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Con más valor que sentido por Adid

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Notas del fanfic:

Originalmente esto iba a ser parte una colección de ficlets BillStan que tengo en AO3 (y que por alguna razón no me he animado a publicar aquí), pero no esperaba que terminara siendo tan largo, así que creo que prefiero publicarlo individualmente.

Escribí esto para Icy_Moon y su adorable request:

"How about Stan and Bill have been dating for a while and it's time to tell Ford about it. I'd like to see a lot of fluff, an understanding Ford, an blushing Stan and all things cute."

"Qué tal Stan y Bill han estado saliendo por un tiempo y es momento de decirle a Ford. Quisiera ver un montón de fluff, un Ford comprensivo, un Stan sonrojandose y un montón de cosas tiernas"

Al fina, creo que me tomé muchas libertades con este request, sobre todo la parte del "Ford comprensivo" ^^U

Notas del capitulo:

La idea es que Bill logra atravesar el portal antes de que Stan llegue al pueblo.

Ni los personajes ni los escenarios me pertenecen. 

No había luz alguna asomándose por las ventanas, cualquiera que viera la cabaña seguramente pensaría que se encontraba abandonada. Él mismo lo había pensado la primera vez que había llegado. Por suerte, la luz de la luna brindaba suficiente claridad para no necesitar sacar la linterna.


Abrió la puerta despacio y dio un paso al frente. La oscuridad del lugar pareció engullirlo en el momento, pero no pasó mucho para que sus ojos se acostumbraran. Efectivamente, el lugar parecía encontrarse vacío. Stan, sin embargo, sabía bien que no lo estaba y pronto lo confirmó. No había alcanzado a dar ni dos pasos cuando sintió a alguien lanzarse sobre él, abrazándolo con piernas y brazos, aferrándose tan fuertemente que pareciera que era su objetivo romperle algo (además de la paciencia), como si quien lo hubiera atacado no tuviera plena conciencia de su peso o de su forma (¡si era incluso más alto que Stan!); posiblemente se debiera que no estaba acostumbrado a ese cuerpo, o eso es lo que le había dicho a Stan.  Una voz conocida, molesta y penetrante, gritó su nombre tan fuerte que por un momento pensó que le había roto el tímpano.


No importaba las veces que el rubio lo recibiera de esa forma, ni él ni su espalda podían acostumbrarse.


— Bill — Logró decir con algo de dificultad — Bájate, me asfixias.


Bill desenredó sus piernas de la cintura de Stan y, colocando sus pies en el suelo, aflojó su agarre alrededor de su cuello, pero no terminó de soltarlo; incluso se había inclinado un poco para estar a su misma altura. Stanley logró respirar con mayor facilidad, dirigió una mirada de reproche hacia el hombre que seguía pegado a él y lo encontró, como siempre, con su enorme sonrisa en la cara.


— ¿Me extrañaste? — Lo escuchó preguntar.


— Solo salí un par de horas a comprar unas cosas. — Le recordó Stan, rodando los ojos.


— Pero me extrañaste ese par de horas ¿no?


La actitud infantil de Bill era algo que podía ser adorable o muy, muy molesto; lo segundo la mayoría del tiempo. Stan seguía preguntándose cómo es que un sujeto como él terminó trabajando con su hermano, quien siempre se había dado aires de serio y maduro. Pero, siendo honestos, que la naturaleza de la relación de Stanford con Bill fuera algo más allá de su entendimiento se debía a mucho más que la diferencia de sus personalidades.


 


***~~~***


 


Habían pasado ya unos meses desde que Stan había llegado al pueblo donde su hermano vivía y trabajaba desde años atrás. Stanley había acudido al llamado de su gemelo, aún sin tener idea de qué es lo que éste pretendía; suponía que lo necesitaba para algo. Había estado emocionado ante la idea de una posible reconciliación, sin embargo, al llegar, Stanford lo había recibido de una manera muy fría.


— Llegaste tarde, ¿por qué esperaba otra cosa?


Fue lo primero que le dijo. Eso había enfadado bastante a Stan. ¿Qué acaso Stanford pensaba que recorrer la mitad del país era tarea fácil? 


Comenzaron a discutir sin que alcanzara a haber un saludo real entre ellos, los ánimos se calentaron rápidamente; ambos tenían mucho que reprochar y cero intenciones de escuchar los reproches del otro. Pronto empezaron los golpes, distrayéndolos de todo lo demás, tanto que, sin darse cuenta, se habían terminado desplazando por la cabaña hasta que, de alguna manera, habían terminado en el sótano. Ahí habrían seguido su pelea si no fuera por una voz que los interrumpió.


Stan levantó la mirada hacia la fuente del sonido sin estar seguro de haber escuchado bien. Ahí había alguien más, es lo menos que se hubiera esperado, pero menos se esperaba que dicha persona estuviera encadenada a una de las paredes del lugar y, menos aún, que estuviera sonriendo como si estuviera en el lugar más cómodo del mundo, aparentemente entretenido con su enfrentamiento. La distracción repentina le había costado recibir un puñetazo directo en la cara, cortesía de Stanford que seguía con la pelea como si nada, como si no tuviera a un hombre encadenado en su sótano.


— ¡Argh!¡Sixer, ¿qué demonios?!  


Los golpes el uno al otro siguieron lloviendo por un buen rato, con burlescos y animados comentarios de fondo, hasta que finalmente se detuvieron, más por cansancio que por otra cosa.


Una larga pausa después, habiéndose recuperado un poco, Stan finalmente se atrevió a romper el silencio. 


— ¿Y bien?


— ¿Y bien qué?


— ¿Vas a explicar por qué tienes a un tipo raro encadenado en el sótano de tu siniestra cabaña en medio del bosque?


— Preferiría no hacerlo.


— …


— Yo te puedo contar, si quieres. – Se apuntó rápidamente el extraño, con voz risueña.


Una vez que se dio tiempo de observar con mayor detenimiento, pudo notar que el sujeto era bastante más raro de lo que le pareció en un primer momento. Con su piel color tostado que contrastaba con su cabello rubio y sus ojos ámbar tan brillantes (notables incluso con la poca luz del lugar), su aspecto era exótico; pero lo verdaderamente extraño en él era su actitud, no parecía importarle para nada encontrarse encadenado y la sonrisa que no lo abandonaba podía llegar a ser perturbadora.


— ¡Bill, cállate!


Dijo Stanford con molestia, lo que sea que el tal Bill le hubiera hecho, parecía bastante grave. Ford lo trataba con una mezcla de ira y miedo que Stan nunca había visto en su hermano, ni siquiera cuando se había enfadado con él por lo de su proyecto de ciencias.


Bill, en cambio, parecía disfrutar molestándolo, a pesar de encontrarse en una aparente situación de desventaja. Ambos hermanos se encontraban sentados en un pequeño sofá en el sótano; Stan sospechaba que Ford lo utilizaba para dormir ahí, ya que el sótano parecía ser su principal área de trabajo (a juzgar por la cantidad de hojas con apuntes y aparatos que había ahí). Bill se encontraba recargado contra una de las paredes, sentado en el suelo, con los pies juntos y atados, y ambas muñecas encadenadas a la pared. Stanford sujetaba un pedazo de hielo envuelto en una toalla contra su ojo hinchado. Parecía estar a punto de quedar inconsciente.


— ¡Woah! Vamos, Ford, no te golpeé tan fuerte.


Stan lo notó enseguida, asustado de que de verdad le hubiera hecho mucho daño. Stanford sacudió la cabeza.


— No es eso. No he dormido bien en semanas — Confesó. 


No necesitaba jurarlo, las marcadas ojeras bajo sus ojos eran más que convincentes.


— ¿Por qué no duermes, entonces? Pareciera que vas a caer muerto en cualquier momento.


— No puedo. Si escapa… no… no puedo permitirlo.


Por momentos parecía despabilarse un poco y era solo para mandarle otra mirada de odio a Bill, quien solo se limitaba a sonreírle.


— Pues ¿qué te hizo para que tengas que llegar a esto? ¿Quién es el?


— Sí Fordsy, háblale de nosotros.


— No lo entenderías. —  Contestó Ford, ignorando a Bill.


Stan se estaba irritando de nuevo. La actitud de Stanford no los estaba llevando a ningún lado. Pensó en simplemente levantarse del lugar y salir de ahí, dejar a Stanford con sus asuntos raros imposibles de entender para los demás; pero no era capaz de algo así, por mucho que Stanford se esforzara tanto en ser desagradable.


— Hagamos esto: tú duermes un par de horas y yo lo vigilo, después ya veremos qué hacer.


Ford hubiera estado dispuesto a discutir ese plan, especialmente cuando Bill expresó que le parecía una gran idea, pero estaba excesivamente cansado. La posibilidad de dormir un poco era demasiado tentadora, pero ¿qué tal si Bill lo molestaba en sueños? No sabía si el rubio seguía conservando sus poderes y, aunque no parecía el caso, no era bueno bajar la guardia. ¿Podría confiar en Stan? ¿Debería intentarlo?


No tenía energía para seguir discutiendo. 


— No permitas que escape. No creas una palabra de lo que dice.


Había cedido finalmente. Stanford cayó rápido en un sueño tan profundo que por un momento Stan se asustó de que en realidad le hubiera pasado algo más, pero pronto se tranquilizó cuando su hermano comenzó a roncar, haciéndolo soltar un suspiro de alivio.


— ¡Por fin solos!


Su propósito era ignorar a Bill hasta que su hermano despertara, pero en realidad esa parecía ser una tarea muy difícil; no solo por lo intrigante que era el sujeto sino porque todo parecía indicar que era incapaz de cerrar la boca.


Había acercado una silla y la había puesto frente a Bill, interponiéndose entre él y su hermano, quien se había terminado recostando en el sofá.


Bill lo miraba fijamente, sin dejar de sonreír. De verdad que el tipo era raro. No pasó mucho tiempo hasta que Stan comenzó a ponerse incómodo.


— Sé que mueres por hacer preguntas. Vamos, hazlas.


— Ford dijo que no creyera en nada de lo que digas.


— No tienes que hacerlo…


Stan frunció el ceño y se mordió el labio. Claro que se moría de intriga, no tenía idea de qué estaba pasando, en qué estaba pensando Stanford. El nerd neurótico con el que creció jamás haría algo así. ¿Quién era este sujeto rubio? ¿Qué le había hecho a su hermano?


— ¿Por qué asumes que yo soy el malo?


Stan no contestó, solo frunció más el ceño.


— ¿Cómo sabes que no me secuestró y lleva días abusando de mí?


Stanley dio un respingo, sintiendo un retortijón de pura furia en las entrañas. Stanford jamás haría algo así ¿o sí?


Bill comenzó a reírse sonoramente ante la reacción involuntaria de Stan.


— ¡Tú cara! Jajaja. ¡Eres adorable Stanley! ¿Sabes? Creo que me gustas.


— ¡Cállate! — Dijo Stan con un leve sonrojo — ¿Cómo sabes mi nombre?


— Yo sé muchas cosas. Lo creas o no, Fordsy y yo somos muy buenos amigos.


— Pues no, no lo creo.


— Tú mejor que nadie debes saber cómo es de delicado con su temperamento. No aguanta mucho.


— ¿Qué demonios le hiciste?


— ¡Bah! Solo resultó que unos “negocios” entre nosotros no terminaron de la manera que él quería.


Stan frunció todavía más el ceño ante esas palabras


— ¿Eres un estafador?


Bill no contestó, solo se limitó a seguir sonriendo como lo venía haciendo toda la noche. No lo negó. Stan estaba dispuesto a terminar ahí su conversación, giró un poco solo para comprobar que su hermano seguía respirando.


— Me llamo Bill, por cierto. Bill Cipher.


Stan no había preguntado, ya tenía una idea porque así era como había escuchado a Ford llamarlo. 


— Voy a conquistar este universo.


Continuó Bill, como un niño que planea su próxima travesura. Stan regresó a mirarlo con una ceja levantada.


— ¿En serio? —  Preguntó con sarcasmo.


— Así es… y tal vez te tome como mi reina.


El sonrojo regresó al rostro de Stan con intensidad ¿Qué le pasaba a este sujeto? Apretó los dientes, desvió la mirada y mandó al rubio a callar con enojo.


— Solo espera y lo verás.


Bill siguió hablando a pesar de que Stan hizo un enorme esfuerzo por ignorarlo. Stanley suspiró con cansancio lanzando otra fugaz mirada a su hermano. Esa iba a ser una larga noche.


 


***~~~***


 


Stanford despertó con un ligero dolor en el cuello ¿Cuánto tiempo estuvo dormido? No le importó en ese momento, hacía mucho que no descansaba de esa forma. Estaba dispuesto a volver a dormir otro rato cuando recordó lo acontecido antes de caer dormido. Stan había llegado por fin, ¡y se había quedado solo con Bill!


— ¡Stanley!


Gritó, levantándose de golpe; su cuerpo entero pareció crujir y sus lentes, que habían permanecido torcidos sobre su cara mientras dormía, casi caen al suelo.


Tanto Stan como Bill dirigieron la mirada hacia él con sorpresa. Stanley estaba muy cerca de Bill, justo al frente, sujetaba un plato de sopa en una mano y en la otra, una cuchara se había detenido a medio camino hacia la boca del rubio.


De todos los escenarios que esperaba Stanford, ese era el último que hubiera pasado por su mente. ¿Sería que seguía dormido?


— Por fin despiertas hermano. ¡Hey!


Bill se había adelantado mientras Stan estaba distraído con Ford y había tomado la cuchara en su boca para seguir comiendo. La comida humana tenía sabor y textura muy extraños, no le encantaba, ni siquiera estaba seguro de que su cuerpo lo necesitara realmente, pero le había molestado que Stan hubiera dejado de ponerle atención.


— ¿Qué demonios está pasando aquí? ¿Stan, por qué le estás dando de comer?


— Bueno seis dedos, ya que se te ocurrió dormir toda la noche y buena parte del día, comenzó a darme hambre así que subí a buscar algo de comer. Me imaginé que tu huésped también estaría hambriento y, ya que no creí que te agradara que lo desatara, no me quedó más remedio que hacer esto.


En realidad, había sido idea de Bill. Le había costado convencer a Stan, ya que el castaño solo pretendía acercar el plato de comida lo suficiente para que pudiera alcanzarlo, pero Bill se las arregló para persuadirlo. Ford tenía que ser inoportuno justo cuando lo había conseguido, como siempre.


— ¿Lo dejaste solo?


Tenía que haberlo hecho si había subido en busca de comida, Ford se escandalizó ante la idea. ¿Qué hubiera pasado si Bill se liberaba? ¿Cómo podía Stan ser tan descuidado?


— No tenía muchas opciones ¿sabes? De verdad moría de hambre y ya viste que no pasó nada.


Stan bufó con molestia ¿es que no había forma de que Ford apreciara algo de lo que hacía? Tomó otra cucharada de comida y la llevó a la boca del rubio con algo más de fuerza de la necesaria, pero Bill la recibió con gusto.


— Hay un plato también para ti junto al sofá. Seguramente ya está frío.


Y no pensaba ir a calentarlo como era su intención hace un momento.


Ford iba a replicar, pero prefirió no hacerlo. Al parecer, dormir le ayudaba a tener un mejor temperamento. Aún tenía mucho de qué preocuparse, pero ahora tenía la mente más clara, y supuso que lo estaría aún más una vez que hubiera comido algo. La sopa no estaba tan fría, y a su estómago hambriento le supo deliciosa. Tenía que agradecer a Stan.


Pero no iba a hacerlo.


 


***~~~***


 


Después de que terminara de comer, y no sin algo de reticencia, Stanford finalmente se había dignado a explicarle a Stan lo que estaba pasando, aunque de una manera muy escueta y resumida. 


Luego de años investigando los misterios de Gravity Falls, había tenido un bloqueo; entonces había conocido a un ser sobrenatural.


[¿Una musa? ¿En serio Ford?


  Silencio, Stan.]


Este ser le había prometido respuestas y le había ayudado a encaminar su trabajo de nuevo. Le había dado la idea de construir un portal inter-dimensional que le ayudaría a entender los misterios del universo. Sin embargo, había resultado que Bill era en realidad un ser muy oscuro y peligroso, cuyo único propósito era llegar a esta dimensión para conquistarla. Lo había logrado a medias, pero Ford había sido capaz de cerrar el portal antes de que la energía completa de Bill lo atravesara, dándole apenas oportunidad de tomar forma física.


[— Al parecer sus moléculas se adaptan a la apariencia física de la especie dominante de la dimensión a la que logra alcanzar…


— ¿Podemos saltarnos los detalles nerds?]


Así que lo mejor que pudo hacer fue capturarlo antes de que pudiera alcanzar los controles y reactivara el portal, aprovechándose de la inestabilidad que mostró Bill. Lo había mantenido atado desde entonces, no podía permitir que se liberara, sería demasiado peligroso, quién sabe de lo que sería capaz.


Stan volteó a ver a Bill, quien continuaba sonriendo. Además de su extravagancia, no le parecía que realmente fuera nada de lo que estaba diciendo Ford ¿Sería que su hermano se había terminado de volver loco? Recordó lo que le había dicho Bill sobre conquistar el universo; a pesar de que coincidía con la historia de su hermano, no podía evitar pensar que ambos solo estaban intentando tomarle el pelo. Tal vez los dos estaban ya chiflados.


— Muy bien, cerebrito, supongamos que te creo ¿qué vamos a hacer ahora?


—¿Vamos?


— Sí, no piensas mantenerlo atado por siempre ¿o sí?


Stanford miró fijamente a Bill. Habían pasado más de 48 horas desde que había llegado a esta dimensión y no había dado señales de peligro, ¿habría perdido sus poderes? ¿sería algo temporal? ¿Era un humano por completo ahora? ¿Qué tanto habría cambiado al pasar de una dimensión a otra? ¿O solo estaba fingiendo para que bajara la guardia?


— No estarás pensando en disecarlo o algo – A Stan no le gustaba la expresión que estaba tomando el rostro de su hermano.


— Claro que no – Contestó Ford, pero su tono no indicaba que encontrara la idea muy descabellada.


— ¿Para qué me llamaste? ¿Qué se supone que iba a hacer yo?


— Pensaba pedirte que me ayudaras a mantener cerrado el portal, pero como podrás ver, ya es demasiado tarde para eso.


Stan suspiró, a veces era imposible dialogar con Stanford.


— ¿Entonces? ¿Cuál es el plan?


Stanford calló por un largo rato, sopesando sus posibilidades. La verdad, no estaba seguro de cómo proceder a continuación.


— Creo que lo mejor será mantenerlo en observación por un tiempo. Aún no estoy seguro de lo que es capaz ni del alcance de sus poderes, si es que conserva alguno.


 


***~~~***


 


Eso es lo que había pasado. A pesar del poco entusiasmo que mostró su hermano y de que él mismo no estaba seguro porqué seguía necio en querer ayudarlo, Stan había decidido quedarse unos días para asegurarse de que no corriera ningún peligro. Aunque, no estaba seguro si el peligroso fuera Bill o fuera Stanford.


En un principio había sido extraño. Ford pasaba la mayor parte del día en su laboratorio, donde seguía manteniendo cautivo a Bill. Lo observaba día y noche de una manera que seguramente habría vuelto loco a cualquiera, sin embargo, Bill jamás perdía su aire despreocupado y burlón.


Stan se limitaba a estar cerca en caso de que se presentara un enfrentamiento, y tomar turnos en la vigilancia para que Stanford pudiera dormir (para lo cual, prácticamente tenía que obligarlo).


Los tres se fueron adaptando a una rutina. Ford parecía irse convenciendo de que Bill no tenía el poder suficiente para intentar algo y poco a poco lo fue dejando de lado. Ya no lo vigilaba todo el tiempo e incluso fue permitiendo que tuviera algo de libertad. Las ataduras se fueron volviendo menos apretadas hasta que finalmente desaparecieron. Aunque, por supuesto, no tenía permitido salir de la cabaña, la cual estaba completamente asegurada. Ford empezó a enfocarse más en desmantelar la extraña máquina que tenía el sótano y que al parecer era el portal por donde había llegado Bill, dejando a Stan al cuidado del rubio.


Stanley no estaba muy feliz con eso, pero, la verdad, es que entre más tiempo pasaba con Bill, más fascinante le parecía. Cierta o no la historia del demonio inter-dimensional, Bill era un sujeto interesante, conocedor de muchos temas, pero con la elocuencia suficiente para no sonar como un sabelotodo insufrible (a diferencia de Ford). Tenía una naturaleza traviesa y coqueta que muchas veces sacaba a Stan de quicio, pero que era también de alguna forma divertida.


Sin embargo, lo que Stan encontraba más atrayente de él era esa extraña y súbita nostalgia que parecía asaltarlo de pronto. Una nostalgia con la que Stan podía empatizar de alguna forma.


 


***~~~***


 


— Yo era el rey absoluto. 


Ambos se encontraban en el patio trasero de la cabaña, lo más que las restricciones permitían a Bill alejarse; sentados sobre el suelo, el rubio le platicaba del lugar dónde venía. Siempre que lo hacía, hablaba con total fanfarronería, alegre y entusiasta. Stan no podía terminar de creer que un lugar así existiera de verdad, era totalmente impensable (especialmente la parte de ser el rey); pero también sonaba fascinante, es decir, un lugar donde podías hacer lo que quisieras sin ningún tipo de regla o restricción. Sin embargo, por alguna razón, sonaba también bastante frío. 


—¿Cómo es?... el mundo de las pesadillas, quiero decir.  — Aún si no terminaba de creer su historia, era divertido a veces seguirle el juego.


— No hay forma de describirlo… tan brillante, tan enorme, tan increíble e intenso, no hay nada que no puedas hacer… tan... solitario y oscuro… y frío...


Bill fue perdiendo poco a poco su entusiasmo a medida que hablaba, volviéndose su tono cada vez más neutro. Stan lo miró con extrañeza, como lo hacía siempre que el rubio tomaba esa actitud taciturna, no era común verlo comportarse de esa forma, pero siempre era algo que le llamaba mucho la atención; siguió escuchándolo, poniéndole más atención que antes.


— La verdad, siento que cada vez recuerdo menos desde que llegué a este lugar. — 


Continuó Bill, aún con su tono neutro, frunciendo ligeramente el ceño.


—Recuerdo que era un lugar divertido, pero también… recuerdo sentirme tan enojado todo el tiempo… y ya no recuerdo tampoco muy bien porqué lo estaba…


Stan lo seguía escuchando, intrigado por el cambio de humor de Bill, tan repentino. 


—¿Crees que alguna vez puedas regresar? — preguntó finalmente el castaño.


— Creo que puedo hacerlo, solo debo encontrar la forma adecuada, aclarar mi mente, ha estado estancada desde que llegué… como... limitada.


—¿Quieres regresar?


Insistió Stan. Se preguntó si realmente Bill tenía tantas ganas de regresar a un lugar que sonaba tan peligroso y desolado.


— Yo… ya no estoy seguro. Una parte de mí siente que eso es lo que debería desear, pero otra… pareciera decirme “estás demasiado cansado de todo esto, déjalo de una vez”. Aún quiero conquistar este universo, pero en el fondo siento que ese es solo un deseo infantil y sin sentido. Estar en esta dimensión me ha hecho esto. Antes todo lo sentía tan claro, todos mis planes, mis estrategias. Necesito recuperar mis poderes, pero al mismo tiempo me siento tan libre sin ellos. Ya no sé qué es lo que quiero.


Su semblante era ahora completamente serio, podía verse la confusión en su ser. Stan no estaba seguro de lo que lo hacía sentir verlo así.


— Bueno… tal vez lo que quieras es quedarte en esta dimensión, pero no conquistarla ni destruirla… solo vivir aquí y sentirte en paz. — Se aventuró a sugerir.


— ¿Por qué querría eso? ¿Qué tendría de divertido?


— No lo sé, supongo que algo bueno podría haber.


No se dio cuenta en qué momento, pero había tomado la mano de Bill, apretando ligeramente. Bill se quedó viendo sus manos juntas, con extrañeza, después levantó la vista para mirarlo directamente. Stan se asustó, no sabía por qué había hecho eso. Soltó a Bill de inmediato y desvió la mirada, sintiéndose completamente abochornado.


-Bueno, solo era una sugerencia… muy estúpida por cierto… no tienes por qué hacerme caso…creo que me iré ahora… yo…


Habló apresuradamente, haciendo ademanes de levantarse y alejarse de ahí. Sentía en su pecho una mezcla de sentimientos con los que no tenía ganas de lidiar en ese momento, mejor dicho, nunca.


Bill lo sujetó del brazo antes de que se levantara, impidiendo el movimiento, colocó sus manos sobre los hombros de Stan y empujó hasta hacerlo recostarse sobre el suelo, subiendo sobre él.


Stan sintió su corazón retumbar, su cara ardía y sus manos sudaban.


—¿Bill? - Preguntó con confusión


— Shhh… hay algo que quiero probar.


Stan estaba a punto de preguntarle a qué se refería cuando el otro simplemente se inclinó sobre él y juntó sus bocas. El castaño sintió algo explotar en su cabeza, como fuegos artificiales. Su mente perdió por completo la capacidad de formar cualquier pensamiento coherente que no fuera “¡Bill me está besando!”


No supo cuánto duró el beso, que no fue más que un ligero toque de unos labios sobre otros. Bill se separó finalmente, pero no se alejó. Se quedaron viendo el uno al otro, con la respiración agitada y los rostros sonrojados.


— ¿Y bien? —  Preguntó Stan, incapaz de seguir aguantando el silencio. 


Bill no contestó, simplemente volvió a inclinarse para besarlo de nuevo. Esta vez, no tomó a Stan por sorpresa, quien, sin reclamar ni decir nada más, llevó sus manos a la cintura y nuca de Bill, profundizando el beso. 


 


***~~~***


 


Así había nacido lo que había entre ellos. Ninguno de los dos lo entendía, pero se sentían tan bien en los brazos del otro que, en realidad, no le dedicaban tiempo a darle vueltas.


Sin embargo, había ocasiones en las que Stan no podía dejar de pensar en lo extraño y absurdo de su situación. Qué tan demente tenía que estar para comenzar una relación con el archienemigo de su hermano gemelo y, más aún, a espaldas de éste.


Al final, no le importaba. Solo sabía que se sentía inesperadamente bien estando con Bill. Más de lo que había sentido con nadie, ni siquiera con su hermano en los mejores tiempos de ambos, así que ¿qué más daba? Solo, quería seguir así por siempre.


 


***~~~***


 


¿Me querrías incluso si supieras lo que realmente soy?


Se había convertido en una pregunta constante. Stan no alcanzaba a ver qué tan diferente podría ser este Bill del “real”; después de todo, él mismo no era una persona totalmente honesta y eran pocos los que conocían cómo era en verdad, si es que había alguien que lo conociera realmente. 


Intentaba comprender, pero no podía. Todo este asunto de que Bill fuera en realidad un demonio originario de otra dimensión ya no lo sorprendía tanto como al principio, pero no podía terminar de creérselo, no después de todo lo que había vivido ya junto a él.  


— ¿Por qué no me lo muestras? 


Terminó por sugerir. Ford le había dicho hace tiempo, que había descubierto que Bill conservaba algunos de sus poderes, aunque de una forma muy limitada; específicamente, la habilidad de manipular los sueños. Aunque, al parecer, era un poder que utilizaba principalmente para molestarlo de vez en cuando y no dejarlo dormir. Bill había entrado ya a los sueños de Stanley también alguna vez, pero, en su caso, lo que había hecho era alejar las pesadillas.


Si Bill tenía aún algún recuerdo de quién o qué era antes de cruzar el portal, tal vez pudiera compartirlo a Stan a través de un sueño o visión. 


Stanley no estaba seguro de qué lo había llevado a sugerir aquello. Tal vez cansancio de que Bill siempre terminaba trayendo el tema a colación, de una forma u otra; a veces con perturbador entusiasmo, otras, más bien parecía tener temor. 


Bill no parecía muy convencido en un principio, pero terminó por aceptar intentarlo. 


  


***~~~***


 


— Concéntrate, respira.


Fueron las instrucciones que Stan debía seguir. 


— Relájate.


Era difícil de lograr, tomando en cuenta que estaba muy nervioso, ambos lo estaban, podía sentirlo en Bill, aunque no dijera nada. 


Sintió a Bill recargar su frente contra la suya. Sentados en el suelo, uno frente al otro; Stan cerró los ojos, intentando concentrarse en su respiración. Lo primero que vio fue la oscuridad típica detrás de los párpados, salpicada de pequeños puntos de luz de colores sin ningún sentido ni forma. 


Siguió respirando. Siguió escuchando la voz y la respiración de Bill que lo guiaban a, lo que se supone debía ser, otro estado de conciencia.


Poco a poco aparecían imágenes, pero tampoco tenían mucho significado. Reconoció algunas escenas de un programa tonto de T.V que había visto no hacía mucho. La cara de Stanford con su constante gesto de decepción y regaño. Imágenes de lugares y personas interpuestas unas sobre otras. No creía llegar a nada, pero poco a poco aprendía a no reaccionar ante sus pensamientos; cada vez que uno lo hacía tensarse, Bill lo hacía volver a poner su atención en la respiración.


Conforme pasó el tiempo su mente se fue aclarando poco a poco. La oscuridad se volvió más densa.


No se dio cuenta en qué momento, pero lo que veía ya no tenía nada que ver con lo de en un principio. Había más luces, pero ahora adoptan formas curiosas, intrincados patrones geométricos.


Y de pronto lo vio. 


Una pirámide enorme, de un brillante color amarillo. Era casi doloroso verla directamente, como si se tratara del mismo sol, sin embargo, Stan no podía apartar la vista. La pirámide abrió de pronto su enorme ojo (sí, tenía uno), haciendo que Stan diera un respingo. El color de la pirámide se volvió lentamente rojo, su ojo pareció emanar furia, su figura se volvió grotesca, de su forma salieron tentáculos y garras; una de ellas se lanzó hacia Stan.


Stanley abrió los ojos a más no poder. Su respiración estaba agitada. Levantó la vista y miró a Bill, quien lo observaba atentamente, con la respiración también pesada y una expresión de miedo en los ojos.


— ¿Ese eras tú?


Preguntó Stan, sin poder evitar el temor en su voz. Bill solo asintió lentamente con la cabeza. El rubio hizo ademán de levantarse, seguramente queriendo huir de la reacción de Stan, pero Stan no se lo permitió. El castaño lo rodeó con sus brazos sin saber muy bien por qué. Solo no quería que se alejara.


Bill se quedó quieto un momento, con sorpresa, no se esperaba esa reacción; finalmente, se lanzó a devolver el abrazo de una manera que pareció desesperada. No quería que Stan lo soltara, nunca. 


 


***~~~***


 


— Bien, debo aceptar que sí eres intimidante.


Terminó confesando después de un rato. Bill no contestó, aún temeroso de un rechazo, a pesar de que los dos seguían abrazados, recostados uno junto al otro.


— Pero no me importa. Sé que no me harías daño.


Bill siguió sin contestar. Apretó el agarre alrededor de Stan. Él también quería creerlo.


 


***~~~***


  


Stan no se arrepentía. Sentía que se habían unido más. Sintió su relación más fuerte que nunca. Sin embargo, aún tenían una dura prueba que afrontar.


¿Debían decírselo a Ford? 


¿Cómo reaccionaría?


Seguramente los mataría a ambos, o al menos lo intentaría. 


¿Y después, qué?


No tenían un plan a futuro. No podían dejar Gravity Falls, al menos Bill no podía, alguna vez lo habían intentado, dando un paseo después de que Ford finalmente había retirado todos los embrujos y restricciones que tenía la cabaña. Solo habían salido sin preguntarle, en realidad, pero ya que no salió tras de ellos con armas en mano, lo interpretaron como que tenían permiso. Cuando intentaron cruzar los límites del pueblo, Bill terminó chocando con una especie de barrera invisible que parecía afectarlo solo a él.


Creyeron que había sido obra de Ford, quien solo se habría limitado a ampliar el rango de su brujería, pero resultó que no. El mismo Stanford se mostró fascinado con el descubrimiento y lo atribuyó a el extraño magnetismo que el lugar parecía tener con lo sobrenatural.


¿Qué opción tenían si estaban atrapados?


 


***~~~***


 


La noche era perfecta, el clima estupendo, fresco, pero no frío. Stanford había salido en una de sus investigaciones, seguramente regresaría hasta la madrugada. No era la primera vez que los dejaba solos en la cabaña, pero sí la primera que era durante toda la noche. Por supuesto, iban a aprovecharla.


Habían preparado juntos la cena, Stan le había enseñado a Bill a cocinar, conocimiento humano básico si no quería morir de hambre. Salieron al porche para ver las estrellas, una de las actividades favoritas de Bill. Cenaron, charlaron, tomaron una botella de vino, pusieron música. Todo el ambiente era tan tranquilo, era fácil olvidar la naturaleza caótica de ambos.


Bill se levantó, tomó la mano de Stan y jaló de él para que hiciera lo mismo. Stan lo miró con confusión, Bill lo tomó de la cadera, rodeándolo. Stan entendió y lo rodeo a su vez por el cuello. Comenzaron a moverse al ritmo de la música y del suave viento, uniéndose a la danza de los árboles. Bill no podía creer la inmensa paz que sentía en ese momento, una que no recordaba haber sentido antes. Stan se sentía seguro y tranquilo, algo que no había experimentado desde que su padre lo había echado de su casa.


Cada uno atento solo al otro. Sus bocas se buscaron. El beso fue lento y apasionado, labios abriéndose y cerrándose en una danza sincronizada que les robaba el aliento, lenguas se enredaban entre sí como queriendo abrazarse. Era demasiado fácil perderse en la intensidad del momento.


No les habría importado quedarse así por siempre.


—¡Stanley, no creerás lo que…!


El mundo pareció congelarse. ¿Por qué demonios seis-dedos había regresado tan temprano?


Los dos se separaron por instinto y voltearon a la dirección de donde había venido la voz. Stanford estaba ahí parado, congelado también al parecer, con los ojos muy abiertos y los dientes apretados. Un ligero sonrojo adivinándose en sus mejillas a pesar de la poca luz del lugar.  


La respiración de Stan se agitó. Sabía que su hermano debía enterarse tarde o temprano, pero no esperaba que fuera de esa forma.


—Hola, seis dedos, no pensamos que regresarías tan temprano.


El primero en romper el incomodo silencio fue Bill, quien se acerco a Stanford con su usual aire de despreocupación. Sin embargo, apenas llegó lo suficientemente cerca, Ford le lanzó un puñetazo que se estrelló directo en la cara del rubio. La fuerza del golpe fue tal que mandó a Bill al suelo.


Stanley se puso instintivamente frente a Bill para evitar que recibiera otro golpe. Ford lo miró con intensidad. Qué extraña se sintió esa situación para ambos, después de que Stan había defendido a Ford tantas veces en su infancia, ahora estaba protegiendo de él a alguien más. Raro, sí, pero eso no lo hizo moverse un centímetro de su sitio.


—Hermano — se animó a hablar por fin — tenemos que hablar.


Sin decir una palabra, Stanford se dio la vuelta y regresó dentro de su cabaña con paso firme y visiblemente enojado. Stan dudó por un momento, no estando seguro si su hermano pretendía que lo siguiera, al final se decidió a hacerlo, pero detuvo a Bill cuando este dio señal de pretender ir con él.


—Creo que lo mejor será que hablemos a solas primero.


Bill abrió la boca como si fuera a replicar algo, pero pareció pensárselo mejor. Asintió ligeramente.


—Ten cuidado.


Stan lo acompañó a que se sentara en el porche, la mejilla enrojecida había comenzado a hincarse, pero por lo demás parecía estar bien; después entró en la cabaña tras de su hermano.


Lo encontró sentado en la mesa de la cocina. Los brazos cruzados, el ceño profundamente fruncido y la mirada hacia un lado. Stanley no supo cómo empezar, qué se supone que debía decirse en una situación así.


—Escucha…yo…Bill y yo… nosotros…


Comenzó, Stanford no lo dejo terminar.


—Ya lo sabía —Aún no lo miraba, pero lanzó un largo suspiro de cansancio.


—Espera ¿qué?


— Son patéticamente obvios.


—Entonces, ¿por qué el puñetazo?


—Desde hace mucho quería golpearlos a ambos, y él fue el primero que se acercó.


Stanford continuaba ignorando tercamente a Stan con la mirada, aún lucía bastante enfadado, el hecho de que ya lo supiera no quería decir que lo aceptara.


El silencio se extendió hasta que se volvió insoportable. Stan finalmente lo rompió.


—¿Y bien?


—No me gusta.


Bueno, eso era obvio, pero ¿qué conllevaba eso? Stan se moría por preguntarlo, pero prefirió que fuera el otro el que terminara de hablar. Ford lanzó otro suspiro, cansado y bastante largo.


—Escucha… no sé qué es exactamente Bill ahora, o lo qué es en general. He estado investigando y no he encontrado más de que es un demonio estafador que ya había intentado antes engañar a otras personas para darle acceso a esta dimensión. Por los pocos registros que existen pareciera que estas personas pensaban que Bill tenía el poder suficiente para destruir el mundo, o dominarlo, o ambas. Yo también lo creí, sin embargo, no parece ser el caso y me parece que tuvo que ver con el hecho de que lograra cerrar el portal a tiempo. Lo que llegó aquí es solo una parte de él. He estado analizando cada parte de su cuerpo físico —Stan tuvo la sensatez de reprimir el impulso de comentar que él también — e incluso he escaneado su mente. He concluido que de sus poderes solo conserva la habilidad de manipular los sueños, pero incluso en eso está muy limitado.


Stan escuchaba atento. Que Ford se perdiera en su propia charla científica no era nada raro. A pesar de no entender del todo lo que decía, considerando su situación, no creía que fuera buena idea interrumpirlo.


—No es el mismo Bill que yo conocí — Continuó Ford — y no es solo porque el Bill que yo conocí era un triángulo mentiroso. Parece alguien mucho más estable y tengo también la idea de que esa estabilidad es mayor cuando tú estás cerca, algo que aún no logro entender.


—¿Cómo?


Eso era algo que Stan no se esperaba.


—Cuando tú no estás, su temperamento cambia, es más irritable. Hice varias pruebas. Cuando te pedía que fueras al pueblo a buscar provisiones era solo para ver la reacción que tenía Bill, entre más lejos estuvieras más me recordaba aquel que era antes. Desde que llegaste, de hecho, se volvió más calmado y razonable. Existe una extraña conexión entre ustedes, no me sorprende que se haya manifestado de ciertas formas.


Stan se mordió los labios, no estaba seguro de qué sentir con lo que estaba oyendo. El Bill que había conocido desde el principio era extraño, extravagante, pero nunca había intentado nada para dañarlo a él o a su hermano, una de las razones por las que le había costado tanto creer en la historia del demonio peligroso y desquiciado. No podía creer que Bill pudiera comportarse de otra forma.


—Y eso ¿qué significa?


—Significa… que creo que lo más seguro tanto para ti como para el mundo entero es que permanezcan juntos. Algo que no parece costarles trabajo.


Stan se sonrojó, pero también se emocionó, ¿significaba eso que Ford aprobaba su relación?


—No me encanta la idea de que mi hermano tenga una relación con alguien a quien consideré un enemigo. — Ford entrecerró los ojos, mirándolo ahora directamente a la cara, Stan contuvo la respiración con cierto temor.


—Pero no voy a oponerme.


Stan soltó el aire que estaba reteniendo, no pudo evitar que una sonrisa se instalara en su cara. No sabía que necesitaba tan desesperadamente la aprobación de Stanford.


—Sin embargo —Continuó Ford —Habrá que mantenerlo en constante observación, no sabemos si con el tiempo pueda recuperar sus poderes o volverse más inestable incluso contigo cerca. Es una buena cosa que no sea capaz de dejar el pueblo. También habrá que…


Stan ya no lo escuchaba. No cabía en sí de felicidad. Podía ahora realmente planear una vida con Bill. Quizás mudarse juntos a su propio lugar, no estaba seguro de que fuera una buena idea seguir viviendo bajo el mismo techo que Stanford, podía incluso ser más sano para su relación separarse un poco. ¿Conseguir empleo? Ya que la razón de que se había quedado en el pueblo era ayudarle a su hermano con extraño huésped, no era algo a lo que le hubiera dado mucha importancia ya que Stanford lo necesitaba ahí todo el tiempo. ¿Y Bill? También tendría que conseguir uno, ambos necesitaban de qué vivir, además, por lo que había entendido de la conversación con Ford, era preferible que no se separaran demasiado.


Por lo que había visto y escuchado las veces que había ido al pueblo, todo el mundo estaba muy interesado en ver lo que hacía el extraño científico que vivía en la cabaña. Tal vez pudieran montar una tienda de chucherías y decir que eran los inventos de su hermano. No creía que a Ford le agradara mucho la idea, pero ya se las arreglaría. Apostaba a que Bill amaría la idea de burlarse de Ford y sacar dinero con eso.


—Stan ¿me estás escuchando?


No. Se había perdido en sus propios sueños y fantasías, algo que en otros tiempos había tenido resultados muy dolorosos, pero que ahora se mostraba esperanzadoramente prometedor.


 


***~~~***


 


Stan sonrío al ver a Bill mirando por la ventana desde el sofá. Había comenzado a llover.


Ambos se habían mudado a una pequeña posada en el pueblo. Desde ahí podrían ver cómo comenzar su nueva vida. La condición de Ford había sido que se mantuvieran en constante comunicación y que Stan le reportara cualquier tipo de comportamiento extraño de parte de Bill. Stan había dudado mucho en lo de dejar la cabaña, no le encantaba la idea de que su hermano se quedara completamente solo, pero descubrió que no lo estaba tanto como él creía. Resultó que tenía un amigo. Alguien que lo había estado ayudando en su investigación y a construir el portal.  Al parecer, habían tenido diferencias y eso los había hecho separarse, pero Ford lo había buscado para aclarar las cosas. Stan solo necesitó verlos interactuar una vez para darse cuenta de que ahí había algo más, aunque ninguno de los dos sabelotodo parecía notarlo.


Se sentía tranquilo y feliz con su nueva vida.


Se acercó a donde estaba Bill, pasándole una taza del chocolate que había preparado. Bill sonrió al verlo acercarse. Stan se sentó junto a él y recargó su peso contra su pecho, sintiendo al otro rodearlo de inmediato con sus brazos. Ambos se dedicaron a ver la lluvia.  


Merecían esa paz y ese futuro que se pintaba tan prometedor.


 


***~~~***

Notas finales:

Bueno, como verán mi fuerte no es el fluff XD esto fue todo un reto para mí, pero uno que me hizo muy feliz. Me divertí mucho escribiéndolo.

Espero que haya sido una lectura entretenida. Por cierto, el titulo viene de la canción Escapar de La oreja de Van Gogh.

Gracias por leer.


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