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Black and Silver [Crossover] por AnGeLCaId0

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Notas del fanfic:

Necesitaba un crossover de ambos animes, aunque soy el único a quien se le ocurre Shippear a estos personajes, por lo tanto no existen otras historias yaoi de KuroGin / SebasGin.

También estoy publicando ésta misma historia en wattpad con el mismo nombre.

 

•En cuanto al yaoi en la historia y por causa de la personalidad dominante de ambos personajes, no será de forma romántica ni amistosa, siendo que Sebastian es un demonio perfeccionista sin sentimientos, y Gintoki, un sádico imperfecto problemático... Entonces se intentará crear un vínculo de tolerancia y hasta un poco física entre ambos, por medio de sus intereses personales. (A largo plazo)

 

Notas del capitulo:

Merodeando en Londres.

Si estás perdido, has uso de todas tus habilidades.

 

Las noches eran frías, insoportablemente frías cuando no tenías ningún abrigo y un techo en donde resguardarte.

Todo su mundo se había transformado en esto, una competencia continua por la supervivencia. Desde rebuscar en la basura, hasta ganarse el pan durante las mañanas y encontrar desesperadamente un refugio contra el clima hostil. Todo se trataba de enfrentarse a delincuentes, niños hambrientos, a familias enteras en situación de calle, huir de las autoridades por su falta de documentación como ciudadano, y hasta rehuir del mismo hedor a excremento humano en plena calle concurrida.

Se rió amargamente. No era diferente a lo que antes estaba acostumbrado, al hambre desesperante, al frío desgarrador y a la soledad palpitante; al mismo miedo convertido en paranoia por la posibilidad de ser atrapado, encerrado y ejecutado. Era como volver a la postguerra, tiempo antes de que fuese salvado y encontrado por la anciana. Pero justo ahora mismo, juró en su interior no volver a burlarse de ese vejestorio, quiso decir... de la abuela Otose.

Bien, era mentira ¿A quién intentaba engañar? Nunca se acostumbraría a este estilo de vida miserable y decadente, pues tan sólo intentaba verse fuerte, no le quedaba otra opción.

Caminando entre la neblina de la noche, se dio cuenta de que pronto amanecería, y como él bien sabía era imposible dormir por la noche en su situación, sin arriesgarse a ser asaltado, asesinado o morir de hipotermia. Debía permanecer en continuo movimiento sin ser detectado por los policías, ladronzuelos o grupos criminales. Ya había tenido bastantes problemas por no conocer las zonas peligrosas de Londres, metiéndose en alguna que otra pelea callejera.

Mientras avanzaba por las calles desoladas, montones de papeles escritos a mano se iban dispersando por los muros, edificios, postes de luz y carruajes vacíos.

"¡Jorozuya, Gin-chan! Realizamos y aceptamos cualquier encargo."

Publicidad barata, ni siquiera con una dirección de domicilio o contacto, tan sólo un simple sobrenombre figuraba en el papel arrugado, el nombre de un vándalo. La búsqueda de clientes no podía detenerse, era lo único que sabía hacer para poder prosperar; no importaba en qué mundo estuviera, conseguir dinero siempre era fundamental. Debía sobrevivir con todo lo que tuviera a su alcance, con sus capacidades, sus conocimientos y experiencia en estas situaciones. Debía sobrevivir, hasta poder regresar... a su mundo.

- Esto es tan deprimente... - Se quejaba perezosamente con grandes ojeras negras bajo sus ojos rojos. – Casi un mes en estas condiciones y sin ninguna señal de estar siendo buscado. Takasugi tenía razón cuando sugirió matarlos a todos.- Siguió divagando en su propia depresión, con la piel entumecida por el frío y pies adoloridos. Culpando a sus amigos por lo que le había ocurrido. – Estoy seguro que si yo fuera un protagonista como Naruto estarían todos dando sus vidas desesperadamente para encontrarme y rescatarme. Pero sabiéndolo mejor, ellos estarán pensando que desaparecí para no trabajar ni pagar las deudas.- Y luego me buscarían para golpearme y enterrarme vivo.

Con un pincel y escasa pintura en mano, fue repasando de arriba abajo sobre un mural desgastado, con trazos gruesos y rígidos, "Jorozuya Gin-chan" fue su idea principal... Sin embargo, tan sólo dos círculos y una “banana” gigante apuntando hacia el cielo se hizo visible ante su cansancio, ya era el tercero de la semana y los ingleses no estaban contentos de su arte callejero. Pero era demasiado perezoso como para deshacerlo, e indiferente se retiró de la escena antes de ser descubierto.

Carros y caballos comenzaron a circular por las calles, el olor a pan recién horneado retorció su vacío estómago. En estas circunstancias, el agua era fundamental, mantenerse hidratado para sobrevivir durante unos días más.

Poniéndose en marcha caminó algunas cuadras hasta llegar a una cafetería que había estado concurriendo habitualmente en los últimos días. Y lastimosamente, los trabajadores lo reconocieron y bufaron de molestia.

- Gin... ¿Otra vez por aquí? Mi jefe llamará a la policia si sigues molestando.- Se preocupó una de las sirvientes más amables del lugar, quien ayudaba a preparar las mesas para los clientes.

- ¿Acaso un hombre no puede salir en busca de trabajo? No sabía que eso incumplía las leyes de la Reina.- Se molestó Gintoki ante las miradas de rechazo del personal, quienes se pusieron de acuerdo en no dirigirle la palabra. - Please, My lady... ¿Podrías convencer a tu jefe de darme otra oportunidad?- Intentó convencerle con ojitos de gatito abandonado, fingiendo a su vez un terrible acento inglés que no dominaba, siendo que era japonés.

- Eres irremediable, Sir Sakata. ¿Acaso has olvidado lo que ocurrió la última vez? El jefe no soportará ver más destrozos en su negocio por su culpa, y temo ser despedida si sigo tratando con usted.- Se lamentó recordando lo sucedido, sin querer ser descortés con este hombre impulsivo que se metía en problemas con tan sólo mover un dedo.

Ante el rechazo las esperanzas de Gintoki se desvanecieron. Lo había estado intentado muchas veces, pero sabía que ya no podía seguir insistiendo, a menos que quisiera ver a esta mujer en las calles.

- Ya veo... Siento mucho las molestias que te eh causado.- Más no a tus compañeros de trabajo.

- Gin...- Lo detuvo antes que se marchara deprimido. – Por favor, ten aquí...- Una pequeña canasta fue tendida frente a él, panecillos dulces y pan de curry. - No es mucho, pero espero que renueve tus fuerzas, realmente deseaba poder hacer mucho más para ayudarte. Ahora, si me disculpas, debo volver al trabajo.- Se despidió y se marchó ante la sorpresa de Gintoki, a quien no le dio tiempo de agradecer su caridad, ni a despedirse. Como si hubiera sido forzado a firmar un acuerdo mutuo y silencioso de: "no regreses por aquí."

Era un poco doloroso que todos se alejaran de él, pero fue agradecido de tener en este mundo una sonrisa tan amable y compasiva como la suya, aunque fuese por un tiempo tan breve... Y ahora, se sintió un poco más abandonado.

En el centro de la ciudad, la gente se amontonaba disgustada y la policía intentaba mantener el orden por lo que se había descubierto, un graffiti callejero y vulgar de un miembro sexual masculino ensuciando la ciudad, que estaba siendo tapado con una pintura blanca para su limpieza y restauración. No era bueno cuando se intentaba mantener la reputación de Londres frente a los turistas y visitantes importantes.

- Estos vándalos, vulgares, ratas callejeras... Hay que meterlos presos y sacarlos de las calles.-

- ¿Meterlos presos? Hay que sacarlos de un tiro, ¿¡porqué debemos mantener a esta gentuza en nuestras calles!?-

Los comentarios iban subiendo de tono cada vez más, a consternación de Gintoki. Pues a diferencia de la gente naturalmente vulgar y despreocupada del distrito Kabuki, los ingleses eran todo lo opuesto: Trabajadores disciplinados, responsables, tradicionalistas, con un sentido de la etiqueta social, lealtad a la Corona y a su nación.

A diferencia de su hogar, Londres no le resultaba agradable ni divertido, ni siquiera para venir como turista, siendo que los hongos y la mugre se acumulaban por la falta de higiene de las personas. Un baño relajante con aromas y especias no entraba dentro de las costumbres victorianas, a menos que fueras adinerado.

Pero todos sus pensamientos desaparecieron, cuando finalmenre llegó a sentarse en un banco para poder descansar sus desgastadas piernas, y dio un mordisco aquello que llamaban "Pan de Curry", y rápidamente devorarlo con fascinación hasta saciarse.

¿Qué era éste sabor? ¿Qué era ésta sensación?

Sus pupilas se dilataron como si estuviera consumiendo su preciosa dosis de azúcar, como si hubiera traspasado las puertas del nirvana y saboreado los placeres del infierno.

De alguna forma, teniendo su estómago lleno, sintió una liberación de todas sus cargas y preocupaciones.

Sus fuerzas y su motivación ahora completamente renovadas.

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Notas finales:

Capítulo editado.


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