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SKLAVIN DER SEELEN por HeraBlack

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SKLAVIN DER SEELEN

 

 

Había terminado la guerra, Harry Potter fue el vencedor de esta gran contienda, desapareciendo de una vez por todas a quien una vez fue llamado Thomas Riddle, más conocido como Lord Voldemort para los más valientes, para el resto del mundo, conocido como el innombrable.

 

Ahora, algunos meses después, la gente del mundo mágico había reconstruido casi en su totalidad todo lo destruido, lo físico claro, ya que todas las personas que perecieron en la guerra, todas las familias que perdieron a un pedazo de si, personas quienes perdieron valiosos amigos, y algunos quienes perdieron su pareja a causa de la guerra, todas esas cosas, nunca se recuperarían, no pueden ser reparadas con hechizos, porque no hay ninguno que pueda sanar el vacío.

 

Pero quien más había perdido de todo esto, era ese joven de dieciocho años, a quien la vida le había dado una gran bofetada desde su primer año de vida cuando un maniaco genocida sediento de poder mató cruelmente a sus padres; sufrió del posterior maltrato de su única familia de sangre por ser considerado por ellos un fenómeno, un monstruo. Y cuando creyó ver un poco de luz en su vida a causa de la magia se dio cuenta de que allá, en otro mundo paralelo al que había vivido sus primeros diez años de vida lo consideraban un héroe, un dios, porque tan sólo cuando era un bebe, había derrotado al más cruel de los magos que han existido.

 

Pero, a pesar de ello, conoció los mejores amigos que la vida le pudo regalar, y una familia a la cual sin ser hijo propio lo aceptó como uno más sin importar su nombre y lo que conllevaba. Claro, los siguientes siete años de su vida los vivió en un mundo de sinsabores y de batallas ganadas, con un sabor agridulce todos y cada uno de sus años de escuela ya que con cada año había un nuevo reto y con ello una serie de obstáculos superados por supuesto con dificultad, aunque también ayudado por aquellos que lo amaban. Pero al ser su destino marcado, este se volvió contra sí, cruel y despiadado.

 

Vio morir delante sus ojos a amigos, y a seres queridos, todo por ser quien era; destruyó un pedazo de la familia Weasley cuando Fred murió en plena guerra, dejando un gran vacío, más que todo en su gemelo, dejando a su ahijado huérfano; Teddy, quien perdió a sus padres, Remus y Nymphadora, dejando devastados a padres que eran pertenecientes del otro mundo, como lo eran los padres de Colin y Dennis Creevey, quienes se culparon una y otra vez del porque habían mandado a sus hijos a ese mundo por más magia que ellos hubieran poseído sólo por nombrar algunos de los miles de ejemplos.

 

Pero no sólo fueron ellos, también él, quien perdió a su padrino Sirius, con quien tenía una promesa de crear una familia, promesa que nunca se cumplió a causa de las manipulaciones de Voldemort.

 

 

Así que, aunque ahora la gente lo ensalzara más que en años pasados por haber matado a esa gran amenaza, no sólo para sí sino para el otro mundo, él hubiese deseado más que nada morir junto con aquel que tantas desgracias y sufrimiento le había traído a su vida, y que ahora, sin ese desalmado ser metiéndose en su cabeza, en ella seguía carcomiéndole la culpa de tantas muertes, del sufrimiento no sólo suyo, sino de cientos de personas.

 

 

Su mente ahora sólo estaba rodeada de dolor, desasosiego, soledad, culpa, resentimiento, porque, aunque siempre supo que de cierta manera el mundo lo consideró un arma, su arma salvadora, él con su valiente corazón y noble carácter se inmoló para la redención del resto del mundo, como un Mesías venciendo a Satanás, al pecado universal del mundo que ha quedado grabada desde el inicio de los tiempos por Adán y Eva, y que, él, como redentor se había crucificado por ellos, muriendo y resucitado, literalmente para salvar a su pueblo, pero a qué costo, si ahora sufría más que antes; ahora, por más que su cuerpo estuviera presente en la tierra, en ese mundo, junto a aquella familia que lo recibió como a un hijo más y a esos amigos que el destino en un momento de benevolencia le había dado, por dentro estaba vacío, estaba muerto en vida.

 

 

Y así como un cascarón vacío y sin un motivo que lo hiciera vivir por ello, preparaba como un autómata su baúl y el resto de sus cosas para terminar con su último grado escolar, más por obligación y por no decepcionar a sus amigos que por otra cosa estaba haciendo aquello, ya que, por él, estaría ya muy lejos, lejos de todo el mundo, lejos de aquellos que sabía que lo amaban y lejos de toda esa presión que sentía incluso después de la guerra sobre él, ya que como gran héroe había sido estereotipado aun sin que el resto del mundo le preguntase que quería, no, ellos solo querían sus propios y mundanos deseos; es decir, a un héroe que terminase sus estudios para enlistarse como auror y trabajar en la lucha contra el crimen y los posibles mortífagos que hubiesen escapado y que después se casase con una bella mujer de principios y consolidaran una hermosa familia, sí, eso era lo que quería el resto del mundo, no él, él ya no quería nada, sólo dejar de existir, o por lo menos ser invisible para el resto del mundo.

 

 

Con un suspiro cargado de tristeza, preparó su nueva máscara ante el mundo, una en la que se mostraba tranquilo y sereno, abrió la puerta de su habitación en la casa de los Weasley donde se escuchaba el incesante movimiento de los demás habitantes, preparándose para un nuevo año de estudios.

 

 

Bajo con todas sus pertenencias encogidas siendo recibido abajo por la mirada de todos los ocupantes, mientras la señora Weasley se acercaba.

 

 

-Oh Harry, cariño que bueno que bajas ¿Quieres comer algo antes de irnos?- Le dijo cariñosamente mientras le arreglaba un poco la camisa que estaba arrugada y le atusaba un poco el cabello ahora largo del moreno.

 

-No se preocupe señora Weasley, así estoy bien, los esperare sino le molesta en el jardín- Dijo el moreno apretando cariñosamente la mano de la pelirroja.

 

 

-Claro cariño, ve, en un momento te alcanzaremos para aparecernos cerca de la estación.

 

Y así mientras él tomaba rumbo hacia el jardín con paso calmo, el resto se quedaba mirándolo con cierta pena ya que ellos, quienes lo conocían y que lo amaban tanto sabían que Harry ya no era el mismo, y con tristeza aceptaban aquello, ya que él, apenas siendo un joven, cargó con el peso de salvar a un mundo de su inminente destrucción a manos de un lunático con ínfulas de gran soberano, así que en silencio simplemente le rogaban a toda deidad posible, que algún día Harry pudiera volver a ser como el de antes, ese chico que sólo unos pocos conocían; carismático, dulce, humilde, y sobretodo que fuera un chico feliz, simplemente feliz, porque él se merecía eso y mucho más.

 

-Andando chicos, tienen un tren al cual abordar- Dijo Arthur mientras el resto terminaba de ordenar sus cosas en silencio.

 

Notas finales:

Gracias por haber leído.


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