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Hell frozen rain por Sidney

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And her cold voice sings a melody


Hear her sing,


"Hell frozen rain falls down"


 


 Recordaba la primera vez que la vio, la primera vez que sus ojos se perdieron en aquella hermosura esmeralda que reflejaba la pureza que a él se le escapaba entre los dedos a medida que su sueño se acercaba al cumplimiento, la forma en la que el fuego de su pelo contrastaba con la amabilidad que se percibía en su gesto y a la vez le daba aquella personalidad ardiente y pasional que tanto llamaba la atención de quien la mirara.


La muchacha no debió superar los catorce años por aquel entonces, deambulaba por Hogsmade con un chico de otra casa, un Slytherin de cabello negro y ojos oscuros, y lo poco común de aquello llamó en cierta forma su atención, lo distinto de las personalidades de los miembros de aquellas casas solía provocar constantes choques, en especial de leones y serpientes, y esos dos en cambio parecían obviar aquellas normativas no impuestas de competitividad. No muy lejos de la discreta terraza en la que él disfrutaba con calma del vaso aún medio lleno de vino de sauco y la lectura —por decimoquinta vez en esa semana— de aquella tesis sobre el desarrollo del alma había otro grupo muy poco discreto, era complicado no prestar atención a aquel cuarteto de Gryffindors que parecían existir para llamar la atención y que además se mostraban especialmente interesados en molestar a aquella peculiar pareja.


  Sin darle más importancia de la que tenía y procurando no prestar atención al barullo que estaban organizando, tomó un sorbo más del vaso de vino para centrar nuevamente toda su atención en aquella magia más que digna de su absoluta concentración. Debía encontrar una forma de pasar aquella teoría a la realidad, de forjar a partir de su propio ser su camino hacia la vida eterna. Y era consciente de que le quedaba mucho trabajo por delante.


 Tal vez por ello no vio venir la explosión acuática que se llevó por delante incluso la mesa, alcanzando a salvar de milagro los manuscritos en sus manos por pura inercia, levantándolos por encima de su cabeza tan pronto como sintió la humedad contra su piel. Una gigantesca ola de agua helada acababa de llevarse por delante al muchacho de cabello negro hacia su dirección y él había sido un daño colateral en el transcurso de aquella broma de la que la pelirroja se había apartado en el momento justo.


 Aun escuchando los gritos de la muchacha reprendiendo a aquel cuarteto de traviesos muchachos, comprobó el estado de sus papeles, que por suerte habían aguantado el tipo mucho mejor que él mismo, empapado como se encontraba por entero. Las risas inundaban el ambiente y los causantes del problema no habían tardado en poner pies en polvorosa, alejándose a toda velocidad de la escena.


 — ¿Se encuentra bien? —habló la joven con cierto aire tímido, tal vez viendo en lo más profundo de la mirada de Tom aquel odio momentáneo que había aflorado ante la idea de haber perdido su trabajo, pero él simplemente enarboló la mejor de sus sonrisas asintiendo con la cabeza, un leve lapsus que ocultó con su piel de cordero en cuestión de segundos. Incorporándose con elegancia y sacudiendo, aunque sin demasiado éxito, la pesada ropa que portaba para tratar de apartar al menos el grueso del agua, revisó una última vez que todos los papeles se encontraran en buen estado antes de restarle importancia y dedicar toda su atención a la jovencita.


 — Descuida pequeña, no ha sido nada —sonrió nuevamente, provocando con la intensidad de su mirada un leve sonrojo en la adolescente de hermosos ojos verdes y, con un suave golpe de varita, secando su cuerpo de aquel artículo de broma trucado y algo venido a más. Quedando aquello en poco más que aquel intenso cruce de miradas.


 Algo sutil, aparentemente sin importancia, solo una chispa, la que prendió la mecha.


Un pequeño recuerdo magnificado por aquella capacidad de fragmentación que tanto había practicado, esa habilidad para extraer de cada recuerdo hasta la última gota de jugo y volver tangible aquello que en cualquier otro momento habría pasado desapercibido. Ahora lo necesitaba, cada detalle de esa mujer era poco en aquel momento, cada pequeña pista que le guiara hasta su respuesta.


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