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Error mágico por lizergchan

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Notas del capitulo:

New cap

Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, sino a su autor Hidekaz Himaruya-sama, este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.

Parejas: RusiaxMexico, FranxUk, PruxAus, EspxRoma, UkxFran, y HarryxDraco insinuación de AmexMex y SnapexUk

Aclaraciones y Advertencia: Este fic contiene YAOI, humor, Lemon, fantasía y lo que se me vaya ocurriendo, kesesesese.

Beta: Usarechan.

 

 

 

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Error mágico

 

 

Capítulo 8- Vida en Hogwarts

 

 

Suecia

 

 

Suecia estaba sentado en la sala común de Slytherin, completamente solo pues todos los alumnos temían acercársele. Leía un libro sobre magia antigua. Apartó la vista de su lectura cuando escuchó la puerta abrirse, era México quien tenía una sonrisa maliciosa en los labios.

 

José se sentó al lado de Su-san, tenía una expresión seria en el rostro, algo muy poco común en el mexicano quien prefería vivir relajado. Berwald lo contempló por un momento; ese joven país era de los pocos que no huían de él sin ninguna razón.

 

 

—Qué onda, Su-san, ¿Cómo te trata la vida? ¿Qué cuentas? —desde que llegaron a Hogwarts y compartían habitación, México lo había tomado como confidente. —¿Qué lees?

—Magia antigua —respondió serio. México le sonrió, de uno de sus bolsillos de la túnica sacó una pequeña bolsita de papel blanco y se la entregó. El sueco abrió la bolsa encontrando que eran Chokladboll.*

—Le pedí a Tlilmi que me las consiguiera, se que te gustan —dijo sonriendo.

—Gracias…

—P’a eso son los cuates —respondió dándole una palmadita en la espalda. José se puso serio ocasionando que el mayor lo mirara con más atención —. Tengo una pregunta muy importante que hacerte —de la túnica sacó tres hojas de papel, una decía “Patéame”, la otra “Soy un estúpido pervertido” y la tercera “Esquinera barata” y una flechita apuntando hacia abajo—¿Cuál es mejor?

 

Berwald señaló el primero, no estaba seguro quien era el pobre diablo que se había ganado “la venganza azteca”, como José le llamaba, sólo esperaba que Dios tuviese piedad de esa pobre alma.

 

Suecia x Finlandia

 

 

Era sábado por la mañana, los alumnos disfrutaban del fin de semana. Tino caminaba por los pasillos del colegio; tenía un pequeño papel que de vez en cuando releía la nota.

 

 

Nos vemos en el lago a las 5:00 pm

 

 

La misiva estaba escrita en sueco y con la elegante letra de Berwald. Finlandia sonrió para sí mismo, hacía días que no lo veía y lo cierto era que lo extrañaba. Un grito lo sobresaltó, al siguiente momento, vio correr a alguien de cabello de color rosa fosforescente; decidió no prestarle atención, faltaba poco para la hora en que Su-san lo había citado y no quería hacerlo esperar.

 

 

 

Mientras tanto, Berwald estaba dando los últimos detalles. Tenía una manta en el suelo con comida tradicional finlandesa y sueca que México le había conseguido de alguna forma que tal vez prefería no saber.

 

 

Tino llegó, Su-san acercó a él con un enorme ramo de narcisos. Finlandia no pudo evitar retroceder un paso, asustado; a pesar de tener tantos siglos de conocerse, aún  se sentí intimidado por el serio, atemorizante y hasta cierto punto, tosco Suecia.

 

—Gra-gracias, son hermosas —dijo sonriendo. Tino se sentó junto a Suecia sorprendiéndose de toda la comida típica de su casa y de Su-san, no pudo evitar preguntarse de donde la abría sacado.

—Te extrañe —le dijo Berwald antes de besarlo.

 

Finlandia respondió el beso de su esposo, lo amaba, ya no lo negaba. Después de un rato se separaron y Berwald le entregó una carta que Sealand había enviado en contestación a la que Suecia le había enviado vía lechuza.

 

 

Tino leyó la carta con entusiasmo, en ella, Petter decía que se encontraba bien y que él y Raivis se estaban divirtiendo, aunque los extrañaba mucho y deseaba que regresaran pronto.

 

—Extraño a Peter y a Hanatamago —comentó Tino melancólico, Berwald se acercó a él para atraerlo en un abrazo protector.

—Lo veremos en navidad —le aseguró antes de besarlo nuevamente.

 

 

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Italia del Norte y Sur

 

Era un lunes por la mañana, los estudiantes de Hufflepuff tendrían clases de Encantamientos junto con los de Ravenclaw, los Slytherin y Gryffindor estaban en clase de Defensa contra las artes prohibidas. Feliciano y Romano subían las escalaras junto con otros alumnos.

 

 

—Ve~ quiero pasta —se quejó Feliciano, la comida que servían en Hogwarts no era para nada sabrosa y debía conformarse con pastelillos y algo de té.

—Tsk, todo esto es culpa del idiota de Inglaterra, ¡maldición! —dijo Romano.

 

Ambos hermanos subían por las escaleras cuando estas decidieron cambiar.

 

—¡Chigi~! —gritó Romano —¡Idiota, ven a rescatarme!

—¡Haaaaaa! ¡Doitsu, Doitsu, ayúdame! —chilló Feliciano. Ambos hermanos lloriqueaban pues las escaleras no paraban de moverse.

 

 

Antonio despertó de golpe, seguro de haber escuchado a su querido Lovi, pero se volvió a dormir al poco tiempo, Alemania también creyó escuchar la voz de Feliciano llamándolo desesperado, pero tal vez era su imaginación.

 

 

 

Después de ser “rescatados” de las “infernales” escaleras. Romano refunfuñaba mientras que Feliciano lloriqueaba, Yaketerina y Lily trataban de consolarlo.

 

—Lovi, ¿Qué pasó? —le preguntó España quien iba a clase de Historia de la magia.

—¡Maldito bastardo! —le gritó Romano golpeándolo en el pecho —¡No viniste a rescatarme!

 

Antonio no comprendía lo que estaba sucediendo, pero ver a su amado con lágrimas en los ojos lo hizo sentir culpable.

 

—Lo siento —se disculpó abrazándolo para tratar de reconfortarlo.

—¡Amá! —exclamó México preocupado. Con el estaban el resto de los países que quedaron en Slytherin.

—¡Doitsu! —dijo Italia lanzándose al pecho del rubio donde lloró. Alemania lo reconfortó con paciencia.

—¿Qué les pasa? —preguntó Gilbert levantando una ceja.

 

Tino fue quien les contó lo sucedido. La mayoría suspiró pesadamente, ¡típico de esos dos!

 

—Ya, no chillen —dijo México antes de recibir un golpe por parte de su madre.

—¡Cállate, maldición! —José hizo un puchero y se cruzo de brazos  poniendo ojitos de perro regañado —Y quita esa cara o te castigo por un siglo.

—Bueno, bueno, pero no te enojes —dijo José. Romano le dedicó una mirada molesta, ése “hijo” suyo era demasiado parecido a su idiota padre.

 

Aurora Sinistra, profesora de Astronomía se acercó a ellos, preocupada de ver a tantos Slytherin cerca de Hufflepuff y Gryffindor. Ella se impresionó al ver a un Hufflepuff en brazos de una de las “serpientes” mientras que otro de ellos trataba de hacerlos sonreír.

 

—Jóvenes —los llamó Aurora sobresaltando a unos cuantos —. ¿Qué hacen aquí? Vayan a sus clases ahora mismo o les bajaré puntos.

 

Los alumnos asintieron y se retiraron sin pronunciar palabra, a esa hora, los Hufflepuff tendrían clases de Astronomía con los Slytherin.

 

 

 

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Por fin llegó el sábado y como todos los fines de semana, las naciones salían en grupos o en parejas a dar largos paseos alrededor del castillo pues no podían salir del colegio. Ese día, México había citado a su “madre” y a su “tía” en el gran comedor, horas después del desayuno pues les tenía una sorpresa.

 

 

—Mas te vale que no sea una de tus bromas, maldito mocoso —lo regañó Lovino mirando a su “hijo” con enojo.

—Madre, usted me ofende —dijo José fingiendo seriedad. —yo sólo quería darles algo por el susto que tuvieron hace unos días.

—Ve~ ¿Y que es nipote? —le preguntó Feliciano sonriéndole a su sobrino, éste le devolvió el gesto. México sacó de su mochila dos recipientes de tamaños considerables y le entrego uno a cada italiano.

—Le pedí a Tlilmi que la consiguiera —explicó José mientras ambos italianos abrían sus respectivos recipientes plásticos.

—¡Pasta! —exclamó Veneciano emocionado. El contenido estaba aún caliente y despedía un delicioso aroma —¡Grazie!

 

Veneciano abrazó al mexicano, besó su mejilla y se fue dando saltitos, seguramente iría a buscar a Alemania para comer con él. Romano se quedo solo con su hijo a quien miraba con los ojos entrecerrados.

 

—Escúpelo —le dijo Lovino, México lo miró sin entender o fingiendo que no lo hacía —. No te hagas el inocente conmigo, mocoso. He visto a varios países, principalmente a Rusia y Suecia con comida que no es la que dan en este espantoso lugar y sé que tú eres el responsable.

 

México se señaló a él mismo y dijo un “¿yooooo?”. Romano le dedicó una mirada molesta, de esas que solía lanzarle cuando la joven nación aun era una pequeña colonia y se portaba mal.

 

—Si vas a traficar con comida, hazlo bien, maldito mocoso —lo regañó Lovino.

—Yo no estoy traficando con comida —dijo cruzándose de brazos, indignado —, estoy haciendo favores que después cobraré cuando regresemos a la normalidad.

—Pues eso se acabó.

—Pero, maaá —replicó México poniendo ojitos de cachorro apaleado.

—Pero nada —le dijo molesto para luego sonreír con malicia —, de ahora en adelante, las cosas, se harán a mi manera.

 

José suspiró, era mejor hacerle caso a su madre o de lo contrario le iría muy mal, pues éste sabía donde guardaba su provisión de chiles y sería capaz de desaparecerla si no lo obedecía.

 

—Como tú digas jefa —respondió bajando los hombros a modo de rendición.

 

 

 

 

Mientras, Feliciano había ido a buscar a Ludwig a quien encontró en la biblioteca donde solía pasar sus ratos libres, con él estaba Hermione. La chica era muy inteligente y al alemán le gustaba tener largas pláticas con ella, quien, a su punto de vista, sería una gran superior para cualquier país.

 

—Ve~ ¡Ludwig! —gritó Feliciano tan pronto entró a la biblioteca siendo regañado por Madame Pince por hacer escándalo.

 

Alemania se sobó las sienes, se disculpó con Hermione y con Madame Pince y salió del lugar con Veneciano para evitar que el italiano fuese regañado nuevamente por el escándalo que hacía.

 

—¿Qué sucede Italia? —le preguntó una vez que estuvo seguro que estaban solos

—Ve~ mira —dijo enseñándole el recipiente que contenía la pasta, Alemania lo miró sorprendido, ¿de dónde lo habría sacado? —México me lo regaló —explicó sin dejar de sonreír —Doitsu, Doitsu, comámoslo juntos.

 

Ludwig asintió, estaba feliz de ver a Italia tan alegre; se prometió a si mismo ir a hablar con México para que le proporcionara mas pasta para Veneciano, no importaba si después éste le pedía algo a cambio, todo fuera por la felicidad de Italia.

 

—Ve~ ¡Esta deliciosa! —sí, definitivamente daría cualquier cosa por ver siempre esa sonrisa.

 

 

 

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Harry y los países

 

 

 

El chico dorado de Gryffindor contempló al grupo, todos ellos eran tan diferentes entre sí, como por ejemplo, Ludwig era serio, inexpresivo, mientras que su hermano mayor, orgulloso, ruidoso y de gran ego, pero aún con todas esas diferencias, ambos parecían llevarse bien.

 

 

En esos momentos, Gilbert molestaba a Roderich; Harry sabía –gracias a Hermione –, que había algo entre esos dos y no eran los únicos, en ocasiones escuchó al sueco llamar al chico finlandés “esposa”, a Antonio decirle palabras de amor a Lovino, a Feliciano y Ludwig besarse, incluso, Alfred parecía estar muy interesado en José, aunque éste le prestaba más atención a Iván quien, por la forma en que veía al moreno, parecían compartir algo más que una amistad. La verdad, a Harry no le parecía extraño o le disgustaba, cada quien tenía derecho a amar a quien quisiera y por lo que sabía, en el mundo mágico no era visto de mala manera.

 

—¡Ahhhhhhhhhh! —gritó América antes de salir despavorido gracias a la presencia de Peeves quien encontraba muy divertido asustar y perseguir a Alfred. México se reía a carcajada limpia, Rusia sólo se limitaba sonreír ocasionando que más de uno sintiera un escalofrío.

—¿No deberían ayudarlo? —cuestionó Harry un poco preocupado. Todos negaron con la cabeza, seguros de que Alfred estaría bien.

—Hierba mala nunca muere —comentó México sin ocultar su felicidad.

—José —lo llamó Iván —, dijiste que querías que te ayudara con tu tarea, da —el aludido asintió, dio un pequeño suspiro antes de despedirse e irse con el ruso.

 

Cuando ambos se fueron, Francis comentó:

 

—Es increíble que mon petit no le tenga miedo —dijo mientras un escalofrió le recorría la espina dorsal.

 

España sonrió, su hijo siempre decía que él no conocía el miedo, incluso cuando era un pequeño, jamás se asustó por nada y viéndolo ahora, acercándose a personas como Rusia y Suecia, hablando con ellos como si nada, le hacía sentir orgulloso.

 

 

 

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Rusia y México

 

 

Iván y José estaban en su habitación, el primero le ayudaba a hacer sus deberes cuando terminaron; México se acercó a su cama y bajo de ella, sacó unas cuantas botellas de tequila y vodka.

 

—¿Quieres? —le preguntó extendiéndole una botella, Rusia la aceptó con una sonrisa. La pequeña nación era todo un misterio.

—¿De dónde lo sacaste? —le preguntó antes de darle un sorbo a su vodka; el líquido bajo por su garganta. Extrañaba tanto ese delicioso sabor. México sonrió.

—Eto sekret* —dijo en ruso para luego darle un largo sorbo a su tequila.

 

Rusia sonrió nuevamente y volvió a beber de su botella. Hablaron de cosas sin importancia. Viejas conquistas, jefes o héroes que llegaron a querer. Iván veía en José un poco de Anastasia, esa pequeña niña que no temía a nada, esa mirada inocente que en el mexicano ocultaba cierto remanente de melancolía.

Iván se fue acercando cada vez más al menor hasta que sus labios quedaron a escasos centímetros que fueron disminuyendo hasta desaparecer, fundiéndose en un beso que empezó tímido y poco a poco se fue convirtiendo en uno apasionado.

 

—¿Rusia? —preguntó México después del beso.

—YA lyublyu tebya* —José sonrió, esta vez, fue él quien inició el beso.

 

 

La ropa comenzó a ser incomoda. Sus sentidos exacerbados por el delirio de sus instintos, los dominaba. Rusia besaba, lamía y de vez en cuando mordisqueaba cada parte de piel canela que quedaba a su merced.

 

—Mmm, Iván ahhh —Rusia tomó la botella de vodka y vertía el liquido sobre el moreno. No existía un manjar más delicioso y embriagante que ese.

—¿Estás listo? —le preguntó acariciando la entrada del mexicano con su palpitante y viril miembro. José ahorro palabras, siendo él mismo quien se auto penetrara soltando un gemido mitad dolor mitad placer.

 

 

Sus cuerpos, ahora casi niños, les brindaban sensaciones increíbles. Los llenaban de hambre, de desear más.

 

—¡México! —gritó Gilbert desde la puerta. El aludido se separó de su amante mirando al albino con cierto nerviosismo y  miedo. Iván cabrío al moreno y a él con las sábanas para ocultar su desnudes.

—Ti-tío Gil, yo… puedo explicarlo…

—¡¿Explicar?! ¡¿Explicar?! —Prusia realmente se veía molesto y eso preocupó a México, sabía que su “tío” podía ser capaz de cualquier cosa para proteger a las personas que él quería. —¡¿Cómo pudiste?!

—Yo…

—¡¿Cómo fuiste capaz de guardar esto sólo para ti y el narizón?! —Rusia frunció el ceño, molesto por la forma en la que el albino se refería a él, mientras que México estaba completamente confundido —¡Tenías alcohol y no nos dijiste!

 

José suspiró aliviado, Gilbert no estaba molesto por lo que estaba haciendo con Rusia, si no por el hecho de que tenía licor y no le había dicho.

 

—Lo sien….

—Y para colmo estabas con el narigón éste —finalizó Prusia frunciendo el ceño y cruzándose de brazos.

—Kolkolkol…

—Tienes mucho que explicar, jovencito —dijo Gilbert pasando olímpicamente de Rusia.

 

Por los dioses Aztecas, estaba reverendamente jodido, pensó José, seguramente el prusiano le pediría un montón de cosas para no decirle a sus padres de eso.

 

 

Continuara…

 

 

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Chokladboll: literalmente ‘bola de chocolate’ es un popular dulce sueco.

Eto sekret: Es un secreto.

YA lyublyu tebya: Te quiero.


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