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Error mágico por lizergchan

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Notas del capitulo:

Gomen por la demora!!!

Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, sino a su autor Hidekaz Himaruya-sama, este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.

Parejas: RusiaxMexico, FranxUk, PruxAus, EspxRoma, UkxFran, y HarryxDraco insinuación de AmexMex y SnapexUk

Aclaraciones y Advertencia: Este fic contiene YAOI, humor, Lemon, fantasía y lo que se me vaya ocurriendo, kesesesese.

Beta: Usarechan.

 

 

 

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

 

 

 

Error mágico

 

 

Capítulo 14- Poción Multijugos

 

 

Rusia trató de contestar pero no pudo, todavía estaba tratando de recuperar algo de aire, y con José besando y mordisqueando su cuello de aquella forma tan lasciva era difícil. No podía negar que le gustaba ese lado de México, tan salvaje, tan… fuerte.

 

—¿Que sucede Rusia? ¿Harás algo o dejaras que yo haga todo el trabajo? —dijo José entre sarcástico y divertido.

—¿Quién… eres…? —México parpadeo un par de veces; se llevó un dedo a los labios en una pose infantil.

—Soy México —respondió haciendo puchero —. Tu José, tuyo y de nadie más —una  sonrisa maliciosa. Bajó hasta el pálido cuello y lo lamio como si fuese un delicioso dulce. —¿Rusia será uno con México?

—Da —manos diestras desnudaron, arrancaban los uniformes con gran facilidad. Rusia mordió su labio inferior en un intento de sofocar un alto gemido por el placer que el moreno estaba dando a su cuerpo. Era una tortura, y la estaba disfrutando.

 

Una delgada película de sudor cubría ambos cuerpos. Y los sonidos que hacia Rusia eran como la más dulce de las melodías para los sensibles oídos de México.

 

—Eres sexy, pero de todas maneras voy a castigarte... — el mexicano separó las piernas de Rusia, acariciando los suaves muslos, haciendo erizar la piel sensitiva por donde pasaban sus hábiles manos.

—Y a castigarte de verdad... por ser tan endemoniadamente celoso, sensual y jodidamente travieso. —México se acomodó entre las piernas abiertas, haciéndolas abrazar su cintura.

—Voy tomarte salvajemente  —el moreno empezó a besar el pecho de alabastro de Rusia, lamiendo y succionando la salada piel mientras metía sus dedos en la boca de su ruborizado amante, haciéndolo besarlos, humedeciéndolos. —hasta que ya no puedas más, hasta que ya no puedas aguantar la tensión.

 

México sacó los dedos de la boca de amante y, con la mirada de Rusia clavada en ellos, los llevó hasta aquel lugar escondido en el ansioso cuerpo que temblaba bajo suyo. Iván soltó un fuerte gemido cuando sintió ser acariciado de una forma tan atrevida allá abajo.

 

Tan excitado estaba que cuando dos dedos entraron en su cuerpo el casi ni los sintió, tan sólo una ardiente sensación crecía y crecía mientras ellos se movían dentro suyo y México susurraba cosas obscenas en su oído.

 

—México... José... —mascullaba el ruso mientras tres dedos entraban y salían de él cada vez más rápido, abriéndolo, preparándolo, dejándolo listo para más.

 

Que visión tan abrumadora, todo el cuerpo de Rusia en llamas de deseo y ruborizado.

 

México tomó las caderas de Rusia y las atrajo hacia sí, haciendo que su palpitante sexo rozara aquella parte secreta en el cuerpo de su amante.

Rusia estaba tan ardientemente excitado que sólo aquel roce fue suficiente para enloquecerlo.

Sin ninguna advertencia el mexicano lo penetró de una vez, llegando hasta el fondo mientras las sensaciones invadían su cuerpo.

 

Rusia gritó el nombre de su amante, la sensación... la deliciosa sensación de ser tomado. Le faltaba el aire, sus pulmones parecían no querer cooperar; cerró los ojos con fuerza.

México sintió cuan apretado estaba Rusia y gimió del placer.

 

El moreno estaba dentro de él pero no se estaba moviendo así que Rusia abrió los ojos lentamente y encontró a México sonriéndole dulcemente, habían tantos sentimientos en esos ojos carmesís que Rusia pensó que iba a perder el conocimiento, no pudo evitar sumergirse en aquellas lagunas de sangre y perderse en ellas.

 

—México... tempfgp —pero antes de que pudiera terminar la frase el moreno lo besó con voracidad. Comenzó a moverse dentro de su amante, haciendo a Rusia gemir. José se movía lentamente; sus manos acariciaban toda la extensión del delicioso cuerpo que tenía en frente, haciendo que con cada movimiento el sexo de su amante rozara entre sus estómagos.

—Dámelo... dámelo todo... —las eróticas palabras susurradas en su oído hacían a México temblar.

—¿Me amas? —preguntó México con la voz cargada de lujuria, sus movimientos aun lentos, hacían que Rusia se retorciera en dulce agonía.

—D... da...

 

México tomó las nalgas de su amante y acariciándolas insistentemente, llevándolo hacia sí, y Rusia colaboró alzando sus rodillas para que estuviera en una posición perfecta con el cuerpo del moreno.

 

José tomó la cintura del ruso firmemente e impelió en él, en su apetitoso cuerpo, arrancando de ambos un grito de delirio.

 

Las mejillas de Rusia ardían con pasión y de su garganta escapaban gritos que se ahogaban antes de ser proferidos cada vez que México daba una estocada en él, tocando ese lugar dentro de su cuerpo que lo hacía enloquecer del placer.

Cada entrada y salida llevaba choques eléctricos a cada uno de sus nervios, dando una descarga de puro placer a todo su cuerpo.

 

Ambos estaban ausentes del mundo a su alrededor en ese momento se encontraban en un lugar hecho de sensaciones.

 

La penetración se hizo más urgente, más profunda y rápida, los mechones plateados caían en el rostro de Rusia como una cortina que se movía junto con el moreno, cada vez más rápido, cada vez con más urgencia dentro de su ruidoso amante, hasta que ninguno pudo soportarlo más y llegaron al clímax en una forma exquisita.

 

Rusia pudo sentir la calidez que invadía sus adentros mientras su propia semilla explotaba entre sus abdómenes, haciendo el rozar de sus cuerpos húmedo y resbaladizo.

 

México cayó sobre Rusia, descansando su cabeza en su pecho, ambos tratando de recuperar algo de aire mientras yacían abrazados, todavía en la secuela de su clímax, tratando de recuperarse de aquella abrumadora sensación.

 

Después de un rato el moreno salió del interior de Rusia para acostarse a su lado, con su cabeza apoyada en el hombro de su amante.

 

—Espero que con eso te quedara en claro que sólo tú me traes arrastrando la cobija,* mi precioso oso sádico —dijo José antes de besarlo en la mejilla.

—Da —respondió Iván, aún agitado.

 

 

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

 

 

Arthur reunió a todos los jóvenes países que ya estaban enterados de lo sucedido con Feliciano y Kiku. Estaban preocupados por los recientes acontecimientos; era aterrador saber que ni ellos se salvaban del monstruo que asechaba el colegio.

 

—¿Qué pasará con Italia y Japón? —preguntó Finlandia —Ellos no fueron petrificados, sólo paralizados.

—Dumbledore decidió que lo mejor es dejarlos en una habitación separada para evitar las miradas indiscretas —respondió Inglaterra —. No sabemos si ellos puedan regresar a la normalidad por si solos o necesiten de la poción de mandrágora, aún así…

—¡Ese maldito mocoso debe pagar por lo que hizo! —chilló Romano molesto.

—Es cierto —lo apoyó Turquía —. Ese mocoso debe recibir el castigo que merece —Grecia asintió con la cabeza; por primera vez en mucho tiempo, él y Sadiq se estaban llevando bien.

 

Algunos países se mostraron a favor, otros en contra, pues no creían que Harry fuese el culpable –al menos no en un 100 % –, unos pocos prefirieron guardarse sus comentarios; tal era el caso de Alemania, quien, como buen militar, buscaría la mejor estrategia para hacer pagar a quien se atrevió a lastimar a Italia.

 

—Por ahora deben permanecer todos juntos —dijo Inglaterra para cambiar el tema —. No vaguen por los pasillos después del toque de queda —agregó mirando al Bad cuarteto —. Pueden irse…

—¡¿Qué?! —gritó Lovino —¡¿Eso es todo, bastardo?! ¡Exijo que Potter reciba su castigo!

—No podemos asegurar que Harry sea el culpable —habló Suiza, como siempre, siendo neutral.

—Dejen esto en manos de los profesores y el director.

 

Inglaterra dio por terminada la reunión, aunque ni Romano, Turquía, Grecia o Alemania estaban de acuerdo con la decisión.

 

Lovino hizo que España  trajera a México; el italiano creía firmemente que su familia lo ayudaría a hacer que Harry pagara por el daño hecho a su hermano; lo que no esperaba, era que José no estuviese de acuerdo.

 

—Yo no creo que él fuese capaz de hacerle eso a la tía Italia o a Japón —dijo José cruzándose de brazos.

—¡No me importa que creas, maldito mocoso! —le grito Lovino furioso —, ¡tú me ayudaras y se acabó!

—Pus, no —respondió el mexicano sentándose en el suelo a modo de berrinche.

—José, ¿Por qué no quieres ayudar a tu madre? —habló España con seriedad. El moreno suspiró pesadamente; él no creía que Harry fuese capaz de hacerle daño a alguien y Antonio tampoco lo creía, pero no era posible hacer entender a Romano y menos en ese estado.

—¡Bien!, no me ayudes, maldito mocoso malagradecido —sentenció Lovino antes de retirarse furioso, dejando solos a padre e hijo.

 

España suspiró pesadamente, miró al mexicano con desaprobación; José bufó molesto, esperando el momento en que su padre iniciara con su “sermón”.

 

—No voy a regañarte, José —dijo el español —. Ya no eres una pequeña colonia; eres un país. Pero deberías ayudar a tu madre…

—Jefe, yo no creo que Harry sea el culpable y romperle la jeta no hará que las victimas regresen a la normalidad —tampoco España lo creía, pero, al menos de esa manera podría proteger a Lovino si algo malo sucedía.

 

La triple agresión contra Italia, Japón y Nick Casi Decapitado convirtió en auténtico pánico lo que hasta aquel momento había sido inquietud. Curiosamente, resultó ser el destino de Nick Casi Decapitado lo que preocupaba más a la gente. Se preguntaban unos a otros qué era lo que podía hacer aquello a un fantasma; qué terrible poder podía afectar a alguien que ya estaba muerto. La gente se apresuró a reservar sitio en el expreso de Hogwarts para volver a casa en Navidad.

 

—Si sigue así la cosa, sólo nos quedaremos nosotros —dijo Ron a Harry, Hermione y los países de Gryffindor—. Nosotros, Malfoy, Iván, Francis, Gilbert, José, Crabbe y Goyle. Serán unas vacaciones deliciosas.

 

Crabbe y Goyle, que siempre hacían lo mismo que Malfoy, habían firmado también para quedarse en vacaciones. Pero Harry estaba contento de que la mayor parte de la gente se fuera. Estaba harto de que se hicieran a un lado cuando circulaba por los pasillos, como si fueran a salirle colmillos o a escupir veneno; harto de que a su paso los demás murmuraran, le señalaran y hablaran en voz baja.

Lo que Harry mas odiaba era despertarse en las mañanas con alguna “sorpresa” desagradables: insectos muertos, o mensajes extraños.

 

Aunque había algunos Slytherin que consideraban a José como el verdadero heredero, pues éste había demostrado un lado oscuro durante su duelo con Natasha, pero a diferencia de Harry; México no prestaba atención a los comentarios.

 

—Yo no creo que Harry o México sean el “heredero de Slytherin” —comentó Finlandia a los Nórdicos. Se encontraban en el lago.

—Deberíamos quedarnos para ayudar a los otros a desenmarañar este embrollo —dijo Noruega con parsimonia.

—Pero no podemos quedarnos, le prometimos a nuestros jefes regresar en las fiestas —agregó Islandia.

 

Era cierto, ya se habían ausentado bastante y era urgente que regresaran a sus casas, –por lo menos –, por un tiempo para arreglar cualquier asunto pendiente.

 

—Además… —agregó Suecia acomodándose los lentes —me preocupa Peter.

 

Dinamarca comenzó a molestar a Berwald, siendo amonestado (golpeado), por Noruega para que se tranquilizara.

 

 

 

Harry se dirigía a la biblioteca, cuando, de pronto, alguien lo tomó por el brazo, lanzándolo contra la pared, rompiéndose el labio en el proceso. Intentó liberarse, pero su atacante le había atrapado los brazos tras la espalda, impidiéndole moverse.

 

—Potter —Harry dio un respingo; la voz cargada de veneno, siseaba en su oído, causándole —. Te exijo que regreses a la normalidad a Feliciano y Kiku.

—Lud… Ludwig… —Harry gimió de dolor cuando el alemán aumentó su agarre. Alemania lo obligó a quedar de frente a él.

—No tienes idea de con quién te has metido, maldito mocoso —Harry tragó grueso cuando el frío metal de una Luger P08* se posó sobre su mejilla derecha.

 

 

Harry cerró los ojos; su corazón latía tan fuerte que parecía querer salir de su pecho. Tenía pánico, no sabía de dónde había sacado el arma; pero algo en la mirada de Ludwig le decía que ya antes había matado y que era muy capaz de hacerlo de nuevo.

 

 

—¡Ludwig! —el grito Gilbert, arremetiendo contra su hermano; forcejearon hasta que el prusiano, con ayuda de Francis pudo quitarle el arma y someterlo.

Allemagne, ¿estás loco? —lo reprendió el francés. El galo estaba sentado sobre las piernas del rubio y el prusiano utilizaba todo el peso de su cuerpo para sostenerle los brazos.

—¡Suéltenme! —les ordenó Ludwig forcejeando para tratar de separarse —, ¡tiene que pagar por lo que hizo!

—¡West, cálmate! —le gritó Gilbert antes de darle una bofetada que logró hacer reaccionar al rubio.

—Será mejor que te vayas, mon chéri —le dijo Francia a Harry. El mago asintió con la cabeza y salió corriendo, dejando a los tres países solos.

 

Soltaron al alemán, cuando lo creyeron prudente. Alemania tenía los ojos acuosos, lo que les dio a entender que estaba aguantándose las ganas de llorar. Francia, decidió que lo mejor era dejar a los hermanos solos e ir a buscar a Harry para evitar que éste pudiese delatar a Ludwig.

 

Alemania comenzó a golpear la pared con rabia, las lágrimas ya corrían libres por sus mejillas; verlo así, le partía el corazón a Gilbert.

 

—West… —dijo cuando sintió la mano de su hermano sobre su hombro.

—Bruder…

—Yo también estoy preocupado por Ita-chan, pero no creo que a él le gustara que hicieras una locura —le dijo atrayéndolo en un abrazo, como solía hacerlo cuando aún era pequeño. —Ita-chan no querría que tú volvieras a esos días* —Ludwig se separó bruscamente de su hermano; sus ojos estaban cargados de furia.

—Potter debe pagar por lo que hizo —Gilbert frunció el ceño, su hermano estaba actuando tan fuera de sí que le preocupaba que pudiese hacer algo de lo que después podría arrepentirse.

—No creo que Harry sea el responsable —Ludwig iba a protestar pero su hermano se lo impidió —. Kesese, confía en tu awesome bruder —dijo inflando el pecho —. Ve con Ita-chan, estoy seguro que le agradará verte.

 

Alemania asintió; la verdad es que prefería estar con Italia que hablando con su hermano o intentando vengarse de Harry

 

 

Dumbledore había ordenado llevar a Kiku y Feliciano, por su condición “especial” a una habitación separada. En esos momentos, Grecia y Turquía estaban sentados a cada lado de la cama de Japón; extrañamente, ambos se estaban llevando bien.

 

—Pronto te pondrás bien —le aseguró Sadiq. Tanto Japón como Italia, sólo eran papaces de mover los ojos, no podían articular palabras, ni mover cualquier extremidad.

—Cierto… y después… compartiremos… el almuerzo… juntos… —Kiku parpadeó dos veces; una significaba no y dos sí.

 

Pasaron toda la tarde con él, por suerte, era sábado y podían permanecer el tiempo que quisieran junto al japonés.

 

Turquía y Grecia besaron las mejillas de Kiku, luego se besaron entre ellos. Para algunos, su relación sería extraña, pero la verdad no importaba; se amaban, compartían un amor que se suponía era sólo entre dos personas.

 

 

 

La sala común de Slytherin se encontraba casi vacía. Rusia y México entraban solos; José estaba sentado a horcajadas sobre las piernas de Iván, quien estaba sentado en el sofá. Sus bocas se buscaban con deseo y necesidad.

 

Se detuvieron, al escuchar como alguien carraspeaba la garganta; José sonrió al darse cuenta de la presencia de Draco e Iván lo miró molesto diciendo “kolkolkol”.

 

—No deberían hacer eso aquí —dijo Malfoy completamente ruborizado. México sonrió y dijo:

—Lo que pasa es que estas celoso por qué no puedes hacerlo con tu “leoncito” —este comentario hizo que Draco se atragantara con su saliva, ¡¿Cómo es que se había dado cuenta?! ¡¿Era tan obvio?!

—No sé de que hablas —dijo Draco, desviando la mirada, pero era imposible escapar a esos ojos que parecían poder desnudar su alma. —¡A mí no me gusta Harry! —se arrepintió tan pronto como lo dijo. México sonrió como un gato.

—Yo jamás dije que fuera Harry —agregó, apoyando su cabeza en el hombro del ruso ya que en ningún momento de la conversación, dejo su cómodo lugar y no tenía intenciones de moverse.

—Maldición —Draco cayó en la cuenta de que, sin querer, terminó confesando sus mas ocultos sentimientos. José le susurró algo a Iván, éste asintió –aunque molesto –. México se levantó.

—Te amo —le dijo el moreno sin importarle que Draco se encontrara presente; Iván sonrió y lo besó sin pudor algo, ocasionando que Malfoy se pusiera rojo hasta las orejas.

—Deberían… se un poco… más discretos —comentó el platinado, cuando Rusia se hubo retirado. México sonrió —. ¿No les da vergüenza hacer eso en un lugar público? —José se encogió de hombros.

—Vergüenza, robar y que te cachen —respondió con tranquilidad. Draco abrió la boca pero no dijo nada; José le parecía la persona más excéntrica que hubiese conocido (mucho más que los otros extranjeros que llegaron con el mexicano).

 

Amas a Harry

 

Draco quería negarlo, pero no podía; José parecía ejercer alguna fuerza extraña sobre su persona que le obligaba a ser honesto con él.

 

—Sí… me gusta desde que lo vi por primera vez —¡mentirá!, ya lo amaba desde mucho antes de conocerlo. Cuando era pequeño, solía dormirse, arrullado por la historia del niño que vivió y soñaba con el día en que sus destinos se cruzaran.

 

—Sé lo que sientes —admitió México —. Yo he amado a Iván, incluso antes de conocerlo.

Cuando era tan sólo una pequeña colonia; José se maravillaba escuchando las historias del gran país que, a pesar de los crudos inviernos, era tan fuerte que podía vencer cualquier adversidad (en cierto modo le recordaba a su gente), y con el tiempo, esa admiración se convirtió en algo mucho más profundo. —Amo a Iván y por él sería capaz de cualquier cosa; matar… o incluso negar mis raíces.

 

Era impresionante la determinación de José y en cierta forma, terminó dándole valor al propio Draco.

 

—Te echare una manita con tu león —dijo moreno dándole una palmadita al dragón.

 

 

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

 

 

Francia había logrado dar alcance a Harry y ahora, ambos se encontraban en un salón vacio.

 

—Se que mon petit Allemagne fue algo… impulsif, pero es que esta algo desesperado por lo que le sucedió a Feliciano.

 

Harry no pronuncio palabra, aun estaba en estado de shock por el susto que Alemania le había provocado, lo que fue tomado por Francia como una oportunidad para proseguir.

 

—Feliciano es alguien extremadamente importante para Ludwig —dijo con parsimonia —, él es la única persona que lo comprende (ni si quiera Gilbert era capaz de penetrar esa fría coraza que creó para proteger su corazón).

 

Fue entonces cuando Harry cayó en la cuenta, ¡¿Ludwig y Feliciano eran pareja?! Como respuesta, Francis tan sólo sonrió dando un asentimiento. Bueno, sabía que en el mundo mágico era, un poco más aceptado las relaciones entre personas del mismo sexo, que en el mundo muggle.

 

Aunque sabía de la relación que Iván y José compartían (ellos dos no tenían pudor alguno de mostrarse su amor en público, lo que les había causado algunas amonestaciones por parte de varios profesores), y ahora que lo analizaba; muchos de los que vinieron con Francis estaban en alguna especie de relación.

 

La puerta se abrió de golpe y Natasha entró con esa aura aterradora que asustaba, incluso a los mismos fantasmas.

 

¿Dónde está José? —preguntó con voz sombría.

—N-no… no lo he visto —respondió Francis más blanco que un papel. Como una perturbarte aparición; Bielorrusia se fue, dando un portazo.

Pauvre Mexique —se lamentó Francia, sin darse cuenta, había llamado a José por su nombre de país, pero para su fortuna, Harry pareció no percatarse —. Maintenant je comprends pourquoi le Bélarus est le seul qui peut faire baisser la Russie.

 

Harry no quiso preguntar sobre los nombres que utilizaba; algo le decía que no obtendría una respuesta.

 

 

Canadá estaba sentado bajo la sombra de un árbol; había sido citado por México hacía ya media hora, pero como siempre, el moreno llegaba tarde.

 

—Quizás… Natasha lo ha encontrado —se dijo a sí mismo, aunque su atención estaba centrada en su oso.

—¿Quién eres? —preguntó Kumajiro.

—Yo Canadá…

—¡Mat! —exclamó José que venía corriendo a todo lo que sus piernas podían, detrás de él venía Bielorrusia gritándole “cásate, cásate, seamos uno”. —¡Lo siento! —gritó alejándose a toda velocidad.

 

Canadá suspiró, no pudo evitar sentir pena por la suerte del pobre México, que era ahora el nuevo objetivo de Natasha.

 

—¿Crees que México estará bien, Kumatoshi? —le preguntó a su oso.

—¿Quién eres?

—Soy Canadá…

 

 

Por fin concluyó el trimestre, y sobre el colegio cayó un silencio tan vasto como la nieve en los campos. Más que lúgubre, a Harry le pareció tranquilizador, y se alegró de que él, Hermione, los Weasley, Alfred y Antonio pudieran gobernar la torre de Gryffindor, lo que quería decir que podían jugar al snap explosivo gritando y sin molestar a nadie, o podían  batirse en privado. Fred, George y Ginny habían preferido quedarse en el colegio a ir a visitar a Bill a Egipto con sus padres. Percy, que desaprobaba lo que llamaba su infantil comportamiento, no pasaba mucho tiempo en la sala común de Gryffindor. Ya les había dicho en tono presuntuoso que se quedaba en Navidad porque era el deber de un prefecto ayudar a los profesores durante los períodos difíciles.

 

Amaneció el día de Navidad, frío y blanco. Hermione despertó temprano a Harry, Alfred, Antonio y Ron, los únicos que quedaban en aquel dormitorio. Iba ya vestida y llevaba regalos para los cuatro.

 

—¡Despierten! —dijo en voz alta, abriendo las cortinas de la ventana.

—Hermione... sabes que no puedes entrar aquí —dijo Ron, protegiéndose los ojos de la luz. Antonio y Alfred también estaban allí pues la noche anterior habían estado hablando hasta muy entrada la noche y se quedaron dormidos.

—Mmm… cinco minutitos mas, mom —murmuró Alfred envolviéndose en las sábanas como si se tratara de una oruga.

—Feliz Navidad a ustedes también —dijo Hermione, arrojándole su regalo a Ron y luego a Alfred que dormía en la misma cama que el pelirrojo—. Me he levantado hace casi una hora, para añadir más crisopos a la poción. Ya está lista.

 

Harry se sentó en la cama, despertando por completo de repente. Alfred hizo lo mismo, pero cuando escuchó la palabra “Navidad” y comenzó a abrir su regalo, rompiendo el envoltorio con desesperación.

 

—¿Estás segura? —cuestionó Antonio que se había quedado dormido en el suelo. Soltó un bostezo.

—Del todo —dijo Hermione, apartando a la rata Scabbers para poder sentarse a los pies de la cama—. Si nos decidimos a hacerlo, creo que tendría que ser esta noche.

 

En aquel momento, Hedwig, Libertad y Tomate aterrizaron en el dormitorio,  la primera llevaba en el pico un paquete muy pequeño.

—Hola —dijo contento Harry, cuando la lechuza se posó en su cama—, ¿me hablas de nuevo?

La lechuza le picó en la oreja de manera afectuosa, gesto que resultó ser mucho mejor regalo que el que le llevaba, que era de los Dursley. Éstos le enviaban un mondadientes y una nota en la que le pedían que averiguara si podría quedarse en Hogwarts también durante las vacaciones de verano.

Libertad que era la lechuza de Alfred, llevaba un pesado paquete que su jefe le había enviado. América abrió el envoltorio con desesperación, gritando emocionado; recibió unos cuantos juegos para su PSP, además de baterías, pues en Hogwards no existían tomacorrientes, además de algunas bolsas de frituras y algunos comics.

 

En cambio, Antonio recibió una carta, una docena de alfajores*, y un suéter con una nota “Abrígate bien; el clima ingles es horrible”.

 

Se vistieron para reunirse con los demás; Rusia, Canadá y el Bad cuarteto, Alemania, Romano, Turquía y Grecia. Estos últimos, al ver a Harry, se levantaron y se fueron.

 

—Nos veremos después —les dijo Antonio y se fue con Lovino, quien esperaba que José fuera con ellos pero el mexicano estaba demasiado ocupado comiéndose a besos con Iván.

—Kesese, creo que yo irse con West —comentó Prusia levantándose de su lugar —. Wir sehen in der Nacht —les dijo a los países que asintieron con la cabeza.

 

El ambiente se estaba volviendo algo tenso, por lo que México se levantó y comenzó a amenizar la fiesta, siendo acompañado por Francia y después por Estados Unidos, Ron, Hermione y Harry.

 

Harry jamás se había divertido tanto, nunca en su vida había recibido tantos regalos como ese día.

 

 

 

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

 

 

 

Nadie podía dejar de asistir a la comida de Navidad en Hogwarts, aunque estuviera atemorizado por tener que tomar luego la poción multijugos.

 

El Gran Comedor relucía por todas partes. No sólo había una docena de árboles de Navidad cubiertos de escarcha, y gruesas serpentinas de acebo y muérdago que se entrecruzaban en el techo, sino que de lo alto caía nieve mágica, cálida y seca. Cantaron villancicos, y Dumbledore los dirigió en algunos de sus favoritos. Hagrid gritaba más fuerte a cada copa de ponche que tomaba. México había convencido al director de realizar una pastorela*, pues según él, una navidad no era navidad sin una pastorela.

 

 

—Bien, Alfred será el diablo…

—¡Yo soy un héroe y los héroes no son villanos! —chilló Estados Unidos. México bufó molesto.

—Bien, tú serás San Gabriel (aunque de ángel no tienes nada), los ángeles serán Lovino, Sadiq y Heracles. Iván será el diablo, Harry, Draco, los del bad cuarteto seremos sus achichicles* y por último, los pastores serán  Ron, Hermione Crabbe y Goyle.

 

 

En el infierno.

 

Iván: (Caminando de un lado a otro) Kolkolkol, se acerca ya la fecha en que los ángeles de cielo anuncian a los pastores el nacimiento del niño Jesús y no se me ocurre ninguna idea para evitar que los pastores vayan a adorar a ese escuincle y sean uno conmigo. ¡Da! (grita) ¡Demonios!, ¡demonios!, ¡a mí!, ¡vengan! (entran Harry y México vestidos de diablos) ¡Demonios!, ¡Vengan!

 

José: (riendo como tonto) ¿Nos hablaste?

Iván: (imitándolo) ¿Nos hablaste?, ¡les grité! Da.

Harry: (avergonzado) Ay bueno, ¿Y para qué?

Iván: ¿Para qué?, ¿Para qué? (a José) él pregunta: ¿Para qué?

José: ...uh... ¿Para qué?

Iván:¿Es que no saben qué día es hoy?

Harry: ¿Qué fecha es hoy?

José: ¡Ah, sí! (a Harry) ¡Tizne!

Harry: ¿Qué?...¡ah!

Harry y José: Sapo verde eres tú

Sapo verde eres tú

Sapo verde Diablo

Sapo verde eres tú

Harry y José: (se aarrodillan frente a Iván)

Iván: ¡Gracias!, ¡gracias! ¿Pero cuáles gracias, da?

Pedro: (tumbado) Las que te adornan.

Iván (sonriendo infantil) Hoy no es cumpleaños del Diablo, da.

Pedro: ¿No es tu cumpleaños? Y yo que había vivido en el engaño; fíjate si no me dice hasta te envuelvo tu regalo y...

Diablo: ¡Cállate!, ¿Dónde están los demás?

Harry: ¡Pues no sé! (mira a José) Pregúntaselo a sus respectivos ángeles de la guardia.

Iván: Da, ¡Ángeles de la guar...! ¡No!, ¡Pero qué diablos tan tarados tengo, da! (Harry y José se atacan de la risa) Ash... ¡Demonios, demonios, da!

 

Entra Heracles sonámbulo, vestido de diablo pero con pijama y pantuflas de gato, llega y se apoya en el hombro de Iván.

 

Iván: (toma la mano de Grecia) ¡Quítateme de encima! (lo toma de los hombros) ¡Despierta, despierta!

José: ¡No! (se acerca a Iván) ¡Así no se despierta!

Iván: ¿Ah, no?, ¿Lo vuelvo uno con Rusia, da?

José: (mira a Iván con ojos rojos pero sigue con la obra ) ¡Tizne!

Harry y José: (en un ritmo movido)

Estas son las mañanitas

Que cantaba el rey David

A todos los diablos guapos

Se las cantamos aquí…

 

Heracles (despertando) Hola… ¿cómo… están?

Iván: (sonriendo infantil) Muy bien, ¿y tú?

España: (un poco nervioso) Pues… aquí… pasándola...

Iván: ¿Da?

Heracles: (se sienta en la mesa donde Iván estaba y se queda dormido)

Entra España corriendo y choca con Iván.

 

Iván: (inclinándose sobre España) ¿Y-tú-porqué-tardas-tanto?

España: (nervioso) Es que...me tardé porque...porque. Verás, venía en un avión volando cuando de repente 375 aviones enemigos por el frente (se da la vuelta) que meto reversa; pero ¡oh, sorpresa! Por la retaguardia un dragón con mil cabezas (gira hacia la derecha) que volteo a la derecha y todos los ángeles del cielo en contra mía; (gira a la izquierda) viré a la izquierda, y veo a Arthur con un plato de comida hecha por él ¡estaba acorralado!, ¡no sabía qué hacer!...

Iván: Cuándo de pronto de caíste de la cama y despertaste, ¿Cuándo se te va a quitar lo mentiroso?, pareces americano, da. (Se escuchan las voces de Inglaterra y América quejándose).

Antonio: ¡Pero es verdad!

Iván: ¡Ya cállate! No me interesa oír tus necedades. ¿Y donde esta Odiado Nervo? (en cuanto oyen el nombre Harry, España y José voltean y Heracles se despierta) Nuestro diablo poeta

Francia: (declamando y con una rosa en la mano) ¡Ángeles necios que acusáis a los diablos sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis! (todos aplauden).

 

 

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

 

 

Después de la cena y la pastorela, el trió dorado y los países de Gryffindor se dirigieron al baño; Francia les había conseguido el pelo de Crabbe y Goyle y el bad trio se habían encargado de ellos, para que no interfirieran.

 

—Bien. Y yo he tomado estas túnicas de la lavandería —dijo Hermione, enseñándoles una pequeña bolsa—. Necesitaran tallas mayores cuando se hayan convertido en Crabbe y Goyle.

 

Miraron el caldero. Vista de cerca, la poción parecía barro espeso y oscuro que borboteaba lentamente.

—Esa cosa se ve asquerosa —comentó Francia arrugando la nariz.

—Kesese, que bueno que oresama no tiene que beberla —habló Prusia haciendo una mueca de asco. Harry y Ron lo miraron con el ceño fruncido.

—Estoy segura de que lo he hecho todo bien —dijo Hermione, releyendo nerviosamente la manchada página del Moste Potente Potions—. Parece que es tal como dice el libro. En cuanto la hayamos bebido, dispondremos de una hora antes de volver a convertirnos en nosotros mismos.

—¿Qué se hace ahora? —murmuró Ron.

—La separamos en los tres vasos y echamos los pelos.

 

Hermione sirvió en cada vaso una cantidad considerable de poción. Luego, con mano temblorosa, trasladó el pelo de Millicent Bulstrode de la botella al primero de los vasos. La poción emitió un potente silbido, como el de una olla a presión, y empezó a salir muchísima espuma. Al cabo de un segundo, se había vuelto de un amarillo asqueroso.

 

—Aggg..., esencia de Millicent Bulstrode —dijo Ron, mirándolo con aversión—. Apuesto a que tiene un sabor repugnante.

—Ahora les toca a ustedes —les dijo Hermione.

 

Harry metió el pelo de Goyle en el vaso del medio, y Ron, el pelo de Crabbe en el último. Una y otra opción silbaron y echaron espuma, la de Goyle se volvió del color caqui de los mocos, y la de Crabbe, de un marrón oscuro y turbio.

 

—Eso se ve más asqueroso que la comida de Arthur —dijo Antonio llevándose las manos a la boca.

—Esperen—dijo Harry, cuando Ron y Hermione tomaron sus vasos—. Será mejor que no los bebamos aquí: al convertirnos en Crabbe y Goyle ya no estaremos delgados. Y Millicent Bulstrode tampoco es una sílfide.

—Bien pensado —dijo Ron, abriendo la puerta—. Vayamos a los retretes separados.

 

Con mucho cuidado para no derramar una gota de poción multijugos, Harry pasó al del medio.

 

—Esto será interesante, kesesese —comentó Prusia emocionado.

—Espero que todo salga bien —dijo Antonio.

—Mon chey Hermione es buena con las posiones —agregó Francia —. Esto será pan comido para ella.

 

 

 

El bad trio ahogo un gemido cuando Harry salió. Después se abrió la puerta de Ron. Se miraron. Salvo por estar pálido y asustado, Ron era idéntico a Crabbe en todo, desde el pelo cortado con tazón hasta los largos brazos de gorila.

 

El bad trio ya no lo soportó más y estalló en carcajadas.

 

—No es gracioso —dijo Ron, acercándose al espejo y pinchando con el dedo la nariz chata de Crabbe.

—Mejor nos vamos —dijo Harry, aflojándose el reloj que oprimía la gruesa muñeca de Goyle. Los del bad trio aun continuaban riéndose —. Francis, Gilbert, necesitamos que nos lleven a la sala común de Slytherin.

 

Ron dijo, contemplando a Harry:

—No sabes lo raro que se me hace ver a Goyle pensando.

 

Prusia golpeó en la puerta de Hermione, aun muriéndose de risa.

 

—Vamos, que te toca a ti...

 

Una voz aguda le contestó:

 

—Me... me temo que no voy a poder ir. Vayan sin mí.

—Hermione, ya sabemos que Millicent Bulstrode es fea, nadie va a saber que eres tú —agregó Francis —. Mon chery, tú eres hermosa.

—No, de verdad... no puedo ir. Dense prisa y no pierdan tiempo.

 

Los chicos se miraron desconcertados.

 

—Pareces Goyle —dijo Antonio a Harry—. Siempre pone esta cara cuando un profesor pregunta.

—Hermione, ¿estás bien? —preguntó Harry a través de la puerta.

—Sí, estoy bien... márchense.

 

Harry miró el reloj. Ya habían transcurrido cinco de sus preciosos sesenta minutos.

 

—Váyanse, yo me quedo con ella —dijo Antonio.

 

Asintieron aunque no muy seguros y salieron de los baños.

 

 

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

 

 

Draco se encontraba en la sala común de su casa con José e Iván. Al poco tiempo, llegó Crabbe y Goyle, ni Francis ni Gilbert iban con ellos para evitar sospechas.

 

—¿Dónde se habían metido ustedes dos? —les preguntó Draco, irritado porque lo interrumpieran en su conversación —Seguramente se estaban atascando como cerdos en el Gran Comedor.

—Bueno, eso no importa —dijo Iván, él y José se habían percatado de la actitud extraña de Crabbe y Goyle; por lo que supusieron que ellos eran Harry  y Ron.

—Draco —lo llamó México —. ¿Tú crees que Potter sea en verdad el heredero de Slytherin?

 

Harry y Ron se tensaron, José parecía tan interesado como ellos en saber la verdad.

 

San Potter, el amigo de los sangre sucia —dijo Malfoy lentamente. José carraspeó la garganta, Rusia tan sólo sonrió infantil; Draco estaba metiendo las cuatro y sin darse cuenta —. Ése es otro de los que no tienen verdadero sentimiento de mago, de lo contrario no iría por ahí con esa sangre sucia presuntuosa que es Granger. ¡Y se creen que él es el heredero de Slytherin! Por favor, es más probable que lo fueras tú —finalizó mirando a José.

—¿Da, pero Draco sabe quién es? —cuestionó Rusia.

—Me gustaría saber quién es —dijo Malfoy, petulante—. Podría ayudarle.

 

A Ron se le quedó la boca abierta, de manera que la cara de Crabbe parecía aún más idiota de lo usual. Afortunadamente, Malfoy no se dio cuenta, y Harry, pensando rápido, dijo:

—Tienes que tener una idea de quién hay detrás de todo esto.

—Ya sabes que no, Goyle, ¿cuántas veces tengo que decírtelo? —dijo Malfoy bruscamente—. Y mi padre tampoco quiere contarme nada sobre la última vez que se abrió la Cámara de los Secretos. Aunque sucedió hace cincuenta años, y por tanto antes de su época, él lo sabe todo sobre aquello, pero dice que la cosa se mantuvo en secreto y asegura que resultaría sospechoso si yo supiera demasiado. Pero sé algo: la última vez que se abrió la Cámara de los Secretos, murió un sangre sucia. Así que supongo que sólo es cuestión de tiempo que muera otro esta vez... Espero que sea Granger —dijo con deleite.

 

Ron apretaba los grandes puños de Crabbe. Dándose cuenta de que todo se echaría a perder si pegaba a Malfoy.

 

—¿Sabes si atraparon al que abrió la cámara la última vez? —preguntó José recargando su cabeza en el hombro de Rusia.

—Sí... Quienquiera que fuera, lo expulsaron —dijo Malfoy—. Aún debe de estar en Azkaban.

—¿En Azkaban? —preguntó Harry, sin entender.

—Claro, en Azkaban, la prisión mágica, Goyle —dijo Malfoy, mirándole, sin dar crédito a su torpeza—. La verdad es que si fueras más lento irías para atrás.

 

Se movió nervioso en su silla y dijo:

 

—Mi padre dice que tengo que mantenerme al margen y dejar que el heredero de Slytherin haga su trabajo. Dice que el colegio tiene que librarse de toda esa infecta sangre sucia, pero que yo no debo mezclarme. Naturalmente, él ya tiene bastantes problemas por el momento. ¿Saben que el Ministerio de Magia registró nuestra casa la semana pasada? —Harry intentó que la inexpresiva cara de Goyle expresara algo de preocupación—. Sí... —dijo Malfoy—. Por suerte, no encontraron gran cosa. Mi padre posee algunos objetos de Artes Oscuras muy valiosos. Pero afortunadamente nosotros también tenemos nuestra propia cámara secreta debajo del suelo del salón.

 

—¡Ah! —exclamó Ron.

 

Malfoy, Iván y José lo miraron;  Harry hizo lo mismo. Ron se puso rojo, incluso el pelo se le volvió un poco rojo. También se le alargó la nariz. La hora de que disponían llegaba a su fin, de forma que Ron estaba empezando a convertirse en sí mismo, y a juzgar por la mirada de horror que dirigía a Harry, a éste le estaba sucediendo lo mismo. Se pusieron de pie de un salto.

—Ah. Draco, necesito que me acompañes —dijo México y se llevó al aludido sin darle tiempo a que reaccionara.

—Harry y Ron deben irse, da —dijo Rusia dejando a los dos blancos como papel. No preguntaron, ya habría tiempo para eso después; echaron a correr a lo largo de la sala común de Slytherin, lanzándose contra el muro de piedra y metiéndose por el corredor;  deseando desesperadamente que Malfoy no se hubiera dado cuenta de nada. Harry podía notarse los pies sueltos dentro de los grandes zapatos de Goyle, y tuvo que levantarse los bajos de la túnica al hacerse más pequeño. Subieron los escalones y llegaron al oscuro vestíbulo de entrada, en que se oían los sordos golpes que llegaban del armario en donde Francis y Gilbert habían encerrado a Crabbe y Goyle. Dejando los zapatos junto a la puerta del armario, subieron corriendo en calcetines hasta los lavabos de Myrtle la Llorona.

 

—Bueno, eso no me lo esperaba —dijo Ron, cerrando tras ellos la puerta de los aseos—. Ya sé que todavía no hemos averiguado quién ha cometido las agresiones, pero mañana voy a escribir a mi padre para decirle que miren debajo del salón de Malfoy.

Harry se miró la cara en el espejo roto. Volvía a la normalidad. Se puso las gafas.

 

—¿Qué ha sucedido? —le preguntó Francis. Harry les contó lo que había sucedido en la sala común de Slytherin y como Iván y José los habían ayudado,

—Oh, yo sabía que mi crio no era capaz nada malo —comentó España, feliz de que México y Rusia estuviesen de su lado.

Ron llamó a la puerta del retrete de Hermione.

—Hermione, sal, tenemos muchas cosas que contarte.

—¡Váyanse! —chilló Hermione.

Harry y Ron miraron al Bad trio como esperando respuesta a lo que sucedía, ellos se encogieron de hombros.

—¿Qué pasa? —dijo Ron—. Tienes que estar a punto de volver a la normalidad, nosotros ya...

 

Pero Myrtle la Llorona salió de repente atravesando la puerta del retrete. Ninguno de ellos la había visto tan contenta.

—¡Aaaaaaaah, ya la verán! —dijo—. ¡Es horrible!

 

Oyeron descorrerse el cerrojo, y Hermione salió, sollozando, tapándose la cara con la túnica.

—¿Qué pasa? —preguntó Ron, vacilante—. ¿Todavía te queda la nariz de Millicent o algo así?

—Oh, mon petit, no puede ser tan malo —dijo Francia para tratar de animarla.

—Cierto, no importa lo fea que te veas ahora, recuerda que es temporal —agregó Antonio.

 

Hermione se descubrió la cara y Ron retrocedió hasta darse en el costado con un lavabo. Tenía la cara cubierta de pelo negro. Los ojos se le habían puesto amarillos y unas orejas puntiagudas le sobresalían de la cabeza.

 

—¡Era un pelo de gato! —maulló—. ¡Mi-Millicent Bulstrode debe de tener un gato! ¡Y la poción no está pensada para transformarse en animal!

—¡Eh, vaya! —exclamó Ron.

—Todos se van a reír de ti —dijo Myrtle, muy contenta. Ni bien lo dijo, Prusia estalló en risas.

—Kesesese, ¡te ves ridícula! —Francis y Antonio también se reían, pero ellos con disimulo.

—No te preocupes, Hermione —se apresuró a decir Harry—. Te llevaremos a la enfermería. La señora Pomfrey no hace nunca demasiadas preguntas...

—¡Kesese, ten cuidado con Heracles o podría tomarte como su nueva mascota! —el comentario hizo que Francia, España y Myrtle estallaran en risas.

 

Les costó mucho trabajo convencer a Hermione de que saliera de los aseos, especialmente porque Gilbert no les facilitaba el trabajo. Myrtle la Llorona los siguió riéndose con ganas.

 

—¡Pues ya verás cuando todos se enteren de que tienes cola!

 

 

Continuará…

 

 

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

 

Me traes arrastrando la cobija: Para los que no son de México, esto significa que esta embobado o muy enamorado.

Pastorela: Esta costumbre, que se ha extendido por todo el mundo, en México tuvo una particular variación: en el siglo XVI se le comenzó a representar teatralmente con el nombre de “Pastorela”

Las pastorelas, creadas a partir de la evangelización, representan pasajes del nacimiento de Jesús y la forma más acabada del teatro popular religioso que heredamos de España

Luger P08: La Parabellum-Pistole (pistola Parabellum), popularmente conocida como Luger, es una pistola semiautomática accionada por retroceso. El diseño fue patentado por Georg Luger en 1898 y se produjo por la fábrica alemana de armas Deutsche Waffen und Munitionsfabriken (DWM) a partir del año 1900; es una evolución del modelo diseñado por Hugo Borchardt en 1898, conocido como C-93.

La Luger se hizo popular gracias a su empleo por parte del ejército y la marina imperial alemana durante la Primera Guerra Mundial y Segunda Guerra Mundial. Aunque los primeros modelos de la Luger fueron fabricados en calibre 7,65 x 22 Parabellum, es famosa por ser la pistola para la cual se desarrolló el cartucho 9 x 19 Parabellum.

Ita-chan no querría que tú volvieras a esos días: Prusia se refiera a la segunda Guerra mundial.

Alfajores: es un dulce de la repostería española, es una variedad de dulce típicamente navideño, propio de la cocina andaluza así como también de Murcia. Suele estar realizado a partir de una pasta de almendras, nueces y miel, al igual que muchos otros dulces tradicionales como el turrón o el mazapán. Puede ser en forma de cilindro compacto hecho con la masa aglomerada con pan rallado, o bien con la pasta de miel como relleno entre obleas de harina de trigo. Su aspecto es similar a los macaroons. Se trata de una golosina originaria de la gastronomía del Al-Ándalus. Su nombre proviene del hispano-árabe al-hasú que significa 'el relleno'.


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