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Lo que no puede ser profanado por ti (ItaDei) por MekhmenehBahnu

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Notas del fanfic:

- Itadei
- Cambio de personalidad al por mayor.
- Embarazo masculino.
- Imprecisiones históricas (incluso siendo un mundo inventado gg).
- Triunfo de la fuerza más poderosa.

Fanfic terminado al 100%
Actualización semanal

Notas del capitulo:

Todos los derechos de la creación de personajes a su respectivo autor.

 

Este fanfic está publicado también en Wattpad pero no entendí bien el posicionamiento de la web :p

 

Historia terminada al 100%, no se quedará a medias. Por favor al querido lector, si le parece demasiado largo el capítulo avise y será dividido en varias partes y con actualizaciones más regulares.

 

GRACIAS POR DARSE EL TIEMPO DE LEER ESTE FANFIC.

 

¡Aguante Itadei!


CAPÍTULO 1

El más bello de los mares

es aquel que no hemos visto.



Deidara sentía una felicidad casi indescriptible con un hecho tan simple como estar sentado al lado de Itachi porque él era todo lo que podía admirar en un hombre; destacaba por su aspecto sí pero no se limitaba a ello, era cordial con toda persona aunque exigente cuando se necesitaba y muy hábil con las armas además de ingenioso e instruido.

Estaban reunidos como todas las tardes en el jardín de la torre para hablar sobre el entrenamiento de los guerreros de la Roca.

- Debo admitir que cada vez que vengo me satisface ver el progreso de sus hombres. –Itachi siempre le hablaba en un tono muy respetuoso, su voz era grave, muy masculina.

- Intentamos no decepcionarlo. Sabemos que es un honor tenerlo a usted como apoyo. –siempre se decían casi las mismas palabras, pero no importaba porque era solo un pretexto para estar juntos.

Deidara era el joven heredero de la aldea de La Roca, aquella nación famosa por sus especialistas en casi cualquier área. Apenas contaba con 14 años, sus padres habían muerto hace ya ocho y el único familiar vivo que le quedaba era su abuelo que si bien no era dulce al menos lo trataba con cariño. Sabía que para ninguno de los dos había sido fácil, él había perdido a su amada hija y en su honor hacía lo mejor que podía para guiar a su nieto pero la edad lo superaba.

Itachi, un guerrero de la Hoja y sucesor del aclamado Clan Uchiha. La relación no estaba predestinada ni mucho menos bendecida por más que ambos fueran de reconocida estirpe nada les unía. Solo los conectó el pasado bélico de sus mundos; la Roca no contaba con un ejército para defenderse por su cuenta y buscaron la ayuda de su aldea vecina la Hoja. Ellos enviaron a guerreros a proteger esa tierra. Desde ahí su alianza se afianzó. La madre de Deidara había pactado una sociedad con el Hokage, donde ambos se beneficiarían. Aunque las dos aldeas estaban en contra de la guerra, la Tsuchikage sabía que de haber tenido una mejor guardia tal vez su esposo hubiera sobrevivido.

El día que Itachi cumplió 16 años se le dio la tarea de viajar a La Roca cada tres meses a continuar el entrenamiento pactado de los hombres de esa aldea. Jamás olvidaría la primera vez que cayó en cuenta de lo hermoso que era el heredero de esa nación. Ya lo había visto un par de ocasiones antes en alguna visita que llegaron a hacer a La Hoja, pero hacía casi dos años que su belleza había sido una revelación. Fue cuando lo presentaron como el nuevo encargado del entrenamiento, agradeció que se le obligara a usar una máscara pues así nadie se dio cuenta de lo mucho que miraba a Deidara, lo recordaba con el cabello corto y casi podía jurar que sus ojos eran menos azules pero ahora era toda una belleza aunque no debía pensar así del joven de apenas 12 años, en ese entonces.

Ya sabía que luciría aún más hermoso cuando creciera. Al principio sus acercamientos eran mínimos, se debía principalmente a que Deidara aún no se involucraba en asuntos relacionados a la política, su abuelo prefería que de momento se enfocara en sus estudios. Eso había cambiado hace aproximadamente un año, el viejo Tsuchikage había comenzado a sentir que no le quedaba mucho tiempo y debía instruir a su nieto en los que serían sus deberes. Claro que no imaginó que al presentarle a Itachi, de frente y sin su tan característica máscara su nieto quedaría perdidamente enamorado. Lo notó al instante, esperaba que fuera solo una ilusión y que pronto desechara la idea de estar con un guerrero.

Obviamente eso no pasó y cada vez que los veía juntos le era más evidente que ambos estaban flechados. Ordenó hablar con Itachi a solas.

- Joven guerrero Uchiha –Lo invitó a sentarse frente a él.

- Tsuchikage–san –Lo reverenció.

- La ya fallecida Tsuchikage tenía un gran instinto para sus aliados. Sé que el Hokage no hubiera sugerido enviar a alguien de su clan si no nos creyera de confianza también. Usted no es el más experimentado en el campo de batalla aunque jamás me atrevería a dudar de sus capacidades, nos lo ha demostrado, es por eso que debe saberse como una persona muy apreciada en esta nación.

- Se lo agradezco. –El más viejo lo hizo callar con un gesto.

- Pero eso no significa que esté de acuerdo en las intenciones que tiene con mi nieto –Itachi no demostró ninguna expresión pero estaba sorprendido de que el hombre le hablara sobre ese tema. –Usted es un guerrero respetable y sé que entenderá que nuestras familias tienen responsabilidades que no se pueden evitar. Dime algo Uchiha, ¿mi nieto te interesa seriamente?

- Si se me permite ser franco Tsuchikage-san yo a su nieto Deidara le profeso sentimientos sinceros –Aunque no fue la respuesta más romántica se entendía perfectamente que un guerrero no se expresara tan abiertamente.

- Entonces debe estar al tanto que si pretende una relación con mi nieto debe respetar nuestras tradiciones que por lo que tengo entendido no coinciden con las de su clan. Entiendes que deberás renunciar a tu posición como sucesor de tu linaje, que tus descendiente no llevarán tu apellido y que no buscarás tener varones ni apoyarás la idea de que estos asciendan a gobernantes.

- Lo sé, mi señor. Lo entiendo y así será. –El Tsuchikage dudaba de esas palabras, era muy fácil aceptarlo ahora que era joven y sin la presión de su familia.

- Itachi, sé que Deidara te escogerá. Eres un buen chico a pesar de tu edad maduro y consciente del mundo así que déjame darte un consejo, si no estás dispuesto a sacrificar tu vida por el bien de mi nieto y sobre todo por el bien de esta aldea lo mejor será que rompas las ilusiones de Deidara. Las mujeres y donceles que llevan su sangre son algo excepcional. Sé que no necesitas escucharlo de Deidara pero si hubieses conocido a su bisabuela, a su abuela, a mi hija, sabrías que ellos tienen ese don de tener la mente clara e incorruptible siempre velando por la Roca.

- Señor me ofende al dudar de mi palabra. No es un capricho que quiera obtener y no es un tema que piense a la ligera pero no es ningún sacrificio para mí dejar el liderazgo del clan por estar en la Roca. –El mayor veía que efectivamente Itachi no expresaría a la ligera sus sentimientos y que no era imprudente al tomar decisiones.

- Él es un niño, solo no lo presiones para que te corresponda. Espera a que sea mayor para recibir tu cortejo.

Esperar, eso parecía una tortura para Itachi pero debía obedecer. Principalmente por Deidara pero también porque no debía hacer oídos sordos a lo que le pedía el Tsuchikage. Recordó que a la edad del joven rubio no tenía ojos ni vida para nada más que no fuera su entrenamiento. No sabía si su abuelo también le estaba prohibiendo que lo viera a solas en los jardines de la torre, sin embargo no podría evitarlo, sería mortal para dejar de escuchar esa voz, de ver esa sonrisa y sobre todo de mirar esos ojos tiernos.

Deidara pensaba que no podía aspirar a que alguien como Itachi se enamorara de él, lo veía como algo inalcanzable. Era consciente que ambos tenían una posición importante dentro de sus respectivas aldeas y eso le daba la facilidad de su compañía pero allá afuera había decenas de personas que también tenían cargos o títulos que les hicieron conocer a Itachi, muchos de ellos mujeres y donceles, conocía a varios y estaba al tanto de que en su mayoría eran increíblemente más interesantes, sofisticados y hermosos, en una escala mental los veía más elegibles que su persona. Por esta razón cada vez que Itachi partía se ponía triste pero era aún peor cuando regresaba porque siempre tenía el miedo de enterarse que había elegido a alguien para desposar. Es por eso que se esforzaba tanto por aprender ya que así se sentía como una persona más inteligente y tal vez dentro de poco al nivel de Itachi.

Al día siguiente el guerrero partiría a su tierra, como estaba pactado regresaría dentro de tres largos y tortuosos meses a la Roca. Esa mañana antes de irse Itachi hizo algo poco apropiado pero fue irresistible abrazar fuertemente a su pequeño Deidara en cuanto estuvieron solos ya que ahora se sabía con la aprobación de su abuelo. Fue totalmente inesperado para el rubio y no sabía si sería correcto estrechar fuertemente a ese hombre pero al menos aprovecharía para llenarse de su aroma y no extrañarlo tanto esta vez.

Ya en la Hoja como de costumbre fue a reportarle a su padre lo que se había hecho en la Roca, después ambos fueron a ver al Hokage para dar el comunicado oficial. Aunque realizaba sus actividades como de costumbre su mente estaba en otro lugar y solo pensaba en cuánto tiempo sería el correcto para empezar a cortejar a Deidara, tal vez dos o tres años. En su clan y en muchas regiones no era raro que los chicos ya estuvieran incluso casados a esa edad pero tenía entendido que nunca había sido así en la familia de la Roca, claro que no sabía todo sobre sus antecesores pero al menos la madre de Deidara había esperado bastante para casarse y mucho más para tener a su primogénito. Su abuelo, haciendo cuentas, también debía haber ascendido al cargo a una edad que le parecía tardía. Le era extraño pensar tanto en ellos, mucho más de lo normal; en otras ocasiones no lo hacía pues le ponía de mal humor saberse tan lejos en distancia y tiempo de su querido Deidara.

Habían pasado dos meses y fueron llamados, él y su padre, frente al Hokage quien les comunicó que tristemente había fallecido el Tsuchikage. De nuevo permaneció estoico pero le angustió la noticia se le estrujaba el corazón con el simple hecho de imaginar a Deidara llorando por su abuelo. Esos sentimentalismos serían mal vistos por los ahí presentes, especialmente por su padre. Sabía que como sucesor del clan fue llamado junto con el actual líder para hablar sobre los tratados que tenían con la Roca, no es que los fueran a retirar ya que el Hokage tenía un especial afecto por el linaje de los regentes de esa nación pero debían pensar en las posibilidades que esta situación suscitaría en un futuro tal vez cercano. Itachi sabía lo que eso significaba, ahora la Roca si bien no estaba en una posición vulnerable el que el sucesor fuera tan joven, doncel y soltero le daba pie a otras aldeas de intentar obtener beneficios aprovechándose de la inexperiencia de Deidara, en otras palabras de ganar prestigio a través de un matrimonio.

Claro que le era preocupante que alguien lucrara con la Roca a partir de esta tragedia pero no tanto como la situación por la que ahora atravesaba el nuevo Tsuchikage. Necesitaba verlo aunque sus prioridades como sucesor del clan eran otras. Sabía que convencer a su padre no era cosa sencilla, así que debía negociar. Ya entendía que ese hombre no cedería a menos que se viera favorecido, tristemente él no tenía mucho que ofrecer pero por Deidara daría lo que fuese.

- Padre, esta vez no te lo suplico como tu subordinado sino como tu hijo; le pido que considere mi petición de adelantar mi visita a la Roca para dar mi sentido pésame al nuevo Tsuchikage. Lo siento como mi deber por el lazo que he desarrollado con su familia. –Fugaku escuchó atentamente el pedido de su hijo. Solo le tomó un segundo fraguar que la visita de su primogénito sería una buena carta para dar paso a un plan que venía persiguiendo desde hace algún tiempo.

- Hijo, Itachi. Visitarás al Tsuchikage pero debes regresar pronto, debemos tratar algunos temas importantes ¿entiendes? Puedes ir y quedarte dos noches pero no más te explicaré cuando regreses. –Salió de la habitación mientras era reverenciado por su querido hijo. No podía esperar menos de su sucesor, lo miraba y era un hombre digno de llevar el apellido Uchiha. Estaba seguro que juntos por fin dejarían de ser solo los soldados de la Hoja.

Itachi lo sentía por su corcel pero no tenían mucho tiempo para descansar, le era urgente llegar a la Roca. Odiaba el hecho de no poder andar más rápido, por mucho que se esforzó tardó varios días en llegar. Ya cuando se acercaba podía sentir la tristeza en el aire, los colores hasta parecían más opacos en esa porción de tierra. Los guardias le dejaron pasar a la torre de inmediato; aunque sabía dónde se encontraba Deidara por respeto debía esperar a que se le anunciara. Pronto regresaron por él y lo guiaron al salón principal. Con una señal de manos el nuevo Tsuchikage pidió que los dejaran solos.

Estaban parados mirándose de frente. Nunca habían tenido una relación cercana físicamente, así que no sabían cómo reaccionar. Podía notar que Deidara temblaba del esfuerzo que le resultaba no llorar, sus ojos azules se notaban hinchados y con la periferia roja, aún más notorio porque su piel estaba increíblemente pálida casi tan blanca como su atuendo de luto.

Abrió la boca para decir algo pero apenas sí balbuceó y comenzó a llorar de nuevo. Se cubrió el rostro porque le daba mucha vergüenza mostrar su debilidad ante el hombre que amaba, sorbía y limpiaba los fluidos que se escurrían por su rostro. Apretó fuerte los dientes porque ya no quería sentirse así, mucho menos verse así.

Solo porque estaban solos Itachi se atrevió a acercarse y abrazarlo suave, maldecía todos esos años de entrenamiento pues le dificultaban relacionarse de la manera en que quería con Deidara. Le costaba horrores mostrar la dulzura y comprensión que el chico se merecía. Quería consolarlo tiernamente en ese momento. Comenzó por acariciar sus largos cabellos de oro, eran muy suaves y sus dedos corrían de arriba abajo con facilidad, el olor que percibía era fresco y dulce; ese cuerpo que resguardaba entre sus brazos brincaba a cada sollozo, le gustaba ese calor que provocaban al estar juntos, le gustaba sentirse necesitado por el dueño de sus pensamientos.

El rubio por su parte aunque intentó resistirlo al principio perdió la compostura y se soltó a llorar con libertad. Ya su abuelo había muerto hace casi un mes, las últimas semanas se había controlado, se dijo a sí mismo que esa muerte debía ser superada pues su malestar no le afectaba solo a él sino a todo el pueblo y le había prometido a su abuelo que cuando estuviera solo sería fuerte y con dignidad dirigiría esa nación, juró en nombre de sus antepasados que sería un buen gobernante. Era un gran peso a su edad sin embargo se trataba de una responsabilidad que no podía delegar, tenía a sus concejeros que le ayudarían hasta que fuera capaz de tomar las mejores decisiones por sí mismo. Sabía que todos estaban preocupados por su salud emocional pero no podían hacer nada al respecto, lo entendía, debía superar la situación y a la larga este dolor se convertiría en fortaleza... pero el miedo, tenía tanto miedo de fracasar, de seguir en soledad.

Por eso lloró frente a Itachi, porque extrañaba a su madre y a su padre desde hace mucho, al menos le había quedado su abuelo que le daba seguridad y confianza y que sabía que le quería muchísimo aunque a su modo puesto que no era un hombre expresivo, pero jamás le había dejado solo. Era un hombre que le protegió todos esos años y ahora que ya no estaba ninguno de ellos, ya nadie le procuraría ni se preocuparían de sus sentimientos, su familia le había dejado solo en este mundo.

Tenía el respeto de todos tal vez afecto pero querían lo que representaba no le querían a él y cuando vio a Itachi a los ojos quiso creer que eso que descifró en ellos fue preocupación por Deidara la persona, no por el nuevo Tsuchikage, que el que lo abrazara y consolara no era por un deber político sino porque se preocupaba por él, tal vez solo como amigo pero eso valía más que cualquier pésame que le dieron en los días pasados. Quería quedarse así, ser protegido por ese hombre valiente, alguien a quién amaba tanto y que sentía como la única persona capaz de curar sus heridas.

De a poco sus cuerpos se fueron relajando y terminaron sentados, Itachi lo abrazó por un muy largo rato, ya no había llanto, solo silencio pero no era incómodo porque ese silencio estaba lleno de todo lo que aún no se podían decir. El guerrero sabía que aprovecharse de la situación sería ruin, debía esperar como ya se lo había prometido al abuelo, por respeto a su memoria cumpliría al menos la promesa de salvaguardar la inocencia del nuevo Tsuchikage. Deidara no diría nada porque la timidez lo abrumaba, además no era correcto que usara la muerte de su abuelo como ventaja para ganar el afecto de Itachi, no quería que su confesión fuera lastimera. El que Itachi lo aceptara o rechazara en este momento habría sido humillante.

Deidara fue el que rompió el contacto, dejó de recargar su peso en el pecho de Itachi pero aún apoyaba su mano en él.

- Lo siento mucho, Uchiha –Porque solo podía llamarlo Itachi en sus pensamientos –Haré que le preparen una habitación para que descanse. –Rápidamente el hombre se puso de pie para ayudarle a levantarse.

- No tiene por qué disculparse su majestad. Si me permite me quedaré el tiempo que sea necesario hasta que usted esté mejor –Apretó su mano solo para transmitir seguridad.

Los días que ahí estuvo Itachi, a pesar de la orden que le había dado su padre, le ayudaron a Deidara a darse cuenta que la vida seguía, todavía temía que cuando Itachi se fuera se derrumbaría de nuevo. Si antes lo extrañaba de aquí en adelante lo extrañaría diez veces más pues lo consideraba la única persona realmente cercana que ahora tenía en todo el mundo. Sin embargo antes de irse Itachi le dijo algo que le hizo poner los pies sobre la tierra.

- Su majestad regresaré pronto. Por favor cuídese, usted es muy importante para su pueblo y para la Hoja. Sé muy bien que su abuelo no hubiera querido verle tan decaído, lo sé porque a él yo le consideraba un buen amigo y nunca dejó de expresar su admiración por su nieto. Le reconocía como un doncel extraordinario capaz de superar cualquier dificultad. No dude que yo también lo creo, toda la estima que le tenía también se la tengo a usted y sé que seguiremos siendo buenos amigos como lo fui con su abuelo, por eso, por favor, sea valiente en esta situación, hágalo por mi querido amigo el antiguo Tsuchikage.

Lo que sintió fue un dolor agudo porque ahora ya no sabía si todos los momentos que pasaron juntos habían significado lo mismo para Itachi que para él. Fue como si hubiera caído de un lugar muy alto y su cuerpo se entumiera del dolor pero por la misma sorpresa de ese repentino acontecimiento no pudiera ni siquiera gritar. Para él cada vez que lo abrazó, que le dedicó un mimo, incluso el simple hecho de dedicarle una mirada había sido especial pero ahora con estas palabras de despedida, ¿acaso para Itachi solo fue un deber que tenía que cumplir en memoria de su abuelo?

Por su puesto que le sonrió y deseaba verlo de nuevo pero no esperó que esta despedida fuera tan amarga.

Durante la ausencia de Itachi había surgido una situación. Al parecer un grupo de rufianes había atacado una porción de tierra perteneciente a la Hoja con la intención de saquearla y así continuar con otras pequeñas aldeas, pues venían haciendo lo mismo desde la región vecina. El deber como el clan de guerreros de la Hoja era apoyar en estos problemas, no podían tomarlo tan a la ligera ya que de haber sido unos bandidos cualquiera ya se habría hecho cargo la región por sí misma.

Fugaku decidió enviar a su primogénito con un escuadrón a controlar la situación, sabía que resolvería ese asunto rápidamente, confiaba plenamente en él. Por otra parte el que Itachi dejara libre su posición como entrenador en la Roca le daría la oportunidad a que su otro hijo, Sasuke, por fin tomara la responsabilidad que implicaba su apellido. Sabía que con la probable partida de Itachi para gobernar la Roca su segundo al mando sería Sasuke y no podía adquirir ese puesto si no contaba con experiencia.

Al ser el menor apenas sí había cumplido con algunas misiones, a su edad Itachi ya era mucho más activo políticamente y en el frente de batalla. Estaba seguro que Sasuke no decepcionaría o al menos eso esperaba por su propio bien. La tarea era sencilla pues sabía que Itachi había hecho un trabajo formidable al entrenar a los guerreros de la Roca, Sasuke solo debía continuar con eso en ausencia de su hermano. Por su puesto que el mayor odió escuchar esa noticia ya que significaba estar más tiempo alejado de Deidara pero no podía oponerse a la orden directa del Hokage.

Sasuke sabía que la razón principal por la que se le envió a la Roca era porque su hermano tenía una misión más importante. Eso le enojaba demasiado, estaba seguro que su padre y el líder ya estaban enterados de esta situación y en lugar de enviarlo a él como primera opción decidieron esperar por su hermano; siempre era tratado como si fuera incapaz de hacerse cargo de los encargos del Hokage. Entendía que su posición como el segundo hijo no le merecería jamás el ser líder del clan pero si tan solo le dejaran demostrar sus aptitudes estaba muy seguro de que todos notarían que superaba con creces a su hermano.

Llegó a la Roca y fue guiado ante el recién nombrado Tsuchikage. Se encontraba en un gran salón, hincado para recibir al gobernante; nunca antes lo había visto, tampoco se escuchaba mucho de él y casi todo era relacionado a la muerte de su abuelo. Fue anunciado en la sala y entró seguido de su séquito, aunque no le deslumbró su apariencia no podía negar lo hermoso que resultaba el doncel.

Deidara se encontraba emocionado por ver de nuevo a su querido Itachi pero apenas puso un pie en el salón notó que el líder del escuadrón no era él. Caminó con el ritmo propio de un dirigente, iba lento, mirando de reojo a los invitados. Sasuke no dejaba de seguir los ojos azules de Deidara y solo con un vistazo supo que estaba decepcionado por no encontrar a su hermano. Claro que en ese momento no sabía que era debido al amor que sentía por él, lo interpretó de la manera en que siempre lo hacía cuando se les comparaba a ellos dos, pensó que el Tsuchikage lo creía incapaz de llevar a cabo las labores al mismo nivel que lo hacía Itachi, pero le demostraría lo contrario.

Para Sasuke esto no era un encargo común, no se lo tomaba a la ligera como normalmente lo hacía en otras misiones donde se pasaba de arrogante. Este momento era su gran oportunidad de arrebatarle un poco de prestigio a su hermano. Presentó sus respetos a Deidara como dictaba el protocolo y aunque el rubio deseaba saber la razón por la que habían enviado a este otro guerrero no debía preguntarlo pues no era de su incumbencia. Tal vez en el desayuno al día siguiente cuando conociera al guerrero sin mascara podría preguntar un poco más, por ahora solo le demostaría la hospitalidad que siempre habían tenido con sus invitados.

Cuando se encontraron en el comedor a la mañana siguiente Deidara pudo notar que este nuevo entrenador era muy hermoso, su piel era blanca y perfecta, su estructura ósea envidiable, el cabello brillaba con la luz que entraba por las ventanas, definitivamente era un hombre que deseaba observar. Cayó en cuenta de que lo miraba con demasiada intensidad y quizá lo hacía sentir incómodo así que le sonrió a modo de disculpa y comenzó a conversar.

- Uchiha Sasuke ¿verdad? –Este asintió –He visto ya a varios miembros del clan y encuentro en todos ustedes cierto parecido. Disculpe mi atrevimiento pero ¿será usted cercano a Itachi? –Si bien no le sorprendió ni ofendió la pregunta le asaltó la duda de por qué el Tsuchikage se refería tan familiarmente a su hermano, claro, ya llevaba años entrenando a los hombres de esta aldea pero eso no significaba, necesariamente, que entablara una amistad con este chico especialmente porque sus conversaciones debieron dirigirse al antiguo gobernante y no a su nieto.

- Así es su majestad somos hermanos. –Él siguió con su desayuno pues no le interesaba perder el tiempo platicando con el que consideraba un niño aunque apenas si era un par de años menor.

- Jamás hubiera imaginado que Itachi tuviera un hermano. –Esas palabras salieron espontáneamente y se avergonzó de no mantener la compostura que le había enseñado su abuelo –Claro que tampoco es que nosotros habláramos mucho sobre estas cosas –Rió con evidente nerviosismo además de estar sonrojado por decir ese tipo de cosas frente a alguien que apenas había conocido, le extrañaba porque él no solía ser tan parlanchín.

- Pierda cuidado su majestad. Puede preguntar cuanto guste. –Le regaló una sonrisa seductora, no le interesaba el Tsuchikage pero le intrigaba la relación que tenía con su hermano. Era evidente que Deidara sentía algo por Itachi pero ¿acaso era correspondido? De momento quería entablar un amistad con el rubio y sabía cómo ganarse su simpatía porque cuando se lo proponía podía llegar a ser de verdad encantador.

Después del desayuno Sasuke se dirigió a realizar el entrenamiento. Ya sabía cómo dirigir a un escuadrón preparado y al menos tenía la experiencia de lo que era ser entrenado bajo el régimen de los Uchiha, se dio cuenta de inmediato que estos chicos seguían siendo unos novatos aunque no eran los más avanzados el nivel que manejaban él ya lo tenía desde que era un niño. Se molestó con su hermano pues a sus ojos había dejado en mal a los de su clan y al parecer había invertido más tiempo en complacer al joven doncel.

Deidara tenía lecciones prácticamente todo el día pues debían apresurar su educación para que pudiera involucrarse de lleno en la vida política, ya que de momento sus consejeros se hacían cargo de la mayor parte de las labores que antes tenía el viejo gobernante, claro que era difícil pues quien tomaba las decisiones finales era Deidara. Sabía que ellos eran de fiar y que nunca traicionarían al Tsuchikage pero si lo dejaban tomar todo el poder de una sola vez era altamente probable que alguien llegara a aprovecharse de su inexperiencia y buen corazón. Y es que algo que todos notaban era que Deidara no estaba especialmente interesado en dirigir la Roca, era entendible por su edad pero por el bien de todos eso debía cambiar.

Aunque ahora que su abuelo había fallecido tenía menos tiempo libre no podía evitar cada vez que podía ir a ver el campo de entrenamiento, era una costumbre ya arraigada. A veces incluso sentía que sus pies se movían solos a esa zona. Se sentó a mirar al pequeño Uchiha al menos hasta que diera la hora de la comida. Le gustaba esa imagen varonil que tenían ambos hermanos, de perfil eran casi iguales tal vez Sasuke tenía mejores facciones y su rostro en general no se veía tan cansado como el de Itachi pero su Itachi tenía esas pestañas encantadoras, además su mirada... solo de recordarla le estremecía el cuerpo. De espaldas claramente se podían ver sus diferencias, para empezar Itachi era más alto, era de esperarse pues se trataba del hermano mayor, su cabello también era diferente, ya había tenido oportunidad de tocarlo a discreción y aunque estaba seguro de que no lo cuidaba era muy suave. Cuando se dio cuenta de que Sasuke lo había descubierto mirándole fijamente de nuevo, se sonrojó. Debía dejar de hacer eso, no era correcto incomodar a su invitado y no tenía caso compararlos, Itachi siempre ganaría para él.

No vio más a Sasuke hasta que llegó la cena.

- Uchiha, me alegra ver que rápidamente se ha adaptado a esta aldea.

- Sasuke, Tsuchikage-san, usted con toda confianza puede llamarme por mi nombre. –Deidara lo miró con sorpresa y alegría en partes iguales –Debo admitir que su aldea me ha parecido encantadora, solo llevo un día aquí y siento que ya no quiero irme debe parecerle tonto y exagerado pues apenas sí he visto una parte ínfima de su territorio.

- ¡En absoluto! Para un gobernante es halagador que alguien se exprese así de sus tierras. Si en un futuro se presenta la ocasión yo estaría encantado de mostrarle la aldea de la Roca hasta sus límites. –Le gustaba que la tensión que muchas veces sentía con Itachi no existiera con Sasuke, con él era fácil hablar.

Sabía que los Uchiha estaban en la Roca por un tratado, le quedaba claro que se trataba de política pero también tenía el deber como buen anfitrión de ofrecerles todas las atenciones posibles aunque esto se tratara de un trabajo para ellos; sin embargo algunas veces le daba la sensación de que todos ellos eran como fantasmas pues todo lo hacían regularmente en silencio, comían en silencio, caminaban en silencio, los vigilaban casi sin darse cuenta, lo sabía porque notaba en sus miradas una necesidad de analizar todo. Se preguntaba si así sería ser un guerrero y si todos se comportaban de la misma forma, le parecía algo triste en cierta forma pues no podían bajar la guardia ni ser espontáneos, mucho menos expresivos. Siempre parecían estar cuidándose de todo y todos a su alrededor, a sus ojos era una posición muy dura que él no podría soportar. Todo eso hacía aún más especial que Sasuke conversara con él de la forma en que lo hacía.

Para el menor de los Uchiha muchas cosas no quedaban claras, le falta unir algunos hilos para conocer exactamente qué tipo de relación llevaban Deidara y su hermano, aunque se lo imaginaba pues no era tonto. Cada vez que su hermano partía a la Roca notaba en él cierta ansiedad por irse, no sentía eso mismo cuando iba a una misión cualquiera. Era extraño pero se imaginaba que debía sentir la Roca ya en sus manos y le gustaba ir a las que serían sus próximas tierras porque no era muy difícil leer en el rostro de Deidara que estaba perdidamente enamorado de su hermano, todos esos años Itachi debió trabajar en engatusar al joven y ahora que su único protector había muerto la conclusión de su plan debía estar cerca.

El rubio era tan inocente, sabía que los chicos de su edad no debían ser difíciles de engañar aunque era un gran conversador todo el conocimiento que poseía era solo eso, no conocía nada del mundo real, no había conocido la maldad en persona lo cual le daba una gran ventaja. Él nunca tendría el honor de ser la cabeza del clan, eso le quedaba claro así que ahora quería la Roca, quería a Deidara.




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