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Error mágico por lizergchan

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Notas del capitulo:

 

 

Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, sino a su autor Hidekaz Himaruya-sama, este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.

Parejas: RusiaxMexico, FranxUk, PruxAus, EspxRoma, UkxFran, y HarryxDraco insinuación de AmexMex y SnapexUk

Aclaraciones y Advertencia: Este fic contiene YAOI, humor, Lemon, fantasía y lo que se me vaya ocurriendo, kesesesese.

 

 

 

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

 

 

 

Error mágico

 

 

Capítulo 30.- Eliutilistli, Nemautilistli

 

 

 

 

 

México se encontraba en la biblioteca, muy concentrado en el libro que por casualidad descubrió en la sección prohibida.

 

—¿Pociones para la fertilidad? —dijo Hermione al leer el título. Miró a José y enmarcó una ceja. —¿Y ahora qué estas planeando?

 

México se encogió de hombros; lucía deprimido, algo muy raro en el siempre alegre latino.

 

—Lo vi de casualidad cuando buscaba un libro de pociones.

 

Hermione entrecerró los ojos, evidentemente no le creía; José suspiró mientras apoyaba la barbilla en su mano derecha.

 

—Tienen tanta suerte… —dijo México después de un momento de silencio. Fijó su vista en un punto indeterminado; su mirada, una mezcla de tristeza y añoranza. —Ustedes pueden tener padres, hermanos… hijos —sonrió con tristeza.

—¿De qué estás hablando? Tú tienes padres, hermanos. Antonio y Romano, incluso la profesora Pérez y los otros latinos.

—No es lo mismo. España llegó a mi casa… y mató a todos los que se le opusieron y se apoderó de mis hermanos y de mí —cerró los ojos para reprimir las enormes ganas que tenía de llorar. —Azteca y Maya, quienes me criaron antes de Antonio, tampoco son mis padres. No nací de ellos.

 

A Hermione le entró la curiosidad, quería saber cómo eran engendrados los países pero por primera vez en su vida tenía miedo de preguntar.

 

—Los países no nacemos de otras naciones… ni siquiera pasamos por la primera etapa de la vida: ser bebés —José escondió la cabeza entre sus brazos —, nosotros aparecemos y ya; crecemos solos o bajo la tutela de algún otro país que nos vuelve su colonia… —ya no quiso continuar, pues los recuerdos dolorosos de su infancia aún lo atormentaban.

 

Hermione se acercó al mexicano, posó una mano en su hombro tratando reconfortarlo; era tan extraño ver a México en ese estado tan frágil. Por otro lado, José no pudo evitar preguntarse cómo se sentiría que una nueva vida se formara dentro de él o de Iván, ¡por los dioses!, daría cualquier cosa por poder experimentarlo, pero no se atrevía a realizar ninguna de las pociones; físicamente ellos eran humanos, pero en realidad no lo eran y no sabía qué efecto tendría sobre sus cuerpos o sus casas.

 

—Vamos, tengo hambre y no quiero preocupar a Iván y a los demás si no llegamos al Gran Comedor antes de que se termine todo —dijo México recuperando su ánimo de siempre. Hermane asintió con la cabeza, aunque algo en su interior le dijo que el moreno estaba actuando.

 

 

 

 

Después del descanso, Slytherin y Gryffindor  se dirigieron al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras. El profesor no llegaba. Todos se sentaron, sacaron los libros, las plumas y los pergaminos, y estaban hablando cuando por fin llegó. Lupin sonrió vagamente y puso su desvencijado maletín en la mesa. Estaba tan desaliñado como siempre, pero parecía más sano que en el tren, como si hubiera tomado unas cuantas comidas abundantes.

 

—Buenas tardes —dijo—. ¿Podrían, por favor; meter los libros en la mochila? La lección de hoy será práctica. Sólo necesitaran las varitas mágicas.

 

La clase intercambió miradas de curiosidad mientras recogía los libros. Nunca habían tenido una clase práctica de Defensa Contra las Artes Oscuras, a menos que se contara la memorable clase del año anterior, en que el antiguo profesor había llevado una jaula con duendecillos y el chaneque de México los dejara libres en clase.

 

— Bien — dijo el profesor Lupin cuando todo el mundo estuvo listo—. Si tienen la amabilidad de seguirme...

 

Desconcertados pero con interés, los alumnos se pusieron en pie y salieron del aula. Lupin los condujo a lo largo del desierto corredor. Doblaron una esquina. Al primero que vieron fue a Peeves el poltergeist, que flotaba boca abajo en medio del aire y tapaba con chicle el ojo de una cerradura. Peeves no levantó la mirada hasta que el profesor estuvo a medio metro. Entonces sacudió los pies de dedos retorcidos y se puso a cantar una monótona canción:

 

— Locatis lunático Lupin, locatis lunático Lupin, locatis lunático Lupin...

 

Aunque casi siempre era desobediente y maleducado, Peeves solía tener algún respeto por los profesores. Todos miraron de inmediato a Lupin para ver cómo se lo tomaría. Ante su sorpresa, el mencionado seguía sonriendo.

 

— Yo en tu lugar quitaría ese chicle de la cerradura, Peeves — dijo amablemente—. El señor Filch no podrá entrar a por sus escobas.

 

 

Pero el espíritu no prestó atención al profesor, salvo para soltarle una sonora pedorreta. Lupin suspiró y sacó la varita mágica.

 

— Es un hechizo útil y sencillo — dijo a la clase, volviendo la cabeza—. Por favor; estén atentos.

 

Alzó la varita a la altura del hombro, dijo ¡Waddiwasi! y apuntó al poltergeist. Con la fuerza de una bala, el chicle salió disparado del agujero de la cerradura y fue a taponar la fosa nasal izquierda de Peeves; éste ascendió dando vueltas como en un remolino y se alejó como un bólido, zumbando y echando maldiciones.

 

—¡Wonderful! — dijo Alfred, asombrado y contento de que poltergeist tuviera su merecido. Desde ese momento, Estados Unidos tuvo un nuevo héroe.

—Gracias, Jones— respondió el profesor, guardando la varita—. ¿Continuamos?

 

Se pusieron otra vez en marcha, mirando al desaliñado Lupin con creciente respeto. Los condujo por otro corredor y se detuvo en la puerta de la sala de maestros.

 

— Entren, por favor — dijo el Lupin abriendo la puerta y cediendo el paso. En la sala de profesores, una estancia larga, con paneles de madera en las paredes y llena de sillas viejas y dispares, no había nadie salvo una persona. Snape estaba sentado en un sofá bajo y observó a la clase mientras ésta penetraba en la sala. Los ojos le brillaban y en la boca tenía una sonrisa desagradable. Cuando el profesor Lupin entró y cerró la puerta tras él, dijo Snape:

 

— Déjela abierta, Lupin. Prefiero no ser testigo de esto. —Se puso de pie y pasó entre los alumnos. Su toga negra ondeaba a su espalda. Ya en la puerta, giró sobre sus talones y dijo—: Posiblemente no le haya avisado nadie, Lupin, pero Neville Longbottom está aquí. Yo le aconsejaría no confiarle nada difícil.

 

Neville se puso colorado. Harry echó a Snape una mirada fulminante; ya era desagradable que se metiera con Neville en clase, y no digamos delante de otros profesores.

 

Lupin había alzado las cejas.

 

—Tenía la intención de que Neville me ayudara en la primera fase de la operación, y estoy seguro de que lo hará muy bien.

 

El rostro de Neville se puso aún más colorado. Snape torció el gesto, pero salió de la sala dando un portazo.

 

— Ahora — dijo el profesor Lupin llamando la atención del fondo de la clase, donde no había más que un viejo armario en el que los profesores guardaban las togas y túnicas de repuesto. Cuando se acercó, el armario tembló de repente, golpeando la pared. —No hay por qué preocuparse — les aseguró con tranquilidad al momento que algunos de los alumnos se echaron hacia atrás, alarmados —. Hay un boggart ahí dentro.

 

Casi todos pensaban que un boggart era algo preocupante. Alfred dirigió al profesor Lupin una mirada de terror y Yao  vio con aprensión moverse el pomo de la puerta.

 

—A los boggarts les gustan los lugares oscuros y cerrados — prosiguió Lupin—: los roperos, los huecos debajo de las camas, el armario de debajo del fregadero... En una ocasión vi a uno que se había metido en un reloj de pared. Éste apareció ayer por la tarde, y le pregunté al director si se le podía dejar donde estaba, para utilizarlo hoy en una clase de prácticas. La primera pregunta que debemos contestar es: ¿qué es un boggart?

 

Hermione, Yao y Kiku levantaron la mano.

 

 

— Es un ser que cambia de forma — dijo Hermione adelantándose a los dos países —. Puede tomar la forma de aquello que más miedo nos da.

— Yo no lo podría haber explicado mejor. Cinco puntos para Gryffindor — admitió el profesor Lupin, y Hermione se puso radiante de felicidad—. El boggart que está ahí dentro, sumido en la oscuridad, aún no ha adoptado una forma. Todavía no sabe qué es lo que más miedo le da a la persona del otro lado. Nadie sabe qué forma tiene un boggart cuando está solo, pero cuando lo dejemos salir; se convertirá de inmediato en lo que más temamos. Esto significa — prosiguió el profesor Lupin —que ya antes de empezar tenemos una enorme ventaja sobre el boggart. ¿Sabes por qué, Sr. Honda?

 

Era difícil responder a una pregunta con Hermione al lado, que no dejaba de ponerse de puntillas, con la mano levantada. Pero él era un hombre japonés y como tal no podía sucumbir ante las distracciones

 

—¡Hai! Porque somos muchos y no sabe por qué forma decidirse, sensei.

— Exacto — dijo el profesor Lupin. Y Hermione bajó la mano algo decepcionada—. Siempre es mejor estar acompañado cuando uno se enfrenta a un boggart, porque se despista. ¿En qué se debería convertir; en un cadáver decapitado o en una babosa carnívora? El hechizo para vencer a un boggart es sencillo, pero requiere fuerza mental. Lo que sirve para vencer a un boggart es la risa. Lo que tenéis que hacer es obligarle a que adopte una forma que vosotros encontréis cómica. Practicaremos el hechizo primero sin la varita. Repitan conmigo: ¡Riddíkulo!

¡Riddíkulo! — dijeron todos a la vez.

— Bien — dijo el profesor Lupin—. Muy bien. Pero me temo que esto es lo más fácil. Como ven, la palabra sola no basta. Y aquí es donde entras tú, Neville.

 

El armario volvió a temblar. Aunque no tanto como Neville, que avanzaba como si se dirigiera a la horca.

 

— Bien, Neville — prosiguió el profesor Lupin—. Empecemos por el principio: ¿qué es lo que más te asusta en el mundo? —el joven movió los labios, pero no dijo nada—. Perdona, pero no he entendido lo que has dicho — dijo el profesor Lupin, sin enfadarse.

 

Neville miró a su alrededor; con ojos despavoridos, como implorando ayuda.

Luego dijo en un susurro:

 

— El profesor Snape.

 

Casi todos se rieron. Incluso Neville se sonrió a modo de disculpa. El profesor Lupin, sin embargo, parecía pensativo.

 

— El profesor Snape... mm... Neville, creo que vives con tu abuela, ¿es verdad?

— Sí — respondió Neville, nervioso—. Pero no quisiera tampoco que el boggart se convirtiera en ella.

— No, no. No me has comprendido — dijo el profesor Lupin, sonriendo—. Lo que quiero saber es si podrías explicarnos cómo va vestida tu abuela normalmente.

 

Neville estaba asustado, pero dijo:

 

— Bueno, lleva siempre el mismo sombrero: alto, con un buitre disecado encima; y un vestido largo... normalmente verde; y a veces, una bufanda de piel de zorro.

—¿Y bolso? — le ayudó el profesor Lupin.

— Sí, un bolso grande y rojo.

— Bueno, entonces — dijo el profesor Lupin—, ¿puedes recordar claramente ese atuendo? ¿Eres capaz de verlo mentalmente?

— Sí — respondió Neville, con inseguridad, preguntándose qué pasaría a continuación.

— Cuando el boggart salga de repente de este armario y te vea, Neville, adoptará la forma del profesor Snape — dijo Lupin—. Entonces alzarás la varita, así, y dirás en voz alta: ¡Riddíkulo!, concentrándote en el atuendo de tu abuela. Si todo va bien, el boggart Snape tendrá que ponerse el sombrero, el vestido verde y el bolso grande y rojo.

 

Hubo una carcajada general. El armario tembló más violentamente.

 

— Si a Neville le sale bien — añadió el profesor Lupin—, es probable que el boggart vuelva su atención hacia cada uno de nosotros, por turno. Quiero que ahora todos dediquen un momento a pensar en lo que más miedo les da y en cómo podrían convertirlo en algo cómico...

 

Todos se concentraron en sus más grandes miedos, incluso las naciones que tenían los ojos cerrados, murmurando cosas en sus idiomas maternos.

 

— ¿Todos preparados? — preguntó el profesor Lupin.

 

Harry se horrorizó. Él no estaba preparado. Pero no quiso pedir más tiempo. Todos los demás asentían con la cabeza y se arremangaban.

 

— Nos vamos a echar todos hacia atrás, Neville — dijo el profesor Lupin—, para dejarte el campo despejado. ¿De acuerdo? Después de ti llamaré al siguiente, para que pase hacia delante... Ahora todos hacia atrás, así Neville podrá tener sitio para enfrentarse a él.

 

Todos se retiraron, arrimándose a las paredes, y dejaron a Neville solo, frente al armario. Estaba pálido y asustado, pero se había arremangado la túnica y tenía la varita preparada.

— A la de tres, Neville — dijo el profesor Lupin, que apuntaba con la varita al pomo de la puerta del armario—. A la una... a las dos... a las tres... ¡ya!

 

Un haz de chispas salió de la varita de Lupin y dio en el pomo de la puerta. El armario se abrió de golpe y el profesor Snape salió de él, con su nariz ganchuda y gesto amenazador. Fulminó a Neville con la mirada. El joven se echó hacia atrás, con la varita en alto, moviendo la boca sin pronunciar palabra. Snape se le acercaba, ya estaba a punto de cogerlo por la túnica...

 

¡Ri... Riddíkulo! — dijo Neville. Se oyó un chasquido como de látigo. Snape tropezó: llevaba un vestido largo ribeteado de encaje y un sombrero alto rematado por un buitre apolillado. De su mano pendía un enorme bolso rojo.

 

Hubo una carcajada general. El boggart se detuvo, confuso, y el profesor Lupin gritó:

 

— ¡Bonnefoy! ¡Adelante!

 

Francia avanzó, con el rostro tenso. Snape se volvió hacia él. Se oyó otro chasquido y en el lugar en que había estado el profesor de posiciones apareció Inglaterra con un gran plato de sus famosos scones; el país del amor retrocedió un paso, temblaba de miedo y su cara se había puesto azul.

 

—Que miedo —dijo Dinamarca compartiendo la expresión de Francia. Japón, China, Prusia y hasta Alemania concordaron con Magnus.

 

Francis tomó su varita, dio un largo suspiro antes de prepararse para lanzar el hechizo.

 

¡Riddíkulo! — gritó Francia.

 

Al instante, el atuendo de Arthur desapareció, quedando casi desnudo, de no ser por un mini mandil oscuro que cubría sus partes nobles, en su cabeza tenía unas largas orejas de conejo rosadas.

 

Los alumnos lanzaron una exclamación y algunos se cubrieron los ojos, sonrojados por la visión de Inglaterra en un atuendo tan… vergonzoso.

 

—Eh… bueno…. ¡Wang! — gritó el profesor Lupin.

 

Yao pasó junto a Francia para tomar su lugar.

 

¡Crac! Donde había estado Inglaterra se encontraba ahora Rusia de forma adulta, con esa sonrisa infantil que causaba tanto miedo en cualquiera (que no fueran sus hermanas y México).

 

—¡Aiya! —exclamó China. El ruso se acercaba a Yao murmurando que sería uno con él.

 

Los alumnos y el mismo profesor vio esto de manera extraña, ¿Por qué Yao le tenía tato miedo a ese hombre que parecía ser el padre o el hermano mayor de Iván?

 

Abrió la boca completamente y un sonido sobrenatural llenó la sala: un prolongado aullido que le puso a Harry los pelos de punta.

 

¡Riddíkulo! — gritó Yao.

 

 

¡Crac! El Rusia adulto se convirtió en un panta sobre un monociclo con tutu rosado.

 

— ¡Excelente! ¡Ron, te toca!

 

Ron se dirigió hacia delante.

 

¡Crac! Algunos gritaron. Una araña gigante, de dos metros de altura y cubierta de pelo, se dirigía hacia Ron chascando las pinzas amenazadoramente. Por un momento, Harry pensó que Ron se había quedado petrificado. Pero entonces...

 

¡Riddíkulo! — gritó Ron.

 

Las patas de la araña desaparecieron y el cuerpo empezó a rodar. Lavender Brown dio un grito y se apartó de su camino a toda prisa. El cuerpo de la araña fue a detenerse a los pies de Harry. Alzó la varita, pero...

 

— ¡Aquí! — gritó el profesor Lupin de pronto, avanzando rápido hacia la araña. ¡Crac!

La araña sin patas había desaparecido. Durante un segundo todos miraron a su alrededor con los ojos bien abiertos, buscándola. Entonces vieron una esfera de un blanco plateado que flotaba en el aire, delante de Lupin, que dijo ¡Riddíkulo! casi con desgana. La pelota se desinflo como un globo y fue a caer a los pies de México.

 

Esta vez, el boggart tomó la forma de un hombre alto de piel morena, su cuerpo era musculoso y su pose imponente; vestía un taparrabos y una capa que le cubría parte del cuerpo, sobre su cabeza estaba adornada con un gran penacho de plumas largas y coloridas; su mano derecha sostenía un escudo y la otra oculta. Poseía joyas de oro, jade y piedras preciosas que adornaban sus brazos y pecho.

 

—Tajtli —murmuró José. Sintió que la sangre se le congelaba. Azteca estaba comenzando a cubrirse de sangre, incluso salía como pequeñas cascadas de sus ojos, ahora de irises rubís.

 

El antiguo imperio pronuncio algunas palabras que sólo México comprendió. Azteca sacó su brazo oculto tras la capa, mostrando la cabeza cercenada de Rusia; volvió a hablar y José se dejó caer de rodillas, llorando y balbuceando en aquel extraño idioma.

 

Rápido. Iván se puso frente a su “suegro” y éste se transformó en una versión de Bielorrusia adulta, vestida de novia y con un aura oscura murmurando: cásate, cásate.

 

¡Riddíkulo! — gritó, y Natasha se convirtió en un girasol con un rostro gracioso, ocasionando que la clase estallara en risas y el boggart desapareciera.

 

— ¡Muy bien! —dijo el profesor Lupin mientras la clase prorrumpía en aplausos—. Muy bien, Braginski. Todos lo han hecho muy bien.

Sin embargo Rusia no le prestaba atención, estaba más preocupado por el estado de su novio, al igual que los demás países, ¿Por qué México había actuado así? José era de los pocos países que jamás demostraba miedo, al contrarío se había enfrentado a él como un verdadero guerrero; pero ahora… se veía tan… frágil y vulnerable.

 

—Muy bien todo el mundo. Ha sido todo por hoy. Hagan un resumen sobre la lección de los boggarty me lo entregan el lunes. Eso es todo.

 

Los alumnos abandonaron entusiasmados la sala de profesores. Harry y los países, sin embargo, se quedaron; México aún no se recuperaba. El profesor Lupin se acercó a ellos.

 

—¿Te encuentras bien? —le preguntó Lupin y México asintió con la cabeza; sus ojos estaba rojos como el fuego y lloraba.

—Nosotros nos encargaremos profesor, aru —dijo China preocupado.

—Estoy bien —aseguró José levantándose por sus propios medios, rechazando la ayuda de Rusia. —Necesito un poco de aire fresco.

—Iván irá con José —el latino asintió con la cabeza, sabiendo bien que no podía librarse de Rusia.

 

La pareja se dirigió a su lugar secreto, donde Fido, Tlilmi y los amigos de Inglaterra y Noruega se encontraban ocultos.

 

México se sentó en el desvencijado sofá, inmediatamente, Fido se acercó a su dueño, posando su cabeza en las piernas de éste; José le sonrió al perro y le acarició detrás de la oreja de forma distraída. Rusia los observaba en silencio, sabía bien que su novio no le diría nada hasta que le preguntara y aún así tendría que tener cuidado de no forzarlo o su pequeño amante de los chiles se cerraría completamente.

 

—Itzamma —el latino se tensó. Rusia nunca lo llamaba por su nombre verdadero, no, a menos que fuese algo serio. —¿Qué lo que te dijo? —México sentía la boca seca; la voz de Iván era masculina, gruesa, muy diferente a su tono infantil que usaba siempre.

—Que le he traicionado —dijo bajando la mirada. —Tiene razón… lo hice —José comenzó a derramar unas cuantas lágrimas hasta volverse llanto. Rusia lo abrazó inmediatamente; José ocultó su rostro en el amplio pecho de su pareja —Cuando España llegó a la casa de padre Azteca y me tomó como su colonia, yo… comencé a olvidarme de todo lo que él y madre Maya me enseñaron.

—Pero México ve a Azteca y a Maya los días de muerto y nunca le han reprochado nada. El boggart no es el padre de Itzamma, no es real, da.

 

José trató de responder, pero el llanto se lo estaba complicando. Sí, sabía que aquello que vio en clase de DCAO no era realmente su padre, pero lo que dijo sobre él e Iván… eso había sido lo que más le aterraba; no quería que los dioses se enojaran e hirieran a Rusia, eso jamás se lo perdonaría.

 

 

Continuará…

 
Notas finales:

 

 

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