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Inevitable por Sady

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Notas del fanfic:

Naruto pertenence a M. Kishimoto.

 

¡Hola! Veo que aún hay gente (aunque muy poca!) usando esta plataforma :3 Por alguna razón la prefiero más que FF.net o Archive of our own para subir yaoi.

En fin, esto no es nada tradicional y ni recuerdo qué me motivó a escrbirlo, pero lo hice y es un FugakuxNaruto con leve mención de HiashixNaru y NejixNaru. Al inicio sólo quería poner a Fugaku y Naruto en algún escenario sexy pero terminé escribiendo 14 páginas :D

 

Advertencias: Lemmon, leve BDSM/trío, AU, infidelidad, posible uso de OoC justificable.

 

Enjoy!

 

 

   

Con su ropa regada sin orden alguno sobre el suelo del hotel y con sus bronceadas rodillas y manos sosteniéndolo sobre la lujosa cama, Naruto sintió su ahogo y soltó sin poder evitarlo un alto jadeo…

 Atrás pegado a él tenía a quien debía ser el más joven de los Hyuuga con el que había estado, tan joven que según su refinado aspecto y tersa piel Naruto no podía distinguir si ya tenía un pie dentro de alguna costosa universidad. Hasta ahora era el único a quien Naruto había tenido que atender ese día dentro de la amplia y luminosa habitación.

El otro joven, probablemente no tan acostumbrado a hacerlo con una persona de su mismo sexo y sentir tan apretada carne alrededor de su pene, succionándolo y moviéndose con equiparable energía, soltaba denso aire por su nariz y trataba de pronunciar palabras que sólo salían como gruñidos bajos desde su pecho. 

Aun así, a pesar de la corta diferencia de años entre ellos y la obvia inexperiencia de Neji Hyuuga sobre sexo anal, el joven del distinguido clan no había defraudado a su genética y como siempre pasaba con los hombres pertenecientes a dicho apellido, al parecer les encantaba poner en ciertos apuros a los demás, como en esta ocasión con Naruto: no defraudar a su clan no sólo radicaba en la belleza de su rostro sino también en el buen tamaño de su miembro viril. 

Cuando el asunto terminara seguramente Naruto acabaría cojeando un poco.

Y bien sabía que aún faltaba tiempo.

Soltó otro sonoro jadeo, o más bien un gemido casi lastimero, uno que dudaba el otro joven captara era debido a su ahora próstata siendo golpeada con facilidad. Pensó en sí podía decir en voz alta que continuase con ese ángulo, o si al menos podía comunicarle al otro lo bien que lo estaba haciendo, pero antes de seguir cualquier otra acción y en medio de los vaivenes que recibía, Naruto prefirió callarse, observando a su izquierda al hombre que se encontraba en el elegante sillón de la habitación del hotel. Por estar a contraluz de la ventana sólo se le notaba su silueta envuelta en un suave traje gris y no se veía movimiento en él más allá que la copa con finísimo vino rojo madurado.

No le siguió observando más cuando sintió retroceder aquel grueso miembro de su cavidad y tuvo que ahogar un grito de sorpresa cuando Neji Hyuuga giró su bronceado cuerpo con cierta violencia, agarró su piel con prisa y volvió a entrar en él. 

—Maldición —gruñó Neji.

La razón para que el orgulloso joven hubiese ganado a su edad el “privilegio” de estar en la misma cama con él iba más allá del entendimiento del rubio y muy bien sabía Naruto que el hecho de estar ambos en esa posición frente al Hyuuga mayor no sólo podía deberse al comportamiento fetichista de aquel clan. Usualmente quienes en realidad pasaban más tiempo con el rubio eran hombres más maduros que reconocían que gastar dinero en él no era una actividad a la cual hacer pública, mucho menos si se trataba de desfogar sus necesidades en alguien del mismo sexo. Por eso dichos hombres, tales como Hiashi, se protegían, incluso evitando introducir a sus inmaduros jóvenes en esa posibilidad y no les revelaban información de esa naturaleza hasta que cumplieran una edad suficiente o estuvieran casados —información que iba desde cómo conseguir a alguien como él, ofrecerles las llaves de alguna cabaña en donde llevar a su amante o introducirlos en algún club privado en especial—.

Naruto, por supuesto, sabía también que un joven como Neji no desafiaría la autoridad de su tío y por tanto lo que estaban haciendo no saldría de aquella habitación. 

Hyuuga volvió a gruñir, cual animal en celo, y Naruto sabía que era por sentir su miembro siendo asfixiado por sus cálidas y estrechas paredes, irritadas por el forcejeo, llevándolo lejos de las preocupaciones de su vida cotidiana y acercándolo pronto a un placentero orgasmo. 

Con el joven ahora encima de él entrando y saliendo ahora a un ritmo apresurado y con Hiashi por fin soltando un ronco sonido en todo el rato que llevaban allí, Naruto se preguntó si el mayor por fin se uniría de alguna forma a ellos o si acaso reclamaría el lugar de su sobrino, pero prefiriendo no pensar en las posibles complejas razones de gente que se pudría en dinero y el por qué surgía esa situación, y optó de nuevo por quedarse callado, a simplemente limitarse a hacer su trabajo.

 Elevó más el culo y apretó sus músculos ejerciendo deliciosa presión en perfecta sincronización con las estocadas que recibía y pronto hizo correr a su acompañante dentro de la funda de látex, percibiendo inesperadamente al final una pesada y áspera respiración en su oreja. A pesar del peso ahora sobre él, Naruto pudo ver al mayor levantarse hacia ellos, dejar a un lado su copa y buscar por algún limpio y esterilizado juguete de los que tanto gustaba. 

Hiashi Hyuuga había pagado por tres horas y llevaban apenas quince minutos. 

Naruto no dudó que definitivamente acabaría cojeando un poco.



**



—…ayer mismo tuvieron una cena para celebrar el contrato y durante el último tiempo su portafolio de clientes parece no parar... —dijo Fugaku Uchiha, un hombre de oscuros ojos, corto cabello que rozaba su nuca y quijada fuerte. Llevaba puesto, como todos los días, su traje ejecutivo. Cualquiera al tratar de adivinar su oficio diría político o líder de alguna importante compañía. Ciertamente acertaría en ambos.

 —Pero aún somos los acreedores de más del 55% de las empresas de Konoha… de las empresas más importantes —respondió Inabi Uchiha interrumpiendo la declaración preocupante de su superior—. Además también estamos certificados en Green Konoha…

 —… el asunto, Inabi, es que no hay que quitarles el ojo de encima…

 El elegante vehículo en donde iban se detuvo ante la señal roja de un semáforo. 

 —Claro que no —concordó entonces el más joven.

 Fugaku se acomodó mejor en su lugar y se inclinó un poco hacia adelante.

—No sabe usted cómo me gustaría encontrarles algún sucio negocio y descubrirlos por eso. 

 —Pero señor —continuó inseguro Inabi—, s-si por el contrario alguien encuentra que somos nosotros los que están usando espionaje corporativo, seremos los... que nos hundamos —dijo Inabi y entonces giró su portátil para mostrarle la pantalla a su superior. Fugaku vio la página del principal periódico del país y la fotografía resaltada del nuevo edificio de la Personería, proyecto ganado por la emergente firma de arquitectos que empezaba a ganarse jugosos contratos y del cual los Uchiha no entendían cómo había pasado frente a sus narices.

 Fugaku echó la cabeza hacia atrás, recostándose nuevamente contra el mullido material del asiento mientras colocaba sus dedos en el puente de la nariz. 

Esto estaba dándole más estrés del que usualmente sentía en su ajetreada cotidianidad. 

 —Por lo que veo a la gente le encantó… Esto es malo, ¿cómo pudieron ganarnos?  —Inabi  no tenía respuesta para sus propias preguntas.

Soborno y contactos, claro, ¿pero cuánto y cómo?

 Luego de un silencio en el que Fugaku tampoco se atrevió a decir claramente una respuesta, quitó su mano de la nariz y se incorporó nuevamente, cayendo en cuenta que no debía mostrar signos de vulnerabilidad frente a ninguno de sus empleados y familiares.

—Por ahora tengo a algunos haciendo "dumpster diving" (1) —dijo el mayor—.Puede que antes de que se acabe esta semana encontremos información valiosa, así sea revisando su basura…

 De nuevo la limusina arrancó para pararse en menos de tres metros. El tráfico era molesto a estas horas de la mañana e Inabi se limitó a quedarse callado, observando con atención a su jefe. Era evidente la tensión y el agotamiento en el rostro de Fugaku, quien removió levemente su corbata.

 —Mi hijo menor llamó hoy. Va a venir —dijo de repente Fugaku. Luego sin pensarlo dos veces estiró su cuerpo hasta sacar de la licorera una botella con un valor algo elevado de alcohol. Se serviría una copa, sólo una copa… que sin pensarlo mucho se convertiría en tres antes de llegar a su destino por la manera lenta y estresante en la que avanzaban. Le ofreció una a su acompañante—: ¿Quiere también, Inabi?

 —No, gracias… ¿a estas horas del…? —dijo el hombre más joven que se sonrojó tan pronto la pregunta salió de su boca, cayendo en cuenta del error que dijo mientras recibía una no muy amigable mirada de su superior. Si bien se murmuraba a veces en los pasillos, era un garrafal error siquiera insinuar el tema de que Fugaku tenía una relación inusual con las bebidas alcohólicas—. Eh… e-entonces… ¿Sasuke los visitará?

 —Sí, bueno…  podría ayudar en evaluar algunas de las nuevas licitaciones, sobretodo porque en dos semanas usted se casará.

 —No se preocupe —se apresuró a decir Inabi—, puedo seguir con mi trabajo de Uchiha Architects sin inconveniente alguno.

 —La unión matrimonial no es un inconveniente, Inabi, es sagrada —dijo casi en automático Fugaku recitando algo que tenía impreso en su cabeza desde niño, y movió la copa en sus manos mientras sus ojos se concentraron en el remolino del líquido y no le importó dejar de ponerle atención a Inabi.

 Luego tomó de un solo trago la copa tratando de ahogar con ello cierta culpabilidad al momento de decir su consejo, y, gracias a ese movimiento captó desde la vista de su ventanilla algo que para su opinión no era normal durante esas horas del día en los altos edificios del centro de la ciudad por el que pasaban: Hiashi Hyūga dejándose ver en público. Sin embargo el hombre tan rápido como había aparecido en su vista se adentró al auto que estaba parqueado para recogerlo.  

Aunque no fueran del mismo sector, Fugaku no pudo dejar de observar: los negocios de Hiashi definitivamente repercutaban en los suyos, sobretodo cuando un cliente especialmente difícil estaba en la lista de socios del hombre o una que otra inversión no estaba resultando cómo lo planeaba. Entrecerró sus ojos cuando se fijó que aunque el vehículo tenía algo de espacio al frente todavía no arrancaba para hacerse un lugar en las transitadas filas de carros. Fue segundos después que vio a alguien acercarse y apoyarse en la ventanilla del poderoso Hyuuga, un joven rubio con cierto gesto que rayaba en el coqueteo.

Fugaku sintió su respiración detenerse y trato de apartar rápidamente la vista antes de que su empleado recayera en su momentáneo comportamiento y observara lo mismo que él. Sin embargo al mirar a Inabi sintió alivio al ver que éste estaba ahora totalmente concentrado en la pantalla de su pórtatil.

Sin poder evitarlo volvió a mirar a aquel joven rubio antes de que alguno de los autos arrancara primero y lo perdiera de vista. De entrada aquello no podía parecer normal, ni siquiera podía considerarse como sólo alguien que atendía a unas palabras del mayor sobretodo cuando Hiashi Hyuuga era conocido por evitar que las personas se acercaran tanto a su espacio personal. 

Definitivamente era algo curioso. Claramente el aspecto del joven no lo hacía alguien que pudiese pertenecer a su mismo clan y dudaba que pudiese ser alguno de los empleados de la familia Hyuuga que estaba recibiendo indicaciones de Hiashi. No con esa mirada en él, descarada y provocadora. No cuando Fugaku no podía recordar algún día en que Hiashi en público permitiera que sus propias hijas estuvieran a menos de un brazo de distancia de él.

Con tales conjeturas, el joven rubio no era entonces un velo de misterio ni un enigma, por el contrario era una entera invitación cálida, de alguien transparente, evidente, vivo. Un cuerpo impregnado con una sutil  seducción y unos constantes ojos penetrantes. Un descuido de Hiashi Hyuuga en su opinión, no porque el joven actuara incluso con una confianza y desenvoltura como si no estuviera frente a uno de los hombres más poderosos de Konoha, sino porque aún había demasiado sol.

Entonces el tránsito frente a él avanzó y en el refugio de su carro Fugaku miró por la ventanilla hasta que los perdió de vista. 

Una semilla, sin embargo, había quedado plantada en su mente, al igual que ciertos culposo recuerdos, comparaciones quizá, que quedaron en sus pensamientos a lo largo de ese día.




**

 

Una semana después, cuando los talentosos pero lentos empleados de Fugaku se percataron de una exorbitante cantidad de dinero ingresado a las cuentas no oficiales de Hiashi Hyuuga, la cabeza de la familia Uchiha pidió por la asistencia de Shisui en su oficina. 

El joven Uchiha sólo levantó una ceja sin pronunciar cuestión alguna ante la curiosa petición del mayor, quien mantuvo sus ojos sobre papeles que necesitaba firmar.

Un simple encargo al parecer. Un poco detectivesco a decir verdad, nada detallado porque probablemente lo que realmente quería saber Fugaku no tenía porqué saberlo Shisui.

Un importante nombre, un lujoso hotel y lo que pudiese recopilar de allí.

Al siguiente día Shisui fue con discreción al lugar, consumió algo de licor para aparentar, se sentó en una alta silla del bar del hotel que no estaba tan obstaculizado para ver hacia la recepción del hotel, con una hermosa compañera de trabajo a quien invitó también para aparentar y mientras ella hablaba banalidades que no le interesaban en lo más mínimo Shisui esperó. 

Luego sólo observó desde la distancia y reconoció exactamente qué debía recopilar. Es más, no sólo reconoció al importante hombre que Fugaku le había pedido fisgonear, sino también a la cabeza dorada con la que un olvidado día, casi borrachos y dentro del baño de una opulenta discoteca —cuya lista de espera podía llegar a ser meses—, pudo haber tenido entre sus piernas si no fuera por el instante de claridad a último momento que el otro obtuvo.

Con ese recuerdo, Shisui esa misma noche contrató a un confiable fotógrafo para que tomase fotos desde el edificio opuesto hacia aquellas dos personas y, si era posible, a todo lo que ocurriese dentro de una habitación de hotel. Si tenía que apuntar hacia todas las habitaciones hasta encontrarlos… bueno, que lo hiciera, sólo necesitaba compilar lo que pudiese de la rigurosa cabeza de Hiashi Hyuuga en compañía de cierta llamativa cabeza rubia.

Un día después de eso, Shisui tuvo la fortuna de coquetear con el hermoso joven rubio que quizá reconociéndolo también le había compartido sin temor el nombre de sus redes sociales.

De esa forma, y quizá impresionado por su propia suerte y rapidez, Shisui entregó una carpeta a Fugaku Uchiha con fotos de un tonificado cuerpo bronceado en varias posiciones sobre una impoluta cama, vislumbrado apenas entre los espacios que una cortina dejaba ver, y si bien la otra masculina figura no salía nítida, la fotos —veinte de ellas—- podían servir para al menos insinuar un chantaje si es lo que deseaba el líder de los Uchiha.

En otro documento estaba el nombre de Uzumaki Naruto y, dejando aparte su cuenta bancaria, lo poco que éste había conseguido en su vida.  



**

 

El contacto vino muy tarde un domingo. Quizá el único momento que el hombre tenía libre en todas las semanas de su vida desde que tenía probablemente diez. 

Naruto por supuesto tenía sus principios, como no robar de los acaudalados bolsillos de los hombres con los que se frecuentaba, no aceptar ser algún pequeño experimento para chantajear, no sacar fotos claramente privadas y vulgares a las cuales vender y no obtener información privilegiada para pasársela a otro. Quizá sí aceptaba volverse una lasciva cosa como regalo entre dos hombres que probablemente se odiaban pero tenían que suavizar al otro, o dejar que matrimonios se acabasen si alguna espabilada mujer llegaba hasta él “sólo para que dijera una fecha de encuentro, nada más”, pero de resto no quería ser parte de algo que pudiese rozar lo ilegal.

Por todo esto era obvio que Naruto le pagaría a su súper inteligentísimo amigo Shikamaru para que le hiciera un rápido resumen de Fugaku Uchiha. Shikamaru había aceptado, como siempre lo hacía, porque estaba seguro que Naruto no cometería un crimen con la información y porque el dinero que recibía esporádicamente podía gastarlo en su novia sin que pasara por los entrometidos ojos de su madre. 

Así que, esperando en una habitación de un Four Seasons —qué pretencioso—, Naruto tenía al menos dos relevantes conclusiones: uno, Fugaku Uchiha tenía que ser familia del joven con el que se había encontrado y había coqueteado anteriormente en el ascensor de otro hotel luego de follar con Hiashi Hyuuga (¿qué otra cosa aparte de coquetearle y ofrecerle una futura forma de contacto habría hecho ese día? ¡Aquel pelinegro era su tipo de hombre!); dos, Fugaku Uchiha era un gran conocido de, oh sorpresa, Hiashi Hyuuga. 

Desbloqueando por un momento su celular, Naruto decidió mandarle un mensaje a Shikamaru: “ey!! crees que puedes conseguir para mi un examen de ETS en esa clínica tuya?” 

Shikamaru, que tardó en leer el mensaje, respondió al mensaje también tardándose: “x qué siento que soy tu asistente? Y no es mía, es del papá de Tem”.

“te pagaré”

“con más dinero sucio, no gracias”.

“nah, sólo le hago el amor a hombres desesperados”, bromeó él. 

Iba a escribir algo más sobre darle una muestra gratis de su talento, pero la puerta de la habitación se abrió y Naruto observó entrar a la persona que exactamente era su tipo de hombre. Esa pixelada foto que Shikamaru le había facilitado y que tenía ahora probablemente en la papelera de su celular no le hacía justicia alguna al hombre caminando en dirección a él.

Fugaku Uchiha extendió su mano y Naruto no supo cómo actuar por varios segundos. 

—Un placer —Animó el hombre y Naruto pensó qué desperdicio iba a ser decirle al hombre que no serviría para ningún plan con propósito ambicioso o filtrar información.



**

 

Un día coincidieron en una muy privada fiesta de beneficencia.  

"Un regalo entonces", pensó Fugaku. Un costoso y fino regalo envuelto en traje de diseñador.

No cruzaron palabras pero cada vez que Naruto lo buscaba con la mirada el mayor se la regresaba.

Si algo, Naruto se decepcionó de no ser el costoso y fino regalo para Fugaku Uchiha. Definitivamente él era justo su tipo de hombre.

 

**

 

Otro día y otra vez en que su cuerpo temblaba.

El rostro del hombre que por ahora lo requería no era más que una forma borrosa y desfigurada frente a su densa mirada, la de sus azules ojos lagrimeando un poco ante las embestidas que recibía. 

Naruto inevitablemente pensó en Fugaku Uchiha, recordando la última vez que lo vio. Sabía que estaba casado y se preguntó si sería capaz de engañar a su esposa y familia. 

Fugaku, por supuesto, podría no amar a su esposa o quizás estar actualmente en un proceso de divorcio. Quizás sus hijos ni siquiera vivían en el país. Quizá tenía planeado un futuro matrimonio con alguna hermosa amante.

 Por lo que sabía, porque fue poco lo que Shikamaru pudo pasarle de la dinámica íntima, Fugaku Uchiha podría estar en ese mismo momento desabrochando sus finos pantalones y deslizando sus manos bajo la falda de alguna preciosa mujer joven, agarrando el borde superior de sedosas bragas y tirándolas hacia abajo hasta dejarlas colgando justo por encima de unas temblorosas rodillas. Una secretaria quizás, u otra mujer de familia notable. 

O quizá estaba en la habitación de otro hombre, un prostituto como Naruto, su alto y varonil cuerpo dejándose seducir por unas atléticas y entrecruzadas piernas de joven. Sin pensarlo él lo elogiaría hasta que se subiera —le ordenaría hacerlo— a su regazo. O quizá los brazos fuertes del Uchiha lo sostendrían sin problema contra una pared.

Una esplendorosa imagen y Naruto entonces, si no fuera por el inesperado mareo de placer que se apoderó de él y a sus paredes apretarse exquisitamente pareciendo succionar al hombre con el que estaba en otra habitación de hotel, habría notado que era la primera vez que pensaba en alguien más mientras hacía su trabajo.   

Antes de hacer venir al cliente sobre él y que él mismo llegara al orgasmo, la imagen de Fugaku Uchiha sonrojado entre las piernas de alguien más fue lo que apareció en su mente antes de verlo todo blanco. 

 

 **

 

Un mes tardó para que Fugaku nuevamente contactara con él un domingo al anochecer, para volver a pedirle estar ahí en el mismo hotel en el que anteriormente el rubio había rechazado una exorbitante cantidad de dinero propuesta ante la petición de casi espiar a la cabeza del clan Hyuuga durante sus encuentros. 

Esta vez sin embargo el joven rubio no rechazaría el dinero que Fugaku ya había transferido en su cuenta, no mientras se atenía a sus reglas y lo veía desvestirse y arrodillarse hasta tener su boca a la altura de la entrepierna del mayor.

Si bien el sexo no era un tema tan ajeno y misterioso en la vida del poderoso hombre, tampoco había sido un pilar en ella. Sí era sin embargo algo para no detallar en público y mantener con la suficiente seriedad y veto.

Fugaku estaba casado, por supuesto, pero no era con su esposa con la que usualmente compartía parte de su vida sexual.

Su mansión había sido un regalo de su padre. Un sueño para cualquier familia y una vivienda digna para cualquier Uchiha.

 Fue construida así para acoger su matrimonio y que la familia principal creciera y estuviera cómoda, feliz y estable por siempre. Fugaku Uchiha de alguna forma había logrado esa meta: él era el hombre trabajador que llevaba las riendas del hogar y ella la esposa gentil que conocía muy bien cómo preparar reuniones elegantes en casa. Tenían dos hijos, gratamente varones para el pensamiento conservador de los Uchiha.

 Sin embargo había más y aunque era lo mismo que pasaba bajo otros techos, también eran cosas que no saldrían de los muros blancos y los paneles corredizos: Fugaku, el esposo, trabajaba todos los días de la semana, viajando muchas veces y desatendiendo a los otros tres miembros, amante de derrochar buena cantidad de dinero en alcohol de marcas costosas, un hombre hipócrita en asuntos empresariales, reprobador y demasiado exigente con el menor error o desacato dentro de su familia. Y Mikoto, la mujer sumisa que no tenía voz ni voto dentro del clan, que si bien donaba con sus amigas a causas caritativas también salía con ellas y gastaba el triple de lo que entregaba en la compra de lujosas e innecesarias joyas.

 Fugaku y Mikoto hacía meses que no se daban un beso. El último fue en un cóctel para la despedida de Sasuke a su nueva universidad.

 El divorcio, por supuesto, era un tema tabú.

Probablemente, aunque su esposa entrase ahora mismo por la puerta de esa habitación, la obvia felación que estaba recibiendo no resultaría en divorcio. Ella era demasiada privilegiada y conservadora como para acabar su vida como la conocía admitiendo que a su esposo le encantaba el sexo de esa forma.

Naruto por supuesto era un experto.

Fugaku observó en detalle su boca atendiéndolo. Era de verdad una espectacular vista y superaba a las que fantasiosamente imaginó semanas anteriores. El rubio sabía cómo abrir sus labios, dónde ubicar sus manos, cuándo mirar fijamente a Fugaku.

Se iba a correr ya por la deliciosa sensación alrededor de su pene, de su miembro que palpitaba brutal gracias a este puto que por hoy lo llevaba lejos de las preocupaciones de su vida cotidiana a un sueño nada irreal: ser cobijado por tan hermoso rostro que lo obligó a liberarse. A explotar su esencia sin proponérselo, a brotar semen que llenó el condón, a expulsar los deseos que no cabían bajo su casa.

No quiso regresar pronto a su familia, ahora quería ver ese rostro pintado de su orgasmo y luego verlo boca abajo en la cama.

Había puesto un pie en el paraíso.

 

**



Un día Naruto volvió a pensar en Fugaku mientras otro lo follaba.

Esta vez, sin embargo, no fueron con imágenes fantasiosas del hombre.

—Dime que amas mi polla metida en tu culo —demandó el hombre arriba de él, otra figura borrosa con un tono de voz que podía pasar como la elevada voz de Fugaku—. Y mírame mientras lo dices —dijo la voz.

Los ojos de Naruto casi rodaron hacia la parte posterior de su cabeza cuando el otro empezó a acelerar sus estocadas. 

—A-amo tu polla de-dentro de m-mí. —Estuvo a punto de sollozar—. La amo, ¡dame m-más!

—Eso… cométela…— jadeó la voz tan parecida a Fugaku.

Esta vez Naruto llegó a su orgasmo fantaseando con que el hombre que tenía encima era Fugaku Uchiha, y fue jodidamente fácil porque ya no eran imágenes fantasiosas del hombre, era el recuerdo de hace tres días atrás cuando Fugaku Uchiha sonrojado estuvo entre sus piernas.



***

 

Eventualmente se volvió una fecha en la agenda de Fugaku, a veces más de un día a la semana sin poder esperar hasta el domingo. 

Bastaba una llamada con el lugar y la hora del encuentro. Bastaba a veces entrar sin saludos ni palabras o gestos significantes para ir a la parte interesante.

 A veces Fugaku no se lo creía, embelesado en ver al rubio empalándose solo y sin que nadie le ordenara nada, como si también no hubiese soportado tener que esperar hasta el domingo o que Fugaku leyera los resultados de exámenes médicos dentro de la olvidada carpeta en el piso que Naruto había traído consigo. 

A veces sentía su miembro siendo asfixiado por aquellas estrechas paredes húmedas de lubricante, ahora sin condón porque la intimidad ya se había alargado por meses. Respiraba agitado, buscando con desespero recuperar el aliento y mantener su máscara de altivez pero, definitivamente, nada ni nadie superaba la conmoción, el placer y el morbo que el rubio le ofrecía. 

Un rubio con el cabello húmedo por el sudor, mordiéndose los labios debido a las sensaciones, con el rostro sonrojado y la respiración agitada; un bien definido torso y abdomen contrayéndose por las consecutivas y aceleradas respiraciones, abierto de piernas mientras un maduro miembro le palpitaba de necesidad dentro de él. 

Mirando hacia atrás Fugaku pensaba por muy breves momentos que sus acciones actuales habían sido casi inevitables, y sabía exactamente las razones por las que él y el joven rubio se encontraban así. Sin embargo, no tenía las ganas ni la conciencia para analizarlas. 

A veces eran esas razones las que hacían que se tomara su tiempo y acariciara cada zona de piel expuesta: los muslos interiores, las piernas flexibles, la zona de la ingle, los marcados músculos del abdomen... esos pezones erectos que gritaban por atención, hasta finalmente estirar todo su brazo para rozar aquel rostro que mantenía los ojos cerrados como en un placentero trance del que era difícil regresar. 

Y eran esas razones las que hacían que ya fuese en medio del sexo duro o con el rostro de Naruto en su pecho mientras compartían algo de fumar, siempre terminaran besándose. A veces Naruto inclinaba ligeramente la cabeza y sus labios rozaban los de Fugaku suavemente. A veces sentía cómo el corazón del rubio moría momentáneamente como el de él, solo para sentir nuevamente vida cuando alguno atrapaba los labios del otro en un suave y lento beso.

Era divino.

Un paraíso instantáneamente intoxicado y desesperadamente adicto.

Vagamente, en algún lugar del fondo de su mente, algo le decía que debía alarmarse por eso, dejar de entregarse a esas sensaciones pero al final no le importaba. No podía importarle. No podía pensar. No sabía cómo hacerlo con el rubio en su regazo y sus manos enredándose en cabellos dorados. Solo estaba Naruto y sus labios, solo su calidez y su olor y sus precisos suspiros de placer.

A veces cuando hacían una pausa de sus besos, Naruto no podía evitar la sonrisa que se extendía por su rostro, ni el rubor que subía desde su cuello hasta sus mejillas.

A veces Fugaku sabía que era bueno no pensar en aquellas razones de sus inevitables encuentros. Lo sabía cuando extendía su mano y pasaba sus nudillos a lo largo de la garganta de Naruto mirando ajenos moretones ubicados allí y su estómago se apretaba con un sentimiento de envidia. Él mismo podía dejarle marcas si el rubio lo contemplaba así, aunque solo fuera para reclamar físicamente una pequeña parte del joven para sí mismo.

Podía sin embargo confesar algo: le gustaba Naruto.

 En el fondo le había gustado desde la primera vez que lo vio justo de ser follado por otro hombre. 

Le gustaba lo suficiente como para deslizar violentamente sus dedos dentro y fuera de su pequeña entrada hasta que pudiera pinchar la próstata del rubio y verlo casi derrumbarse al ofrecerle placer que sólo él sabía dar. Le gustaba lo suficiente para gastar horas en él sólo para verlo pedir más con ruegos que se escapaban de su garganta jodida y profanada.

Y, sobre todo, le gustaba lo suficiente como para relajarse por momentos y hablar con él mientras su espalda desnuda estaba contra la cabecera de la cama.

Naruto entonces, hablando suavemente con su voz ronca —minuto antes había estado practicándole sexo oral tan tan bien que Fugaku había sido testigo de cómo su garganta se hinchaba—, le confesó un casi que irrelevante hecho.

—Tú esposa se acercó a hablarme —confesó Naruto y Fugaku buscó por un sorbo de su copa antes de dar algún posible gesto al rubio.

La idea de que su matrimonio acabase por un puto no tenía lógica para él, primero dudaba que su esposa admitiera que la persona con la que estaba unida en matrimonio mantenía encuentros íntimos de índole homosexual, y en segundo un divorcio no cabía dentro de su inmensa familia. Un divorcio implicaba pérdida en la confianza de decrépitos socios, de dejar una mancha en el impoluto y vanagloriado apellido. Era escupirle a años y años de tradición.

Sin embargo optó por volver su mirada al rubio pero cualquier cosa que iba a decir quedó atrapada en su garganta al ver las intensas pupilas azules fijas en él. 

—Pero nunca le diré una fecha o un lugar —dijo esta vez con una leve sonrisa en sus labios, una broma que probablemente sólo él entendería.

Fugaku acarició muy levemente los labios rojos y maltratados del otro.

—No lograría mayor cosa con una fecha o un lugar —respondió el mayor.

Naruto entonces atrapó un dedo de Fugaku con sus labios, retorciendo después su lengua con lentitud alrededor de la falange. Lo hizo con tal quietud que parecía más un ritual, un trance para suspender el tiempo o alargarlo tres horas más. 

Se quedaron viendo hasta que las comisuras del menor se volvieron en una sonrisa y esta vez sus dientes mordieron con ternura a Fugaku.

—Te quiero de nuevo —susurró el pelinegro. Su voz atípica en él, suave como la que usaba únicamente para hablarle a recién nacidos antes de su primera foto con el líder de los Uchiha.

Naruto sonrío aún más antes de sacar de su al parecer infinita reserva de energía y se incorporó sin perder nunca contacto con la mirada oscura del mayor.

—¿Cómo me quieres? —dijo aunque ya se había puesto sobre Fugaku, sus rodillas a cada lado de los muslos del hombre mientras sin premura rozaba ambas entrepiernas—. ¿Quieres que te cabalgue? ¿Despacio? ¿Luego rápido?

—Como más te guste —concedió.

Tiempo después, cuando Naruto quedó por fin letárgico confesó algo más de sus entrañas, ¿quizás algo que no lo dejaba dormir? Algo tan insoportable de pensar como a Fugaku le resultaba la idea de Naruto gimiendo bajo la mano de Hiashi Hyuuga. 

—Aún estás enamorado de ella —pronunció Naruto todavía encima del mayor, su murmullo golpeando la piel del cuello de Fugaku—. No deseas perderla. 

El rubio estaba equivocado y quizá Fugaku debió dejarlo con esas ideas en su cabeza. Dejarlo inventarse cosas, como ser un infiel arrepentido cada vez que tocaba el suelo de su casa, que un día dejaría de llamarlo, que temía que su esposa entrara justo ahora por la puerta o los estuviera esperando abajo en recepción. De que no sabía que aunque dejara de pagarle Naruto aún le seguiría abriendo las piernas. 

Pero entonces esta vez, como pocas veces en su vida, decidió ser totalmente sincero.

—Te aseguro que no estoy enamorado de ella.

Fugaku sólo sintió paz cuando percibió la sonrisa que formaba Naruto contra su piel.



Notas finales:

(1) Dumpster diving: robo de información a través de los desechos de oficinas o negocios.

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En conclusión, Naruto y Fugaku se sintieron fuertemente atraídos sexualmente por el otro desde la primera vez lo que derivó en muy buen sexo, sin embargo sus encuentros fueron convirtiéndose en algo más. 

 

A pesar de ello sus circunstancias particulares nunca les permitirá transformarse en una historia convencional de enamorados ):

 

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