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EL MAL CAMINO por Galev

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Notas del fanfic:

Ninguno de los dos tiene algun tipo de experiencia gay, en pocas palabras, es la historia de dos heterosexuales que se enamoran, por eso el desarrollo de la historia es paulatino. Espero que les guste, porque está dificil hacer que este tipo de situación tenga coherencia y se vea realista xDD

Si les gusta comenten plis, necesito animos :D

Notas del capitulo:

Puede que al principio el fic parezca un poco lento, pero se ira poniendo mucho mas interesante con el tiempo. Lo que pasa es que no me agrada apresurar las cosas porque siento que se pierde la magia. u_u jeje

La historia se desarrolla en algun estado fronterizo de México, en el año 2000. Que lo disfruten :)

EL MAL CAMINO

 

Capítulo I: La suerte del gringo

 

Galen no sabía cómo es que se había metido en esa situación, Rommel estaba frente suyo, pero no lo miraba y él tampoco, pero de haberlo hecho, seguramente habría visto una cara de horror en él. Frente a ellos, el enfurecido padre de Rommel había entrado a la casa justo en el momento exacto en que ellos por algún extraño impulso unieron sus labios en un beso. Fuera lo que fuera que ocurriría, no era para nada bueno…

De algo podía estar seguro y es que el destino estaba destapando una nueva jugada, tal como hacía tiempo cuando conoció a Rommel o todas las cosas que habían conllevado a conocerlo.

 

 

Había sido un día de otoño del 98 cuando se habían mudado ahí, en esa fea vecindad en el centro, la zona vieja de la ciudad, donde las casas parecían caerse a pedazos de tan sólo mirarlas. En un segundo piso, tras una portezuela azul marcada con el número 11 se hallaba su nuevo hogar, el de su madre, su hermano mayor y un año más tarde el de su tía. Galen tenía para aquel entonces 13 años, y no comprendía muy bien cómo de haber tenido una linda casa con varios metros de jardín al frente y atrás, habían terminado ahí. Pero había muchos hechos que se relacionaban, unos meses antes, su abuelo Faustino murió, y durante un tiempo sus padres no hablaban de otra cosa más que algo sobre la inversión del dinero de la herencia, su padre que era de Massachusetts,  Estados Unidos, mencionaba muchas cosas sobre la inversión para comenzar una cadena de restaurantes en Arkansas con ayuda de un viejo amigo, y sobre la idea de que quería llevarlos a vivir allá, recordaba que semanas enteras pasaron empacando las cosas de la casa, clasificándolas de frágiles o sumamente frágiles, su padre también empacó sus cosas, y según el plan, él se fue primero para arreglar la compra de una casa en Arkansas y todo lo necesario para vivir allá, hasta ahí todo bien, sólo que jamás volvieron a verlo. Su madre lloraba muy a menudo después de eso, decía que estaba quebrada, que no tenía ni un cinco, que no tenía padres a quienes acudir, que aquel hombre con quien se había casado no era más que una rata. Bajo esas circunstancias y tras un embargo bancario por una gran deuda, cortesía de su padre, al poco tiempo después se mudaron ahí.

 

Ahora dos años más tarde, su madre todavía lloraba a veces, sola en su habitación, podían oírla porque la casa era tan pequeña y las paredes tan angostas que incluso escuchaban cuando los vecinos discutían, prendían o apagaban el televisor o encendían la radio. Su tía abuela Adela, el año pasado llegó a vivir con ellos, tal vez debido a que su esposo había muerto, y la casa le pertenecía ahora a los hijos de este, en fin, no tenía pensión alguna pues nunca trabajó, pero se dedicaba a cuidarlo como una abuela, era agradable tenerla cerca ya que su madre rara vez estaba en casa, y no decir de su hermano Aarón, el cual le llevaba casi tres años, quien según su tita Adelita parecía estarse metiendo en malos pasos. Cada vez era más grosero, muchas veces llegaba de madrugada, otras no llegaba, pero cuando lo hacía olía a cigarro y alcohol.

 

Pese a todo, Galen no perdió el año en su secundaria y después de que su madre lo cambió del colegio la terminó en una escuela de gobierno, donde jamás se esforzó por hacer amigos, luego lo inscribió en la preparatoria técnica donde estudiaba el primer año y comenzaba a repetirse la misma historia.

Probablemente si un psicólogo hubiera estudiado a Galen, habría determinado que tenía cierto grado de depresión, y debido a lo sucedido con su padre, un terrible miedo al abandono. Habría dicho que toda la familia tenía que ir a terapia tanto junta como por separado, poco a poco quizá las cosas habrían empezado a fluir, los sentimientos a desahogarse y el psicólogo a cobrar caro por sus servicios… Pero ese nunca fue el caso, y Galen jamás había desahogado eso que sentía, era como una gran laja de piedra sobre su espalda, estaba pesada, pero era suya, terriblemente suya.

 

Cierta mañana antes de salir de su casa, decidió comer un emparedado que había en el refrigerador que se veía bastante bien, pero que le sentó bastante mal. Todo el día en la escuela, tuvo nauseas, y muchas ganas de vomitar, además de esa horrible sensación de tener el estómago revuelto y la presión baja.

Sus amigos en el receso, al principio no le dieron mucha importancia, pero después lucían muy preocupados por él, inclusive, un amigo suyo, Memo, decidió ir a una farmacia cercana y comprarle unas tabletas de pepto-bismol.  El remedio aminoró las náuseas significativamente, pero aun así sus amigos lo convencieron para que regresara a su casa, diciéndole que le dirían al profesor de su estado.

 

Galen agradecido partió a su casa, que no quedaba más que a unas seis cuadras de ahí, pero que en su estado parecían ser miles. Era todavía de mañana por lo que no había casi gente en la calle y caminó tranquilamente las primeras cuatro cuadras hasta que repentinamente las ganas de vomitar regresaron, llenándosele la boca de saliva se recargó en una barda blanca llena de grafitis, pensando en parar la marcha hasta que dejara de sentir eso tan fuerte. Quien sabe cuánto tiempo estuvo ahí parado, entonces mirando hacia el suelo notó casi frente a él, la presencia de una cartera de cuero marrón ahí tirada, como por casualidad. Pese a las náuseas, miró a ambos lados y convencido de que nadie lo vio, levantó la cartera y la abrió. Adentro, había unos cuantos billetes, y algunas notas del súper. Apenas alcanzó a guardar la cartera en su pantalón, cuando un arqueo súbito se apoderó de él y lo obligó a vomitar en plena calle. Afortunadamente no había nadie cerca para ver el desagradable incidente, y sintiéndose un poco mejor luego de vomitar retomó el camino a casa.

Una vez ahí, su tita le preparó un té de manzanilla y una bolsa de agua caliente. Apenas probó el té sintió de nuevo las náuseas y corriendo al baño, vomitó de nuevo. Se sentía realmente mal, pero al menos ese día era viernes así que no tendría que ir a la escuela al día siguiente. Su tita le dijo que mejor se acostara, y cuando Galen lo hizo, ella acercó un cesto de basura al pie de su cama, por si necesitaba vomitar y no alcanzaba a ir al baño, luego puso la bolsa de agua caliente en su abdomen y colocó la taza de té en su buró, como se notaba que lo adoraba. Dijo que tenía que preparar la comida, pero que estaba al pendiente por si necesitaba algo, Galen sólo asintió y no supo en qué momento se quedó dormido.

 

Cuando despertó, se percató que se sentía mucho mejor, como si nada hubiera pasado. Escuchaba la voz de tita y su hermano, que había llegado mientras Galen dormía, conversando en la cocina. Su hermano Aarón estaba siendo grosero como siempre con tita, que sólo trataba ayudarlo dándole un buen consejo. Ignoró el hecho recordando la cartera que había encontrado momentos antes. Y abriéndola nuevamente decidió inspeccionarla minuciosamente en busca de su dueño. No traía ninguna identificación, sólo algunas notas de tiendas de autoservicio, un boleto caduco para una presentación de metal en un bar pero lo más importante, tenía dinero, no era demasiado, pero si lo suficiente para comprar muchas cosas, después de todo quinientos pesos eran quinientos pesos.

 

Comenzó a pensar en que gastar el dinero, en la zapatería moderna por la que siempre pasaba, había visto un par de tenis con tacos rojos bastante geniales para el fútbol, acababa de salir el play station 2, quizá podía ahorrar el dinero para comprarlo, había tantas ideas triviales que se desvanecieron cuando recordó a su madre, doblando el turno de enfermería en el hospital universitario con tal de que él y su hermano tuvieran una educación. Y entonces recordó que en la plaza de armas, muy cerca de su casa, siempre veía chicos con puestos de dulces que duraban sólo medio día. Sacaban la feria y luego se iban, tal vez si invertía su dinero en dulces y cosas podría venderlas al doble y tendría un dinero, ese dinero se lo daría a su mamá, quizá no sería mucho, pero de ayudarla si lo haría.

 

Emocionado se levantó rápidamente de su cama, recordando que en la parte trasera de la vecindad había el cascajo de una pequeña mesa  plegadiza de madera. Con la idea en mente fue al baño, saludando con un “quiubole” a su hermano al encontrarlo por el pasillo, se lavó las manos en el lavabo y mirándose al espejo buscando señales de enfermedad se reflejó en este, su cara era la de un muchacho de 15 años de tez blanca con una cara ligeramente cuadrada, pero de facciones finas, su nariz era recta y el cartílago ligeramente redondeado, sus pómulos no eran tan altos y sus ojos eran de un bello color azul ultramar, que denotaban la ascendencia estadounidense por parte de su padre, al igual que su alborotado cabello castaño claro, todos esos rasgos, le habían merecido siempre el apodo de “el gringo” en sus escuelas. Su hermano Aarón al contrario era más parecido a su madre, con piel morena bronceada, cabello oscuro, nariz de estilo romano, además de que sus ojos eran castaños. Muchas veces hubiera preferido ser moreno y parecerse más a su mamá, ya que sentía que ella secretamente aborrecía el aspecto de Galen, al ser tan parecido al hombre que la traicionó de aquella forma tan vil.

 

Pero sacándose esos pensamientos de la cabeza, fue a comer a la mesa con su tita y Aarón, que tenía pinta de no haber dormido en días, sus ojos remarcados de un color oscuro por el cansancio parecían haber sido delineados con maquillaje. Su tita les sirvió un guisado de carne con papas delicioso, como siempre. Luego de terminar, su tita levantó sus platos de la mesa y los llevo al fregadero.  Aarón se fue sin decir palabra  al cuarto que compartía con su hermano y cerró la puerta, seguro iba a dormir.  Galen, por su parte, moría de ganas de contarle a su tita sobre la idea del negocio, pero no lo hizo pues tenía miedo que ella le dijera que era una mala idea, así que luego de un pequeño interrogatorio sobre su estado de salud lo dejó salir a la calle, su tita lo trataba como si fuera un niño chiquito todavía, pensó mientras iba a la parte de atrás de la vecindad para buscar la mesa que ahí estaba, empolvada, aporreada por la exposición constante a la lluvia y el sol. Al ver que extraordinariamente no estaba orinada por los perros comenzó su trabajo de restauración.

 

Todavía con la cartera en su bolsillo caminó hacia una ferretería familiar que había a unas dos cuadras atrás de la vecindad. Ahí compró una lija y algunas bisagras, al salir, impulsivamente decidió ir a comprar los dulces a granel de una vez, encaminándose por unas callejuelas para cortar camino.

Por esas calles había casas viejas bastante feas, y de repente se venía un terrible olor a agua estancada. Galen comenzaba a sentirse arrepentido de haber acortado camino por esos rumbos, que si bien no estaban lejos de su casa, provocaban la sensación de estar caminando por terreno peligroso.

 

En ese momento, vio a un tipo como de su edad saliendo de una de esas casas casi en ruinas, y por alguna razón le siguió con la mirada. Ese chico, tenía una piel apiñonada, cabello castaño oscuro desalineado pero tenía un rostro atractivo, aunque  austero y rudo. Sus cejas pobladas estaban ligeramente arqueadas en un ceño fruncido, claramente se le podía ver una cicatriz que le recorría desde un poco arriba de su ceja derecha hasta abajito de su ojo, en su pómulo. Traía puesta una chaqueta de algodón, de un bonito color verde militar algo rota, con bolsas delanteras donde tenía sus manos y un cigarrillo encendido en su boca mientras caminaba, entonces se perdió en un callejón.  

 

Galen apresuró el paso al ver que casi salía de ese feo trecho por el que estaba pasando, y al que mentalmente había decidido no regresar nunca. A unas tres cuadras de salir, observó a un grupo de jóvenes no mayores de veinte años en un callejón, tenían una pinta de vándalos terrible. Reconoció de inmediato al chico de la cicatriz en la ceja, que momentos antes había visto salir de esa casa destartalada, tenía una expresión que daba miedo. Entonces uno de los tipos le aventó a Galen una botella de cerveza vacía, que se estrelló violentamente en el pavimento, casi junto a sus pies.

 

-¿Qué vergas estás mirando, morro? – Le dijo como ladrando, Galén únicamente atinó a salir corriendo.

 

Y no se le pasó el susto hasta que llegó a la dulcería…

Notas finales:

Gracias por leer, algun comentario, me encantaria leerlo. También acepto criticas constructivas. Me gustan los reviews porque siento que para eso escribimos :)


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