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Juntos por Liss83

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Notas del capitulo:

me acabo de dar cuenta que este cap no subio. sorry

de todos los fic que es escrito este ha sido el unico accidentado

 

Edward había empeorado y eso era evidente. Lo que más amaba estaba muriendo y él no podía hacer nada

 

 

 

-          Algo está mal — dijo Carlisle

-          La manada... ha llegado a la conclusión de que Edward se ha convertido en un problema. Los hombres lobo prevén un peligro potencial por parte de... — Jacob se explicó con frases entrecortadas y desprovistas de emoción  —. Se consideran obligados a eliminar ese peligro. Me separe de la manada, y el idiota de Seth me siguió

-          ¿Cuándo será? — pregunto Alice

-          Esta misma noche.

 

 

 

Alice se alejó de mí entre siseos. Emmett y Jasper intercambiaron una mirada y luego recorrieron los árboles con los ojos.

 

 

 

-          Deberíamos adoptar una posición defensiva — sugirió Jasper.

-          Vayamos dentro — dijo Emmett

-          Recorreré el perímetro junto a Seth — dijo Jacob — Si estoy demasiado lejos para llegar a tiempo, presta atención a mi aullido — le dijo a Emmett y este asintió  —. Carlisle, sé que es tu hijo y tal vez sobra pedirlo…

-          Ve tranquilo — dijo el médico — nadie tocará a tu familia

 

 

 

Los vampiros se replegaron al interior del edificio sin dejar de lanzar miradas a todas partes. Jacob dio la vuelta y echó a correr hacia el oeste antes de que estuvieran dentro.

 

 

 

“Sigo sin encontrar nada” dijo Seth.

“Yo me hago cargo de la mitad del perímetro. Movámonos deprisa para no darles la oportunidad de que se cuelen entre nosotros a escondidas.”

“ok”

 

 

 

Seth se alejó. Estuvieron corriendo en silencio y los minutos transcurrieron sin novedad. Jacob permaneció atento a cuanto él oía a fin de verificar una correcta interpretación de los sonidos.

 

 

 

“Eh, alguien se acerca a toda prisa” le avisó Seth al cabo de quince minutos en silencio.

“Voy. Me queda cerca.” Dijo Jacob

“Mantén la posición, me da que no es la manada” dijo Jacob “Esto tiene otra pinta.”

“Seth...”

 

 

 

Un soplo de brisa trajo un efluvio y Jacob leyó la mente del chico.

 

 

 

“Es un vampiro. Apuesto a que es Carlisle.”

“Retrocede, Seth. Tal vez sea algún otro...”

“No, son ellos. Reconozco el aroma. Espera, voy a cambiar de fase y se lo explico todo.”

“Seth, no me parece que eso sea una buena...”

 

 

 

Pero ya se había marchado. Jacob corrió lleno de ansiedad a lo largo de la zona oeste. ¿Acaso le salía todo tan «estupendo» que ni siquiera era capaz de cuidar de Seth durante aquella enloquecedora nochecita? ¿Y si le sucedía algo estando bajo su tutela? Leah lo haría picadillo.

Por lo menos, el chico se mantenía cerca y en menos de dos minutos volvió a leerle la mente.

 

 

 

“Sí, eran Carlisle y Esme. Menuda sorpresa se han llevado al verme” y lanzo una carcajada “Probablemente ya estarán dentro de la casa. Carlisle me dio las gracias.”

“Es un buen tipo.”

“Sí”

“¿Alguna vez pensaste en ser yerno de un vampiro? pregunto Seth

“ni el padre de otro” respondió Jacob

“todo saldrá bien” dijo Seth “Te apuesto lo que quieras a que Sam no va a lanzar la manada contra los Cullen esta noche. No es de los que se lanzan a una misión suicida.”

 

 

 

Jacob suspiró. Rogaba al cielo que Seth tuviese razón

 

 

 

“Ah”, pensó Seth, “no tiene nada que ver con Sam, ¿verdad?” Jacob dio la vuelta al llegar al final de su ronda. Captó el efluvio de su compañero por donde había pasado por última vez. No iban a dejar brechas. “Crees que, de todos modos, Edward va a morir” concluyó Seth.

“Y yo con él”

 

 

 

Jacob regreso y anduvo en silencio por delante de la edificación. Cada paso lo llevaba un poco más cerca. Las oscuras ventanas parecían un juego de pantallas de televisión instaladas en un oscurecido recibidor. Le era imposible apartar los ojos de ellas durante mucho tiempo.

Al cabo de escasos minutos de andar al paso, se había acercado tanto que rozaba el lateral del porche con el pelaje. A esa distancia era capaz de ver a través de las ventanas tanto el techo y la araña de luces fijada al mismo, como la parte superior de las paredes. Tenía la suficiente altura, le bastaba con estirar un poco el cuello y, a lo sumo, apoyar una pata en el extremo del porche.

 

 

 

Echó un vistazo al interior del enorme y despejado cuarto de estar, esperando contemplar una imagen similar a la de la tarde, pero había pegado cambiazo tal, que al principio se sintió desorientado y llego a creer que se había equivocado de habitación.

No había señal de la pared de cristal, que ahora parecía de metal, y habían retirado todo el mobiliario. Edward se aovillaba desmañado en una estrecha cama situada en el centro del espacio abierto. No era un lecho normal, sino uno con rieles, como los de las clínicas. También parecían de hospital los cables de los monitores sujetos con correas a su cuerpo y los tubos pegados a su piel. Los indicadores luminosos de las pantallas parpadeaban, pero no se oía más sonido que el del goteo del catéter endovenoso fijado al brazo por el que corría un fluido denso y blanco, no transparente.

 

 

 

Estaba sumido en un duermevela intranquilo y respiraba con cierta dificultad. Rosalie pululaban a su alrededor y se inclinaban sobre él. De repente gimió y sufrió una convulsión. Rosalie deslizó la mano sobre la frente de Edward. Esto no podía continuar. Necesitaba estar con él. Decirle que lo amaba, que todo iba a salir bien, pero opto por no hacerlo. La seguridad de su familia dependía de él

Se dejó caer sobre las cuatro patas y corrió de regreso a la sombría foresta para reunirse con Seth, tenía que proteger lo que dejaba atrás.

 

 

 

­­­­­­­________________________

 

 

 

Estaba a punto de quedarse dormido.

El bosque había pasado del negro al gris, ya que haría cosa de una hora que el sol había asomado entre el velo de las nubes. Seth se había hecho una bola y se había quedado frito a eso de la una. Jacob lo despertó al alba para hacer el relevo. Incluso a pesar de haber pasado corriendo toda la noche, le había resultado muy difícil calmar su mente desbocada lo suficiente para conciliar el sueño.

El correteo rítmico de Seth había ayudado lo suyo. Uno, dos tres, cuatro. Uno, dos tres, cuatro. Dum. Dum. Dum. Dum. El apagado rumor de sus zarpas sobre la tierra reblandecida por la humedad había sonado una y otra vez mientras efectuaba el amplio recorrido de la propiedad de los Cullen. Lo cierto es que de tanto pasar por los mismos sitios ya estaban dejando una marca en el suelo. Seth había tenido la mente en blanco, más allá de un borrón de color gris o verde, mientras corría por el bosquecillo. Era muy apacible, y había resultado de una gran ayuda, pues le permitió a Jacob llenar la mente con las imágenes de lo que él veía en vez de permitir que sus propios recuerdos ocuparan una posición central.

 

 

 

Y entonces, cuando Jacob se hallaba semidormido, un penetrante aullido de Seth rompió la quietud de los primeros momentos del amanecer. Se levantó con paso inseguro, pues intentó empezar un sprint con las patas delanteras antes de haber afianzado las traseras. Corrió hacia el lugar donde Seth se había quedado helado al oír las pisadas de zarpas. Alguien acudía corriendo hacia ellos

 

 

 

“Muy buenos días, chicos.” Seth soltó entre dientes un gemido de sorpresa.

“¡Ay, Dios! ¡Lárgate, Leah!” gimió Seth.

 

 

 

Jacob se detuvo al llegar junto a él, que ya había echado la cabeza hacia atrás, preparado para soltar otro aullido, en esta ocasión para expresar su disconformidad.

 

 

 

“Basta de ruido, Seth”

“Vale. ¡Puf, puf, puf!” Gimoteó un poco y dio zarpazos en el suelo, donde levantó grandes surcos.

 

 

 

Leah apareció al trote tras eludir los densos matorrales del sotobosque gracias a su menudo cuerpo gris.

 

 

 

“Por favor, deja de lloriquear, Seth. No seas tan infantil.”

“¿Qué crees que estás haciendo, Leah?” dijo Jacob le soltó un gruñido y pego las orejas a la cabeza. Ella retrocedió un paso de inmediato.

“Me parece bastante obvio, ¿no? Me uno a esta… manada, al grupo de los renegados, al de los chuchos guardianes de los vampiros” Profirió por lo bajo con una risa sarcástica por lo que Jacob le gruño

“Ni en tus sueño. Ya te estás largando por dónde has venido antes de que te desjarrete un tendón” dijo Jacob

“Como si pudieras alcanzarme” replicó la loba algo engreída dedicándole una ancha sonrisa. “¿Hace una carrera, oh, audaz líder?”

 

 

 

Jacob respiro hondo hasta llenar los pulmones tanto que se le marcaron los costados hinchados. Luego, una vez que estuvo seguro de que no iba a ponerse a gritar, soltó todo el aire de un soplo.

 

 

 

“Seth, ve a tranquilizar a todos en la casa”, dijo Jacob “diles que sólo es la tonta de tu hermana” Lanzo esa idea con la mayor hostilidad posible. “Yo me haré cargo de esto.”

“Enseguida.”

 

 

 

El chico estaba feliz de poderse quitar de en medio. Se desvaneció en dirección a la casa mientras Leah resolló y se inclinó hacia él con la pelambrera del lomo erizada.

 

 

 

“¿Lo vas a dejar ir solo al encuentro de los vampiros?”

“El pobre preferiría que ellos le echaran el guante antes que pasar otro minuto contigo, estoy seguro.”

“Cierra esa bocaza, Jacob. Upa, lo siento, quería decir: cierra esa bocaza, oh, el más poderoso de los machos Alfa”

“¿A qué diablos has venido?”

“¿Te crees que voy a quedarme sentada en casa mientras mi hermanito se ofrece voluntario para ser un juguete de masticar para vampiros?”

“Seth no desea ni necesita tu protección. De hecho, nadie te quiere aquí.”

“Ay, ay, qué disgusto tan grande, nunca voy a olvidarlo. ¡Ja!” estalló Leah.

Dime una sola persona que me quiera cerca y me iré.”

“Así que, después de todo, no has venido por causa de Seth, ¿verdad?”

“Por supuesto que sí. Intentaba hacerte caer en la cuenta de que ya sé cómo es que nadie te quiera. Eso no es un incentivo, no sé si sabes a qué me refiero.”

                                   

 

 

Jacob rechino los dientes e intento mantener erguida la cabeza. Seth miraba mal a su hermana

 

 

 

“¿Te ha enviado Sam?”

“No hubierais sido capaces de oírme si hubiera venido por orden de él. Ya no le debo lealtad a Sam”

 

 

 

Jacob prestó especial atención a los pensamientos que iban entremezclados con las palabras. Debía ser capaz de ver en aquéllos si se trataba de un movimiento de distracción o una estratagema, pero no había nada de eso. Su afirmación era la pura verdad, una verdad renuente, casi desesperada.

 

 

 

“Entonces, ¿ahora me eres leal a mí?”, inquirí con profundo sarcasmo. “Sí, sí, ya, ya. Vale.”

“No es que tenga muchas alternativas. Juego con las cartas que me caen. Confía en mí, no estoy disfrutando de esto más que tú.”

 

 

 

Eso era mentira. Había un tipo de entusiasmo muy agudo en su mente. La situación le repateaba, sí, pero también se estaba embarcando en algo muy anómalo. Jacob hurgo en su mente en busca de un motivo que le permitiera comprenderla. La loba reaccionó ante la intrusión y se le pusieron los pelos de punta. Por lo general, solía ignorar a Leah y jamás había intentado buscarle lógica a sus actos.

 

 

 

“Vamos ¿Dime qué ocurre?” preguntó la loba. “Ponganme al día enseguida.”

“¿Y para qué...? Tú no te quedas.”

“De hecho, señor Alfa, me quedo. No vayas a pensarte que no he intentado independizarme, pero tú mejor que nadie sabes a la perfección que eso no es posible, y como da la impresión de que debo pertenecer a alguien, pues te elijo a ti.”

“Leah, tú no me gustas y yo a ti, menos.”

“Gracias, capitán Evidente. A mí eso me importa un bledo. Me quedo con Seth. Pienso mantener las distancias. Puedo patrullar por el exterior, como Seth.”

“¿Y se supone que debo fiarme de ti durante tus turnos?”

 

 

 

Ella estiró el cuello y se sostuvo con las puntas de los dedos en un intento de igualar en altura al lobo para poder mirarlo a los ojos.

 

 

 

“No voy a traicionar a mi manada.”

 

 

 

A Jacob le entraron ganas de echar la cabeza hacia atrás y lanzar un buen aullido, tal y como había hecho antes Seth.

 

 

 

“Ésta no es tu manada porque ni siquiera es una manada, pero ¿qué les pasa a los Clearwater? ¿Por qué no pueden dejarme solo?”

 

 

 

Seth surgió de pronto desde detrás de nosotros y se puso a lloriquear, ofendido. Estupendo.

 

 

 

“Pero te he sido útil, ¿no, Jake?”

“Tú solo no eres un estorbo, niño, pero van juntos en el trato, tú y tu hermana, y la única forma que tengo de librarme de Leah es mandándote a casa. ¿Puedes echarme la culpa por querer que vuelvas a casa?”

“Puf, Leah, ¡lo estropeas todo!”

“Sí, lo sé” repuso ella.

 

 

 

Una enorme carga de desesperación lastraba ese pensamiento. Jacob sintió el dolor implícito en esas tres palabras tan breves, y era más de lo que había supuesto. No quería sentir aquello. No deseaba sentirse mal por ella. Los lobos no le habían concedido tregua, seguro, pero ella había acudido a la manada con toda esa carga de amargura que tiznaba cada uno de sus pensamientos y convertían su mente en una auténtica pesadilla.

Seth también se sintió culpable.

 

 

 

“Jake, no vas a enviarme de vuelta, ¿verdad? Leah no es tan mala, de veras, quiero decir, con su ayuda podemos extender el perímetro de vigilancia, y eso deja la manada de Sam en siete unidades. Sin ella, no es posible que lance un ataque que nos sobrepase en número. Probablemente, convenga...”

“Sabes que no es mi deseo liderar una manada, Seth.”

“Pues entonces, no nos mandes” propuso Leah y Jacob resoplo

“Estupendo. Vamos, pónganse a correr alrededor de la casa”

“Éste es mi lugar, Jake” intervino Seth. “Me caen bien tu familia política, los Cullen. Los considero como si fueran personas y voy a protegerlos porque se supone que ése es nuestro deber”

“Quizá sea tu lugar, chaval, pero no el de tu hermana, y ella va a ir allí adonde tú vayas...”

 

 

 

Jacob se detuvo en seco, porque se percató de algo cuando estaba pronunciando esas palabras, algo sobre lo que la recién llegada había procurado no pensar.

Leah no iba a cualquier sitio.

 

 

 

“Creí que esto guardaba relación con Seth” pensó con aflicción y ella dio un respingo.

“He venido aquí a causa de Seth, por supuesto”

“Y para alejarte de Sam.” Ella apretó con fuerza la mandíbula.

“No he de explicarte mis razones, sólo debo atenerme a lo que digo. Pertenezco a tu manada, Jacob, y punto”

 

 

 

Jacob se alejó de ella entre gruñidos. Jamás iba a sacársela de encima. Por mucho que detestara a Jacob y por mucho que le repateara tener que proteger a los Cullen, cuando en realidad los aborrecía tanto que sería dichosa si fueran a matarlos a todos en ese mismo instante, nada de eso era comparable con el sentimiento que le embargaba ante la posibilidad de librarse de Sam. A Leah, Jacob no le gustaba ni en pintura, así que tampoco era tan raro que él deseara que se esfumase.

 

 

 

Ella amaba a Sam. Seguía queriéndole. Pero él también deseaba su desaparición, y eso dolía más de lo que ella estaba dispuesta a soportar ahora que tenía otra alternativa. Leah iba a aceptar cualquier opción, aunque eso significara tener que convertirse en el perrillo faldero de los Cullen.

 

 

 

“No sé yo si llegaría tan lejos” lo interrumpió ella. Intentó conferir a su pensamiento un tono agresivo y duro, pero había muchas fisuras en esa imagen de firmeza. “Estoy segura de que antes protagonizaría unos cuantos intentos de suicidio”.

“Mira, Leah...”

“No, mira tú, Jacob. Deja de discutir conmigo, porque esto no va a hacer ningún bien a nadie. Me mantendré apartada de tu camino, ¿vale? Haré todo lo que quieras, excepto volver a la manada de Sam y ser la patética ex novia de la que él no puede mantenerse lejos”. Se sentó sobre los cuartos traseros y lo miró fijamente a los ojos. “Si quieres que me vaya, vas a tener que obligarme.”

 

 

 

El alfa se pasó un minuto largo de mala leche y refunfuñando. Empezaba a sentir cierta simpatía por Sam a pesar de cómo se había comportado con Seth y él. No le extrañaba que siempre estuviera dando órdenes. ¿De qué otro modo iba a conseguir que se hicieran las cosas?

 

 

 

“¿Te enfadarías mucho conmigo si mato a tu hermana, Seth?” El aludido fingió considerarlo durante un minuto largo.

“Bueno, probablemente, sí.”

“De acuerdo, entonces”, dijo Jacob “señorita Hago — cuanto — se — me — antoja. ¿Por qué no empiezas siendo de utilidad y nos cuentas lo que sepas? ¿Qué ocurrió anoche después de que nos marchamos?”

“Se armó un follón de aullidos, pero lo más probable es que oyeran esa parte. Fueron tan fuertes que nos llevó un buen rato descubrir que ya no éramos capaces de escuchar sus pensamientos. Sam estaba.... “

 

 

 

 

Las palabras le fallaron, pero no hacían falta, pudimos verlo con las mentes. Tanto Seth como yo nos encogimos.

 

 

 

Después de eso, enseguida quedó claro que nos lo íbamos a tener que pensar dos veces. Sam tenía planeado hablar con los ancianos a primera hora de la mañana. Se suponía que íbamos a reunimos y trazar un plan de acción, pero me atrevo a aventurar que él no tenía intención de lanzar un ataque inmediato, pues, llegados a este punto, después de sus deserciones y con los vampiros sobre aviso, era un suicidio. No estoy segura de sus planes, pero si yo fuera un chupasangre, o el marido de uno, no merodearía solo por el bosque. Se ha abierto la temporada del vampiro.”

“¿Decidiste abrirte esta mañana?”, le pregunto Jacob.

“Pedí permiso para volver a casa y contarle a mi madre lo sucedido la noche pasada, cuando nos dividimos para patrullar”.

“¡Maldita sea! ¿Se lo contaste a mamá?”, aulló Seth.

“Deja a un lado el rollo familiar un momento, Seth. Continúa, Leah.”

“Me tomé un minuto para darle vueltas a lo ocurrido en cuanto adopté forma humana, bueno, a decir verdad, me tomé toda la noche” dijo Leah.” Apuesto a que los demás pensaron que me había dormido, pero había mucho sobre lo que cavilar en todo aquello de dos manadas separadas con dos mentes grupales diferentes. Al final, sopesé la seguridad de Seth y las... eh... restantes ventajas por un lado, frente a la idea de convertirme en una traidora y soportar el hedor a vampiro por quién sabe cuánto tiempo. Ya conoces mi decisión. Le dejé una nota a mi madre. Supongo que lo oiremos de inmediato cuando Sam se entere...”

 

 

 

La joven Clearwater alzó una oreja hacia el oeste.

 

 

 

“Sí, lo imagino” coincidió Jacob

“Así que eso es todo. ¿Y qué hacemos ahora?” preguntó ella mientras junto a su hermano miraban expectantes al alfa e era precisamente ese el tipo de cosas que Jacob no deseaba tener que hacer.

“Por ahora nos limitaremos a estar ojo avizor. No podemos hacer ninguna otra cosa. Lo más probable es que quieras dormir un rato, Leah.”

“Tú tienes tanto o más sueño que yo.”

“Pero ¿no ibas a hacer lo que yo te dijera?”

“Ok, vas a hacer que me salgan canas” refunfuñó; luego, bostezó. “Bueno, lo que sea, no me preocupa.”

“Voy a patrullar la línea fronteriza, Jake. No estoy cansado, para nada”. Seth tenía tal alegría en el cuerpo porque no los hubiera obligado a volver a casa, que no cesaba de hacer cabriolas de puro entusiasmo.

“Voy a ver a Edward”.

 

 

 

Seth siguió el sendero recién impreso en la tierra reblandecida por la humedad. Leah le miró con gesto pensativo.

 

 

 

“Tal vez un par de rondas antes de quedarme dormida... Eh, Seth, ¿quieres ver cuántos lametones soy capaz de darte?”

“¡NO!”

 

 

 

Leah se internó en los bosques a toda prisa en pos de su hermano. Aulló por lo bajo mientras sofocaba una risita. Jacob expreso su descontento con un gruñido, fue en vano. Se habían acabado el silencio y la paz.

 

 

 


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