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Eternity por SomeshitPink

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Notas del fanfic:

Fanfic participante para un concurso en wattpad, pero lo suficientemente bonito para mí para ponerlo aquí también. Basado en Serendipity.

Y fue la nada.

 

Mas él ya estaba.




Primero hubo nada y de la nada surgió todo.

 

Menos él, quien fue el original.




Fue el primer ser astral en encontrarse sumergido —hundido y sofocado— en aquella nada, fría y oscura, inquietante; no había ruido, tampoco movimiento alguno, mucho menos algún otro ser con el cual compartir el eterno momento que pronto se convirtió en un parpadeo para la historia. 

 

Solo se tenía a sí mismo, y eso estaba bien, porque se amaba. 

 

La nada reinaba, sí. Pero él se mantuvo a su lado, sin cuerpo y sin sentidos pero consciente; siempre estando ahí, compartiendo con ella —la nada— un espacio que no debía haber. Su alma fue la primera aún cuando nada existía más que la energía encerrada en lo más profundo del inexistente vacío. 

 

Y en un instante ocurrió, finalmente la nada estalló y él se permitió ser el único testigo de la explosión de energía y color que lentamente formaron polvo cósmico y caos; la oscuridad se cubrió de brillantes colores y luz, un fuego que terminó con el hielo abrasador que había sido la nada. No tenía ojos, pero pudo ver el lienzo negro manchado con el origen de las estrellas, era un espectador omnisciente en un circo de energía. 

 

Lo tercero en existir fue el tiempo, porque el caos fue lento y la formación del cosmos algo rápido que duró millones de años.

 

Su alma trascendió en el tiempo y en el espacio, en silencio, de la misma manera que el ser había llegado hasta la nada y viceversa; luego, cuando el caos terminó, su alma fue dividida en dos y separada. Supo entonces que estaba destinado a encontrar su mitad perdida en la inmensidad del universo, la mitad que más amaba.

 

El tiempo pasó y el caos dejó de existir, pero él permaneció en soledad y sin amor.

 

Cuando todo entró en calma, se vio rodeado por una nueva cantidad ilimitada de colores y figuras, más de las que podía nombrar e imaginar. Hubo estrellas, planetas y planetoides, también nebulosas y finalmente vida.

 

Había todo, pero no estaba su otra mitad, el alma con la que quería pasar el tiempo hasta el fin del universo se había ido. Si ella no estaba no importaba que el resto de los cuerpos celestiales existieran. 

 

No quiso ver más, y se privó de la vista. Y luego, hubo nada. 

 

Durmió para siempre, acompañado del vacío y el tiempo, hasta que encontró un cuerpo en el que habitar, con el que nacer y visitar un mundo donde encontraría, por suerte o por destino, a quien amó al inicio de todo y antes de eso. 

 

 

 

 

Y luego despertó. Min Yoongi despertó con la sensación de haber dormido por más de un eón, con su cuerpo físico cansado por la experiencia de un sueño nítido que parecía ser más verdadero que lo que él suponía era la realidad.

 

Sus ojos se abrieron lentamente, temblando y temiendo ver la inmensidad del espacio y las estrellas en él; no hubo oscuridad, sino una tenue luz entrando por la ranura que descuidadamente dejaba su cortina mal acomodada desde la noche anterior. 

 

Se quedó en silencio sintiendo cómo su respiración se normalizaba después de unos minutos. Pensó en todo lo que su mente había vivido en tan solo unas pocas horas de sueño, la sensación de sentirse desorientado y el temor por perderse en la nada habían sido tan reales que pensó en la probabilidad de la veracidad de aquello.

 

Pero la nada era muda, contraria a lo que acababa de irrumpir en sus pensamientos.

 

Y así lo primero que oyó esa mañana fue la suave risa de Kim Taehyung. Un tímido sonido vibrante que rápidamente recorrió su cuerpo generando ligeras descargas eléctricas cuando la alegría del menor tocó su piel, estremeciéndose al instante. 

 

Dejó que su mente se liberara de la incertidumbre cuando unos brazos rodearon su cuerpo sutilmente, atrayéndolo de manera suave hasta que su espalda chocó con el pecho de un cuerpo ligeramente más grande al suyo. 

 

Las manos de Taehyung recorrieron sus costados desnudos de manera traviesa, provocando que una sonrisa se instaurara tímidamente en su rostro mientras el miedo casi terminaba de disiparse en su corazón. Luego, ágilmente esos varoniles brazos morenos se enredaron con ternura alrededor de su cintura, haciendo que el delgado y menudo cuerpo de Yoongi terminara por ser acunado y protegido por Taehyung.

 

Sonrió y cerró sus ojos dejando que su sentido del tacto disfrutara del calor que el castaño emanaba; se acomodó llevando sus manos hasta las de Taehyung. Quiso hacerse más pequeño en los brazos del menor.

 

Min Yoongi parecía haber sido creado específicamente para embonar y completarse con el cuerpo de Kim Taehyung, ambos tendidos sobre el suave colchón de la habitación que llevaban meses compartiendo, protegidos por delgadas y cálidas sábanas que rápidamente se habían convertido en un nidal de protección para ellos dos.

 

La atracción entre ambos cuerpos y entre ambas almas era regida por el principio de la gravedad. Taehyung, insensate, buscaba fundirse con Yoongi por la eternidad hasta después de que esta concluyera, atraído por el amor que sus almas susurraban entre ellas. Sabían que ambos transcenderían al fin de los tiempos y al inicio de los nuevos ciclos.

 

Era el destino de ambos amarse por los siglos y a través de ellos.

 

A su alrededor el día apenas comenzaban y los minutos pasaban tan rápido que parecía que Yoongi y Taehyung se habían congelado en el tiempo al ser ajenos a la hora marcada en el reloj, ignorando el imponente avance de los segundos. 

 

Las caricias continuaban y la necesidad de quedarse así para siempre no hacía nada más que aumentar. 

 

—Detente, Taehyung —pidió Yoongi en voz baja temiendo romper el íntimo momento que se había creado alrededor de ellos. Su voz sonó lastimera, pero su alma se regocijaba por la atención que Taehyung le brindaba con amor a su cuerpo. 

 

El menor negó y volvió a reír pícaro mientras enterraba nuevamente su nariz en la nuca del pelinegro para aspirar el olor natural que el cuerpo del mayor desprendía cuando estaban juntos. 

 

Tal vez era la loción corporal que a veces Yoongi aplicaba sobre su cuello, pero aquella zona siempre tenía un agradable olor a café que pronto Taehyung había adoptado como aroma favorito aún cuando detestaba la amargura de la bebida.

 

El suspiró de Taehyung sobre su dermis lo hizo ser consciente de lo palpitante que su corazón estaba, ansioso por más caricias por parte del menor.

 

Yoongi terminó por ceder ante el contacto, y débilmente soltó una risa retenida que las caricias de Taehyung habían provocado. El menor solo pudo apegarse más al cuerpo de Yoongi esperando nunca separarse de él.

 

Un suspiro nacido de los labios del pelinegro fue lo único que acompañó sus risas en el silencio de la habitación. Yoongi sabía que Taehyung estaba ahí con él, pero el miedo a la soledad no se había ido por completo, necesitaba ver el rostro de su amado para quitar esa absurda paranoia de encontrarse en compañía de la nada y no de su ser amado como debía ser. 

 

Sus manos se movieron con cautela buscando las palmas con la que Taehyung mantenía un firme agarre sobre su piel al descubierto, y con cuidado las retiró con la intención de girarse y encarar el somnoliento rostro de Taehyung. 

 

—Buenos días, Yoongi-hyung —pronunció Taehyung de manera dulce cuando el rostro del mayor cubierto de rubor por la cercanía se encontró con los ojos del menor. 

 

Yoongi optó por dar un saludo diferente dejando que el silencio de sus acciones hablara por él al depositar un beso sobre los labios de Taehyung, lento y acaramelado por el suave movimiento que ambas partes habían demandado tan pronto se habían encontrado.

 

Taehyung no tardó en inclinarse sobre los labios contrarios al mismo tiempo que sus piernas buscaban las de Yoongi para enredarse con ellas y terminar con el espacio entre ambos. 

 

En ningún momento perdieron las sonrisas que gritaban el nombre del otro.

 

El de hebras negras alzó su mano hasta tocar con sus dígitos la piel de la mejilla de Taehyung, sintiendo la suavidad de su rostro que se animó a recorrer empezando por la dura línea de la mandíbula de Kim. Luego subió hasta encontrarse con uno de sus pómulos donde acarició con su pulgar, tallando ligeramente para que el rubor no tardara en aparecer. Y después su índice se topó con los labios que besó de nuevo.

 

Un beso fugaz, tan rápido como el estallido que creó el polvo cósmico.

 

Los brazos de Taehyung se habían acomodado nuevamente alrededor de Yoongi, descansando en sus costados y acariciando la piel de la espalda baja del mayor, disfrutando la ausencia de prendas entre ellos. 

 

Yoongi mantenía celosamente sus manos en las mejillas de Taehyung. 

 

Ambos compartían una larga almohada que horas antes había sido usada para acallar los dulces sonidos rítmicos que las cuerdas vocales de Yoongi generaban cuando sus cuerpos completaban una íntima unión. 

 

El mayor se dedicó a detallar a lujo las facciones de Taehyung, guardando una copia fiel de su sonrisa —esa que lo recibía todas las mañanas y le daba un nuevo día—, hasta memorizar la posición exacta de sus lunares repartidos por su rostro.

 

Luego sus ojos se encontraron con los oscuros orbes que lo miraban con especial belleza.

 

Los ojos de Taehyung eran negros, densos y misteriosos; pero también eran sinceros y cariñosos, en ellos Yoongi solía encontrar el universo entero que minutos atrás había generado miedo e incertidumbre en él, mas sabía que no temía de Taehyung. 

 

Eran dos pozos profundos en los que había caído —por voluntad propia— desde la primera vez que los encontró, dos pocos que le brindaban la vitalidad necesaria día a día. El brillo en ellos era algo que se atrevería a comparar con la presencia de estrellas y su luz resplandeciente que terminó alguna vez con la nada y el vacío que tanto temía.

 

Taehyung se dejó consentir por la forma en que las manos de Yoongi continuaban acariciando su rostro, comenzando a adormecerse nuevamente. Sus ojos, esas puertas al universo, comenzaron a cerrarse paulatinamente y Yoongi sintió el miedo creciendo en su interior al pensar que algún día podría verse privado de todas las emociones que esos ojos le brindaban. 

 

Porque aún cuando eran los únicos ojos negros que conocía, eran dos fanales que lo habían ayudado a no perderse en lo infinito del universo. Privarse de ellos significaría perderse nuevamente. 

 

Se tensó ligeramente pero no dejó de acariciar el rostro adormilado de su novio. Llevaba cerca de un lustro conociéndolo, también unos pocos años de haber entablado una relación con él, Kim Taehyung se había convertido rápidamente en el centro de su mundo y eso estaba bien, porque se sentía completo en todos los aspectos cuando él estaba revoloteando a su alrededor

 

No quería pensar en perderlo, pero el recuerdo de su sueño comenzaba a hacerse presente de nuevo en su mente. 

 

Frente a él tenía a la persona más maravillosa que había conocido en lo poco de su existencia, la simple idea de pensar que algún día dejaría de estar a su lado causó un irremediable dolor en medio de su pecho. Kim Taehyung, puesto por el propio destino frente a él, era lo más valioso que tenía, lo era todo y perderlo sería entregarse a la nada. 

 

Min Yoongi comenzó a ser feliz desde el primer momento en que Taehyung llegó a su vida. Min Yoongi, quien jamás volvió a dudar, ahora temía porque un sueño —quizás una vida pasada— le había hecho creer que la felicidad era efímera y pasajera.

 

La vida sin Taehyung volvería a ser fría y gris aún cuando sus ojos veían con claridad cualquier gama de colores que hubiera en el panorama frente a él, oscura como lo había sido antes de su llegada. Solitaria. 

 

La sonrisa que Taehyung siempre le dedicaba cada mañana devotamente le enseñaba un nuevo mundo diferente al anterior, el menor tenía la capacidad de hacerle creer que el mundo había sido creado por y para ellos. Si Taehyung ya no estaba… sin su risa no habría sonido, sin sus ojos no habría luz, sin sus abrazos todo sería frío y sin su amor nada habría.

 

Dejó de acariciar al castaño, completamente sumergido en sus pensamientos. Él lo notó, Taehyung supo que había algo mal cuando las caricias había comenzado a ser erráticas, fue de esa manera que interrumpió su propia paz para buscar la de Yoongi, sin encontrarla. 

 

Su mirada estaba perdida y su respiración se había vuelto profunda, como si buscara retener el aire el mayor tiempo posible para no gastarlo aún cuando había una cantidad ilimitada de oxígeno a su alrededor. Taehyung frunció el ceño esta vez deshaciendo el abrazo para ser él quien acariciara el rostro de Yoongi.

 

—¿Qué ocurre?

 

Vio lágrimas en los ojos de Yoongi.

 

—Tengo miedo a perderte —confesó en un hilo de voz, reteniendo el llanto y sintiéndose mal por haber permitido que un momento tan alegre como había empezado la mañana terminara por ser afectado por un simple sueño —o quizás el destino se había puesto en su contra.

 

Taehyung puso una mueca, dolida. No sabía qué era lo que había llevado a Yoongi a pensar en aquello, pero no le agradaba la sensación que también había inundado su pecho, estrujando su corazón al ver la expresión rota de su pareja. 

 

—Yoongi —le llamó con amor, haciendo que el mayor conectara su mirada con sus ojos negros—. Creo que sabes lo mucho que te amo, no importa si es invierno, si no hay flores en la casa o si el mundo se acaba, porque mi amor hacia ti es incondicional —tomó sus labios dejando un fugaz beso en la comisura antes de continuar—; aún cuando nos encontremos a miles de kilómetros o en la misma habitación yo te voy a amar con la misma intensidad. Podría acabarse el mundo o volver a empezar y mi alma siempre va a ser tuya, junto a mi corazón. Y sé que me amas de la misma manera ¿no es así?

 

Yoongi asintió aún sin estar muy seguro. Había completa sinceridad en sus palabras y amor en sus acciones, pero Yoongi continuaba temiendo por el futuro.

 

Entonces hizo una pregunta que fue absurda.

 

—¿Por qué me amas?

 

Su voz se rompió al final, había duelo en sus palabras, pero causó un efecto contrario en Taehyung. 

 

El menor soltó el rostro de Yoongi para incorporarse sobre la cama, haciendo que la sábana que cubría su cuerpo desnudo cayera recorriendo su piel. Taehyung rió de manera tan natural que provocó que Yoongi también se sentara para poder apreciar la manera en que el castaño formaba una sonrisa limpia sobre su rostro.

 

—El corazón tiene razones que la razón no entiende —pronunció susurrando, solo para que Yoongi lo escuchara—. Sólo déjame amarte ¡Que el universo y su propia creación se entere que amo a Min Yoongi!

 

El pelinegro sintió su alma aligerarse, deshaciéndose de las cadenas que la habían encarcelado en silencio y de manera celosa. 

 

Nuevamente el de piel lechosa dejó que la voz de sus acciones fuera la que gritara a toda la existencia lo tanto que amaba  a Kim Taehyung mientras lo envolvía en un abrazo y buscaba sus labios con hambre. Quería unirse a él nuevamente, no solo en la intimidad, sino también en un plano astral que perdudaría hasta que todo lo demás dejara de existir, se burlarían de la eternidad.

 

La nada dio a luz al universo, pero el mundo entero de Min Yoongi nació cuando Kim Taehyung respiró por primera vez; lo había vivido todo antes de conocerlo, pero cuando sus ojos se encontraron por accidente o casualidad, experimentó la serendipia por primera vez.

 

Ni el propio cosmos, ni ningún ser celestial, se atreverían a separarlos nuevamente. Sus almas se habían encontrado en nuevos tiempos de caos y permanecerían unidas cuando la paz llegara.

 

Notas finales:

¿Me dan amor? :c


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