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Only reason. por DNA

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Notas del capitulo:

Holi!!!

Aquí de vuelta con su regalo de navidad, espero les guste.

Les envío un enorme abrazo y mucho besos ^^

Disfruten!~

|Mañana comienzo a ir a la escuela.|

Le anunció el precioso castaño de sonrisa angelical y, repentinamente, Sehun ya no estaba tan animado a pesar de que llevaban jugando desde que había vuelto de la escuela. Lu sin embargo se veía de lo más feliz y aunque interiormente Sehun sabía que ese era el final de todo, igual le sonreía porque le gustaba verlo feliz.

Llevaban siendo algo parecidos a amigos como por tres semanas en las que él acudía a jugar a su casa todos los días luego de la escuela, excepto los fines de semana que aparecía a las nueve de la mañana en su puerta. Los primeros días eso no fue así y de hecho a Sehun le daba algo de vergüenza siempre estar en casa de Luhan, pero si él no iba por cuenta propia el pequeño castaño siempre iba a buscarlo y él terminaba por rendirse, porque Sehun simplemente no podía con él y sus pucheros —que ahora sabía que eran un arma infalible en su contra—, sin embargo, eso iba terminar pronto por lo que veía.

|Eso es genial, ya no seré el único que sufra con la tarea.|

Respondió con ayuda del traductor. Lu rió con algo de fuerza mientras asentía frenéticamente y de alguna manera Sehun sentía que estaba bien siempre y cuando él estuviera así de feliz, claro que también iba a extrañarlo.

Ese día él se fue a casa luego de que la señora Wu lo obligara a cenar con ellos, Luhan se despidió de él en la puerta con una inmensa sonrisa dibujada en su rostro, el pequeño pelinegro le revolvió el cabello escuchándolo reír y finalmente emprendió su camino de vuelta hacia su hogar, al cual tenía que caminar apenas ya que estaba a un lado de la de Luhan.

Al entrar a casa la mirada cansada y desinteresada de su madre se posó sobre él, que la miró de la misma manera antes de seguir su camino hasta la sala de estar donde su muy imbécil hermano mayor miraba la televisión.

— La cena ya está lista —anunció su madre.

— Ya comí —respondió Sehun, sin molestarse en mirarla.

— No estoy preguntándote, ven a la mesa —le ordenó.

El menor no discutió más luego de que ella dijera eso; sabía bien ya que esa era la señal de que su padre estaba en casa y cuando él estaba en casa todos tenían que comer en la mesa. Se puso de pie en el instante que Minho apagó el televisor y junto con él, Sehun fue a la cocina para ocupar su lugar en la mesa.

Era una mesa pequeña para cuatro personas, sus padres estaban el uno frente al otro y ellos se situaban a los costados. Pronto el sonido de los cubiertos era lo único que podía escucharse en ese lugar, todos manteniendo la mirada fija en sus platos para así no mirarlo a él porque era una especie de regla que nadie decía en voz alta.

Estaba prohibido mirarlo a la cara a menos que él te hablara.

Sehun lo escuchó carraspear y ni se inmutó a diferencia de su mamá que se tensó visiblemente. La comida sabía bien pero si a él se le antojaba tendría demasiada sal y mamá pronto estaría llorando, suplicándole que no le hiciera nada.

— Últimamente sales mucho, ¿a dónde vas Sehun? —interrogó.

El pequeño niño sintió en ese momento como todos los bellos del cuerpo se le ponían en punta, se esforzó para esconder el temblor en sus manos y levantó la mirada para mirarlo a los ojos para así finalmente responderle antes de que perdiera la paciencia.

— Los vecinos nuevos son extranjeros y como no conocen muchas cosas me piden ayuda a mí, me están pagando por ello —mintió, si le decía que era un trabajo seguro que lo dejaba en paz.

— Así que es eso —murmuró y él menor temió ante la idea de que no le creyera—. Es bueno saber que al menos uno de mis hijos es alguien útil —masculló antes de volver a centrase en su plato.

Sehun pudo ver como Minho apretaba la mandíbula pero no decía nada, su respiración volvió a normalizarse y pudo seguir comiendo lo mejor que podía, considerando que no tenía nada de hambre y que tal vez de seguir así iba a vomitar.

Al final la cena fue en paz y tan pronto acabó, él se largó a su habitación tan pronto terminó de ayudar a recoger la mesa porque escapar antes de que algo malo sucediera era su prioridad. Sabía ya lo loco que era tener que cerrar la puerta con llave aún cuando estaba en su propia casa pero había aprendido que no hacerlo podría costarle muy caro.

Esa noche se metió a la cama luego de terminar de hacer los deberes pero no pudo dormir. Las miles de posibilidades de lo que fuese a pasar al día siguiente una vez que Luhan apareciera en la escuela lo tenían vuelto un lío de inseguridad.

Una vez que Lu pusiera un pie en la escuela, él iba a enterarse que Sehun no era el agradable chico que gustaba de visitarlo todas las tardes, él iba a saber que era un antisocial sin amigos al que todos los profesores detestaban debido a lo altanero y rebelde que era. Era simplemente inevitable que Luhan descubriera que no era el niño bueno que se había vuelto su primer amigo.

Sin duda iba a perder al único amigo que había tenido en mi vida y sin embargo, le parecía bien porque de alguna forma sentía que era así como debía ser.

Lu tenía que tener muchos buenos amigos con quienes compartir muchas cosas y él no iba a poder hacer algo así con un niño como lo era Sehun, que aparte de tener una actitud de mierda también provenía de una familia disfuncional con un padre violento, una madre indiferente y un delincuente por hermano mayor, eso sin duda no era algo que Luhan tuviera que experimentar.

Nada de eso era bueno para alguien tan dulce como era Lu y aunque él decidiera aceptarlo tal y como era, seguramente sus padres terminarían por apartarlos una vez supieran todo sobre él y su familia, por eso era mejor hacerlo de esa forma y estaba bien para Sehun si se trataba de lo que era bueno para Lu.

El sol salió demasiado rápido para su gusto y como de costumbre su casa estaba totalmente vacía; mamá había dejado una nota indicándole cual era su desayuno y tan pronto lo vio fue y lo tiró a la basura. Ella siempre se esforzaba el mínimo por su hijo menor y de verdad que esa mañana a Sehun no le apetecía en lo absoluto su insípida, o tal vez salada, comida.

Lo primero que hizo esa mañana fue prender la cafetera para poder obtener una buena taza de café y seguidamente se dirigió al frigorífico y la despensa para ver que era lo que tenía a la mano para desayunar. No pudo contener su sonrisa triunfal cuando encontró en el frigorífico los waffles congelados que su madre había llevado a casa hacía unos días atrás y sin más se puso manos a la obra.

Varios minutos después finalmente se dirigía a la escuela a toda velocidad y no era que estuviera llegando tarde ni nada, tan sólo había decidido huir de Luhan, y sí, ya sabía que estaba siendo un idiota muy cobarde pero la noche anterior había tomado una decisión y no iba a cambiarla.

Fue el primero a llegar al aula y bufó sin poder contenerlo porque sinceramente odiaba que eso sucediera pero era algo inevitable, arrastró sus pies hasta su lugar y se dejó caer sobre la silla; ese día seguramente iba a ser el más largo de toda su corta vida.

Y le hubiese gustado decir que se equivocaba en todo pero no era así y ahora sus ojos estaban tratando de evitar la mirada de cierto niño chino que lo miraba con un pequeño puchero en los labios. Un bastardo miserable, eso tenía que debía ser él por estar ignorándolo.

— Niños —llamó la profesora Kang—, este es el pequeño Wu Luhan, viene desde China y de ahora en adelante se incorporara a esta clase, así que trátenlo muy bien y sean pacientes con él porque todavía está aprendiendo a hablar el idioma —dijo la tonta maestra.

¡Maldita sea!

Vociferaba para sus adentro Sehun porque de todos los salones y clases existentes Luhan estaba en el suyo y lo miraba de esa forma. Para ser honestos estaba harto de evitarlo y por esa razón, y sin pararse a pesarlo por segunda vez, le envió a él la misma mirada de asco y odio con la que miraba a todo el mundo.

La expresión que se dibujó en su bonito rostro fue como un golpe bajo a sí mismo, lo vio agachar la mirada con tristeza y deseó con todo su ser poder retroceder el tiempo para así borrar eso que había hecho.

— Señorita Shin —llamó la profesora Kang.

— ¿S-sí? —respondió la estúpida niña castaña de grandes ojos marrones que tenía a todos los niños —menos a él—, suspirando por ella. Shin Cherry, su estúpida vecina de enfrente.

— Sé que vivió una temporada en China y que domina el idioma, es por eso que le pido ayude a Luhan traduciéndole todo lo que yo diga en clase, él ya sabe leer y escribir en el idioma así que no será un problema eso —explicó la profesora.

— Me encantaría —respondió ella con demasiado entusiasmo para su gusto—. 你好, 我的名字是 Cherry (Nǐ hǎo, wǒ de míngzì shì Cherry) —dijo con esa irritante sonrisa de maniquí.

— 你好 (Nǐ hǎo) —susurró Luhan en respuesta.

Las clases pasaron igual de aburridas que de costumbre. De vez en cuando Sehun podía sentir la insistente mirada de Luhan sobre él pero se obligaba a ignorarlo y prestar atención a la clase como nunca lo había hecho y fue un alivio cuando finalmente llegó el descansó. Una vez el timbre sonó él de inmediato vio como todos se abalanzaban contra Lu, parecían hienas y él debía salir de ahí antes de perder la poca paciencia que no tenía para esas alturas.

No tenía que esperar a nadie, así que tan sólo debía ponerse de pie y largarse. Fue justamente lo que hizo mientras podía escuchar al fondo como todos llenaban de preguntas a Luhan mientras que Cherry se encargaba de traducir todo para él.

— ¡Se-Sehun! —escuchó su nombre salir precipitadamente de sus labios, acompañado de un pequeño tirón sobre su ropa.

Sorpresa. Estaba seguro de que eso fue lo único que reflejó su rostro mientras que las nerviosas manos de Luhan se apresuraba a escribir algo en el traductor y su sorpresa aumentó mucho más al ver que lo había traído con él.

| ¿Por qué estás molesto conmigo? ¿Qué hice mal? |

Le preguntaba con una expresión demasiado triste. Su corazón se encogió sólo con eso y las ganas de golpearse a sí mismo eran preocupantes en esos momentos. Una sonrisa pequeña se dibujó en los labios de Sehun en espera de con eso reparar un poquito del daño hecho.

—No has hecho nada malo, es sólo que yo… pensé que tal vez… tal vez tú…

|No te entiendo.|

Fue lo que ponía en el traductor, su expresión ahora también era ansiosa y asustada. Y Sehun en verdad no entendía cómo fue que logró controlar las intensas ganas de golpear su cabeza con la pared más cercana para así tal vez no continuar siendo así de estúpido.

Suspiró pesadamente antes de volver a mirar a Luhan y extender su diestra a modo de una muda solicitud para que le prestara el traductor. Las manos de Luhan temblaban ligeramente cuando le entregó el traductor para que finalmente él pudiese responderle de una forma que él entendiera lo que trataba de decirle.

|No es tu culpa, tan sólo tuve una mala mañana y de alguna forma me estaba desquitando contigo, lo siento Lulu. |

Su rostro de concentración mientras leía eso, era sin duda la cosa más adorable del mundo entero aún cuando fue totalmente superado por su radiante sonrisa, esa, a la que Sehun estaba acostumbrándose a ver cada día de su vida.

|No importa. Todos tenemos malos días, yo no estoy molesto.|

Respondió felizmente.

|Gracias.|

La sonrisa del pelinegro se ensanchó sin ningún esfuerzo, no tenía necesidad de ser la mueca falsa que algunos veían a veces, con Luhan siempre podían ser sinceras y era fácil que aparecieran.

| ¿Ya puedes darme un recorrido por la escuela? |

Ambos rieron luego de esa pregunta, Sehun le hizo una señal para que lo siguiera y pronto tenía a un lindo chico siguiéndolo por todo el lugar. El pelinegro no entendía su idioma pero aun así hablar con él le resultaba tan natural como respirar, fue entonces que se propuso hacer algo que estaba seguro que no haría más que por él.

Su primer día de escuela luego de haber resuelto su problema —causado por Sehun—, fue sin problemas. Luhan era inteligente después de todo, aunque debía admitir que era sumamente molesto sentir las miradas de todos los demás sobre él luego de que Luhan decidiera mostrarle su linda sonrisa cada vez que le era posible.

El camino que siempre hacía de vuelta  completamente solo, ahora tenía un compañero que no dejaba de hacer pucheros luego de que la directora le dijera que tenía que cortar su cabello. Sehun había tratado de explicarle a esa vieja bruja que Luhan tenía una fobia con eso pero le importó un pepino y comenzó a hablar sobre las reglas. ¡Luhan todavía no entendía cuando le hablaban en coreano, ¿acaso era estúpida?!

Lo más probable era que la respuesta fuese positiva ya que la maldita no se calló hasta terminar de recitar todas las malditas reglas, y para él explicarle todo a Luhan no fue tarea fácil cuando él comenzó a hacer ese mortalmente tierno puchero.

| ¿De verdad debo hacerlo? |

Le pregunto por…

En realidad ya no recordaba cuantas veces ya le había preguntado eso pero nuevamente tuvo que asentir en respuesta a su pregunta, lo escuchó murmurar cosas que creía eran insultos en chino y no pudo evitar sonreír porque de verdad que era una cosita demasiado tierna.

|Puedo acompañarte ese día si tú quieres.|

Su rostro se iluminó luego de la propuesta que le hizo, un par de pequeños brazos se enredaron en su cuerpo y él se congeló en su sitio porque nunca nadie había hecho eso sin terminar con la nariz rota, sin embargo, y en contra de todo pronóstico, no le molesto para nada y en realidad se sentía demasiado bien.

Era cálido, suave y olía a durazno; sin duda alguna el mejor abrazo que le habían dado en su corta vida.

Lamentablemente no fue fácil ayudar a Luhan con su pequeño problema.

La señora Wu y ambos niños habían ido a la peluquería más cercana apenas unos minutos después de haber llegado a casa de Luhan donde dejaron todas sus cosas. Él se veía muy nervioso desde el principio, por mucho que su mamá y Sehun le insistieron que nada malo iba a pasar. Al principio no puso objeción alguna a la hora de subir a la silla pero en cuanto la amable mujer, que también le había dado muchas palabras de aliento, había cortado apenas un poco de su cabello, Luhan comenzó a llorar casi a gritos.

La señora Wu y la dueña del lugar estaban haciendo todo lo posible por tranquilizarlo pero era imposible y no parecía haber poder humano que lo tranquilizara, Sehun mismo estaba angustiado al verlo de esa forma y actuó por impulso aunque su idea podía no funcionar en absoluto.

— Todo va bien xiǎolù. Lo estás haciendo genial —le aseguró, y sí, ya sabía que lo más probable era que él no le entendiera nada de lo que le estaba diciendo pero poco a poco estaba dejando de llorar y eso era lo único que a él le importaba en realidad—. Ya verás que cuando todo esto termine te veras muy bien, te aseguró que serás el niño más lindo de todos —le dijo, aun cuando él ya creía que era el niño más lindo del mundo.

Una pequeña sonrisita se dibujó en sus húmedos labios y él no dudó en dar un liguero apretón en su pequeña mano cuando tomó la suya, le sonrió de vuelta ignorando las miradas de ternura y gratitud de la señora Wu y la estilista, que por fin iba a poder hacer su trabajo.

Luhan no soltó su mano en ningún momento y para distraerlo él no dejó de hablarle aunque sabía que no estaba entendiéndole en absoluto. Sin embargo, al más pequeño parecía mantenerlo tranquilo el sonido de su voz y eso era lo único que a él le bastaba saber.

Para cuando todo finalmente terminó y salieron de la peluquería Luhan mantenía una sonrisa muy alegre debido al resultado obtenido luego de su corte de cabello. Su cabello largo a Sehun le había parecido algo bonito desde la primera vez que lo vio, pero sin duda verlo con el cabello corto no lo hacía menos lindo y de hecho se descubrió a sí mismo siendo un fan de su nuevo corte.

|Ahora sí podemos ir a jugar a casa.|

Le dijo el pequeño castaño a mitad de camino y Sehun no dudó en aceptar aunque en esa ocasión iba a quedarse menos de lo que siempre hacía, después de todo, él había tomado una decisión acerca de su situación y tenía que esforzarse para obtener rápidos resultados.

| Juguemos al escondite, ¿sí? |

Pidió tan pronto entraron a la residencia Wu, sus dos pequeñas manos tiraban de la camiseta del pelinegro y su labio inferior sobresalía en un bonito puchero que sabía que Sehun no podía resistir.

| De acuerdo, Hannie. Vamos a hacer lo que tú quieras.|

 La respuesta siempre era la misma y pasar todo ese tiempo a lado de Luhan nunca dejaba de parecerle lo mejor del mundo, incluso hacer los deberes fue divertido únicamente porque estaba con él, pero lamentablemente todo se terminó cuando el reloj marcó las 5 pm.

Al principio Luhan no quería dejarlo ir e hizo miles de adorables pucheros para persuadirlo y que se quedara pero al final Sehun logró zafarse al decir que debía ayudar a su madre con algo, cosa que era mentira porque ella no llegaría sino hasta las 9 pm.

Se despidieron en la puerta y una vez que él estaba completamente seguro de que Luhan no lo miraba, cruzó la calle rápidamente deteniéndose justo en el portal de la casa de enfrente, llamó insistentemente al timbre y en cuanto la puerta le fue abierta entró sin invitación, encarando a la niña que lo miraba como si fuese un fantasma, incluso estaba pálida.

— Se-Sehun… ¿q-qué haces aquí? —tartamudeó muerta de miedo.

— Necesito que hagas algo por mí —explicó seriamente.

— ¿U-un favor? —inquirió con voz nerviosa.

— Sí —asintió rápidamente.

— ¿Qué tipo de favor? —interrogó ya menos nerviosa.

— Enséñame a hablar chino para que así pueda comunicarme con Luhan —pidió sin más.

Los ojos de la pequeña se abrieron tan grandes que parecía casi inhumano pero eso no le importó al pelinegro. Ella comenzó a balbucear cosas inentendibles y él comenzaba a perder su casi nula paciencia, estaba por exigirle una respuesta cuando de la nada un sonrisa escalofriantemente inmensa se extendió en su cara.

— Lo haré —respondió por fin.

Él asintió conforme y comenzó a seguirla más al interior de su casa para que finalmente su primera lección comenzara y eso debía ser seguramente lo más raro que había hecho jamás, porque él odiaba estudiar pero estaba decidido a hacerlo si eso significaba volver a ver la sonrisa que Luhan le había mostrado hoy, eso era lo único que le importaba en realidad.

***

Con el transcurrir del tiempo Sehun se dio cuenta que sus clases no eran fáciles y cómicamente se encontró mucho más concentrado en aprender chino que lo que jamás había estado en sus demás clases. Le costó mucho tiempo, más de lo que hubiera gustado por mucho que Cherry insistiera que lo estaba haciendo muy bien, pero lo único que lo consolaba era que cada día le era más fácil y estaba seguro de que pronto iba a poder mantener una conversación medio decente con Luhan.

— Eso es todo por hoy —dijo Cherry mientras cerraba uno de los tantos libros esparcidos por la pequeña mesa de estudio.

— Bien —asintió y se permitió estirarse un poco para destensar sus entumecidas extremidades.

— Sé que te lo digo siempre pero realmente lo está haciendo muy bien, ya eres incluso capaz de mantener una conversación básica —dijo con orgullo Cherry.

— Bueno…, esto prácticamente es gracia a tu ayuda, así que… te lo agradezco mucho. Le costó decir eso pero pudo hacerlo y de alguna forma se sentía bien por ello.

Vio como las mejillas de Cherry se coloreaban de un suave color rosa e hizo una mueca ante eso, no iba a decírselo pero en verdad que se veía ridícula así, de hecho sentía que podría comenzar a reírse de ella en cualquier momento, así que mejor apartó su mirada para así no hacerla enojar porque necesitaba de su ayuda aún.

— N-no tienes nada que agradecer —musitó tímidamente—. Todo esto lo has hecho con todo el empeño que pusiste durante todos estos meses —aseguró sonriente.

— De todas formas te debo una grande.

— Es-está bien entonces —sonrió de una extraña manera pero decidió ignorarla también.

— ¿Crees qué mejore aún más para el fin de semana? —preguntó seriamente.

El fin de semana iba a ser un gran día, ese día Sehun había decido que quería darle una gran sorpresa a Luhan, quería decirle algo que él finalmente podría entender para así dejar de necesitar un traductor entre ellos, quería decirle muchas cosas, incluso había preparado un discurso para él.

— Seguro que sí —aseguró Cherry y eso era todo lo que Sehun necesitaba oír.

Luego de sus clases salió de cada de Cherry igual que siempre, llegó a su casa seguro de que estaría vacía igual que siempre pero no fue así, Minho estaba ahí y lo miraba seriamente desde el umbral de la puerta, de hecho parecía molesto y él sabía que eso no era una buena señal para su persona.

— ¿Otra vez jugando hasta tarde con el mocoso chino? —Una sonrisa burlona estaba estampada en su rostro y eso siempre era señal de malas noticias.

— A ti qué te importa —respondió tajante, porque mostrarle que le tenía miedo siempre era lo peor que podía hacer y en realidad tampoco se lo tenía.

— Siempre estás diciéndole a papá que lo haces porque te pagan, ¿dónde está el dinero entonces? —preguntó.

— Serías la última persona a la que se lo diría —respondió un poco muy agresivamente.

La sonrisa de su hermano mayor desapareció y lo siguiente que el pequeño niño sintió fue un golpe en el estomago que lo dejó sin aire, además de un punzante dolor que lo hizo caer de rodillas. El mayor empuñó con fuerza su negro cabello y por más que Sehun peleó por liberarse de su agarre, únicamente consiguió hacerse más daño.

— Cuida tu bocota, hermanito —masculló, jalando más fuerte su cabello.

— Déjame en paz —ordenó.

— ¿O qué? ¿Qué vas a hacerme si no lo hago? —soltó burlón.

Y tenía razón, porque por mucho que no le tuviera miedo o que tratara de defenderse, su hermano era mucho más grande y fuerte que él y siempre terminaba recibiendo una golpiza, sin embrago, Sehun nunca se daba por vencido.

— Vete a la mierda —gruñó y después le escupió directamente a la cara.

— ¡Estás muerto pequeña mierda! —rugió furioso y como acto reflejo el menor únicamente pudo cerrar los ojos en espera del golpe.

Pero este nunca llegó y cuando Sehun abrió los ojos se encontró con la oscurecida mirada de su padre y fue entonces que de verdad sintió miedo. Todo pasó como en cámara lenta frente a sus ojos, vio pasmado cada golpe que cayó sobre su hermano y aún cuando su cerebro le decía que debía correr o sería el siguiente, se quedó ahí parado.

— ¡Y más vale que empieces a comportarte o te irá mucho peor! —Gritaba su padre con el rostro completamente rojo por la ira—. Y tú—se giró hacia el menor de todos los ahí presentes—, más vale que esta sea la última vez que te quedas ahí parado como un idiota sin defenderte. Ningún hijo mío será un mocoso débil —le advirtió, sujetándolo fuertemente del brazo.

Lo único que el pequeño pudo hacer al final fue asentir ya que estaba paralizado a causa del miedo que sentía por esa persona, salió corriendo de ahí en cuanto su padre lo liberó y se encerró en su habitación. Su cuerpo entero estaba tiritando y tenía unas insoportables ganas de llorar pero no podía, eso estaba prohibido así que tan sólo se dejó caer en la cama y cerró los ojos durante unos instantes y al escuchar la puerta ser abierta bruscamente se incorporó al instante con el corazón latiéndome a mil por segundo, tenía miedo de que fuera él, pero en realidad era su madre que lo miraba como si fuese basura.

— ¿Me puedes decir por qué fue que provocaste que tu padre le hiciera aquello a Minho? —le preguntó enojada.

— Yo no hice nada, fue Minho quien…

— Me encantaría que por una vez dejaras de causarme tantos problemas, Sehun. Ya no eres un mocoso y deberías comportarte un poco mejor. Es reprobable que siempre estés haciendo hasta lo imposible por hacerle este tipo de cosas a tu hermano mayor, ¿por qué? Yo simplemente  no lo entiendo. —Su mirada era de total desprecio y por más que él se esforzara por no sentir dolor al recibir eso de su parte, era un niño y le dolía saber que su madre lo odiara.

— Yo no…

— ¿Tanto odias a tu hermano? —preguntó, se oía casi dolida.

— ¡Mamá, escúchame sólo por una vez a mí! —casi le rogó.

— En momentos como estos es en los que creo que tu padre tenía razón y no deberíamos haber tenido un segundo hijo. —Un pesado suspiro abandonó sus labios y sin darle ni una mirada más, abandonó su habitación.

Sehun podía mentir y decir que ya no le dolía luego de haberlo oído tantas veces antes, podía fingir estar acostumbrado, podía aparentar que la odiaba mucho también pero… él todavía era un niño y todavía no tenía las suficientes dosis de inmunidad contra el desprecio de su madre, fue por eso que esa noche lloró hasta dormirse.

Al día siguiente Sehun era tal vez la criatura más infeliz del mundo, sabía ya que no importaba que fuera lo que tratara de hacer porque nada en el mundo iba a animarlo en ese día. Esa mañana ni siquiera su desayuno fue como quería y terminó siendo algo más en el contenedor de la basura.

Fue entonces que escuchó el timbre de su hogar y corrió hasta la puerta, era demasiado temprano para visitas, seguro era el cartero o algo así, pero no era así y al abrir la puerta apenas pudo distinguir una pequeña figura lanzándose sobre él, le costó mantener el equilibrio pero logró hacerlo al final para así no caerse junto con Luhan.

— ¿Luhan? —dijo algo aturdido por el repentino saludo recibido.

Él se alejó rápidamente, sus mejillas estaban teñidas de rojo y una pequeña sonrisa adornaba sus labios, lucía un poco nervioso y por alguna razón el corazón e Sehun había comenzado a latir demasiado rápido a la espera de eso que era obvio quería decirle.

— Bu-buenos días… Hu-Hunnie —habló por fin, tímidamente y con una pronunciación rara.

Sin embrago, lo había comprendido, Luhan le estaba hablando en un idioma que él podía entender, sabía entonces que no había sido el único que había estado esforzándose en todo ese tiempo, Luhan también lo había hecho y ahora…

— Quería… m-me esforcé mucho porque… porque de verdad quería hablar con Sehunnie sin el traductor —confesó algo apenado.

Y como si por arte de magia se tratara, él había olvidado todo lo malo y era entonces la persona más feliz del mundo. Luhan había hecho que todo se esfumara y sólo había quedado ese instante entre ellos y el inocente beso en la mejilla que Luhan le dio; tan suave y tierno que le pareció un roce de una suave brisa en verano. Sehun lo abrazó entonces y aunque se suponía que lo había planeado para el fin de semana, decidió que podía adelantarlo.

— 我強迫自己還 (Wǒ qiǎngpò zìjǐ hái)* —susurró.

El pequeño castaño se alejó rápidamente y se quedó mirándolo más que sorprendido, se veía sumamente lindo de esa forma, tan asombrado e incrédulo, sin embargo él sabía que estaba feliz pero le estaba costando procesarlo.

— 你是我最好的朋友, 我覺得很幸福認識你 (Nǐ shì wǒ zuì hǎo de péngyǒu, wǒ juédé hěn xìngfú rènshí nǐ).* —Había practicado hasta en sus sueños para poder decirle eso y ahora lo estaba haciendo, era demasiado feliz en esos instantes— 我愛你(575;晗 (Wǒ ài nǐ Luhan).*

— ¡Yo también te quiero Sehunnie, eres mi mejor amigo! —exclamó eufórico y nuevamente se abalanzó sobre él.

Sehun no pudo mantener más el equilibrio y ambos terminaron en el suelo, riendo como maniáticos pero a Sehun no le importaba haber recibido todo el golpe, porque en ese momento lo importante era que finalmente lo había hallado, por fin Sehun tenía en sus brazos la razón para seguir viviendo. Luhan sin duda era su más grande alegría y tesoro, la única persona que deseaba mantener a su lado para siempre.

Notas finales:

Y por último, esta es la traducción de lo que Sehun dijo:

*Me esforcé también.

*Eres mi mejor amigo, me siento muy feliz de conocerte.

*Te quiero Luhan.

Muchas gracias por leer y espero poder actualizar pronto, hasta la próxima. <3


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