Categoría: OTRAS SERIES MANGA > VIDEOJUEGOS
Clasificación: No menores de 13 años

Notas del fanfic:
 

Esto es un fanfic. SÍ, UN FANFIC!!!

Y es que yo nunca escribo fanfics... ¿Qué me habrá agarrado? No sé, pero sea lo que sea espero que se me pase pronto XD Los fanfics no me atraen en lo más mínimo o.oU sorry

Pero no sée!! Estos personajes me pudieron. Bien, les explico de qué va todo esto...

Este fanfic está basado en el  famosísisisismo juego de PS2 Devil May Cry: el despertar de Dante (Dante's Awakening) y para las que no lo conocen (y es que este videojuego es para hombres, es cierto, pero a mí me encantóoo) les dejo el prólogo, que a su vez es el prólogo del juego relatado en primera persona por el personaje femenino: Lady.

El fanfic se "apropia del juego": lo va relatando desde los sentimientos de Dante y Vergil.

Tal vez conozcan el animé, también llamado Devil May Cry... Pero la verdad, yo lo vi y me pareció una porquería.

Si da la TREMEEENDA CASUALIDAD de que están jugando el juego y todavía no lo han terminado, les aviso que CONTIENE SPOILERS (es regla de la página avisarlo, aunque realmente...)

Glosario (al principio, sí, como debería ser)

Temen-ni-gru: es la Torre Maldita, donde transcurre la gran mayoría del juego. Esta torre es la entrada hacia el Inframundo y a mi parecer es una atrevida analogía de la Torre de Babel que planeaban construir los babilonios para acercarse a Dios. (Ayy, ya sé por qué me gusta tanto este jueegoo... es tan sacrílego!! )

Agni y Rudra; Cancerbero; la Parca; Nevan; Beowulf: son los jefes o bosses del juego (esos monstruos con los que se pelea para pasar de nivel^^).

Arkham: es el "hombre vestido de negro" que menciona Dante. Supuestamente es la mano derecha de Vergil, pero este tipo tiene sus propios planes y lo traiciona. Termina siendo asesinado por mis gemelitos súper hot^^

Lady: es la hija de Arkham y su verdadero nombre es Marie.

Creo que esto es todo lo hay que saber para entender este fic... así que.... nada más^^

 

 

PRÓLOGO

¿La conoces, verdad? ¿La leyenda de Sparda? Cuando era pequeña mi padre solía contarla. Hace mucho tiempo, en una época muy lejana, un demonio se rebeló contra los de su propia especie para salvar a la humanidad. Cerró con su espada el portal del reino de los demonios, privándoles del acceso a nuestro mundo. Pero, al ser él mismo un ser oscuro, su poder también quedó atrapado del otro lado.

Yo nunca creí esa historia, siempre me pareció un cuento para asustar a los niños... Pero pronto descubrí que esa leyenda no era para nada un mito irreal: Sparda existió.

¿Cómo lo sé?

Porque conocí a los hijos de Sparda; a los dos.

Aunque por las venas de ambos fluía la sangre de su padre, combatían el uno contra el otro en una eterna lucha sin cuartel. Parecía que, de alguna forma morbosa, disfrutaban de un placer enfermizo con esas peleas de hermanos...

1

Es una paradoja, pero ¿acaso este mundo no es una perfecta y absoluta paradoja? Muchos se llenan la boca de palabras acerca del bien y del mal que al oído suenan como una música arcana y maravillosa. Pero detrás de la parafernalia fantástica y de las leyendas antediluvianas sólo son eso, simples palabras vacías, tan huecas y oscuras como este mismo universo que se expande y que late como un tumor maligno.

El mundo está lleno de paradojas, Dante... ¿Un demonio que sacrifica su poder para salvar a la raza de los mortales? Eso no tiene lógica alguna, sin embargo sucedió. Y nosotros somos la prueba, nacidos de una mujer tan humana como aquella Eva desnuda e ingenua que, engañada por el animal más obsceno, le hincó los dientes a la caja de pandora.

Sé lo que vas a decirme ahora: que eso no es más que un mito. Bueno, hermano... ¿Es que acaso la historia de nuestro padre no ha sobrevivido gracias a ellos? La eternidad es cruel, pero más cruel son los humanos, porque olvidan. Y eso es precisamente lo que los hace tan fuertes y a la vez, tan vulnerables. Redundan en sus errores una y otra vez, cosa que para los seres eternos como nosotros resulta imposible. De todas formas no me quejo: la magia de la eternidad está de nuestro lado y nos susurra sus secretos al oído. Depende de nosotros el saber utilizarlos. Y el no olvidarlos.

¿Olvidar? Yo no quiero olvidarte, Dante. Aunque pudiera, no lo haría.

¿Qué recuerdas de nuestra niñez?

Yo recuerdo las clases de esgrima con nuestro padre. Y tus berrinches porque querías usar pistolas. Bueno, creo que te has desquitado, ¿verdad? Te he visto recorrer esta torre sin miedos, bajo la sombra de las parcas y el estertor de los trasgos... he contemplado con admiración tu dominio de ese estilo de combate que llamas Royal guard y me has aturdido con el estruendo de las balas reverberando contra los muros.

No has cambiado en nada. Sigues siendo impertinente, vanidoso y grosero. Admito que siempre has sido el más despierto de los dos y te odiaba cada vez que me echabas la culpa de tus travesuras.

¿Recuerdas cuando le prendiste fuego a las cortinas de la cámara regia? Oh, Dante, desgraciado... no te imaginas cómo dolieron aquellos golpes. Cuando me viste llorar, te compadeciste de mí y dijiste la verdad. Pero nuestro padre no te creyó.

Siempre fuiste su favorito. Y no lo culpo.

¿Piensas que puedo odiarte, Dante? Estás equivocado. O quizás no. Lo que siento por ti no tiene nombre. Ninguna lengua humana, de por sí todas prosaicas y ociosas, podría definir este Big Bang de emociones que me causas tú. ¿Podría intentarlo? ¿No sería desafiarme en vano cargando con la responsabilidad de no confundirte más? Oh, a veces quiero matarte, Dante... y en otros momentos deseo simplemente volver a ser el niño mimado de nuestra madre y jugar contigo a las escondidas en medio de la noche temblorosa y pederasta.

Siempre he sido corto de palabras. En el reparto tú te llevaste la mejor parte, pero no puedo odiarte por ello. Tengo la sabiduría necesaria para comprender que no ha sido tu culpa, que sólo ha sido obra del destino, ese mago sin varita pero con una galera llena de conejos. ¿Podría culpar a la suerte? ¿A aquella diosa de ébano que se burla de los humanos y se mezcla con los secretos del mundo?

Vamos, Dante... que no es tan difícil. ¿Es que acaso no comprendes que te amo con una locura tan frenética y que sería capaz de matarte sólo para que compartas esta eternidad conmigo?

Tengo miedo, hermano. Miedo de ver morir todo aquello que me rodea y descubrir en el laberinto de espejos que yo jamás podré morir y que mucho menos tendré la valentía de cometer un suicidio.

Muchos mitos se tejen en torno a los gemelos, ¿lo sabías? Que sus cerebros y sus emociones están conectados por hilos de seda invisible. Que uno puede adivinar lo que está pensando el otro. Puedes reírte si quieres. Ni tú ni yo jamás pudimos poner en práctica ese maravilloso don de nacimiento. Habría sido útil en el combate, ¿no lo crees?

¿Qué ves en los espejos, Dante? ¿Te ves a ti? ¿O tal vez son mis ojos los que te devuelven la mirada desde ese teatro de sombras invertidas? ¿Puedes verlos? ¿Mis ojos en tus ojos, mis manos en tus manos, mi boca en tu boca? ¿Qué clase de poción dulce y misteriosa burbujeó en el útero de nuestra madre mientras nosotros permanecíamos allí, tan juntos como jamás lo hemos estado?

Déjame adivinar: me responderás con alguna de esas reflexiones humanas. Y ahora déjame ser fantasioso, hermano. Quiero imaginar el suave ondular de nuestros pequeños cuerpos, suaves y tiernos, tomados de la mano en un cálido abrazo.

Por favor, Dante... abandona ese mundo infame que todo lo olvida. Déjame soñar que juntos venceremos esta cruel eternidad y que la próxima vez que mire al espejo pueda verte detrás de mí, asegurándome que, así como fuimos engendrados juntos, juntos estaremos hasta que este mundo se caiga en pedazos.

 

 

 

Suavemente la luz brilla sobre ti

susurros de gracia sobre nosotros

engañando nuestros corazones inquietos

Una llama le parpadea a Selene,

que devora la noche para invitarnos a ver

 

 

 

¿Vergil, dónde estás? ¿Por qué te escondes? ¿A qué le temes?

He derrotado todo el catálogo de alimañas infernales que se desplegaban en esta Torre Maldita. La luna brilla en el cielo como la hoz de la Parca; las estrellas astilladas son los trozos de hielo del Cancerbero que agoniza; traigo en mis manos a Agni y Rudra, los custodios de la gran puerta roja; la sangre del Leviatán ha manchado mis manos y ha lavado mis sueños...

¿Por qué, Vergil? ¿Qué te han hecho estos humanos? ¿Por qué te esfuerzas en sembrar en este mundo las semillas del mal demoníaco, si sobre esta tierra estéril y seca hemos nacido nosotros? ¿Qué buscas, hermano? ¿Poder? El poder de los humanos es diferente del que ofrece el Infierno. Aquí no hay bestias siniestras ni magias venenosas. Sólo tronos corruptos forrados en seda. Es una abstracción grosera y fraudulenta que sin embargo parece dar resultado.

¿Por qué los inocentes, Vergil? ¿Por qué los pobres mortales? ¿Qué te han hecho?

¿Acaso no tienen suficiente con esa vida de padecimiento, con esa existencia que para nosotros es tan sólo un suspiro? Asómate desde lo alto de esta torre y obsérvalos: tienen hambre, sed y frío. ¿Tienen la culpa de que el Iluminado nos haya dado la espalda? Si ellos mismo son mil veces más desgraciados que nosotros. No poseen secretos, no poseen riquezas intangibles. Las únicas maravillas de las que se enorgullecen son las que han nacido por obra y gracia de sus manos.

¿Qué pueden ofrecerte ellos? ¿Un rato de placer, tal vez?

Por favor, Vergil... sé razonable. Deja de ensañarte con los seres humanos.

¿Qué puedo hacer yo para que detengas tu ira, si ni siquiera sé sus causas?

¿Qué oscuridades se agitan en tu alma, hermano? Cuéntame. Dímelas todas y te juro que haré todo lo posible para hacerlas desaparecer.

¿Recuerdas cuando me consolabas cuando tenía pesadillas? Pues bien... ya somos hombres, pero ¿acaso no son los mismos temores, las mismas sombras las que nos persiguen en la noche? ¿Me dejarías abrazarte cuando todos esos malos sueños te impidan dormir?

Y por favor, dime que no me odias.

 

El destino es un mago enmascarado

Y la suerte es una puta de esquina

El poder, un maremoto de fuego

Y la cruz una rama partida

No hay secreto en el alma del muerto

No hay hechizo que devuelva la vida

 

 

 

Dante, a estas alturas ya no hay vuelta atrás. Lo comprendes, ¿verdad?

Cuando estés ante mí quiero hacerte un par de preguntas.

¿Tanto amas a los humanos, como para sacrificar tu vida por ellos? Eres hábil, hermano, quizás mucho más que yo. Pero de todas formas no puedo dejar de estremecerme de miedo cuando te observo en plena batalla con los seres que plagan Temen-ni-gru.

Vamos, Dante. Derrótalos a todos. Muéstrales que no tienen oportunidad frente al hijo de Sparda.

No te dejes arrastrar por los encantos de Nevan, es una vampiresa poderosa, casi tan anciana como lo sería nuestro padre si aún viviera... Dante... por favor...

 

-Bienvenido. ¿Es tu primera vez aquí?

-Mngh, sí, lo es. ¿Me tratarás bien, no?

-Por supuesto, niño mío... te trataré tan gentilmente que jamás querrás irte.

 

Pelea, Dante, acábala. Los milenios le juegan en contra, ya lo verás. Para alguien tan viejo, incluso la eternidad tiene sabor a locura. Cuando Nevan se eche a reír, atácala con las espadas de Agni y Rudra.

No me preguntes por qué te estoy ayudando, ya te lo he dicho: te amo. ¿No lo percibes en cada rincón de esta Torre Maldita cuando acabas con las parcas? ¿No te lo ha dicho ese malicioso arlequín que corretea por los pasillos oscuros? ¿No te lo dicen al oído los ángeles caídos, esos seres que, como nosotros, han sido demasiado orgullosos para permanecer bajo las órdenes del Iluminado?

Es verdad, Dante, te amo. ¿Por qué has elegido gastar tu eternidad junto a los mortales, cuando tu propio hermano perece en las sombras?

Te amo con toda la rabia de mi corazón demoníaco y mi amor es propio de nuestra raza. Es egoísta, dulce y venenoso. Pero te pertenece por entero. ¿Lo quieres? Es sólo para ti y se ha gestado noche tras noche, envuelto en recuerdos de una infancia añorada.

Ni se te ocurra perder ante Nevan. Si la muerte decide hacerte suyo, yo llevaré la espada ritual.

 

 

Pero yo sé a dónde pertenezco

muy lejos de estos dioses mundanos.

Y esta oscuridad que alumbra la noche

Cura las heridas de las tinieblas.

 

 

 

Vergil, ¿dónde te has metido?

Estoy harto de tener que vérmelas con las musarañas de tus sirvientes. Jester, Beowulf, Arkham. Son demasiado débiles y cuando mueren, me siento fatal. ¿Sabes qué es lo peor? Tal vez sea mi imaginación, pero percibo que todos ellos, en el momento de la muerte, se inclinan ante mí como si quisieran revelarme todos sus secretos. Me obsequian armas, rinden homenaje a mis técnicas de combate, pero se guardan en su interior el peor misterio de todos. Lo veo en sus ojos y lo oigo en su llanto.

¿Qué sucede, Vergil? ¿Por qué tus bestias son tan extrañas? ¿Quién es ese pobre humano vestido de negro que se dice dueño del arcano de nuestra existencia?

La joven que merodea esta Torre Maldita por su cuenta tiene sus mismos ojos. ¿Son padre e hija, verdad?

Los humanos sienten un especial temor por el mal. No obstante, algunos también pueden ser seducidos por él.

¿Quién es ese hombre, Vergil? ¿Por qué has elegido un humano como compañero, en vez de a tu propio hermano, tu misma sangre, tus mismos ojos, las mismas penas?

Sí, los mortales son interesantes, pero hasta cierto punto. ¿Por qué no abandonas este mundo de tinieblas y no vienes conmigo a disfrutar del amanecer y de los paisajes dorados?

¿Quieres que te cuente algo gracioso? He montado una pequeña empresa de investigaciones paranormales. No sería esta la primera vez ni la última que los seres oscuros se burlan de nuestro padre y se escabullen del Hades para venir a molestar a la raza humana. Mi trabajo consiste en acabar con esos intrusos y devolverlos al infierno. Será divertido, ya lo verás. Y si no quieres mancharte las manos con la sangre de nuestros viejos primos demonios... pues, puedes quedarte en casa, preparando la cena. Últimamente sólo como pizza, ¿sabes?

Déjame suspirar. Y déjame soñar, también. Quiero que volvamos a ser hermanos, quiero estar contigo hasta el fin de los días, quiero perderme por las callejuelas sucias y mojadas y que nos tambaleemos de borrachos hasta llegar a casa... y que nos durmamos muy juntos, como lo hacíamos cuando éramos niños.

¿Soy demasiado iluso, Vergil?

 

Débil es la llama que me mantuvo lejos

del abrazo de la crueldad y la ternura.

Mi corazón se agita ansioso,

Mi alma se ahoga en locura.

 

 

 

Cada cosa en su lugar, Dante. En el cielo, las estrellas. La luna, sobre las mareas. Los demonios, en el Infierno. El universo está regido por una serie de axiomas de los que no deberíamos renegar.

¿Cómo es eso de que te pagan por acabar con diablos menores? ¿Te sientes a gusto sabiendo que ellos padecen nuestras mismas miserias? Juegas al exorcista... ¿Te diviertes? ¿Encuentras placer en la agonía de un ser tan maligno como tú y como yo?

Me sorprendes, Dante. No me lo esperaba de ti. Bueno, ¿qué puedo pedir? Has estado tanto tiempo entre esos humanos que se matan entre ellos por cosas como el honor y la verdad. ¿Qué es el honor? ¿Hay honor aguardando en la sangre derramada? ¿Qué verdad se esconde detrás de la alegoría de la cruz?

Hay algo que he descubierto gracias a las noches que he pasado en esta Torre Maldita, espiando en silencio los movimientos de este mundo que adoras: la verdad no existe, esa es la única verdad. Otra paradoja. La verdad tiene colores: cuando crees que lo sabes todo sobre ella, una nueva aparece. Es infinita. Como el universo, como el tiempo, como nuestra vida.

Ven conmigo, Dante. Aquí estamos perdidos. Abandona este paraíso romántico de verdades fragmentadas y acepta la realidad de nuestra existencia: somos seres oscuros, pertenecemos al Hades y sólo allí somos bienvenidos. ¿O acaso no sabes que los mortales utilizan la palabra "demonios" como blasfemia?

Sí, lo sabes.

Por eso, Dante: cada cosa en su lugar.

 

 

La rueca del taller del infierno

gira y gira y la Bella está muerta

La manzana la ofrece una virgen,

el unicornio viola madrastras

y la bruja se desnuda ante el príncipe

 

 

 

Hermano, no estás perdido. Escucha lo que dices. Sólo hablas mierdas. ¿Qué has hecho todos estos años? Vamos, cuéntame. ¿Qué te ha mantenido con vida?

Yo ya te lo he dicho: tengo un trabajo. Y te doy la razón: cada cosa en su lugar, pero entonces... ¿por qué esos diablos bufones gozan maltratando a los seres humanos? ¡Que se queden en su sitio, entonces! Y es por eso, porque no van a hacerlo, que yo estoy aquí. Yo soy el encargado de devolver a los demonios proscritos al infierno. Sin mí, el equilibrio del que hablas se haría añicos.

Sé que los mortales se horrorizarían de saber que también soy un demonio. Pero, ¿qué voy hacer? La verdad baila desnuda ante sus ojos y ellos no quieren verla. Pues que no la vean, mejor para mí. Menos problemas.

¿Y de qué verdad me hablas? ¿Acaso presenciaste la creación del universo? No te burles de mí, Vergil. No voy a caer ante tus palabras de abracadabra, que parecen salidas de una canción de rock barato.

No te me escapes de nuevo. ¿Dónde estás? ¡Deja de esconderte! ¿No te das cuenta de que he recorrido todos los pasadizos de esta torre sólo para verte, para estar contigo?

Vergil... por favor...

 

 

2

 

 

 

Dante

Cuando en el cadáver de Arkham ya no queda más hálito de vida, Vergil y yo nos alejamos aquel pobre despojo humano, abandonándole a su suerte. Lady tal vez se encargará de otorgarle un ritual decente, algunas oraciones que ayuden a guiar su alma errante hacia la luz.

-Esa fue su elección -dice Vergil-. Estaba tan envenenado con la idea del mal, que no comprendía que el mal es tan sólo una parte de la verdad.

-Pero tú lo dejaste -le reprocho-. Tú sabías que los humanos que se involucran con las fuerzas oscuras siempre terminan muertos... y aun así...

Vergil se da la vuelta.

-Ya te lo he dicho -susurra, acercándose-. Él lo quiso así -me contempla en silencio y veo en sus ojos la misma desesperación que bulle en mi alma: el desasosiego de ser huérfanos y de estar abandonados en un universo cruel habitado por extraños que usan nuestro nombre como insulto. Alarga un brazo hacia mí y me acaricia el rostro, manchado con la sangre ajena, con la sangre humana.

 

Vergil

Yo quiero ser esa sangre. Quiero empapar a Dante y abrazarlo con mi oscuridad aciaga, con mi amor incestuoso y enfermizo, con mis pasiones secretas...

Dante toma mi mano y la sostiene en el aire, sin apartar los ojos, esas cuentas celestes que brillan en medio de las tinieblas como dos estrellas gemelas. Esbozo una sonrisa débil.

-Sígueme -digo.

-¿A dónde vamos?

-A los subsuelos de la Torre. A mi refugio.

Dante no objeta palabra.

 

Dante

Yo quiero recuperar al hermano que las tinieblas me han arrebatado. Quiero estar junto a él, sentir el lúgubre calor de sus brazos, envolverme los oídos con la frialdad de sus palabras. Quiero borrar de sus rasgos esa sombra de tristeza y dolor cancerígeno causado por la soledad, curar de sus retinas casi transparentes las quemaduras ocasionadas por el paisaje de llamas... quiero enfermarme de Vergil.

Dime, Vergil... ¿Cuánto vale tu alma? Quiero comprarla, guardarla en una caja y ponerla bajo la almohada.

 

 

Vergil

Dime, Dante... ¿Cuánto vale tu cuerpo? Saquearía de su oro todas las catedrales del mundo por un beso tuyo. Bebe la blasfemia que corre por mis venas, aliméntate de mí, asesíname con toda esa pasión desatada como lo has hecho con mis monstruos. Dante, acaba con mis pesadillas, quédate conmigo esta noche y burlémonos del Iluminado que duerme entre las nubes de algodón y en el cielo de papel...

 

 

3

 

-Hermano, aguarda -exclama Dante. Él se detiene y Vergil también-. No me llevas a los subsuelos. Me llevas al Inframundo.

Vergil suspira desesperado. Dante ha descubierto la trampa y la verdad que lo avergüenza se hace más sólida que nunca.

-¡Dante! ¡Por favor! -suplica Vergil-. ¡Ven conmigo! ¡Deja de jugar al exorcista!

-¡No juego al exorcista, Vergil! ¿No lo entiendes? Es mi destino, mi misión. ¡Has traicionado a nuestro padre reviviendo Temen-ni-gru y ahora los demonios podrán pasearse por el mundo a su antojo!

-Dante...

-¿Por qué no vienes tú conmigo? -pregunta Dante, acercándose a él. Vergil lo contempla azorado, pero no retrocede. Tener a su hermano tan cerca es lo que ha rogado invocando el nombre de los dioses más obscenos. Los ojos de Dante son dos cuentas de un cristal puro y prístino. Vergil duda que los suyos sean incluso la mitad de bellos que los de él-. No hay nada que te ate al infierno... ¿O acaso has tenido hijos?

-No -responde él, apartando la mirada. El frío que reina en la cima de la torre es cada vez más cruel y tenaz, los vientos soplan sin clemencia y cuando Vergil mira hacia el vacío que los rodea, un escalofrío repugnante le hace estremecer.

-¿Entonces? -replica Dante, con una sonrisa-. Anda, baja conmigo a la tierra.

-¡NO PUEDO, DANTE! ¿ES QUE ACASO NO LO ENTIENDES? ¡DETESTO A LOS HUMANOS!

Ya está: lo ha soltado y es ahora Dante quien lo observa desde las sombras. En su rostro brilla esa repentina confusión que precede a una tremenda sorpresa.

-¿Qué...? -susurra-. Pero, ¿qué estás diciendo, hermano? -sonríe, intentando engañarse, indulgente.

-Lo que has oído -dice Vergil, débilmente-. Yo... no puedo entender por qué has elegido a los humanos antes que... a tu verdadera naturaleza...

-Antes que a ti, querrás decir -interrumpe él. Vergil suspira con narcótica desesperación. Su voluntad y su orgullo están a punto de hacerse trizas y Dante puede sentirlo. Se acerca a él y le alza el rostro con una mano derecha temblorosa y sucia. Dos cristales líquidos, un par de lágrimas transparentes resbalan sobre la pálida y cetrina piel de Vergil-. Los demonios no lloramos, hermano -murmura con suavidad, limpiándole el rostro con esa misma mano. Suspira de nuevo y Dante se aproxima más, sin soltarle-. Es increíble... que seamos tan iguales, ¿verdad? -le pregunta y Vergil le contempla cada vez más cerca...-. La misma estatura...

Dante ni siquiera ha necesitado inclinarse, y la tarea le resulta cómoda e incluso más agradable de lo que se esperaba. La respuesta de Vergil es silenciosa y tímida: ni siquiera ha abierto la boca. Pero Dante sabe que lo hace por orgullo, porque no quiere verse débil frente a un ser ante el que debería sentirse igual. Empuja un poco con la lengua, y ahora sí los labios se abren, ansiosos e inexpertos, ante una boca que le reclama propiedad y cobijo.

Vergil alza las manos y rodea a Dante en un fuerte abrazo; una opresión posesiva desatada en respuesta al beso y a las caricias. Las manos de Dante, ahora más calientes, se inmiscuyen por el abrigo azul, haciendo a un lado la camiseta y dibujando círculos sobre la suave piel de las costillas... Pero cuando se ha atrevido a ir más allá, una explosión resuena en lo alto de Temen-ni-gru y ambos hermanos se sobresaltan. Las llamas del fuego demoníaco resplandecen furiosamente en la oscuridad de la noche.

-¡Dante! ¡Vamos, ven conmigo! -grita Vergil, dirigiéndose a las llamas. Dante lo observa, con el corazón desgarrado. Niega con la cabeza, obligándose a no flaquear.

-No puedo, Vergil. Si quieres estar conmigo... tendrás que bajar a la tierra.

Vergil le devuelve la misma mirada de desasosiego. Su cabello plateado relumbra frente al fuego que arrastra las almas hacia el Hades y su piel se ilumina con esas llamas y con la misma oscuridad que alumbra la noche en la Torre Maldita.

-Adiós, Dante.

Y se lanza hacia el fuego demoníaco. Dante permanece allí, contemplando como las llamas de esa hoguera diabólica lamen el cuerpo de Vergil, hasta que todo rastro de ellos desaparece dejando tan sólo un humo con hedor a azufre.

Dante se lleva la mano a su propio rostro y descubre allí unas lágrimas idénticas a las de su hermano.

-¿Los demonios no lloran, eh? Qué gran mentira... Adiós, Vergil.

 

Notas finales del capítulo:

Bueno! Si llegaron acá supongo que es porque la cosa les interesó :) Gracias por leer!

En sí el juego no termina exactamente así, jejeje (Dios!! Alucinaría!!) pero bueno, soñar no cuesta nada :)

Dante le dice a Vergil (creo, la verdad es q no me acuerdo muy bien) si no quiere ir con él al mundo humano y Vergil le dice que no. Entonces (de esto sí estoy muuuy segura) Vergil se lanza al Inframundo y deja a Dante con la mano extendida (kyaaaaa!!!)... y Dante se pone a llorar (dos veces kyaaaa!!!). Y ahí aparece Lady y me cagó el romanticismo yaoi... :3

XDD Si tienen la oportunidad de jugar este juego háganlo, no se van a arrepentir. Es de acción, con escenarios muy góticos (onda Castlevania Lament of Innocence), sangre, armas, monstruos... aishh.... es genial^^

Bueno, les dejo un beso: muaaa!!!

Y las invito a participar del concurso Ritual de cuentos Yaoi originales de terror ^^

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Más besos!


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