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Un Paraíso Infernal. por Thamal

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Notas del capitulo:

Es el primer Fic que escrivo sobre esta pareja. Este primer capitulo es solo un adelanto del futuro en donde todo es color de rosa.

¿Pero cuales fueron los precios a pagar para llegar a ese punto? Eso es algo que se ira descubriendo en los proximos capitulos. 

 

Es un capitulo corto, con un lemon bastante simple que solo demuestra el amor que se tienen los reyes del pais. Espero sea de su agrado, si es así agradecería un Reviews o comentario~ u.u   En los prixmos capitulos la hitoria comenzara desde el pasado. 


-¡Vamos Yuuri! Suelta esos bizcochos, ya has comido suficiente.


 


Pero aunque gritara, el pelinegro seguía sin hacerle caso y continuaba devorando aquellos dulces que las sirvientes habían preparado para tomar el té. En su rostro se reflejaba el enojo, sus ojos color esmeraldas estaban iluminados por el fuego que indicaba un posible asesinato hacía el rey de la nación y es que aquellos... ¡Eran sus bizcochos! Eran suyos y ese enclenque se los estaba comiendo todos, ¿Como podía comérselos todos sabiendo que eran el antojo del rubio?


 


-Yuuri... si no los sueltas te voy a... - Y cuando su mano quiso tomar su espada recordó que ya hacía un tiempo no cargaba con ella debido a su estado, había abandonado la milicia por orden medica y su uniforme había sido cambiado por amplias y elegantes ropas que cubrían su cuerpo.


 


-Wolf, solo me he comido unos tres bizcochos... no exageres.- Murmuro como pudo el pelinegro quien mantenía apresado en sus labios uno de los tan mencionados bizcochos. Podía notar, y ver el enojo de su consorte pero aun así no pensaba soltarlos, iba a comer esos bizcochos aunque su vida dependiera de ello.


 


¡También el tenia el antojo de comer esos bizcochos! Y aunque su amado tuviera prioridad por el estado en que se encontraba... no iban a entregar esos bizcochos tan fácilmente. ¡No señor!


 


-¡Dame esos bizcochos!- Grito el rubio quien fue acallado por los labios del rey quien se había decidido recurrir a su ultimo recurso, y así poder comer todos los bizcochos. -Enclenque...- Y aunque quisiera hablar no podía, los labios del pelinegro tenían apresados los suyos formando un beso bastante intenso.


 


Las manos del rey se encontraban sujetando suavemente la cintura de su amado, sus labios se movían contra los contrarios que no dudaban en corresponder a su beso, y su lengua poco a poco se fue abriendo paso hacía el interior de la boca ajena explorando todo a su paso. Mientras, el rubio había subido lentamente sus manos y cruzado sus brazo al rededor del cuello ajeno abrazando a este con dulzura mientras dejaba que sus lenguas se unieran en un sonoro baile, un baile que fue interrumpido al separarse y buscar el oxigeno que necesitaban para respirar.


 


-Yuu... Yuuri...- Susurro casi en un jadeo el rubio. -Mis bizcochos... no te los daré.


 


No había duda, su oponente era fuerte, después de todo se trataba de un orgulloso Mazoku. Pero el era el Maou, no se rendiría con facilidad y aun le quedaban varios trucos bajo la manga. Fue así que el pelinegro, curvando sus labios en una picara sonrisa llevo estos hacía el cuello de su consorte comenzando a dejar suaves besos sobre la piel ajena. Lamidas y pequeñas mordidas se sumaron haciendo que el rubio comenzara a jadear y estremecerse entre sus brazos.


 


Aun así el ojiesmeralda no parecía rendirse, cosa que animaba al rey a continuar y conquistar ante su objetivo. Las manos de este ultimo se fueron moviendo apresando con ellas los glúteos del rubio, dio suave caricias a estos sobre la tela y separo sus labios de aquella dulce piel para volver a unirnos con los contrarios y formar un nuevo, y pasional beso.


 


Wolfram se encontraba perdiendo la batalla, lo sabía perfectamente y es que el solo toque de Yuuri hacía que sus sentidos se perdieran por completo, y el estado en que se encontraba no le ayudaba en nada.


 


Todo su cuerpo se encontraba aun mas sensible que de costumbre, sus hormonas le jugaban en contra y con tan solo aquellos toques podía sentir como sus piernas temblaban, como su cuerpo subía de temperatura y las ropas comenzaban a molestarle, pero estaban al aire libre en aquella terraza en donde siempre tomaban el té, si continuaban así alguien los vería y seguro moriría de la vergüenza.


 


Cuando quiso oponerse a continuar sus labios fueron apresados nuevamente, era un beso al cual no podía negarse a corresponder pues el mismo ya se encontraba deseando mas de aquello, quería mas de su Yuuri.


 


-Yuuri... vayamos a dentro.- Logro susurrar luego de haber hecho un esfuerzo casi inhumano para poder separarse de los labios ajenos. Ese enclenque si que sabía como hacerle perder el control.


 


-Solo si me das los bizcochos.- Murmuro llevando sus labios nuevamente al cuello ajeno mientras esperaba la aprobación de su consorte.


 


-¡Te los doy! Pero vayamos adentro ya.- Exclamo el rubio con un notorio toque de excitación en su voz. Ya no podía continuar con eso, no le importaba los bizcochos, el solamente quería seguir sintiendo el toque de su amado rey, quería que le hiciera el amor en esa cama en donde tantas noches de pasión habían compartido.


 


Sin vacilación el pelinegro tomo la mano de su rubio y le guió hasta la habitación real, al entrar cerro la puerta para que nadie les molestara y de un momento a otro ambos se encontraban en la cama, Wolfram siendo desnudado rápidamente por Yuuri, y Yuuri besando con desesperación los labios de su amado consorte mientra le despojaba de sus ropas.


 


Poco tiempo paso y ambos se encontraban desnudos, mostraban sus pieles antes su amado y con el corazón a punto de salir del pecho.


 


Wolfram sin duda era un ser del infierno, un demonio angelical que cautivaba a cualquier hombre o mujer. Sus cabellos rubios que resaltaban sus hermosos ojos color esmeralda, su blanquecina piel que parecía porcelana y ese gran vientre de siete meses le hacía ver como un verdadero manjar, uno que Yuuri degustaba todas las noches.


 


Las manos del pelinegro fueron a parar al vientre de su amado, sus labios le siguieron recorriendo todo a su paso y se tomo unos momentos para dejar pequeños besos sobre aquel lugar en donde su futuro hijo se iba formando. Aun recordaba aquel día en donde le había dado la noticia, si bien no podía creer que un hombre pudiera embarazarse se encontraba sumamente feliz de poder tener un hijo con quien amaba.


 


El rubio se encontraba casi delirando, el placer y la felicidad de inundaban por completo. Los labios de Yuuri iban recorriendo su cuerpo, besando cada parte de el y ahora que lo hacía sobre su abdomen sentía que moriría de la felicidad. Aquel enclenque podía matarlo de la ternura y lujuria al mismo tiempo.


 


Sus manos se encontraban sujetando sutilmente los azabaches cabellos del rey mientras este continuaba su camino de besos hasta detener nuevamente en la intimidad del rubio, tomo aquel falo con una de sus manos y dando pequeños besos en el glande comenzó a introducirlo en su boca haciendo que nuevos jadeos se encaparan de los labios del rubio.


 


Los labios de Yuuri iban bajando y subiendo por aquel miembro, apretándole sutilmente mientras su lengua iba dando vueltas y saboreando todo lo que podía, nunca se cansaría del sabor de su rubio y muchos menos de esos gemidos que iba soltando con cada toque que le daba.


 


Era un placer tas otro, sus oídos eran inundado por los hermosos sonidos que su consorte soltaba mientras sus labios se deleitaban aquel sabor tan intimo de su amado. Poco a poco se fue alejando, saco aquel miembro de su boca solo para seguir jugando con su lengua en el glande de aquel erecto miembro.


 


Subio y esta vez sus labios se apoderaron de los pezones de su amado, lamiéndolos y dejando pequeñas mordidas que provocaban mas y mas gemidos del ojiesmeralda. Y mientras sus labios se concentraban en aquello, llevo tres de sus dedos hacía los labios de su consorte dejando que este los lamiera, cosa que hacía a Yuuri explotar de la excitación.


 


Wolfram lamia aquellos dígitos como si de un dulce se tratara, su lengua recorría de par a par los dedos de Yuuri mojandolos por completo en saliva, el moreno podía jurar sentir como su miembro explotaría en cualquier momento de solo ver de reojo como su amado jugueteaba con sus dedos. Sin poder aguantar mas alejo sus dígitos llevando estos hacía la entrada del rubio, introdujo uno y no contento un segundo dedo se colo en aquella cálida cavidad anal.


 


Los gemidos del ojiesmeralda había aumentado con esa intromisión en su recto, los labios del pelinegro ahora se encontraban marcando su pecho mientras los dedos de este no paraban de moverse en su interior que deseaba mas, Yuuri al darse cuenta de esto introdujo el tercer dedo y continuo con sus movimientos.


 


Iba formando círculos, círculos que fueron intercambiados por pequeñas penetraciones con sus dedos que se movían expertamente por aquellas paredes de carne que les apretaban, hasta que el rubio le detuvo con su jadeante voz que le pedía que entrara de una vez.


 


Sin poder negarse fue quitando sus dedos, uno a uno y de manera lenta haciendo que Wolf perdiera toda paciencia y lanzara una mirada de advertencia que decía; Deja de jugar y entra, o te matare.


 


¿Como iba a negarse a ello? El mismo ya no podía aguantar mas, sentía su miembro explotar y cuando se librero de la única prenda que mantenía presa a su erección, de una solo estocada entro en aquel interior sintiendo como su cuerpo se unía a la perfección con el de su amado.


 


Eran como dos piezas de un rompecabezas, perfectamente unidas en un mar de placer. Los jadeos no tardaron en invadir nuevamente la habitación, Wolf había soltado un sonoro gemido al sentir como el miembro de Yuuri se abría paso bruscamente en su interior, y al sentir los movimientos ajenos su mundo comenzó a dar vueltas en aquel mar de placer.


 


Certeros, precisos, fuertes y rápidos. Así eran las embestidas que el moreno daba contra el rubio, con cada golpe lograba dar contra aquel punto dulce que hacía enloquecer a su amado el cual se encontraba completamente sumergido en placer. Yuuri, quien se encontraba igual no dejaba de mover su cintura queriendo sobrepasar los limites, quería ir mas allá y sentir mas placer del que estaba sintiendo pero, aunque las embestidas ejercidas eran casi brutales sabia que debía controlarse y tener cuidado por aquel pequeño que aun no nacía, Gisela ya se lo había advertido y no pensaba poner en peligro a su futuro hijo, aun así sabía que el ojiesmeralda no aceptaría algo lento en medio de tanta excitación.


 


Y en un momento de buscar mas contacto con su amado, Wolf soltó las sabanas que tan fuertemente esta apretando y llevo sus brazos hacía el cuello de Yuuri, le abrazo y le atrajo hacía el comenzando un húmedo beso.


 


Teniendo cuidado de no aplastar el abdomen de su rubio, Yuuri correspondió aquel beso en donde sus lenguas no tardaron en entrelazarse y jugar entre si.


 


Al igual que las agujas del reloj que no dejaban de avanzar, el sonido contante de sus cuerpos al unirse se apoderaba de la habitación. El deseo y la pasión no desaparecía de aquellos cuerpos que poco a poco iban consumiendo todo de si hasta el punto de llegar al clímax.


 


Wolfram por su parte no duro demasiado y termino manchando de blanco su abdomen y parte del contrario. Yuuri, al sentir como su miembro era apresado por la tensión del rubio al llegar al orgasmos, no tardo demasiado en seguirlo y llenar aquel interior de su esencia.


 


Con sus respiraciones agitadas ambos cuerpos quedaron recostados sobre las sabanas, levemente abrazados mientras se recuperaban. Con una sonrisa y con un dulce beso fue como dieron fin a esa escena de amor para dirigirse luego hacía la terraza en donde la pequeña Greta y la Ex-Maou los esperaban para tomar el té. Pero Yuuri al ver nuevamente esos bizcochos no tardo en abalanzarse sobre ellos y devorarlos bajo la amenazante mirada de Wolfram que al fin de cuenta ya había renuncia a dichos bizcochos y no podía seguir amenazando al Maou.


 


Después de todo, ¿Quien necesitaba esos bizcochos cuando el mayor antojo que podía tener era su amado enclenque? Con esos pensamientos rondando la mente del rubio y una sutil sonrisa en el rostro de este, la tarde paso tranquila y entre risas como era costumbre en el castillo Pacto de sangre.
 
 


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