estuvo enamorado del gemelo. Pero su amigo sentía lo mismo, y lo que más enojaba al peli-corto era que éste le haya confesado su amor por el de Géminis cuando ya había ido a confesársele y el griego peli-azul había aceptado más que nada para llamar su atención. No es que Damien no fuera lindo, es solo que el rubio cenizo tenía un atractivo que le hacía desearlo. Lo que los llevaba a estar ahí ahora, como a modo de ver de ambos, tuvo que haber sido desde un principio.

—¿Me darás un regalo también? 

Kanon se había acercado a Aioria a paso decidido, arrinconándolo entre una mesa para dos en la que el más bajo se encontraba apoyado. Sin esperar más razonamiento que el de sus propios deseos, tomó a Aioria fuerte de la cintura y unió sus labios con los ajenos en una unión que siempre quiso pero en la que habían interferido.

El oji-verde de menor estatura no opuso resistencia, rodeando el cuello del otro con sus brazos y entregándose al éxtasis de ese beso que llevaba esperando desde el primer día en que se vieron.

 

 

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El peli-azul de origen italiano se acercaba a la puerta de su salón, mientras en su mente pensaba que las dos personas que buscaba podrían estar ahí dentro.

—Quizás estén organizando el aula. Hoy le toca a esos dos hacerlo… —meditó el bello italiano esperando encontrar a los dos chicos aseando el salón. Si era así, podría  ayudarles.

Ahora estaba afuera de su salón de clases el que sabía vacío. Pero un suave ruido de una mesa siendo levemente movida le decía que había personas dentro. Creyó que eran las personas que buscaba así que puso su mano en la manija, misma que giró notando que no tenía seguro. Empujó suavemente la puerta y al ver lo que ocurría adentro sintió que su mundo se caía a pedazos sobre él, llevándolo al final del abismo, a lo más profundo y oscuro donde un alma pueda llegar a caer.

Kanon estaba de espaldas a la entrada por lo que no pudo ver que Damien había entrado y ahora lo observaba besando con una pasión asfixiante a su mejor amigo. ¿Mejor amigo? ¿Estaba seguro de eso? No, Aioria ya no era su amigo, quizá nunca lo fue.

Pero no quería pensar…

Se fue de ahí, cerró la puerta con lentitud. No iba a entrar a hacerle una escena a Kanon por mucho que le doliera, él no era de esos y quizás si lo hacía se enteraría de cosas más dolorosas aún. Quizás Kanon lo engañaba con Aioria desde mucho tiempo atrás y él no se había dado cuenta.

Pero si Kanon lo amara como él amaba al gemelo sabía que el griego nunca lo habría engañado. Lo mejor era alejarse y evitar sentir de nuevo ese dolor, e iba a lograrlo aunque para ello tuviera que morir en vida...

Se limpió las lágrimas con la manga de su chaqueta escolar. Miró el pequeño pastel que estaba resguardado cuidadosamente dentro de una caja de cartoncillo decorado y envuelto en una manta purpura. Retiró la manta y tiró el pastel en un bote de basura cercano. Ya nada importaba y con ese bello detalle tirado, se fueron sus sentimientos puros y los cadáveres de todas sus ilusiones con su ahora ex novio.  

 

 

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La campana para recibir las primeras horas de clase había sonado dando su aviso para que los estudiantes ingresaran a sus aulas. Todos los del 2º “B” estaban ya adentro, todos a excepción de uno: Damien aún no llegaba… y en las dos horas de historia, no se presentó.

El bello italiano se hallaba en la azotea de uno de los edificios del instituto mirando hacía los edificios de la ciudad con lágrimas saliendo de sus ojos azul metálico y de sus labios algunos sollozos ahogados que le quemaban la garganta. Lo que más quería en ese momento era irse de ese lugar. Tenía sus cosas podía irse, pero. ¿Cómo escaparía?

—¡Soy un maldito idiota! —soltó con odio hacía sí mismo. 

Con lo que no contó Damien era que su exclamación había sido escuchada.

—¿Por qué dices eso?

La voz que escuchó de la nada lo hizo sobresaltarse. Se apartó a toda prisa para ver a quien le hablaba creyendo que era algún fantasma o ente. Pero se tranquilizó un poco cuando vio de pie frente a él a uno de los chicos del 3º “A” T. Si bien tenía amigos de otras secciones, no los conocía a todos y en particular al que le estaba hablando ahora, recordaba haberlo visto mas no sabía su nombre.

—¿Q-quién eres tú? —preguntó el peli-corto con el ceño fruncido.

—Mi nombre es Milo —sonrió—. ¿Eres del 2º “B”, no?

—S-si… —Damien apartó el rostro ante la mirada risueña del otro.

—¿Y tú, cómo te llamas?

—...Damien… —susurró apenas pero el mayor igual pudo escucharlo.

—Damien… —repitió Milo fascinado—. Me gusta… 

—…—el italiano abrazó sus rodillas.

—Has estado llorando…  

Milo notó los caminos de lágrimas que recorrían las tersas mejillas ajenas, y sintió pena por el menor.

—No es tu problema… déjame solo.

—No es bueno estar solo cuando se está triste.

—La soledad es mejor, nadie te lastima si estás solo… —sollozó sin poder evitarlo—, lo único que quiero es irme de aquí. Quiero ir a casa…

Milo parpadeó un par de veces antes de contestar.

—Yo puedo ayudarte… —dijo y el peli-corto lo miró por fin.

—¿Cómo? —le cuestionó con verdadero interés, limpiándose las lágrimas con ambas manos.

—Bueno, el llevar tres años en este calabozo me ha servido para aprender algunas cosas… dime algo Damien.

—¿Q-qué…?

—¿Cuántos años tienes?

El italiano meditó un poco antes de responder a la pregunta del griego.

—15… ¿Y tú?

—Te gano por dos. Tengo 17 —respondió sonriente. 

—…—

—Tú eres el novio del gemelo de mi amigo Saga. ¿Verdad?

Damien se tensó sin remedio ante lo que el otro decía.

—No lo soy… no más.

Milo entendió la respuesta del más joven. Conocía bien a Kanon, Saga le había dicho que su gemelo estaba enamorado pero no de su actual novio, sino del mejor amigo de éste y que quería conquistarlo.  A su vez, Saga estaba enamorado del hermano mayor de Aioria: Aioros pero él estaba en otro tercer año. Kanon había alegado que —según palabras del gemelo mayor—, si él conquistaba a Aioria, haría que convenciera a su hermano de que se acercara a Saga. Aunque el mayor se había negado a dicho acto, tal parecía que Kanon había cumplido con su cometido.

De hecho ese mismo día era el cumpleaños de Saga y por consiguiente, también de Kanon a quien pudo ver más temprano esa mañana. Milo había visto a Kanon caminar junto a Aioria con rumbo desconocido. Pero al parecer con un objetivo bien definido. Y minutos más tarde había visto al mismo Damien ir en la misma dirección que llevaran los otros dos.

Tras unos minutos de silencio por parte de peli-largo, éste sonrió y miró al otro.

—Ven conmigo, Damien —pidió Milo poniéndose de pie pues se había arrodillado frente al italiano que le observó curioso.  

—¿Adónde vamos? —el mediterráneo imitó a Milo en su acción.

—Te voy a ayudar a salir de aquí para que vayas a casa, y no tengas que ver a Kanon —sentenció con decisión. Damien asintió.

—Te lo agradezco…

 

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El timbre sonaba indicando el final de las dos primeras horas, todos ordenaban sus pertenencias en sus mochilas, pero el grupo de amigos del segundo “B” se quedaron hablando muy preocupados mientras los otros salían a su siguiente clase.

—Damien no vino a la clase de historia…

Afrodita estaba preocupado por su compañero y amigo. Todos ellos lo vieron en la mañana cuando llegó buscando a Kanon. Que por cierto estaba muy callado y Aioria no estaba mejor.

—Es verdad. Kanon, él te estaba buscando en la mañana. ¿No lo viste? —le cuestionaba Mu que estaba sentado delante de él.

—No, Mu, no lo vi… —dijo con la mirada baja.

—¿Y tú, Aioria? También a ti te estaba buscando —ésta vez fue Shaka sentado junto a Mu en la misma butaca.  

Damien se sentaba junto a Kanon y Aioria a su lado en la mesa de a la derecha junto a Afrodita.

—No… —negó—, solo espero que esté bien…

Miró el de Leo a Kanon, el gemelo negó con la cara triste y una profunda preocupación.

Ninguno sabía, ni siquiera se imaginaba que Damien les había visto besarse en la mañana que los buscaba. Pero los dos griegos pedían a todos los dioses que no haya sido precisamente por eso que su amigo estaba desaparecido…

Notas finales:

Bien… llegamos al final de esta nueva entrega. Debo decir como reseña de mi propio trabajo que… el escribirlo me recordó todo lo humana que soy aunque de humana solo mantenga la forma. En realidad, aún hay cosas dentro mío que no puedo arrancarme y que lastiman aunque rara vez las toque…

Espero de corazón que les haya gustado y pues si gustan una continuación de esta historia. Puedo hacerla pero eso dependerá de ustedes hermosos lectores que sin su apoyo quizás a mí nunca me hubiera dado por escribir. Sin más me despido por hoy.

De nuevo gracias a los que se tomaron el tiempo de leer. Se los agradezco mucho.    


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