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WAP por SomeshitPink

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Notas del fanfic:

La historia está publicada en wattpad, bajo el mismo nombre y usuario.

Sollozó quedito, tratando de reprimir las sensaciones que las caricias en su piel le ocasionaron. Su miembro brincó, pegando contra su abdomen cuando su pareja retiró la única prenda que cubría su intimidad. Movió las caderas inconscientemente, buscando que lo tocaran.

 

Jimin no se dio cuenta de lo húmedo que estaba hasta que Yoongi guió un dedo hacia su trasero, deslizando el índice con facilidad entre las mejillas redondas y rosadas, sin mayor esfuerzo gracias al lubricante natural que había inundado la habitación con un dulce aroma frambuesa.

 

Todo olía a Jimin, las sábanas, las almohadas y la habitación misma tenían impregnados el aroma del menor y eso, además de los suspiros que llenaban la habitación, le gustaba a Yoongi. 

 

El lobo del mayor se sentía ansioso por compartir intimidad con el omega de Jimin. Quería unirse a él, quería compartir un orgasmo.

 

Acarició la piel desnuda, subiendo y bajando un dedo entre las nalgas de Jimin, hasta dar con el pequeño anillo ceñudo que no tardó en penetrar con suavidad, primero moviendo su dedo en círculos mientras lo guiaba hacia el fondo, para después añadir un segundo, viendo cómo sus dedos desaparecían en el interior del omega que estaba desnudo, acostado y abierto de piernas frente a él, a su merced. 

 

Los dedos entraron y salieron de Jimin un par de veces más, creando un sonido húmedo que pronto fue acompañado por los jadeos y suaves gemiditos que se escapaban de los labios rosados del menor, quien levantaba sus caderas tratando de sentirse más lleno. 

 

Yoongi estaba sentado en la orilla de la cama, con el cuerpo ligeramente inclinado hacia la entrepierna del omega; frente a él había una escena espectacular, donde Jimin protagonizaba un cuadro tan caliente como el celo que les había llegado a ambos en el momento más adecuado. 

 

Ambos se sentían embriagados por el aroma que desprendían juntos, una dulce combinación de fresas y frambuesas, y jazmín,  que se asemejaba a un té de infusión con la suficiente miel para hacer todo más deleitable entre ellos dos.

 

El omega más joven estaba en el centro de la cama, desnudo, con las piernas ligeramente flexionadas y separadas para recibir con gusto a Yoongi —quien separaba sus dedos en su interior y estimulaba al omega de manera lenta, tortuosa y profunda—, y en medio de ellas, un pene duro, con el glande rosado, que rogaba por un poco de atención que Yoongi estaba dispuesto a darle solo después de hacer que Jimin pidiera ser tocado de manera desesperada. 

 

Jimin sintió los dedos de Yoongi expandiendo su interior, separándolos y penetrando más a fondo y cada vez más rápido. Gimoteó ansioso, queriendo llevar una mano hasta su entrepierna y él tirar de su propia polla hinchada, pero el mayor lo detuvo tomándolo de la muñeca para impedir que se diera placer.

 

—Estás tan mojado, Minnie —susurró Yoongi, ronroneado—. Tan mojado y abierto de piernas para mí, ¿No es así? ¿Quieres más de esto? —preguntó, sin dejar de meter sus dedos en el omega.

 

—Yoongi-hyung…

 

—Tan necesitado —habló, de manera grave—. ¿Quieres que folle tu lindo trasero con mis dedos? ¿Quieres que lo haga con uno de tus juguetes, perra sucia?

 

Joder, a Jimin le prendía tanto que Yoongi le hablara de esa manera, tanto así que estaba seguro de que había comenzado a lubricar aún más después de esas palabras dichas por el mayor. 

 

Al lado del delgado cuerpo de Jimin habían un par de juguetes regados, cercanos a ellos dos para ser usado cuando ellos lo decidiera. Así, sin dejar de penetrar al otro omega,  alcanzó uno de los juguetes que Jimin usaba cuando pasaba su celo solo: una pequeña bala vibradora, de color rosa, como el cabello del menor. 

 

Jimin arqueó su espalda cuando sintió que Yoongi retiraba sus dedos de manera repentina, pero no pudo hacer otra cosa que gemir cuando sintió la punta de la bala pasando sobre su entrada, haciendo presión sin llegar a adentrarse en él. El mayor lo miró desde arriba, con una sonrisa altanera, lamiendo los dedos que habían estirado a Jimin.

 

Se miraron a los ojos, ambos tenían sus miradas nubladas y sus lobos aullaban en su interior, pidiendo por una unión entre ambos. Pero era muy pronto, tenían muchísimo tiempo y Yoongi quería seguir probando la paciencia del menor ante sus caricias; encendió el juguete sin alejarlo de la entrada de Jimin, por lo que las vibraciones mandaban descargas de placer sobre la zona que estaba siendo estimulada y Jimin, frunciendo su ceño con expresión de placer, no podía hacer más que jadear y suspirar el nombre de su hyung. 

 

Esperó —de manera ansiosa— que la bala vibradora entrara en él, pero no sucedió. En vez de eso, sintió los labios de Yoongi besando la mejilla de su trasero, mordiendo sin hacer daño y dejando un rastro de besos que se dirigía hacia su entrada mientras su mano guiaba la bala hacia su pene hinchado, mojado en presemen e hinchado por la poca atención que había recibido.

 

La lengua de Yoongi probó el lubricante natural de Jimin con hambre, lamió superficialmente y succionó ligeramente el anillo rosado y mojado que anteriormente había recibido sus dedos con gusto. 

 

El menor se estremeció cuando Yoongi tomó con cuidado su pierna, para colocar el muslo sobre su hombro, mientras la cabeza de Yoongi subía y bajaba entre sus piernas, lamiendo y penetrando con suavidad su entrada rosa que se apretaba alrededor su lengua. El mayor saboreaba la dulzura del lubricante del Jimin, el mismo que le incitaba a comer su entrada con fervor.

 

Jimin gimió sin dejar de sentir la lengua de Yoongi, disfrutando de ser penetrado por aquel músculo tan pequeño, pero tan placentero como los dedos que previamente habían estirado su interior. Yoongi sentía el lubricante sabor frambuesa escurrir entre sus labios.

 

Las caderas de Jimin estaban alzadas, apoyándose con un pie sobre la cama y con el soporte del hombro de su hyung, pero sentía que no tenía la fuerza suficiente para mantenerse en aquella posición tras tantos estímulos que estaba recibiendo. Sentía tirones de placer en su vientre bajo, todos y cada uno de ellos por el hombre que devoraba su rosada entrada y apretaba ocasionalmente su trasero.

 

Yoongi había alcanzado su pequeña polla rosada, tomando el glande para comenzar a masturbarlo, sin dejar de penetrar el pequeño anillo con su lengua, no solo sintiendo la esencia de Jimin entre sus manos por el presemen que escurría por el falo, sino en su propia boca por todo el lubricante que estaba produciendo, preparándose para recibir todo lo que Yoongi quisiera meter en él. 

 

Gemidos desesperados fueron los que llegaron hasta los oídos de Yoongi, eran suaves quejidos deshechos con los que Jimin pedía por más, necesitaba más de lo que su hyung le estaba dando, quería sentirse lleno y correrse; la bala vibradora había quedado de tal forma que estimulaba las dos pequeñas bolas debajo del pene de Jimin, que no dejaba de ser atendido por el mayor, jugaba con el glande y luego subía su mano para después bajarla y así poder tocar la extensión por completo. 

 

A su lengua se le sumó un dedo y luego dos, provocando un gritito agudo por parte de Jimin. No lastimaba, sino todo lo contrario, pues la estimulación previa, el lubricante, y el propio celo, hacían que los dedos fueran poco, Jimin necesitaba más.

 

Quería sentirse lleno de su hyung.

 

Quería ser follado por otro omega hasta quedar arruinado y cubierto por la esencia de su hyung.

 

—Yoon... —Jimin y su lobo gimotearon de manera lastimera para llamar la atención del otro omega. El menor intentó incorporarse un poco con ayuda de sus codos, para poder ver la manera en que Yoongi lo penetraba con su lengua y sus dedos.

 

Jimin sintió desfallecer y sus piernas temblar cuando se encontró con la mirada depredadora de Yoongi, quien lo miraba como un cazador degustando a su presa, con sus ojos mirando el líquido escurriendo sobre su polla, y luego buscando sus orbes chocolates abrumados por el placer.

 

Yoongi quiso sonreír, pero se mantenía ocupado sintiendo los fluidos en su boca, y también en la comisura de sus labios mientras escurrían hacia su barbilla. Su propio pene dolía y exigía ser atendido, pero el placer de ver a Jimin así de expuesto para él no tenía comparación.

 

Jimin se estaba deshaciendo sin dejar de repetir el nombre de Yoongi de manera entrecortada.

 

Cuando Jimin probó hablar de nuevo, para llamar la atención de su hyung, Yoongi agregó un dedo más y sustituyó su lengua por la bala vibradora, a un nivel moderado pero suficiente para que el menor sintiera descargas de placer en la zona de su vientre y poco más abajo.

 

Min aceleró el ritmo de las embestidas que daban sus dedos, y probó aumentando más la velocidad del pequeño juguete, provocando que Jimin diera agudas vocalizaciones de placer. Comenzó a tirar de la punta de la pequeña polla de Jimin, subiendo y bajando por el tronco hasta que sintió el cuerpo de Jimin tensarse.

 

Vió pequeños chorros blancos manchar el vientre de Jimin, el menor se había corrido con solo los dedos de Yoongi en su interior, pero no había perdido la erección del todo.

 

El mayor se inclinó para lamer el semen sobre la piel de Jimin, su lengua caliente limpió todo rastro de su semilla y se dedicó a dejar besos en su pelvis, para después continuar succionando un poco la cabeza del pene antes de sacarlo de su boca con un sonoro “pop” que erizó la piel del menor.

 

Regresando la bala vibradora a una velocidad normal, Yoongi se incorporó para poder acomodarse a un lado del cuerpo de Jimin sobre el colchón, mientras el miembro de Jimin comenzaba a endurecerse nuevamente.

 

Yoongi acarició las mejillas de Jimin antes de pasar su pulgar de manera lenta sobre el labio inferior del omega, tirando un poco de él para después meter el dedo en su cavidad bucal. Jimin entendió de manera rápida y succionó el dígito con la misma lentitud, pasando la punta de su lengua sobre la piel, llevándose rastros de su lubricante, tragando y saboreando su propia esencia.

 

El pelinegro movió sus dedos en el interior de Jimin, para hacerle recordar que continuaba siendo penetrado. Dio justo contra su próstata, el de menor edad abrió la boca formando una perfecta “O” de la cual salió un delicioso gemido que se cortó repentinamente cuando Yoongi llevó su mano hacia el cuello de Jimin, haciendo la presión suficiente para cortar un poco la respiración del omega de hebras rosadas. Metió sus dedos más a fondo y se acomodó de tal manera que sus labios se dirigieron hacia los de Jimin para besarlos de manera superficial. 

 

Sin dejar de ahorcar, comenzó con un beso fugaz, apenas si sus labios se tocaron. Pero pronto su lengua lamió la comisura del belfo rosado, dando una mordida y una suave succión antes de unir por completo sus labios, y buscar que sus lenguas se tocaran. Ambos gimieron ante el contacto, en especial Jimin al sentir su esencia en los labios de Yoongi.

 

Sus labios encajaban a la perfección, de la misma forma en que lo hacían sus cuerpos, desnudos y calientes. Sus lenguas se tocaban y jugaban a enredarse, creando sonidos húmedos ligeramente diferentes a los que los dedos de Yoongi hacían en el interior de Jimin. 

 

Con cada caricia que Yoongi daba sobre su cuerpo, Jimin sentía su piel arder. Estaba recibiendo placer sobre su polla, y una deliciosa estimulación anal; pero si prestaba más atención, Yoongi le estaba brindando todo aquello sin él recibir caricias.

 

Quería darle placer a él también. Quería sentir por completo a Yoongi. Quería sentir a su hyung rompiéndolo mientras él pegaba su pecho al colchón y separaba sus nalgas para ser penetrado.

 

Pero primero haría que Yoongi rogara como él ya lo había hecho.

 

Después de una suave mordida sobre los labios de Jimin, rompieron el beso para concentrarse en las sensaciones que las manos del otro provocaban sobre sus pieles. Jadeando, Jimin echó su cabeza hacia atrás, exponiendo su cuello para su hyung; Yoongi acercó su nariz hasta la zona, donde el olor a frambuesa era más dulce y ahí se concentró en mimar a su dongsaeng.

 

El menor aprovechó que Yoongi había aflojado la presión de su mano alrededor de su cuello para incorporarse en un fino movimiento, dejando a su hyung con la espalda contra el colchón y Jimin sentado en sus caderas.  

 

Jimin sintió la dura polla de Yoongi contra su trasero. Yoongi sintió la humedad de Jimin contra su hombría antes de comenzar a simular embestidas, alzando su pelvis para chocar directamente contra el trasero del chico con el cabello rosa.

 

Ambos movieron las caderas al mismo tiempo, pero el pene de Yoongi solo se resbaló entre las nalgas de Jimin, creando fricción entre ambos sin llegar a la penetración. Jimin se movió hacia adelante y hacia atrás, sintiendo la dureza de Yoongi, pero también dejando que su miembro se restregara contra el abdomen del mayor, dejando un rastro húmedo por el líquido preseminal. La bala vibradora en su interior solo era un incentivo más para continuar moviéndose sobre las caderas de Yoongi.

 

Esta vez fue el turno de Yoongi de suspirar cuando Jimin se quedó quieto sobre la pelvis de su hyung y se inclinó para besar su cuello y oler el aroma a jazmín que se concentraba ahí. Besó y succionó la cálida piel blanca para dejar marcas rojas que más tarde tomarían otro color, continuó con un camino de besos sobre su pecho hasta llegar a los pezones rosados de su hyung.

 

Se tomó el tiempo para lamer ambos, los estimulando mordiendo suavemente hasta ponerlos duros y luego mordía suavemente, deleitándose con los suspiros y gemidos que Yoongi creaba mientras mantenía sus ojos cerrados, concentrado en sentir la lengua de Jimin lamer la punta de sus botoncitos antes de succionarlos y pellizcarlos un poco entre sus dedos.

 

Regresó sus labios al rostro de Yoongi, dejando besos rápidos sobre sus mejillas y la punta de su nariz. Era un gesto tierno que no correspondía a lo que el resto de su cuerpo hacía, pues habían tomado una nueva posición donde el pene de Jimin se restregaba contra el de Yoongi. Los glandes chocaban y el resto de la piel se humedecía con el líquido preseminal escurriendo de ambas cabezas.

 

El menor llevó una mano hacia su entrepierna, tomando ambos penes para tirar de ellos y dejar que las pieles calientes se frotaran, dejando cosquilleos en el vientre bajo de cada omega.

 

Cuando un gemido diferente salió de los labios de Yoongi, Jimin sonrió con suficiencia y se deslizó hasta quedar entre las piernas del mayor. Se acomodaron de tal forma que Yoongi se recargó en la cabecera de la cama, Jimin quedó con el pecho recostado sobre el colchón, pero con el trasero alzado; acercó su rostro hasta quedar a escasos centímetros de la dura polla de su hyung. 

 

Pegó la punta del pene a su mejilla, cerca de la comisura de sus labios y esperó a que el mayor hiciera contacto con él. Sus labios estaban entreabiertos y tenía una expresión inocente que no correspondía a lo que estaba a punto de hacer. 

 

—No quiero que dejes de mirarme, hyung —susurró para después besar la punta, poniendo la cabeza entre sus labios y dejar que su lengua recorriera la punta rosada antes de dar una succión. 

 

Yoongi sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal cuando Jimin lamió toda la extensión y fue más allá, llevando una de sus bolas hacia su boca y succionar con especial mimo. Jimin estaba recargado con sus codos, por lo que una de sus manos acariciaba de manera superficial el pene de su hyung, y la otra iba más abajo, buscando su entrada. 

 

—No soy el único mojado aquí, ¿o sí hyung? —provocó de manera seductora, ingresando dos de sus dedos de manera lenta—. Mis dedos entran tan bien aquí, ¿quieres tener una polla aquí abajo también, hyung? —sacó de manera lenta sus dedos antes de llevarlos a su boca, saboreando la esencia de su hyung— Quieres que te joda, ¿no es así?

 

El mayor no pudo responder, pues los dedos de Jimin se enterraron en él al mismo tiempo que sus gruesos labios atraparon su pene, tragando hasta la mitad y haciendo mejillas huecas.

 

Jimin podía sentir los gemidos de Yoongi en su propia garganta. El mayor, con la espalda pegada al colchón esta vez, había alzado las caderas para intentar llenar la boca de Jimin, y también para darle un mayor acceso a los dedos de su dongsaeng, que no dejaban de abrirse camino en su interior. 

 

El de pelo rosa, con su mano libre, impidió que Yoongi siguiera embistiendo su boca. Alzó los ojos para encontrarse con la mirada del omega mayor, y sin romper esa conexión comenzó a lamer de arriba a abajo la extensión. 

 

Sacó sus dedos del interior de Min, pero así como el mayor había hecho con él, Jimin alcanzó uno de los juguetes que seguían regados en la cama.

 

Yoongi se estremeció al sentir la punta de un dildo abriéndose paso en su interior, llenando el vacío que los dígitos de Jimin había dejado. Era ese bonito consolador de cristal que tenía una textura ondulada y una luna rosa al final. 

 

Era largo y estaba frío, pero este último detalle pareció no importarle al omega, pues se abrió de piernas lo más que pudo para que Jimin lo penetrara con mayor facilidad.

 

—Perra sucia —se burló Jimin ante la expresión de placer en el bonito rostro de Yoongi, imitó el tono que su hyung había usado con anterioridad.  

 

El consolador Sailor Moon, como lo había llamado Jimin la primera vez que lo vió, comenzó a entrar y a salir de él, siguiendo el mismo ritmo que llevaba la cabeza de Jimin bailando entre sus piernas. El menor había tenido que incorporarse para poder follar a su hyung con el dildo, había quedado en sus rodillas y usaba su mano libre para no irse de bruces contra la pelvis de Yoongi.

 

La saliva de Jimin y el pene de vidrio entrando en Yoongi creaban un sonido húmedo que solo lograba ser opacado por los gemiditos necesitados del pelinegro. 

 

Entonces Jimin dio una fuerte succión al glande, y una embestida especialmente dura y profunda, hicieron al mayor correrse, manchando los labios y parte del rostro del omega. Jimin se levantó de manera lenta, dejando el juguete en el interior de su hyung y usando sus dedos para limpiar los restos de semen sobre su rostro, y llevarlos a su boca para tragarlos.

 

Esa imagen, y el pene falso que se mantenía en su culo, provocaron que Yoongi se pusiera duro nuevamente. 

 

—Quiero que me rompas —susurró Jimin, inclinándose para besar a su hyung nuevamente. Había estado entretenido brindándole placer a su novio, pero era consciente de que la bala vibradora seguía dentro de él, estimulandolo sin darle el grosor necesario para poder correrse. 

 

Se acomodó nuevamente sobre la pelvis de Yoongi. Esta vez alineando el pene de Yoongi con su entrada y dejándose caer lentamente sobre él. Yoongi podría ser un omega, pero su polla era grande y gruesa, además, la pequeña bala había aumentado la intensidad ligeramente para acompañar la polla del mayor. 

 

Con ayuda del lubricante, Jimin terminó por sentarse de manera correcta sobre el de ojos felinos, sin dolor alguno. Comenzó a mover su cadera en círculos, sintiendo el palpitante miembro de Yoongi en su interior; se inclinó ligeramente para poner sus manos sobre el pecho pálido de Min, y entonces se ayudó de sus rodillas para sacar lentamente el pene de su interior, antes de dejarse caer nuevamente de manera rápida y fuerte.

 

Ambos gimieron sonoramente.

 

Jimin repitió el movimiento, esta vez con un poco más de velocidad, y pronto se encontró brincando de manera errática sobre la polla hinchada de Yoongi, enterrando el falo cada vez más profundo. 

 

Yoongi se abría paso en el interior de Jimin con fuerza, sentía las paredes anales apretando su pene con fuerza, y las vibraciones de la bala estimulando de manera deliciosa no solo a Jimin, sino a él mismo.

 

Levantó las caderas al mismo tiempo que Jimin daba sentones, queriendo hacer el movimiento más agresivo. Estaba consciente de su cuerpo, pero tanta era la estimulación, que sentía la necesidad de dejar que su lobo tomara por completo el control de la situación. 

 

Ambos omegas querían volver todo más salvaje, lo necesitaban. 

 

Yoongi comenzó a gemir de manera diferente cuando sus caderas tocaron el colchón nuevamente, pues con el mismo choque de su pelvis contra el trasero de Jimin, el consolador se enterraba en el mayor y luego salía gracias al lubricante que no paraba de mojar sus nalgas

 

Era una estimulación doble que no le dejaba pensar con claridad. Su polla enterrándose tan jodidamente bien en Jimin, y el dildo tocando su próstata…

 

Pensó que se correría por segunda vez, pero entonces Jimin se detuvo. Se sentó sobre Yoongi y dejó de ejercer fuerza con sus piernas para levantarse. Su respiración era errática y tenía mechones rosados pegados en su frente por el sudor. 

 

Buscó los labios de su hyung, pegando sus pechos para besarse de manera desesperada y hambrienta. Normalmente un omega se dejaba someter completamente por un alfa durante su celo, pero al ser ambos de la misma jerarquía, ninguno quería ceder. Ambos estaban luchando por tener el control del beso.

 

Jimin se inclinó un poquito más, ocasionando que el pene de Yoongi se saliera de su interior. Por primera vez fueron conscientes de lo mojados que habían quedado ambos, toda la pelvis del mayor estaba así por culpa del lubricante de Jimin, pero lo mismo ocurría con las sábanas debajo de él por su propia mancha. 

 

—¿Cansado, Minnie? —preguntó Yoongi al romper el beso. Mordió un poco sus labios—. Date vuelta, te quiero en cuatro y con tu bonito culo alzado para mí. 

 

Jimin sonrió, pero antes de obedecerlo habló. 

 

—Yo también quiero tu culo alzado, hyung —habló mientras trataba de alcanzar otro de los juguetes sexuales que estaban por ahí.

 

Le mostró un segundo dildo, que estaba hecho del mismo material que la bala vibradora, solo que tenía forma de pene. Una forma fálica, gruesa y larga que rápidamente reemplazó el dildo de cristal. 

 

Sorpresa, este también vibraba. Yoongi lo comprobó cuando la estimulación anal comenzó, ahogó un gemido y no quiso esperar a que Jimin acatara sus órdenes, pues él mismo lo había tomado por las caderas para dejarlo con el pecho sobre la cama y el trasero para él. 

 

—Usa tus dedos, quiero verte —pidió el mayor, alejándose un poco del cuerpo del omega más joven. 

 

Entonces Jimin lo hizo. Con un suspiro, llevó sus manos hacia su trasero, separando cada mejilla para dejar ver el anillo rosado en medio de ellas, reluciente por los fluidos que habían salido de él mismo. Yoongi jadeó cuando dos de los dedos gorditos del menor comenzaron a entrar en el mismo hoyito en el que él había estado minutos atrás.

 

Jimin se hacía dedos, los separaba y los metía lo más a fondo de podía. Gemía libremente, sintiendo el placer de su propia mano, hasta que Yoongi lo detuvo, reemplazandolos con sus propios dígitos. 

 

Duró poco aquella estimulación, pues solo lo hizo para poder retirar la bala vibradora con cuidado. 

 

Como omegas, ambos buscaban ser llenados por un nudo que solo un alfa les podía brindar, pero después de tantas experiencias solitarias, había hallado el modo de reemplazar aquel nudo con facilidad. 

 

Yoongi había alcanzado una hilera de cinco bolas chinas que lentamente metió en Jimin. Eran de diferente tamaño, por lo que no hubo problemas con ellas.

 

—Hyung… —gimoteó el menor, moviendo su trasero para que Yoongi entrara en él también. 

 

Entró con una sola estocada, enterrándose lo más que pudo en su pareja. Hizo lo mismo un par de veces más, tomándolo por las caderas para comenzar a penetrarlo de manera rápida. 

 

Jimin gemía, arrugando las sábanas entre sus manos mientras rogaba por más. 

 

Las bolas chinas seguían en su interior, haciendo que el menor se sintiera lleno, y que Yoongi disfrutara del agradable roce que su pene tenía con el juguete al interior de su omega.

 

Su omega. 

 

Porque detrás de ese apetito sexual ocasionado por el calor del celo, estaban los dos lobos omegas queriendo unirse de manera desesperada, al igual que sus humanos.

 

Yoongi lo sabía, había pasado el tiempo suficiente con Jimin para saber que era la persona con la que quería estar el resto de su vida, no le importaba que fueran de una misma jerarquía, ellos dos se amaban y lo habían demostrado día a día desde que el amor había surgido en ellos dos. 

 

Los lobos se sentía bien estando juntos, lloraban las noches que sus humanos estaban alejados el uno del otro. Y, si no se había animado a compartir un celo después de haber estado tanto tiempo juntos, era por ese estigma marcado por la sociedad que los llenaba de duda e inquietudes… hasta ese día. 

 

Yoongi se inclinó, pegando su pecho contra la espalda de Jimin. Sin dejar de penetrar con fuerza, llevó su mano hacia el cuello y apretó sin mucha fuerza, ahogando los gemidos que daba Jimin, desesperado mientras se restregaba contra las sábanas queriendo correrse sobre ellas.

 

Yoongi besó su nuca y bajó un poco hacia su cuello, ahí donde el olor a fresas y a frambuesas era especialmente fuerte.

 

Sus embestidas se volvieron erráticas, ambos gemían sin pena ni pudor. Yoongi estaba concentrado en sentir el interior de Jimin al mismo tiempo que él se apretaba alrededor del dildo que a duras penas si sobresalía de su trasero.

 

No pasó mucho tiempo más para que Jimin se corriera en un orgasmo que invadió todo su cuerpo. Echó su cabeza hacia atrás, dándole más acceso a Yoongi hacia su cuello, quien no tardó en correrse segundos después, manchando el interior de Jimin con su semilla.

 

Lo que ninguno de los dos se esperó, fue que al mismo tiempo que estaban intoxicados por el orgasmo, Yoongi mordiera el cuello de Jimin, queriendo dejar una marca para reclamarlo como suyo.

 

Los lobos de ambos sintieron una conexión que ninguno de los humanos supo explicar, pero que les brindó una felicidad inigualable, como si finalmente el vínculo entre ellos dos se formara.

 

Ambos cayeron rendidos. Yoongi se encargó de liberarse del dildo, y de limpiar a Jimin y hacer lo mismo con las bolas chinas que habían profanado su interior.

 

Le llenó de besos la cara, empezando por besar su frente y su nariz antes de unir sus labios en un beso diferente al resto, más amoroso y tierno, tranquilo como la sensación que había invadido a ambos después de la discreta marca que había dejado Yoongi sobre su omega.

 

—¿Acabas de morderme, hyung? —preguntó Jimin, divertido, sin dejar de ver el semblante relajado de Yoongi, cerrando sus ojos mientras se acurrucaba a su lado. 

 

Yoongi gruñó algo que Jimin no alcanzó a escuchar del todo, pero sintió los brazos del mayor rodeándolo para abrazarlos y quedar ambos en una posición de cucharita. 

 

—Mi omega —susurró Yoongi, besando la marca de la mordida que acaba de dar y que apenas se veía. Ambos sabían que no iba a estar mucho tiempo en el cuello de Jimin, pero no importaba, podían volver a colocarla ahí cuantas veces quisieran.

 

Después de todo, seguían en celo y el pene de Yoongi comenzaba a ponerse duro nuevamente contra el trasero de Jimin.

 

 

 




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