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En las Manos del Caos por Arizt Knith

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Notas del fanfic:

Originalmente este fic solo iba a llevar personajes del Clásico, LC, Alma Dorada y  también mención de las películas pero luego de leerme ND, Episodio G, etc he decidido utilizar ciertos personajes y situaciones de esas historias. Eso si Omega está lejos de este fic. 

 

No es por nada pero meh... no sentí mi cosmos arder. Uh… no lo odio pero no lo tocó.  El de Saint Seiya Saintia Sho todavía me lo tengo que leer y ver (si, no pude hacer nada de eso por motivos ... personales que me mantenían lejos y desmotivado)  

Todavía me frustra el orden cronológico del universo de SS pero me esforzaré aunque advierto que cambiare ciertas cosas tanto del universo de SS como de la mitología griega. 

No se si lo recuerden pero en este fanfic verán a muchos de mis OC  a excepción de unos cuantos que le pertenecen a una amiga que creamos juntas por medio de un rol de SS. Así mismo varias escenas son parte de dicho rol. Eso si, los oc no interferirán en las parejas de SS. 

Espero que les guste, este fic ya lo he subido en Wattpad y Fanficion!

No se olviden de dejarme comentarios, es algo que se los agradeceré!

Notas del capitulo:

¡Hola a todos! Aquí está el primer capítulo editado (por mi... necesito una beta ya que no confío en mis "habilidades" Diosito mándamela plz OTZ ) este es un fanfic que escribí allá por el 2015~~

Solo dire que me mantendré con mi idea original además de aclarar que usare varios oc pero ninguno de ellos será un tercero en discordia para la relación de los dorados/marinas/espectros.

"La leyenda nos dice que los caballeros siempre aparecen cuando las fuerzas del mal intentan apoderarse del mundo. En un tiempo lejano existió un grupo de jóvenes que protegía a Atenea, la diosa de la guerra y combatían sin armas.

Se cuenta que con un revés de la mano eran capaces de desgarrar el cielo y que de un solo puntapié abrían grietas en la tierra. Hoy un nuevo grupo de caballeros con el mismo poder e idéntico valor ha llegado a la tierra."

 

 

 

 

 

 



.

Época Actual
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Atenas, Grecia
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Durante el verano Grecia refulgía en todo su esplendor con los flashes de cámaras de los turistas amantes de la historia o jóvenes que aprovechaban a tomarse fotos y videos con los restos de columnas y templos todavía en pie para tener algo con que presumir sobre lo que habían hecho durante ese verano. Grietas de todos tamaños adornaban el mármol ya amarillento de las grandes y gloriosas edificaciones con cientos de años de historia, mitos y leyendas grabadas en mármol.

Era impresionante como su rica historia y arquitectura continuaba atrayendo a personas de distintas partes del globo terráqueo, todos con el deseo de conocer la tierra que vio nacer a incontables héroes cuyos nombres se convirtieron en grandes leyendas que lograron surcar los cielos y dejar sus nombres marcados en los cuerpos celestes.

Los guías turísticos relatan con enorme orgullo la historia de su tierra y la de sus ancestros, su emoción palpable al explicar con lujo de detalle sobre el Partenón; un templo consagrado a la protectora de Atenas, Atenea Pártenos, y uno de los principales templos dóricos octóstilos construido entre los años 447 a. C. y 432 a. C. en la Acrópolis de Atenas. Perfecto para conocer de su rica historia y fotografiar utilizando luz natural para capturar la belleza arquitectura dedicada a la diosa.

Lo que muchos ignoraban era de que más allá de todas esas ruinas existe un lugar apartado e invisible al ojo humano. Un lugar de difícil acceso y del cual muy pocos del exterior conocen. Un lugar del que los abuelos cuentan grandiosas historias que les fueron pasadas a ellos por parte de sus abuelos y a estos los abuelos de sus abuelos quienes emigraron de pequeños pueblos a los alrededores, en especial de uno llamado Rodorio y situado al pie del verdadero santuario de la diosa de la guerra justa y custodiado por sus guerreros que luchan por el amor y la justicia.

 

 

 

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–X–
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No era la primera vez que se enfrentaba a más de un dios a la vez pero Athena hubiera preferido que no sucediera en medio de la Guerra Santa contra el dios del Inframundo. Aún dentro de la urna donde Hades la había sellado las preocupaciones de a diosa incrementaban con la aparición de Loki y sus deseos de dominar la tierra.

La humanidad ignoraba el gran peligro que presentaba el Gran Eclipse de Hades y creían que solo se trataba de un evento astronómico normal. Mientras que en Midgar muchos estaban agradecidos con Andreas y la aparición del árbol Yggdrasil, creyendo que sus plegarias por fin habían sido escachadas por sus dioses y estos habían respondido. Aún dentro de esa urna en la que se encontraba sellada su preocupación eran sus caballeros y la humanidad. No era mucho lo que podía hacer en esa situación pero al menos sus oraciones y con lo poco que su cosmos le permitía dejó escapar unos pétalos bañados con su sangre que lograron llegar hasta Asgard, sangre misma que se utilizó para cubrir las armaduras doradas y transformarlas en armaduras divinas.

La victoria en Asgard le supo amarga a la diosa de la guerra justa quien jamás encontraría forma de recompensar a todos y cada uno de sus guerreros que han luchado desde la Época del mito para cumplir con sus deberes y mantener la paz sobre la Tierra.

No había reencarnación en la que no desease el fin de las guerras y por un mundo donde el amor y la paz reinasen.

Quizá su deseo debía mantenerse como eso. Un simple deseo de una diosa ingenua.

 

 

 

 

 — X —

 

 

 

La paz no es algo que se pueda brindar con solo desearlo.

Muchas veces resulta ser es una falsa paz a base del sacrificio del inocente y dejando la verdad oculta bajo un telón de bellas mentiras, con los cielos ébano y donde el llanto amargo irrumpe el pesado silencio haciendo flaquear hasta al más fuerte.

Mientras que la verdadera paz es el recorrido de un largo camino de espinas y el peso de los caídos, revelando las crudas verdades y las manos teñidas con el estigma escarlata.

Conseguir la verdadera paz es una larga odisea donde se deberá estar preparado para todo tipo de sacrificios, pero lo difícil no es el camino sino las decisiones que se toman y las repercusiones que están traen.

 

 

 

—X—

 

 

 

 

Ser despojada no solo de su Santuario sino que también de Nike no consiguió satisfacer la ira de los dioses gemelos, sobre todo la de Apolo. El dios del sol se sentía decepcionado por los crímenes de su hermana y de querer ocultar las aberrantes acciones de sus guerreros, quienes no solo han levantado el puño contra más de un Dios sino que también han intentado borrar completamente la existencia de este.

Todavía era tolerable herir o destruir el cuerpo humano que utilizaban como el contenedor de sus almas y hasta se podía perdonar el sellarlas en urnas, pero el destruir el cuerpo original de un Dios sobrepasaba los límites. Era un sacrilegio y más al tratarse del rey del Inframundo. El destruir su cuerpo y debilitar su alma afectaría en gran manera el balance de vida y muerte, dejando innumerables almas sin tener donde almacenar tantas almas o tener quien las supervisara, afectando también el ciclo de reencarnación.

Fue por ello que los dioses gemelos decidieron interceder y encerrar las almas de los caballeros dorados en un monolito de piedra donde nunca encontrarían el descanso y serían torturados por toda la eternidad, desatando así una nueva Guerra Santa.

Una guerra donde cinco caballeros de bronce no solo lucharon y vencieron a los ángeles Artemisa, sino que también levantaron su puño contra el dios Apolo.

 

«Un humano... ¿¡Un miserable humano ha logrado herirme?!» La estupefacción en su rostro cambió radicalmente a uno colérico y su cabellera rojiza ondeó como la corona de llamas del sol.

Veía sus dígitos manchados con sangre, su sangre, y cómo está ardía en sus venas al verse humillado tras haber sido tocado por ese insolente humano. Su mente convocó cientos de maneras donde le haría sufrir por toda la eternidad y pagar por su insolencia. Formas donde le haría agonizar y donde no solo torturaría su cuerpo mortal sino que también destruiría su mente y espíritu de guerrero.

Apolo como bien podía ser un dios benevolente también podía llegar a ser uno terrorífico al verse cegado por la furia, sobre todo ahora que ese pequeño insecto le veía como si el, el hijo de Zeus y uno de los Doce Olímpicos, fuera un ser insignificante.

Su cólera causó un descontrole en su cosmos y que este se desatará de lleno contra los cinco humanos y Atena, tan poderoso como el Big Bang que llegó a hacer temblar hasta a su propia gemela.

El cosmos de Apolo era terrible y sofocante donde cualquiera que no tuviera la bendición de un Dios Olímpico se extinguiría en un parpadeo. Tal vez por eso mismo fue que actuó sin pensarlo y dejó que su cosmos divino cubriera a los hermanos, solo ahí comprendiendo un poco a su hermana. 

Vio de reojo a la amazona del Águila e Icaro. Su cosmos divino los cubría como un manto cálido que les protegía de las violentas ráfagas del cosmos de su hermano, y aún con su protección observó a la amazona cubrir con sus brazos a Icaro como si con ello pudiera protegerlo de la furia del dios del sol.

Sintió la vergüenza emerger y cubrir su rostro así como un acongojó en su pecho. Si bien era una diosa y si así lo deseaba podía devolver a la vida a sus ángeles pero el hecho de escuchar los latidos del corazón de Icaro le envolvía en una extraña calma.

 

«¿A esto se refería mi hermana?»

 

Vio su mano alzada, la misma que había lanzado aquella flecha dorada hacia el pecho de Atena. Misma flecha que atravesó el pecho de Icaro y que por primera vez le hizo experimentar el miedo de perder a alguien. No deseaba aceptarlo, no podía aceptarlo pero así era. Sintió pavor cuando vio la sangre fluir del pecho de ese mortal a quien acogió y cuidó.


«Si Icaro muriera...»


¿Lo permitiría?

La respuesta era obvia y la barrera de protección creada con su cosmos era una prueba insólita. Solo ahora cuando ya era demasiado tarde fue que logro comprender la agonía de Athena al ver al caballero de Pegaso levantarse una y mil veces, ignorando las incontables heridas que cubrían su cuerpo maltrecho.

Artemisa suspiró y su mirada color de Luna volvió al frente donde terminó encontrándose con la de su gemelo. La mirada de Apolo le hizo temblar al verse atrapada realizando un acto indebido al estar protegiendo a un par de insignificantes humanos— y solo ahí fue cuando Artemisa cayó en cuenta que ni siquiera ella sería capaz de salvar a Tōma del Castigo Divino. 

 

 

 

 

 

«¿De esto son capaces los humanos?»

 

 

 

 

 

Su inquebrantable fe y su espíritu de lucha continuó avivando la llama de su cosmos haciéndolo así el protagonista de una nueva historia que quedaría marcada en la Eternidad.

A pesar de ese terrible cosmos que presionaba su cuerpo como si quisiera aplastarlo su pecho ardía junto a su devoción por su diosa. Las voces de sus hermanos del alma resonaba en sus oídos y las heridas y cansancio en su cuerpo se desvanecían con cada paso, alzando vuelo como Pegaso con su puño hacia el cielo y evadiendo los ataques de Apolo.

El silencio cubrió ese mundo distorsionado, los santuarios destruidos y la tierra para luego ser cubiertos por una brillante luz cegadora, dejando ver una última escena de un guerrero humano alzando el puño contra un Dios. 

 

 

 

 

 

«Un humano ha logrado lo imposible»

 

 

 

 

 

Apolo fue testigo de la fuerte convicción en el rostro del caballero de Pegaso y la esperanza rebosante en el corazón de Atena y los otros caballeros; todos con una fe inquebrantable y apostando sus vidas en el último ataque del caballero de Pegaso.

 


¿Como podía una diosa despojada de todo ser capaz de otorgar una bendición a su más fiel guerrero?

 

Apolo no comprendía como el cuerpo antes desnudó de Pegaso ahora era cubierto por una nueva armadura rebosante de vida.

 

 

 

 

 


«¿Acaso no fue impresionante?»

 

La escena que logró satisfacer la curiosidad del padre de los dioses fue el vuelo del caballero de Pegaso y como sus rápidos y fuertes puñetazos creaban cientos y miles de millones de Meteoros, un ataque cuyo calibre podía compararse al de Apolo y posiblemente herirlo en nueva cuenta.

Fue por eso mismo que esta vez decidió intervenir y dar por terminada aquella guerra entre sus hijos.

El tiempo pareció detenerse o quizá sólo avanzó de manera lenta antes devolver la calma a la tierra y borrar aquel terrible momento de la memoria de los mortales.


«No ha sido tan malo» resonó una voz masculina y con el mismo retumbe de un rayo al caer.


De manera paulatina y con una sonrisa bailando en sus labios dejó que la erosión en los santuarios se detuviera para luego devolverles aquella elegancia y gloria con la que se les describía, dejando que su poder llegase hasta las profundidades del Inframundo y evitar que este sucumbiera a su destino— aunque la restauración de este se llevaría un poco más de tiempo, al menos hasta que el cuerpo de Hades sanara y este mismo se encargase de reconstruir su reino.

 

Las figuras de Atena y sus caballeros aparecieron en el centro pulcro de una sala marmolada de piso hasta la cúpula del techo, con columnas cubiertas por enredaderas con las flora más bella y jamás antes vista.


«Bienvenida hija mía»


Desde sus tronos los soberanos del Olimpo les observaban con distintas expresiones. El rey y padre de los dioses tenía una expresión divertida mientras jugaba con uno de sus rayos y observaba a su amada hija, mientras que Hera parecía disgustada que los bastardos de Zeus no se hayan logrado matar entre ellos.

Finalmente cuando salió de su estupefacción la diosa reaccionó antes que sus guerreros y se colocó enfrente de estos como si con ello lograra ocultarlos de la vista de su padre. Zeus le vio con una ceja alzada pero sin perder jocosidad.

«Padre...»

Seiya y los demás se sorprendieron al escuchar aquella voz provenir de Saori que si bien seguía siendo la misma está poseía una diferente entonación, algo más místico y poderoso. Algo humano y a la vez carente.

Saori... Atenea mostró sus respetos ante ambos regentes con una reverencia y luciendo como una verdadera diosa con sus vestiduras blancas cubriendo su cuerpo, sus pies con un exquisito calzado dorado cuyas cintas iban entrelazadas y amarradas a mitad de las pantorrillas, una simple gargantilla hecha por Hefestos con un material único y hermoso en todo el mundo además de ser un regalo de su padre, y nuevamente Nike de su lado.

La mirada de todo el Panteón griego estaba sobre la hija predilecta del rey de los dioses quien por fin había sido atrapada en un acto imperdonable. Seiya y los demás empuñaron las manos al ver a su diosa pedir perdón como si hubiera sido ella la que cometió un crimen.

Los santos de bronce podían sentir cientos de pares de ojos sobre ellos casi desanudándolos con la mirada a pesar de estar vestidos con sus armaduras. Los cuchicheos venían desde curiosos hasta aburridos, otros les señalaban como si fueran animales de circo y otros pedían que la guerra continuase o fueran castigados por su insolencia.

 

«¿Porque los castigaría cuando han peleado con gran valentía y defendido a mi amada hija?» la voz de Zeus que si bien era animada tenía un tinte de amenaza logrando así silenciarlos a todos. «¿Acaso no es lo mismo que ustedes esperarían de sus guerreros?»

El rey de los cielos observó a cada uno de los presentes notando en sus rostros como más de alguno deseaba objetar y otros simplemente estaban molestos por haber sido arrastrados al salón del trono. Sus largos cabellos rubios se mecieron con la suave brisa, acomodándose mejor sobre su trono y cogiendo la copa de Ambrosía que Ganimedes ya le tenía preparada al lado suyo. La mirada de ambos se encontraron por breves segundos que parecieron eternos para el joven copero, siendo este quien la alejó primero al sentir la mirada fúrica que Hera les dedicaba; aunque a Zeus parecía importarle muy poco lo que su esposa pensara.

Sin embargo, de entre todos los espectadores había uno que no sabia que pensar o sentir en esos momentos y más al estar presenciando lo que parecía ser un acto íntimo entre el rey y padre de todos los dioses y quien vendría siendo el primer caballero de Acuario.

'Que bueno que el maestro Camus no está para ver esto,'  no era información nueva ya que todo caballero nacido bajo la constelación de Acuario no solo era instruido en el arte del combate sino que también en la historia del Rapto de Ganimedes, también conocido como el primer caballero de Acuario, al igual que la historia de todos los santos de ese mismo signo y al servicio de Atenea. Pero de todas maneras esta era una escena que no deseaba presenciar y más con una tensión tan palpable que podría cortarse con un par de tijeras oxidadas.


«Claro, como es tu hija favorita decides pasar por alto sus crímenes»

Dioses, semidioses y hasta aquellos guerreros que confiaban como su mano derecha y tenían el privilegio de estar parados en esos momentos junto a sus dioses, se tensaron y evitaron respirar. Atenea vio a ambos regentes y lentamente fue retrocediendo hasta llegar a sus caballeros donde Seiya y Shiryu se colocaron a cada lado suyo. Ikki quien estaba detrás veía con cierto interés la discusión que se avecinaba, no le mal entiendan sabía que estaban en territorio enemigo y que en cualquier momento otra guerra podría estallar pero por lo que veía esta sería entre los reyes del Olimpo.

No había nadie en el mundo que no supiera de las disputas entre Zeus y Hera, y los cientos de amoríos e hijos que el rey de los dioses dejaba desperdigados por todo el mundo.

La madre de los dioses bufó y se cruzó de brazos, girándose levemente hacia el lado opuesto para así evitar ver la cara de su esposo, «El Olimpo y hasta los humanos saben como pasas de largo los berrinches y crímenes de Atenea» sus labios rojizos se ensancharon en una sonrisa sardónica y su mirada tan brillante y bella como un par de esmeraldas adquirió un brillo ponzoñoso al notar que su esposo se tensaba, «Pero claro, ¿acaso alguna vez la has castigado por los cientos de pecados que ha cometido a lo largo del tiempo?»

Seiya quiso refutar las palabras de la diosa Hera pues Saori jamás había cometido dichos crímenes y en su lugar ha velado por el bienestar de la tierra y humanidad, pero un ademán de su diosa bastó para guardar silencio aunque por dentro se muriera de ganas en gritarles las verdades a todos esos dioses. Claro que la interacción de ambos no pasó desapercibida para Hera quien pausó a sus palabras y con gracia cruzo una pierna sobre la otra dejando entrever ligeramente sus níveas piernas a través del corte en el vestido con diseño similar a las plumas de un pavo real, muchos dirigiendo la mirada hacia otro lado y evitar que la furia del soberano de los cielos cayera sobre ellos. Todos sabían que ese acto sensual por parte de la diosa se debida a que deseaba que la mirada de todos estuviera sobre ella y así causar celos en el rey del Olimpo, sin embargo no hubo reacción de este.

El único sonido que irrumpía en la sala eran el constante tamborileo de sus falanges contra el porta brazos del trono mientras que con su otra mano se acariciaba la barbilla, casi pensativo e ignorando a su esposa. A su lado su amante se mantenía sereno y sosteniendo la copa con algo de Ambrosía, satisfecho de ver al dios del trueno mantener la compostura.

«Si, en efecto. Tienes toda la razón, esposa mía»

Hera y todos los presentes se petrificaron con la mirada sobre el dios del trueno y el rayo. La compostura de Zeus era de extrañar y más como este seguía calmó y con aquella jocosidad innata en el, con la única diferencia de que su mirada dorada brillaba con malicia, paseándola  por todos los presentes hasta detenerse y observar con detenimiento a sus hermanos, sobre todo a Poseidón quien lucía infeliz al estar sosteniendo el alma débil de Hades— había sido un milagro el haber llegado a tiempo antes de que el cuerpo y alma de su hermano mayor se debilitarán todavía más o de lo contrario todo se hubiera ido al mismísimo carajo.

«La... ¿La tengo?»

«¡¿La tiene?!» murmuraron otros dioses, Zeus les escucho y asintió.

«Claro. A decir verdad, ya he perdido cuenta de cuantas Guerras Santas se han librado o entre quienes han sido. Ni ni siquiera recuerdo los motivos de la mayoría» continuó acariciando se la barbilla y con aire pensativo, asintiendo y tratando de rememorar que causó la primera Guerra Santa y contra quienes fue.

Poseidón y Hades cómo adivinando los pensamientos de su hermano menor solo podían verle con eterno odio, ese mismo que le dedicas al hipócrita de tu hermano que se comió esa golosina que guardaste con tanto recelo para comértela cuando regresaras del colegio y al buscarla solo encuentras el envoltorio en el qué venía. Lo peor de todo es que al preguntarle este te miente con todo el descaro del mundo.

Hestia y Demeter veían a Hera como esperando que reaccionara de forma violenta y tuvieran que intervenir o huir.

«Y creo que ya ha sido suficiente de tantas guerras sin sentido, ¿no lo creen?»

«Vaya... jamás me imagine que nos propusieras algo así, ¿acaso ya estás a punto de retirarte?»

Su voz atrajo la miradas de todos y Hera se acomodó mejor en su trono al ver a su hijo haciéndose notar. Ares camino hasta el centro de salón todavía con aquella sonrisa burlona y ácida, su mirada sin despegarse de Atenea quien en más de una ocasión le ha hecho comer el polvo además asesinar a sus Berserks en el pasado. La mirada dorada del dios de la Guerra se volvió esta vez a la de su madre a quien le dedicó una fugaz mirada para tranquilizarle.

'Ya sabia que esto estaba demasiado tranquilo,' pensó el rubio, masajeándose la sien y dejando ser a Ares. «No me voy a retirar y tampoco me voy a morir si es eso lo que te preocupa»

Chasqueó la lengua y se alzó de hombros, «Es una lastima»

 

 

"Jamás me imagine que terminaríamos en medio de una discusión familiar"

Los demás le dirigieron una mirada a Seiya para que este se callara aunque por dentro concordaban con las palabras de Pegaso.

Atenea, "Yo tampoco y me preocupa lo que mi padre tenga planeado"

Padre e hijo continuaban en un duelo de miradas donde ninguno deseaba apartarla más al escuchar la voz de su hija, Zeus acabó por hacerlo y regresarla a la de cabellos morados, haciendo un gesto con la mano para que esta se acercara.


«Ven, hija mía. Ven y acércate para que pueda verte mejor» la joven diosa obedeció a sus palabras y camino con la cabeza en alto y Nike está vez en su hombro y transformada en una prístina lechuza de brillantes ojos que escondían galaxias. Zeus bajó de su trono y acortó la distancia donde le tomó con suavidad por las manos y le dedicó una profunda mirada. Sus facciones se suavizaron como si estuviera rememorando algún momento, viéndose vulnerable por unos instantes. «Tan hermosa como siempre»

Tan hermosa como la persona que robó su corazón hace muchísimo tiempo atrás.

Solo pocos sabían quien era capaz de poner tal expresión en el padre de los dioses y Atenea sabia claramente que su padre veía en ella el recuerdo de su madre. Era consciente de los incontables amoríos de su padre además de la larga lista de hermanos y hermanas que tiene, pero quizá fue su partida lo que le hizo cambiar.

«Haz tenido muchos problemas protegiendo la tierra, ¿no es así?»

La joven diosa se preguntó si estaría bien responder con sinceridad y más al tener las miradas de todos sobre ella, pero al final decidió que lo mejor era ser sincera.

«Demasiados diría yo»

El regente asintió, «Por eso mismo he llegado a la conclusión de que lo correcto sería firmar un Tratado de Paz»

Athena parpadeo confundida, «¿Un tratado?»

El dios asintió.

Zeus soltó las pequeñas manos de su hija y dirigió la mirada a su esposa, hijos y hermanos y hasta a esos cinco chiquillos que tantos dolores de cabeza les han causado.

Las curvaturas de sus labios se fueron alzando hasta formar una sonrisa que causó escalofrío en más de alguno, «Como bien dije, ya ha sido suficiente de tantas guerras (peleas infantiles) entre todos nosotros y que mejor opción que firmar un tratado donde acordemos llevarnos bien. Y en caso de que alguien cometa una falta entonces será castigado, ¿acaso no es una excelente idea?»

«¿Y tu de verdad piensas que algo así funcionará?» preguntó Demeter, cansada ya de estar ahí y tener que soportar la presencia de sus hermanos.

«Oh, querida Demeter» rió y negó.

La diosa de la cosecha a pesar de sentirse incómoda con la mirada de Zeus no se dejó intimidar, manteniendo la mirada y las manos empuñadas.

«TIENE que funcionar. De lo contrario sus almas acabarán selladas en una urna por dos mil años» finalmente el rugido de sus palabras logró captar la atención de todos y muchos de los dioses comenzaron a cuestionarlo.

«¿¡Dos mil años?!»

«¡ZEUS! ¡¿ACASO ESTÁS LOCO?!»

Zeus admiraba la valentía o idiotez de quienes le cuestionaban como si hubieran olvidado con quien estaban tratando.

«¿Acaso acabo de arruinar sus futuros planes de guerra?» preguntó de vuelta, algunos cayendo en cuenta de que se habían exaltado sin sentido pues ni tenían planes de invadir y otros retirándose con el rabo entre las patas al verse atrapados. «Ahora que lo pienso, quizá ese castigo es muy leve, ¿que tal si agregamos algo más?

«¿Que más podría agregar?» se preguntó Hermès quien estaba con la espalda recargada a un pilar y viendo el circo que se había armado.

Lamentablemente su padre logró escucharlo.

«¡Que bueno que lo preguntas, Hermès!»

'Vaya manera de ganarme el odio de todos,' pensó el dios mensajero al sentir las miradas ajenas. Por esto y más era que odiaba pasar más de un minuto en el Olimpo. Dionisio que estaba a su lado y bebiendo una gran copa de vino se rio de su desgracia, ganándose un golpe por parte del mensajero.

«Además de los dos mil años de encierro por faltar a su palabra también se les despojará de sus mejores atributos y posesiones. Posiblemente de cualquier cosa que les haga feliz»

Esta vez la sala se llenó de un sepulcral silencio donde los dioses temían decir algo que provocara a Zeus y terminara agregando más castigos a la lista.

Los únicos quienes parecían no agarrar el hilo de la situación eran los santos de Atena. Los pobres estaban comenzando a creer que efectivamente habían perdido la guerra contra Apolo y ahora se encontraban siendo castigados, quizá en medio de un programa donde le hacían bromas a las personas y luego de conseguir sus reacciones les enseñaban donde estaban las cámaras. O quizá estaban atrapados en la Zona Twilight.

 

"Una vez vi algo similar en la televisión" comentó Hyoga.

La situación era entre hilarante y triste.

No pasó mucho para que los gritos e indignaciones de sus hermanos y hermanas se hicieran escuchar. Hera parecía lista para atacarlo de no ser por Hebe quien intentaba por todos los medios calmar la furia de su madre.

«Por favor, ¡no lo hagas madre!» ni como calmar la ira de la diosa del matrimonio. La pobre de Hebe se había abrazado a la cintura de Hera para evitar que esta se lanzara encima de Zeus y ahorcarlo.

Si alguien los viera e ignorara que son seres inmortales seguramente pensarían que se trataba de una familia cualquiera, de esas típicas que se pelean hasta por los terrenos de los abuelos. Claro que nadie era lo valiente para susurrar algo así o de lo contrario sufriría a manos de la Gran Madre Gaia.

Con razón todo el Panteón Nórdico le creía el hazme reír y ya ni digamos del Egipcio. Zeus decidió ignorar a su amada familia por el bien de su salud mental aunque era difícil sobre todo con las palabras de Odín retumbando en sus oídos, recalcándole que era un inútil por no haber interferido mucho antes.

'Como si Midgar y Asgard estuvieran en mejores condiciones,' pensó. «No me importa si se odian a muerte. De ahora en adelante deberán aprender a llevarse bien, ¡sin peros, Apolo!» gritó al ver que intentó reclamar, ganándose las risas burlonas de sus tantos hermanos.


«Artemisa, ¡di algo!»

La diosa de la caza evadió la mirada de su mellizo recordando la amenaza silenciosa de Apolo. Odiaba la idea de tener que traicionar a su hermano pero de no hacerlo corría el riesgo de que Apolo atentara contra sus ángeles, quizá... quizá si escuchaba a su padre entonces podría recuperar a Icaro y salvarlo de la furia de su gemelo.

«Apolo... lo siento...»

Apolo se ha visto traicionando y rechazado por ninfas y sátiros, humanos y cualquier otro ser inmortal o mortal pero ninguna de esas traiciones ha llegado a dolerle tanto como la de su melliza. El dios arquero tenso la mandíbula y su mirada severa se clavó en ella, intimidándola para que cambiara de opinión.

Por otro lado Poseidón quien estaba utilizando el cuerpo de Julián Solo enarcó una ceja al sentir la tensión e inquietud en el alma de Hades. Era obvio que de todos los dioses que se han enfrentado a Atena él era quien más había terminado perdiendo, sobre todo en esta última Guerra Santa, y era claro de que no le caería en gracia la decisión que Zeus había tomado por sí solo. Claro que al ser el Gobernante del Cielo tenía ciertos derechos y beneficios pero ellos eran seis hermanos en total. Eran los Seis Traidores que habían vencido y encerrado a los Titanes y por lo tanto tenían derecho y autoridad, sobre todo a la hora de tomar una decisión cómo está y Zeus nuevamente había actuado por si solo.


«O se llevan bien o me veré obligado a castigarlos a todos. Y si, ¡eso te incluye a ti también Hades!»

«Claro, ¡como no eres tú el que se quedó sin su cuerpo!»

Zeus rodó los ojos, «¡Por el amor a todos nosotros! ¡Tu cuerpo está siendo sanado en estos momentos!»

«¡¿Y cuanto crees que se va a tardar, genio?!»

Sin embargo, Poseidón no podía evitar pensar de que había algo extraño en la manera en la que estaba actuando su hermano menor. Zeus nunca había interferido en las guerras por muy grotescas y violentas que hayan sido, ni mucho menos en las que Atenea ha participado y ganado, o perdido ( contra Arachne y Afrodita, quien recibió la manzana dorada al ser considerada la diosa más hermosa.)

El emperador de los mares frunció el ceño con ligereza y entre cerró su mirada tal cual océano sobre la figura de su hermano menor.

El dios del trueno bufó frustrado, «Pues escoge el cuerpo que desees»

Ikki al escuchar eso inmediatamente tomó a Shun y lo coloco detrás suyo en una clara amenaza en su rostro de que su hermano no estaba disponible para servir nuevamente como recipiente para el alma de Hades.


«Escoge cualquiera pero menos al chiquillo de Andromeda»

Hades soltó lo que parecía ser un gruñido asustando un poco a Poseidón, ya cansado de ser el mueble/sirviente personal de su hermano mayor, «Bien. Quiero el que use en el siglo XVIII»

«Concedido» y dicho y hecho Zeus le concedió su deseo como si fuera algún genio de lámpara mágica, cayendo exhausto sobre su trono. De ser humano su presión arterial estaría por los cielos.

«¿Y donde está mi cuerpo?»

Zeus chasqueó la lengua y se frotó las sienes, «Hermès se encargará de enviártelo al Inframundo o al Castillo Heinstein. Dile a alguno de tus espectros que confirme la dirección de envío»

Al escuchar eso Hermès inmediatamente se regresó a ver a su padre y se abrió paso entre el océano de dioses, plantándose a una distancia prudente de Ares quien seguía molestó con Zeus por estarle ignorando. En su mente culpando y maldiciendo a Atenea.

«Un momento, un momento, ¿quieres que yo le lleve un cuerpo? ¿Que soy, UberEats? ¿Amazon? ¿AliExpress?»

«Hmm, algo similar»

Hermès enarcó una ceja se cruzó de brazos y dio un par de golpeteos con el pie sobre el piso. «Si sabes que estoy ocupado con mil cosas, ¿verdad?»

Más de un Dios volteó a verlo no muy convencidos pues si bien cumplía con sus deberes también utilizaba su tiempo para gastarles bromas a otros o simplemente ir a sus reinos a comerles la alacena completa.

«¿Porque no se lo pides a Iris?»

La aludida vio indignado al otro mensajero, chasqueando la lengua y moviendo el dedo índice de manera negativa, «No gracias. Ahí asustan y entre tú y yo tú conoces mejor el Inframundo»

 

El caos volvió a reinar donde ambos discutían sobre quien entregaría el cuerpo de Alone a Hades. Algunos discutían sobre cómo dejar calvo a Zeus y otros cuantos sobre retirar sus tropas ya que los planes de visita -invasión- se habían cancelado.

El Soberano del Cielo decidió ignorarlos y agarró la copa de Néctar que esta vez Ganímedes le ofrecía, dándole un gran trago hasta dejar vacía la copa con la esperanza de que le quitara la migraña que le estaba iniciando. Al menos su querido amante era el único que no le causaba problemas, ¡bendito sea Ganímedes!


Resopló y con expresión aburrida buscó con la mirada a su hija y al grupito de caballeros, haciéndole una seña para que se acercase.

«Padre, ¿estás seguro de esto?»

De tratarse otra persona Zeus se molestaría con esa pregunta pero al ser Atena solo sonrió, «Descuida todo saldrá bien. Además, ya es tiempo que seamos una familia unida, ¿o no?»

Ciertamente Atena no estaba segura de si podrían ser una familia unida y más con los años de historia que se cargaban, pero decidió no contradecir a su padre y aceptó su mandato.

Al final del día todos tuvieron que firmar el bendito "Tratado de Paz," con un sonriente Zeus que les deseaba suerte y no cometieran crímenes o de lo contrario acabarían sellados en las urnas que Hefesto crearía especialmente para ellos. Ante la amenaza nadie siguió quejándose. Hefesto era un excelente herrero y si sus armas eran perfectas y poderosas no cabía duda que nada ni nadie sería capaz de sacarlos de liberarlos y tendrían que esperarse a que el lapso del castigo se cumpla.

Con ello el rey del rayo se retiró despidiéndose con un beso que lanzó al aire y con su copero a su lado, dedicándole un guiño a su hija a quien según le esperaba un grandioso regalo en su santuario.


Y efectivamente cuando Athena y sus caballeros fueron devueltos a la tierra terminaron apareciendo en un lugar lejos de la mansión Kido, ni siquiera en la Cámara del Patriarca.

Los cinco jóvenes y diosa observaba a sus alrededores y con una expresión pálida entre temerosa y esperanzada.

'¿Acaso a esto se refería mi padre?'

 

 

TBC

Notas finales:

Un dato que me encontré en Wiki es sobre la Ambrosía y el Néctar.

"Si bien habitualmente el néctar era la bebida y la ambrosía la comida de los dioses, se cree que originalmente ambos términos no estaban diferenciados. Por otra parte, en la obra de Alcman el néctar era la comida, y en las de Safo y Anaxandridas la ambrosía era la bebida."

Pero en mi fic he decidido poner ambas como una bebida especial que puede ser creada por Hebe, Dionisio y Ganimedes; así es; no solo es el copero pero también tiene otros trabajos que ha aprendido y masterisado en todos esas centurias.

Pienso que la comida sigue siendo la misma que ingiere otro ser humano con la única diferencia que es mil veces mejor, deliciosa y pues... cara.

¡Nos vemos en el siguiente capítulo!


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