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El Giratiempos Roto. por aerosoul

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Notas del capitulo:

Hola¡¡ Soy yo, garabato. No es plagio¡¡¡ Quien querria plagiar esto? Eh decidido intentarlo de nuevo gracias a alguien muy especial para mi que no ha dejado de joderme la vida con su "subelo,subelo,subelo,subelo." Pues aquí esta. Disfruta tu pequeña victoria, Evitititita. Ya vendrá la mía.

Te amo, lo sabes, pero controlate.

Algunos dicen que el tiempo es la cuarta dimensión (muggles, por supuesto). Otros dicen que es circular (más muggles, claro). Unos más aseguran que es lineal (sí, muggles). Y uno que otro jura que no existe (¡muggles! ¿Cómo adivinasteis?).

¿Cuál tiene la razón? ¿Quién lo sabe? ¿Acaso importa?

Sí, a Harry Potter sí.

Aunque, claro, no siempre fue así. Antes, el único “tiempo” que le importaba era el climático, por que pensar en tiempo de Êxtasis le causaba escalofríos. El tiempo de nevadas le servía para lanzar bolas de hielo a todo Slytherin que se les cruzara en el camino a él y a Ronald Weasley. Principalmente si el BLANCO era el Rey de las Serpientes Plateadas: el Rubio Menor, mejor conocido como Draco Malfoy, alias El Increíble Hurón Saltarín. El tiempo neblinoso le servía para escabullirse en los terrenos de Hogwards sin ser visto. Su sitio favorito era la cabaña de Rubeos Hagrid, Guardián de las Llaves y Terrenos de Hogwards, con quien Harry se lo pasaba de miedo. Especialmente cuando el Semigigante le ofrecía de esos pastelillos que preparaba personalmente. El tiempo soleado le servía para pasear por las orillas del lago con su amiguísimo Ron y su Flamante recién nombrada novia, Hermione Jean Granger (la tía de la abundante cabellera castaña), Neville Longbottom (el tío que se había estirado como una liga el verano pasado), Luna Lovegood (la soñadora y encantadora Lunática) y la menor de los Weasley, la siempre guapa y tildada Ginebra Weasley, a quien, aquel año, Potter había comenzado a tomarle cierto cariño que, parecía, poco tenía que ver con el cariño de hermanos que hasta entonces le profesaba. El tiempo de lluvias lo ocupaba en… en realidad las tardes lluviosas le eran un buen pretexto para tomar chocolate caliente (“¿Pastelillos? Esto… No, gracias, Hagrid. Ya desayuné.”) en la cabaña del Guardabosques, donde pretendía escuchar las largas historias del Semigigante en vez de estar pensando en Cho Chang (hacía años) o Ginny Weasley, (últimamente). El tiempo de frío era su clima favorito. Y no era, precisamente, que al Moreno de Gafas le gustara andar calado hasta los huesos, sino que le era un buen pretexto para permanecer junto a Ginny. Un buen pretexto para frotarle las manos (“Madre mía, Ginny, que fría te has puesto. Déjame calentar tus manos.”), y (¿Por qué no, en un día en que se sintiera especialmente audaz un “Hace un puñetero frío. Déjame abrazarte, Ginny.”) un buen pretexto para abrazarla.

Pues nada, que Harry Potter no tenía más interés por el tiempo.

Y el problema con el Tiempo es que ni los mejores videntes del mundo pueden saber lo que depara.

Un minuto puedes creer que estás enamoradísimo de la hermana menor de tu mejor amigo y al siguiente descubrir que amas con infinita locura a tu eterno enemigo, tu némesis, el que juras que jamás en la vida te haría sentir nada más que deseos de extrangulárle si aceptara que él siente lo mismo por ti…

El tiempo, como el destino, no tiene ningún respeto por nadie. Y por muy famoso que fuera El Niño Que Sobrevivió o muy pijo el Rey de las Serpientes Plateadas, estaban a punto de descubrir que el Tiempo es quien debe ser respetado… Y, claro, que el león no es como lo pintan.

 

 

 

 

Aquel día de finales de septiembre, con su brisa aún cálida y su cielo azul aborregado, Harry Potter caminaba hacia el Gran Comedor. A su lado Ron y Hermy caminaban casi flotando en su propia nube (destilando tanta miel que al Moreno de Gafas en serio le preocupaba que se volvieran diabéticos) con las manos bien apañadas.

Harry agradecía que el pelirrojo de su amigo distrajera a la castaña de su “Peor es nada” para que no empezara con su cantaleta de “Pierde ese maldito libro, sí o sí,” pero si los oía suspirar una vez más, estaba seguro de que vomitaría hasta su primera papilla.

La castaña le caía bien, era su mejor amiga y confidente desde primero, pero a veces podía ser una verdadera plasta (“No te enfades, Hermy, pero Harry tiene razón,” dijo Ron, de lo cual se arrepintió en cuanto escuchó ese escalofriante “Ronnie” de labios de su amada).

¿Solo por que la había hecho quedar en ridículo gracias a Elaboración de Pociones Avanzadas del Príncipe Mestizo? ¿Tan egoísta podía llegar a ser?

Harry llevaba bien apañado su libro.

Uno nunca sabe cuando lo puede hacer perdidizo una amiga celosa.

Pero, de pronto, el Moreno de Gafas sintió que sus manos perdían las fuerzas y su preciado libro se escapó de sus manos…

“¡¡¡¿Hermy?!!!”

… Y fue a dar junto a las escaleras que bajaban a las mazmorras.

Lo demás fue cuestión de un segundo.

z88;

Draco Malfoy, el Rubio más Rubio de Hogwarts, Suspiró distraídamente mientras subía las escaleras, pensando en las calorías que debía consumir aquella mañana.

Aquel maldito día tenía clase de pociones con Grrrr…yffindor.

¿Es que, acaso, alguien allá arriba lo odiaba? ¿Algún Gryffindor había hecho pacto con Baphomet para destruirle la vida?

Si era así, Draco sabía perfectamente su nombre.

Detrás de él, en tropel, subía casi todo Slytherin. Pansy Parkinson, aquel día realmente bella, platicaba con Daphne Greengrass, muy animadamente, sobre Estudios Muggles. Más específicamente de unos aparatos domésticos. Como si pudieran tener algo de interesante esos tales frego… frigo…

¡”Rifícos o lo que sean!”

Repentinamente un mocoso de primero, de la casa de Revenclaw, pasó a toda leche por un lado del Rey de las Serpientes Plateadas y, sin querer o no, eso era lo de menos, lo empujó contra la pared.

Malfoy gruñó y llevó su mano a su bolsillo en busca de su varita, pero antes de alcanzar su objetivo, un Maleficio de las Piernas Unidas le pasó rozando y dio contra el mocoso, quien, al instante, rodó por los escalones causando la risa general.

El Rubio Menor observó hacia atrás y descubrió la maliciosa sonrisa de Pansy Perrita Faldera Parkinson.

- Gracias, cariño - dijo Draco, haciéndole una pequeña reverencia a la bruja -, pero yo hubiera utilizado un Crucio o algo así - aseguró el Rubio, quien en realidad iba a utilizar el mismo maleficio que su queridísima amiga, pero le gustaba hacerle al malo.

La muchacha se encogió elegantemente de hombros y, sin borrar su sonrisa, continuó su conversación con Greengrass, mientras el Rubio mas Rubio de Hogwarts retomaba su paso con un poco más de premura, y echó un vistazo al mocoso que, aparte de adolorido, se notaba bien.

Draco Malfoy no entendía por que seguían naciendo niños en el mundo: Si algún ser superior, fuera quien fuera, buscaba la perfección, ya debería saber que él era único e irrepetible.

Después de que nací deberían haber dejado de nacer mocosos.”

De pronto los escalones se acabaron, pero el Rubio Menor fue recibido por un obstáculo que no pudo sortear.

“Y tenía que ser él. ¡¡¿Me odias, cierto?!!”

Harry Potter se agachó para recoger su libro de Elaboración de Pociones Avanzadas, cuando, de improviso, cierto Rubio subió las escaleras con prisa descuidada y chocó contra el costado doblado del Moreno.

Este último perdió el equilibrio y cayó sobre el suelo antes, siquiera, de que sus dedos rozaran el libro.

Malfoy salió invicto. Detrás de él se apelotonaron los demás Slytherin que comenzaron a reírse a carcajadas del Gryffindor, quien se acomodaba las gafas en el puente de su nariz.

-¡¡¿Qué coño estáis mirando?!! - rugió el Rubio Menor, pero, para sorpresa de todos, en dirección a los Slytherin. Al instante te callaron. - ¿No tenéis nada mejor que hacer? ¡Venga ya, largaos!

Peor que si hubiera sido una orden del Profesor Severus Snape, los chavales se dispersaron en tropel, lejos del escenario. Pansy Parkinson titubeó un segundo, pero al encontrarse con la enérgica mirada de Malfoy decidió seguir su camino junto a Greengrass.

Ron, que le había tendido una mano a Potter para levantarle, se quedó boquiabierto como su novia, ante la actitud del Rey de las Serpientes Plateadas. Por su parte, Malfoy observó a sus pies, donde yacía el libro de Elaboración de Pociones Avanzadas de Potter, y lo tomó, dibujando una sonrisa perversa al gusto del Moreno.

- Pero si es Harry Popotter - declaró hojeando el libro. Detrás de él, de entre la multitud que se había dispersado, aparecieron Crabbe y Goyle, los tíos con pinta de Guardas Malfoy, quienes se rieron del comentario de su amo.

Harry miró nerviosamente como los largos y esbeltos dedos del Increíble Hurón Saltarín paseaban por las notas de los marcos de las hojas.

-Pero que bonita caligrafía, Popotter - ironizó con una risita algo forzada. - ¿Quién te enseñó a escribir, ah? ¿El profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas?

- ¡Dámelo, Malfoy! - exigió el Moreno, sacudiéndose el trasero de su túnica negra. - Es mío.

- ¡Claro que es tuyo, Popotter! - aseguró Draco con desprecio, clavando con intensidad sus ojos grises en los verdes de Harry. - El caso es que no se me antoja regresártelo. Esto es una antigüedad y debería estar en un museo ¿no lo creéis? - preguntó a los tíos tras él.

Ambos asintieron con risita estúpida (“Digna de ellos,” pensó Harry).

- Me lo vas a entregar - dijo el Moreno sacando su varita. Inmediatamente ambos guardas sacaron las suyas pero Harry ni se inmutó -… sí o sí.

Malfoy levantó una ceja al tiempo que ladeaba su sonrisa y le pasó el libro a Goyle.

- Si lo quieres ven a por él, Popotter.

- Harry, no lo hagas…

Hermione había caminado hasta él para tomarle el brazo y halarlo lejos de ahí, pero el Gryffindor no quería escucharla. Sabía lo que le diría. Algo como “Que se quede con el puñetero libro y así nos deshacemos de él de una vez.”

Pero Harry no quería deshacerse de él y le exasperaba de verdad que su amiga no lo entendiera.

El Moreno movió su brazo antes de que Hermy llegara a tocarle siquiera, y dio un paso a Draco. Tendría el puto libro de vuelta. ¿A que sí?

Y como el Gryffindor avanzara un paso, Crabbe y Goyle daban otro con sus varitas en ristre, hasta quedar a la par del Rubio Menor, quien no había borrado su insolente sonrisa ni un segundo.

Ron y Hermy sacaron sus varitas (la Castaña murmurando algo así como “CAPULLO TESTARUDO” mientras torcía los ojos, pero al Moreno no le importó en absoluto) y apuntaron a los matones.

- Ya. Es que el Gran Harry Popotter ocupa para todo a sus niñeras, ¿eh? ¿A quién de vosotros le tocan las nanas hoy?

- ¡Sabes que es más fácil que yo me las apañe solo a que tú puedas lanzar un decente Wingardiumleviosa!

Malfoy borró su sonrisa de inmediato y sacó su varita, hasta entonces, resguardada en el bolsillo de su túnica, y le apuntó.

- ¿Quizá debería recordarte lo bien que el Petrificus Totalus me sale?

Harry pensó, por un segundo, en aclararle que en realidad el Petrificus Totalus que le había lanzado el Rubio en el expreso de Hogwarts, poco había tenido que ver con que no se pudiera mover. Sólo fue que estaba engarrotado por permanecer tanto tiempo encogido. “Y pudo ser.” Pero no quiso darle más importancia al asunto frente a sus amigos y los matones de Malfoy.

- ¿Qué tal si lo comprobamos ahora? - preguntó de pronto el Slytherin, y sin esperar respuesta se volvió a sus guardas -. Ustedes dos: vigilad que no pase nadie. Y Goyle… - susurró - Si algo me pasa quema el puto libro.

Goyle asintió y caminó hasta el dobles del pasillo, donde se planto con el libro resguardado entre sus brazos, con pinta de colegiala enamorada, esperando a su amor platónico.

- Malfoy, estás muy equivocado si crees que, como Prefectos, Ron y yo vamos a permitir que…

- Escucha, sangre sucia…

- ¡Hey! - bramaron Harry y el Pelirrojo al mismo tiempo, pero el Rubio Menor les ignoró.

- …¿Por qué no te vas a hacer gorritos para tus elfos domésticos o de una vez te vas a la mi…?

- ¡¡Malfoy!! - amenazó Harry cortando toda distancia entre ambos y poniendo la punta de su varita contra la pequeña nuececilla del cuello del Rubio. - ¡No te voy a permitir que la vuelvas a insultar, ¿oíste?

Malfoy dibujó una nueva sonrisa. Harry estaba tan cerca de él que podía sentir su aliento en su rostro.

- ¿Tú y cuántos más, Popotter?

- A la mierda las putas normas, Harry - vociferó Ron -. ¡Enséñale quien manda!

Hermy volvió a torcer los ojos, con ganas de aporrear a su novio, pero con una expresión a caballo entre la exasperación y el amor. Era un tonto por dejarse enfadar tan fácilmente, pero quizá por eso lo amaba tanto.

- Vale, entonces - susurró Draco de nuevo, para que solo Harry pudiera oírle -. A la mierda con las putas normas ¿eh? Potter - dijo con la delicadeza de un cúter cortando piel -, una simple curiosidad: ¿quién te arregló la nariz?

Harry hundió un poco más su varita en el pálido cuello del otro, pero Malfoy no retrocedió ni borró su sonrisa altanera.

- ¡Te aseguro que no la misma que te la arreglará a ti!

Detrás del pasillo Goyle carraspeó como si tuviera un puñado de tierra en la garganta y el Rubio volteó, suavizando un poco su sonrisa.

- Tal parece que hoy no será - razonó, comprendiendo el gesto de Goyle -. Se acerca alguien.

- Bien - dijo Hermy, notablemente aliviada -. Podemos esperar a que termine el séptimo año sin correr el riesgo de ser expulsados. Estoy casi segura de que una vez que nos han entregado el certificado ya no nos lo pueden quitar…

Pero Harry ignoraba a su amiga. Malfoy había sabido darle donde le dolía (“Esto de parte de mi padre,” había dicho Draco tras chutarle la nariz) y el Moreno no lo iba a dejar así como así.

Potter se acercó más a Draco.

Quería que sufriera.

Quería oírle gritar de dolor.

Estaba tan cerca del otro que pudo distinguir una nota de jazmín entre las notas amaderadas del perfume del Rubio. Una mezcla un tanto rara, pero, aun así, hipnotizante.

- Vamos, Harry - llamó el Pelirrojo Ron, cogiéndolo por el brazo -. Será mejor que no nos metamos en más líos. Apenas comienza el curso.

“Oh, sí. El curso. He oído hablar de él, pero en este momento solo tengo cuatro palabras que decirle: Me. Importa. Una. Mierda.

- Vale, Ron. Pero hay un pequeñísimo problema y es que yo no me voy sin mi libro.

- ¡Y dale con el libro! - exclamó Granger, poniendo los ojos en blanco.

Harry estaba seguro de que un día se le quedarían así si lo seguía haciendo.

El Rey de las Serpientes Plateadas volvió a sonreír de una forma en la que a Harry le recordó a un personaje de una película que había visto a pedacitos en la casa Dursley. Un tío verde y peludo que se robaba la navidad o algo así. Pero la sonrisa de Malfoy era capaz de crear pesadillas si no se estaba lo suficientemente cuerdo y uno que otro escalofrío en el momento adecuado…

Como aquel, cuando Harry sabía que solo podía significar una cosa: “Te he dado por el culo. ¿A que sí?”

Y a Harry no le gustaba que le dieran por el culo. No, por que era él quien le daba a Draco Malfoy por el culo (No os lo toméis literal… no aun). Podría jurarlo sobre la tumba de Merlín (siempre y cuando Albus Percival Wilfric Brian Dumbledore - los gemelos Weasley usaban el nombre del tío de trabalenguas - su chiflado director, como le llamaban algunos -Ron incluido -), quisiera pasarle el secreto de donde se encontraba la dichosa tumba antes de morir. Aunque al paso que iba dudaba seriamente de que el director de Hogwarts fuera a morir antes que él.

- Ujum, ujum - Goyle volvió a carraspear, esta vez más fuerte y asomó la cabeza por detrás de la pared, pero esta vez el Rubio no lo miró.

Sus brillantes ojos grises estaban perdidos en la ira que demostraban los verdes.

Y lo estaba disfrutando.

- Vamos a llegar tarde al desayuno - anunció Hermione, con la voz ansiosa.

- Te diré qué - propuso Malfoy -: Yo te devuelvo tu fósil y tú me obsequias tu botellita de Felix Felicis y todos contentos, ¿vale?

Harry se aguantó las ganas de escupir una carcajada.

“Claro, Malfoy. ¿No querrás también un masaje en la espalda o que te la chupe?

(Cualquiera pensaría que aquí hay tensión sexual, pero os seguro que aun no.) Paquete completo, aprovecha.”

Harry sabía que entregarle al Rubio la Suerte Liquida sería como nombrar a Voldemort, Primer Ministro del Mundo Mágico. Prefería dársela a Her Hitler que al Rubio. Por lo menos con el muggle podía esperar una muerte piadosa. Quizá que lo fusilaran, que lo torturaran hasta morir dulcemente, que lo violaran (vale, ignorad esto), que lo descuartizaran, lo etece, pero con Draco Malfoy…

Por otro lado, Harry debía pensárselo bien.

Si el Rey de las Serpientes Plateadas descubría el tesoro que escondía Elaboración de Pociones Avanzadas edición Príncipe Mestizo… Si lo descubría podría tener acceso a…

¿A qué? Ya estaba tan paranoico como Hermione Suelta Ese Libro Que Es Peligroso Granger.

Aun así, necesitaba su libro. Así que ¿Por qué no, en vez de entregarle al Rubio Menor su botellita de Suerte Liquida, iba y se la tomaba él? Así obtenía lo que quería.

El Rubio Menor bajo las llantas de un avión aparcado.

Sí, eso iba a hacer: atropellar a Draco Malfoy con un avión… después de tomarse su Suerte Liquida.

- Vale, tú ganas - cedió el Gryffindor -. Tendrás la poción.

Por alguna razón el Rubio borró su sonrisa Grinch y observó el libro viejo y sucio, lleno de garabatos que resguardaban los gruesos brazos de Goyle.

Debía ser mas valioso de lo que había creído si Popotter estaba dispuesto a hacer ese cambio por él.

- ¿Sabes qué? Ya no me interesa. Cualquiera puede hacer esa estúpida poción, pero me parece que a mi libro de Pociones le hace falta una hoja y no estaría de mas tenerlo de repuesto, ¿no lo…?

- ¡¡Ni lo sueñes, Malfoy!! - bramó Potter mientras se recriminaba mentalmente por tal descuido.

“¡Maldita Serpiente!”

- Popotter, por si no lo has notado, soy un prefecto - aseguró el Slytherin, mostrando su reluciente insignia con la Pe, como la de Ron y Hermy, y Harry sintió que aquel era un guiño burlón del destino que le echaba en cara que el no había podido hacerse con la insignia a fin de cuentas.

¿Ron Weasley? ¿Draco Malfoy?

Aunque reconocía con pena, que se lo había esperado del Rubio.

Y aunque ya sabía por donde iba el Prefecto de Slytherin, preguntó:

- ¿Y?

- ¿Y? - Malfoy se volvió hacia sus compañeros de casa que rieron al instante - ¡¿Y?! ¿Tengo que recordarte que puedo requisarte el puto libro si así lo quiero? Soy un prefecto, Potter. Algo que tú ni en sueños. Me lo he ganado a pulso. Yo no necesito ser el Elegido - dijo con desprecio -. Yo valgo por quien soy, no por lo que los demás quieren que sea…

Harry no lo pensó. Separó su cuerpo de Malfoy (Ron aun le sujetaba el brazo con que sostenía la varita pegada al cuello del Slytherin) y cogió impulsó.

El Rey de las Serpientes Plateadas no tuvo tiempo suficiente de cubrirse, aunque el puñetazo no llegó a causar todo el daño que Harry esperaba.

- ¡¡Eres un hijo de puta!! - chilló el Rubio, cubriéndose el ojo recién machacado bajo los nudillos de Potter. - ¡Estúpido de mierda! ¡¡En la cara no!!

Ron aplaudió y vitoreó mientras Harry se separaba de los dos y caminaba hacia Goyle para sanjar el asunto de una vez por todas.

El matón asomó la cabeza detrás de la pared y empezó a mover sus labios pero la frase murió en el aire cuando notó que un Muy Cabreado Gryffindor se dirigía a él con los ojos entornados y los puños cerrados. Nerviosamente se volteó hacia su amo que estaba inmóvil en su sitio, con el rostro entre las manos y Crabbe se notaba demasiado medroso como para ayudarle.

- ¡Eh, tú! - rugió Harry, apuntándole con su varita.

- ¡¡No se lo entregues!! - gritó Malfoy y el otro se echó a correr en tanto que el Rubio apuntó con su varita a Potter - ¡Ff…- pero antes de que pudiera lanzar un hechizo Forunculos, Hermione le lanzó un Confundus. Fff¿qué? - … frigorífico?!

Harry escuchó las zapatillas resonando contra el suelo de piedra y después un Zzzuuuuuummmmmm, algo muy pesado deslizándose a toda pastilla por su lado y un ligero “Jeeeepppp”, seguido por un golpe sordo y pesado cuando aquella cosa se detuvo al no poder atravesar la pared.

-¡¡Madre mía!! - gritó Hermione, que al parecer era la única que se había dado cuenta de lo que había pasado. Corrió hasta Harry, pálida como un rayo de luna, y se echó a llorar.

El Moreno tras ella no entendía la angustia.

Vale, que era un frigorífico sumamente raro estampado contra la pared. Claro que el primero que veía con pies y manos (que, por cierto, los pies calzaban zapatillas escocesas) y se quejaba. Por lo demás, como si nada.

Notas finales:

Pues nada. Si esto a logrado ser publicado es por que es un milagro.

Y si alguien lo ha leido, tambien, asi que gracias por leer.


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