Login
Amor Yaoi
Fanfics yaoi en español

Eres hermoso, aun en tu maldad por gabinekochan

[Reviews - 12]   LISTA DE CAPITULOS
- Tamaño del texto +

Notas del capitulo:

Lo prometido es deuda 

Harry a ti te ame más que a nadie y tu recuerdo me dará la fuerza para seguir viviendo.


¿Por qué no pude decirte esto y mucho más cuando estabas vivo? ¿Por qué tuve que ser tan cobarde para dejarte ir? ¿Cómo viviré a esta agonía sin tu compañía?


Te detesto muerte por arrebatarme mi felicidad una vez mas, te odio tanto que juro, aunque sea imposible, te haré sufrir más de lo que me has hecho sufrir a mi. Veras que un Malfoy NUNCA se queda con los brazos cruzados sin realizar la dulce venganza por alguien amado.


 


 


***


 


Todo lo que paso después fue como un sueño, el separarme de mi familia, los aplausos y alegría que emanaban los demás al verme salir del lugar, los empujones y horribles palabras que me suministraban los aurores y la risa macabra del maldito que arruino mi vida para siempre. Solo fueron cinco minutos, cinco minutos para llevarme a otro continente y dejarme en la boca del lobo sin nada más que un pasado oscuro y un futuro peor. 


Tomaron mis brazos y sentí el jalón de la aparicion, la sensación era espantosa. Los malditos me habían llevado a un callejón oscuro en donde ni un animal se atrevía a entrar por miedo a morir. Me arrojaron al piso casi sin aliento y demasiado frágil como para defenderme. Empezaron a golpearme de nuevo, patadas que iban a mi estomago, rostro y pecho. Podía escuchar sus risas de diversión y como mis huesos se rompían, el dolor era insoportable casi a comparación con un crucio pero sin pasarlo. No sé cuánto tiempo estuvieron haciendo lo mismo, solo sé que escuche sus formas de respirar agitadas para después parar; de mi boca salía ese liquido perfecto color carmesí con sabor detestable y por alguna extraña razón no podía abrir mis ojos, estaba demasiado cansado para intentarlo.


¿Crees que este muerto? - escuche a lo lejos la voz del auror.


No, el maldito debió desmayarse - se rió el otro- Dejemos que los americanos se encarguen de él. Son unos salvajes en este continente - escuche una última risa y luego la nada. ¿Salvajes? eso lo creía imposible, esos dos aurores eran la viva imagen de la venganza enferma. Deseaba pararme pero mi cuerpo no lo conseguía, el piso húmedo y asqueroso me pareció de pronto agradable, cómodo y caliente. No pude evitar cerrar los ojos y darme un merecido descanso "Mañana lo intentare" pensé mientras caía poco a poco en la inconsciencia con una gran posibilidad de morir en ese lugar, pero, una preciosa imagen pasó por mi mente al momento en que me quede dormido. Sus hermosos ojos verdes, preciosa sonrisa y sus gafas pasadas de moda, vinieron a mí como un salvavidas; él me sonreía y decía mi nombre con cariño y de una formaba tan calmada que lograba aliviar el dolor en mi corazón y hacerme reaccionar. Abrí mis ojos rápidamente y al instante me dolió el hacerlo, aun no podía morir, se lo había prometido.


Empecé moviendo mi cuerpo boca abajo en el suelo, acto seguido puse mis brazos en el suelo para intentar pararme; era doloroso y no lograba hacerlo por mucho que lo intentara. Así que mi única solución era hacer algo que nunca pensé que haría en mi vida. 


Ayuda - grite con todas mis fueras pero solo era como un susurro - Ayuda, por favor - dije una vez más, ahora, con sollozos en ellos. Escuchaba gracias al eco en el callejón mi desesperación y acto débil de llorar rogando. Mi padre estaría muy avergonzado de tenerme como hijo tras haber hecho esto, pero si quería vivir era mi única opción. Escuche a lo lejos pasos, demasiados pasos, tal vez de personas que se dignaron a escuchar mis lamentos e ir a investigar quien sufría con tal dolor reflejado en una voz desgarrada y cansada. 


Sentí una mano sobre mi rostro, a mi parecer suave y repugnante al mismo tiempo. La mano pronto dejo de tocar mi cara para empezar a tocar todo mi cuerpo sin pudor alguno. Tocaban por donde les placía y aun no podía hacer nada para evitarlo, Merlín, me sentía ultrajado. ¿Qué querían? ¿No planeaban ayudarme? ¿Qué estaban haciendo? Escuche como hablaban pero no les entendía nada, era una causa perdida. Eran unos malditos ladrones que osaban tocarme e intentar quitarme objetos que no poseía, no habia ni una pizca de bondad en ellos; puede que el auror si tuviera razón y estos hombres eran unos salvajes. Los ladrones se fueron tan rapido como llegaron, la soledad me acompañaba una vez mas.


Sentía como el lugar empezaba a enfriarse, probablemente empezaba a ponerse el sol y la oscuridad de la noche me arroparía y no permitirá que nadie me encontrara; fatídico destino cruel y maligno ¿Qué he hecho para merecer esto? ¿Amar? ¿Arriesgarme? ¿Vivir? ¿Por qué me diste vida si sabias que este sería mi futuro? Maldito destino torturador y sádico, no dejare que ni la muerte ni tú me venzan en mi propio juego. Les demostrare que mis padres no se arriesgaron por nada, verán que mi venganza será la vida. Viviré feliz y contento con lo que me toque porque sé que no lo soportaran, no soportaran el ver a alguien satisfecho y alegre, ustedes no valen la pena para que muera y me dará tanto regocijo el verlos derrotados e indefensos que los pateare y moleré a golpes por atreverse a jugar con mi preciada vida y la de mis seres queridos.


Mantuve mis ojos abiertos y en ningún momento los cerré, la leve luz de un faro me permitió ver y saber que aun me mantenía despierto en ese sucio callejón. Las horas que para mi eran eternas, pasaban, y aun no veía la luz del hermoso sol aparecer para darme calor y una nueva oportunidad de vida. Aun seguía llorando pero en silencio, no podía evitarlo, tal vez después de todo los Malfoy si teníamos sentimientos y no éramos tan fríos como todos pensaban. No pensaba, hablaba, movía o sollozaba, por primera vez en mi vida estaba quieto y calmado. Nada me aturdía porque no escuchaba ni el mas minimo sonido, no pensaba en nadie o en mi pasado fatídico, solo en el ahora y nada más. Era, aun ese caso, una experiencia relajante y encantadora. Me pregunto si Harry alguna vez se sintió así, con su vida llena de muerte me alegraría el pensar que tuvo al menos unos momentos de relativa paz en donde era solo él y nadie existía a su alrededor, donde sintiera que la vida era valiosa y aun en las peores circunstancias se podía relajar y disfrutar de la poco hermoso de la vida.


Me lo preguntaba. 


 


***


 


Para mi suerte mi cuerpo sobrevivió esa noche y muchas otras más, por extraño que pareciera mis golpes y heridas fueron desapareciendo con rapidez dejando a su paso un cuerpo sin dolor o daño. Sentía algo de magia, pero claro, eso era una estupidez. En América no había magia conocida, tal vez uno que otro mago se encontrara ahí pero ninguno se atrevería a cuidar de un ex-mortifago moribundo. Debía tener un cuerpo más resistente de lo que pensaba. Así que, milagrosamente a la semana ya me encontraba mejor, nadie me había ofrecido su mano a excepción de un hombre con familia que me ofreció una comida caliente, la cual agradecí con mucha euforia.


Mi vida ahora era la de un vagabundo, dormía en las calles, robaba ropa y comida cuando tenía oportunidad; y lo peor de todo, rogaba por unas cuantas monedas en la calle o si estaba desesperado robaba a las personas que se atrevían a caminar por lugares oscuros despojándoles de la mitad de su dinero. Esa era la parte sencilla de mi nueva vida, lo más difícil era aprender su lenguaje. El español, algo parecido al Ingles (Por sus pocas palabras similares) pero con un acento y léxico muy diverso. Me la pasaba con otros habitantes de la calle en alcantarillas o en las calles, los escuchaba hablar e intentaba asimilar lo que decían con sus expresiones o acciones. Era complicado pero al cabo de unas semanas entendía pocas palabras y lograba crear frases mediocres como “Una moneda por favor”, “¿Tiene algo de comer?” y mi favorita “Aléjese o lo rompo”, la ultima era necesaria. En las calles no estaba seguro, sin magia ni protección las personas eran malas, frías e insensibles. Más de una vez me vi forzado a pelear por mi vida en contra de muchas personas, a veces con ventaja y otras veces no, pero siempre salía con vida gracias a Merlín.  Como todo un Malfoy intente buscar empleo, pero nadie me contrataba ni para los puestos más pequeños. El principal problema mi falta de comunicación, mi repugnante apariencia y la peor de todas, mi nacionalidad. ¿Quién contrataría a una persona con dudosa procedencia y aspecto de vago? Nadie en su sano juicio lo haría, aunque si les impresionaba mi rostro, no tenía necesidad de entender sus palabras si tan solo al verme ponían una expresión de total estupidez al ver mi perfección. Al menos eso me quedaba, un rostro hermoso y un cuerpo fatidico, los cuales solo querían obtener las demas personas para su diversión de una sola noche; en donde se involucraba mucho dinero a cambio por mis servicios de placer. La bestialidad y naturaleza humana eran muy obvias, y por supuesto, declinaba ante cada propuesta de sexo indecoroso y superficial. Mi cuerpo era importante, un tributo a esa persona que se fue y nunca regresara.


Mi realidad no pasó de eso; comidas frías, caridad menos frecuente, disputas, mi vida en peligro y las propuestas que con el paso del tiempo se hacían más frenéticas. Lo único positivo de todo el asunto fue el aprender español, lo entendía a la perfección, y es que, tras dos largos años de permanecer en Latinoamérica hacían de mí un experto al comunicarme con los nativos del lugar. Ahora podía entrar a bibliotecas públicas y no me podían decir nada, empecé a relacionarme con los muggles y sus costumbres, no busque trabajo porque aun no poseía identidad y sin eso mi única oportunidad de ganar dinero era abriendo mis piernas a quien lo pidiera sin chistar. Aun tenía mi orgullo y no desaparecería solo por unas cuantas monedas, prefería robar que denigrarme más. Ahora, me conocían en las calles por ser peligroso, me decían El dragón invencible, y la verdad, es que el nombre me quedaba a la perfección.


Mi cuerpo había adquirido gran musculatura, después de todo, en momentos desesperados me veía forzado a comer insectos y animales rastreros que vagaran por mis diversos refugios. Según entendí después, era bueno el comerlos, más que una comida normal. Aunque mis queridos amiguillos no eran los únicos que contribuían, también eran los demás habitantes de la calle con la suficiente ignorancia y estupidez de creer que podían vencerme en peleas callejeras. Era tan regular el despertarme y encontrar a alguien en frente mío con un cuchillo u otra arma apuntándome  intentando aprovecharse de mi o intentando quitarme lo poco que tenía en mi ropa, en la noche tenía que dormir con una navaja en mi mano junto a mi pecho. Alguna vez, alguien quiso matarme, de seguro el pelmazo estaba borracho o drogado, e inevitablemente lo asesine. Fue simple porque el maldito se resbalo y cayó sobre la esquina de un andén abriéndose la cabeza, solo salí de ahí con unas cuantas heridas. Al otro día me había enterado gracias a los periódicos que se mostraban en la calle, que era el hijo de un importante empresario extranjero que vivía aquí ¿Qué no se supone los muy imbéciles deberían educar a sus hijos en vez de provocar tremendos inútiles? Merlín, ese día supe que mi vida empeoraría. Y fue así. Los ataques fueron más frecuentes, hombres que nunca había visto me apuntaban con armas y con suerte salía de esas batallas con vida. Mujeres, jóvenes e incluso ancianos se acercaban a mí para luego intentar herirme ¿Hasta dónde podía llegar ese bastardo por venganza? Obviamente no los atacaba, solo los hería levemente para que no me siguieran.


Lastimosamente, mis refugios se iban acabando. Ahora tenía que caminar noche y día para estar en movimiento para que evitaran seguirme; las pocas veces que podía dormir era dentro de las alcantarillas y una que otra vez en lugares abandonados. El frió era infernal en ciertas ocasiones, me alegraba el haberle quitado este gran abrigo a un hombre de alta sociedad, lo necesitaba más yo que él, lo más probable es que tuviera más de veinte iguales a este. Los días y semanas pasaron y los ataques no cesaban hasta que un glorioso día no me sentí vigilado ni observado o en peligro, leí una vez más en los hermosos periódicos que el hombre se había ido del país a su país natal por problemas personales. Un suspiro de alivio salió de mi tras haber leído eso, desde entonces me llamaban así. Nadie podía deshacerse de mí, ni siquiera un hombre sin escrúpulos con dinero y poder.


A decir verdad, el ambiente de la calle se fue haciendo más agradable. No lo soportaba pero aprendí a vivir en él, a mis veinte años ya no había ni una pizca de Malfoy en mí. Ahora era El dragón invencible, no era la vida que esperaba pero aun así me mantenía de pie. Había cumplido mi promesa y aun la mantenía vigente.


 


***


 


Caminaba en la oscura noche, como era regular en mí, por las calles más peligrosas de todo el lugar; tenía mis manos metidas en el abrigo para evitar que se acalambraran. Mantenía mi cabeza siempre altiva para qué todos supieran quien mandaba. Era una velada como cualquier otra, solo que estaba vez podía ver en una cuadra mas adelante como cuatro hombres rodeaban a una joven de estatura promedio; no los podía ver a la perfeccion, pero al menos sus sombras me permitían identificarlos un poco. Escuche un grito, pero no de una voz fina y débil, sino masculina y estruendosa. Inevitablemente tuve que correr hasta el lugar donde se encontraban todos por temor a que le hicieran algo a la joven, en cierta forma era un samaritano en ciertas ocasiones.  Y lo que encontré me dio risa.


 El causante del grito estaba en el piso agarrándose su entrepierna con una mueca de dolor puro en su rostro mientras que a los demás se les veía  rabia y cobardía en sus rostros. La joven tenía una vara de metal en sus manos agitándola como si estuviera loca, golpeaba el aire alrededor suyo evitando que los hombres se le acercaran. 


¡Atrás malditos bastardos! – gritó mientras seguía moviendo la maldita cosa de metal. Los hombres intentaban acercarse a ella pero no podían ya que la joven era más rápida y les asestaba un golpe en las manos o piernas si llegaban a tocarla un poco. La imagen llego a ser divertida pero no podía dejar que siguieran ahí para mi diversión.


 - Largo – mi voz fue clara y concisa. Todos dirigieron sus rostros hacia mí para ver al dueño proveniente de esa voz, inclusive el tarado que se encontraba en el piso me observo.  Solo con verme el rostro los cuatro cambiaron sus expresiones al puro panico para luego alejarse ahí con extrema rapidez, claro, uno llevado por los otros dos al no poder caminar. Aun mantenía las manos en mi bolsillo con una sonrisa ladeada de pura diversión. La joven que aun mantenía la vara en sus manos me observaba detenidamente. – Suelta eso, yo no abuso a locas – le dije con maldad. Se sentía bien hacer eso de vez en cuando, me recordaba a mis tiempos en el colegio. La joven frunció su ceño y soltó la vara, muy raro. La vi para detallarla mejor, la verdad era hermosa. Cabello castaño hasta la espalda media, facciones finas, porte elegante y ojos azules claros y profundos; preciosa.


 - No estoy loca – me dijo con voz firme – Se le llama defensa personal – se oía agitada, de seguro por la acción de hace unos minutos. Parecía de unos veinte años, mi edad.


 - Golpear salvajemente a un hombre y dejarlo sin diversión por los próximos años lo llego a considerar demencia extrema – suspire con desgana - ¿Se puede saber que haces acá? No perteneces a este lugar – no sabía porque quería hablar con ella pero me hacía falta mantener una conversación civilizada con alguien en donde no peligrara mi vida.


 - ¿Cómo sabes que no lo soy? – frunció mas su ceño mientras me observaba sin pestañear. Rodé los ojos para verle el cuerpo. – Bien, empecemos. ¿Quieres que te diga que es de Gucci? -  me acerque a ella y ni siquiera se inmuto un poco – Tus botas fueron hechas en Italia, buen gusto que da un porte elegante. El abrigo fue hecho por Michael Kors, importado. Tu bolsa de piel de cocodrilo color cereza hecha en Italia, resalta el abrigo negro que tienes. No me malentiendas, el negro es el mejor color para destacar entre las personas pero no creo que vengas de enterrar a alguien.- le señale su rostro – Tus gafas, rosadas con borde de plata son hermosas pero ¿Para qué rayos las usas de noche? ¿Eres estúpida? – le pregunte para no obtener respuesta – Y finalmente -  inhale lo más fuerte que pude para sonreír después al oler tan elegante esencia – Tu perfume Flora de Gucci, liviano, sencillo y atrayente. No tienes tan mal gusto pequeña demente – volví a meter mis manos en el abrigo, me di media vuelta y empecé a caminar dejando a la joven detrás. - Ademas, tu acento es Ingles - le grite un poco alejandome.


 - ¿Me vas a dejar sola?- escuche que decía en voz alta para luego acercarse a mí con un paso rápido. – Me ayudaras ¿Verdad? –


 - ¿Acaso te tengo que cuidar? Solo vuelve por esa vara y si alguien se te acerca abrele la cabeza. Créeme, aquí eso funciona – le dije aun caminando – Además ¿Por qué una niña fresa como tu se mete por estos lugares? ¿Te pusiste rebelde y huiste?- escuche una leve risa de su parte. –No me digas -  me detuve para observarla – Te has perdido- su cara fue de pura de pura aceptacion rencorosa. Me reí  como nunca ante la estupidez e ignorancia de la joven, mi risa se escuchaba por todo el lugar gracias al eco, y eso, aumentaba la rabia de la joven que me veía con una ira pura. – Por favor, ríe que la vida es corta – empecé a caminar de nuevo – ¿Sabías que todo el conjunto que usas casi rebasa los veinte mil dólares? Acá ese dinero haría feliz a muchas personas, pero no te importa, es obvio – me tomo del brazo de una forma agresiva para lograr girarme y obligarme a verle a la cara.


 - Por favor -  me dijo con suplica – Yo no soy de este país, vine por mi trabajo. Quise conocer el lugar pero me perdí y ahora no sé cómo volver. Si me ayudas te haré un favor, créeme.  –


 - ¿Cómo sabes que no te violare, robare o haré daño? Si te fijas bien, no soy diferente a los hombres que intentaron atacarte. Eres una tonta, no confíes en las personas. El humano es el ser más despreciable de todos los animales, deberías saberlo – me solté de su agarre para quedarme ahí parado viéndola


 - Te daré dinero y un trabajo. Solo necesito un medio de transporte – intento persuadirme pero solo pude soltar una fuerte carcajada.


 - ¿En serio? ¿Y qué será? ¿Conserje, amante personal, asistente...? ¿Me acerco? – mis palabras eran un tono divertido, hacia tiempo que no mantenia una conversacion como esta – Además ¿Cómo piensa la niña que la llevare a su preciado hogar? ¿En limusina? Fresita, la única forma de que consigas transporte es que abras las piernas y uses ese bonito cuerpo que tienes para hacer feliz a alguien, yo no haré nada. No me vendo a cualquiera que me diga que…- me callé en cuanto en frente de mi rostro aparecieron billetes, y no de este país, sino dólares. Y mejor aun, billetes de cien en un fajo de por lo menos dos mil dólares, cogió mi mano y puso el dinero en esta.


 - Sera el primer pago, te daré más en cuanto llegue sana y salva a casa. Que quede en claro que si una Potter promete nunca miente. Si te prometo que te daré dinero y un trabajo deseado por muchos, lo haré – sonreí de medio lado aun extasiado de tener tanto dinero en mi poder y pensando en declinar su propuesta despues. Alce mi rostro rápido y le vi con una expresión de estupidez.


 -¿Potter?-  dije con esfuerzo en un susurro mientras la veía.


 - Si, Kasandra Potter. Un apellido común ¿Me ayudaras o no? –  me dijo cruzándose de brazos. ¿Acaso el maldito destino me hacia una mala jugada? Merlín, era una ironía muy cruel.


 - Trato echo- mi respuesta fue inmediata. No era el dinero, no era el trabajo, era el apellido. El solo escucharlo de otra persona me traía buenos recuerdos, me daba la certeza de que mi pasado no era un sueño y que al menos una simple coincidencia podia llegar a ser una señal. Si una nena adinerada llegaba a este lugar y pedía mi ayuda a cambio de dinero era cosa del destino, era otra etapa de mi vida en la que tenía que arriesgarme y decir si.


 - Draco – le extendí mi mano – Draco Malfoy – dije por primera vez en muchos años con orgullo. Potter me sonrió y acepto mi saludo.


 - Un placer. Bienvenido al negocio del modelaje -

Notas finales:

Dejemos que imanación fluya, piensa (Si vives en latinoameria) que este lugar es tu país. Puede que no se así como lo describí pero quiero que te identifiques con la historia así sea un poquito.


 


Si quieres dejar un comentario al autor debes login (registrase).