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Chico Problema por Ahiezer

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Notas del fanfic:

Idea que nació por diversion, pero si lo disfrutas no dudare en añadir más.
Las advertencias se modificaran conforme avancen los capitulos.

Notas del capitulo:

Hacía cosas hasta que esta idea golpeó en mí, sé que hay muchas de este tipo, pero es una idea que me parecio divertida tomar.
Si estas aquí esque mi mal resumen te atrajó, asi que muchas gracias. Espero lo disfrutes tanto como yo al escrbirlo.

Pueden encontrarme tambien en Wattpad como A-ahiezer. Y fanfiction como Ahiezer. El titulo del fic sigue conservandose igual. 

Dejo esto para aclarar que todos los personajes le pertenecen a Hajime Isayama, algunos a Satoshi Shiki y Ryo Susukaze del spin off “Shingeki No Kyojin: Before the Fall”.

Puede que en un futuro la clasificación cambie, pero por el momento solo advierto que puede tener lenguaje explícito y menciones de abuso.

—x—x—x—

La definición de la vida es problemas.

Charles Bukowski.

xxx

Eren estaba nervioso, retorciéndose en el auto que manejaba su Tío Hannes, realmente no era su tío, era un amigo muy cercano de su difunto padre que había decidido hacerse cargo de él; Mikasa y poco después Armin al fallecer su abuelo. Tenía que darle créditos al hombre, pues los estaba criando solo.

—Tranquilo, Eren. Sólo será un tiempo, todo saldrá bien—tranquilizó el hombre mayor, mirándolo con simpatía.

Eren tragó saliva duramente, asintiendo, tratando de no parecer temeroso. Prometió a Mikasa y Armin que tendría valentía y trataría de no meterse en demasiados problemas, que tendría buen comportamiento para volver pronto a ellos. Sólo serían unos años, no sería mucho problema.

Los años pasan rápido, ¿verdad?... Todo saldrá bien. 

Eren sostuvo con fuerza la llave sobre su pecho; El único recuerdo que tenía de su viejo hogar. Sus padres habían fallecido cuando él tenía 10 años, solo un año después de adoptar a Mikasa.

Eren recordaba vagamente el día que conoció a Mikasa, el día que la rescató. Los recuerdos de ese entonces eran borrosos, pero sabía que hizo lo que tenía que hacer para ayudarla. Sin embargo, eso lo metió en problemas. Y ante ese suceso, Eren quedó fichado. Se le consideró que sería un niño problema, un detonador que en cualquier momento podría sacar su lado oscuro y ser un peligro para la sociedad. En aquel tiempo sus padres hicieron todo lo posible para alejar a su hijo de los cargos de la ley. Se le dio una segunda oportunidad; Sus padres gastaron grandes sumas de dinero, el ahorro de sus vidas, lo que sea por mantener a su niño lejos de un lugar tan vil y llenó de delincuencia.

Deben de estar decepcionados, pensó Eren, sosteniendo con más fuerza la llave.

Eren no era un muchacho malicioso, impulsivo sí, pero no era malvado. Todo lo contrario. Eren siempre intentaba ayudar cuando podía, incluso si eso le conllevaba a meterse en problemas. Sin embargo, a los ojos de la ley no lo parecía. Porque no solo cargaba con el suceso ya mencionado, sino que también Eren tenía sus propias historias conflictivas. El chico simplemente no podía permitir una injusticia cuando estaba delante de sus ojos.

Eren dejó de pensar en ello cuando ya podía ver los grandes jardines, los edificios blancos, elegantes y modernos. A pesar de que la vista no se veía tan mal, Eren no podía evitar sentir el picor en sus ojos al imaginarse que ya no tendría a Mikasa y Armin junto a él, no volver a escuchar las historias de su borracho tío. 

Eren no lloró el día de su juicio, no lloró al despedirse de sus amigos/ hermanos, fingió que todo estaba bien, que él podría lograrlo. Pero ahora, ahora no estaba tan seguro. En cuestión de minutos, más específicamente en una hora, estaría ahí, y no podía suprimir sus emociones más tiempo.

Sabía que estando dentro ya no podría llorar.

—Eren…—habló Hannes, buscando que palabras decir para tranquilizar al chico, pero no salía nada de él y estaba preocupado, demasiado preocupado por el niño como para demostrarlo.

Eren quería que Mikasa y Armin estuvieran con él, por lo menos para darles el último abrazo y la promesa silenciosa que los vería pronto. No los habían traído con ellos por varias razones, sabía que Mikasa realizaría una escena para que no lo tocaran y Armin mencionaría todos los derechos humanos, daría un gran discurso y confundiría a los guardias con su parafraseo para recordarles los derechos de Eren. Con tan sólo imaginar la escena provocó una sonrisa triste en los labios del castaño.  Pero, en primer lugar, Hannes ni siquiera debería ir a dejarlo, se suponía que lo llevarían en una patrulla con otro oficial y con más reclusos a prisión, pero Hannes había insistido, además también era un agente de la ley –un ex patrullero policial que se dedicaba últimamente a ser guardia en los grandes centros comerciales-, por ello le habían dado la oportunidad de llevarlo él mismo a la hora y día acordado.

—Yo les prometí a tus padres que cuidaría de ti. Cuando tu padre salvó a-…— sus palabras fueron cortadas.

—Lo sé—dijo Eren, el hombre mayor no dejaba de repetir aquella historia y mucho menos cuando estaba borracho. El padre de Eren, el Doctor Grisha Jaeger, salvó a la esposa de Hannes hace varios años -antes de que naciera Eren-. Desde entonces, Hannes siempre había sentido una gran gratitud hacía el doctor, había formado un lazo de amistad con la familia por haber salvado la suya. Incluso después de la muerte del doctor, Hannes a pesar de la cobardía en cuidar a unos niños, no dudó en recogerlos y brindarles todo lo que pudiera; Educación, techo y cobijo e incluso cariño no les faltaba.

Eren tenía una gran determinación, coraje y un fuerte sentido de lo que era correcto. Por ello no era raro que se escucharan las historias en las que Eren se enfrentaba a los matones de las calles y siempre volvía a casa con uno que otro moretón en su rostro. Por supuesto, siempre vigilado y protegido por Mikasa y detenido por Armin. A pesar de que los dos chiquillos siempre se encontraban juntó a Eren, no podían evitar que el niño testarudo se metiera en problemas.

Eren tenía esa tendencia de escapar de ellos y encontrar un nuevo lío.

Hannes condujo el auto hasta la orilla de la carretera y lo detuvo al ver que Eren soltaba sollozos silenciosos y ahogados. El niño era muy expresivo, pero era raro verlo con ese aspecto tan miserable. Únicamente lo había visto de esa manera después de la muerte de sus padres y el primer año cuando Eren tuvo pesadillas bajo su tutela.

Se mantuvieron en silencio, dejó que el niño llorara a solas, mientras él solo miraba el camino sin hablar. No sabía que decirle para reconfortarlo, no había palabras y seguro no las habría.

Si tan solo hubiese sido más atento, haberlos protegido más y no haber estado tomando ese día probablemente el accidente se hubiese evitado.

Finalmente, Hannes encontró las palabas, por lo menos para darle esperanzas.

—Eren, prometí cuidar de ti. Sé que lo he hecho mal, y créeme que me arrepiento de cada acción. Pero, te prometo, prometo que haré todo lo posible para sacarte pronto de ahí, y cuando lo haga. Volverás a casa, tú, Armin y Mikasa volverán a estar juntos como los viejos tiempos—Dijo Hannes, con seriedad y determinación. Después miró al chico con una sonrisa esperanzadora.

Los ojos grandes de Eren tuvieron un pequeño brillo y no precisamente de las lágrimas que resbalan sobre sus mejillas.

Después del desahogo, abrazos y despidos. Llegaron al lugar. Eren se encontraba terriblemente temeroso, ocultándolo fervientemente en la seriedad y antipatía.

Las grandes cercas, el edificio enorme color blanco, los guardias mirándolo con atención. Era abrumador.

 Hannes apretó su hombro con firmeza y juntos caminaron hacía los uniformados que lo esperaban.

Eren estaba un poco acostumbrado a lo que tenía que hacer: papelería, toma de fotografías, control de pertenencias-Por suerte, no le quitaron su llave-, el registro para ver que no tuviera armas, la inspección médica e incómoda y finalmente el cambio de vestuario.

Se vistió con ese feo traje color anaranjado enumerado por la espalda. Eren no se molestó en revisar los dígitos, aunque sabía que eso es lo que sería de ahora en adelante.

Después le entregaron un Kit de sabanas, artículos de higiene personal, un monedero electrónico y un juego de cubiertos.

—Recluso 10057, a sección 104—un uniformado dijo.

—Muy bien. Anda, Mocoso, muévete—lo empujó un policía alto, con el cabello rizado de un color castaño claro, ojos pequeños de color avellana, con el ceño fruncido y arrugas pronunciadas.

Eren obedeció, dificultándose con los grilletes en sus manos y piernas; Eran pesados e incómodos, pero algo con lo que tenía que lidiar. Miraba de reojo hacía atrás, viendo como lentamente se alejaba de Hannes y era introducido a la prisión.

Con un suspiro, se dio cuenta que de ahora en adelante tenía que olvidarse de su antigua vida.

Caminó por el pasillo que estaba lleno de rejas y poco a poco la prisión elegante que observó en el exterior, en el interior ya no se veía tan formidable.

Sólo quedaba una puerta más para entrar a la zona de las celdas.

—Prepárate y no los mires a los ojos— dijo el otro uniformado que lo escoltaba

La puerta se abrió y los gritos no se hicieron esperar.

— ¡Miren, sangre fresca!

— ¡Es muy joven, lo necesito aquí!

— ¡Quiero al nuevo!

— ¡Déjenlo en mi celda, yo le daré los cuidados necesarios!

— ¡Es mío, yo lo vi primero!

Gritos y gritos eran lo que se escuchaban y no tenían piedad alguna: Unos eran agresivamente obscenos e inclusos otros se atrevieron a señalar con sus manos cada cosa que le querían hacer.

— ¡Cállense! —gritó el otro uniformado, aquél alto que lo había empujado. Los presos no le hicieron ni caso y siguieron con lo suyo entre burlas.

Toda la mala atención que recibía era aterradora, Eren nunca había estado en este tipo de ambientes. Sí había estado en un reclusorio, pero solo en un corto periodo de tiempo y estuvo solo; No tuvo que lidiar con los otros chicos, no le querían mezclar hasta que supieran que querían hacer con él.  Pero esto era una prisión, en la que todos eran adultos.

Normalmente se le asignaría un reformatorio juvenil en la que compartiría con otros chicos de su edad o menores, pero por sus actos homicidas se le juzgó como adulto. También, como ya había estado encerrado en solitario mientras se esperaba el juicio y sus resultados, en este nuevo lugar y con su destino ya declarado de inmediato se le asignó una celda compartida; imaginaron que Eren ya debía de estar resignado sobre que había quedado privado de su libertad.

Los gritos cesaron y estuvo frente a una celda, un oficial abrió la puerta y fue empujado de nuevo por el castaño alto.

—Aquí mocoso, tus compañeros llegarán en unos minutos.

Eren casi tropezaba por el empuje, pero no lo hizo y pudo equilibrar las cosas que llevaba en sus manos para que no cayeran.

El otro oficial rodó los ojos; Era alto, ojos marrones, cabello rubio lo suficientemente largo para sujetarlo en una pequeña coleta y con una expresión sería a comparación del otro que tenía ese aire de superioridad.

El oficial amable le quitó las esposas con cautela.

—Se abrirán las puertas para la hora de la comida, tus compañeros deben de estar ocupados, pero volverán. Busca un lugar para dormir y poner tus cosas. Buena suerte, niño.

Ambos oficiales salieron sin mirar atrás.

Eren miró su entornó; La celda en la que se asignó tenía dos literas, el lugar era demasiado pequeño para tener a cuatro personas. El baño se veía desagradable y expuesto, definitivamente incómodo para hacer. El lavabo un poco sucio, y una ventana a una altura inalcanzable, con rejas y molesta para mirar.

Tres de las cuatro camas ya se veían habitadas, así que tomó la restante, la cual era la litera de la derecha del lado superior. No le importaba lo que dijeran sus compañeros de habitación, después de todo la cama estaba vacía, pero Armin le advirtió que fuera cuidadoso. Sin importarle, trepó a la cama y acomodó sus cosas.

El colchón o jergón -Eren dudaba que estuviera sobre uno- era como estar sentado en una piedra.

Sacó un libro que Armin le había entregado y se dedicó a leerlo, era aburrido, pero ya había leído más en su tiempo de soledad que en lo que hizo en la escuela. El libro era sobre el mar, a Eren le fascinaba ver las imágenes que contenía. Era el sueño de Armin conocer el mar, pronto también fue de él y Mikasa. Se prometieron que cuando Eren saliera de prisión sería lo primero que harían.

No llevaba ni 30 minutos en su celda y ya lo sentía como un siglo, no imaginaba como serían los demás días.

El ruido de la puerta y voces eliminó sus pensamientos.

—Maldito bastardo, parece que nunca es suficiente.

—Te lo juro, tuve que lavarlo más de cinco veces y seguía diciendo que estaba sucio.

— ¿Por qué demonios nos asignaron en la limpieza?

La puerta se cerró de golpe y los tres prisioneros guardaron silencio.

Eren se mantuvo silencioso y con sus ojos grandes como búho cuando fue descubierto. Los tres presos lucían jóvenes tal vez un par de años mayor que él; Dos de ellos eran altos y otro tal vez del tamaño de Eren, o podría ser unos centímetros más bajo. Eren no lo podía decir ya que seguía sobre la cama. 

— ¿Quién eres tú? —preguntó el prisionero medianamente alto: Tenía su cabello corto de color castaño, cejas largas y finas, ojos marrones claros. De constitución musculosa, pero delgada a la vez. Aunque Eren no evitó compararlo inmediatamente con un caballo; Su rostro era largo, boca grande… simplemente para Eren, el prisionero le recordaba a los caballos.

—Es el nuevo— Habló el chico alto y rubio.

—Ah, ya lo recordé, nos advirtieron de ti ayer. Llegaste justo a tiempo, nos darán la comida pronto—mencionó el de baja estatura, cabeza rapada, cejas delgadas y ojos color avellana. Delgaducho. A diferencia de los otros y el cara de caballo, él no hablaba de manera ruda, era amable.

—Connie, cállate—farfulló el cara de caballo —. ¿Quién te dio permiso de tomar una cama? —cuestionó.

 —Jean, está bien, nadie la ocupaba—habló el rubio, suavemente.

Cara de caballo tiene nombre, que sorpresa, pensó Eren, mientras veía como Cara de caballo, Jean, se recordó, discutía con Connie y el chico rubio sobre su falta de carácter y bla bla bla -Eren no se molestó en escuchar más-.

Connie lo miró por lo que Eren decidió prestar atención.

— ¿Cuál es tu nombre? —preguntó Connie, aparentemente ese era su nombre.

Eren dudó unos segundos, pero si iba a convivir con estos chicos, dios sabe cuánto tiempo, era normal presentarse.

—Eren… Eren Jaeger—respondió.

—Mi nombre es Connie.

—El mío es Thomas—mencionó el rubio. Cara de caballo se negó a responder y simplemente bufó, cruzándose de brazos—. Y él es Jean. 

Jean frunció el ceño y rodó los ojos. Eren se dio cuenta que no era muy bien recibido por el cara de caballo, pero los otros dos eran agradables. Estaba aliviado de no tener que compartir celda con los otros desgraciados que le gritaron en la llegada.

—Hola—saludó torpemente, sin saber cómo relacionarse en este lugar.

— ¿Cuántos años tienes, Eren? —preguntó Connie, curioso, sentándose en la litera izquierda, Thomas realizó lo mismo en la superior. Eren comenzó a comprender que su compañero debajo de la litera era cara de caballo. Jean no se acercó a la litera, en cambio se apoyó en la pared.

—diecisiete—respondió sin vacilación

— ¿17? —cuestionó Jean, incrédulo.

Eren asintió.

Jean miró sorprendido, — ¿No deberías de estar en un reformatorio o algo así?

—Lo estuve, pero… —Eren guardó silencio, inseguro, no sabía si estaba bien ser tan abierto compartiendo información.

Jean lo miró, pero decidió no preguntar. En cambio, Thomas sí lo hizo.

— ¿Qué te trajo por aquí?

Eren se mordió el labio, Mikasa le dijo que tuviera cuidado, ¿Estaba bien hablar sobre su delito?, ¿O hablar de los delitos por aquí era considerado tabú? —…Homicidio—murmuró.

Los tres se quedaron viéndolo, extrañados, como si no creyeran sus palabras.

—Te comerán vivo—se burló Jean entre risas.

Eren junto sus cejas en la confusión, sus compañeros no le creían y no entendía las palabras de cara de caballo. No sabía sí eran buenas noticias o malas. Lo único que Eren quería era que su condena pasara rápido. No obstante, se dignó a preguntar por lo que había dicho Jean, pero las puertas se abrieron de golpe.

— ¡Hora de comer! —exclamó un guardia, se escuchó el escándalo de los otros reclusos para alimentarse.

Liberaron a todos los prisioneros del módulo.

—Por fin, tengo hambre—mencionó Connie, saliendo de la celda.

Jean aún con su sonrisa burlona, salió sin darle un vistazo.

Eren trató de encontrar respuestas en Thomas, que simplemente le ofreció una sonrisa simpática y se fue, siguiendo a Jean.

—Estúpido cara de caballo—dijo Eren, bajando de la litera. No sabía lo que Jean quiso decir, pero no iba a caer en ese juego.

Los pasillos estaban llenos de reclusos ansiosos por comer, eran vigilados por los guardias, así que no iban muy juntos. El nerviosismo aún se aferraba a Eren, sin embargo, no lo demostraría, así que con la cara más seria que pudo reunir fue directamente a buscar comida.

El comedor era grande, había unas cuantas celdas ahí y otros pasillos que llevaban a más módulos. Guardias vigilaban a la distancia, a las grandes mesas. Eren se sorprendió de la cantidad de hombres que había; Unos tenían aspecto aterrador, otros muy serios, otros que apenas hacían contacto visual, en fin, había de todo y no era una buena señal.

Apenas Eren entró tomando su bandeja y haciendo fila para la comida, recibió miradas. Estaba llamando la atención, Hannes le advirtió que no lo hiciera.

Acaso mi uniforme es demasiado naranja o es muy opaco, se preguntó Eren a sí mismo, esforzándose para no devolver las miradas.

A unos cuantos hombres de distancia se encontraban Jean, Thomas y Connie recibiendo el alimento. Eren no sabía qué hacer, ¿debería mantenerse con ellos o simplemente intentar encajar en algún grupo?

Cuando por fin estuvo frente a la comida, el cocinero mal encarado le sirvió en la bandeja, aunque de una manera dura, haciendo que algo de comida cayera torpemente. 

Eren vaciló para reclamar un poco, pero de inmediato fue empujado por un preso hambriento.

Eren salió de la fila y del lugar, donde no pudiese estorbar para observar su plato: Una cucharada bien medida de arroz – se veía tostado-, dos ligeras y pequeñas obleas de pan, tres hojas de lechuga, medio pan y un poco de papas fritas mal molidas para hacerlas parecer puré.

Eren no podía estar tan disgustado, en su tiempo bromeó con Armin y Mikasa sobre la comida de la escuela, bromeando que era la misma que en la prisión -en ese entonces jamás se imaginó estar en prisión, por lo que ahora ya no sería un bonito ni divertido recuerdo- y no estaba equivocado porque, aunque la calidad de la comida fuera diferente, ambos concordaban en lo mismo: El cocinero o cocinera mal encarado, el mal servicio al servir, que no parecía tan apetitoso y estaba calculadamente medido. Y no se diga de las filas para comer.

Con un suspiro, intentó buscar a Jean, Thomas y Connie; ellos ya estaban tomando asiento con un chico mucho más alto que Thomas, de cabello negro y al parecer otro muchacho rubio de aspecto atlético. 

Recordando cómo eran los estatus en la escuela, y sabiendo que el primer día siempre era incómodo, lo mejor fue ir a tomar asiento con los ya conocidos.

— ¿Quieres que te ayudé a comer?

—Siéntate aquí, te sentirás cómodo.

—Oye niño, estás muy lejos de la escuela secundaria.

Eren se limitó a sólo seguir su camino, negándose a escuchar las burlas sin sentido de los prisioneros más viejos o bravucones.

Hasta que, como siempre la mala fortuna que ataca el primer día y siempre hay alguien que te quiere hacer mal; Eren tropezó, pero no por su torpeza. Uno de los reos le había puesto el pie.

Cayó sobre su bandeja, como no había nada liquido no tuvo mucha suciedad, sin embargo, la mayoría del arroz cayó, su pan se destrozó y el mal puré le ensució.

—Necesitas ayuda… princesa—una voz desagradable y burlona le dijo.

Las risas no se hicieron esperar. Todas las miradas se posaron en él.

Le falló a Hannes, llamó la atención con creces.

Eren tomó unas cuantas respiraciones; La vergüenza, el nerviosismo y el miedo intentando someterlo. Aquellos sentimientos no lo lograron.

—Vamos, niño, ponte de pie—Sintió unas manos que intentaban tomarlo del brazo y levantarlo.

—Puedo hacerlo solo—gruñó Eren, alejándose del contacto. El enojo siendo evidente en su voz.

—Así me gustan, independientes—escuchó un comentario por ahí.

El estómago de Eren se revolvió del disgusto y molestia. Tomó la bandeja y se puso de pie, recto, tratando de no transmitir emoción, contando internamente hasta diez para no actuar inadecuadamente.

Dio un paso al frente, cuando el hombre que evidentemente le puso el pie tuvo el descaro de hablarle:

—Oye, ¿no piensas disculparte? Lastimaste mi pie, lo mínimo que merezco es una disculpa… o piensas pedírmelo en mi celda.

Más risas guturales y burlas vinieron. Eren estaba enfurecido y sin paciencia.

Lo siento, chicos, se disculpó hacía Armin y Mikasa, quienes no estaban ahí. Se dio la vuelta para mirar al hombre, el hombre robusto sonrió con triunfo.

—Muy bien, así-…—No le dio tiempo de terminar o incluso de razonar. La bandeja de Eren conectó fuertemente hacía su rostro. Derramando el alimento restante.

Todos miraron sorprendidos y las risas se detuvieron. Asombrados como el niño de cabello marrón chocolate y revoltoso, se enfrentó a un hombre del doble de veces su tamaño y tres veces su edad.

El comedor se silenció por unos segundos, hasta que las risas volvieron con más fuerza, ahora no por el muchacho flacucho y tembloroso que sostenía la bandeja respirando enfurecido, sino por el inmenso hombre de antigüedad que seguía perplejo.

El hombre por fin reaccionó y miró al chico que lo había golpeado.

—Maldito hijo de perra, me las pagarás—amenazó.

Eren reaccionó demasiado lento y el hombre se le abalanzó. Eren pateó y soltó puñetazos a donde fuera, pero su fuerza no era nada comparada a la del criminal.

El alboroto seguía, siendo la pelea el completo centro de atención.

Eren se preguntaba porque los guardias no detenían el conflicto, sin embargo, no podía pensar mucho en eso. Tenía que seguir luchando.

Eren ya había entrado en peleas antes, pero esta era muy diferente, no sólo por la gran cantidad de público que los observaban sino también que tenía una gran desventaja, se sentía como si estuviera peleando contra un oso; Si Eren se detuviera mínimo por un segundo, fácilmente el hombre podía someterlo.

Las risas se detuvieron instantáneamente al sonido de una voz:

— ¿Qué pasa aquí?

El gigante se detuvo, y Eren aprovechó la ocasión para darle un fuerte golpe en la entre pierna. Fue un ataque vil, pero el maldito bastardo se lo merecía.

El hombre gruñó agarrando sus partes íntimas, alejándose del niño debajo de él.

— ¿Qué sucede? —cuestionó de nuevo la voz. Eren aún seguía en el suelo y levantó la mirada hacía donde la voz provenía.

Un hombre que se veía ligero, con expresión aburrida lo observaba.

—Levántate, mocoso—le ordenó.

¿Mocoso?, Eren ya había escuchado esa palabra. Aunque obedeció sin titubear por el tono tan autoritario que tenía aquel hombre misterioso. 

Al ponerse de pie, se dio cuenta con efecto, que el hombre frente a él era de baja estatura, delgado, con un rostro inexpresivo, ojos pequeños de color azul opaco -Eren no lo podía distinguir con exactitud al ser estrechos-. Pelo negro, corto y recto. Un poco semejante al primer guardia que lo había escoltado, e incluso portaban un pañuelo sobre su cuello.

El hombre pequeño lo miró con disgusto y después a la suciedad debajo de ellos; La poca comida que le habían servido se encontraba por todos lados haciendo un desastre, e incluso Eren tenía algunas migajas y rastros en su ropa.

—Alguien tendrá que limpiarlo. 

Notas finales:

¿Qué te pareció?
No dudes en dejar un comentario, para ver como continuara esta historia ;).
Hasta la proxima actualizacion...


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