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US - HUNHAN por Yosca07

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Vancouver es una ciudad hermosa, pero no puedo esperar para irme de aquí.

Acabamos de terminar el viaje por carretera más largo en nuestra agenda, y no puedo esperar para volver a casa.

De pie en una lujosa habitación de hotel con vista al mar, sacudo el papel de seda de una camisa que acabo de comprar en la tienda de la esquina.

Desde que he estado viviendo lejos por tanto tiempo, no tengo ropa limpia. Pero esta es una gran camisa, y me vi en ella al pasar por la tienda de regreso de la firma de autógrafos en un almuerzo de caridad.

La desabotono y me la pongo. En el espejo del hotel, compruebo el ajuste, y se ve bien. Genial, incluso. El algodón es un tejido fino, y hay un color verde en el patrón plano de fábrica. Es muy británico, y el color vivo me recuerda que no siempre será febrero.

Ahora que mi código de vestimenta incluye un traje y corbata tres o cuatro veces a la semana, he tenido que prestar más atención a mi armario. En la universidad llevaba un traje quizás tres veces al año. Pero no es difícil porque me gusta la ropa. Y el espejo de hotel dice que le gusto, también.

Soy un hijo de puta atractivo. Si al menos la única persona que me importa estuviera allí para apreciarlo.

La otra noche arrasamos Vancouver, y no es por presumir decir que yo fui la razón. Dos goles y una asistencia, mi mejor actuación. Estoy teniendo el tipo de temporada de novato que llega a titulares. Aunque en este mismo momento daría todo por una noche frente al televisor con Luhan y una mamada. Con ritmo. Azotado. Hecho polvo.

Afortunadamente, todo lo que queda de este viaje es un vuelo más en el avión del equipo.

Agarro mi teléfono de la mesa y lo desbloqueo. Con la cámara frontal, tomo una foto de mis abdominales, la camisa se abrió para revelar mi six-pack, mi mano sobre mi entrepierna.

Me tomo un tiempo darme cuenta de que Luhan tiene una cosa con mis manos. Juro que le gustan más que mi pene.

Envío la foto. Sin ningún comentario.

Miro la habitación del hotel por última vez, pero ya he empacado todo. He aprendido en una prisa a no dejar atrás cargadores y cepillos de dientes. Estamos de viaje tan a menudo que empacar se ha convertido en mi nueva habilidad.

Mi teléfono vibra con un texto:

Grrrr. Solo llega a casa, ¿puedes? No necesito más fotos. Mi pobre y solitario pene la está pasando mal.

Eso me recuerda a los viejos chistes de vodevil1. Así que respondo.

¿Qué tan mal esta?


N/A: El vodevil: fue un género de teatro de variedades que existió en EEUU principalmente entre los años 1880 y 1930.


Tan mal como para martillear clavos en nuestra desnuda pared, responde.

Es cierto que no hemos exactamente decorado nuestro apartamento. Los dos trabajamos mucho y no ha habido tiempo.

Pero, como siempre, el sexo es una mayor prioridad que decorar nuestro hogar.

Muéstrame, le ruego.

Hay una razón por la cual mantengo mi teléfono bloqueado. A Luhan y a mí nos gusta consentirnos con algo de fotos privadas.

Él no contesta, sin embargo. Tal vez no está en casa. Es tarde en Vancouver, lo que significa que es más tarde en Toronto... Joder. Estoy harto de hacer matemáticas todo el tiempo. Solo quiero ir a casa.

Agarro mi maleta y bajo. Algunos de los chicos ya están esperando en el vestíbulo, al igual como yo con ganas de llegar a casa. Me acerco a donde están esperando.

—Jesús —dice Wu Yifan mientras me acerco—. Será mejor que mi esposa este en casa y desnuda cuando llegue allí. Y los chicos estén dormidos. Con, unos, malditos tapones en sus pequeñas orejas.

Ocho días es mucho tiempo, estoy de acuerdo internamente. Pero no lo digo en voz alta, porque a pesar de que mis compañeros de equipo son buenos chicos, es mejor no meterse en estas discusiones. No es mi estilo mentir y pretender que hay una chica en casa esperando por mí. Y no estoy listo para decirles quién es.

Así que sigo mi propio consejo.

Excepto que Yifan y sus características nórdicas se han volteado en mi dirección, y una sonrisa tonta estalla en su cara.

—¡Mierda, mis ojos! Creo que estoy ciego.

—¿Por qué? —pregunto a medias. Yifan siempre está bromeando acerca de algo.

—¡Esa camisa! Jesús.

—En serio —dice el veterano Seung Hyun, riendo mientras se tapa los ojos con una mano—. Es tan brillante.

—Es tan gay —corrige Yifan.

Ese comentario no me afecta en lo más mínimo.

—Esta camisa es Tom Ford, y está que mata —murmuro—. Te apuesto veinte billetes de que aparecerá en los blogs puck bunny antes de que termine la semana.

—Atención perras —acusa Seung Hyun.

Más que cualquiera de los otros chicos, Seung Hyun capta más la atención de los medios. Cuando mi taza comenzó a aparecer en Hockeyhotties.com, no aprecio nada la competencia.

Es bromista, sin embargo. Puede mantener toda la población de puck bunnies.

—Simplemente digo —dice Yifan —. Podrías hacerlo bien en los bares de la calle Church en esa camisa.

—¿Sí? —pregunto—. ¿Lo sabes por experiencia personal?

Eso lo bloqueo. Pero Wu Yifan entrecierra los ojos mirando hacia mi pecho. Él es un cachorro de perro grande de un chico con el pelo castaño y desordenado.

—Está como hipnotizado —dice Hong Bin —. Te reto a mirar hacia otro lado.

—Dice, trescientos dólares, por favor —corrijo—. Es caro mirar esto bien.

Yifan resopla, y Seung Hyun dice que debería pedir mi dinero de vuelta. A continuación, el tema pasa a ser una especulación de que el bus no aparecerá y que todos vamos a morir de bolas azules en Vancouver.

Eventualmente abordamos, sin embargo. Tomo un asiento solo. Estamos a mitad de camino al aeropuerto cuando mi teléfono vibra con un texto. Lo tengo configurado para que ninguno de mis textos —sobre todo las fotos— aparezcan en la pantalla a menos de que lo desbloquee. Es una precaución muy importante, y el texto de Luhan me demuestra por qué.

Cuando autentico mi huella digital, la pantalla se llena de una imagen que no es segura para el trabajo. Son ambas obscenas e histéricas al mismo tiempo. Solo está en un ángulo hacia la pared donde su cabeza se apoya contra un clavo que presuntamente está golpeando. Y Luhan ha utilizado alguna aplicación para dibujar una cara feliz en su glande. El efecto de transformación es sorprendente. Su pene se ve como... una expresiva, criatura alienígena realizando algunas pequeñas reparaciones en el hogar.

Doy una carcajada. Y aquí pensaron que mi camisa era gay. Les mostrare qué es gay...

—¿Oh?

Yifan se eleva desde el asiento detrás de mí para decir algo, y presiono hacia abajo el botón de menú del teléfono con tanta fuerza que mis nudillos crujieron.

—¿Sí? —Me pregunto qué vio.

—Recuerdas que te pregunte si te gusto vivir en 2200 Lake Shore?

—Por supuesto.

—Mis cosas llegaron allí ayer. Soy tu nuevo vecino en el piso quince.

¿De verdad?

—Eso está muy bien, hombre —miento.

Cuando él me había preguntado si me gusto el lugar, debería haberle dicho todos los inconvenientes. Está muy lejos del metro. El viento frío de la costa es una perra. No tengo nada en contra de Yifan, pero no necesito que ninguno de los vecinos me conozca. Trabajé muy duro para permanecer fuera del radar.

—Sí, la vista mata, ¿verdad? Solo lo he visto durante el día, pero las luces en la noche deben ser probablemente espectaculares.

—Lo son —admito. Como si me importara. La vista de la cara de mi novio es lo único que quiero ahora mismo. Y todavía tenemos un vuelo de cuatro horas hasta que llegue a casa con él.

—Me podrías ayudar a encontrar los mejores bares del barrio —sugiere—. Compraré la primera ronda.

—Genial —digo.

Mierda, pienso.

Se necesita dieciocho años para volver a Toronto.

Por el momento hemos aterrizado y conseguido nuestro equipaje, son las siete en punto. Tengo muchas ganas de pasar algún tiempo con Luhan, pero hay un punto muerto. Se tiene que ir temprano a las seis en punto mañana para un partido en Quebec con su equipo de jóvenes.

Tenemos once horas, y aun no estoy allí.

Cada luz roja en el camino a casa me frustra. Pero finalmente estoy entrando en el garaje del estacionamiento —una característica del edificio que le presumí a Yifan, maldición—. Entro en el elevador con mi gran maleta y por suerte llega hacia nuestro décimo piso sin paradas. Busco mis llaves para tenerlas listas.

Por fin, estoy a veinte pasos de distancia, luego diez. Entonces estoy abriendo la puerta.

—Oye cariño —llamo como siempre lo hago—. Lo hice. —Arrastro mi maleta por el umbral, entonces lanzo mi chaqueta encima, dejándolas a un lado de la puerta, porque todo lo que necesito ahora es un beso.

Solo entonces me doy cuenta de que nuestro apartamento huele increíble. Luhan ha hecho la cena para mí. De nuevo. Él es el hombre perfecto, lo juro por Dios.

—¡Hey! —llama, emerge desde el pasillo que conduce a nuestra habitación. Lleva vaqueros y nada más, salvo... una inusual barba—. ¿Te conozco? —Me da esa sonrisa atractiva.

—Iba a preguntar lo mismo. —Estoy mirando su barba rubio arena.

Luhan ha sido siempre bien afeitado. Es decir: nos conocimos antes del vello facial. Se ve diferente. Mayor, tal vez.

Y ardiente como las llamas. En serio, no puedo esperar a sentir la barba contra mi cara, y tal vez mis bolas... Jesús. Mi sangre ya se está alborotando al sur, y he estado en casa solo quince segundos.

Sin embargo, solo me quedo en el medio de la habitación por un momento, porque a pesar de que han pasado ocho meses desde que Luhan y yo comenzamos la relación, estoy aún aturdido por mi propia buena suerte.

—Hola —le digo de nuevo, estúpidamente.

Camina hacia adelante, su modo de andar tan familiar hace que mi corazón se rompa un poco. Él pone sus manos en mi paquete y aprieta el músculo allí.

—No te vayas durante tanto tiempo de nuevo. Si lo haces, voy a tener que colarme en tu habitación de hotel.

 


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