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A segunda vista por Kuro Hebihime

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Notas del capitulo:

Bueno, pues sí pude tenerlo este viernes, ahora sí, serán los viernes cuando este fanfic se actualice, sin más los dejo.

 

 

ESPADAS MALDITAS

—Capítulo 2—

 

Zoro, que acababa de subir al Sunny, se dio cuenta muy tarde de que había dejado su abrigo en del submarino. Soltó un bufido, en ese momento no se creía capaz de regresar por él…

 

—¡Zoro, ¿qué haces aquí?, ¿acaso te perdiste?

 

Franky, que se había quedado a hacer guardia, estaba sorprendido de no haberlo visto llegar.

 

—¡Claro que no...! —estuvo a punto de decirle que había regresado con Law, pero decidió quedarse con esa información para sí—. Avisa a todos que ya encontramos la planta.

 

El cyborg asintió con una gran sonrisa, sacó el caracol que traía consigo y comenzó a llamar a los diferentes grupos. Zoro aprovechó ese momento para escapar rumbo al gimnasio, lo menos que quería era explicarle los detalles.

 

Cuando entró en la habitación se dejó caer de espaldas sobre el piso y clavó su atención en el techo. Llevó instintivamente su mano hacia la herida situada en su abdomen y comenzó a repasarla con los dedos. La piel de esa zona estaba muy sensible al tacto.

 

¿Qué mierda le había pasado?

 

Todavía podía sentir como latía su miembro, consecuencia de la excitación. «Joder…». Se rascó la cabeza, incómodo.

 

Law sólo había soplado sobre su piel, pero había sido más que suficiente para encenderlo con fuerza. Bajó sus manos hasta la última herida que Law le había atendido; y de ahí, no pudo evitar la tentación de tocar su miembro. «Mierda…». Lo tomó con firmeza y empezó a masajearlo a un ritmo medio.

 

Al principio quiso evocar imágenes de otros hombres, pero al final no pudo evitar que el rostro de Law se le cruzara por la cabeza. Se imaginó a aquel médico rodeando su hombría con la lengua. Subió el rimo cuando, en vez de eso, empezó a fantasear con acariciar su cuerpo tatuado, con poseerlo con fuerza. Se imaginó dentro de él, dándole duro, entrando y saliendo sin piedad alguna…

 

Ahogó un jadeo lleno de placer. Se había venido con fuerza. Sacó su mano avergonzado y cubrió sus ojos con el antebrazo.

 

No era la primera vez que notaba al médico. Le había parecido bastante atractivo desde el primer momento en que lo conoció, pero de ahí a pensar en que algo más pudiera pasar entre ellos… ni siquiera sabía cuáles eran sus preferencias.

 

—He estado mucho tiempo sin compañía, eso es todo —se dijo a sí mismo. Hace varios meses que no se hacía un tiempo para buscar con quién pasar el rato. «Buscaré compañía en la próxima isla», pensó. Una buena noche de sexo y estaría como nuevo. Tomó sus pesas y comenzó a entrenar. Así tal vez podría olvidarse de lo que acababa de pasar.

 

• • •

 

La cabeza de Law comenzaba a marcar un vaivén por culpa de la fatiga. Miró por enésima vez el reloj, ya habían pasado doce horas desde que administró el antídoto. Estaba tan agotado que incluso la incómoda silla donde estaba sentado empezaba a parecer un buen lugar para dormir.

 

Acababa de cerrar los ojos cuando escuchó un suave quejido. Se incorporó rápidamente y le dedicó una sonrisa a Bepo, quien finalmente había reaccionado.

 

—Ca... pitán...

 

El oso intentó sentarse, pero las manos del médico se lo impidieron. —Tómalo con calma —le indicó. Sufriste un envenenamiento, pero lo peor ya ha pasado.

 

Los ojos del oso se pusieron húmedos, intentó hablar pero su garganta se sentía tan adolorida que en vez de voz soltó un quejido rasposo, Law pudo adivinar sus intenciones.

 

—Si vas a agradecerle a alguien es a Tony-ya, quién descansa en la cama de al lado —el oso alzó la vista hacia el lugar donde el renito descansaba. Law también le dio un vistazo, al parecer no tardaría en despertar.

 

—Me alegra tenerte de vuelta —le hizo una caricia a su navegante en la cabeza y el oso le regaló una sonrisa.

 

Tocaron a la puerta con suavidad. Robin, que había estado al pendiente de ellos también, entró con unos platos de sopa que Sanji había preparado especialmente para los convalecientes.

 

—Me alegra ver que ya está despierto —le sonrió con amabilidad al oso y colocó las cosas sobre una mesita de centro—. Law, ¿por qué no vas a comer algo y a descansar?, llevas aquí todo el día.

 

El médico miró a su amigo, quien hizo un ademán con la pata para indicarle que se fuera. —Anda, yo me encargaré de ellos —insistió la arqueóloga. Tras pensarlo un poco, se puso en pie y le cedió su lugar a Nico-ya.

 

—Avísame si ves algún cambio —pidió. La mujer asintió con una sonrisa y comenzó a alimentar al oso, quien mostró un apetito voraz.

 

Law se frotó los ojos con pereza. Antes de salir miró el perchero del fondo donde había colocado el abrigo de Zoro y las otras pertenencias que había olvidado. Sonrió de lado al recordarlo.

 

«Aprovecharé para devolverle sus cosas».

 

No estaba seguro del motivo, pero quería verlo nuevamente.

 

 

Antes que cualquier otra cosa llegó a la cocina, donde Sanji ya comenzaba los preparativos para la cena. A su lado, se encontraba Mugiwara-ya, quien no paraba de gimotear porque tenía hambre. Sin decir palabra tomó asiento en la barra y colocó las pertenencias de Zoro sobre la mesa.

 

¿Cómo siguen Chopper y Bepo?— preguntó el rubio mientras le servía un par de onigiris que le había estado guardando. Tuvo que darle un golpe a su capitán con el cucharón para evitar que se los robara.

 

—Fuera de peligro, aunque tardarán varios días en reponerse por completo.

 

Law le dio un gran mordisco al primero, no se había dado cuenta hasta ese momento del hambre que sentía.

 

El cocinero sonrió al verlo con tan buen apetito y se volvió para seguir atendiendo lo que había puesto al fuego.

 

He estado pensando en nuestra situación —le dijo a la par que empezaba a menear un sartén—.  Ustedes no pueden moverse sin navegante y a nosotros no nos resulta conveniente andar por ahí sin médico. Supongo que tendremos que permanecer juntos al menos hasta llegar a la siguiente isla­… Claro, si mi capitán está de acuerdo—, miró de reojo a Luffy, cuyos ojos se abrieron entusiasmados.

 

—¡Sería genial! —exclamó. ¡Como en los viejos tiempos!

 

Law soltó el aire con pesadez al comprender que no tenía otra opción; quedarse varados en esa isla no era buena idea, pues escaseaban los víveres. Le dedicó una mirada de pocos amigos a su aliado. Sabía bien que viajar con él solo le traería problemas.

 

—Supongo que no tengo otra opción, Kuroashi-ya.

 

No había logrado meterse otro bocado cuando los brazos del mugiwara lo estrecharon con fuerza. —¡Esto hay que celebrarlo! ¡Sanji, prepara más comida, haremos una gran fiesta esta noche!

 

Su cocinero sonrió, ya se lo temía.

 

Luffy continuó zarandeando a su aliado hasta que notó las cosas que tenía al lado. —Oye, ¿este no es el abrigo de Zoro? —Sanji también volteó curioso.

 

Law se metió otro bocado antes de contestar. —Lo dejó ayer en el submarino, después de que regresamos juntos. —comentó mientras le daba un manazo al pequeño capitán que intentaba robar su otro onigiri.

 

—¿Así que fuiste tú quien lo encontró?, ¡estábamos muy preocupados por él!, En cuanto entramos en el pantano se separó de nosotros y no volvimos a verlo en toda la noche—, explicó Luffy con una sonrisa—, si quieres dame el abrigo, yo se lo puedo entregar — puso la mano sobre la prenda, pero Law lo tomó por la muñeca con suavidad.

 

—No hace falta, planeaba ir al gimnasio de todas maneras—. El ojigrís se puso en pie y le quitó las cosas. Tomó de su plato el segundo onigiri—. Me lo comeré en el camino —agradeció con un gesto la comida y salió de ahí.

 

 

Tras chuparse los dedos después de haberse devorado el último trozo de arroz, Law se detuvo detrás de la puerta del gimnasio con una ligera duda. Sintió que su estómago se removía un poco por los nervios. «¿Qué demonios me preocupa?», se dio un suave golpe en la frente recriminándose esa actitud tan estúpida, abrió la puerta y entró como si nada.

 

Miró a su alrededor, Zoro-ya no se veía por ninguna parte. «Ni hablar», pensó con desilusión, dejó el abrigo y las cosas sobre el respaldo de una silla y se dio la media vuelta para irse.

 

Una extraña sensación lo hizo voltear. En el fondo de la habitación, junto a las pesas, el peli verde había dejado sus katanas. «Pensé que las llevaba a todas partes». Como si se tratara de un llamado caminó directamente hacia ellas. No había duda, la sensación era similar a lo que sentía cada que tomaba a Kikoku entre las manos. Se acercó curioso, tomó a Sandai Kitetsu y la sacó de su funda para admirarla.

 

—Es una katana maldita —La voz de Zoro le hizo dar un ligero respingo. Estaba tan concentrado en admirar el arma que no había notado el momento en que el dueño se había acercado por su espalda.

 

El peli verde venía saliendo de la ducha, traía únicamente los pantalones puestos y una toalla con la que estaba secando su cabeza. Law lo miró unos instantes y desvió nuevamente su atención hacia la fina espada.

 

—Tiene un “carácter” difícil —comentó mientras la blandía un par de veces—, puedo sentir que no le agrado del todo.

 

—¿Ya habías tenido una como esta entre tus manos? —preguntó Zoro con curiosidad, Law utilizó su room para invocar a su nodachi y se la extendió.

 

—¿Así que ésta también­? —Zoro desenvainó a Kikoku admirando su poderoso filo, tenía que aceptar que se necesitaba una destreza especial para manejarse con una espada tan larga. Su vena de espadachín comenzó a latir con violencia. —Dime, ¿te gustaría enfrentarlas?­ —no podía dejar pasar esta oportunidad, no todos los días podía entrenar con otro espadachín y esta parecía ser la ocasión perfecta. Law sonrió levemente sin poder esconder del todo su entusiasmo, moría de sueño pero no podía negar que el encuentro sonaba interesante.

 

 

Salieron del barco, y sobre la costa comenzaron su enfrentamiento. Zoro se lanzó primero con toda su monstruosa fuerza. Law alcanzó a detenerlo y lanzó un contraataque blandiendo diestramente su nodachi. Lo hizo retroceder un par de pasos.

 

—No lo haces mal—, comentó Zoro con una sonrisa entre los labios cuando sus dos armas volvieron a chocar; siempre que se enfrentaba a un rival digno su instinto salvaje se disparaba por completo. Law dio un giro y atacó por lo bajo. A pesar de que la especialidad de Zoro eran las tres espadas, pudo bloquear todos sus embistes con Kitetsu sin problema.

 

Pronto los curiosos se reunieron para ver la pelea. Comenzaron a vitorear y a hacer apuestas. Zoro era más fuerte, pero Law, mucho más ágil. Uno de los ataques del peli verde rozó la mejilla de su contrincante abriéndole un ligero corte.

 

Tienes razón, a mi katana no le agradas —comentó el peli verde. Su intención no había sido herirle pero su voluntariosa espada actuaba más agresiva de lo normal. El ojeroso subió la intensidad de sus ataques un poco animado por el dolor en su mejilla y logró rebanarle en un movimiento horizontal unos cuantos cabellos.

 

Un nuevo corte se hizo presente, esta vez en su costado. Otro ataque abrió un pequeño tajo en el hombro del peli verde. Los dos comenzaban a sentir el calor de la pelea entregando su concentración total para vencerse. Lo que había comenzado como una pelea amistosa estaba convirtiéndose en algo más serio.

 

—¡Hey!, ¡deténganse!

 

Se oyó que gritaba Nami entre los espectadores, pero los dos combatientes no escuchaban, ninguno había notado que su batalla se estaba acercando a las orillas de la ciénaga.

 

—Ataca con todo lo que tengas— lo retó el peli verde con una malévola mueca entre sus labios.

 

—Si así lo quieres así será —el médico formó su room y soltó un fuerte sablazo que partió a la mitad todo lo que tenía a su alrededor. Zoro apenas si alcanzó a frenar el ataque utilizando su haki. La sonrisa de confianza desapareció de su rostro, el estilo de pelea de su contrincante había cambiado por completo. —¡Shambles! —Law tiró varias piedras al aire apareciendo y desapareciendo tan rápido que Zoro no podía seguirle el rastro. El espadachín de los mugiwara se dio la media vuelta lo más rápido que pudo apenas para frenar un ataque que le hubiera partido en dos la espalda. Antes de poder darse la vuelta recibió otro desde un costado que lo hizo caer de repente.

 

«¡A este ritmo va a terminar conmigo!», concluyó sobresaltado mientras se ponía de pie, por un momento la superioridad de Law fue evidente.

 

«¡Maldición!, me estoy cansando». El cuerpo del ojigrís comenzó a bajar aquella impresionante velocidad; la noche en vela, la poca comida y el estrés de los días anteriores comenzaron a cobrarle factura. Dejó de usar su habilidad, con tan poca energía ya no podía mantener su room. Esquivó un fuerte ataque vertical del diestro espadachín que partió en dos el árbol que se encontraba tras él. Comenzó a retroceder poco a poco, dio un mal paso dentro de la ciénaga y sus pies se enterraron entre la fangosa tierra. «Me estoy... debilitando», con el agua casi hasta las rodillas le fue imposible liberarse.

 

—¡Shishi Sonson! —soltó Zoro sin notar los apuros de su contrincante. Law no tuvo fuerzas para frenar el tremendo ataque, Kikoku salió volando por los aires y le abrió un profundo tajo en el muslo izquierdo. Cayó dentro del agua y perdió las pocas fuerzas que todavía conservaba. Zoro guardó su katana dando por terminado el duelo y se cruzó de brazos esperando a que su contrincante se pusiera en pie. Había sido un duelo entretenido...

 

—¡Zoro!, ¡¿qué demonios haces?, ¡sácalo del agua! —gritó Luffy que venía corriendo para acercarse a ellos, el espadachín pegó un brinco.

 

«¡MIERDA, SE ME HABÍA OLVIDADO QUE TAMBIÉN ES UN USUARIO!»,

 

Metió las manos y sacó rápidamente al aturdido médico que estaba lleno de lodo y tosía de manera insistente, otro poco más y se hubiera ahogado.

 

—Pe… perdona— comentó el peli verde apenado mientras lo cargaba entre sus brazos.

 

—Necesito… ir a la enfermería —soltó el ojigrís mientras acercaba su mano al muslo que sangraba de una manera impresionante. El peli verde se puso pálido, no había querido herirlo tan fuerte.

 

—¡¡Ahhh, Torao, tu pierna!! —el pequeño capitán dio un grito de espanto al ver toda la sangre que escurría por su muslo—. ¡Zoro llévalo con Chopper!... ¡Espera ¡no tenemos médico!

 

—Cálmate, Mugiwara-ya, yo puedo atenderme solo —Law intentó bajarse de los brazos que lo sostenían, pero el peli verde no se lo permitió.

 

—Zoro-ya, ¡bájame! —exclamó mientras forcejeaba por llegar al piso.

 

—Luffy, cuida su nodachi —comentó el espadachín mientras empezaba a avanzar hacia la enfermería.

 

—¡Qué me bajes! —exclamó Law apenado. No era ninguna damisela en desgracia como para que lo cargaran de una manera tan vergonzosa. Zoro simplemente ignoró sus quejas y aceleró el paso.

 

 

Al llegar a la enfermería colocó al mayor en la mesa de exploración. —¿Necesitas que llame a alguno de tus nakamas? —preguntó alterado al ver que el pantalón ya estaba totalmente teñido de rojo.

 

—No es necesario— comentó el ojigrís mientras rasgaba su prenda. «Lástima, era mi pantalón favorito», pensó para sí.

 

—Dime si puedo ayudarte en algo— soltó Zoro sintiéndose culpable, se había dejado llevar sin medir las consecuencias.

 

—Empieza por cerrar la puerta —el médico le señaló a todos los curiosos que observaban desde fuera. Zoro obedeció al instante.

 

Law observó la herida con detenimiento, era profunda, aunque había librado por poco las arterias importantes. Lo que más le preocupaba era que se fuera a infectar. Miró al fondo de la enfermería donde se encontraba un lavabo, debía enjuagar la herida primero. Se intentó parar, pero el dolor era muy intenso. Zoro se ofreció a ayudarlo y lo rodeó por la cintura para llevarlo hasta donde quería.

 

Sonrió ligeramente. Debería estar furioso con aquel imbécil por lo que le había pasado, pero no era así. Sentía cierto placer al verlo tan angustiado, además de que estaba disfrutando aquella cercanía.

 

Al llegar al lavabo terminó de desgarrar su pantalón, tomó la manguera y se lavó perfectamente. Miró de reojo a su acompañante, quien seguía tenso. —No te preocupes, no parece ser nada grave —le dijo para calmarlo—, ¿puedes acercarme el material de sutura?

 

Zoro hizo lo que le pidió. Al entregarle las cosas bajó la vista, apenado. —Me comporté como un imbécil.

 

—Ambos lo hicimos —corrigió el médico. Con destreza comenzó a cerrar la herida. Se cubrió con una gasa y finalmente se pasó una venda encima. Movió ligeramente la pierna para probar que todo estuviera en orden, intentó apoyarla, pero eso fue demasiado, el dolor era muy intenso todavía y perdió el equilibrio. Zoro lo tomó de los antebrazos justo a tiempo para evitar que se cayera.

 

Law soltó un suave quejido y volvió a incorporarse sin problema. —Solo espero que para nuestro siguiente encuentro podamos escoger un escenario donde yo no esté en desventaja.

 

—¿Me estás pidiendo la revancha? —El peli verde sonrió al escuchar que no le guardaba rencor.

 

—Tú no ganaste limpiamente, así que este no cuenta. Si el pie no se me hubiera atascado seguramente serías tú el que hubiera quedado cubierto de fango —Zoro se cruzó de brazos con autosuficiencia. Puedes elegir el lugar que quieras, de todos modos volveré a ganarte.

 

—Sí, claro exclamó el médico de manera sarcástica. Se quitó la playera que estaba empapada y se recargó casi desnudo en el lavabo. Pásame una toalla —le pidió a su acompañante.

 

Zoro tomó una del armario de blancos y se la aventó. Cuando se dio cuenta que el médico se quitaba también la ropa interior se dio la vuelta y desvió su atención hacia la pared, sin embargo, no pudo evitar darle un vistazo furtivo. Aquel médico se veía bastante bien, sus piernas eran largas y torneadas, y aquel trasero le parecía de lo más incitante… «¡deja de pensar en eso». Se volteó nuevamente, reprimiéndose a sí mismo.

 

Law no pasó por alto su reacción y sonrió complacido. —¿Por qué no me miras? No es como si no hubieras visto a otro hombre desnudo —no pudo evitar sentir un escalofrío de placer cuando notó que las orejas de Zoro comenzaban a teñirse de rojo.

 

Tal vez, valdría la pena probar su suerte. Se acercó, cojeando y desnudo, hasta quedar a escasos cinco pasos de su acompañante,

 

Zoro-ya, ¿cómo debería vestirme? —le susurró casi en el oído con un tono de voz insinuante. La nuca de Zoro se erizó por completo.

 

—A mi qué me preguntas, ponte lo que se te de la gana —respondió el espadachín sin poder disimular sus nervios. La adrenalina se apoderó de todo su ser, sentía con claridad cada latido dentro de su pecho.

 

El médico apareció con su room algo de ropa y comenzó a vestirse. —Ya puedes darte la vuelta. —le indicó.

 

Zoro se quedó boquiabierto al reconocer la prenda que el capitán de los Heart había decidido lucir. —¡eso es mío! —exclamó más sorprendido que enojado.

 

—Me queda corto, pero servirá como yukata —comentó burlón al terminarse de sujetar el abrigo verde de su acompañante. Se acercó hasta él y lo miró directamente a los ojos con una sensual sonrisa.

 

—Si lo quieres de regreso tendrás que aceptar mis condiciones para la revancha ¿Qué te parece si llevamos nuestro duelo a una cama? Ahí te dejaré en claro quién domina a quién.

 

Zoro se quedó petrificado, hundido completamente en aquellos ojos grises que parecían devorarlo. Law se humedeció los labios con una mueca lujuriosa. Sonrió de lado y finalmente se alejó.

 

—Espero pronto tu respuesta.

 

Se dio la vuelta, tomó unas muletas con las que finalmente pudo avanzar sin problema, y a paso lento abandonó la enfermería sin volver a mirarlo siquiera.

 

 

—Qué… ¿Qué fue lo que dijo?

 

Zoro reaccionó tras un buen rato y reflexionó aquella sugerente invitación.

 

Law estaba interesado en él, pero no de la manera en que Zoro hubiera deseado. Lo pudo ver en esos ojos de cazador. Quería hacerlo suyo y dudaba bastante que fuera a ceder.

 

El tozudo peli verde, como buen hombre orgulloso, jamás se había permitido ser el pasivo de nadie, por lo que siempre elegía parejas que fueran fáciles de doblegar. «Pero en este caso…». Se rascó la cabeza, nervioso. Lo mejor era pasar por alto su insinuación, seguirle el juego podía convertirse en un serio problema para él.

 

Notas finales:

Nos leemos el próximo viernes. Espero les haya gustado.


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