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Error mágico por lizergchan

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Notas del capitulo:

Nuevo capitulo!!!

Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, sino a su autor Hidekaz Himaruya-sama, este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.

Parejas: RusiaxMexico, FranxUk, PruxAus, EspxRoma, UkxFran, y HarryxDraco insinuación de AmexMex y SnapexUk

Aclaraciones y Advertencia: Este fic contiene YAOI, humor, Lemon, fantasía y lo que se me vaya ocurriendo, kesesesese.

 

 

 

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Error mágico

 

 

Capítulo 19.- Termino la escuela… ¡hola vacaciones!

 

 

 

De la cara de Ryddle había desaparecido la sonrisa, y había ocupado su lugar una mirada de desprecio absoluto.

 

—¡A Dumbledore lo he echado del castillo gracias a mi simple recuerdo! —dijo Ryddle, irritado.

—No está tan lejos como crees —replicó España. Hablaban casi sin pensar, con la intención de asustar a Ryddle y deseando, más que creyendo, que lo que afirmaban fuese verdad. Tom abrió la boca, pero no dijo nada.

 

 

Basta de tanta cháchara… ese pendejo debe de pagar lo que hizo…  —Tom volvió a sonreír en el momento que se percató verdaderamente de la enorme magia de las cinco naciones: las leyendas eran ciertas.

 

Ryddle rió tan fuerte que su risa se multiplicó en la oscura cámara, como si estuvieran riendo diez Ryddles al mismo tiempo.

 

 

—Así que… los escritos de Salazar Slytherin eran ciertos… ¡las representaciones humanas de los países existen! —Harry no comprendió a lo que Tom se refería.

—Tanto mejor —habló Gilbert con una sonrisa torcida en los labios —. Ya me estaba cansando eso de ocultar mi maravilloso nombre.

 

Harry estaba cada vez mas confundido con todo lo que estaba pasando. ¿Qué era eso de representaciones humanas?

 

¿Vas a pelear o seguirás hablando? —habló José; su voz sonaba casi de ultratumba.

—México, debes tranquilizarte —le dijo Alemania en tono de orden, pero el moreno le prestó atención, parecía estar poseso por alguna fuerza externa.

 

Tom volvió a sonreír, caminó hasta detenerse entre las altas columnas y dirigía la mirada al rostro de Slytherin, que se elevaba sobre él en la oscuridad. Ryddle abrió la boca y silbó... pero ninguno de ellos comprendió lo que decía.

 

—Háblame, Slytherin, el más grande de los Cuatro de Hogwarts.

 

Se volvieron hacia la estatua. El gigantesco rostro de piedra de la estatua de Slytherin se movió y Harry vio, horrorizado, que abría la boca, más y más, hasta convertirla en un gran agujero. Algo se movía dentro de la boca de la estatua. Algo que salía de su interior.

 

 

Una gran mole golpeó contra el suelo de piedra de la cámara, Harry y los países notaron que toda la estancia temblaba. Sabían lo que estaba ocurriendo, podían sentirlo, podían ver sin abrir los ojos la gran serpiente desenroscándose de la boca de Slytherin. Entonces oyeron una voz silbante.

 

—Mata a Harry, pero no lastimes a los países.

 

El basilisco se movía hacia Harry, éste podía oír su pesado cuerpo deslizándose lentamente por el polvoriento suelo. Con los ojos cerrados, Harry comenzó a moverse a ciegas hacia un lado, palpando con las manos el camino. Ryddle reía...

 

Harry tropezó. Cayó contra la piedra y notó el sabor de la sangre. La serpiente se encontraba a un metro escaso de él, y Harry la oía acercarse. De repente escuchó la voz de sus amigos gritando “¡cuidado!”, y algo pesado lo golpeó con tanta fuerza que lo tiró contra el muro. Esperando que la serpiente le hincara los colmillos, oyó más silbidos enloquecidos y algo que azotaba las columnas.

 

No pudo evitarlo. Abrió los ojos lo suficiente para vislumbrar qué sucedía. La serpiente, de un verde brillante y gruesa como el tronco de un roble, se había alzado en el aire y su gran cabeza zigzagueaba entre las columnas. Temblando, Harry se preparó a cerrar los ojos en cuanto el monstruo hiciera ademán de volverse, y entonces vio qué era lo que había enloquecido a la serpiente. Alemania le disparaba, y el basilisco le lanzaba furiosos mordiscos con sus colmillos largos y afilados como sables.

 

Entonces el Bad Cuarteto se abalanzaba contra el basilisco, golpeándola, España con su hacha, mientras que Francia y Gilbert lo hacían con espadas y México con un machete. Hiriendo al monstruo. Un chorro de sangre negruzca salpicó el suelo por las heridas. La cola de la serpiente golpeaba muy cerca de Harry, y antes de que pudiera cerrar los párpados, el basilisco se volvió. Harry miró de frente a su cabeza y se dio cuenta de que Ludwig le había disparado en los ojos, aquellos grandes y prominentes ojos amarillos. La sangre resbalaba hasta el suelo y la serpiente escupía agonizando.

 

¡No! —oyó Harry gritar a Ryddle—. ¡Déjalos! ¡El chico está detrás de ti! ¡Puedes olerlo! ¡Mátalo!

 

La serpiente ciega se balanceaba desorientada, herida de muerte.

 

La cola de la serpiente volvió a golpear contra el suelo. Harry sintió como alguna fuerza lo empujaba con violencia, lejos del basilisco.

 

—Ludwig… —murmuró Harry al darse cuenta que el rubio se encontraba sobre él quien lo había salvado.

—Mantente alejado —le dijo Alemania en tono de orden, levantándose para ir a ayudar a los otros.

 

Cuando Alemania se dirigía con los demás, algo muy duro y pesado lo golpeó en lo alto de la cabeza, dejándolo casi sin sentido.

 

—¡West! —gritó Prusia e inmediatamente corrió a ayudar a su hermano. La enorme serpiente volvió a lanzar un golpe contra los dos hermanos, pero Gilbert pudo reaccionar a tiempo y salvar a Ludwig.

 

—Demonios… —gruñó Francis respirando con dificultad.

—A este… paso… no podremos… hacer… nada… —gruñó España.

 

Tal vez, su única manera era usar sus varitas, pero, no sabían muchos hechizos y eso era un gran problema. De pronto, se escuchó el desgarrador grito de alguien; los países y Harry observaron horrorizados como México era aprisionado por la bestia, oprimiéndolo cada vez más.

 

—¡José! —gritó Antonio cegado por la furia. Un aura amarilla apareció a su alrededor que lanzó contra la serpiente, logrando que soltara al mexicano quien cayó al suelo inconsciente —. Nunca… te… metas… con… mi hijo… —dijo antes de desmayarse.

 

El basilisco se acercó a España, olisqueando el aire; abrió la boca con intenciones de morder a Antonio y matarlo.

 

¡Mata al chico! ¡No te atrevas a tocar a ese país! ¡El chico está detrás de ti! Olfatea... ¡Huélelo!

 

 

 

Llegaba música de algún lugar. Ryddle se volvió para comprobar que en la cámara no había nadie más. Pero aquella música sonaba cada vez más y más fuerte. Era inquietante, estremecedora, sobrenatural. Luego, cuando la música alcanzó tal fuerza que Harry la sentía vibrar en su interior, surgieron llamas de la columna más cercana a él. Apareció de repente un pájaro carmesí del tamaño de un cisne, que entonaba hacia el techo abovedado su rara música. Tenía una cola dorada y brillante, tan larga como la de un pavo real, y brillantes garras doradas, con las que sujetaba un fardo de harapos. El pájaro se encaminó derecho a Harry, dejó caer el fardo a sus pies.

 

 

—Es un fénix —dijo Ryddle, devolviéndole una mirada perspicaz.

—¿Fawkes? —murmuró Harry confundido.

 

Harry tuvo que lanzarse al suelo cuando la cola de la serpiente se precipitó contra él. Viendo todavía parpadear estrellas en los ojos, tomó el sombrero para quitárselo y notó que debajo había algo largo y duro. Se trataba de una espada plateada y brillante, con la empuñadura llena de fulgurantes rubíes del tamaño de huevos.

 

Harry empuñó la espada, dispuesto a defenderse. El basilisco bajó la cabeza, retorció el cuerpo, golpeando contra las columnas, y se volvió para enfrentarse a Harry.

Pudo verle las cuencas de los ojos llenas de sangre, y la boca que se abría. Una boca lo bastante grande para tragarlo entero, bordeada de colmillos tan largos como su espada, delgados, brillantes, venenosos...

 

La bestia arremetió a ciegas, confundida por los ataques que los hermanos y Francia le lanzaban. Harry levantó la espada con ambas manos.

 

—¡Cuidado!  —gritó Francis.

 

El basilisco atacó de nuevo, pero esta vez fue directo a Harry, que hincó la espada con todas sus fuerzas, hundiéndola hasta la empuñadura en el velo del paladar de la serpiente.

Pero mientras la cálida sangre le empapaba los brazos, sintió un agudo dolor encima del codo. Un colmillo largo y venenoso se le estaba hundiendo más y más en el brazo, y se partió cuando el monstruo volvió la cabeza a un lado y con un estremecimiento se desplomó en el suelo.

 

—¡Harry! —exclamaron los países al mismo tiempo.

 

Prusia logró atrapar al joven mago antes de que callera al suelo.  Agarró el colmillo envenenado y se lo arrancó, tratando de contener la sangre que inmediatamente emanó de la profunda herida.

 

—¿Cómo está? —le preguntó Alemania preocupado.

—La herida es profunda pero creo que puedo detener la hemorragia —Alemania se acercó a su hermano para ayudarlo pero sabía que ya era demasiado tarde para salvar al niño.

 

El veneno había penetrado. La herida le producía un dolor candente que se le extendía lenta pero regularmente por todo el cuerpo.

 

El sonido de pasos tensó a los países pero se relajaron al ver que se trataba de las otras naciones.

 

—¡México! —gritó Alfred al ver a su vecino inconsciente en el suelo. Levantó la cabeza del moreno colocándola en sus piernas —Joseph, wake up!God!React!, Please —le pidió dándole pequeños golpecitos en ambas mejillas.

 

Alfred comenzaba a desesperarse, volvió a recortarlo en el suelo, le abrió la boca y le cubrió la nariz para darle respiración boca a boca. México no tardó en convertir eso en un beso creyendo que se trataba de Rusia. Abrió los ojos, dándose cuenta de la verdad.

 

—¡Guaaa! —gritó empujando al rubio con violencia —, ¡qué asco! —dijo limpiándose la boca con el dorso de la mano murmurando que seguramente le había pegado alguno de sus gérmenes o su “estupidez”.

 

José iba a golpear a Alfred (quien tenía cara de bobo a causa del beso), pero se detuvo de golpe al recordar lo que había sucedido. Buscó con la mirada a España y lo encontró en brazos de Romano; algo había cambiado en el hispano.

 

—¡Papá! —gritó José acercándose  a la pareja. España seguía inconsciente, pero increíblemente había recuperado su forma adulta.

 

Ron corrió en auxilio de Harry quien estaba tendido en el suelo mientras Gilbert y Ludwig hacían lo posible por detener la hemorragia.

 

—Vamos niño… no te mueras… —murmuró Gilbert comenzando a desesperarse.

 

Tom comenzó a reír llamando la atención de los presentes. Alemania frunció el ceño; tomó el colmillo guardándolo en su túnica sin que nadie se diese cuenta.

 

—Dinos como salvarlo —le dijo Ludwig en tono de orden.

—Me temo que no hay salvación para él —dijo con sorna —. No entiendo porque la representación de otro país le importa lo que le sucede a un simple humano que ni siquiera pertenece a “su casa”. Debe ser terrible vivir en el mundo muggle y que solo un puñado de personas sepa la verdad.

Cierra tu pinche hocico, pendejo —gruñó José —. ¿Te crees tan chingón para hacer lo que tu puta gana se te dé? Si eres tan macho como dicen, ven a enfrentarnos como los hombres y deja de usar ese librito, cabrón.

 

Tom volvió a reír; los pobres intentos de Prusia para auxiliar a Harry y los insultos de los otros países le divertían más de lo que pensó.

 

El fénix voló hasta colocarse junto a Harry;  posó su hermosa cabeza en el brazo, donde la serpiente lo había herido.

 

—Harry Potter está muerto —dijo Ryddle con tono triunfante—. Muerto. Hasta el pájaro de Dumbledore lo sabe. ¿Ven lo que hace, representaciones? Está llorando.

 

—¡Cállate! —le gritó Alemania apuñalando el diario Se oyó un grito largo, horrible, desgarrador. La tinta salió a chorros del diario, vertiéndose sobre las manos de Ludwig e inundando el suelo. Ryddle se retorcía, gritando, y entonces... Desapareció. Se oyó caer al suelo la varita de Harry y luego se hizo el silencio, sólo roto por el goteo de la tinta que aún manaba del diario. El veneno del basilisco había abierto un agujero incandescente en el cuaderno.

 

—Hay que sacarlo de aquí, necesita atención médica —dijo Sadiq. México negó con la cabeza. La niña blanca estaba parada junto a la cabeza de Harry… no iban a poder salvarlo.

 

Por las brillantes plumas de Fawkes le corrían unas lágrimas gruesas como perlas.

 

Todo le daba vueltas. Si aquello era morirse, pensó Harry, no era tan desagradable. Incluso el dolor se iba... Pero ¿de verdad era aquello la muerte? En lugar de oscurecerse, la cámara se volvía más clara. Harry movió un poco la cabeza, y allí estaba Fawkes, apoyándole todavía la suya en el brazo. Un charquito de lágrimas brillaba en torno a la herida... Sólo que ya no había herida.

 

La muerte miró a José y éste sonrió comprendiendo que Harry se salvaría.

 

—Va a estar bien —dijo José, todos lo miraron sorprendidos ¡¿Cómo lo sabía?! El mexicano tan solo dijo: La niña blanca.

 

Harry abrió los ojos, se sentía completamente extraño y el estar rodeado por los países y Ron no ayudaba en nada.

 

—Atrás… déjenlo respirar —ordenó Alemania —. ¿Cómo te sientes? —Harry iba a responder cuando les llegó un débil gemido del fondo de la cámara. Ginny se movía. Mientras Harry corría hacia ella, la muchacha se sentó, y sus ojos desconcertados pasaron del inmenso cuerpo del basilisco a Harry, con la túnica empapada de sangre. Profirió un grito estremecido y se echó a llorar.

 

—Harry..., ah, Harry, intenté decírselos en el desayuno, pero delante de Percy no fui capaz. Era yo, Harry, pero te juro que no quería... él me obligaba a hacerlo, se apoderó de mí y... ¿cómo lo has matado? ¿Dónde está Ryddle? Lo último que recuerdo es que salió del diario.

—Ha terminado todo bien —dijo Harry, señalando el diario a los pies de Alemania —. Ryddle ya no existe. ¡Mira! Ni él ni el basilisco. Vamos, Ginny, salgamos...

—¡Me van a expulsar! —se lamentó Ginny, incorporándose torpemente con la ayuda de Harry—. Siempre quise estudiar en Hogwarts, desde que vino Bill, y ahora tendré que irme y... ¿qué pensarán mis padres?

—No pasará nada, no te preocupes —habló Sadiq —. Nos aseguraremos que no te expulsen.

—Ahora… ¿Cómo demonios saldremos de aquí? —cuestionó Gilbert con un tic en el ojo.

—Esto sí es un verdadero problema —comentó Francia.

 

 

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Hubo un momento de silencio cuando Harry, Ron, Ginny y Lockhart aparecieron en la puerta, llenos de barro, suciedad y, en el caso de Harry, sangre; pero no había rastro de los países que los acompañaron. Luego alguien gritó:

 

—¡Ginny!

 

Era la señora Weasley, que estaba llorando delante de la chimenea. Se puso en pie de un salto, seguida por su marido, y se abalanzaron sobre su hija. Harry, sin embargo, miraba detrás de ellos. El profesor Dumbledore estaba ante la repisa de la chimenea, sonriendo, junto a la profesora McGonagall, que respiraba con dificultad y se llevaba una mano al pecho. Fawkes pasó zumbando cerca de Harry para posarse en el hombro de Dumbledore. Sin apenas darse cuenta, Harry y Ron se encontraron atrapados en el abrazo de la señora Weasley

 

—¡La han salvado! ¡La han salvado! ¿Cómo lo hicieron?

—Creo que a todos nos encantaría enterarnos —dijo con un hilo de voz la profesora McGonagall.

 

 

 

 

Los países se encontraban reunidos, junto con el trió dorado, Rusia e Inglaterra ya se habían recuperado y ahora estaban celebrando que ya todo había terminado.

 

 

—Fusososo, ¡Lovi, José, sé ven tan adorables! —chilló Antonio restregando su mejilla contra la del italiano.

—¡Suéltame, maldición! —gritó Lovino removiéndose en un vano intento para que lo soltara.

—¡Gaaa! ¡Auxilio, quítenme a este remedo de Michel Jackson! —gritó desesperado. Pero Antonio no les prestaba atención, estaba demasiado emocionado por haber recuperado su forma adulta y que todo terminara.

 

Harry, Ron y Hermione estaban sentados frente Alemania e Inglaterra, los dos países respondían a cada pregunta que los niños (principalmente Hermione), les hacían. Los tres estaban sorprendidos al saber que el más joven de ellos tenía doscientos años, pero que todos tenían la apariencia de jóvenes de veinte o un poco mas y que, “por un pequeño accidente” ahora eran infantes.

 

—Así que ustedes son las representaciones humanas de países —dijo Hermione mirando a los dos rubios como si fueran el misterio más increíble del mundo. Cuando encontró la información del basilisco, también descubrió un libro en la sección prohibida donde hablaba sobre una leyenda de seres “inmortales” que eran la esencia misma de las naciones, pero jamás se imaginó que aquello fuese verdad.

—Sí y gracias a las tonterías de Arthur, no podemos regresar a nuestras casas sin que nuestros jefes entren en pánico —se quejó Romano que se había logrado zafar de España quien ahora trataba de separar a México de Rusia; la pareja se besaba como si no existiera nadie más que ellos.

—¿A qué te refieres con eso, Lovino? —le preguntó Ron confundido. Fue Hermione quien respondió. Ellos eran el reflejo de sus países, si había crisis económicas, ellos seguramente enfermarían y el que fueran ahora niños podría ser tomado como un retroceso y causaría un gran pánico.

 

 

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El resto del último trimestre transcurrió bajo un sol radiante y abrasador. Hogwarts había vuelto a la normalidad, con sólo unas pequeñas diferencias: las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras se habían suspendido, Lucius Malfoy había sido expulsado del consejo escolar. Draco ya no se pavoneaba por el colegio como si fuera el dueño. Por el contrario, parecía resentido y enfurruñado. Ginny Weasley volvía a ser completamente feliz.

 

En cuanto a la ausencia de Antonio, se dijo que sus tíos se lo habían llevado de regreso a España y quitado la custodia a Arthur por la fuerza, en Gryffindor lamentaron la partida tan repentina del ibérico, pero esperaban que se encontrara bien.

 

 

Los países se encontraban en sus casas alistando las maletas para regresar a sus hogares, –aunque algunos habían decidido permanecer junto a Inglaterra –. México ya se encontraba en la sala común de Slytherin con Tlilmi en sus brazos y Donají sobre su baúl, acicalando su plumaje.

 

—¡Hola Draco! —exclamó José al ver entrar a Malfoy. El albino le devolvió el saludo y se sentó a su lado.

—¿Dónde pasarás las vacaciones? —le preguntó como quien no quiere la cosa. México sonrió; seguramente pasaría esos meses en casa de Arthur, aunque debía regresar a su país, por lo menos unos días (su jefe comenzaba a ponerse histérico). —¿Por qué no vienes conmigo a mi casa? —dijo al no recibir respuesta, pero José negó con la cabeza.

—Tengo una mejor idea y así matamos dos pájaros de un tiro —comentó con una sonrisa traviesa en los labios. Tenía el plan perfecto para ayudar a su amigo a atrapar a su “león”.

 

Draco quiso preguntarle qué era lo que planeaba pero Natasha hizo acto de presencia lo que ocasionó que José se tensara y realmente no lo culpaba, la bielorrusa ya había intentado matar una vez, ¡vaya “cuñada” que se había conseguido el moreno!

 

—Yo… quiero… —Natasha estaba nerviosa y jugaba con sus manos como un vano intento por relajarse —disculparme por lo que te hice, yo… —México sonrió negando con la cabeza y la abrazó.

—Ta’ bueno —dijo mientras se separaba de ella —. Tuviste razón al hacerlo… —la mirada de José se volvió triste por un momento —yo debí proteger a Iván y… bueno… ya no importa.

 

México hizo algo que ni Bielorrusia o Draco se esperaban. Le dio un beso en la mejilla a Natasha. José se despidió de ambos, tomó sus cosas y se fue, pues Rusia acababa de entrar a la sala común.

 

Bielorrusia estaba tan sorprendida que no se percató en qué momento su hermano y José se fueron. Definitivamente, México era un país demasiado extraño.

 

 

 

 

Antes de partir en el expreso de Hogwarts, los países fueron citados por Dumbledore. Las naciones estaban preocupadas por lo sucedido y el más alarmado y enojado porque les ocultaron la verdad era España.

 

Dumbledore e Inglaterra acababan de contarles acerca de Voldemort y sus intenciones. También les hablaron de la historia de Harry y su papel en la guerra.

 

—¿Y cuando planeaban decírnoslo? —preguntó España furioso, al igual que los otros.

—¿Este era tu plan, Inglaterra? —habló Noruega, cruzándose de brazos. Sentía la enorme necesidad de golpear al británico.

 

Ni Arthur ni Dumbledore respondieron, lo que provocó que muchos de los países presentes se enfurecieran aun más.

 

—¡Respondan, maldición! —gritó Lovino —¡Alguien pudo haber muerto por culpa de su silencio, idiotas!

—Romano, cálmate —le pidió Inglaterra pero lo único que logró fue los gritos fúricos de Prusia, Hungría, Bielorrusia y Francia y las miradas asesinas de los demás.

 

—Ahora ustedes también son blancos de los ataques de Voldemort —dijo el director —. Estoy seguro que él ya sabe quiénes son ustedes en verdad.

—Entonces regresaremos a casa… si todos los países que saben magia se unen… tal vez encuentren la solución…

—No podemos dejar a Harry solo —habló México ganándose la mirada de todos los presentes.

—José, ¿Qué no entiendes lo peligroso que es esto? —le dijo España tratando de contener su preocupación y hablar lo más calmado posible. El moreno asintió con la cabeza; por supuesto que lo sabía pero aun así…

—Somos países, un humano –aun uno con magia –, sigue siendo un humano y no puede matarnos por más intentos que haga —dijo cruzándose de brazos y agregó:

 

—Mientras existan personas en nuestras casas que se consideren parte de cualquiera de nuestra nacionalidad, nosotros jamás desapareceremos.

 

Las palabras de José eran ciertas, sin embargo, no podían dejar de preocuparse. Al final decidieron seguir en la escuela pero regresarían a sus casas en las vacaciones. Sólo Prusia, Francia, Rusia, sus hermanas, Hungría, los tres americanos y Austria decidieron quedarse con Inglaterra, sin importar lo peligroso que pudiese resultar.

 

Alfred quería vivir cerca de la casa de Harry para poder seguir viéndolo por lo que el director Dumbledore decidió que el mejor lugar sería la casa de La Sra. Arabella Doreen Figg, así ella podría disfrutar de un pequeño descanso.

 

 

Continuara…

 

 

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Hasta aquí “La cámara de los secretos”, pero no significa que este fic llegue a su fin!!! Nos veremos en el siguiente!!

 

Capítulo dedicado a Juan Nikté Xoconostle Hernández y también a KariDei Uchiha.

 

Nos vemos en el próximo capitulo!!


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