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Rojo sobre Rojo por Kouryuu Shizuka

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Acababa de responder a una pregunta que el profesor le haba realizado, y como siempre, haba respondido correctamente.
Ahora volva a su sitio a sentarse seguida de ciertos cuchicheos
que, en realidad, no tenan nada que ver con ella... sino con la persona que le estaba esperando justo a salir de la institucin.
Aunque aun faltaban varias horas para que las clases acabaran, el Rolls Royce de un negro elegante y reluciente estaba all esperando.
Durante las clases, se acercaban a preguntarle por aquel coche y en que si ella estara ese da ah tambin.
Y no le quedaba otra respuesta ms que un rotundo "s".
Raro sera el da en que ella no estuviera esperando, vigilando las inmediaciones...
Justo al terminar el da, no supo si tener entrenamiento de voleibol era un alivio o un pesar... y cuando comenz a caminar junto a sus compaeras de clase, estas comenzaron a armar un pequeo revuelo porque la estaban viendo.
All estaba.
Justo en la entrada, de pie, con la espalda recta y los brazos rectos, colgados a cada lado del cuerpo.
El traje negro se le ajustaba perfectamente a cada curva de su cuerpo, a excepcin de los pantalones, que lucan ms holgados a medida que se descenda hasta los pulcros zapatos de un ancho tacn.
A pesar de que su aspecto impona, tambin lo haca la seriedad que reflejaba su rostro. A veces la comparaba con los guardias que hay delante del palacio en Londres; esos soldados a los que si les habla ni siquiera se molestan en mirarte.
A veces se preguntaba si al estornudar se limpiara con un pauelo, pero la verdad es que nunca la haba visto enferma.
Slo vea, da tras da, esa seriedad adornada por sus generosos labios, por aquellos ojos grandes y felinos a la vez, de un color gris que causaba escalofros por la frialdad que posean y para rematar el conjunto, ese precioso cabello largo negro azabache, que permaneca atado con una gomita a la altura de la nuca, y que siempre algunos hilos de cabello escapaban a la atadura.
Tanto sus compaeras como sus compaeros se haban quedado prendados de su belleza justo desde el primer momento en que la haban visto mientras llegaba a la escuela en el lujoso auto.
- Buenas tardes, Srta. Lorens - salud la misteriosa mujer, con una leve inclinacin, y eso despert detrs de ella una ovacin.
Nyssa era su guardaespaldas, y ella, Mia Lorens, la protegida.
Mia se despidi de sus amigas con una sonrisa y un movimiento de mano, mientras que Nyssa le habra la puerta y poda sentarse justo en el asiento trasero del coche.
Despus Nyssa se puso al volante y comenz a conducir hacia su casa.
Ese trozo del trayecto se le haca aburrido, puesto que Nyssa no hablaba ms de lo estrictamente necesario; siempre estaba encerrada en su silencio, y ni siquiera sus compaeros vigilantes en la casa haban podido escuchar su bonita voz, a pesar de que muchos imaginaban que deba de ser la de un camionero, a pesar de tener la apariencia de un ngel; pero de un ngel cado.
Mia se concentr en ver como los edificios pasaban por delante de ella y en como algunas personas miraban en lujoso coche, y sobre todo comentaba esas ventanas oscuras que no dejaban ver quin iba dentro del automvil.
De soslayo la estudiante mir a la mujer que conduca y mir directamente debajo de su brazo.
All se esconda una pistola que nunca lograba saber ni la marca ni su calibre, pero una vez la vio practicar puntera y se estremeci con tan solamente ver que a la primera bala ya haba dado en el blanco.
La verdad es que Mia no entenda por qu su padre le haba puesto un guardaespaldas, y cando vio a una mujer lo entendi aun menos.
No es que fuera machista sobre que ese trabajo lo desempeara una mujer, pero es que ella era una excesivamente joven.
Estaba segura de que podra acudir al instituto con ella si se lo propusiera, o quiz fuera una estudiante de universidad, porque ms de 23 aos no poda tener.
Y aun as con aquella edad era... guardaespaldas; posea pistola y una puntera inmejorable.
Daba miedo, pero se senta protega.
Mia suspir y se concentr en el examen que tena para el da siguiente. Haba intentado que una de sus compaeras le ayudara entender justo esa parte de matemticas, pero no consegua entenderlo.
Quiz Sven pudiera ayudarla. Ya lo haba hecho otras veces, adems, era el ms amable de toda esa padilla de brutos que estaban a las rdenes de su padre.
Nada ms atravesar la puerta de la mansin tuvieron que pasar un control, aun siendo la hija del dueo quien iba en el coche y despus el automvil se desplaz por la carretera que llegaba hasta la entrada. All ambas mujeres bajaron del coche y otro hombre se encarg del vehculo.
Entraron en la casa y Mia subi directamente a su habitacin para despojarse de su uniforme y cambiarse por algo ms cmodo.
Sin embargo, a pesar de que Nyssa estaba a cada segundo con ella, en esos momentos ignoraba donde ella se encontraba.
Varias veces su padre le haba explicado que no era una guardaespaldas, a pesar de saber usar las armas de fuego (y ms cosas que no le ment), sino que la considerara como una niera.
Ese da agarr un berrinche, puesto que con 18 aos recin cumplidos, ya no era una nia.
Pero, qu iba a saber su padre? A veces el hombre era una persona completamente desconocida para l. Siempre estaba encerrado en sus viajes por negocios y en sus negocios mismos.
Siempre haba sido igual. Desde pequea slo haba tenido a su madre, quien estaba con ella siempre, hasta que un cncer se la llev de su lado y se sinti sola.
La verdad es que era as como se senta, a pesar de estar la casa siempre llena de gente; de esos guardaespaldas que cuidaban la mansin; que cuidaban a su padre y que la cuidaban a ella.
Pero cuando su padre se fij en lo bonita que haba crecido, decidi apartar a esos gorilas de ella y asignarle una mujer.
Y esa fue Nyssa, quien llevaba con ellos apenas tres meses.
Tres meses en los que Mia haba cruzado pocas palabras con ella, y aun nisiquiera saba su edad, cuando solamente al primer mes, saba hasta qu nmero calzaba Sven.
Mia termin por vestirse con un chndal, que echaba por tierra la elegancia que aquella familia posea, pero es que estar por casa con esos estpidos vestidos que su padre a veces le compraba para compensar su ausencia, eran horrorosos.
Despus de hacer la tarea en absoluto silencio, se encontr con el problema de su examen, el cual decidi postergar para un poco despus.
Primero quera comer algo y ver si Sven poda ayudarla.
Nada ms salir de su habitacin, una sombra se cerni sobre ella, provocndole un sobresalto.
- Adnde va, seorita?
Mia se dio la vuelta y vio a Nyssa, quien no se haba despojado aun de esa ropa oscura.
- Slo a la cocina, no hace falta que me acompaes, en esta casa hay demasiada vigilancia...
- Es mi trabajo - argument sin ms ella, y Mia suspir interiormente.
Tendra que acostumbrarse a eso por el resto de su vida, o ms!
Al entrar en la cocina el delicioso olor inundaba la estancia, abrindole aun ms el apetito. Clara, la cocinera latina de la casa, deba de haber vuelto a hacer uno de sus ricos guisos para la cena.
- Pequea Mia - salud la mujer con una clida sonrisa, al ver a la chica entrando al lugar, y despus vio a su acompaante, a la que dedic un ligero inclino de cabeza - Cenar?
- No lo tena pensando, pero ahora que puedo oler esta delicia, s! - asinti ella, apoyndose en la encima, mirando una cesta de frutas que estaba llena, y de la cual decidi que uno de esos melocotones sera su postre.
Como siempre, cen en la cocina. El comedor era algo que nunca utilizaba, excepto cuando su padre estaba en casa, y siempre se senta incmoda en l.
La mesa estaba situada al lado de una preciosa pared de cristal en forma de arco, desde la cual se poda vislumbrar el exquisito jardn y a varios hombres de negro repartidos a lo largo.
Clara le sirvi la comida con su acostumbrada sonrisa y se par a ver a la mujer que se haba apoyado en una pared, con los brazos cruzados y la mirada seria puesta en los mismos cristales en donde Mia tena los suyos.
- Seorita Nyssa, cenar tambin? - era una pregunta en vano, puesto que durante tres meses haba venido repitiendo la misma respuesta, pero aun as tena que intentarlo.
Nyssa solamente neg con la cabeza, sin tan siquiera hablar.
- Clara, y Sven? Tengo algo que hablar con l.
Adems de llamar la atencin de Clara, tambin llam la de la otra mujer.
- Mi nia, me temo que ser imposible, tu padre lo reclam para acompaarlo a uno de sus viajes, seguramente est de regreso para el fin de semana - inform la mujer con un claro acento latino, a pesar de que se intentaba desenvolverse en el ingls lo mejor que poda.
- Qu? …l era mi ltima esperanza! Me temo que suspender... - Mia dej caer sus hombros y se levant para coger el melocotn con desgana.
Camin a su habitacin con esos pasos acompandola, como siempre y ambas se separaron justo cuando la adolescente se meti a su cuarto.
Nyssa posea uno justo a su vera, por su seguridad.
Mia se dej caer en la cama boca arriba y dio un mordisco a su fruta. Deba de intentarlo por ella misma... as que con energas se sent delante de su escritorio y se dispuso a estudiar esas frmulas que la llevaban de cabeza.
Aunque dos horas despus decidi que era imposible y se distrajo mirando la pared.
- Quiz Nyssa sepa...
Mirando la hora, un poco tarde ya, y con algo de reparo cogi el cuaderno para salir de su habitacin con sigilo y llamar a la puerta despus.
- Quin es? - la voz sin sentimiento alguno respondi, y ella se puso tensa sin saber por qu.
- Mia...
La puerta de madera blanca se abri al instante, dejando a la muchacha algo petrificada, puesto que no se esperaba que la recibiese justo as.
- Ocurre algo, seorita?
Pero Mia no poda articular una palabra, perdida en esa piel bronceada que reluca bajo una pequea luz.
- Seorita?
Por fin, Mia pareci reaccionar, y la mir con un ligero rubor en las mejillas.
- Perdona por irrumpir a estas horas, pero... sabes algo de frmulas matemticas? Tena la esperanza de que Sven estuviera y pudiera ayudarme, pero no est, y maana tengo un examen importante...
Nyssa no dijo nada y simplemente le cogi el cuaderno con decisin y reley por encima. Mientras ese reconocimiento a las frmulas, Mia haca otro.
Nyssa estaba vestida nada ms que por una toalla blanca, que resaltaba ese moreno en su piel, y algunas gotitas de agua aun resbalaban por ella, logrando agitarle el corazn.
Pero eso era algo que no entenda.
Nyssa termin por asentir y le dej que entrara a la sencilla habitacin, que no contaba con ningn objeto personal. Solamente pareca como si estuviera de paso.
Le indic que se sentara mientras terminaba por cambiarse, y en esos minutos que tard se sinti algo incmoda.
Era la primera vez que estaba all, y que intercambiara ms de una palabra con ella, en tres meses.
Al poco sali vertida en un chndal blanco y rojo que le haba podido ver algunas veces, mientras entrenaba en el jardn, peleando contra uno de los guardaespaldas que la haba retado con una tpica frase machista.
Esa vez gan ella, y ech el orgullo del hombre por los suelos.
Mia le explic las dudas e increblemente Nyssa logr explicrselas con tal facilidad que pudo hacer ella misma los ejercicios.
- No saba que se te dieran tan bien las matemticas - coment Mia, mientras cerraba el cuaderno y se levantaba para marchar a su habitacin - Si vuelvo a tener problemas podrs ayudarme?
Ella asinti sin ninguna emocin y abri la puerta saliendo, asegurndose de que Mia entrara en la suya.
- Buenas noche, seorita.
- Buenas noches, Nyssa...
Mia se acost comprendiendo la atraccin de sus compaeros y la admiracin de sus compaeras hacia ella.
Nyssa era una mujer muy bella, a pesar de parecer siempre triste. No, a pesar de estar siempre seria, puesto que nunca le haba visto sonrer.
Nunca haba visto ningn gesto en ella.
Y quera verlo... quera saber ms de ella...

* * *

En alguna ocasin Mia haba querido entrar al despacho de su padre y fisgar en su ordenador personal.
Una de las ventajas de que no estuviera nunca en la casa era que poda cotillear en cada rincn y encontrar cosas interesante, como la contrasea de ese ordenador.
Con suerte en l estara el expediente personal de Nyssa.Y es que esa mujer, a lo largo de las semanas desde aquel da en que descubri su agilidad en las matemticas, se haba vuelto una completa obsesin.
En una de las veces Mia consigui deslizarse hasta el despacho, pero en el ordenador estaban los expedientes de cada hombre de la casa, incluso el de Sven, pero no estaba el de ella.
Cosa que le extraaba y le entristeca un poco.
Haba intentando hacerle preguntas personales a la mujer, pero es que nunca le responda; siempre le dejaba las preguntas en el aire y se limitaba a vigilar y a caminara hacia delante.
- Mia!
La chica se encogi de hombros y cerr los ojos. Acababan de pillarle con las manos en el teclado del ordenador.
Algo malo.
- Se puede saber qu haces?
La muchacha abri un ojo y mir al hombre, dueo de la voz.
Gracias a dios era Sven.
- Menos mal que eres t!
- S, menos mal que soy yo - replic el hombre rubio, con acento alemn - Si fuera otro estara reportndose a tu padre inmediatamente, qu ests mirando?
Mia apag el ordenador y camin hacia la puerta saliendo al pasillo.
- Si te digo no te reirs, verdad?
El imponente hombre pareci pensarlo y despus sonri, haciendo que la chica pudiera confiar en l, como siempre.
- Buscaba informacin sobre Nyssa.
- Nyssa? - repiti l, anonadado - Por qu? No te fas de ella?
Mia neg.
- Cuatro meses aqu y slo s su nombre y que sabe matemticas.
El hombre suspir e hizo un alto para asomarse a la ventana y ver a la mujer de la que estaban hablando, dndole golpes a un saco de boxeo colgado de la rama de un rbol.
- Ya sabes ms que todos nosotros.
- De verdad que nadie sabe nada? No entiendo el por qu de tanto misterio a su alrededor.
Sven pareci pensar lo mismo.
- Si la contrat su padre, es de fiar, sabes que l nunca se equivoca al escoger a su gente, y ms si es para cuidarte.
- S, pero, cuidarme de qu?
Sven no respondi. Eso era algo que no poda revelar, ni aunque Mia hubiera alcanzado la edad de 18 aos.
A pesar de que l se haba ofrecido a ser el guardaespaldas de la muchacha, puesto que haban tramado algo as como una amistad, el padre se opuso. No se fiaba de que ningn hombre estuviera lo ms cerca de su hija, y es que era comprensible.
Mia, a pesar de conservar una altura pequea, era una muchacha muy bella. Conservaba ese bonito castao ondulado, heredado de su padre, y los preciosos ojos azules cristalinos, heredados de su madre.
De la mujer tambin haba heredado esa piel blanquecina, y la haca tan frgil como a la porcelana, provocando el efecto en todo el mundo de querer protegerla, incluso de querer dar la vida por ella.
Pero ella no pareca darse cuenta de eso. Estando tan sobreprotegida, Sven aun pensaba que era una chica inocente que no saba anda de la vida; alegre y despreocupada que le afectaba un simple examen de matemticas.
- Est bien, no tienes por qu responder - acept Mia - Vamos a jugar un partido de tenis, me aburro.
- No se me da bien el tenis, siempre pierdo.
- Claro, por eso mismo, yo nunca gano si juego contra otra persona - confes la chica y despus ri ante el ceo fruncido de su amigo.
Pocos minutos despus, Nyssa haba regresado a ocupar su puesto despus de su pequeo entrenamiento.
Despus del intento fracasado de hacerse con informacin, Mia no dejaba de cavilar en sus pensamientos sobre el pasado o el presente que pudiera vivir su "niera".
En algunos momentos haba comenzado a dudar de que Nyssa fuera su verdadero nombre, pero no poda entender porqu ella era todo un secreto, y era tan distante.
- Ocurre algo?
Mia sali de su ensimismamiento y movi las manos rpidamente al momento que se sonrojaba.
- No, no, nada... - respondi inmediatamente.
Habrsele quedado mirando de forma tan fija no haba sido buena idea.
Pero es que no entenda qu le estaba ocurriendo.
A cada da que pasaba y que la observaba ms, descubra un pequeo gesto nuevo, insignificante cuando solamente veas su seriedad, pero importante cuando no dejabas de admirarla.
A veces esos pequeos hilos que escapaban de la goma, los retena detrs de sus orejas, o simplemente los echaba a un lado, pero de alguna manera siempre acababan de nuevo en la posicin original.
Siempre llevaba el ltimo botn de la chaqueta desabrochado y usaba ropa tan justa que no poda entender donde esconda la pistola.
Observarla se haba convertido en un hbito... y un da en que pudo ver ese precioso cabello suelto, ondeando al aire... sinti su corazn latir ms aprisa que nunca.
Y no lo entenda.
Sven ms de una vez haba podido presenciar la forma en que la duea de la casa miraba a su cuidadora; sonrea de forma escueta ante eso y segua su camino sin molestar.
Por eso, Mia quera saberlo todo.
Tanto quera que cuando su padre estuvo en la casa un da y llam llamar a Nyssa, ella se col en la habitacin con la clara intencin de registrar cada cajn y cada rincn que hubiera en esa habitacin.
- Cmo encontrar algo si est prcticamente desierta? - la muchacha se entristeci por eso, y primero busc en los cajones de la mesita de noche.
Pocas cosas la verdad: un reloj de pulsera plateado, varias cajas de clinex (para qu tanto papel?), una pequea cajita de chicles de menta (le gustaba la menta!), una caja de cerillas y nada ms.
Tras suspirar, volvi sus pasos hacia el armario y tras abrir las puertas mir sus ropas.
All estaba ese chndal, varios pantalones blancos y rojos, y chaquetas y camisetas del mismo color, separados de las perchas en donde lucan sus trajes oscuros.
Vaya, tambin aparte de gustarle el color oscuro, le gustaban los blancos y rojos y la ropa cmoda.
Algo era algo, ya que no haba mucho ms... Oh, s que lo haba.
Una maleta pequea negra descansaba al fondo del armario, oculta entre tanta ropa.
Mia sonri y atrap el tirado. Cuando iba a poder abrirla... not que algo fino se haba posado en su sien.
Sin remedio se ech a temblar, entornando los ojos hacia quien estuviera all.
Se estremeci aun ms cuando pudo ver esa mirada felina de la duea de la habitacin y slo pudo tartamudear una disculpa, y no poda dejar de mirar el can de la pistola que descansaba en su frente.
- Busques lo que busques, aqu no lo vas a encontrar - dijo ella, con una voz fra y dura.
Mia segua sin poder moverse del sitio, ligeramente impresionada por ese arma.
De cerca pareca mucho ms grande...
- Qu hacas aqu? - Nyssa haba perdido toda educacin para pasar a tutearla.
- Yo es que... - Mia baj un poco la mirada -... siempre eres tan distante que... que quera saber un poco ms de ti...
Eso pareci sorprender a Nyssa, quien enarc una ceja guardando su arma y se cruz de brazos.
- Por qu? - quiso saber al instante.
Qu por qu?
Ni siquiera ella entenda esa admiracin que haba criado y que haba crecido de manera incontrolable hacia ella.
- Ya van cuatro meses - indic Mia - Me sigues a todos lados y ni siquiera s tu apellido. Ya s que slo eres mi guardaespaldas, pero me gustara al menos conocerte un poco.
- Es innecesario, eso no ayudar a que salve la vida cuando sea necesario.
Mia frunci el ceo, esa mujer comenzaba a sacarle de quicio.
- Salvarme la vida de qu, eh? - espet Mia - En 18 aos aun no me ha ocurrido nada.
- Exacto - contrarrest Nyssa -, porque siempre ha habido gente protegindote, Mia. En vez de rebuscar en mis cosas y querer saber ms de m, deberas de preguntarte porqu tanta seguridad a tu alrededor. Ya no eres una nia, as que deja de comportarte como una.
Mia se sinti dolida. No haba hecho nada tan grave como para merecerse tal regao, verdad? Parece que hubiera cometido el peor pecado de todos al querer conocerla un poco mejor.
Al querer ser su amiga.
Mia cerr los ojos con fuerza para abrirlos con ms fuerza aun y mirarla con furia. De la misma forma camin hacia delante, apartndola de su camino para salir de su habitacin e internarse en la suya con fuerte portazo, que atrajo la atencin de tres matones que estaban cerca.
Nyssa les hizo una seal de que no ocurra nada y los hombres se retiraron.
La mujer entr a su habitacin y se sent en una solitaria silla que haba en uno de los rincones y cruz una pierna, mientras sacaba su arma de la funda y comenzaba a desmontarla con cierta agilidad.
Entre pieza y pieza, rara vez se pudo escuchar un suspiro.

* * *

Varios das despus todo segua igual.
Nada haba cambiado entre ellas; aun exista ese muro que Nyssa se empeaba en levantar entre las dos,
La noche anterior, Mia haba soltado rayos y maldiciones de la mujer que la cuidaba, mientras Sven coma una manzana en la cocina.
- Es insoportable! - haba gritado Mia - Por qu no puedo despedirla? Seguro que mi padre encontrara otra mujer que me cuidara, en vez de esa... esa... marimacho hecha de hielo.
Pero Sven solamente haba redo a sus comentarios y comido la manzana despreocupado.
- Se puede saber porqu te res tanto? As no me ests ayudando.
- Es que produce risa, Mia - revel Sven - Tratas de ocultar tu admiracin por ella en un berrinche, creo que en los aos que llevo sirviendo en la casa, nunca haba presenciado nada igual.
- Nunca me he dado de cara con alguien como ella!
- Y por eso te gusta.
Mia haba abierto la boca para contestar algo, pero no sali palabra alguna y el rubor ligero de sus mejillas haba respondido por ella.
Y ahora estaba en el coche, en el asiento trasero, de camino a la escuela, teniendo por conductora al mono de las nieves.
Mia la observ de reojo y sinti las mejillas caliente.
Rpidamente volvi la mirada a las calles aun ms fastidiada.
Cmo iba a gustarle una mujer?
No le gustaba, claro que no!
El coche se detuvo justo a la entrada y Mia baj. De fondo escuch la voz de la mujer que la haba llevado hasta all, pero no quera escucharla.
No en ese momento.
Pero lo que s escuch fue los gritos horrorizados de los compaeros, que como ella, llegaban al instituto.
Mia sinti un gran peso que la tir al suelo y al girar los ojos se encontr con que Nyssa la estaba abrazando, all, tiradas en el suelo.
Un momento... por qu sacaba su arma?
No la estaba abrazando... la estaba protegiendo!
Nyssa con gran rapidez levant a Mia del suelo y con rudeza la tir dentro del coche, el cual adems de lujoso era antibalas.
Porque estaban disparando.
Mia se agazap en un rincn del coche temblando, mientras escuchaba los disparos. En una ocasin levant la mirada por el cristal de la ventana y pudo ver a Nyssa, con el arma entre las manos, refugiada tras un lateral del coche, disparando hacia algn lado.
Ni siquiera en esos momentos perda su temple.
A lo lejos pudo escuchar el grito de un hombre, y a Nyssa descubrindose para avanzar hacia la acera de enfrente.
El hombre que haba estado disparando se encontraba tirado en el suelo. Nyssa se acercaba empuando la pistola hacia l, por si haca algn movimiento, pero al acercarse vio que ya no se movera aunque quisiera. Una de sus balas haba sido certera y se haba incrustado en su frente.
La mujer se agach para guardarse la pistola ajena, para sacar un telfono mvil de su chaqueta y hacer una llamada. Cuando colg se encarg de registrar el cadver, a pesar de las personas que estaban mirando expectantes y curiosas.
Sustrajo de uno de los bolsillos una cartera con dinero y una tarjeta de un club, que mir por ambos lados.
No haba ms pistas de quien fuera ese hombre o quien le hubiera contratado.
Nyssa se levant y se acerc hasta el coche, sentndose en la parte trasera, junto a Mia.
- No ests herida, no?
Sin esperar la respuesta de la atemorizada muchacha, la despeg de la pared del coche y la revis ella misma. Nyssa poda notar como su cuerpo estaba fro, seguramente por el impacto de recibir la realidad de que la queran muerta.
- No tienes nada... pero...
Nyssa la abofete con fuerza, provocando que el rostro de la chica se quedara de medio lado, cubierto por el cabello y sin apenas moverse.
- Cuando te hable tienes que hacerme caso!! - grit Nyssa, ms enfurecida que nunca - O es que acaso quieres morir?! Yo al menos no tengo ningunas ganas de hacerlo y ms si es por tu desobediencia!
Hubo un poco de silencio tras esas duras palabras, que fue roto por el llanto de Mia.
Por qu ella? No lo entenda, no poda entenderlo.
Por culpa de su tozudez, haba estado apunto de morir. Es ms, tambin poda haber sido la culpable de que ella muriese...
Mia levant la mirada llena de lgrimas, que hacan que sus ojos azules brillaran, observando como Nyssa estaba furiosa.
No... no quera que muriera; no quera que se fuera de su lado; que dejara de protegerla.
Sin nimo de recibir algn abrazo, se abalanz hacia la mujer, atrapando entre sus dedos la chaqueta oscura y escondiendo la cara en su pecho, sigui llorando sin poder controlarse.
Nyssa la observ mordindose el labio inferior.
No le gustaba, pero rode los hombros femeninos, estrechndolos con un poquito de fuerza.
No quera ser cruel, pero era necesario.

Fin 01

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